Siempre Unidos
Por: Lily Ramírez.

Capítulo I
“Un corazón
lastimado, una ilusión perdida”
El tren llega por fin a su
destino, llevando como pasajera una rubia con su corazón roto y sus ilusiones
terminadas, queriendo ser fuerte intenta salir.. un desmayo, Dios, la gente se
acerca, todo mundo se pregunta quien será, un ángel caído del cielo, luce
impávida, tan frágil y tierna, tan fuerte y débil a la vez. Un guardia toma su
bolso y revisa.
-
Es una Andrew – grita de pronto
Un hombre se abre paso entre la gente, llega hasta ella y la
levanta en brazos.
-
Estarás bien, te lo prometo, estarás
bien – rápido ordena un auto y la lleva hacia un hospital.
El Santa Juana luce como siempre, con gran movimiento, el chico
entra rápido con la mujer en brazos, un médico se atraviesa en su camino y le
auxilia.
-
Una camilla pronto, se trata de
Candy - el chico continúa con ella en brazos mientras los camilleros se
aproximan, la acomodan y la ingresan a una sala, el chico va a un lado, acompañándole,
el médico lo detiene y lo deja fuera, el tiempo transcurre despacio, Dios,
parece eterno.
En su interior ha elevado mil y un oraciones, las manos le
sudan, no sabe que hacer, si avisar o no, que más da, toma un teléfono y deja
un mensaje para que lleguen tan rápido como puedan.
Han pasado escasos 30 minutos, pero a él le parecieron horas,
sale el médico y lo aborda.
-
El caso no es muy grave, pero si de
cuidado, necesitará mucho reposo, de lo contrario si tendría complicaciones,
¿sabe que ocurrió?
-
No doctor, yo sólo la vi desmayada
en el andén, ¿qué es lo que tiene?
-
Al parecer ha estado expuesta al
frío por mucho tiempo, lo cual le ha provocado un caso severo de resfriado que
con los cuidados necesarios se recuperará, es fuerte, pero lo que me preocupa
es que con lo que se le ha aplicado la temperatura no regresa a la normalidad,
esperemos que reaccione favorablemente y no vernos en la necesidad de realizar
estudios profundos, ¿conoce usted a Candy?
-
Si doctor, es mi prima.
-
Que bien, ella necesitara de su
familia en estos momentos, deben consentirla mucho.
-
No se preocupe doctor, lo haremos,
¿puedo verla?
-
Sólo si promete no hacer ruido,
necesita descansar.
-
Lo entiendo.
Se dirige hacia la habitación de ella y entra, no hace ruido, acerca
una silla y se sienta cerca de ella, acaricia los cabellos de la rubia con suma
delicadeza, ella está inquieta.
-
No, Terry, es tu deber... Terry.....
Terry....
-
Ssht, tranquila Candy, todo estará
bien.
-
Terry.. – repetía una y otra vez
mientras gruesas lágrimas escapaban de sus ojos.
Él cuidadosamente le limpiaba el rostro con su pañuelo. Se oyó
un suave golpeteo en la puerta, él se levantó sin hacer ruido y abrió.
-
¿Cómo esta?, ¿Qué sucedió?
-
No esta muy mal, tiene un fuerte
resfriado, al parecer se expuso al frío demasiado tiempo, necesita reposo, el
doctor dijo que sino se le atendía bien podría empeorar; no sé que le ha
sucedido, pero lo que haya sido, fue algo muy duro, pues ha estado delirando y
sólo menciona a Terry.
-
Algo está mal, ella fue a verlo ¿Qué
pudo haber sucedido entre ellos?
-
No lo sé Albert, pero en estos
momentos ella nos necesitará para sobrellevar esa pena que trae dentro, quizá
no lo diga, la conoces, ella jamás nos preocuparía, así que espero que tu
logres obtener la respuesta a esto y así podamos ayudarle.
-
Lo haré Stear, te lo prometo, haré
todo lo que este en mis manos para ayudarle, ¿dónde la encontraste?
-
Se desmayó al tratar de bajar del
tren, no lo sé con certeza, me acerqué en cuanto escuche que se trataba de una
chica y al escuchar su apellido corrí a ayudarle.
-
Te lo agradezco infinitamente.
-
No tienes por que, sabes que le
tengo un gran cariño, es mi hermana pequeña.
-
Lo sé, soné algo tonto, puedo verla.
-
Seguro, yo debo ir a casa a avisarle
a los demás, volveré en un par de horas.
-
No te preocupes, yo me quedaré con
ella, será lo mejor.
-
Esta bien, así nos turnaremos para
cuidarla. Pero cualquier cosa no dudes en avisarme.
-
Una cosa más, ¿qué hacías en la
estación?
-
Es una larga historia, después te la
contaré. Hasta mañana.
-
Hasta mañana Stear.
Albert entró al cuarto muy apesadumbrado, ocupó el mismo lugar
que minutos antes usara Stear y tomo delicadamente la mano de Candy, depositó
un tierno beso en ella y acariciaba sus rubios rizos. La noche transcurría
lentamente para él, ella seguía delirando, la temperatura había aumentado
provocando fiebre, temblaba de pies a cabeza y sudaba frío, los doctores habían
estado entrando y saliendo de la habitación, su situación se complicaba y sólo
repetía el nombre de Terry, los médicos le habían dicho que quizá lo mejor era
hacer venir a ese chico, él asintió y envió un telegrama urgente por la mañana
avisándole al joven actor del estado de salud de Candy.
רררררר
Dos días habían pasado desde el ingreso de Candy en el
hospital, pero no había mucha mejoría en su estado, la fiebre no cedía y los
delirios tampoco, los médicos ya habían hecho todo lo necesario, pero sólo
quedaba esperar, parecería que ella no tenía intención de continuar viviendo,
Albert se sentía desesperado por no haber recibido respuesta de Nueva York, le
parecía extraño, pero no sabía que hacer para ayudar a su ángel, como él
cariñosamente le decía. Sabía que ella era muy fuerte y que amaba la vida, no
entendía el porque de su estado.
Las seis de la tarde y todo igual, él se sentó nuevamente
y cariñosamente empezó a acariciar la mano de la chica, quien dormía pero
continuaba inquieta.
-
Despierta pequeña, tienes que
seguir viviendo, todavía hay muchas personas que te necesitan, muchas personas
que te aman – le hablaba tiernamente mientras que de sus ojos gruesas lágrimas
salían sin control, la desesperanza se estaba apoderando de él, y las lágrimas
bañaban su rostro y la mano de ella. Un suave movimiento lo hizo levantar el
rostro y mirar la mano que sostenía entre las suyas.
-
Doctor, necesito un doctor
– gritaba desde el umbral de la puerta
-
¿Qué ha pasado?, ¿Despertó
Candy?
-
No doctor, pero movió su
mano, fue algo suave pero la movió.
El doctor entró rápidamente a la habitación y revisó a la
rubia, la fiebre estaba cediendo, la respiración se estaba normalizando y su
pulso también. Salió y dijo lo anterior a un Albert que esperaba ansioso ese
momento en el que le dijeran que ella empezaba a reaccionar a los medicamentos.
En ese momento los chicos regresaban de la cafetería y les comunicó las nuevas
sobre el estado de Candy. Todos sonrieron aliviados, Annie lloraba de alegría
mientras un amoroso Archie la apretaba contra su pecho, Patty y Stear elevaban
una oración de agradecimiento en su interior mientras que Albert se apoyaba en
la pared, todos habían estado al pendiente de la chica, pero era él quien había
decidido permanecer a su lado todo el tiempo, el cansancio no había logrado
vencerlo aún, por lo que se rehusó a abandonar el lugar.
-
No, ella ha cuidado de mi
todo este tiempo, es mi turno de hacerlo también, vayan ustedes a descansar,
mañana los esperaré temprano.
-
Pero Albert llevas dos días
sin dormir, deberías ..
-
No Annie, no insistan,
estaré bien – y diciendo esto entro de nuevo a la habitación del hospital.
Los chicos se retiraron contentos de saber que su dulce
amiga se recuperaría muy pronto, pasaron dos días más en los que Candy
continuaba inconsciente, pero una mañana, mientras Albert le acomodaba sus
rizos.
-
Aahh .... ¿qué me ha pasado?
-
Candy – fue lo único que
pudo decir mientras dos lágrimas resbalaban por sus mejillas.
-
Pero Albert, donde estoy –
decía mientras hacía un intento por levantarse, pero un mareo la obligo a
recostarse nuevamente.
-
No Candy, no hagas eso,
estas muy débil, llevas cuatro días en esa cama y no te hará bien levantarte en
estos momentos.
-
Veo que al fin despertó la bella
durmiente – se escucho la voz de un médico que entraba en esos momentos a
realizar la revisión de la mañana.
-
Doctor Jhonson, pero que
hago aquí, no se supone que debería yo estar atendiendo a la gente, no ser
atendida – decía con voz suave, pero que sonaba con un dejo de tristeza.
-
Así debería de ser señorita
Andrew, pero espero que usted me diga como fue que se enfermo siendo usted una
de las personas más sanas que yo había conocido.
-
No lo sé – respondió en voz
baja mientras desviaba su mirada a otro lado.
El doctor la revisó bien, aunque la mejoría era notable,
recomendó que se quedara un día más para ver si había alguna recaída, el
desayuno le fue llevado y un Albert atento le ayudo a acomodarse para que lo
tomara, se sentó a su lado mientras ella comía, él esperaba verla devorando
todo pero en cada movimiento que ella hacía se notaba la enorme tristeza que la
invadía, no quiso preguntar nada, así que sólo se limito a platicarle cosas
lindas sobre lo que él había estado haciendo, le contó historias fantásticas
sobre puppé, todas ellas imaginarias pero que habían logrado que la rubia
esbozara sonrisas, al poco rato llegaron los chicos, Annie se había apresurado
a entrar al saber que ella había despertado, Archie y Patty la siguieron.
-
Hola Albert, ¿cómo sigue? –
fue la pregunta y saludo de Stear
-
Hola, mucho mejor Stear, al
parecer ha reaccionado bien a los medicamentos, pero no ha dicho una sola
palabra sobre lo que le ocurrió, te pido que no se lo preguntes, podría
representar un retroceso en su recuperación.
-
Descuida, no lo haré,
sabes, le tengo un obsequio. Sólo estaba esperando a que despertara.
-
Espero que no sea ningún
invento – dijo en tono más relajado Albert.
-
Espera y lo sabrás, por
cierto deberías ir a casa y descansar, esta noche yo me quedo a su lado, no
acepto un no, así que ya esta hablado.
-
De acuerdo, pero entra,
hace rato que los espera.
-
Hola Candy, estas despierta
o debo seguir en espera de que la princesa se digne a mirarme – decía
alegremente Stear escondido detrás de la puerta.
-
Pasa, no puedo verte –
decía la rubia desde su cama.
-
Un momento, sólo espera un
momento – decía mientras trataba de que su regalo estuviera listo.
De pronto, un ruido hizo que todos se quedaran
silenciosos, voltearon hacia la puerta y vieron entrar a un Stear con cara de
triunfo y escondiendo algo detrás de su espalda.
-
Un regalo para la princesa
dormilona – decía al tiempo que entregaba a la chica algo que parecía una
cajita.
-
Gracias, pero, ¿qué es?
-
Es mi nuevo invento, se
llama, Candy durmiente
-
¿Cómo? - pregunto confundida.
-
Ábrelo, vamos.
Al abrirlo salieron disparadas unas flores, mientras se
escuchaba de nuevo el mismo ruido que habían escuchado anteriormente, la rubia
se sobresaltó y luego miro con detenimiento el contenido, era una caja de
tamaño regular, no muy pesada, dentro de ella se encontraba una muñequita
recostada sobre un disco giratorio, ella deslizo su mano y la toco, al momento
se escucho una bella melodía a lo que ella sonrió.
-
Está preciosa
-
No más que tu.
-
Vaya Candy, serás la
enferma más consentida que yo haya visto, de ahora en adelante no te librarás
de nosotros hasta que te encuentres completamente bien – decía Annie
alegremente tratando de hacerla sonreir.
-
Se los agradezco mucho,
pero no hay necesidad, miren, ya me siento bien – diciendo esto intenta
levantarse nuevamente pero el mismo mareo la hace tambalearse, Albert presuroso
llega hasta ella y la sostiene, evitando que caiga.
-
No hagas eso pequeña, ya te
dije que estas débil, aunque quieras aparentar lo contrario, vamos vuelve a la
cama.
-
Si señor, como usted ordene
– decía mientras dejaba que Albert le acomodara la almohada.
-
Ves Stear, será muy difícil
para ti cuidarla.
-
Puedo quedarme contigo
Stear, así te ayudare a mantenerla en la cama – decía Patty contenta de ver a
su querida amiga mucho mejor.
-
No se preocupen, Albert, la
amarraré si es necesario para que no se levante – respondió haciendo un guiño y
todos rieron ante esto.
Los chicos permanecieron todo el día en el hospital,
obligando a Candy a tomar descansos para agilizar su recuperación, llegó la
noche y un renuente Albert se fue a descansar, prometiendo llegar temprano al
día siguiente, además aprovecharía para arreglar el departamento y la habitación
de Candy, para cuando la dieran de alta. Ella en cambio dormía serena, mientras
el chico limpiaba sus anteojos escucho como ella volvía a nombrar a Terry,
tenía mil y un preguntas que hacer, como lo acordara con Albert no le había
comentado nada a Annie y Archie sobre como había encontrado a Candy, sólo les
dijo que había regresado de Nueva York y que él había ido a recogerla cuando de
pronto se había desmayado, ellos no sabían que en realidad ni él mismo sabía el
motivo por el cual estaba la chica así, pero no haría nada por recordarle lo
amargo a su querida Candy. La mañana llegó y con ella la alta de Candy, el
médico recomendó absoluto reposo, sólo pequeñas caminatas dentro de su
departamento, pero nada más, debería regresar a revisión en una semana, así que
ella salió en brazos de Albert quien se había rehusado a utilizar silla de
ruedas, argumentando que era lo suficientemente fuerte para llevarla hasta el
auto que los esperaba, Stear se había ido a la mansión de los Andrew y ahí él
se encargaría de decirle a los chicos que ella se encontraba fuera del
hospital.
Una vez que llegaron al departamento, Albert volvió a
hacer lo mismo que en el hospital, la tomo en brazos mientras el chofer del
taxi le ayudaba con el equipaje, entraron y la fue a depositar a su cama,
mientras regresaba a la puerta para pagarle al taxista y tomar el equipaje.
Regreso de inmediato al lado de ella, quien se encontraba sumida en sus
pensamientos, no decía nada, tenía la mirada fija en la pared, en donde pendía
un afiche anunciando la obra de Romeo y Julieta. Él la rodeó con sus brazos
mientras la giraba para que quedare frente de él, al tiempo que sentía como el
cuerpo de Candy se aflojaba mientras unas tristes y amargas lágrimas brotaban
sin control de lo más profundo de su ser.
-
Llora pequeña, llora todo
lo que quieras, te hará bien –decía mientras la apretaba contra su pecho.
-
Lo perdí Albert, Terry y yo
rompimos – fue lo único que logró decir entre sollozos.
-
Llora Candy, llora todo
cuanto puedas, sé que la herida tardará en sanar, pero yo estaré siempre a tu
lado, recuérdalo.
Candy lloraba desconsoladamente, mientras que Albert
sentía un dolor en el corazón de ver en ese estado a la pecosa que se
desmoronaba ante sus ojos, sin saber que hacer o que decir para disminuir su
pena. Lloro mucho tiempo, hasta que el sueño llegó a ella, él la acomodó en la
cama, la arropo y salió a preparar algo para cuando despertara. Estaba en la
cocina y el llamado en la puerta lo distrajo de lo que hacía, abrió y esbozó
una sonrisa triste, al ver que al fin había respuesta de su telegrama. Lo abrió
rápidamente pero su contenido no era el que él hubiese deseado.
Lamento lo de Candy, pero no puedo ir, díselo a ella.
T. Granchester.
En otras circunstancias me hubiese extrañado, pero hoy
no, no sé que haya ocurrido entre ustedes, pero lo que haya sido, ha destrozado
a Candy - pensó para sus adentros,
guardando en su bolsillo el telegrama, antes de que terminara de cerrar la
puerta, los chicos llegaban a visitarlos.
-
Buen día Albert, hemos venido
a ayudarte, tu dinos que hace falta – decían las chicas.
-
No se preocupen, todo está
en orden, ahorita sólo estoy preparando la comida, llegaron justo a tiempo para
preparar lo suficiente para todos.
-
Nada de eso, nosotras
cocinaremos para la enferma, los caballeros lavarán los trastes cuando
terminemos – dijo una tímida Patty al tiempo que se dirigía a la cocina.
-
Será mejor que obedezcas
Albert, las mujeres suelen ponerse pesadas si uno no les hace caso – decía
divertido Stear, mientras los tres se sentaban en la pequeña salita.
-
Todo este tiempo has estado
muy callado Archie, ¿te pasa algo?
-
No Albert, todo esta bien,
me preocupe mucho cuando supe lo de Candy y hasta que no vuelva a verla en su
uniforme de enfermera y esbozando su hermosa sonrisa no me sentiré bien, además
siento que he fallado, sólo es eso.
-
No te entiendo, tu no
tuviste nada que ver en la enfermedad de ella.
-
Lo sé Albert pero..
-
Pero mi hermano se siente
responsable, verás Albert, cuando murió Anthony, nosotros prometimos cuidar de
ella, mas sin embargo, nunca hemos hecho nada por ella, siempre ha salido sola
adelante, por eso, ahora que Archie la vio tan mal, se sintió culpable por no
poder hacer nada de nuevo por ayudarle.
-
Lo cual no es cierto –
respondió una voz.
-
Candy!!!! – exclamaron
todos al verla de pie en la puerta de la habitación.
-
Regresa a la cama – la retó
Albert
-
Por favor, ya no quiero
estar en la cama, déjame estar con ustedes.
-
De acuerdo, sólo si
prometes quedarte sentada y además me dejas ayudarte
-
Esta bien, pero no más
cama, he estado mucho tiempo ahí – dijo Candy en tono de súplica, mientras
Albert la miraba intensamente, luego le sonrió y le ofreció su brazo para que
llegare hasta el sofá.
-
¿Y de que hablaban?
-
Candy, perdóname! – dijo
Archie al tiempo que caía de rodillas frente a ella llorando tristemente.
-
Pero Archie, no tengo nada
que perdonarte, mírame estoy bien, sólo fue un resfriado, no te será fácil
librarte de mí.
-
Si Candy, pero de nuevo te
he fallado, nunca he podido estar a tu lado cuando lo has necesitado.
Todos los presentes miraban con asombro y extrañeza,
todos menos Annie, quien se culpaba internamente por la reacción de su novio.
Si bien era cierto que Archie era tierno y amoroso con ella, también lo era el
hecho de que ella sabia que en algún momento de su vida, Candy había sido la
dueña de su corazón y eso a la morena le lastimaba, el pensar que ella siguiera
ahí dentro.
-
No digas tonterías Archie.
Tu y Stear me han dado muchísimas cosas, me han dado su cariño, su amistad, además,
somos familia, no lo olvides – decía la rubia para tratar de reanimarlo,
mientras acariciaba los cabellos del joven y una sonrisa se dibujaba en su
rostro, sonrisa fingida ante los demás exceptuando a Albert, quien sabía
perfectamente que su pequeña amiga sufría lo indecible por dentro, pero como
todo corazón noble, no aquejaría a los demás con sus problemas.
-
Lo sé Candy, pero, ¿si me
perdonas verdad?
-
Si eso te hace feliz, esta
bien Archie, te perdono.
-
Bueno chicos, creo que lo
mejor será que pasemos a comer, o la comida más bien parecerá cena – se escucho la voz de Patty.
La comida transcurrió amenamente, todos esforzándose por alegrar
a Candy para que se sintiese bien, el resto del día lo pasaron ahí, comentando
sus planes a futuro, pero cundo llego el turno de Candy, un enorme silencio
invadió el departamento, todos se miraban entre sí y haciendo un gran esfuerzo
Candy sólo se limitó a decir que aún no lo sabía, que no le preocupaba mucho
ese tema por el momento, todos comprendieron que algo no andaba bien y cuando
iban a preguntar lo obvio, Albert inteligentemente desvió la conversación a
temas más agradables, reviviendo reuniones compartidas y rememorando anécdotas
agradables en días pasados, cosa que Candy le agradeció internamente a través de
una sonrisa, mientras que él tomaba su mano dulcemente y así la mantuvo el
resto de la tarde, los chicos se fueron y ella había quedado agotada, aún
estaba débil, así que se quedó profundamente dormida luego de tomarse sus
medicamentos, él la observaba, mientras pensaba en mil y un cosas para que ella
saliera adelante y su corazón sanara lo más rápido posible.
Los siguientes días fueron en verdad duros para Candy, pues no
sólo tenía que reponerse físicamente, sino internamente, pero en todo ese
tiempo estuvo Albert a su lado, cuidándola, animándola, mostrándole cuan bonita
podía ser la vida para ella todavía, de mil formas él le demostraba que estaría
con ella siempre, pasase lo que pasase; sus amigos no sabían a ciencia cierta
que había ocurrido, sólo Stear tenía una suposición, que no había querido
corroborar, por temor a que ella sufriera aún más, Annie y Archie continuaban
su relación, mientras que Patty hacía hasta lo imposible por convencer a su
novio de no ir al frente de guerra.
-
Por favor Stear, desiste de ir, no
me hagas sufrir de esta forma, no soportaría la idea de que estés allá, estar a
cada instante pensando en que nada te pase, piensa en nosotros por favor.
-
Por eso es que voy Patty, por
nosotros, porque esta guerra termine pronto, no lo entiendes.
-
No, nunca lo voy a entender, porque
si vas nada me asegura que regresaras con bien, porque eres un egoísta y sólo
piensas en tu satisfacción de volar un avión, por eso vas Stear, no lo niegues,
tu anhelo de volar es más grande que el amor dices sentir por mí – dicho esto
ella salió corriendo de la estancia y se interno en los jardines de la bella
mansión de los Andrew.
-
No lo entiendes, es más que volar,
es por todos nosotros y los que vendrán – dicho esto salió en busca de su querida
damisela.
La encontró llorando, todas las lágrimas contenidas en su
interior salieron sin que ella pudiera tomar control sobre las mismas, él sólo
atinó a abrazarla por detrás y hundir su cabeza en la negra cabellera de la
chica, muchos minutos pasaron para que se tranquilizara, la calma volvió
lentamente y ella volteó a ver a su novio.
-
Perdóname, no quise decir eso.
-
No te disculpes, creo que yo en tu
lugar haría lo mismo para que no te marcharas.
-
Te amo tanto, que el miedo me tiene
completamente invadida.
-
Lo sé mi amor, lo sé.
Mientras tanto en un café, un par de jóvenes definían su
relación.
-
¿Porqué estas tan callado?
-
Discúlpame, no es mi intención, pero
no puedo evitarlo.
-
Es por ella.
-
¿A que te refieres?
-
La sigues amando, lo sé.
-
¿De que estas hablando Annie?
-
No tienes por que fingir Archie, sé
que sigues amando a Candy, nunca has dejado de hacerlo.
-
Pero de donde sacas eso, estoy
contigo, ¿cierto?, entonces no veo porque dices eso.
-
Entonces, ¿porque te afecta tanto su
estado?
-
Annie, por lo mismo que te afecta a
ti, no lo comprendes. Es mi amiga.
-
Pero tu la amas.
-
Si, la amo, muchísimo, tanto como
amo a Stear – respondió seriamente Archie, mientras dejaba que su mano
descansara sobre las de Annie.
-
Archie – decía mientras los sollozos
empezaban a dejarla sin habla.
-
No digas cosas sin sentido Annie, tu
sabes que te quiero, sabes también que sí, hubo un tiempo en que ame a Candy,
pero tú has logrado conquistar mi corazón.
-
Lo lamento, pero es que al ver como
te preocupas por ella, como sufres con su sufrimiento y te culpas por lo que le
sucede, yo pensé que aun la amabas.
-
Como si fuera mi hermana, esa es mi
verdad y si tu no lo entiendes así, no puedo hacer nada, sólo escucha lo que te
voy a decir, si tu no hubieses aparecido en mi vida, ella seguiría aquí – decía
mientras apuntaba a su corazón – pero ya no lo está, pero eso no significa que
la desterrara de él, simplemente que ese sentimiento que me provocaba se
transformo en amor de hermano, que mi preocupación por ella es porque en este
mundo sólo nos tiene a Stear y a mi como su única familia, tu tienes unos
padres amorosos que se preocupan por ti ella en cambio sólo nos tiene a
nosotros y a Albert, pero si te das cuenta nunca hemos correspondido
brindándole ayuda, recuerda, la última vez que ella nos necesito no pudimos
hacer nada por ella, escapo del colegio sin decirnos nada, eso es lo que me
tiene así, en cambio Albert, de una u otra forma siempre ha estado a su lado,
sin ser su familia, primero Anthony la protegía, luego Terry de una u otra
forma también lo hizo.
-
Oh Archie!, tienes mucha razón, he
sido demasiado ciega y egoísta para no darme cuenta, perdóname, pero es que te
amo tanto, que no me había percatado de eso, yo también quiero mucho a Candy y
me preocupo por ella, es por eso que había decidido dejarte para que ella y tu
lo intentaran.
-
No digas esas cosas nunca más, por
favor – dicho esto tomo delicadamente el rostro de la morena y depositó un
tierno y suave beso sobre su frente.
רררררר
El tiempo seguía transcurriendo en la vida de Candy y sus
amigos, habían pasado cuatro meses desde el rompimiento con Terry, la herida
seguía abierta pero poco a poco estaba siendo sanada por un guapo rubio de ojos
azules que no perdía ocasión por demostrar lo que sin proponerse se había
convertido en un tierno e inmenso amor.
-
Albert, me asustaste, tienes mucho
rato ahí.
-
Hola Candy, no mucho, el suficiente
para ver que sigues siendo una despistada, estabas a punto de mudarte de ropa
sin cerciorarte que la sala de descanso este vacía.
-
Oh! Es cierto – decía al tiempo que
le sonreía.
-
Pasaba por aquí y pensé que sería
buena idea invitarte a cenar, sabes, hoy me pagaron extra por un servicio que
hice y quiero que pasemos un rato agradable.
-
Oh Albert, que alegría me da por ti
– ella corría para abrazar al chico quien la recibía gustoso en sus brazos.
-
Vamos entonces, esperaré afuera
mientras te cambias y me aseguraré que nadie entre.
-
Gracias, no tardaré.
Mientras esperaba fuera de la sala de descanso del hospital,
Eliza entraba al mismo, iba a visitar a una de sus amigas que había sufrido un
accidente, justo cuando llegaba a la recepción Candy salía del brazo de Albert
.
-
Vaya, pero si es la huérfana y su
nuevo amor, claro, era de esperarse, ¿pensaste que estando en Nueva York
lograrías embaucar a Terry querida?, que pena, lo siento por ti, pero todo en
este mundo tiene su sitio y claro, el tuyo es al lado de ese vagabundo.
-
¡Eliza! – exclamó ella al tiempo que
se agarraba fuertemente del brazo de Albert.
-
¿Perdón, se refiere usted acaso a la
dama aquí presente? – preguntaba en tono decidido Albert.
-
Aquí la única dama soy yo – replico
la pelirroja.
-
No lo creo, una dama nunca ofende
sin razón ni se pone en evidencia ante los demás, por lo que no veo a ninguna
dama aparte de Candy, si nos disculpa, íbamos de salida. Por cierto, en cuanto
a lo de que soy un vagabundo, prefiero ser uno de ellos que tener una educación
o modales como los suyos. Permiso.
Dicho esto, condujo a Candy a la salida tomándola de la cintura
al tiempo que le pedía que levantara la cara y sonriera, dejando tras de sí a
una encolerizada pelirroja.
-
Lo siento Candy, pero no puedo
permitir que esa chica te diga esas cosas. Si quieres dejamos la cena para
después.
-
No te preocupes Albert, yo estoy
bien, sólo que me tomo por sorpresa, es todo. Pero vamos a cenar, me muero de
hambre – completó con una hermosa sonrisa.
-
De acuerdo, antes de pasar a
buscarte vi un lugar, es discreto, agradable pero lo mejor de todo, es que la
comida huele delicioso.
-
Perfecto, es suficiente para mí.
-
Y para mi también, prefiero eso que
comer lo que tu preparas.
-
Albert!!!!!!
-
Ja ja ja ja – se dejo escuchar la
risa de él mientras una enojada Candy le perseguía.
Tal como lo dijo él, el lugar era muy agradable, tenía música en
vivo, la cena había estado deliciosa y regresaban caminado al departamento. La
noche había caído en la ciudad y la brisa que soplaba era placentera, se
detuvieron en un parque para seguir conversando y observar las estrellas, se
entendían perfectamente, hablaban de todo y no había secretos entre ellos, al
menos no de ella con él.
-
Candy, aún te duele lo que sucedió
con Terry, ¿Cierto?
-
Si, aún duele – fue la corta
respuesta.
-
Y, crees, no se, que haya posibilidad
de que vuelvas a enamorarte, no ahora, pero si en un futuro.
-
Sí, estoy convencida de eso.
Siguieron observando las estrellas mientras la noche avanzaba,
ambos sumidos en sus pensamientos, ella recordando con dulzura a un chico de
cabello y carácter rebelde de inmensos y hermosos ojos azules. Él imaginando a
una linda rubia de ojos verdes como las esmeraldas caminado de su mano.