| Tengo un libro en casa, que m�s bien
parece un cat�logo: te presenta una gran cantidad de cuentos
infantiles...incompletos. Este es uno de los que siempre me ha gustado. Si ya
lo has le�do �Por favor, dime c�mo termina! Las Noches del Gato Verde
Elizabeth Mulder
�Atiza, qu� noche! De esas de cuento, cuando se fugan las
princesas y salen los enanitos a buscar piedras preciosas, qu� burrada, o van las hadas a
bailar en el bosque, como dicen las gemelas, que se lo tragan todo, son unas infelices.
Todo me parec�a tan fant�stico que decid� protestar (despu�s
de los ex�menes, porque antes no quer�a complicaciones) de que a los ni�os no se les
permita circular de noche, porque se pierden de un mont�n de cosas maravillosas que...
De pronto me qued� con la boca abierta, no s�lo de
asombro, de susto tambi�n, porque sobre el muro del jard�n de al lado acababa de ver una
cosa espeluznada, temblorosa, peluda y verde. Y era un gato.
Hasta de noche se pod�a ver que era verde, como se ve�an que
eran verdes las hojas. Claro que un gato no puede ser verde como las hojas ni como
nada, porque sencillamente no puede ser verde y yo me dije: "Ja, ja, ah� no hay
ning�n gato y si lo hay no es verde". Pero mir� y el gato estaba all� y era
verde, verde como sus ojos, que perec�an luces de tr�fico de puro brillantes. Y yo
volv� a decir: "Ja, ja, que me vas t� a hacer creer que eres verde...Ja, ja".
Y volv� a mirarle y era verde. Entonces me entr� p�nico.
Porque pens�: "�Ya est�, me he re�do de los enanitos y de las hadas y ahora se me
planta delante un gato m�gico, un gato como no hay gatos, de esos que son seres
encantados, como dicen los libros de las gemelas, y ahora yo, �qu� hago?"
De momento ten�a miedo de �l y �l ten�a miedo de m�.
Nos mir�bamos los dos espantados; yo como si el gato fuera el diablo y �l a
m�, lo mismo. Y ninguno de los dos nos mov�amos; �l arqueado, con el rabo tieso
como un alambre, y yo vi�ndome la nariz y sin poder cerrar la boca.
Al fin un pajarraco de esos que hacen vida de noche peg� un
grito o no s� qu�, pero horrible, y el gato y yo dimos a la vez un salto y salimos
disparados; �l no s� a d�nde; yo, a mi cama.
-Tomado de La Isla Llena, de Aurora D�az-Plaja |