Galileo Galilei:
un cat�lico devoto cuyas ideas cient�ficas los enemigos del  catolocismo enfrentaron con la Iglesia desp��s de muerto
Galileo Galilei. F�sico. Perfeccionador del m�todo cient�fico.
Padre de la Ciencia experimental moderna.
Cat�lico devoto toda su vida, falleci� de muerte natural diez a�os desp�es de su juicio, habiendo recibido los Santos Sacramentos y la bendici�n de Su Santidad
El juicio a Galileo Galilei siempre ha sido explotado por los enemigos de la Iglesia cat�lica (protestantes primero, laicistas y masones despu�s, marxistas m�s tarde) para afirmar que la Iglesia Cat�lica se opone al avance de la Ciencia. Para ello han manipulado el contenido del juicio e incluso se han inventado unas torturas y malos tratos que nunca sucedieron e incluso frases como Eppur si muove! que nunca fue pronunciada por Galileo, sino por un periodista italiano en la Inglaterra del siglo XVIII.

En realidad,
Galileo fue condenado por sus opiniones teol�gicas, no por sus ideas cient�ficas. Si en su juicio se debati� su opini�n de que la Tierra giraba alrededor del Sol no fue porque dicha teor�a fuese her�tica (de hecho Cop�rnico la hab�a defendido desde el siglo anterior sin ser molestado) sino porque Galileo basaba su opini�n teol�gica (que el Libro de Josu� deb�a interpretarse en sentido aleg�rico, y no literal) en el hecho, indudable seg�n �l, de que la Tierra giraba alrededor del Sol.

Lo m�s tr�gico del caso es que tanto los te�logos del tribunal como Galileo estaban equivocados. En la �poca de Galileo, no se hab�a demostrado todav�a emp�ricamente que la Tierra girase alrededor del Sol (s�lo se consigui� en el siglo XVIII) y las pruebas cient�ficas que Galileo aport� estaban equivocadas. Sin embargo, tambi�n los te�logos se equivocaron: la doctrina cat�lica nunca estableci� como dogma que Dios prolongase el d�a a petici�n de Josu� precisamente deteniendo el movimiento del Sol, y no de otra manera. La petici�n de perd�n de Juan Pablo II debe entenderse referida al error del dictamen teol�gico puesto que toda objeci�n a la teor�a helioc�ntrica hab�a desaparecido ya en el siglo XVIII cuando por fin se consiguieron pruebas cient�ficas de la misma.

Y, por supuesto, las consecuencias del juicio fueron m�s morales que tangibles. Galileo nunca sufri� torturas ni acoso, a pesar de haber provocado y ridiculizado personalmente a varios miembros del tribunal y al mismo Papa. Su condena se limit� a un breve arresto domiciliario (cumplido en el lujoso palacio de un cardenal amigo suyo, por ser Galileo forastero en Roma) y al rezo diario de unos salmos, que el propio Galileo sig�i� rezando por pura devoci�n tras el t�rmino de su condena. Galileo acat� la condena sin protestas, agradeciendo la benevolencia del tribunal. Jam�s se le impi� continuar sus trabajos y, de hecho, lo m�s importante de su producci�n cient�fica es posterior al juicio.

Para m�s detalles sobre el caso recomiendo que consult�is
el siguiente art�culo de ACI Digital.

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