Aún en la distancia
Por: Lily Ramírez
Epílogo
Las cosas no hubiesen podido ir
mejor, los preparativos de la boda estuvieron a cargo de Eleanor y la Tía
Elroy, luego de la presentación, la actriz dio una declaración a la prensa
donde reconocía públicamente a Terry como su hijo, quien le acompañaba al igual
que el duque.
La noticia fue el plato fuerte en
la sociedad, los reporteros no sólo se habían conformado con las declaraciones
hechas sino que pidieron entrevistas a los miembros de la familia Andrew,
siendo Albert quien respondiese a nombre de todos.
“No tengo nada que declarar en
torno a ese asunto, lo que si puedo asegurarles es que me siento contento por
Candy y por Terry, además muy orgulloso de ambos”
A partir de ese momento las cosas
volvieron a tomar su cauce y la vida continuo, la familia volvió a Chicago y
Eleanor siguió brindándome estancia, todo había pasado tan rápido, la felicidad
parecía por fin quedarse de mi lado y me sentía dichosa, había olvidado que tan
efímera puede resultar en ocasiones la dicha. Mi trabajo en el hospital
continuaba siendo mi vida, seguimos compaginando nuestros tiempos para que la
relación funcionase y creciera, pero cierto día.
µµµµµµµµµµµ
Lo recuerdo perfectamente,
habíamos sido invitados a una reunión para celebrar el enorme éxito de la obra,
Eleanor no nos acompañó debido a que tenía otra reunión con un nuevo admirador,
llegamos a la casa del Sr. Hataway quien nos pedía iniciar el baile, se le
estaba haciendo costumbre, Terry accedió gustoso, poco rato después paramos
para tomar algo, él como todo un caballero fue por las bebidas, en ese
momento, una de las nuevas actrices de
la compañía se le acerco, alta, de cabellos castaños y cuerpo bien formado, mismo
que hacia lucir con un vestido por demás ajustado, jamás en mi vida había
sentido celos, pero la forma de hablarle y dirigirse a el me pusieron los
sentidos en alerta. Como atraída por un imán llegue hasta ellos y me aferré al
brazo de mi prometido, ella capto el mensaje y se retiro no sin antes besar en
la mejilla a MI NOVIO, que desfachatez, su nombre, Abigail Smith.
Yo sentí que la sangre me hervía,
que tipa mas descarada, por un instante los celos me cegaron y ahí comenzó
aquella pesadilla.
µµµµµµµµµµµ
Nuestra relación seguía, pero en
mi corazón la semilla de los celos habían dado paso a una actitud posesiva que
jamás imagine tener, empecé por exigir más del tiempo de Terry,
inconscientemente, él al principio fue muy condescendiente, yo hacia todo lo
que estaba en mis manos por pasar todo mi tiempo libre con él, nuestra casa
poco a poco iba terminándose de construir, ambos íbamos cada semana a revisar
los detalles, pero todo tiene un límite y su paciencia se agotó cuando una
admiradora se acercó y yo prácticamente la corrí, así que explotó.
-
Candy,
por Dios, que es lo que pasa contigo?, no crees que te he demostrado lo
suficiente que Te Amo y que ninguna mujer puede captar mi atención, nadie que
no seas tu puede estar en mi mente y en mi corazón?
-
Lo
siento, pero no sé que es lo que me sucede, detesto que las mujeres te vean y
se abalancen sobre ti, que no tomen en cuenta que estas comprometido y que
inclusive pasen de mi.
-
Te
desconozco de verdad, que te ha puesto así?, acaso yo te he dado motivos para
que sientas eso?
-
No
-
Entonces,
no se hable más, tontita pecosa, Te Amo tanto que jamás podría fijarme en otra
mujer, vamos, deja de ser tan posesiva, no me iré, nunca más, te lo juro.
-
Perdóname,
prometo que de ahora en adelante todo será distinto.
Y ese era mi propósito, quitarme
los celos de encima y confiar plenamente en mi prometido, lo estaba logrando,
con esfuerzos y aguantándome el coraje lograba dominar más mis impulsos, casi
podría jurar que habían dejado de habitar en mi, pero; un día mientras
almorzábamos en nuestro sitio de costumbre, una pequeña cafetería cercana al
hospital apareció “esa” mujer, se acercó coquetamente, me saludo mofándose de
mi uniforme y luego me ignoró, Terry no perdía detalle de esto y continuaba
siguiéndole el juego, justo cuando yo estaba por perder el control él se
levantó y me besó, posteriormente me ofreció su brazo para salir de ahí.
-
Es
una verdadera pena Abigail, pero por más encantos que poseas y por más
insinuaciones que me hagas, jamás podrías obtener una centésima de mi atención,
pues mi dueña absoluta es Candy, con tu permiso.
-
Ja,
tarde o temprano te veré a mis pies Terry, olvidándote por completo de esa
enfermerita.
-
Terruce,
mi nombre es Terruce, sólo mi prometida y mis amigos pueden llamarme Terry,
recuérdalo, actriz de quinta.
-
Esto
me lo cobraré querido, te lo juro.
Salimos de ahí dejándola parada
en medio de la terraza, sin responderle nada, cosa que la enfureció aún más,
pagó y nos dirigimos al hospital, no dijimos nada, pero yo me sentía dichosa
por lo que el había dicho y porque como siempre me había dado mi lugar, así que
esa página la cerré, convencida plenamente del cariño de él.
µµµµµµµµµµµ
Los
preparativos para la boda estaban casi terminados, a un par de meses estaba todo
prácticamente listo, sólo faltaba mi ajuar, pues por deseo de la tía abuela lo
diseñaría una modista francesa, por lo que requerían de mi presencia al 100%
para que fuese algo exclusivo para mí, de repente aquella fastuosidad con la
que se celebraría la boda me daba flojera, confieso que si por mi hubiese sido
me habría casado sin fiesta ni vestido exclusivo. Pero soy una Andrew y como
tal celebrarían aquella ocasión, la tía abuela no podía estar en Nueva York
cuando la modista llegara así que Eleanor se encargo de todo eso, solo dos
meses me separaban de tan anhelado día. Si bien es cierto que la fiesta no me
emocionaba demasiado, también es cierto que el hecho de convertirme en la
señora Granchester me hacía ponerme demasiado nerviosa, la diseñadora me mostró
varios modelos, de los cuales escogí diferentes partes, nunca imagine la
diversidad de vestidos y formas, pero Eleanor estaba a mi lado para
aconsejarme, de esa forma pudimos elegir uno de acuerdo a mi, la diseñadora
estaba encantada con el exquisito gusto de ella, me tomo las medidas y luego de
hacerme algunas observaciones sobre algunas telas se despidió, pues iría
personalmente por todo lo necesario para realizar mi atuendo
Terry
había salido de gira un mes, el día que regresó, justo el día que me habían
tomado las medidas, le preparamos una bienvenida familiar en casa de su madre,
al día siguiente el iría a desalojar el apartamento que ocupaba para mudarse a
la que sería nuestra casa, debido a que tendría más tiempo libre se encargaría
de revisar personalmente la conclusión de la misma, pero debido a varías
circunstancias se había ido postergando la mudanza, mi licencia en el hospital
empezaría a mediados de diciembre, así que ofrecí ayudarle, un día mientras el
iba a un ensayo yo me fui a su departamento, quería darle una sorpresa así que
lo arregle y dispuse todo para tener una cena íntima, se cumplían 200
representaciones de la obra y había declinado ir a la fiesta en casa de Robert
Hataway pretextando que al día siguiente tenía que trabajar en el hospital, lo
cual en parte era cierto, todo quedo divino, así que regrese donde Eleanor y
nos arreglamos para asistir al teatro, ella sabía de mis planes así que con su
ayuda haríamos ir a Terry a su departamento, donde sin que él lo supiera yo le
daría alcance.
Y así
paso, la obra como siempre con un lleno total y su actuación excelente, la
ovación no se hizo esperar y después de que saliera a agradecer los aplausos
por tercera ocasión, se dirigió a mi palco y con una reverencia me lanzó una
rosa y un beso. El rubor tiñó mis mejillas y los aplausos continuaron. Yo me
dirigí a su camerino, cosa ya habitual y lo espere dentro, arregle los
accesorios que necesitaría para ayudarle a desmaquillarse, al poco tiempo llegó
y nos saludamos efusivamente.
-
Oye mi amor, te molestaría esperarme en casa de mi
madre, tengo que atender a unos reporteros y aunque sabes que me molesta no me
pude negar, es un favor especial para Robert, como no iremos a la cena pues
dará la rueda de prensa aquí y no puedo faltar, a menos que quieras acompañarme
durante esto.
-
Claro que no me molesta, prefiero esperarte en casa,
me siento cansada – dije fingiendo un bostezo, era justo el pretexto perfecto
para la sorpresa.
-
Si prefieres dormirte temprano lo entenderé, te
prometo que terminando las alcanzaré de todos modos.
-
Creo que será lo mejor, no demores mucho, por cierto,
podrías pasar por tu departamento antes de ir a casa, deje unos papeles que
necesito mañana para entregarlos al director del hospital.
-
Por supuesto cariño, en donde los dejaste?
-
Sobre el armario de tu habitación.
-
De acuerdo pecosa preciosa, entonces nos vemos mañana.
Salimos
del teatro y el se cercioró de que nos marchábamos, al llegar Eleanor me ayudo
a cambiarme de ropas para la ocasión, del teatro nos avisarían a la hora que
terminara la rueda de prensa y sería cuando yo saldría para el departamento y
esperarlo ahí, habían transcurrido escasos 30 minutos de nuestro arribo cuando
se nos comunico que él estaba por abandonar el teatro. Por más que quisimos
apresurarnos los detalles finales nos robaron algunos minutos, tan pronto
estuve lista mi chofer me llevó al departamento, pero al llegar...
El auto
de Terry se encontraba justo en la entrada del edificio, sonreí feliz y baje a
toda prisa, despedí al chofer y subí, me extrañó ver la puerta semiabierta, así
que me aproximé sin hacer el menor ruido, entré y me dirigía a su habitación
cuando escuche voces...
-
Esta es una agradable sorpresa – era su voz, me sentí
complacida de que le hubiese encantado.
-
En verdad te gusta – fue entonces que la escuche a
ella, Abigail se encontraba en el departamento, iba saliendo del cuarto de baño
luciendo MI ropa.
No podía
creerlo, ahí estaban ellos dos, a media oscuridad, solo la luz de algunas
velas, mi perfume llenaba el departamento y cuando creí que nada peor podía
pasar, ella llegó a él y lo besó apasionadamente, no lo soporte, encendí la luz
y fue entonces que me vio, solo di media vuelta y salí corriendo.
µµµµµµµµµµµ
Quise entonces que la tierra me tragara,
no entendía la situación, porque, porque hacía esto, después de lo que me costo
desaparecer mis celos, salí corriendo del edificio, no entendía absolutamente
nada, quise sorprenderlo y la sorprendida fui yo, me sentí tan mal que lo
último que quería era quedarme un segundo más, él salió en mi busca pero yo
había salido a la calle a buscar un taxi, mientras corría por las calles sentí
que alguien me tomaba por los hombros, supuse que era él, grande fue mi
sorpresa al reconocer en aquel rostro a Armand Kenneth, tanto tiempo sin vernos
y me encontraba justo en esas condiciones, él no dijo nada, sólo me abrazó y me
brindo consuelo, fue en ese momento que pude llorar, no quise hacerlo frente a
ellos, no quise darles el gusto, me acercó a su auto y me invito a subir, yo no
pensaba, sólo quería alejarme de ese lugar, justo en ese momento Terry se
acercaba en su automóvil y me vio alejarme con él.
Yo no sabía que hacer, así que
opté por ir a la mansión Andrew, misma que había quedado a mi disposición al
regreso de la familia a Chicago, le agradecí a Armand su caballerosidad y
argumentando que estaba bien, me despedí, pero él no me dejó sola, le conté
entonces lo que había sucedido, me escuchó atentamente y por toda respuesta
tomó mis manos y para tranquilizarme me pidió que hablara con él, que todo
debería tener una explicación, aún así, yo estaba dolida, lo único que llegó a
mi mente, suspender la boda, cancelar todo y marcharme a cualquier parte, dejé
de llorar, en ese momento juré no volver a derramar una sola lágrima por aquel
que yo creía me había traicionado.
µµµµµµµµµµµ
Armand pasó la noche en la
mansión, yo me había retirado a mi habitación, no pude dormir un solo instante,
por lo que con los primeros rayos del sol me levante, mis ojos revelaban lo mal
que había pasado la noche, por lo que llame a una de las mucamas, me sentía
fatal pero aún así no iba a dejarme caer, nunca creí tampoco tener aquel
orgullo, así que me ayudaron a prepararme para presentarme al hospital, cuando
baje a desayunar grande fue mi sorpresa al ver a Armand esperándome,
desayunamos en completo silencio y amablemente me llevó al hospital. Le dije
que no iba a demorar pero que si tenía cosas que hacer que no se preocupara que
yo iba a estar bien, pero el se quedó ahí como si fuese mi padre.
-
Señorita
Andrew, llegó muy temprano, ocurre algo, se siente bien?
-
La
verdad no se como empezar doctor.
-
Que
le parece por el principio – sonrió el director dándome confianza a continuar.
-
Gracias
– respondí con una media sonrisa.
La charla duro aproximadamente
una hora, al salir le pedí a Armand que me llevase a las oficinas de Albert,
sabía que George estaba en la ciudad y quería hablar con él. Al llegar me
informaron que se encontraba en una junta que tendría que esperarlo, llamé
entonces a Eleanor, ella no tenía la culpa de nada y merecía saber como me
encontraba.
-
Candy,
hija, te encuentras bien?
-
Si
Eleanor, sólo le llamó para despedirme.
-
Despedirte???,
pero hija, tengo que hablar contigo, escúchame por favor.
-
Perdóneme
Eleanor, pero me siento demasiado dolida en estos momentos, me voy de aquí,
necesito estar sola, entiende verdad?
-
Pero
Candy..
-
Una
cosa más, dígale a él que queda disuelto nuestro compromiso, no habrá boda,
gracias por todo, siempre la voy a recordar con cariño.
-
Candy
escúchame – era él quien había tomado el auricular, sin dudarlo colgué.
µµµµµµµµµµµ
Luego de haber hablado con
Eleanor, George salió y me recibió, note su preocupación al observar mi
semblante pero como siempre su discreción se hizo presente.
-
Srita.
Candy, puedo ayudarle en algo?
-
Hola George como esta, podría decirme, Albert esta en
Chicago?
-
Si señorita, pero en una semana tiene que venir aquí
para arreglar algunas cosas, sobre todo supervisar lo de su boda.
-
No habrá tal boda George.
-
Pasa algo malo, puedo ayudarle?
-
No George, todo estará bien.
-
Está usted segura?
-
Completamente.
-
Necesita algo más señorita?
-
Si George, primero, deja de llamarme señorita, me
conoces de siempre, segundo, no le digas nada a Albert todavía, estaré en la
mansión mientras el llega, por favor, que nadie se entere aún de lo que sucede,
sobre todo, no quiero que nadie sepa donde me encuentro.
-
Pero ..
-
No te preocupes George, esta vez prometo ser fuerte,
le agradaría tenerme como su acompañante estos días mientras llega Albert a la
mansión – dije tratando de cambiar la conversación.
-
Será un placer Candy.
George se
hospedaba en un hotel pero al saberme en la mansión no dudo un instante en
mudarse para allá, después de todo, el sentía que era su deber al no haber
nadie de la familia que me acompañase, Terry fue a buscarme pero fieles a
nosotros los sirvientes le comunicaron que yo no estaba, que me había ido de la
ciudad y no sabían a donde, supuse que iría a buscarme a Chicago, pero en lugar
de ir a la mansión se dirigió directamente al hogar de Pony, al percatarse de
que no me encontraba ahí y no queriendo alarmar a nadie pretexto que llevaba
unos regalos y que iba a ver si necesitaban algo antes de nuestro arribo y se
regresó a Nueva York, yo sabía de todo gracias a George, que se mantenía al
tanto de las cosas, fue una coincidencia que Albert y Terry se encontraran en
el tren que venía de Chicago, fue entonces que le contó a Albert lo sucedido,
quien por supuesto al principio se enfadó pero de ahí pasó a la preocupación,
pues tampoco conocía mi paradero.
Al llegar
a la gran manzana, lo primero que hizo fue pedirle a Terry que volviera a su
casa que tal vez en esos días yo había llamado a su madre y que tan pronto
supiera de mi se lo comunicara, George no dijo una sola palabra, se sorprendió
al verlos llegar juntos y espero a que Terry se fuera para decirle que yo
estaba bien, esperándole en casa.
-
Muchas gracias George. Pero esa pequeña necesita una
buena reprimenda por preocuparme.
-
De nada Albert, sólo un favor, no seas demasiado
severo.
Llegaron
a la mansión y lo primero que hizo fue ir a buscarme, yo lo esperaba en la
biblioteca, pero el no lo sabía, había escuchado el auto llegar y baje a
jugarle una broma, pero el se asusto y tuve que salir a recibirle.
-
Candy, que susto.
-
Hola Albert, perdón no quise asustarte.
-
Te encuentras bien?
-
Sí, muy bien.
-
Eres una mentirosa.
Entonces
volteé a ver a George..
-
No, ni lo mires a el, fue Terry quien me contó..
-
No lo menciones, no quiero volver a escuchar su
nombre.
-
Pero Candy, déjame hablar...
-
No quiero saber nada... mejor háblame de ti, si?
-
Esta bien, pero esto no va a quedar aquí.
Nos
fuimos abrazados al comedor, pues justo era la hora de comer, así que tome a
George y a Albert del brazo y disfrutamos del momento, por la tarde tenían
reuniones importantes, además de una cena, así que no nos veríamos hasta más
que a la hora de cenar si sus socios lo permitían pues su agenda estaba
complicada. Yo me sentía mucho más tranquila la verdad es que ni siquiera me
había puesto a pensar en todo lo ocurrido, no quería hacerlo, Armand me había
estado visitando e intentando convencerme de salir, pero yo me negaba, él
estaba ahí debido a negocios de su padre y esa noche que me encontró venía de
una reunión, no pensó que fuese yo cuando me vio pero le había causado
extrañeza ver una mujer sola a esas horas caminando.
El fin de
semana llegó y con el la inevitable platica con Albert.
-
Dime una cosa Candy, porque esa actitud?
-
No te entiendo Albert.
-
Si me entiendes, porque quieres aparentar que no estas
mal, porque dices que no te importa y te comes todo tu dolor, podrás engañar a
los demás, pero a mi no.
-
Albert, estoy cansada, muy cansada de llorar, de
sufrir, de que siempre me sea negada la felicidad, de dar y no recibir, no más
Albert.
-
Candy - fue lo
único que me dijo mientras me abrazaba tiernamente.
-
Albert, no me dejes llorar, no quiero llorar.
-
Tranquila pequeña, todo estará bien, no insistiré más,
pero piénsalo, tienes que escuchar su versión.
Esa noche
no dijimos nada más sobre ese asunto, en cambió el me contó sobre sus dilemas.
-
Sabes pequeña, no sé que más hacer para evitar los
constantes roces entre Isabelle y Elizabeth, se han instalado ambas en la
mansión desde hace dos semanas, hubiera sido una descortesía negarles posada.
-
Eso te pasa por ser tan guapo, caballeroso, gentil..
-
Basta Candy, me vas a hacer sentirme mal – dijo él
completamente sonrojado.
-
Pero que vas a hacer, ya te decidiste por alguna.
-
La verdad no, si encontrase una mujer que tuviese la
mezcla de ambas sería más fácil – me dijo guiñando un ojo.
-
Albert, que cosas dices.
-
Ja ja ja, no pongas esa cara Candy, la verdad es que
no se que hacer, la que parece divertirse mucho con esto es la tía abuela,
quien no pierde oportunidad para hacerme comentarios sobre una y otra chica,
aunque ella se inclina más por Isabelle, a quien si ves no reconocerás, pues de
aquella chica tímida y gentil no queda mucho.
-
Que quieres decir?
-
Pues que se convirtió de la noche a la mañana en una mujer
demasiado audaz, hermosa siempre ha sido, pero ahora se ha atrevido incluso a
declararme su amor.
-
Que chica, pero sabes, yo habría hecho lo mismo con
Terry.
-
Candy.
-
Ja ja ja, es cierto, cuando uno ama a alguien no debe
esperar a que él tome la iniciativa, sino la felicidad se va.
-
Con eso me quieres decir que...
-
Nada Albert, estamos hablando de ti, dime, porque no
te has decidido por alguna de ellas o es que a ninguna amas.
-
Bueno Candy, no puedo negarte que Elizabeth me
encanta, es decidida, tiene carácter, es bellísima y sobre todo tiene mucha
seguridad en sí misma, pero a veces la siento demasiado frívola, a Isabelle no
le puedo quitar todas sus virtudes pero a veces toma mucho en cuenta lo que
opine la tía abuela, como esperando una aprobación.
-
Mhmhm, creo que estas en un terrible dilema, ah, ya
entiendo, por eso viniste a Nueva York, no es cierto?
-
Me conoces muy bien, si, la verdad es que quería
descansar de sus constantes acosos, pero deberé regresar para pasar estas
fechas en casa, y tu irás conmigo.
-
Acaso quieres usarme de escudo???
-
No sería mala idea, es una lastima que no puedas ser
mi novia, así no tendría que pasar por todo esto.
-
Albert!!!!!!!!!!!!!!
-
Ja ja ja – el se levantó del sillón y empezamos una
guerra con los cojines.
Continuamos
hablando sobre otras cosas, negocios y sobre como iba progresando el proyecto
de Annie, además de que Archie le tenia preparada una sorpresa para navidad,
entre tantas cosas nos dio la madrugada así que me acompañó a mi habitación y
me dio un beso en la frente, me cambie y a sabiendas de que sería una noche más
de insomnio me acomodé en la cama, tratando de pensar en otras cosas que no
fueran él, pero la verdad es que siempre lo traía a mi mente, rememorando todos
y cada uno de los momentos vividos, era tan dulce esa sensación pero a la vez
tan triste, pues siempre llegaba al mismo punto, en mi mente se agolpaban las
imágenes de él besando a otra que no era yo, mientras sus manos se deslizaban
por su espalda.
-
Dios no, no más por favor – dije cayendo sobre la
almohada para ahogar mi llanto, una vez más estaba llorando y me enfadaba, me
odiaba a mi misma por no poder sacarme de la mente ni el corazón su nombre ni
el amor que sentía por él.
No supe
en que momento me quede dormida, recuerdo que un dulce aroma inundo mis
sentidos, el olor de tierra mojada, a mis oídos llego el ruido de agua que
caía, una cascada seguramente, de pronto me vi caminado por el bosque, llegando
al portón de Archie, me senté sobre una roca y deje que el aire despejara mis
pensamientos, mi cabello volaba en desorden, el sol daba de lleno en mi cara,
de pronto, una sombra me cubrió, lentamente levante los ojos....
-
Hola.
-
Hola – respondí a aquella persona, aun no le
reconocía.
-
Parece que olvidas pronto las palabras de gente que te
amo en vida.
-
Yo.. no.. no se a que se refiere...
Justo en
ese momento...
Hola Candy, hemos venido a saludarte nuevamente, nos concedieron
otro permiso especial – decía Stear mientras me guiñaba un ojo.
Así es dulce Candy, será la última vez que acudamos a ti,
tus ruegos siempre han sido escuchados y al parecer tu no lo notas – decía
Anthony con un tono molesto – te has comportado como una chiquilla caprichosa e
inmadura.
Pero Anthony, no se que hacer...
Candy, siempre fuiste fuerte, nadie merece la felicidad
más que tú, pero te has comportado mal, no has hecho lo correcto en esta
ocasión... – me dijo Stear gentilmente.
No entiendo...
Candy, recuerda mis palabras.. recuerdalas.... – fue lo
último que dijo Anthony antes de que
ambos se perdieran en la inmensidad del bosque.
Desperté asustada, no entendía
nada, fue en ese momento que a mi mente llegaron las imágenes del sueño que
había tenido en el tren antes de llegar al hogar de Pony hacía casi un año...
Hola Candy, hemos venido a saludarte, nos concedieron un
permiso especial – dijo Stear en esa ocasión.
Así es preciosa, sólo nos han concedido esta visita por
lo que debemos aprovecharla, todo lo que queremos decirte es que no desesperes,
aún cuando todo indique que no alcanzarás la felicidad, manten la fe y la
esperanza, que al final del camino brillará la luz con más intensidad y tu
dicha será completa - finalizó Anthony.
Stear, Anthony, les prometo que
así será... convencida volví a quedarme dormida, a la mañana siguiente me
levanté y fui directo a buscar a Albert, le comente mi decisión y el acepto
apoyarme, me dijo que el conocía la verdad pero que no era el indicado para
decírmelo, lo abrace y le dije que lo primero era hacerle saber a Terry que yo
seguía en Nueva York, para eso me ofreció acompañarlo a una reunión donde
habría muchos reporteros, de ese modo al día siguiente el se enteraría por los
diarios, después de todo no se lo iba a poner sencillo, dentro de mí sabía que
era lo correcto, llegó esa noche y me arregle lo mejor posible, Armand también
estaría en la cena así que no me aburriría demasiado, tal como lo esperaba
Albert los periodistas no perdieron oportunidad de fotografiarnos, el cometido
estaba cumplido y fiel a mi palabra aguante estoicamente a cuanta “dama de
sociedad” me presentaba, lo peor de la noche vino al darnos cuenta de que Eliza
se encontraba entre la concurrencia y no perdió oportunidad para destilar
veneno.
-
Candy,
tan poca cosa toda la vida, siempre supe que tu relación con Terruce no
llegaría a buen término, que podía esperar una hospiciana como tu.
-
Eso
es lo que tu crees, que pena que no sea como lo imaginas, nosotros seguimos
siendo novios, por cierto, no sabía que se aceptaban mascotas en estos eventos.
Fue la sorpresiva respuesta a mis
espaldas, era Terry, quien llegó y me abrazó depositando un beso en mi mejilla,
yo estuve a punto de rechazarle pero no lo haría frente a ella, así que correspondí
con una sonrisa, justo en ese momento se acercó Albert...
-
Pensé
que te demorarías más amigo mío, oh pero si aquí esta la hija prodiga de Sara,
la ex sobrina predilecta de la tía.
-
Tío
no sabía que estabas en Nueva York – dijo Eliza palideciendo repentinamente.
-
Como
podrías saberlo si lo único a que te dedicas es a despilfarrar el dinero y a
otros actos no propios en una dama, en fin, con tu permiso.
-
Tienes
razón, Albert, no entiendo como en tu familia se tomaron la molestia de
enviarla a colegios para señoritas, un zoológico hubiese sido lo mejor – decía
Terry divertido ante las muecas de ella.
-
Que
te puedo decir amigo, a veces uno debe tentarse el corazón.
-
Basta
ya, los dos, tenemos cosas que hacer, con tu permiso Eliza – dije tomando del
brazo a Terry mientras Albert ahogaba una risa y nos daba alcance.
Los tres fuimos a tomar algo, yo
no había dicho palabra alguna, sentía que me asfixiaba y que no era dueña de
mis movimientos, los únicos que hablaban eran Albert y Terry, éste último me
tenía tomada la mano con posesividad y al parecer no pensaba soltarme, por un
momento pensé que así sería toda la noche, pero a la distancia vi a Armand,
quien se aproximó y al ver mi expresión dudo un poco pero finalmente me invito
a bailar, respire aliviada pero justo en ese momento a nosotros se acercaron
unos accionistas acompañados por George, dejándome sola con Terry.
-
Podríamos
hablar Candy?
-
De
qué?
-
De
nosotros.
-
Aun
existe un nosotros? – pregunte casualmente.
-
Por
mi parte sí.
-
Esta
bien hablemos.
-
Pero
no aquí, vamos a casa.
-
Mejor
será que hablemos mañana, ya es tarde y...
-
Esta
bien, sino quieres ir a casa, podemos ir a donde desees.
Nos despedimos de Albert y los
demás, al salir volvimos a ver a Eliza quien se encontraba enfrascada en una
discusión, me sorprendí al reconocer a Abigail, levanté la cabeza y me aferré
al brazo de Terry, salimos de ahí sin mirar atrás ni decir una sola palabra.
-
Y que
paso después?
-
Tranquila
Eleanor, a eso voy.
Él me pregunto a donde iríamos, le
pedí que me llevara a la mansión Andrew, al llegar nos dirigimos a la salita
privada que utilizaba Albert para descansar, encendí la chimenea mientras el se
ponía cómodo, el frío era intenso pero poco a poco fue calentándose el
ambiente, nos sentamos en el sofá y el silencio fue interrumpido.
-
Sabes,
es tan extraño esto que nos ha sucedido.
-
Por
que lo dices?
-
Tu lo
sabes, primero el incidente en el departamento, luego esa actitud que tomaste,
ni siquiera has salido de Nueva York y yo te buscaba como desesperado.
-
Tienes
razón, creo que no he sido muy madura que digamos, cierto? – agache la cabeza
completamente avergonzada por mi estúpido comportamiento.
-
No,
no fuiste sensata, pero estabas en todo tu derecho luego de haber visto algo
como eso – me sonrió cálidamente mientras tomaba mis manos entre las suyas –
además creo que yo no ayude mucho.
-
Creo
que ninguno de los dos.
-
Escúchame
sin interrumpirme por favor... ese día, luego de la rueda de prensa, pase al
departamento como me lo pediste, el aroma a rosas lo impregnaba todo, así que
fingí buscar tus cosas, esperando que aparecieras en cualquier instante y lo
acepto, pensé que ella eras tu, traía puesto tu perfume y yo tontamente cerré
los ojos esperando tus labios, pero al escuchar su voz no tuve tiempo de reaccionar,
fue justo cuando tu llegaste, luego salí a buscarte y vi cuando abordabas el
auto de “tu amigo”, mi primera reacción fue de enojo, confiando en que irías
donde mi madre, regrese a despedir a la intrusa, ella me esperaba en la cama,
segura de que yo había cedido a su “irresistible figura”.
-
Sabía
que volverías – dijo ella.
-
Claro,
no puedo dejar en mi casa semejante alimaña.
-
Que
quieres decir Terry?
-
Terruce,
para ti señor Granchester, para empezar, este no es tu lugar – dije mientras
la levantaba de la cama – esta no es tu ropa – le arranque tu ropa y
perdón pero la desgarre – para terminar esta no es tu casa, así que como no
fuiste invitada te puedes largar en este preciso momento.
La tome de la muñeca y la saque a
empeñones del apartamento, yo estaba ya fuera de mí, así que no quería verla,
ella gritaba que le permitiera entrar que tenía frío, yo solo le avente sus
cosas y ella se vistió en medio del pasillo ante la mirada de toda la gente que
había salido al escuchar los gritos de esa loca, ella salió maldiciendo y
amenazándome, así que luego de asegurarme que ella no estaba, salí a buscarte a
casa, pero al llegar me enteré que no habías llegado, entonces me preocupe,
salí a recorrer las calles a buscarte, llamé aquí y me dijeron que no sabían nada
de ti, que te buscara en la mansión Baker, mi desesperación estaba llegando a
su límite y pensé que habrías ido al hogar, así que decidí trasladarme allí
pero las buenas mujeres no sabían nada, después en el tren de regreso me tope
con Albert y el resto ya lo conoces.
-
Dime
Candy, podrías perdonarme por todo esto?
-
No
hay nada que perdonar, perdona tu también mi comportamiento, prometo nunca más
desconfiar de ti.
-
Y yo
prometo tener más cuidado con mi forma de actuar también.
-
Hemos
sido unos tontos Terry, pero yo más que nadie, reconozco mi error.
-
No
digas más pecosa, dejémoslo en el pasado, quieres?
-
Si,
si quiero.
-
Entonces,
te casarás conmigo?
-
La
boda!!!!!! – exclamé levantándome del sillón e instantes después me desmaye.
Desperté al día siguiente, temerosa
de que todo hubiese sido un sueño, en ese momento que levante mi mano, vi
colocado el anillo de compromiso nuevamente, quise levantarme pero algo me lo
impidió, era el cuerpo de Terry que estaba sobre mis piernas y con mi
movimiento se levantó.
-
Te
encuentras bien amor?
-
Si,
que sucedió?
-
Te
desmayaste anoche, sé que es imposible no rendirse a mis encantos, pero esta
vez exageraste, ni siquiera te había besado.
-
Terry!!!
– grite.
-
Era
broma, no te enojes, la verdad me preocupe muchísimo, de verdad te encuentras
bien?
-
Si,
pero tenemos un gran problema, cancele todo lo de la boda.
-
Este,
perdón por interrumpir sin tocar pero el grito de Candy se escucho hasta mi
cuarto, que sucede.
-
Albert,
soy una tonta – en ese momento comencé a sollozar mientras Terry me abrazaba.
-
Pero
que dices Candy?
-
Es
que suspendí todo lo de la boda, no tendremos tiempo para que se termine mi
vestido y todo se canceló.
-
Este,
perdonaras mi atrevimiento pero jamás se cancelo la boda, de hecho, los
preparativos están por concluir, lo que falta es tu vestido pero lo demás entre
la señora Baker y la abuela lo han terminado, bueno es cierto, también faltaba
la novia pero eso se hubiese solucionado, cualquier chica gustosa habría
llegado al altar para desposar a este joven actor.
-
Albert!!!
Hablas como si cualquier cosa.
-
Tranquila
pequeña, la verdad es que luego de haber hablado con Terry supuse que todo se
arreglaría así fuese el mismo día de la boda. Tengo algo que decirles, sé que
no les será nada grato pero es algo que terminara de disipar cualquier duda
entre ustedes.
-
De
que se trata.
-
Pues
de que esa chica fue contratada por Eliza, sabedora de que a ella le sería
difícil intentar separarlos se sirvió de Abigail para desmoronar su compromiso,
anoche me entere luego de que ustedes partieron, pues entre ellas se armo tal
escándalo que salimos Armand y yo a averiguar, llevándonos la sorpresa de
escuchar todo eso, ya que Eliza no había dado el pago completo por los
servicios a la chica.
-
Debí
suponerlo, era demasiado extraño – dijo Terry con enojo cargado en sus palabras
– dime una cosa Albert, porque odia tanto a Candy?.
-
La
verdad es que ni yo mismo lo sé, lo que si puedo asegurarles es que no volverá
a meterse con nosotros. Con ninguno.
-
Eso
espero Albert, porque la verdad estoy harto de que siempre estén detrás de
Candy, cual presa.
-
Ya
tranquilos, no pasará nada, para eso cuento con mis dos caballeros – dije para
que se tranquilizaran.
-
Bien
chicos, es un lindo día así que los invito a comer.
-
Gracias
Albert, yo debo ir a casa a contarle a mi madre, porque mejor no los espero
allá y comemos en casa?
-
Buena
idea mi amor, pero mejor invita a Eleanor, yo también tengo muchas cosas que
contarle.
-
De
acuerdo a las dos treinta los espero.
Ese fue un gran día, de los más
bellos que recuerdo, antes que otra cosa pasara Terry me colocó nuevamente mi
anillo de compromiso, hablamos con la Sra. Baker, posteriormente y como ya
estábamos de licencia ambos pues decidimos que lo mejor era irnos a Chicago,
para pasar esos días, además tenía mucho que no visitaba el hogar de Pony, así
que como verás sobre eso no hay mucho que contar.
-
Pero
entonces cuéntame que pasó con tus amigos, que fue de ellos, como estuvo tu
boda.
-
Si
que eres una chica desesperada, bueno esta bien, déjame te resumo a grandes
rasgos lo que pasó con cada uno de nosotros.
-
Sobre
todo como es que Mr. Andrew se decidió por su actual esposa.
-
Esta
bien, pero será lo último que te cuente, mañana tenemos muchas cosas que hacer,
de acuerdo?
-
Prometido.
-
Así
me gusta, que sonrías siempre.
Bueno, para
empezar te diré que la sorpresa que Archie le tenía a Annie era que había
terminado sus estudios con honores mucho antes de lo previsto, por lo que la
fecha de la boda se fijo ese mismo día para el siguiente año, en cuanto a
Albert, pues mira, fue algo muy curioso, pues él habría jurado que de ambas
chicas ninguna lograría realmente enamorarlo, pero sucedió que faltando dos
días para año nuevo, él fue como cada año a dejar lo necesario para la cena en
el hogar, al llegar los niños lo recibieron con gusto, nosotros no pudimos
acompañarle debido a que nos habíamos quedado con la tía abuela para ayudarle
con algunas cosas y hacer diligencias, ya sabes como era, ante todo el que la
sociedad nos tuviese presentes, ese día, mientras los niños terminaban sus
labores, él le ayudaba a la hermana María a arreglar unos maderos, George sólo
había ido a dejarlo, lo recogería más tarde, pues él pensaba pasar buena parte
del día ahí, cuando de momento escucho nuevamente algarabía por parte de los
niños, al parecer tenían visita, ,por un momento pensó que se trataría de
nosotros, por lo que no salió a saludar y continuó ayudando, terminaron y él
lucía verdaderamente sucio, pero estaba contento, rodeo el hogar para cargar
algo de leña y llevarla, grande fue sus sorpresa al reconocer aquel automóvil,
entró y depositó su carga en la cocina y salió a enjuagarse las manos, la
hermana María continuaba ocupada preparando la comida, pues su recién llegada
siempre les acompañaba en la mesa, no sólo eso, sino que también gustaba de
ayudar luego de haberles leído cuentos a los más pequeños.
-
Usted
también nos acompañará señor Andrew?
-
Hermana,
cuantas veces debo recordarle que sólo soy Albert, pero creo volveré a la hora
de comer, aunque no lo aseguro pues tengo algo que hacer por aquí cerca, le
ruego no mencione a la señorita mi presencia, no sea que se sienta incómoda o
algo.
-
Es
cierto, pero que descortesía la mía no le he presentado a la señorita, deme un
segundo.
-
No,
no se preocupe, debo salir un momento, si es que usted no necesita algo.
-
No
muchas gracias, bueno pero no se vaya a ir sin despedirse.
-
Se lo
prometo.
Se fue directo a
la colina de Pony, se subió por las ramas del árbol mismas que estaban con algo
de nieve, pero eso ni le impidió el ascenso y desde ahí pudo observar todo a su
alrededor, tenía sus ojos cerrados, dejando que el viento le acariciara el
rostro, se sentía tan fatigado, esos eran los momentos que el más amaba, esos y
los que pasaba en su cabaña, no supo cuanto tiempo pasó así, pues al parecer se
quedo dormido, al abrir los ojos pudo observarla jugando como una más entre los
niños. Su aspecto no era nada parecido a lo que el acostumbraba ver en ella, su
elegancia había quedado de lado, traía pantalones de montar, botas y una
chamarra, correteaba por todos lados, de pronto todos los niños la rodearon y
la empezaron a abrazar, sin duda alguna se estaba despidiendo, para él fue
suficiente verla de ese modo para que su corazón se aclarara y las dudas se
disiparan, si, definitivamente ella era una gran mujer y la quería a su lado,
compartiendo la vida.
Bajó del árbol y
se encaminó lentamente al hogar, vio como su auto se iba perdiendo en la
distancia mientras que por el otro extremo George llegaba.
-
Señor Andrew, por un momento pensé que
ya se había marchado, pero pase a comer, usted también George.
-
Oh no, disculpe señorita Pony, pero lo
mejor será que me retire.
-
No, de ninguna manera lo permito, pasen
por favor.
-
Si me disculpan yo ya he comido, pero
le acepto una taza de ese delicioso chocolate por el que la señorita Candy
quisiera vivir aquí eternamente.
Todos rieron de
buena gana, retornaron a la casa y posteriormente a la mansión, durante el
trayecto Albert iba pensativo, tratando de asimilar que aquello que había
pasado ese día había sido real, fue así como empezó a cortejar a la hermosa
señorita Randolf, tuvo que hablar honestamente con Isabelle quien creía tener
la partida ganada con complacer en todo a la tía abuela, ese fue su error, quiso
ganarse a Albert dejando su propia identidad de lado, pero como buena perdedora
se hizo a un lado y se retiro dignamente de la mansión, pretextando que sus
padres la habían requerido en casa, fue muy difícil que Elizabeth Randolf le
permitiera ver su lado bondadoso y libre de máscaras.
Hacían sin duda
alguna, una hermosa pareja, pero él seguía sin conseguir que le mostrara
abiertamente su amor, aún así fue perseverante hasta conseguir que ella dejase
su actitud frívola, al menos con quienes la queremos, cierto día coincidieron
en el hogar, cada uno fue a conocer a un pequeño que acababan de abandonar,
grande fue la sorpresa de encontrarse el uno al otro, en esos precisos
instantes entraba Albert con una hermosa cuna para el pequeñín y se encontró a
Elizabeth con el bebe en brazos, ambos se quedaron mirando fijamente,
posteriormente el se acerco y le dijo tiernamente.
-
Serás una gran madre mi amor, ¿me dejas
cargarlo?
-
Si por supuesto – le respondió ella
totalmente ruborizada.
El día fue
encantador para ellos, jugaron con los chicos, y pasaron un rato agradable en
la colina de Pony, donde para sorpresa de Albert, su prometida trepó a los
árboles con gran habilidad.
Fue a partir de
ese momento que los dos se empezaron a mostrar abiertamente todo ese amor que se
tienen, fue agradable para nosotros verlos tan felices.
- Hey, no me has contado sobre tu boda.
- Si, si te he contado, pero esta bien lo haré de nuevo.
- Gracias.
- Siempre te sales con la tuya eh.
Bien, lo ocurrido
entre Eli y Albert fue justo en el tiempo en que mi boda se aproximaba, ella
pensaba que su compromiso sería anunciado después de nuestro regreso de la luna
de miel, pero sorpresa, una semana antes de mi boda, preparamos una reunión en
la mansión, con el pretexto de que sería mi última presentación en sociedad
como soltera, cosa más increíble, ella lo creyó, pero a petición de él se
arregló mucho más que yo, esto le extrañó pues se suponía que la festejada era
yo, en fin, llegó del brazo de sus padres quienes sonreían contentos, la velada
inició y nada indicaba que aquello fuese hecho para mí pues yo me encontraba
bailando con Terry desde que la reunión diera inicio, cerca de las 10 de la
noche la música cesó, la abuela se puso justo en medio del salón y empezó un
largo discurso, normal en ella, al poco rato nos mando llamar a Archie, Albert
y a mí, dijo algunas palabras más y luego le cedió la palabra a Albert.
-
Ante todo, muchas gracias por
acompañarnos, quiero ahora solicitar la presencia de mi novia, la señorita
Elizabeth Randolf.
Todos estaban
extrañados, justo cuando ella llegó a la pista el se arrodillo sobre su pierna
derecha, saco una cajita de su saco y mostrándosela se la ofreció diciendo:
-
Señorita Elizabeth Randolf, aceptaría
ser esposa de este hombre que promete amarla y hacerla feliz por el resto de su
vida.
-
Ella estaba muda ante esto, lo
único que atino hacer fue exclamar un fuerte SI! y luego llorando de alegría y
emoción llegó hasta el y lo besó tiernamente. La fecha de la boda se fijo para el
mes de Junio. Los aplausos no se hicieron esperar y con ello las felicitaciones
sinceras por parte de algunos, miradas de todo tipo había en aquel salón, de
envidia, de frustración, de alegría, pero sobre todo, en el ambiente flotaba el
amor, mismo que opacaba toda aquella hipocresía de las falsas amistades de la
familia.
-
Que
hermosa noche de compromiso. Es el mismo anillo que luce aún cierto.
-
Así
es, es parte de la fortuna de los Andrew que heredó Albert, las joyas
pertenecieron a su madre, inclusive los anillos de bodas son parte de esa
herencia.
Bueno, lo curioso de aquella
velada fue la presencia de los Leegan, Eliza estaba saliendo con un buen chico
en esos días pero aún así no pudo evitar hacer una rabieta al conocer la
elección de Albert, la ilusa todavía pensaba en la posibilidad de atraparlo, en
cambio Neil lucía muy diferente, sin duda era guapo, pero su mirada era
distinta, elegante por naturaleza, seguía con sus estudios en Boston, más
gracioso fue el hecho de que se encontraba en compañía de Patty, todos miraban
entre desconfiados y asombrados a esta pareja, quienes hablaban y sonreían el
uno al otro, la velada termino y con ella llegaron los nervios, las tensiones y
el ajetreo para los futuros esposos, osea nosotros, aun recuerdo el nudo que
sentía en el estomago los días previos a la ceremonia.
Mi vestido estaba totalmente
listo, me lo probaron 3 ocasiones antes de la fecha, porque tenían miedo de que
me quedara grande, pues con todo aquello de repente me quede sin apetito, nadie
podía creerlo, así que se aseguraban de que tomara bien mis alimentos, aunque
yo no quisiera, el día llegó, yo estaba más que nerviosa, la misa se oficiaría
en el portal de las rosas, en primera instancia se había pensado hacerla en
Chicago pero cumpliendo mi petición la abuela hizo los arreglos necesarios para
que se llevara a cabo en Lakewood, los chicos del hogar de Pony fue el coro que
cantó el Ave María durante la ceremonia, la hermana María tocó el piano y la
señorita Pony estuvo en el lugar que le corresponde, el de mi madre.
Ese día era doblemente especial,
pues Terry cumplía años, así que pensando que yo estaría demasiado nerviosa por
la boda el había decidido no celebrarlo, pero se equivoco, ya que a la hora del
desayuno, fui yo quien se lo llevó a su habitación, aún dormía pues apenas eran
las 7 de la mañana, así que cuidadosamente salí de la habitación y fui por su
obsequio, cuando volví a la habitación el se encontraba mirando por la ventana,
su desayuno estaba intacto.
-
No necesito nada por el momento, puede
retirarse – me dijo sin siquiera haber volteado.
-
Feliz Cumpleaños Terry!!!!!!!!
-
Candy, te acordaste.
-
Por supuesto, como podría olvidar algo
tan importante, muchas felicidades mi amor, espero que este sea el primero de
muchos que celebremos juntos.
-
Gracias mi amor – en ese momento nos
dimos un hermoso beso acompañado de un abrazo.
-
Espero que te guste mi obsequio.
-
Mientras no sea un animalito me
gustara.
-
Es precioso Candy, estará siempre junto
a mi.
Se trataba de un relicario con
espacio para 4 fotos, un joyero amigo de Albert me hizo una verdadera pieza de
arte, completamente de oro, puso un arillo en medio del relicario de modo que
daba doble espacio para fotos, en un lado se encontraba Eleanor, en el otro el
duque de Granchester en el espacio de en medio, había dos fotos de él, una de
cuando era pequeño y una reciente. Además tenía grabada la fecha (28 de Enero
de 1920) y podía llevarlo en forma de reloj sujeto por una leontina también de
oro. También le regale el cuadro que esta en la sala.
-
Ese donde esta un barco y sus rostros
pintados al óleo, enmarcado en madera de pino y ...
-
Si si si, ese mismo, veo que lo has
observado bien, ese barco es el Mauritania, donde nos conocimos, así que pensé
que le gustaría.
-
Si fue un bello detalle, que dijo él
del cuadro.
-
Déjame ver, oh si, ya recuerdo.
-
Pequeña pecosa, en mi vida imaginé
tener un obsequio tan bello, es hermoso el cuadro, pero tu eres mucho más – eso
fue lo que dijo.
Luego de entregados los obsequios
compartimos el desayuno en la terraza, hacía frío pero eso no nos impidió
disfrutar del momento, estuvimos tranquilos un buen rato, hasta que una de las
mucamas entro llamándome porque la abuela Elroy solicitaba mi presencia para
empezar con mi preparación.
-
Yo estaba demasiado nerviosa,
incluso Albert tuvo que sacudirme fuertemente de los hombros para que me
tranquilizara, luego me dijo algo que siempre recordare:
“ Cuando niña me inspirabas
ternura, cuando jovencita admiración, hoy que te convertirás en una mujer me
inspiras respeto y todo lo anterior, sé muy feliz pequeña mía y no lo olvides,
cuando me necesites, siempre estaré para ti”.
Fue muy emotivo aquel momento,
iba a llorar pero el no lo permitió, mi arreglo terminó y fue hasta entonces que
me permitieron verme en el espejo, quede asombrada, jamás me había imaginado
lucir así el día de mi boda, mi vestido completamente blanco, con las mangas
largas, bajo las cuales los guantes de encaje blanco y transparentes eran
ocultados, dando la apariencia de que era todo parte del vestido, era un día
frío más sin embargo aquel día el sol nos había regalado sus tibios rayos y el
cielo estaba completamente despejado, era ceñido completamente a mi cuerpo, al
llegar a la cadera terminaba el corte en V y daba paso a una amplia falda, la
tela era seda natural, bordado con hilo de plata y algunas piedras pequeñas
brillaban discretamente sobre las rosas que se formaban de aquel hermoso
bordado, mis hombros estaban un poco descubiertos y en la orilla del cuello
había bordadas pequeñas dulces candy, y en el centro del vestido, apenas
visibles mis iniciales, también puestas a petición mía, mi cabello estaba
recogido en alto, sostenido con una hermosa tiara de diamantes genuinos,
obsequio de la tía abuela, con algunos rizos que no se habían dejado acomodar,
el velo era largo y en toda la orilla había pequeñas florecitas bordadas y
piedritas de fantasía fina intercaladas.
Gargantilla con el emblema de los
Andrew y aretes de diamantes complementaban mi ajuar, también obsequio de la
tía abuela, el juego también traía un brazalete pero dadas las circunstancias
no lo pude lucir, ya que en mi mano solo lucía mi anillo de compromiso, poco
maquillaje y zapatillas blancas con piedras brillantes en la punta, mi ramo
eran orquídeas naturales que habían sido conseguidas del invernadero particular
de Eleanor, es el mismo ramo que lucirás tú cuando te desposen, gracias a un
tratamiento especial que recibió y que lo hace lucir natural a pesar de los
años. La hora había llegado, Albert fue por mí y vi como discretamente se
limpiaba un par de lágrimas.
“Luces preciosa, me enorgullece
ser yo quien te entregue en el altar”, me dijo al tiempo que depositaba dos
sendos besos en las mejillas para posteriormente cubrir mi rostro con el velo,
caminamos con paso firme hasta el portal, donde me detuve un momento al ver
incrédula como una Dulce Candy se abría en flor ante mis ojos, me agache y
deposite un beso en ella y continué mi marcha.
Al llegar al camino que me
llevaría a los brazos de Terry levante la mirada, ahí al final del mismo estaba
él, lucía gallardo, con un frack negro, su cabello levantado en una coleta al
lado de él sus padres, quienes lucían contentos, empezamos el recorrido, mis
damas eran Annie y Patty quienes iban dejando caer pétalos a su paso, la cola
de mi vestido era sostenida por dos niños del hogar, al llegar al altar, vi
como el también estaba nervioso, me sonrió y tomo mi mano, fue así como nos
dispusimos a tomar los votos de matrimonio.
Al terminar la misa y luego del
obligado beso, escuche una antigua melodía, misma que mis sentidos y mi corazón
reconocieron en el acto, eran Albert y Archie quienes vestidos a la usanza
escocesa tocaban sus gaitas, me quede mirando aquel bello cuadro y pude ver con
claridad como a lado de ellos Stear y Anthony hacían lo mismo, fue un momento
mágico y muy emotivo, al terminar la melodía envié un beso con mi mano hacia
ellos, en ese momento Albert y Archie
me devolvieron una reverencia mientras que las imágenes de mis amados
primos se desvanecían mientras agitaban sus manos en señal de despedida.
Fue la última vez que vi las
imágenes de mis primos fallecidos, la fiesta fue estupenda, al día siguiente
partimos de luna de miel, viajamos a una hermosa playa ubicada en Cancún, donde
parece que el frío jamás hiciera acto de presencia, posteriormente nos fuimos a
recorrer los países del centro y sur de América, fue una gran experiencia.
-
Vaya, que lindo debió ser todo eso.
-
Sí, muy bello.
-
Y que pasó después.
-
Santo Dios, eres incansable.
-
Por favor, cuéntame más. Como fue la
noche de bodas, no seas tímida si?
-
Que cosas se te ocurren, por supuesto
que no te contare de mi noche de bodas. Eso es algo intimo y que se comparte
solo con nuestras parejas, así que no hablare sobre eso.
-
Esta bien, cuéntame algo entonces.
-
Ya te sientes mucho mejor por lo que
veo.
-
Si, la verdad me siento mejor, gracias.
-
Para eso estoy preciosa.
Bueno, tu sabes casi toda la
historia, a nuestro regreso la boda de Albert estaba en los preparativos
finales, su boda se aproximaba y ahora era yo quien lo calmaba, Terry había
vuelto a Nueva York para ponerse de acuerdo con Robert para la siguiente obra,
Annie también andaba viendo lo de su boda y compaginándolo con la escuela que
día a día crecía, Neil y yo habíamos iniciado una serie de cartas que
continuaban, me convertí en su confidente y fue así como le ayude a conquistar
a Patty, al principio no fue bien aceptado entre los chicos, cobre todo por
Terry pero poco a poco logro llevarse bien con todos, y ya sabes, ahora hasta
padrinos de su hijo somos. Eliza desafortunadamente nunca cambió, ella se ha
casado varias veces y en todas las ocasiones la han dejado por encontrarla con
otro hombre. Lo último que supe de ella es que se encontraba en París viviendo
cómodamente gracias a sus ventajosos divorcios.
-
Oye, ustedes siempre han vivido sin
problemas. Así en armonía. O no?
-
Ja ja ja ja, por supuesto que no
Eleanor, la vida no es de color de rosa, hemos tenido nuestras diferencias, en algunas
ocasiones me fui al lado de mis dos madres quienes de inmediato me hacían
retornar, en algunas otras corrí al lado de Albert y la abuela Elroy, quienes
también me daban consejos y me mantenían tranquila hasta que pasara la
tormenta, pero nuestro peor problema fue el que te relate hace unos momentos.
-
Entonces tu crees que algo así pudo
pasar entre William y yo.
-
No lo sé con certeza y no te conté esto
para que vayas y corras a sus brazos, simplemente quiero que pienses con
detenimiento los hechos y decidas.
-
Gracias, te prometo que pensaré muy
bien las cosas antes de perder a quien amo.
-
Me alegra que pienses así, el amor no
debe dejarse ir, si lo sabré yo.
-
Me perdonas por haber hechado a perder
la velada justo hoy que es su aniversario de bodas y el cumpleaños de papá?
-
No hay nada que perdonar, siempre hay
tiempo de celebrar, para nosotros ustedes dos son nuestro universo, lo sabes
verdad?
-
Si, lo sé, tanto como Richard. Sabes,
cuando conocí a Anthony pensé que era el amor de mi vida, al poco tiempo conocí
a William y supe que él era el elegido por mi corazón, aunque al principio me
era difícil distinguir a uno del otro, son idénticos.
-
Sólo que Anthony tiene una chispa
alegre y divertida en sus ojos siempre esta viendo el lado positivo, mientras
que William es idéntico a su padre tanto en físico como en carácter.
-
Tienes razón, no me había dado cuenta
de eso.
-
Eleanor, me sorprendes.
-
Es broma, por supuesto que lo había
notado, que fue de tus amigos en el tiempo que estuvimos en Europa.
-
Bueno, pues ya sabes, que en el
año que me casé yo, también lo hicieron Archie y Albert, Neil y Patty
contrajeron matrimonio a los dos años siguientes, mi querido Tom se casó con
una joven muy linda llamada Rebeca, Jimmy se quedó a cargo de la granja al
morir su padre y también se encarga desde entonces del hogar, él se casó hace
poco mas de 10 años, su linda esposa se llama Gabrielle, ah y no te había
contado, Dorothy, quien fuese mi dama de compañía cuando me adoptaron los
Andrew tuvo trillizos, fue una linda sorpresa cuando el día de mi boda estuvo
presente con sus bebes de apenas un año, sus hijos se llaman David, George y
Anthony, cuando regrese de luna de miel fui a visitarla y llevarle obsequios
para sus pequeños, fue la primera vez que visite su casa y me dio como regalo algo
maravilloso, en una parte de la granja acondiciono un pequeño invernadero, el
cual tenía todas y cada una de las especies cultivadas por Anthony, ahí fue
donde se obtuvieron las rosas y dulces Candy que se usaron en mi boda, el
invernadero tiene como nombre Anthony, en memoria de aquel que algún día fuese
un gran jardinero, mi amigo Armand Kenneth se caso con Isabelle, la conoció en
una reunión y se enamoró profundamente, seguimos también en contacto. El resto
de la descendencia la conoces, Neil y
Patty son padres de Jeremy y Daniel, Annie y Archie tienen a Alistir y Arthur,
Albert y Elizabeth son quienes tienen más hijos, los gemelos Anthony y William
Albert, Candice y Elizabeth. Aun no entiendo esa decisión de ponerle Candice a
su primer hija, un día le preguntare a ...
Toc toc
-
Adelante.
-
Podrían decirme las damas si ya
terminaron de platicar?
-
Terry, me asustaste.
-
Si papá, que forma de tocar es esa.
-
No le repliques a papá niña malcriada.
-
Tu no te metas Richard.
-
Tranquilos chicos, ay a veces creo que nunca
dejaran de ser unos niños.
-
No mamá, la que no deja de ser una niña
es Eleanor, siempre haciendo dramas, no se como William la soporta.
-
Richard, no te metas con tu hermana, es
la mayor recuérdalo.
-
Sólo porque tu me lo pides papá, aunque
a veces pienso que yo debí ser el mayor.
-
Perdonará la princesa, pero tenemos
horas esperando que ustedes hagan acto de presencia, por un momento pensé que
estarían roncando.
-
No es gracioso Terry.
-
De verdad roncas mamá?
-
Que cosas dices Richard. Que yo sepa no.
-
No te molestes pecosa, vamos, los
invitados están a punto de irse, se han visto muy groseras con su inasistencia.
-
Papá, William sigue aquí?
-
Si Eleanor, pero hasta el más paciente
se cansa.
-
Lo sé papá, por cierto, disculpa la
escena de hace un momento, no quise estropear la cena, lamento haber ocasionado
esto precisamente hoy.
-
No hay problema princesa.
-
Voy a ver a William.
-
Si hija ve, tu padre y yo estamos
contigo, no lo olvides.
-
Te acompaño hermanita, no sea que haya
espectáculo y yo me lo pierda.
-
Eres un odioso.
-
Pero así me quieres.
-
Oye Richard, deja a tu hermana resolver
sus asuntos, tu atiende al resto de los chicos y ocúpate de tus asuntos.
-
De acuerdo papá, hasta luego mamá.
-
Hasta luego hijo.
-
En que momento han crecido los chicos,
no es cierto Candy?
-
Si mi amor, muy cierto, ya nuestra
pequeña con 22 años por cumplir y Richard 19.
-
Así es. Y de que tanto hablaron eh.
-
Bueno, pues le conté a nuestra hija
sobre aquella mala experiencia que tuvimos antes de nuestro matrimonio.
-
Crees que eso la haya hecho recapacitar.
-
Sin duda alguna, viste con que
resolución salió a hablar con él.
-
Espero que las cosas se arreglen,
sabes, es extraño, nuevamente la familia Andrew contara con una princesa
Granchester.
-
No te entiendo.
-
Primero fue Candice Andrew quien se convirtió
en la reyna de esta casa al desposarse conmigo, ahora será Eleanor Granchester
quien una a las dos familias si es desposada por William Albert Andrew.
-
Tienes razón, además no olvides que los Granchester nuevamente
también desposaran a una Andrew, al parecer lo de nuestro hijo Richard y Candy
va muy avanzado, no sería sorpresa supongo para la familia, pero si para
Alistir quien hubiese deseado ser el elegido por la traviesa Candice.
-
Y que me dices de Arthur Cornwell, el
ya esta comprometido con Elizabeth, la más pequeña de Albert.
-
Definitivamente esta familia creció
mucho y al parecer seguirá haciéndolo. Sabes Terry, sería grandioso que la
señorita Pony y la tía abuela pudiesen verlo.
-
No te pongas melancólica mi amor, sabes
que desde donde esten velaran por todos, mejor sigamos disfrutando de esta
velada.
-
Si tienes razón, vamos con los demás, deben estar esperando por
nosotros también.
-
Mhmhm, la verdad es que ya todos se
fueron, solamente se quedaron los chicos, pasaran aquí el fin de semana, así que
porque no me cuentas a mi nuevamente como fue nuestra primera noche juntos.
-
Terry, eres imposible, nunca cambiarás.
-
Te gustaría que lo hiciera?
-
No, te amo tal y como eres.
-
Sabes Candy, han pasado 23 años y
todavía puedo sentir la ilusión y emoción de aquella nuestra primera vez
juntos, así como también la alegría tan grande que me brindaste al saber que
sería padre a tan solo unos cuantos meses de habernos casado, cuando nació
Eleanor y ni que decir de cuando el pequeño Richard completo nuestra familia.
-
Sí, nunca me imagine que la pequeña
Eleanor se pareciera tanto a ti.
-
Ni yo que Richard fuera tu retrato,
sólo que sin pecas.

-
Es cierto Terry. Yo aún tengo presente
en mi memora esos momentos mágicos cuando nuestra familia se complemento con ese
adorable pequeñín, también los tengo grabados en mi corazón.
-
Te amo Candy
-
Te amo Terry.
-
Feliz aniversario pequeña pecosa.
-
Feliz aniversario mi amor
ÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀÀ
Es así como
esta historia ha llegado a su conclusión, agradezco enormemente a todas ustedes
por haberme tenido tanta paciencia, la vida siempre continua por lo que jamás
podemos decir FIN, este ciclo en la vida de Candy se cierra dando paso a muchos
más, espero que haya sido de su total agrado el presente.
No me
queda más que despedirme y hacer las aclaraciones pertinentes.
En el
papel de Elizabeth Randolf me inspire en mi gran amiga Elia, quien creo quedará
satisfecha con su final.
Isabelle
representó a todas y cada una de las Albertfans, por lo que no le pongo un
nombre en especifico.
Un beso
enorme a todas y cada una de ustedes.
Dedico
este epílogo a mi hermana Susuky quien este mes cumple veinte añitos, con todo
mi corazón y amor de hermana.