LA MADRE DE LA MOTO
Hna. Ana Eliceda Fisher Santamaría
Soy
una joven monja muy activa en silla de ruedas. ¿Un bicho raro, una
víctima? No. Yo proclamo: "Levántate y anda" porque, aunque fallen
las piernas, siempre quedan la mente y el corazón para luchar.
El color de mi piel es trigueño, con ojos color café y cabello castaño.
No soy delgada ni gruesa, de estatura normal. Uso lentes. Me gustan
la música y la pintura, y también hacer bromas. Soy muy espontánea
al hablar y decir las cosas. Mi carácter es fuerte y decidido y lucho
por lo que estoy convencida.
Me llamo Ana Eliceda Fisher Santamaría, tengo 37 años y vivo en la
Ciudad de Panamá (Panamá).
Soy religiosa, llevo 17 años de servir al Reino de Jesucristo en la
Congregación de Religiosas Franciscanas de María Inmaculada. Mi profesión
es la de educadora y mi área fuerte, los niños.
Para el mundo..., soy un bicho raro. ¿Por qué?. Una monja joven en
silla de ruedas que participa de muchas actividades es una "mezcla"
no muy común.
Para la Iglesia, todavía, es más "extraña" mi presencia. Muchos se
acercan para darme recetas y decirme que sea testimonio, que esto
es voluntad de Dios y que el Señor tendrá alguna misión para mí.
Desde mi óptica, ser religiosa discapacitada me ha permitido acercarme
mucho más al dolor y entender mejor el sufrimiento de otras personas.
Me hace ser solidaria con ellos e intentar transmitirles ese mismo
deseo personal de lucha, coraje y valentía que me motiva a seguir
adelante: mientras exista un aliento de vida, no debemos dejarnos
vencer; al contrario, hay que empeñarse en ganar la carrera y, aunque
muchas veces no podamos con nuestras propias piernas, sí podemos con
nuestro corazón y con nuestra mente. Todo esto se puede lograr con
Dios, el máximo motor.
Miedo y fortaleza. En junio de 1997 tuve un accidente automovilístico
en el que sufrí múltiples fracturas, que derivaron en 42 intervenciones
quirúrgicas para reconstruir parcialmente mis extremidades inferiores.
A pesar de la lucha, no logré salvar mi pierna izquierda. Hoy, uso
una prótesis y estoy todavía en proceso de evolución, aunque -por
el momento- no puedo caminar.
Lo que más me afectó, al quedar discapacitada, fue sentirme limitada
para realizar las cosas en forma independiente. Sentí tanto temor
de no poder ser y hacer lo que antes había experimentado... Me llevó
un tiempo bastante largo asimilarlo, primero, desde mi realidad personal
y, luego, a partir de la fe. Muchas veces me he preguntado "¿por qué
a mí?, ¿qué mal he hecho?". Estos interrogantes brotan del corazón
frente a los acontecimientos que no somos capaces de manejar y entender.
La discapacidad es algo que nos toma de sorpresa. Es un golpe, un
choque en la vida y quienes nos rodean también se ven afectados. Todos
sentimos miedo ante esa nueva realidad. He experimentado que la barrera
más grande está en la mentalidad de las personas, los espacios físicos
no son tan difíciles de superar. Como ejemplo, mis estudiantes (soy
Subdirectora del Colegio María Inmaculada) me llaman LA MADRE DE LA
MOTO; debido a que me desplazo sin problemas por todo el colegio "a
bordo" de una silla eléctrica. Sin embargo, la lucha permanente está
en demostrar que somos capaces de responder con eficacia a cualquier
trabajo, ya que tenemos apenas "una" discapacidad.
Levántate y anda. A partir del accidente, me sentí profundamente amada
por mi familia y fortalecida por Cristo Resucitado y María, nuestra
Madre. También descubrí en FRATER (Fraternidad Cristiana de Personas
Enfermas y con Discapacidad) todo el apoyo que necesité. Este grupo,
FRETAR, comenzó a gestarse estando yo todavía en el hospital (donde,
dicho sea de paso, permanecí tres años recuperándome) y tengo el orgullo
de ser uno de los miembros fundadores. Su objetivo consiste en evangelizar
enfermo a enfermo (animar, motivar, levantar a la persona discapacitada
caida ). Allí, logré descubrir que si otras personas habían superado
experiencias similares, yo también tendría la oportunidad. Con el
testimonio de los fraternistas, sentí que no todo había terminado,
sino que se abría el camino a otro estilo de vida y le encontré sentido
a mi vida. Desde ese momento, me interesé por conocer y vivir esta
espiritualidad fraternal y, actualmente, tengo la labor específica
de confeccionar el Boletín "LEVÁNTATE Y ANDA". Además, soy la guía
espiritual sobre liturgia y animación de cantos. Me defino como "una
líder de la palabra", visito a los enfermos y pertenezco al Consejo
de Pastoral Social de la Iglesia, donde aprovechamos todos los espacios
(congresos, jornadas, etc.) para hacernos presentes y para que la
gente sepa que somos tan capaces como cualquier otra persona.
MI MENSAJE: Quiero decir a todas las personas, con y sin discapacidad,
que para Dios todos somos iguales. Este mundo también nos pertenece,
no queremos estar aislados, ni archivar nuestras capacidades porque
son muy valiosas y tenemos mucho para ofrecer: Nuestras capacidades
superan nuestras limitaciones. No exigimos un mundo especial para
nosotros, sino integrarnos a esta sociedad. Deseamos ayuda para construir
un mundo que supere todo tipo de barreras y en donde se respeten nuestros
derechos como personas con discapacidad.
MIS RECOMENDACIONES: Niños, jóvenes y adultos que me están leyendo
a través de Internet: Salgamos, no nos quedemos encerrados en casa,
busquemos por todos los medios la manera de luchar por nuestros derechos
y hacerlos conocer porque los que están bien no pueden entender que
somos productivos y que tenemos mucho para dar. Hay que meterle mucha,
mucha garra.
Mi direcion de e-mail es: [email protected] |
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