Fuerza y coraje para seguir adelante.

Juan José Caffarena

Juan José CaffarenaMi nombre es Juan José Caffarena, soy argentino y tengo 45 años. Cuando tenía 10 años me empujaron de un trampolín en una pileta de natación y quedé cuadripléjico.

En aquella época no se tenía conciencia de la necesidad de rehabilitación como se la tiene hoy. Incluso, no había guardavidas al momento de mi accidente. Lamentablemente, tampoco se acostumbraba a entablar juicios a los clubes.

La verdad es que crecí con omnipotencia, sin asumir mi discapacidad, pues consideraba que podía lograr todos los objetivos que me propusiera. De lo que no me daba cuenta es que no somos todos iguales, simplemente porque las circunstancias no son iguales.


Vivía en La Lucila y me mudé a San Isidro. Me internaron en ALPI durante ocho meses, transcurridos los cuales me reintegré al colegio Santa Isabel de la Orden de Don Bosco donde completé mi escolaridad. Al año siguiente ingresé a la UBA para estudiar abogacía.

Esto representó una gran lucha económica, lo que motivó que mis amigos organizaran una rifa para comprar una camioneta que utilizaron para llevarme y traerme.

En lo profesional, finalmente logré mi meta. Me recibí de abogado en 1980, aunque la jueza Simini de Sartori determinó que mi incapacidad me impedía ejercer, pues no podía escribir con la mano y firmaba con la boca. Recurrí y el fallo resultó favorable a mi causa.

Actualmente me dedico a los seguros de vida y generales y, desde 1984, he adquirido una vasta experiencia en seguros en el exterior.

Gracias a mi familia logré todo lo que tengo, especialmente a mi madre, que se constituyó en un pilar fundamental de mi vida.

Desde 1985 vivo solo en Don Torcuato (provincia de Buenos Aires) en una casa especialmente adaptada y diseñada por mí, en base a mis necesidades y empleando mi sentido común. A la noche llego agotado de trabajar durante todo el día y, a veces, la soledad me pesa porque soy divorciado. Pero al día siguiente siempre siempre encuentro un nuevo motivo para luchar.

Cuando la discapacidad irrumpió en mi vida me pareció una cárcel, pero todos los días hay que reunir fuerza y coraje para seguir adelante.

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