Dice que esta más maduro y más rockero, pero no reniega de "Loco un poco". Habla de Charly, de Calamaro, de la noche. Pide más sexo, drogas y rock and roll. Mientras, prepara su nuevo disco.

Joaquín, de pronto te convertiste en un personaje célebre de la noche porteña. ¡¿Qué hacés despierto ahora, a las once de la mañana?!
¡Me cortaron las piernas! Estamos grabando el nuevo disco de Turf y hay que respetar los horarios del estudio. Recién, cuando estaba en la cama, si me daban a elegir entre levantarme o suicidarme no dudaba... Pero hay que grabar el disco, ya casi terminamos.

Este es el cuarto. ¿Están más maduros?
Va a ser más rockero. Estamos maduros... sí...

¿"Maduros" es la palabra?
¿Más duros? ¡Ja! Yo tengo momentos de madurez e inmadurez, todo vive adentro de uno, que lleva todas las edades que ha vivido. Voy buscando más profundidad en las letras. Y le encuentro otras interpretaciones a la música y a los libros. Siempre fui una persona que, aunque no lo pareciese, le gustaron Pink Floyd, David Bowie, Velvet Underground. Después lo que hago con Turf es aparte y tiene que ver con el estado de la gente. Nuestro disco anterior, "Turfshow", era un poco de alegría para el caos del 2001.

Después de "Loco un poco", ¿ahora cómo vas a hacer para hablar de cosas más profundas?
¡"Loco un poco" es profunda! Habla del corazón, no es una pavada. Me acuerdo que en Chaco hicieron un consenso de popularidad para hacer un tema para la Iglesia y ganó "Loco un poco", pero no quedó porque decían que hacía apología de las drogas. Así lo vieron ellos porque tiene muchas posibilidades de interpretación... ¡O porque algo se filtró!

Será que en Turf siempre hubo un poco de sexo, drogas & rock and roll...
¡Un poco no, todo! ¡De eso se trata! Y lo digo convencido, no como lema. Sino, ¿qué querés? ¿Jazz, paja y yoga?

Entonces seguís acostándote a las diez de la mañana de lunes a lunes...
¿Sabés qué es lo misterioso? Que no sé en qué va a desembocar todo esto. Tengo amigos de cuarenta que siguen igual, como Andrés Calamaro. O de cincuenta, como Charly García. En este momento todo va perfecto, pero no me puedo imaginar de grande.

¿Nunca pensaste en vivir como Charly García?
No, eso es imposible. Él está solo ahí donde está. Nadie lo hace. Ahí se rompe la coherencia. Es como si Jim Morrison estuviera vivo, deberían hacerle un monumento...

Y desde el primer disco de Turf él está con ustedes. ¿Cómo se conocieron?
Nosotros hacíamos un cover de su tema "No se va a llamar mi amor". A mí siempre me gustó Charly García, pero desde "La Hija de la Lágrima" me parte la cabeza. Y un día estábamos tocando y él vino porque un amigo en común le contó de nosotros. Como llegó tarde, nos fuimos a un putero y con unos marshallitos y un par de guitarras hicimos un show para ocho gatos y dos yuppies.

¿Siguen tocando en lugares así?
¿El circuito gatuno? Nunca lo podés abandonar. Shows ya no hacemos tanto, pero el piringundín es un lugar muy lindo.

¿Ibas de pibe o lo descubriste con el rock?
De chico iba por rebeldía. Ahora ya es común, es como ir al bar de la esquina de casa... Aunque antes tenía la capacidad de poder hacer las cosas de corrido. Ahora me da mucho sueño, termino a las siete de la mañana. O me quedo dormido en el piso del estudio, como me pasó ayer.

¿Y cómo puede funcionar tu casa así?
No sé cómo, pero todo quilombo al día siguiente se arregla. Hace poco me mudé, pero antes estuve cuatro años viviendo con dos amigos en lo que llamábamos la Casa del Terror. Era un descontrol: llegabas y ya había dos que te están esperando para salir. O decías "bueno, hoy me voy a acostar temprano"... Eran las cuatro, te ibas metiendo en la camucha y justo caía uno... Igual, yo recomiendo mucho vivir con amigos.

¿Qué fue lo más zarpado que pasó en la Casa del Terror?
Una vez que vino Andrés (Calamaro). Fue una locura, pero no te lo puedo contar. Es muy confidencial. Sólo te digo que si lo hubiéramos filmado ahora tendríamos una buena película. ¡Y estaríamos todos presos!

¿Y qué pasa con eso de sexo, drogas & rock and roll cuando estás más maduro?
Viene mejor, el tiempo lo va puliendo. Uno conoce más trucos del sexo, de las drogas y del rock and roll...

¿Pero te ponés límites?
Y... un limititito tiene que haber. Tampoco soy un reventado social, che... Al menos en el trabajo soy cuidadoso. Pero sin olvidar que estamos en una banda de rock. Porque si nos ponemos serios, nuestra música se va a ver afectada. De todas maneras esto no es apología, así debería ser la vida de cualquier joven. ¡En una banda de rock divertirse es un deber, si no sos un hijo de puta!

Por último, hablemos de las groupies...
No me gustan. Detesto a ciertas pendejas. Ah, no, perdón: tengo que decir que amo a mis fans. ¡Ja! Hay una edad que me pone de pésimo humor y me da bronca. Son las de quince. Tienen esa hormona femenina a flor de piel, esa hormona que odio. Esas no son las mujeres que a mí me gustan. No me excitan.

Pero al principio habrá sido todo un descubrimiento...
Al principio sí. Y después va pasando. Y ahora me chupa un huevo. No siento que me agregue nada. Todo lo contrario: me quita energía, paciencia, tiempo y cordura. Que son las cosas que hoy no quiero perder.

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