Cristian,
nuestro hijo "excepcional"
Silvia Pitta de González
Soy una "señora
de las cuatro décadas" que trata de ponerle vida a los años y no años
a la vida. Estoy casada con Julián, soy mamá de Cristian (16), Sebastián
(14) y Ayelén (10). Son mis amores. Cristian es nuestro hijo "excepcional",
con él aprendí que la discapacidad no es un obstáculo en la vida para
que sueños y proyectos se realicen.
Amo también mi profesión. Soy Licenciada en Relaciones Públicas y
desde hace muchos años desarrollo proyectos de Comunicación y organización
de eventos. En la actualidad, tengo el placer de trabajar con distintas
instituciones relacionadas a la discapacidad.
El diagnóstico de base de Cris es calcificaciones cerebrales irreversibles,
producidas por un citomegalovirus intrauterino. Esto provocó en él
un atraso madurativo, síntomas de autismo, discapacidad motriz y pérdida
de visión de su ojo derecho.
Corría el año 1984 y se respiraba un aire de democracia que nos llenaba
de sueños y esperanza a todos los argentinos. El 2 de setiembre, panza
de ocho largos meses de por medio, yo recibía en un ceremonioso acto
de la Universidad
Kennedy mi título de licenciada en Relaciones Públicas.
Dos días después, el 4 de setiembre a las 16:55 hs., nacía mi soñado
primer hijo Cristian, y se cumplían dos de mis sueños, casi de la
mano uno del otro. Luego llegaron las dudas, algo estaba pasando con
este bebé que hacía suponer que algo no andaba bien.
No tardaron en llegar las angustias, las corridas, las consultas,
el deambular por consultorios, la consulta con "manochantas", la "pata
de cabra", la leche "buena" y la leche "mala", mi diploma "guardado
en el ropero" y un deseo muy grande de que esta dificultad de Cris
no fuera para siempre. Me había prometido a mi misma hacer lo que
sea por él, velar por su salud y por su bienestar toda la vida, tan
sólo si Dios me concedía este anhelo de que su problema no sea para
siempre.
Pero no fue así. Las lesiones de Cris eran irreversibles y había que
enfrentarse con esta dura realidad.
Recuerdo un día, en que nos encontrábamos con Julián y mi bebé en
brazos cuando el pediatra, con aires de "profesional", me dijo: "Señora,
tendrá que acostumbrarse a la idea que tener un hijo discapacitado
es como entrar a una fiesta con una mancha en la solapa del frac".

Me asustó y me dió mucho miedo pensar que alguien, nada menos que
EL MEDICO, me pronosticara el futuro.
Poco tiempo después, caí en la cuenta que nadie era dueño de mi futuro
más que yo misma. Sentí que no quería andar de frack por la vida,
y que la fiesta que teníamos reservada para nosotros era otra cosa.
La verdadera fiesta de Cris era nuestro cariño, el de sus abuelos
Rosita y Horacio y el de su tía madrina Gachi, quienes estuvieron
y estarán siempre cerca nuestro. Eran los globos y la calesita, los
juguetes que más quería.
La fiesta para nosotros era la vida misma, y la vida se construye
con proyectos. Con Julián apostamos a la vida y tuvimos dos hijos
más como lo habíamos soñado. Por mi parte aposté a la profesión y
a no resignar mis sueños.
Mi presente lo vivo profundamente, y se va construyendo de grandes
y pequeñas cosas. Y aunque ya no están las preocupaciones de aquellos
tiempos, surgen otras. Como mamá de Cris pienso en su futuro. Me preocupa
su dependencia y el "cuando ya no esté", pero trato de construir el
presente con la fuerza del cariño. Disfruto de mis tres hijos compartiendo
cosas, a pesar de las diferencias.
Cris disfrutando de la música de Sebi cuando toca el piano en la habitación
que comparten. Aye, con sus planteos acerca de la vida y sus dibujos
familiares que me llenan el alma. Julián, con quién "en la calle y
codo a codo somos mucho más que dos". En fin, mi familia, mi profesión,
mi trabajo, mis amigos y mis sueños, siempre mis sueños.

Mi mensaje: La discapacidad no es un obstáculo en la vida. Creo que
el verdadero obstáculo reside en los propios límites que nos autoimponemos
al intentar superar las dificultades o los impuestos por el mundo
que nos rodea, sobre todo cuando no tiene en cuenta las necesidades
especiales.
Un mensaje para todos, con y sin discapacidad, pero especialmente
para los papás de chicos "excepcionales": No permitamos que nadie
nos pronostique la vida. Cada uno de nosotros somos dueños de construirla,
día a día.
Tratemos nosotros mismos de liberarnos de prejuicios para integrar
e integrarnos con nuestros hijos en la sociedad, y de luchar para
que nuestros proyectos de vida no se derrumben cuando nos enfrentamos
con una discapacidad. La pareja puede seguir, no se termina la sexualidad,
y lo mismo con las vacaciones en la playa, un día de sol en la plaza,
llorar juntos por lo que nos pasa o festejar por algo que nos salió
bien. Momentos tristes y felices tenemos todos, con y sin discapacidad,
solo hay que aceptar el desafío que la vida nos impone.
Una anécdota: La primera vez que diserté en público sobre mi experiencia
con la discapacidad y desde mi posición de madre fue el 3 de Diciembre
de 1998, en el Auditorio del Centro de Información de Naciones Unidas,
lugar al que asistí invitada por su director, el Sr. Angel Escudero
de Paz, para conmemorar el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.
Esa vivencia fue inolvidable. Y me emocioné no solo por mí, sino por
lo que provocaron mis palabras en las personas que me escucharon.
Ese mismo día, Ayelén (mi hija más chica) leyó para el auditorio la
poesía que el abuelo le dedicó a Cristian,
la cual resultó premiada en un certamen que se celebró ese mismo año.
Mi e-mail es: [email protected]
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