Siempre Unidos

Por: Lily Ramírez.

Capítulo X

 “Luz y sombra”

 

 

El día no pintaba para ser el mejor de su vida, no tenía ni idea de donde encontrar a Terry, pero sí podía averiguar algo sobre Candy, después de instalarse en el hotel Le Meridien, que no era el más lujoso, pero eso ahora no le importaba, quedaba cerca de la mansión de los Andrew, a donde se dirigía en ese momento.

Todo era confuso en su mente, no sabía a ciencia cierta como presentarse ante la familia de aquella jovencita, aún así, decidió enfrentarlo de una vez. Ni bien había descendido del carruaje cuando una dama de edad avanzada se acercó a él.

-         ¿Puedo ayudarle en algo?

 

-         Sí claro, busco a la Señora Elroy Andrew.

 

-         Lo lamento, madame Elroy salió hace unos momentos – respondió con calidez la cocinera.

 

-         ¿Podría decirme si la Señorita Andrew se encuentra? – preguntó Richard D. Granchester esperanzado.

 

-         No señor, la Señorita Candy no vive aquí, además, hace mucho tiempo que no nos visita.

 

-         No entiendo, ¿podría esperar a la Señora Andrew?

 

-         No sé cuanto tiempo vaya a demorar, fue al hospital.

 

-         ¿A cuál hospital?

 

-         Al St. Patrick señor, ¿cuál es su nombre?

 

-         Richard D. Granchester, si regresa la señora, dígale que se comunique conmigo a este hotel.

 

Entregó una tarjeta y abordó su carruaje nuevamente, estaba agotado, llevaba días sin comer bien, realmente necesitaba tomar alimentos, así que le pidió al chofer que lo llevara al restaurante más cercano. Llegaron a uno que se veía agradable, él no necesitaba de sus lujos en ese momento, la preocupación iba creciendo en su interior de un modo inexplicable, hizo un esfuerzo y termino sus alimentos, después pidió al chofer que lo llevara al hospital que la cocinera de los Andrew le indicara.

 

 

רררררר

 

 

La gran ciudad de Chicago lucía con sus calles llenas de ruido, gente iba y venía sin cesar, los automóviles se hacían cada vez más comunes en aquellas grandes avenidas que conducían al hospital, el silencio que reinaba en aquel auto contrastaba con el bullicio de la ciudad que seguía su curso sin detenerse.

 

Envueltos en el mismo silencio arribaron al hospital, la dama sostenida del brazo de su adorado nieto, quien la guiaba hasta donde se encontrarían con Albert. Despacio ascendieron por aquellas escaleras, deteniéndose frente a la puerta de un ascensor que los llevaría hasta la exclusiva área en donde atendían al joven rubio.

 

Contrario a lo que Archie esperaba, la anciana lucía serena, de momento pareciera que había vuelto a la vida, sus ojos brillaban de manera especial, el joven la veía confundido, pero no pudo indagar más, el ascensor se detuvo, indicando que habían llegado, George Johnson ofreció su brazo con gentileza, para guiar a la dama hasta el cuarto.

 

-         Espera aquí Archie, si demoro no te preocupes, tengo mucho que platicar con William.

 

Ahí estaba de nuevo ese nombre, pero sólo atinó a asentir con un movimiento de su cabeza, para después formularse mil preguntas en su cabeza al ver como se perdía en el pasillo su abuela.

 

 

רררררר

 

 

El rostro desencajado de Terry lo decía todo, el dolor, aunado a la impotencia empezaban a hundirlo en un abismo, descansaba sobre aquel sillón desde que colgara el auricular, apretando en sus manos aquel sobre, sin atinar a abrirlo, los ojos completamente cerrados, como si con eso pudiera evadirse de la realidad.

 

Stear lo observaba con detenimiento, pero no podía esperar demasiado tiempo, tenía que saber qué le habían dicho, cómo ayudar. Respetó unos momentos más el silencio de su amigo.

 

-         ¿Vas a decirme qué pasa?, ¿o prefieres jugar a las adivinanzas?

 

El joven actor abrió los ojos con lentitud, miró fijamente a su interlocutor y respirando profundamente habló.

 

-         Veo que aun conservas el sentido del humor.

 

-         Alguno de los dos debe tenerlo, de lo contrario, nos hundimos juntos.

 

Terry dibujó una débil sonrisa y prosiguió.

 

-         Me quieren a mí.

 

-         ¿Cómo? – preguntó confundido Stear.

 

-         ¡Maldita sea Stear! – estalló de pronto el actor – por mí es que la han secuestrado, quieren que vaya a un lugar hoy en la tarde, pero debo ir solo.

 

Se levantó del sillón con la intención de abandonar la salita.

 

-         ¡Estás loco si piensas que te dejaré ir solo! – le dijo Stear al tiempo que extendía su brazo derecho para impedirle la salida.

 

-         ¡No lo entiendes!, la lastimarán de no hacerlo – gritó el joven con desesperación.

 

-         Nada te garantiza que no lo hayan hecho ya, o que no lo hagan en cuanto te tengan a su merced.

 

Terry sintió cómo la sangre se helaba en sus venas, su respiración se agitó de tan solo pensar en esa posibilidad, no, no podía arriesgarse a que algo más le pasara, suficiente era su pesar al saber que ya había sido herida.

 

-         Si algo le pasa a Candy, jamás me lo perdonaré.

 

-         Habrá algo que podamos hacer al respecto – dijo con convicción el joven Cornwell.

 

-         Me tienen vigilado.

 

-         ¿Qué dices?

 

-         Y no sólo ellos, George nos ha escoltado con algunos hombres también.

 

-         Definitivamente van contra ti querido amigo – dijo Stear mientras observaba al actor.

 

-         Lo sé – dijo Terry por lo bajo mientras agachaba la cabeza completamente derrotado.

 

Stear se pasó las manos por la cabeza, sin duda él también estaba nervioso, pero no podía darse el lujo de perder la paciencia, no en esos momentos.

 

-         ¿Traes la llave de tu habitación?

 

Terry lo observó con extrañeza al tiempo que respondía.

 

-         No, la deje en la recepción.

 

-         Perfecto, toma mi llave, ve a la recepción y pide la de tu habitación, pero no entres en ella, espera en la mía, te alcanzo en unos minutos.

 

-         No entiendo – dijo aún más confundido el actor.

 

-         Te explico luego, asegúrate de que nadie te vea entrar, daré dos toques cortos para que me dejes pasar.

 

-         Espero que sepas lo que haces – Terry no estaba muy convencido de lo que su amigo le pedía.

 

-         Tranquilo. Todo saldrá bien.

 

Con un movimiento de cabeza el joven actor se dirigió a la recepción, Stear por su parte se quedo observando desde la salita, así que pudo percatarse como un hombre que fingía leer el periódico se incorporaba para seguir a Terry, por lo que tuvo que actuar en ese momento.

 

-         Disculpe caballero, me parece que lo conozco.

 

Stear se aseguró de fingir el tono de voz, después de todo, trabajar en el teatro le había enseñado alguna que otra gracia de los actores. Con una sonrisa se había interpuesto entre el ascensor y el tipo aquel.

 

-         Se confunde señor – dijo el hombre con un marcado acento inglés.

 

-         No lo creo, nunca olvido un rostro, usted es el Sr. Richmond, ¿cierto?

 

-         Le he dicho que no me conoce, mi apellido es Velmont – dijo con fastidio el hombre.

 

-         Perdone la confusión, ¿me acepta un trago?

 

El joven Cornwell hacía lo necesario por retener al hombre, quien empezaba a exasperarse, más aún cuando vio como Terry subía al ascensor. Lo que aprovecho Stear para retirarse.

 

-         Lamento haberlo importunado, pero la  invitación está en pie.

 

-         No bebo, gracias.

 

El tipo dio media vuelta y salió del hotel con paso apresurado.

 

-         Se fue.

 

El joven respiró aliviado y se dirigió entonces por las escaleras a su habitación.

 

 

רררררר

 

 

Candy tomaba el desayuno frente a una pintura de Luis XV, su captor la dejó abandonar su habitación para que se dirigiera al comedor, pero ella se había rehusado, eligiendo una sala para tomar sus alimentos. Claro, vigilada en todo momento por uno de los hombres de aquel tipo.

 

La ventana estaba abierta, pero tenía unos barrotes cubriéndola, así que la idea de huir por ahí se descartaba, en realidad no sentía hambre, pero no podía darse el lujo de debilitarse, por eso, se tomó todo el tiempo que pudo y una vez terminado quiso ir a su habitación.

 

-         Buenos días Candice – le saludó una voz a sus espaldas.

 

-         Señorita Andrew – respondió ella con una altivez inusual.

 

-         Bien, Señorita Andrew, solo para notificarle que debe estar preparada para partir, deberá utilizar alguno de los vestidos que hay en el closet, si necesita ayuda, sólo dígame – dijo el hombre al tiempo que se acercaba para ponerse justo frente a ella.

 

-         Con permiso.

 

La joven lo rodeó y siguió su camino, pero la voz de él la volvió a detener.

 

-         A las cinco vendrá su enamorado.

 

Ella giró bruscamente al escuchar aquello, descendió de prisa y lo encaró.

 

-         ¡No se atreva a lastimarlo, porque entonces conocerá a Candice White! Estaré lista a las cinco.

 

Subió apresurada las escaleras y ahora fue ella quien cerró la puerta poniendo cerrojo por dentro. Se recargó en la pared y respiró profundo, su corazón latía apresuradamente, mientras un mal presentimiento se instalaba en su mente y en su corazón, plegarias interminables se iniciaron de forma silenciosa.

 

 

רררררר

 

 

Elroy Andrew siempre había demostrado ser fuerte e inquebrantable, siempre firme en sus decisiones y de un carácter severo, tenía varios segundos parada frente aquella puerta, pero la espera se redujo al momento en que Faby, la enfermera de Albert, salía con una bandeja de medicamentos.

 

-         ¿Viene a visitar al paciente señora? – preguntó con dulzura la joven.

 

-         Sí, yo... vengo a verlo – respondió turbada la anciana.

 

-         Pase, no tardará en despertar.

 

La dama se acercó a la cama, las lágrimas resbalaron por sus mejillas sin poder evitarlo, se acercó con sumo cuidado a él y tomo entre sus manos un mechón del desordenado cabello, acarició su frente, y con la otra mona asió con fuerza la de su sobrino.

 

-         William... mi querido William...

 

Las fuerzas empezaron a flaquearle y tuvo que tomar asiento en la silla que se encontraba junto a la cama, se veía tan apacible, sin duda estaba recuperándose, una plegaria se elevó desde lo más profundo de su corazón. Ansiaba ver sus azules ojos color de cielo, escuchar su voz, ¡cuánto lo había extrañado!, sí, no podía negarlo, amaba a ese joven con cada fibra de su ser. No era un chico común, pero todo por lo que siempre le retaba, la hacía quererlo más.

 

La espera para ella comenzó, pero no era una espera serena, no entendía los motivos, pero algo seguía inquietándola. Se concentró entonces en un libro que siempre llevaba consigo, los minutos empezaron a avanzar.

 

 

רררררר

 

 

Terry llevaba un buen rato esperando a Stear, no tenía la menor idea de lo que su amigo pensaba, pero por muy buena que fuese su idea, no pondría en riesgo la integridad de Candy.

 

-         ¿Qué diablos hago aquí?, debería estar en camino al lugar pactado y esperar la hora indicada. Sí, es lo mejor que puedo hacer.

 

Sus reflexiones fueron interrumpidas por la in tempestuosa entrada de Stear.

 

-         ¿Ahora que rayos pasa?

 

-         Sht, silencio, creo que están buscando tu habitación.

 

-         ¿Cómo dices?

 

-         Había un tipo abajo vigilándote, lo intercepté, pero creo que hay uno más.

 

-         Esto es una locura, ¿qué clase de gente es la que tiene a Candy?

 

-         Una muy peligrosa.

 

Stear guardó silencio por un momento mientras abría la puerta de su habitación, salió al pasillo y no encontró a nadie. Retornó al interior de su cuarto y condujo a Terry a la ventana, asegurándose de no ser vistos desde afuera, así que apenas y abrió un poco la cortina por un lado.

 

-         ¿Ves aquel auto?

 

-         Veo muchos – replicó Terry sin entender.

 

-         No, fíjate bien, hay un auto en la esquina contraria, de donde seguro vigilan tu habitación desde ese punto, ahora, si te fijas para allá – dijo señalando a un auto frente a la entrada del hotel – esa es la escolta de los Andrew.

 

-         ¿Cómo lo sabes?

 

-         Soy un Andrew, ¿lo recuerdas?, siempre se dejaban ver para que supiéramos que nos vigilaban, aunque siempre encontrábamos el modo de perdernos de su vista – dijo él esbozando una sonrisa al recordar las travesuras de un pasado no muy lejano.

 

-         Aja, explícame entonces, ¿de qué me sirve saber eso?, no te creas un genio, ya sabía que me vigilaban por si no lo recuerdas.

 

-         Tenemos que deshacernos de tus persecutores – respondió el chico de anteojos.

 

-         ¿Cómo dices? – Terry no daba crédito a lo que escuchaba.

 

-         Pon mucha atención, de esto depende que tanto tú como Candy salgan bien. Déjame ver el contenido del sobre.

 

Stear puso toda su atención en examinar el mapa que le habían hecho llegar a su amigo, las ideas empezaron a conectarse una con otra. Los ojos se le iluminaron de pronto.

 

-         Ya lo tengo Terry, escucha.

 

Le detalló con toda precisión su idea, el actor asentía con movimientos de cabeza y negaba lo que le parecía demasiado descabellado, pero no se le ocurría nada mejor, después de todo, si en algo le ganaba el mayor de los Cornwell, era precisamente en que conocía la ciudad y sus alrededores.

 

Pasaron varios minutos discutiendo los pormenores del plan, tenían que llevarlo a cabo con mucha precisión.

 

 

רררררר

 

 

Los ojos de Albert se abrían con mucha pesadez, sentía la boca seca y un leve mareo, movió sus manos con lentitud, lo cual alertó a la abuela Elroy quien de inmediato se incorporó para abrazarlo.

 

-         Hijo, por fin despiertas.

 

-         Tía, que... ¿cómo supiste?

 

-         No te esfuerces, has estado delicado, pero pronto te recuperarás – la anciana acariciaba su rubia cabellera mientras le sonreía.

 

-         Candy, tía, ¿qué ha pasado con Candy? – preguntaba con dificultad, confundiendo a la matriarca.

 

-         Ella esta bien hijo, pronto vendrá a verte – respondió convencida.

 

Él abrió sus ojos con sorpresa, pero no le creía, no podía ser cierto, quería hablar, pero el efecto del sedante aún le duraba, así que volvió a quedarse dormido. En ese momento entró el médico.

 

-         ¿Qué sucede doctor?, William despertó y volvió a dormirse.

 

-         Es normal señora, se alteró demasiado y tuvimos que suministrarle un calmante, seguirá así por unas horas, quizá todo el día.

 

-         ¿Puedo llevarlo a casa?

 

-         No lo creo conveniente...

 

-         Por favor doctor, le prometo que cuidaremos de él, si es necesario trasladar algo especial para su recuperación, haremos lo que sea – pedía suplicante la anciana.

 

-         Esperemos a mañana Señora Andrew, no ha sido fácil.

 

-         Entiendo, yo… sólo deseo que se recupere pronto.

 

-         No se preocupe, ya pasó lo peor, todo dependerá de él mismo.

 

El médico salió dejando tranquila a la tía abuela, en el pasillo se encontró con George y Archie, quienes permanecían en el pasillo en espera de noticias.

 

-         Todo esta bien señor Johnson, la recuperación será lenta – le comentó el doctor al salir de la habitación de Albert – el muchacho quizá despierte en una o dos horas más.

 

-         Me alegro mucho, madame Elroy se quedó con él, supongo.

 

-         Sí, no le vi muy buen semblante, ¿ha estado enferma?

 

-         Sí doctor, ha estado mal, si lograra convencerla de que se hiciera estudios, se lo agradecería – intervino Archie.

 

-         Creo tener un buen pretexto para lograrlo – afirmó el doctor – ahora si me disculpan, debo seguir mi ronda.

 

-         Gracias por todo doctor.

 

George se mostró más relajado al escuchar al médico, momento que aprovecho Archie para cuestionarlo.

 

-         George, ¿cuál es la verdadera razón por la que la tía abuela está aquí?

 

El administrador no se inmutó ante la pregunta, la esperaba con anticipación, sin embargo, no sería él quien diera la explicación, iba a evadir el tema cuando una presencia le evitó el dar explicaciones.

 

-         ¡Duque de Granchester! – exclamó Archie.

 

-         ¿Nos conocemos?

 

-         Usted a mí no señor, pero yo a usted sí, es el padre de Terry, quiero decir, Terruce. Fuimos compañeros de colegio.

 

-         Ya veo, si me disculpa caballero, yo vengo a buscar a la Señora Elroy Andrew, tengo que hablar con ella. ¿La conoce?

 

-         Disculpe Mi Lord – intervino George – creo que por el momento eso no podrá ser, pero yo puedo ayudarlo, mi nombre es George Johnson, soy el administrador de la familia.

 

-         Entonces usted puede decirme dónde encontrar a Candice – sonrió por un momento el duque – debo hablar con ella.

 

El rostro de Archie se ensombreció y el de George también, pero con la ecuanimidad que lo caracterizaba, George  se dirigió al Duque.

 

-         Duque de Granchester, creo que hay muchas cosas de las que no creo que usted esté enterado, mismas que debo comunicarle, ¿podría acompañarme a un lugar más privado? Joven Cornwell, si nos disculpa un momento.

 

El Duque lo miró interrogante, pero acepto y siguió a George, dejando a un confundido Archie tras ellos. Los caballeros descendieron las escaleras para luego llegar hasta lo que parecía un privado.

 

-         ¿Cuál es el misterio? – preguntó con impaciencia el Duque – me es imperante hablar con la joven.

 

-         La Señorita Candice fue secuestrada hace algunos días, no sabemos por quien, no sabemos por qué y lo más extraño de todo, los motivos por los que hicieron venir a su hijo hasta Chicago.

 

La cara del Duque pasó del asombro a la preocupación, lo cual puso en alerta los sentidos de George, que no pasó desapercibido ningún cambio en las facciones del caballero inglés.

 

-         Por su semblante deduzco que es algo que no le sorprende mucho – George hablaba con cautela.

 

-         Si han hecho venir a mi hijo, es obvio que no andan tras Candice, sólo es la carnada.

 

-         No le entiendo.

 

El Duque iba iniciar su relato cuando fueron interrumpidos abruptamente por un enfermero.

 

-         Disculpen la interrupción, pero el Señor Johnson tiene una llamada urgente, puede responder en ese teléfono.

 

Con premura y temiendo lo peor se dirigió a responder, tomó el auricular y la voz del otro lado de la línea lo sorprendió aún más.

 

-         George, no digas nada, sólo escúchame con atención, es importante que nadie más se entere, soy Alistear, me encuentro aquí en Chicago y estoy al tanto de la situación de Candy.

 

-         Pero…

 

-         Por favor, todo saldrá bien, quieren a Terry a cambio de su liberación, necesitamos de tu ayuda, ve a la mansión y espera ahí. Por favor, escucha con atención lo que tengo que decirte, no respondas, solo escúchame.

 

-         De acuerdo.

 

Pasaron varios minutos en los que Stear hablaba con George, quien sólo respondía con monosílabos y frases inaudibles para el Duque. Colgó y se dirigió a él.

 

-         Le ruego no se entreviste con Madame Elroy todavía, ella no está al tanto de la verdadera situación, se ha encontrado un tanto enferma, además, hay un joven más que salió herido durante el secuestro.

 

-         ¿Qué sabe sobre mi hijo?

 

-         Él está bien, por el momento no puedo explicarle nada más, debo retirarme, sí me permite, algunos escoltas de la familia lo resguardarán.

 

-         No necesito escolta.

 

-         Como desee Duque, me retiro.

 

George salió apresurado y abordó uno de los autos, Archie vio todo desde la ventana del piso donde se encontraba la habitación de Albert y algo en su interior le gritaba que fuera tras él, pero al recordar que la tía abuela se encontraba ahí, desistió. Después vio como el Duque de Granchester hacía lo propio y abordaba un carruaje.

 

 

רררררר

 

 

-         Bien, no hay nadie en tu habitación, es hora de que te vean, vamos, apresúrate.

 

Los chicos entraron con sigilo y de pronto Terry abrió de par en par la ventana, asegurándose de que las cortinas también estuviesen abiertas. Sacó un cigarro y lo encendió, estaba nervioso, de eso no había duda, se sentó en el quicio de la ventana y apagó el cigarrillo tras haberlo terminado. Cerró un tanto las cortinas.

 

Después de varios minutos, los hombres que vigilaban a Terry lo vieron abordar y partir en el auto de la familia Andrew, así que no dudaron en perseguirlo, tenían órdenes de no perderlo de vista y fue así como tres autos llevaban una misma dirección.

 

 

רררררר

 

 

Desde la ventana de su habitación Stear sonrió con satisfacción.

 

-         Mordieron el anzuelo, vamos Terry, es nuestro turno.

 

Uno a uno salieron, tomaron direcciones contrarias. La moneda estaba en el aire, ya sólo era cuestión de que la suerte estuviera de su lado.

 

La adrenalina empezaba a agolparse en el cuerpo del actor, mientras avanzaba con paso lento y firme por la calle, debía parecer tranquilo, pero el tiempo seguía corriendo, ya no quedaba mucho. El mediodía ya había llegado. Cinco horas más y volvería a verla de nuevo.

 

-         Resiste un poco más pecosa, saldrás bien, no importa que en ello me vaya la vida misma. 

 

Tenía pensamientos que no había querido compartir con su amigo, iba dispuesto a todo.

 

 

רררררר

 

 

Stear llegó a un apartamento, cambio su indumentaria nuevamente, tomó las llaves de un auto, mismo que abordó y se dirigió a las afueras de Chicago. Estaba nervioso, pero confiaba en que todo saldría bien, es lo que deseaba, demasiado estaba arriesgando a sus amigos con sus locuras y si algo les pasara, sólo él sería el responsable, pero no tenía más opciones, ni tampoco contaba con el tiempo suficiente.

 

Rememoraba los momentos felices compartidos con su dulce prima mientras conducía por ese sinuoso camino, hacía tantos años que no pasaba por ahí, era una antigua carretera que sólo los que habían vivido en la ciudad desde antaño conocían. Llegó a una desviación, tomó hacia la izquierda y llegó a una especie de casona abandonada.

 

Del auto extrajo varios instrumentos, larga vistas, mapas, linternas y un arma.

 

-         Que Dios nos proteja, Anthony, ayúdame.

 

Su mirada se elevó al cielo, estaba nublado, aun así, se encomendó silenciosamente a Dios mientras intentaba convencerse de que debían salir bien de aquello.

 

 

רררררר

 

 

El sonar de un teléfono la alertó, era la décima vez que sonaba durante el día, sabía que a cada momento la hora se acercaba y no tenía ni idea de lo que sucedería, había elegido un vestido del closet, demasiado ostentoso, pero era el único que podía usar, no había nada adecuado para sus gustos. Se vistió despacio, intentado controlar los nervios, todo aquello le parecía descabellado, tenía miedo, pero no flaquearía, algo en su corazón le decía que Albert estaba bien, su preocupación se centraba ahora en Terry y en ella. 

 

-         ¿Qué quieren en realidad de él?, ¿Qué pasará Dios mío?, ese sonar del teléfono terminará volviéndome loca.

 

Por enésima vez en ese día, comenzó a orar, sentía una enorme necesidad de hacerlo. Tocaron a la puerta y aunque se rehusaba a abrir, la voz del otro lado la hizo cambiar de opinión.

 

-         Necesitas curación, te traigo lo necesario.

 

Abrió la puerta y le permitió entrar.

 

-         ¿Tú podrías decirme por qué estoy aquí?, ¿Qué quieren de Terry?

 

No obtuvo respuestas, así como entró aquella persona, salió. Ella respiró profundo y optó por revisarse la herida, pero, algo no estaba bien, su captor no le habría permitido hacerse la curación a solas, mucho menos dejando el material a su disposición sin vigilancia.

 

El brazo tenía más movilidad, pero el dolor aún era fuerte, al revisarse y limpiarse sonrió al percatarse que en verdad aquel médico había hecho bien su trabajo y ella a su vez había podido ayudarse a sí misma. Sin dudarlo comenzó a prepararse para la hora citada, no tenía apetito, pero ahora contaba con algo que quizá le ayudaría y no dudaría en utilizar de ser necesario.

 

 

רררררר

 

 

El portón de la mansión Andrew se abrió apresuradamente al ver que un auto con el emblema de la familia se acercaba, los guardias iban a cerrar, pero un segundo auto con el mismo emblema los hizo mantenerse en posición.

 

El primer auto se estacionó, esperó a que el auto detrás de él le hiciera una señal y descendieron de los vehículos al mismo tiempo, se dirigieron a la entrada principal.

 

-         Buenas tardes Henry.

 

-         Buenas tardes Señor Jhonson.

 

-         Estaré en el despacho.

 

-         Como usted diga señor.

 

El sirviente se alejó, mientras los caballeros llegaron al despacho.

 

-         En buena me he metido George, te costará mucho – dijo un joven sonriendo mientras se deshacía de la gabardina, los lentes y el sombrero que portaba.

 

-         Si, si, claro, lo que pidas, es momento de actuar. Así que a trabajar Charles.

 

En cuestión de minutos George y Charles se dispusieron a armar lo que sería el rescate de Terry y Candy, el tiempo apremiaba y la vida de los dos chicos estaba en juego, sin descontar a Stear.

 

Charles escuchaba con atención los pormenores del caso, en su vida había tenido que enfrentarse a muchas situaciones difíciles y esta vez parecía no ser la excepción, además, le debía una al mayor de los Cornwell y quizá con esto podría saldar esa deuda que tenía con él.

 

 

רררררר

 

 

Una vez más sonó el teléfono en aquella casa que servía de claustro para Candy, un joven se acercó y tomó el auricular.

 

-         ¿Están seguros de que era él?

 

-         Sí, seguros, no lo hemos perdido de vista. Entró a la mansión Andrew, de seguro a informarles las noticias.

 

-         ¡Imbéciles!, no debieron dejar que eso sucediera, no se muevan de ahí, esperen a que salga y se dirija aquí, de lo contrario, avísenme inmediatamente.

 

Colgó el auricular y pateó lo primero que encontró, no esperaba que Terry acudiera en busca de ayuda.

 

-         Por tu bien y el de tu chica espero que no cometas una estupidez Granchester

 

Dijo para sí al tiempo que se encerraba en la biblioteca.

 

 

רררררר

 

 

Eran ya las tres de la tarde, Terry estaba por demás nervioso, aún no podía dirigirse a su destino, tenía que esperar, solo un poco más.

 

Al fin el teléfono sonó y tomó el auricular de inmediato. 

 

-         Señor Granchester, estamos listos, en cuarenta minutos partiremos, su auto estará ahí en breve para que pueda llegar. Suerte.

 

-         Gracias.

 

Fue todo lo que pudo decir, colgó y suspiró profundo, se deshizo del atuendo que llevaba, para poder lucir como todo un inglés, salió de aquella oficina y esperó, de un auto descendió un hombre haciéndole una seña.

 

Terry abordó el automóvil que permaneció encendido y condujo al lugar pactado.

 

 

רררררר

 

 

Las cuatro en punto, un auto salió de la mansión Andrew, conducido a gran velocidad, al instante, los vigilantes que esperaban a una distancia prudente de la mansión, arrancaron su coche para seguirlo, seguros de que quien conducía era Terry, sin tomar en cuenta que la escolta que antes cuidaba de Terry se había quedado inmóvil. Llevaban veinte minutos de recorrido cuando al paso les salió otro auto, evitándoles continuar, un auto más llegó por la retaguardia, con pistola en mano hicieron descender a los dos hombres.

 

-         Dos menos compañero – dijo a su acompañante el oficial.

 

-         Falta el principal, llévenselos – ordenó otro oficial.

 

-         Bien hecho chicos, ahora, tomen su lugar y síganme, a una distancia prudente, no quiero levantar sospechas antes de tiempo – ordenó Charles, quien había llegado hasta ahí para asegurarse que todo iba según el plan.

 

-         De acuerdo jefe.

 

El vehículo de Charles siguió su marcha para dirigirse al lugar señalado, toda vez que giró las órdenes necesarias, mientras que en el otro auto dos jóvenes ocupaban el lugar de los persecutores de Terry.

 

 

רררררר

 

 

Cinco menos veinte, no había llamada, lo cual significaba que todo estaba saliendo según lo planeado, aquello lleno de satisfacción al joven. Llegó a la habitación de Candy y llamó a la puerta.

 

Ella abrió enseguida, con la cabeza en alto y una mirada desafiante dio un paso hacia delante.

 

-         Estoy lista.

 

-         Esta bellísima, demasiado, para serle honesto.

 

Él sonrió ampliamente y le ofreció su brazo, mismo que fue rechazado por ella y caminó delante de aquel hombre. Descendieron las escaleras y a su paso se unió otra persona.

 

Llegaron a la sala y le ordenó a Candy que tomara asiento, ella estaba tensa, sabía que de un momento a otro Terry llegaría. No sabía si era miedo lo que la invadía en ese momento.

 

 

רררררר

 

 

Stear miraba ansioso su reloj, faltaban pocos minutos y aun no veía llegar a George, aunque Charles y compañía tenían mucho rato de haber arribado. Necesitaba que llegaran todos para poder distribuirse por la zona y rodear la casa sin mayor problema. Vio un auto que se acercaba, con los larga vistas a la lejanía se observaban otros más, sonrió para luego acercarse al recién llegado.

 

-         Por poco y no llegas, mira la hora – Stear señalaba su reloj.

 

-         Lo siento, me desubique un poco, pero afortunadamente pude retomar el camino.

 

-         George está por llegar también, de prisa, el auto está encendido, tienes poco tiempo para llegar, recuerda, debes estacionarte aquí – el joven Cornwell señalaba con un lápiz sobre el mapa, indicándole con un círculo el sitio – el trayecto restante lo harás caminando, para que nos des tiempo de movernos.

 

-         Stear, es mucho el riesgo que estamos corriendo – expresó con preocupación Terry.

 

-         Vamos, ya falta poco, apresúrate.

 

-         Sí. Gracias por todo Stear.

 

Los jóvenes se fundieron en un abrazo, cargado de esperanzas, pero también de incertidumbre. No dijeron nada más, Terry subió al auto con el mapa en la mano. Arrancó a gran velocidad sin mirar atrás, su corazón palpitaba acelerado.

 

Cinco minutos después, otro auto arrancaba para darle alcance a Terry. Al tiempo que cuatro vehículos más se estacionaron, el rostro de Stear se alegró al ver a George, algunos de sus acompañantes se dirigieron para recibir instrucciones de Charles.

 

-         Me hubiera gustado verlo en otras circunstancias joven.

 

-         A mi también George – lo abrazó y su vista se detuvo en la ventanilla del tercer auto – ¿Qué demonios cree él que hace aquí? – preguntó entre enfadado y sorprendido.

 

-         No habría podido detenerlo de ningún modo, así que pensé que lo mejor era que nos acompañara, así no haría locuras.

 

-         ¡Está loco! De eso no me queda duda – exclamó Stear, luego completó – pero yo haría lo mismo en su lugar.

 

-         Ya todo está dispuesto – Charles se acercó para unirse a ellos – será mejor que nos vayamos.

 

-         Sí Charles, te seguimos.

 

 

רררררר

 

 

En dos minutos serían las cinco y no había llegado el invitado. El hombre se acercó a la ventana y se extrañó, demasiado silencio. Decidió salir a investigar, pero un llamado en la puerta atrajo su atención, con una mirada le ordenó a su acompañante que sacara a Candy de ahí, sacó una pistola, se acercó a la puerta y abrió.

 

-         Vaya Granchester, no esperaba menos de ti. A tiempo como un buen inglés.

 

-         Ya estoy aquí, deja ir a Candy – dijo Terry sin moverse.

 

-         Tranquilo, no es así de sencillo, debo asegurarme de que no traes compañía.

 

Pasó a un lado de Terry y se aseguró de que sus hombres siguieran vigilando el lugar. Tal como se lo indicara a quienes custodiaban al joven actor, en cuanto se estacionaron encendieron sus luces delanteras dos veces, todo iba bien hasta el momento. Al ver todo en calma lo hizo entrar. Lo condujo a la biblioteca y le ordenó que se sentara.

 

-         ¡Basta de juegos! – gritó Terry.

 

-         Tan temperamental como el Duque. Bien, normalmente acostumbro cumplir mis promesas, pero, creo que habrá una excepción esta vez, aún no puedo liberar a la chica.

 

-         Yo… yo te conozco… eres… – musitaba Terry mientras en su memoria algunos recuerdos se movían.

 

-         Jason Winston. Gusto en volver a verte Terruce.

 

-         No entiendo, tu y yo fuimos amigos, ¿Por qué todo esto?

 

El desconcierto inundó el rostro de Terry, el chico frente a él había sido su compañero de juegos en la infancia, era un par de años mayor, si bien no compartieron mucho tiempo, él creyó haber establecido un lazo amistoso entre ellos, pero todo eso se borró de su mente al recordar el motivo por el cual estaba ahí.

 

-         Si, fuimos amigos, pero el tiempo pasa, todos crecemos y cambiamos, creemos en algo y un buen día todo se desvanece.

 

-         Quiero ver a Candy.

 

-         Podrás verla, pero ella no te verá a ti.

 

Abrió la puerta de la biblioteca y con un ademán llevaron a Candy a la sala nuevamente.

 

-         Ahí la tienes, sana y salva.

 

El joven quiso salir corriendo, tomarla en sus brazos y decirle que todo saldría bien, pero no se había percatado que en la habitación había otro hombre además de Jasón; Frank, quien lo detuvo por los hombros.

 

-         Es una belleza, ahora sé por qué te tiene a sus pies.

 

-         ¿Cómo es que supiste sobre ella?, ¿Qué quieres de mí?

 

-         Sobre esa preciosura me entere gracias a las personas que te conocen, pero sobre todo, gracias a tu ex prometida, ella y su madre son un par de víboras, por una buena suma de dinero fue fácil obtener información.

 

-         Susana – dijo el joven por lo bajo.

 

-         Si, Susana Marlowe, no sé como es que pudiste comprometerte con esa arpía teniendo a esa rubia de tersa piel…

 

-         Malnacido… si la tocaste, soy capaz de matarte yo mismo – Terry se levantó furioso y lo tomó por las solapas, pero de nuevo Frank, quien lo detuviera minutos antes, hizo lo propio para que lo soltara, ejerciendo fuerza sobre sus hombros.

 

-         Es una tentación, debo admitir – Jason hablaba arreglándose el saco como si nada hubiera pasado – pero no te preocupes por su integridad, esta a salvo, todavía…

 

Se acercó al escritorio del cual sacó varios papeles, mismos que puso a disposición de Terry, quien los tomo de inmediato y se sorprendió al ver de lo que se trataba.

 

-         Dinero, ¿sólo es eso?, llegaste a tanto sólo por dinero.

 

-         No, no es todo, no leíste bien, pero bueno, eso lo discutiremos más adelante, por lo pronto empieza por firmar estos documentos.

 

-         ¿De que se tratan?

 

-         Bueno, has sido nombrado Duque de Granchester, aún cuando tu padre sigue vivo, así que quiero que me cedas el título y la herencia que te toca.

 

-         Eres una basura, si tanto investigaste de mí, sabrás que no tengo relación alguna con mi padre – aventó los papeles sobre el escritorio exasperado.

 

-         Lo sé, lo sé, pero eso no le importó a él, prefirió nombrarte su heredero antes de divorciarse y heredar sus bienes al resto de sus hijos. Así que sólo tienes que firmar esos papeles.

 

Terry se quedó pensativo, aquello no se lo esperaba, no supo qué había sucedido con su padre, pero lo primero era asegurar la seguridad e integridad de Candy.

 

-         ¿Qué garantías tenemos de salir con vida si hago lo que me pides? – preguntó aparentando una serenidad que estaba lejos de sentir.

 

-         Ninguna debo admitirlo, pero si firmas ahora, te llevaré a su lado.

 

Terry lo vio con desconfianza, permanecía inmóvil, pero a una seña, Frank salió y de pronto escuchó un grito, sin duda era de Candy.

 

-         Esta bien, firmaré, pero no la lastimen.

 

Jason sonrió, mientras que el sudor comenzaba a perlar la frente de Terry, ¿Dónde estaba la ayuda que esperaba?, ¿Dónde?... no podía perder tiempo, se dirigió de nuevo al escritorio y firmó cuanto le pusieron en frente. Al poner la última firma se dirigió a la puerta en un movimiento rápido que sorprendió a Jason y su cómplice, quien apenas estaba tomando su posición de nuevo.

 

-         Candy, Candy… –  gritaba él para saber dónde estaba, llegó a lo que parecía una sala de costura y se detuvo en seco.

 

-         Terry, viniste, no debiste… – la rubia tuvo que contener el llanto al ver al joven frente a ella.

 

El corazón del joven pareció detenerse al observarla así, estaba de pie junto a un sofá, en su rostro se notaba el cansancio, recorrió con la mirada su figura esperando encontrar señas de la herida que le mencionaran, pero el vestido de mangas largas que portaba Candy no se lo permitía. Con todo y el miedo que lo embargaba intentó acercarse un poco más.

 

-         Ni un paso más Terruce, o le atravieso el cuello.

 

Detrás de Candy apareció una joven, quien obligó a la rubia a sentarse en el sofá al tiempo que sacaba un cuchillo y lo dirigía al blanco cuello de su presa.

 

-         ¡Luisa! – exclamó Terry al reconocer a la joven.

 

-         Veo que se han reencontrado – habló Jason a sus espaldas – ¿no te da gusto ver a tus ex compañeras de colegio Terruce? – siguió con ironía – bueno, lo entiendo, no fuiste amigo de todos, de hecho, sólo de esta lindura.

 

Jason se había acercado donde Candy, pero un ruido lo alertó y se acercó a la ventana; nada, los guardias seguían en sus posiciones.

 

-         ¿Por qué Luisa?, jamás te hicimos daño – con sumo cuidado el joven intentó acercarse unos pasos más – ¿Por qué todo esto?

 

La joven apretaba con rabia el cuchillo mientras por su mente las escenas de meses pasados nublaron su vista, pero sacudió la cabeza y respondió.

 

-         Por dinero, ¿Por qué otra cosa hubiese valido la pena arriesgarse? – respondió al fin.

 

-         Pero… tu familia es poderosa… – Terry quería ganar tiempo, pero la voz de Luisa lo interrumpió.

 

-         No, ya no lo es, todos nos dieron la espalda, de no haber sido por Jason habríamos muerto de hambre, porque hasta tu padre nos negó su ayuda. No habríamos tenido que tomar a Candy como rehén si tu estúpida ex novia no la hubiera mencionado, a decir verdad, nunca creí que se reencontrarían, luego de su penosa salida del San Pablo – decía burlona pero sin poder evitar que las lágrimas surcaran su rostro, con una mano intentó limpiarlas para seguir hablando – pero la vida da muchas vueltas y es su bienestar o el de mi familia entera – concluyó Luisa convencida.

 

-         No tiene porque ser así Luisa – habló Candy en un susurro.

 

-         ¡Cállate!, tu que sabes, soportar el escarnio y rechazo por parte de todos los que antes se decían tus amigos. No es tu culpa Candy, si es a eso a lo que quieres llegar, lo sé, pero no siempre hacer lo correcto te lleva a lograr tus objetivos.

 

El rostro de Terry se contrajo por la sorpresa, Candy en cambio, sentía una profunda pena por aquella joven, recordó el día en que ella escapó del colegio, ese mismo día Luisa fue expulsada del colegio porque su padre estaba en la ruina, todas le habían dado la espalda, incluida Eliza, quien se decía su amiga. Aunque no justificaba su proceder, entendía su sentir.

 

-         Basta de charla, ya tenemos lo que necesitábamos, soy un caballero y cumplo mis promesas, eres libre preciosa.

 

Jason acarició la mejilla de Candy, quien no podía moverse porque Luisa continuaba amenazándola.

 

-         Ese no fue el trato Jason, no podemos dejarla libre, nos descubrirán.

 

-         ¡Cállate y suéltala! – gritó Jason.

 

Luisa no discutió, era como si en realidad aquello lo hubiese estado esperando, su mano se relajó y dejó de apuntar hacia el cuello de la rubia, quien de una de sus mangas había ido deslizando unas tijeras, mismas que enterró en el muslo derecho de la joven que momentos antes la tenía sometida, se levantó y se alejo lo más que pudo, sin embargo, no pudo llegar hasta Terry. 

 

-         ¡Maldición! – grito Luisa.

 

Su cuerpo reaccionó al dolor que sentía por la herida, de su mano cayó el cuchillo con el que momentos antes amenazara a Candy, ambas manos las dirigió a su pierna, logrando sentarse, se desenterró las tijeras mientras la sangre empezaba a escurrir.

 

-         No debiste hacer eso preciosa, ahora no podré cumplir mi promesa, tendré que enviarte al infierno.

 

Jason apuntó con su arma a Candy y la preparó para disparar, en un acto reflejo Terry se abalanzó sobre él desviando su brazo, pero no pudo evitar la detonación. Un grito desgarrador inundó la habitación, la bala había dado en el pecho de Luisa quien intentaba levantarse cuando sintió el impacto. Su cuerpo se desvaneció mientras Candy ahogaba el llanto y observaba las tijeras que usara momentos antes para herirla.

 

-         Vete Candy, ¡Sal de aquí! – le gritaba Terry.

 

Ella parecía no escuchar nada a su alrededor, sus sentidos no respondían, Jason y Terry continuaban forcejeando, mientras que Candy sólo atinaba a retroceder mirando con infinita tristeza como se desangraba el cuerpo de Luisa, se detuvo por inercia al sentir el muro detener su avance, sus ojos y los de Luisa se encontraron y se sorprendió al ver en el rostro de la joven algo parecido a una sonrisa, después cerró sus ojos mientras la vida se le escapaba.

 

La puerta de la habitación se abrió, era Frank.

 

-         Nos tienen rodeados jefe, afuera está lleno de policías.

 

Pero Jason no lo escuchó, seguía enfrascado en su lucha con Terry, Frank salió de la habitación y se dirigió a la parte superior. Candy comenzaba a desvanecerse, pero un segundo tiro la hizo gritar y ponerse de pie asustada. Fue entonces que volvió a la realidad, observó de nuevo el cuerpo de Luisa y vio la pelea de aquellos dos hombres, entonces escuchó con claridad.

 

-         ¡Sal de aquí Candy!, ¡Sal! 

 

El puño de Terry se estrelló en el rostro de Jason quien había soltado el arma.

 

-         Terry…

 

Ella intento acercarse, pero él la detuvo de nuevo.

 

-         ¡Vete!

 

Gritó Terry una vez más y un tercer disparo atravesando el cristal de la ventana la hizo gritar, no supo como se dio vuelta haciendo caso de las palabras, llegó a la puerta principal, la abrió y cuando sentía que al fin saldría de esa casa se sintió apresada nuevamente por la cintura.

 

-         ¡No, déjeme, suélteme!, ¡TERRY!

 

Ella gritaba desesperada, su intento de escape había sido frustrado, sintió entonces que la vida misma se le esfumaba al intentar liberarse de aquellos brazos y no conseguirlo; varios disparos se escucharon y ella perdió la noción de todo. Aún así no dejaba de golpear a su opresor.

 

-         Tranquila Candy, ya pasó todo, tranquila – decía en un susurro el joven mientras intentaba controlarla.

 

Pero ella no lo reconocía, su vista estaba nublada por el llanto, Stear intento abrazarla pero ella se afianzó de su brazo mordiéndolo, la joven sintió el piso y corrió sin ver por donde se dirigía. El chico salió detrás de ella mientras la movilización por parte de la gente de George y Charles comenzaba a tomar velocidad.

 

 

רררררר

 

Dentro de la casa un disparo más hizo que Jason y Terry dejaran de pelear, ambos hombres voltearon a la puerta, fue Jason quien sonrió triunfante levantándose del piso y limpiándose la sangre que escurría de su ceja y labio abiertos.

 

-         ¡Me había olvidado de ti!

 

Se acomodó la ropa y recogió su arma, fue entonces que Terry vio a quien le hablaban.

 

-         ¡Padre!

 

El Duque de Granchester fue conducido a un sillón por Frank y otro tipo, mientras observaba a su hijo golpeado que se incorporaba con dificultad y jalando el aire. Si antes Terry había estado confundido ahora no entendía absolutamente nada.

 

-         ¡Parece que hiciste caso omiso a mis recomendaciones actor de quinta! – habló Jason rompiendo el silencio.

 

-         Lamento tanto haberte puesto en esta situación, perdóname hijo – los ojos de Richard Granchester estaban cristalizados, aún así, mantenía su mirada fija sobre Terry.

 

-         ¡Ay, yo lamento interrumpir su reencuentro! – la ironía no abandonaba a Jason – pero me temo que serán utilizados de escudo para poder abandonar el lugar así que dejaremos la charla para otra ocasión.

 

-         Padre, yo… no entiendo…

 

Terry se acercó un poco, intentando que su cabeza encontrara la lógica a todo aquello, si bien era cierto que en parte se trataba de una venganza por parte de Luisa, había algo más, un trasfondo que no podía enlazar a los acontecimientos, sus deducciones fueron interrumpidas...

 

-         Te ahorrare el trabajo de atar cabos mi querido actor de quinta. Durante mucho tiempo te sentiste el único rechazado por parte de Richard Granchester, un hijo indeseado al cual llamaban bastardo, siendo el blanco de los insultos y desprecios de la esposa del honorable Duque aquí presente. Pero… no es así, no fuiste el único hijo bastardo, lo que significa, que tú y yo llevamos la sangre del mismo noble inglés.

 

-         ¡Eso es mentira! – gritó el Duque con energía.

 

-         Por favor padre, ¿hasta cuando vas a negarme?, no ves cuanto me lastima el hecho de que me rechaces – las palabras del chico iban cargadas de sarcasmo – el hecho de que te hayas revolcado con mi madre antes que con la de Terry no tiene importancia.

 

El Duque no hizo caso de las declaraciones que aseveraban su paternidad de ambos jóvenes, por lo que se dirigió a Terry.

 

-         Terruce, no es verdad, lo sabes, créeme hijo, si alguna vez supe lo que era el amor, fue precisamente con tu madre, antes de ella, no conocía lo que ese sentimiento englobaba, tampoco me enrede con dama alguna que no fuera Ely.

 

-         Bueno “padre”, afuera nos espera el comité de bienvenida, así que ponte de pie y sal delante de mi.

 

-         Espera Jason – interrumpió de pronto Terry – si todo esto es por venganza, dame la oportunidad de disfrutarla – los ojos del actor brillaban de manera extraña, se acercó a su captor sin titubear – no sé que pasó por tu cabeza al creer que me amedrentarías teniendo a mi padre como rehén, aunque, creo que eso lo sabías de antemano, de lo contrario, no habrías llegado hasta aquí, ni hubieras tomado a Candy como presa.

 

Richard D. Granchester sintió un frío recorrerle la espina dorsal, jamás esperó aquella actitud de su primogénito para con él, aunque, ¿qué mas podía esperar?, toda la vida había ignorado su presencia, resolviendo solo los problemas del joven sin tomarse el tiempo de tomarle parecer, ordenando y exigiendo obediencia, ¡Cuánto se había equivocado a lo largo de su vida!

 

Jason por su parte miró con desconfianza a Terry, pero no pudo evitar que una sonrisa maliciosa se dibujara en su rostro.

 

-         Frank, ve al ático y ve por donde será más sencillo salir. Tu Derek, quédate por si necesito ayuda.

 

-         Sigues siendo un desconfiado – declaró Terry con una sonrisa de medio lado.

 

-         Sí, así que no te acerques demasiado, ¿qué propones?

 

-         A mi me importaba salvar la vida de Candy, lo que decidas hacer con él – señaló con un movimiento de cabeza hacia donde se encontraba su padre – me tiene sin cuidado. No tendrás que temer por represalias por parte mía, puedes estar tranquilo, no pondría en riesgo la vida de nadie más por algo tan irrelevante en mi vida como lo es lo que este hombre me haya podido dejar. Así que tu dices, puedo fingir no saber quien eres, olvidándome por el resto de mi vida siquiera que existes.

 

-         Debo confesar que no me esperaba esto de ti Granchester, aunque, puedo entender tu postura, bien. Esperemos a que Frank regrese.

 

 

 

רררררר

 

Afuera la tensión crecía, Stear comenzaba a impacientarse, Terry no salía ni tenía idea de la situación en el interior, por si eso fuera poco, Candy estaba completamente en shock, no reconocía a nadie ni podía explicar nada.

 

-         Tranquila pequeña, estas bien, ya todo esta por terminar.

 

-         … – los sollozos que escapaban de su garganta era la única respuesta que obtenía.

 

-         En un rato más todo estará mejor, ya lo verás.

 

-         Terry… esta en peligro… ¡Terry! – gritó ella mientras él la abrazaba con fuerza, al tiempo que su corazón se oprimía, pues ella no lo reconocía y sólo gritaba el nombre de él.

 

-         Será mejor que se vayan de aquí – sugirió George.

 

-         No, quiero asegurarme que Terry sale bien de todo esto.

 

-         Pero…

 

-         No hay nada que puedas hacer, espero que el sedante que le inyectaron haga efecto pronto.

 

De pronto Candy se incorporó al deshacerse de los brazos que la habían tenido acunada. George intentó calmarla pero ella estaba incontrolable.

 

-         ¡Suélteme!, ¡No me toque!

 

-         Señorita Candy, soy yo, George.

 

-         ¡Déjeme! – ella se resistía pero ya no tenía las fuerzas para salir corriendo, derrotada se dejó caer al piso mientras las lágrimas volvían a surcar su rostro demacrado.

 

-         Candy, mi pequeña niña, ¿Qué es lo que te han hecho?

 

Albert se sentía impotente, no podía ayudar mucho en sus condiciones pero lo que más le angustiaba era el estado de Candy, se encontraban un tanto alejados del lugar, aun así podía escuchar el movimiento de los hombres que aguardaban la señal para introducirse en la casa.

 

 

 

רררררר

 

Un par de detonaciones en la parte superior alertaron a todos, Derek preparó su arma, lo mismo Jason, de pronto todo pasó muy rápido. Por las escaleras rodó el cuerpo ensangrentado de Frank, Derek tomó al Duque y lo encañonó sin titubear, Jason hizo lo propio con Terry, quien se mantenía frío ante la situación, seguía las órdenes sin oponer resistencia, sin embargo, la imagen de Luisa en el piso lo hizo estremecer.

 

Por la puerta de la biblioteca empezó a salir humo, lo que los obligó a apresurar la huída, El Duque al frente, Derek y Jason en medio de él y Terry, para protegerse las espaldas, sabía que no dispararían, aunque sabía que aquello se había salido de control, no dejaría de luchar por salir con vida.

 

Una vez afuera los disparos cesaron a la orden de Charles, Stear reconoció al Duque de Granchester y se lo hizo saber, un silencio sepulcral inundó entonces el lugar. Derek y Jason habían logrado llegar a uno de los autos, pero un disparo certero atravesó la pierna de Derek haciéndolo caer.

 

Todo fue confusión, el Duque giró sobre sí y se abalanzó sobre Jason quien se vio sorprendido cayendo al suelo, aún así logro accionar su arma y la bala salió en dirección del noble inglés.

 

-         ¡Padre!

 

Fue lo único que gritó Terry al tiempo que se interponía entre la bala y su progenitor.

 

-         ¡NO!, ¡Terry!

 

Varios disparos se escucharon entonces dando fin a la vida de aquel que en unos pocos días había causado tanto daño. Mientras un dolido padre sentía como el cuerpo de su hijo se le escapaba de las manos, las lágrimas brotaban de sus ojos mientras a gritos pedía ayuda.

 

El cuerpo no llegó al suelo, Stear se había acercado tomándolo en sus brazos y cayendo junto con él.

 

-         Tu eres fuerte aristócrata malcriado, tienes que vivir – le decía en un intento por no dejarse derrotar, pero sin poder controlar.

 

Por la mente de Terry las imágenes de un pasado reciente se unían a las de uno lejano, donde sólo los recuerdos felices tenían cabida, una sonrisa se dibujo en su rostro al tiempo que la imagen de una rubia pecosa que le sonreía a la distancia lo llamaba.

 

La vida se le estaba escapando, se sentía flotar, no tenía más pesadez, no había más rencor, estaba en paz…

 

Continuara….

 

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Notas de la autora:

 

Este ha sido el capítulo más difícil de todo el fic, quiero agradecer a todas su tiempo, su paciencia y sobre todo, el apoyo incondicional que me brindan a través de sus correos electrónicos.

 

Dedico este fic a todas y cada una de ustedes, que siguen la trama a pesar de mis retrasos. Gracias Amali B., por estar ahí y darme un poco de tu tiempo, así como por tus ideas, a mi querida Geza por darme más ideas, muy maquiavélicas por cierto, pero bueno, espero no haberlas defraudado y nos leemos en el siguiente.

 

Un beso enorme a todas.

 

Bombas, tomatazos, comentarios envíenlos a [email protected]

 

Gracias

Atte:

 

Lily Ramírez.

 

 

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