Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la
genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi
v_v….aclarado esto aquí vamos
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Nota antes de empezar: este fic esta especialmente dedicado a mi
amiga Sango, por obvias razones (por favor no me pregunten cuales que se llame
Sango creo que es una de las suficientes razones).
Gracias el desconocido que descubrió una cascada en un viaje y fue
el tema de conversación en el transporte donde nació esta historia ^_^.
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Podía decirse que la batalla había terminado, bueno solo en
teoría. Habían recuperado la perla de
Shikkon, cierto, pero Naraku como siempre había logrado escapar, así que tarde
o temprano si tenían muy mala suerte él volvería para fastidiarles la vida de
nuevo, pero no sería pronto, en la última
batalla había perdido la mayor parte de sus poderes y Kana y Kagura se habían
revelado, así que no tenía ni siquiera aliados y los bebes provenientes de él
al perder su poder habían desaparecido.
Así todo seguía casi igual, todos al menos habían logrado
asentarse en un lugar, Kagome había regresado a su época pues la perla estaba
mucho más segura allá, muy de vez en
cuando iba a la época de guerrillas a visitar a sus amigos o cuando Inuyasha
iba por ella con el pretexto de que no importaba si habían recuperado la perla,
ella era una Miko y como tal tenía responsabilidades en ese lugar; cuando no
era temporada de exámenes solo hacia falta que el deseo de estar con ella fuera
lo suficientemente claro en los ojos de Inuyasha para que ella lo botara todo y
se fuera con él.
La mayoría de ellos estaban viviendo en la aldea de
exterminadores, habían ayudado a Sango a restituirla y por unanimidad habían
decidido acompañarla a vivir allí, así Inuyasha, Shipoou y el monje Miroku se habían establecido en la aldea, y
empezaba ya a poblarse de nuevo, Sango había adquirido tanta fama en su
recorrido que de pronto muchos chicos y chicas de todos los lugares posibles
llegaron a la aldea pidiéndole que los instruyera en el arte de la
exterminación de monstruos, pues estos al saber que la perla había sido
recuperada del poder de Naraku habían salido de sus escondites a armar mucho
alboroto en la labor de buscarla y robarla.
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- dices que unos ninjas lo dejaron aquí – Kagome había ido de visita
viendo a su amiga en la entrada de la aldea examinando algo.
- Si, precisamente, no me dieron ninguna explicación – dijo mirando
extrañada “eso” – pero por lo que parece viene de la casa del joven Takeda.
- La casa del joven Takeda?? – dijo extrañada, había conocido a
tanta gente en su viaje, de pronto casi como si un foquito se hubiera encendido
sobre su cabeza dijo – ah si lo recuerdo, la casa de aquel rico terrateniente
que te pidió matrimonio.
- Si Kagome, el mismo.
Bueno lo que Kagome y Sango miraban con tanta atención era un
baúl, pero no era cualquier tipo de baúl, era un hermoso baúl de la más
fina madera con grabados artísticos en
la tapa con el símbolo de los Takeda.
- ¿que crees que sea? – dijo la
chica aún tratando de mirar por las orillas como si con eso consiguiera ver
algo.
- Pues no lo se Kagome, supongo que solo hay un modo de averiguarlo.
Diciendo esto Sango tomo la tapa y la subió como si fuera un
corcho, la pesada tapa cayó a un lado con un golpe seco en el piso
- esto es – dijo con cara de asombro la joven Miko.
- Si, eso es… pero… cielos.
Lo que venía dentro de aquel baúl era el más hermoso vestido de
novia que Sango hubiera visto en su vida, saco el velo del baúl, la tela parecía
casi deshacerse en sus manos, era tan delicada que casi le daba miedo tocarla.
- pero… yo pensé… que el joven Takeda se había dado cuenta de…
- mira Sango, hay una carta aquí adentro – dijo Kagome sacando el
sobre que tenía el nombre de Sango.
- dámelo Kagome.
Sango tomo la hoja y la desdoblo, la perfecta caligrafía de trazos
en tinta negra se esparcían sobre el papel:
Mí muy querida Sango:
Las noticias de tu triunfo en
la batalla contra Naraku con todos tus camaradas ha llegado hasta mi castillo,
me alegra tanto que hayas podido resolver finalmente tu misión y tu pequeño
hermano Kohaku pueda estar de nuevo a tu
lado, me he enterado también que tu vida ha tomado un cause mas tranquilo,
incluso que has reconstruido tu aldea, lo que me llena de felicidad, puesto que
tu felicidad es la mía, pero eso no evita el abismo que se abre en mi corazón
al no tenerte (primera frase cursi del fic ^_^), así que ahora que tus
obligaciones han terminado quizás puedan finalmente corresponder mis
sentimientos, te lo pediré de nuevo,
mi muy querida Sango:
¿Te gustaría ser mi esposa?
En prueba de lo sincero de
mis intenciones he enviado con mis sirvientes este baúl y este vestido de
novia.
Esperare ansiosamente tu
respuesta.
Huranoske Takeda
Sango termino la carta y la doblo de nuevo, la suave seda del velo
aún se sentía en sus manos “yo pensé que el joven Takeda se había dado cuenta
de que no puedo corresponder a sus sentimientos”
- Sango… - dijo Kagome casi llamándola como si estuviera lejos.
- Kagome…
- ¿Que dice? – dijo la chica con curiosidad.
- Él… el joven Takeda me pide que… me esta pidiendo matrimonio.
- Epaa, ¿en serio?
- Si, se ha enterado de que la batalla contra Naraku ha terminado y
el me dijo la última vez que… - dijo al Taiji ja pero se quedo a la mitad de su
oración.
- Pero Sango… y el monje Miroku?
- Ah – dijo casi reaccionando – ese pervertido, mañoso, e infiel… a
él no le importa.
- Pero… aquella vez ustedes ya habían quedado de acuerdo, ¿no es
así?
- Así es Kagome, él me dijo que cuando acabara la pelea contra
Naraku él y yo… bueno… pero él no ha
cambiado en nada, solo… solo míralo –
dijo visiblemente irritada.
Tomo el baúl entero y lo empezó a empujar a la aldea mientras
Kagome entraba con ella y veía al monje.
Pues si, el monje no ha
cambiado en nada, en ese justo momento estaba “reconociendo” a las alumnas
nuevas que habían llegado a la aldea esa mañana.
- muy buenos días señoritas – dijo tan galante como siempre –
ustedes deben ser las nuevas alumnas, o me equivoco.
- No se equivoca su excelencia – dijeron dos chicas haciendo una reverencia – usted es el houshi que
nos enseñará a hacer pergaminos
purificadores, verdad.
- Oh ya veo que la adorable Sango ya les ha hablado de mi
- Así es su excelencia.
- Y díganme – dijo tomando la mano de las dos estudiantes – acaso
alguna de ustedes no quisiera tener un hijo de su sensei.
-- PLAT PLAT –
El joven monje se sobaba
ambas mejillas encendidas como tomates y con una marca roja en cada una.
- sensei Sango sama también nos dijo que trataría de hacer eso y nos
pidió que lo bajáramos a tierra, dijo que este era el mejor modo.
- Sabia que esa seria la primera lección de Sango.
- He jeje jeje – rió nerviosa la chica dentro de la casa - no, no ha cambiado en nada.
- Y no lo hará – dijo melancólica la exterminadora, salió al pasillo
mirando al monje frotándose las mejillas.
Sango salió de la casa y fue a una campana frente a su casa, la
toco y pronto todos empezaron a reunirse en el patio, todos los estudiantes e
incluso Inuyasha y Shipou que andaban por allí.
- muchachos, chicas, amigos, debo hacer un viaje. Tardare tres días,
mientras tanto, estará a cargo, el joven Inuyasha y mi hermano Kohaku
- si, sensei. Respondieron todos.
- Y a mí por que me pones a cuidar tu aldea… - había empezado a
reclamar el hanyou
- Osuwari
- Kagome…- dijo el hanyou enterrado en el piso… una vez más.
Sango volvió a entrar a su casa mientras Kagome la miraba muy
seriamente, la exterminadora solo la miro con una media sonrisa.
- ¿que vas a hacer Sango?
- Haré, lo que tenga que hacer.
La Taiji ja salió de la habitación, el joven monje que había visto
todo esto entro extrañado, ella cerró
la puerta de su habitación antes de que pudiera siquiera alcanzarla, al no
poder hablar con ella solo miro a Kagome y le pregunto.
- Ahaaa – dijo disimuladamente eso – todo esto…
- ashhhh – lo miro con desprecio – si Sango comete un terrible error
será solo su culpa.
- De que me habla señorita Kagome.
- Usted tiene la culpa, monje mujeriego e infiel.
- ¿Y ahora que hice? – dijo confundido y entonces vio el baúl que se
había quedado en el pasillo, estaba aun abierto y el velo había quedado tendido
en una orilla – ese vestido… ahm… Sango… ¿lo compro?
- Claro que no, ese vestido debe comprarlo el novio en primer lugar
(nee esto me lo saque de la manga no me crean la verdad no se quien compra el
vestido allá), se lo ha enviado el joven Huranoske Takeda
- ¿El joven Huranoske Takeda… pero por que?
- Monje usted de verdad es un TONTO
La muy molesta sacerdotisa salió de la habitación haciendo perderse
al monje en su recuerdos y en un chispazo finalmente recordó quien era el joven
Huranoske Takeda, que era lo que
quería y por que había enviado ese vestido a Sango (reconozcámoslo, el monje es
algo lento a veces... lamentablemente solo es lento en eso)
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Los postes estaban colocados en su lugar original, no había nadie
en el patio de entrenamiento pues era la hora de la cena, la exterminadora
estaba allí, quería poder sacar los pensamientos de su cabeza, al menos por un
momento.
- ¡¡KYA!! – grito fuerte mientras el enorme boomerang salía en el
aire, si había calculado bien su fuerza este
iría hasta la barrera y regresaría esquivando los postes, si no – diantre.
El hiraikotsu había atravesado la barrera dejando abajo todos los
troncos.
- diantre, tendré que arreglar todo esto.
- Tu no cometes estos errores hace años hermana, - dijo Kohaku que
se acerco a ella – ¿qué es lo que te pasa?
- Oh, nada, no te preocupes Kohaku.
- No creo que “nada” te haya
hecho romper la barrera de la aldea. – vio a su hermana exhalar un hondo
suspiro acercándose a los troncos caídos. – es por ese monje ¿verdad?
- Kohaku…
- Entiendo que ustedes son algo parecido a una pareja, aunque no
estoy del todo de acuerdo.
- ¿No te simpatiza?
- Al contrario – dijo sacando el hiraikotsu de entre los troncos y
extendiéndolo a su hermana – es un hombre inteligente, fuerte, valiente pero…
también.
- Un verdadero pervertido.
- Tú lo dijiste, no yo
- Eso salta a la vista – dijo ella tratando de levantar los troncos
no con demasiada dificultad.
- Si, pero eso no importa si
tú… si tú le quieres, algo bueno debe tener de verdad por dentro ese monje para
que tú le quieras.
- Si tú supieras Kohaku – un tranquilo sonrojo escapo de sus mejillas – él... él me ha
salvado incluso la vida un par de veces, en toda la pelea contra el maldito de
Naraku él hubiera preferido morir antes de dejar que me pasara algo, siempre
que estaba triste cuando Naraku lograba
separarnos él estaba allí, sosteniendo mi mano, o solo molestándome para
hacerme olvidar el dolor, eso es lo bueno que ese monje tiene… solo que él…
bueno él es así, tal y como es y no estoy segura que el quiera cambiar solo
por… mi.
- Que harás con el vestido – dijo de improviso su pequeño hermano.
- Como lo supiste, te lo dijo Kagome?
- No, me lo contó Inuyasha, pero supongo que a él se lo dijo Kagome.
- Me sorprende que Inuyasha esta vez lo haya entendido.
- No estoy seguro de que él lo haya entendido, solo me dijo que un viejo
conocido te había regalado un vestido y que Kagome estaba muy molesta por eso,
solo necesite ver que vestido era lo demás lo deduje.
- Je, supongo que le costara un par de osuwaris antes de poder
terminar de comprenderlo.
- Que harás con el hermana??
- Solo hay una cosa que puedo hacer con ese vestido, jugarme mi
última oportunidad.
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El joven monje se había refugiado en las laderas de la aldea de
los exterminadores a pensar, muchas ideas estaban vagando por su mente “ella me
esta esperando, solo se que me sigue y me seguirá esperando, pero esto… como
puedo yo pedirle… cielos, esto es tan complicado”
- la pasaras toda la noche aquí penando monje – una voz muy
conocida se oyó cerca de él, sobre su
cabeza, solo tuvo que subir la cabeza para distinguir el traje rojo del dueño –
monje – gruño el exigiendo.
- Que haces aquí Inuyasha?
- Fhe – brinco el joven hanyou en su condición humana, su cabello
negro azabache se distinguía sobre su haori rojo – solo, me porto muy raro esta
noche con Kagome y no quiero portarme raro y tu monje?
- Solo quería pensar.
- En el vestido.
- Como lo sabes – la pregunta hasta a él se le hizo estúpida.
- Kagome me lo dijo
- Lo supuse.
- Y… – dijo recostándose en la hierba usando sus manos de almohada –
vas a dejar que ese tipo se lleve a tu hembra??
- No hables de Sango como si fuera un animal – dijo molesto el
monje.
- Y que, acaso no es tu hembra??
- No ella es… ella es…
No dijo nada más e Inuyasha no pareció pedirle ninguna respuesta.
Después de unos minutos en silencio el joven hanyou vio pasar una estrella
fugaz y finalmente dijo.
- monje por lo que se quiere se pelea incluso contra la muerte o se
atraviesa cualquier distancia para encontrarlo, tú lo tienes aquí, si lo dejas
ir eres muy estúpido.
- No es tan simple Inuyasha – dijo le monje y vio caer otra estrella – yo le prometí a Sango que
viviríamos juntos y que tendríamos muchos hijos (y vaya que 10 o 20 si que son muchos hijos ¬¬;) cuando
lográramos derrotar a Naraku y pudiera deshacerme de esta maldición, de otro
modo, nuestros hijos tendrían la misma maldición que yo y quizá… al igual que
yo pudieran verme morir un día consumido por mi propio agujero negro, y no
quiero eso para Sango… reconozco que con cualquier mujer no me importaría demasiado,
pero ella… ella realmente me importa, me importa mucho.
- Hay una sola cosa en la que no has pensado monje.
- Que cosa Inuyasha??
- Que es lo que Sango quiere[MC1][MC1][MC1] – el monje bajo la
vista a su regazo y se quedo en silencio – Ahaaa ya me aburrí de estar aquí
(Inuyasha siempre tan cortés ¬¬;)
mejor voy con Kagome, solo espero no portarme raro.
- Y yo espero que si mi querido amigo – dijo el monje o una sonrisa
maliciosa.
- Fhe… monje pervertido.
El joven hanyou se alejo y el monje solo sonrió un segundo en
silencio, después de todo él no había hecho mención de nada pervertido (^_^). Una
vez solo el monje le dio vueltas a la frase de Inuyasha “¿que es lo que Sango
quiere?”
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“no me busco en todo el día… se que a estas alturas ya debe saber
que es lo que pasa y aún así no me ha
buscado”
Sango estaba acostada en el futon de su habitación, las sombras de
los árboles y la oscuridad de la
noche de luna nueva la rodeaban por completo, no había podido conciliar nada de
sueño solo pensando en lo que estaba a
punto de hacer, pero… estaba tan cansada de esperar, de verlo y ver que nada
cambiaba que todo seguía igual.
“Por que me sorprende si yo se que esto no le importa” Sango
estaba haciendo grandes esfuerzos por mantener su ki frió “por que él no
reacciona, por que no me dice nada, por que le he permitido jugar con mis
sentimientos… rayos Sango, por que eres tan estúpida como para enamorarte de un
hombre tan…. Por eso Sango por eso te esta pasando todo esto”
Con un suspiro de resignación decidió por fin hacer su último intento
por dormir, necesitaba descansar para el viaje de la mañana; se volteó de lado
en su futon y cerró los ojos, solo un segundo después todo su cuerpo se puso
alerta al escuchar algo. No se movió
pero el sonido de la puerta de su habitación correr fue inconfundible, solo un
segundo volvió a correr, la habían cerrado.
El joven monje entro a la habitación y vio a la Taiji ja en su
futon recostada de lado, él solo se sentó en el tatami un minuto viéndola
dormir.
Sango no se atrevió a voltear, el bastón y las argollas
tintinearon cuando el visitante se sentó cerca de ella, su corazón había
empezado a latir muy fuerte.
Él no dijo nada, tenía que despertarla si querían hablar con ella,
solo era ladearla, de costado y llamarla en voz alta, su mano se acerco a ella,
justo a su hombro
-- PLAT PLAT --
- ¡¡¡¡monje pervertido!!! – grito furiosa la chica.
- Sango yo solo quería despertarte – dijo sosteniendo sus dos mejillas
rojas como tomates
- Y acaso no se le ocurre un modo mas decente de despertarme, pudo
llamarme, voltearme, no me hubiera molestado pero no tenía que tocar mi trasero para hacerlo.
- Te juro que mi mano iba directa a tu hombro, es mi mano maldita
Sango no puedo evitarlo.
- Su mano, su mano…que es lo que quieres Miroku.
Fue que Miroku ya no tuvo más que agregar, todo lo que le iba a
decir salió por sus oídos como
sacudido por los fuertes golpes de la exterminadora. Sango solo lo miro de una
forma que parecía casi, suplicante.
- supe que el joven terrateniente takeda te envió un regalo… un
vestido de novia.
- Ehmmm, si así es.
- Y… ¿por que?
- Creo que el motivo es muy claro monje, él lo mando por que me
desea como esposa.
- Y… que harás con él…??
- Iré a la mansión de los Takeda, el joven Huranoske me ha esperado
mucho tiempo y no quiero que espere más.
- Entiendo… - dijo cabizbajo el monje (entiendes mis polainas monje estúpido) – puedo hacer algo para
detenerte.
- No su excelencia, es algo que definitivamente debo hacer – dijo
decidida la Taiji ja.
- Entiendo – el houshi la volteo a ver, se acerco suavemente y puso
un beso en su frente – te deseo mucha suerte.
- Su excelencia…
El monje salió de la habitación de nuevo solo dejando los sonidos
de la puerta corrediza al cerrarse, abrirse y cerrarse y el suave tintineo de
su báculo tras de si.
“por que al menos no lo intenta… excelencia” Sango miro la sombra
del monje desaparecer detrás de los paneles de papel arroz “creo que después de
todo es solo por que no quiere hacerlo” la Taiji ja se recostó de nuevo en el
futon, esperando que el sueño la atrapara y descansar, después de todo, para su
viaje necesitaría toda la energía que
pudiera acumular.
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- vamos Kirara – dijo Sango que con algo de esfuerzo había cargado el enorme baúl sobre el gato mágico –
seguro que no es mucho peso Kirara – dijo dudosa de subir a su lomo.
El gato en respuesta se
acerco a la Taiji ja y se froto contra
su falda gruñendo suavemente.
- esta bien Kirara.
- Mucha suerte One chan – dijo Kohaku alcanzándole una vianda de
comida para el viaje.
- Ve con cuidado Sango – dijo Kagome mientras Inuyasha solo veía
aparentando estar distraído detrás de ella – te esperamos en un par de días.
- Gracias Kagome no se preocupen por mí.
- No me haré cargo de tu aldea por mucho así que no te tardes.
- No lo haré Inuyasha.
- Hasta luego Sango, no te tardes – dijo le pequeño zorrito con un
cariñoso beso en su mejillas.
- Si Shipoou, no tardare.
Kagome pudo ver un poco
de dolor en la mirada de la exterminadora que al despedirse corrió su vista por
todo el patio buscando algo, mejor
dicho a alguien hasta que sus ojos se toparon directo con los suyos y solo le respondió con una triste sonrisa.
- hasta luego amigos, el gato despego los pies del piso y elevo el
vuelo. El monje la había visto partir escondido detrás de los paneles cerca de
ellos, una vez que el gato fue solo una marca invisible en el cielo, él entro
cabizbajo de regreso.
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Después de un viaje que les había tomado varias horas sobre el
lomo de Kirara, había sido algo cansado, nunca como su viaje eterno tras de
Naraku pero cansado al fin, estaban ya frente a las puertas de la mansión de
los Takeda, cuando uno de los guardias la vio bajar, corrió rápido adentro y
regreso con todo un convoy de guardias y sirvientes.
- Sango sama – uno de los sirvientes mayores se acerco – bienvenida,
el joven Takeda la ha estado esperando.
- Gracias.
Un par de los sirvientes cogieron el enorme baúl y lo llevaron
adentro, Sango camino entre ellos al patio principal del palacio donde el joven
terrateniente la estaba esperando.
- Sango bienvenida, me da tanto gusto que estés aquí.
- Gracias joven Huranoske – dijo haciendo una reverencia.
- Lleven a mi invitada a sus aposentos, que se bañe y cambie y descanse
un poco - dijo a los sirvientes y luego se dirigió a ella – he preparado una fiesta en tu honor querida Sango,
por favor, descansa y límpiate si así lo deseas,
será un honor tenerte en mi mesa esta noche.
Sango simplemente siguió a los sirvientes, no sabía como empezar a
decir a lo que había llegado, era tan complicado, una propia parte de ella
misma seguía peleando contra esa resolución, una parte de sí misma seguía maldiciéndose por tomar una decisión tan estúpida.
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La tarde empezaba a caer, el sol era en el horizonte solo un
semicírculo rojizo en medio de naranja, amarillo y lila, se había alejado de la
aldea cuando había empezado a comportarse como un león enjaulado y la señorita
Kagome no dejaba de mandarle miradas
frías, duras y asesinas.
“como podía yo detenerla,
que le podía decir para que se quedara ella me dijo que no podía, además
yo no tengo nada con lo cual poder competir contra ese terrateniente – miro con
melancolía su mano derecha – es mas tengo muchas mas desventajas”
- Ahuchh – un silbido seguido por un fuerte golpe en su nuca por un
pequeño objeto, volteo para ver caer al piso el hueso limpio de una ciruela –
pero que…
- Monje estúpido –
Inuyasha estaba frente a él en un brinco.
- Inuyasha??
- Cuando no te vi aquí supuse que ya estabas detrás de ella y sigues
aquí, que demonios estas pensando
- Pero yo…
- Te juro que si no vas por ella – dijo y dejo mostrar sus garras
afiladas – te destazare en un montón de pedacitos, por estúpido, esa hembra es
tuya y la vas a dejar ir.
- Pero…
- Aún no hemos terminado la pelea contra Naraku, lo vamos a matar
Miroku, muero primero antes de dejarlo con vida y ella es una gran guerrera la
necesitamos, después puede tener todos los hijos que quieras, sin la maldición
que tanto te preocupa pero si la dejas ir ahora la perderás para siempre, y yo
no te lo perdonare a ti – levanto al monje del piso dejándolo centímetros del
piso y luego solo lo dejo caer de forma brusca – lárgate de aquí y no te
atrevas a regresar sin ella.
Inuyasha le aventó una vianda que tenía fruta, comida y pan,
seguramente el venia a comer eso pero se lo dio, un segundo después Kagome
venía detrás algo alarmada por el ruido, el moje vio a su amigo cruzado de
brazos bajo su haori esperando.
- Gracias Inuyasha
- Largo monje.
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En el palacio de el terrateniente la música de pequeños tambores y
flautas sonaban en todo el salón,
todos reían y las mujeres danzaban, todo el ruido eran risas y alegría, todos
estaban muy contentos menos una sola persona.
Sango había permanecido callada, pensando en las palabras que
debía usar con ese hombre, acicalando a Kirara sin prestar atención
especialmente a nada.
- Sango que es lo que te pasa??
- Joven Huranoske, tengo algo muy importante que decirle.
- Que pasa??
- Pero no quiero hacerlo aquí, por favor, podríamos salir un
momento.
- Claro.
Ambos jóvenes salieron del gran salón al jardín en el puente donde
se veía el estanque, estaba oscuro, nubes negras de lluvia cubrían el cielo
- joven Huranoske, no hay un modo sencillo para decir esto, así que
simplemente lo diré – tomo una profunda
respiración la sostuvo 3 segundos y dijo – perdóneme pero no puedo casarme con
usted.
- Sango…
- Yo he prometido a otra persona pasar el resto de mi vida a su lado
y es una obligación de honor
- Oh… es alguien más rico que yo.
Sango levanto la vista que había mantenido agachada y lo miro molesta “me esta diciendo
interesada”
- joven Huranoske, nunca se ha tratado de bienes materiales, él es…
solo un viajero que vale mucho más
que lo que cualquier persona vale para mi, es el tipo de persona que daría la
vida por ti, lo hizo más de una vez, nunca me dejo sola – Sango miro esa triste
mirada en el terrateniente y volvió a bajar la vista – lo siento, no quise
decirlo de esta forma.
- Por que viniste aquí, no debería haber venido el contigo.
- No, yo decidí venir sola, solo vine a devolverle su presente, no
podía aceptarlo y no quería hacerle perder más
su tiempo, solo vine a decirle eso y… creo que debo irme.
- No te preocupes, puedes pasar aquí la noche si quieres, parece que
lloverá pronto, mañana temprano puedes irte.
- Gracias.
- Sango – dijo y ella subió su mirada a sus ojos, más tranquilos,
resignados – es el monje.
- Joven Huranoske…
- Creo que fue muy obvio, esa mirada que ustedes dos tenían aquella vez… se veían sumamente enamorados.
- … - Sango se sonrojo profundamente “somos así de obvios”- si,
joven Huranoske, es él.
- Sango – dijo tomándola de los brazos – esta bien, no te preocupes,
desde ese momento lo sabía solo quería guardar una esperanza.
- Gracias, joven Huranoske.
- Sango, hazme un último
favor.
- Dígame cual??
- Llévate el vestido, a mi no me sirve de nada y fue hecho
únicamente para ti.
- Pero yo no puedo…
- Puedes, se que llegara el día en que puedas usarlo, úsalo por favor.
- Gracias.
- Anda vamos, esa fiesta tiene que valer la pena.
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A la mañana siguiente el cielo estaba limpio y hermoso, la lluvia
de la noche anterior lo había dejado todo limpio y fresco, los criados y el
joven terrateniente se despedían de la Taiji ja en la entrada principal.
- segura que no quieres que te lleve en un carruaje hasta tu aldea??
- No joven Huranoske, ha sido muy amable y no deseo abusar de ello,
gracias por todo.
- Gracias a ti, al menos debo darte las gracias por toda tu
sinceridad
- Se que muy pronto encontrará
a una doncella en la que pueda confiar.
- Gracias – dijo y le extendió un envoltorio de tela de terciopelo
adentro venia la blanca seda del vestido de novia – promete que vas a usarlo.
- Joven Huranoske…
- Por favor.
- Si, lo prometo, si el monje
un día se decide- dijo con una sonrisa de circunstancias – debo irme – Kirara
brinco sobre su hombro mientras se despedía con una reverencia.
- Mucha suerte.
Sango solo sonrió tranquilamente y camino hacia el bosque cuando
las puertas del palacio se cerraban y los últimos ojos que miraron su caminar
fueron los de guardias de la misma.
“habré tomado la decisión correcta??” la exterminadora no podía
evitar dejar vagar esa idea en su cabeza, la pequeña bruja verde de la duda le recriminaba por haber dejado a
un joven apuesto, rico y amable por un monje mujeriego, traidor y perver…
- Su excelencia… - dijo en voz alta Sango y corrió hasta él.
Miroku estaba sentado en las raíces de un árbol, se veía mal y
cansado, mojado y con una expresión indescifrable en su rostro.
- su excelencia – se arrodillo junto a él – que hace aquí – lo toco
en la frente, ardía en fiebre – que le paso esta ardiendo, lo ha mordido algún
monstruo.
- La lluvia…Sango – el monje tomo su rostro entre sus manos, su
calor apenas competía con el suyo. – eres tu??
- Su excelencia que esta haciendo aquí??
- Vine a detenerte, vine por ti Sango, no quiero que te cases con
ese terrateniente, se que yo no tengo nada que ofrecerte, mas que una horrible
maldición que te hará sufrir a ti y a nuestros hijos, pero no quiero que estés
lejos de mi Sango, yo quiero que seas tú la persona que siempre este a mi lado
– Miroku solo cayo en las piernas de
Sango casi inconcientemente – perdóname yo se que soy un egoísta, se que te
mereces una vida mucho más feliz que la que yo te ofrezco, eres una gran mujer
pero esto es lo que siento, yo te quiero conmigo.
- Miroku – Sango estaba casi llorando y abrazo su cabeza entre sus
piernas – es usted un tonto, yo desde un principio he sabido todo eso.
- Pero viniste aquí…
- Monje usted a parte de pervertido es estúpido – dijo burlándose de
él – vine a devolverle el vestido al joven Huranoske y decirle que no podía
casarme con él, por que otra persona que quiero me lo había pedido y no podía
defraudarla.
- Sango…
- Se que un día… algún día lograremos destruir al maldito de Naraku
y entonces no deberemos preocuparnos más por esa maldición, yo no necesito nada
más que… a usted. Tengo todo lo que siempre he querido, la aldea crece, mi
hermano Kohaku esta vivo y conmigo, lo único que yo quiero de usted es su
cariño – dijo acunando su cabeza cerca de la de ella levantándolo del piso y
mostró una sonrisa aún más amplia al
decir lo siguiente – y que deje usted de
ser un pervertido – Miroku se sonrojo otro poco, Sango no sabía si su rubor
era solo por la fiebre – al menos no con todas las mujeres – dijo y Miroku dejo
salir su sonrisa maliciosa estirando su labios – y si sigue igual con todas
monje le juro que lo atizare tan fuerte en la cabeza que olvidara todas las
formulas de su pergaminos y lo echare de mi aldea.
- Pero Sango…
- Se lo juro excelencia – dijo poniendo un dedo en sus labios.
“acepto” quizá es lo que hubiese respondido con palabras pero
prefirió quitar el dedo de sus labios y subió su rostro hasta ella y cerro el
trato con un dulce y suave beso en los labios.
Su rostro se sentía caliente junto al de ella, no se asusto cuando
el corrió sus brazos alrededor y sus manos se posaron en su espalda,
acercándola y corriendo hacia abajo “no lo arruines monje” pero no lo hizo, sus
manos formaron una cadena en su cintura, quizás él lo sabía, ese gesto logro que ella ahondara el beso por varios
minutos mas.
- debemos irnos – dijo ella cuando lograron romper el beso y se
quedaron abrazados, ella aún sentía
la temperatura elevada del monje, río al pensar si seguía siendo solo por que
se había quedado en la lluvia – debemos bajar su temperatura.
- esta bien Sango.
Ambos jóvenes se levantaron, Kirara, sin ningún tipo de orden se
transformo en el enorme gato mágico y ambos subieron a su espalda en un par de
horas llegaron juntos a la aldea en medio de la alegría de todos sus amigos,
todo volvió a ser como antes… bueno casi.
Naraku seguía fastidiando muy de vez en cuando enviando a sus monstruos para atacarlos en busca de
un plan para quitarles la perla, Kikyou seguía por allí causando uno que otro
problema entre el joven hanyou y la Miko venida del futuro mientras el houshi y
la Taiji ja… bueno digamos que el houshi era muy de vez en cuando atizado por
un enorme boomerang en la cabeza, no lo suficientemente duro como para olvidar
sus formulas pero si para no andar de coqueto más de lo debido.
Digamos que la vida de algunas personas es como la energía… solo
se transforma.
Fin.
16 de marzo de 2005
1:31 p.m.