
CONCLUSION
Desde
hace mucho tiempo, hemos terminado por aceptar que nuestra sociedad padece una
profunda crisis de valores. Reconocemos que las sucesivas coyunturas económicas
y políticas vividas, la desconfianza hacia las instituciones, y la notable
disminución de la calidad de vida tienen como telón de fondo la pérdida de
referencias morales que orienten y
ayuden a distinguir entre lo bueno y lo malo, lo digno y lo indigno, lo justo y
lo injusto.
El mundo de los valores es amplio, complejo y está en permanente
transformación. En cada época aparecen nuevos principios, o los viejos cambian
de nombre. Todas las personas tienen el
derecho de escoger sus valores, darles el orden y la importancia que consideren
correctos y la decisión dependerá de la manera de ser y pensar, sin embargo,
hay algunos frente a los cuales la aplicación relativa es inaceptable, valores
que no cambian, que se conservan siempre y en todas partes, valores universales
que se exigirán a cualquier persona.
Lo más importante, es entender que debemos proponer y propiciar
cambios y hacer aportes realistas con gran sentido de responsabilidad que
ayuden a resolver grandes conflictos y carencias de la manera más civilizada y
eficaz.