El deporte es un medio eficaz para la rehabilitación.

Alejandro Costa Hoevel

Alejandro Costa HoevelDías pasados invitamos a Alejandro a casa, para interiorizarlo de la actividad desarrollada por AdValens y analizar su posible contribución en nuestro Sitio, dada su condición de abogado y su conocimiento de la legislación referida a las personas con discapacidad.

Fue pasando el tiempo en una conversación muy entretenida lo que nos llevó a la hora de cenar y con Carlos, mi marido, lo invitamos a quedarse y de esa manera poder seguir hablando de todos los temas que iban surgiendo.

Cuando Alejandro tocó el tema de su infancia, surgió esta experiencia de vida que, con su acuerdo, compartimos con nuestros visitantes.

Cuando tenía un año y tres meses, estaba veraneando en la casa que mi abuela tenía en Mar del Plata (provincia de Buenos Aires, Argentina). Mientras jugaba en la vereda, como era costumbre y bajo el cuidado de los mayores, de forma inesperada cayó sobre mi espalda la escalera que utilizaba una persona que arreglaba una ventana de la casa. Este accidente afectó mi columna vertebral.

Un tío mio, que era médico de la familia, intercedió para que me atendiera en Buenos Aires un especialista en neurología (el doctor Dickman), quién me diagnosticó triparesia espástica, la que afectaba la motricidad del tronco. Inmediatamente, comencé mi rehabilitación en el Instituto Nacional de Rehabilitación del Lisiado.

A partir de allí, concurrí a dos institutos más. Y así transcurrió mi infancia, periodo durante el cual fui sometido a dos operaciones exitosas en las manos de los doctores Petracchi y Ayerza.

Continuamos nuestra charla, hasta que llegamos a su adolescencia, donde los recuerdos de su etapa escolar, sus compañeros y todo el afecto que le rodeaba se ponía de manifiesto en su relato:

Cursé hasta tercer grado en el Colegio Doll`s House y continué los estudios en el Colegio Fátima, también en San Isidro, donde tuve la enorme alegría de ser elegido "Mejor Compañero" cuando llegó el momento. Como no podía ser de otra manera, en esa etapa debí asistir diariamente a rehabilitación, actividad que desarrollaba durante la mañana. La tarde quedaba reservada para el colegio y mis amigos.

El secundario lo cursé en el Nacional de San Isidro, donde siempre fui tratado como uno más, tanto para participar en las peleas como en las alegrías. Mientras tanto, en el ámbito de mi hogar, la vida transcurría con toda normalidad. Se me exigía y premiaba de la misma forma que a mi hermana María José.

Luego de finalizar el colegio secundario, el desafío era comenzar una carrera universitaria. Aunque no tenía dudas que su vocación era el Derecho, a pesar de que para cursar en la Universidad de Buenos Aires, tuviera que viajar en tren y colectivo. Felizmente, había quedado atrás el uso de trípodes y de dos bastones, los cuales había logrado reemplazar por un solo bastón. El paso de Alejandro por la universidad transcurrió como la de todo estudiante: muchas horas de clases y estudio,a veces en soledad y otras veces junto a compañeros en la misma situación, muchos nervios..., hasta que, finalmente, llegó el premio tan esperado: ¡EL TÍTULO DE ABOGADO!.

Con mi título y la alegría de haberlo conseguido, comencé a ejercer mi profesión, especializándome en la temática referida a Familia y Sucesiones. La problemática social de la minoridad fue siempre mi preocupación, y en pos de ese objetivo he colaborado con un sacerdote de San Isidro para intentar reestablecer en la sociedad a chicos que delinquían, muchos de los cuales han llegado a ser hombres de bien y excelentes padres de familia.

Al término de nuestra agradable reunión, quise volver al tema que le había dado inicio, y le pregunté a Alejandro que importancia le daba al deporte en la rehabilitación de las personas con discapacidad.

Durante toda mi vida el deporte fue una fuente de desafíos y me ha deparado momentos de gran diversión, junto a la posibilidad de compartir esta experiencia con amigos. Al mismo tiempo, podía observar como era capaz de realizar movimientos que no eran frecuentes, tanto durante mi vida cotidiana como durante las sesiones de fisioterapia y que, además, contribuían a fortalecer mi cuerpo y espíritu.

Hasta hace poco tiempo también practiqué equitación, aunque la he dejado de lado por mis ocupaciones laborales y mi programa de rehabilitación y ejercicios diarios. No obstante, he participado de cabalgatas y arreado de ganado en el campo, actividad durante la cual terminé varias veces en el suelo sin consecuencias graves. También practico natación en el Club Atlético San Isidro y en el Jockey Club, lo cual me hace mucho bien y me encanta.

Durante 1998 tuve la oportunidad de iniciarme en el esquí sobre nieve en Bariloche y durante el último año repetí la experiencia. A propósito, he promovido mucho la práctica de este deporte, no solo por lo divertido que resulta sino como aporte a la rehabilitación.
Una vez que nos encontramos acompañando a Alejandro a su casa, nos comentó su trabajo en la localidad de San Isidro por lograr la instalación de rampas que permitan el acceso de personas con movilidad reducida a lugares públicos:

Yo participo de la vida igual que el resto de la gente. Es necesario saber adaptarse y aprender. Es otra vida que te toca y hay que aprender a vivirla.


Una vez que nos despedimos de Alejandro, ya de regreso a casa, reflexioné junto con Carlos acerca de todo lo que uno aprende de personas como nuestro querido invitado, que superan los inconvenientes con fe, valentía y coraje.

Inés, de AdValens

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