Miradas de
amor a Jesús
Jesús, tus humildes esposas
hacen el propósito de mantener los ojos bajos en el refectorio, a fin de
honrar y de imitar el ejemplo que tú les diste en el palacio de Herodes
. Cuando ese príncipe impío se burlaba de ti, Hermosura infinita, ni una
sola queja salió de tus divinos labios, ni siquiera te dignaste posar en
él tus ojos adorables.
Ciertamente, divino Jesús,
Herodes no merecía que lo miraras; pero nosotras, que somos tus esposas,
deseamos atraer sobre nosotras tu mirada divina; te pedimos que nos recompenses
con una mirada de amor cada vez que nos privemos de levantar los ojos; y
te pedimos también que no nos niegues tampoco tu dulce mirada cuando caigamos,
pues no llevaremos cuenta de nuestros fallos .
Formaremos un ramillete
que tú, así lo esperamos, no vas a rechazar. En esas flores verás nuestro
deseo de amarte, de parecernos a ti, y bendecirás a tus pobres hijas. ¡Jesús,
míranos con amor y danos tu dulce beso! Amén.