Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la
genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi
v_v….aclarado esto aquí vamos
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Capitulo 5:
Soltarse 2ª parte
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-
Bueno creo que lo mejor es
que vaya a ayudar a Inuyasha a buscar la gallina, volvemos después.
-
O quizás no.
-
Calle usted monje pervertido.
-
Oh calma Sango solo bromeo.
-
Nos vemos después.
Kagome olfateo el aire, no estaba muy lejos podía encontrarlo
pronto.
Sango se quedo allí ahora sola con el monje sentado frente a la
hoguera, solo Kirara que dormía tranquilo en el canasto de la bicicleta de
Kagome. “soltarme… como puedo hacer eso”
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Sango solo vio a su amiga
perderse entre la espesura del bosque, las llamas cincelaban solo su contorno y
después de un par de segundos se perdió en la negrura de la noche, después solo
fue el silencio, vio a su pequeño gato dormir tranquilo en la canasta de la
bicicleta de Kagome, tan calmado que parecía estar casi drogado inconciente del
tintineo de las argollas del arma que el joven monje limpiaba sentado cerca del
fuego examinando el filo del arma.
Ella se sentó del otro lado
de la fogata para poner un leño más al fuego y atizarlo para que no se apagara
en la noche, las palabras que Kagome le dijera solo hacia un minuto aun daban
vueltas en su cabeza.
------------------------------------End
Flash Back ------------------------------------
…yo creo que si tu lo dejaras acercarse el podría hacerlo, a
veces, dice Inuyasha, yo en realidad no lo he visto, que cuando todos duermen,
se levanta y se sienta a tu lado y te mira, podría bien tocarte mientras
duermes con cuidado y no despertarte… siempre he pensado que el monje Miroku
siente algo verdadero por ti, no te trata como a todas las demás mujeres, con
ellas no pierde la oportunidad de toquetearlas y…contigo a cambiado...
------------------------------------End
Flash Back ------------------------------------
-
¿no te desconciertan ellos un poco?
-
Ahaaa – dijo ante la interrupción abrupta en sus pensamientos.
-
¿Que si ellos no te desconciertan un poco? – repitió el monje con
paciencia mientras un leño en la fogata crujía.
-
Si, en realidad un poco. – dijo mirando las llamas amarillas y
rojas frente a ella.
Miroku soltó su arma y se
sentó cerca de ella junto al fuego, ella lo miro moverse algo nerviosa.
-
en Inuyasha no me es tan extraño, el solo es algo más
temperamental que lo que solía ser pero la señorita Kagome, ella si que se ve
muy distinta, aun me cuesta trabajo verla así, nunca admitiré esto delante de
Inuyasha pero ella luce tan… sensual así.
-
Más le vale que ninguno de los dos lo escuche o le ira muy mal
monje Miroku.
-
Y nunca lo haré, solo es inevitable notarlo, además estoy seguro
de que ha cambiado en muchas más maneras – dijo con un tono evidentemente
malicioso que no era tan fácilmente detectable.
-
Si, lo se, ella no solo luce si no en realidad se comporta muy
diferente, hay algunas cosas que dice que no las hubiese dicho antes nunca…
bueno quizás no al menos de la forma en las que las ha dicho.
-
¿Como que cosas Sango? – dijo el joven monje mirándola a los ojos,
las llamas regalaban un tono casi ámbar a su mirada, la taijiya agacho la
mirada nerviosa.
-
Oh solo cosas… - dijo nerviosa – cosas de… mujeres.
-
Oh…. – dijo mirando por
debajo de su cabello su sonrojo evidente – aun así es un poco
desconcertante, se que todo el tiempo sabíamos que terminarían juntos pero
nunca imagine que esto seria así.
-
Si es algo extraño, pero es bueno no lo crees, es decir poder
tener a alguien con quien compartir estas cosas – dijo tornándose algo roja y
sin reparar demasiado en lo que decía.
-
¿Que cosas?
-
Ahaaa – dijo sonrojada de nuevo mirando a la cara al joven monje
-
Si, ¿que cosas? – dijo tratando de sonar inocente.
-
Bueno… tu sabes… el… el compartir cosas, protegerse, cuidarse.
-
Pero todo eso ya lo hacían antes, eso lo hacen también los amigos.
-
Bueno si, pero es distinto, ahora también pensaran en… bueno en
estar juntos y cosas como… Como…
-
¿Como?
-
Como… tener familia y… y… esas cosas.
El monje ya estaba bastante
cerca, por la tonalidad que iba tomando la platica, ya sabía lo que venia, no
se equivoco, pronto sintió primero la mano de él en la espalda y trato de
mantenerse quieta, la sintió resbalar hacia abajo con discreción, trato de no
mirarlo, de no hacerle saber que lo estaba permitiendo, la mano se detuvo justo
bajo su cintura y allí se quedo, ella se quedo quieta y completamente callada.
El joven monje permitió su
mano posarse el tiempo necesario solo para que valiera la pena la tremenda
cachetada que se ganaría por su usual atrevimiento, pero no, nada vino, la miro
ella estaba volteando hacia otro lado, eso significaba que quizás…
Un nudo se formo en la boca
de su estomago cuando sintió la mano detrás de ella correr más abajo y más
adentro.
-
no, no puedo, no puedo - dijo levantándose exaltada
y echando a correr.
-
Sango… - el joven monje reacciono solo cuando ella estaba ya
perdiéndose entre los árboles – no, espera.
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-
le habré dado el mejor consejo a Sango…
Kagome iba caminado distraído
por en medio del bosque, había perdido el rastro de Inuyasha apenas y había
entrado cerca del rió, el olor de agua había embotado su nariz, debía
preguntarle a Inuyasha como podía concentrarse en un solo aroma a pesar de que
otro fuera más fuerte, aun no podía controlar sus nuevas habilidades, no podía
subirse en un árbol sin caer después de tres saltos, lo envidiaba terriblemente
él ya dominaba eso por completo, pero eso era normal por supuesto, él había
sido un hanyou toda su vida y ella solo tenía que, ¿tres días?
Un bulto rojo calló justo
enfrente de ella, ella en seguida se puso en retaguardia, se puso en 4 y gruño
mientras enterraba las garras en la tierra, un tinte casi rojo rodeo los orbes
marrones dorados de sus ojos. Cuando vio quien era el bulto se levanto aun más
molesta.
-
OSUWARI.
- - PLOP - -
-
Kagome
-
Ghess Inuyasha me has asustado horrible por que haces eso.
-
Fhee yo no tengo la culpa que estés platicando contigo misma como
una loca.
-
Oye…
-
Cual fue el consejo que le has dado a Sango...
-
Oh es… cosa de mujeres… -
dijo algo sonrojada – hem, ¿encontraste la gallina?
-
Ahí una aldea un poco retirada y allí había pero, no, no fui por
ella, las gallinas criadas no suelen ser tan sabrosas.
-
Ya veo.
-
Volvemos al campamento, estoy algo cansado – dijo tratando de
sonar inocente poniendo una mano tras su nuca.
-
Hem ¿crees que podamos buscar otro lugar para dormir hoy?
-
¿Por que?
-
Es solo que… bueno Sango y Miroku… ellos…
-
Mmmmmmmm – Inuyasha la miro esperando la respuesta completa –
dime.
-
Bueno creo que necesitan un poco de intimidad. – dijo acercándose
a él, con coquetería, y dijo con ojitos de cachorrito – por favor.
-
Que podría negarte yo a ti Kagome.
Ella sonrió contenta mientras
un beso era robado de sus labios, subiendo y subiendo un poco más de
intensidad, los mansos suspiros empezaron a subir a su garganta.
-
algo me dice que esta noche no dormiremos bien tampoco. – dijo
relamiéndose los labios bebiendo del sabor que Kagome dejaba en ellos.
Ella solo rió ante los
comentarios maliciosos que él solía hacer sin darse cuenta.
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La exterminadora había
quedado oculta detrás de un árbol temblando de pies a cabeza, que estaría
pensando él de ella, que era una mujerzuela que se había dejado tocar así, o
que era solo una niña por salir huyendo de ese modo, pero le dio tanto miedo,
de pronto había sentido una molestia en la columna que se supone que
significaba eso. Oyó pasos cerca de ella y atornillo los ojos fuertemente, como
si quisiera poder hacerse invisible si cerraba los ojos.
-
Sango…
Él no tuvo más opción que
abrir los ojos y verlo, la luna en cuarto menguante alumbraba lo suficiente
para poder ver los rasgos del monje, los confundidos rasgos del monje.
-
lo siento – fue lo primero que él atino a decirle a la chica en el
árbol.
-
No… no lo sienta, soy yo quien lo siente.
La chica se quedo mirando el
piso delante de sus pies, hasta que fue remplazado por las puntas de la sotana
de monje morada casi negra en la oscuridad. Subió la mirada tímidamente, el
joven allí la miraba con paz, sus ojos azules tenía un brillo que ella no pudo
menos que describir de hermoso, la forma en que la miraba como si pudiera ver
detrás de ellos, tenía que decirle tantas cosas, Quería decirle tantas cosas,
que tenía miedo, que no sabía exactamente que estaba haciendo, que no sabía que
era lo que él estaba pensando justo de ella, que tenía tantas dudas y al mismo
tiempo tantos… deseos.
El cuerpo entero le temblaba,
las manos, las piernas parecia que se le iban a doblar, los mismos labios
temblaban al tener tantas palabras encerradas en la boca.
Sin previo aviso sintió los
labios suaves de él sobre los suyos, eran tan, tan suaves, tan tersos, tan
dulces, cerro los ojos y sintió, era tan dulce, tan tremendamente dulce, el
apenas se movía en sus labios, sintió su corazón correr muy rápido cuando el
puso una mano sobre su espalda, la molestia, no, la sensación que había corrido
hacia un minuto su columna se repitió, era como una premonición, como una
prevención de algo…
La soltó mientras ella
mantuvo los ojos cerrados, sintió su respiración más rápida y trato de
modularla poco a poco.
-
sigue dándote miedo – dijo él como si le hubiera leído el
pensamiento.
Ella lo volteo a ver
sorprendida ante sus palabras.
-
tu sabes lo que yo he aprendido – dijo mientras la seguía
sosteniendo de la cintura – durante meses he estado conectándome contigo,
esperando este momento, en el que tu estuvieras lista, desde hace mucho.
Cuando nos enamoramos, pensamos sólo en el otro, todo lo hacemos
en función de él y su conciencia es dueña de nuestros actos.
-
Como… - Sango lo miro confundida.
-
Desde hace días pude sentir en ti la inseguridad de una nueva
sensación, de las dudas que asaltaban tu corazón, no se como explicarlo pero
solo lo sabía Sango. – la siguió sosteniendo y empezó a acariciar su mejilla,
de pronto ella se sentía tan mansa como un pequeño gato. – tu sabes esto
verdad, el complemento del uno y el otro, tu eres la mitad que a mi me hacia
falta, lo supe desde el momento en que te vi y yo lo soy de ti yo se que tu lo
sientes.
-
Como lo sabe…
-
Nunca te has preguntado por que soy un monje budista, claro esta
que no he mantenido la mayoría de las tradiciones – dijo de pronto hasta
sonrojado – pero el conocimiento lo llevo en mi alma y en mi corazón, sabía que
te encontraría, sabía que estarías allí un día y ahora, estas lista.
-
¿Lista…? – como esperar que él le respondiera una pregunta de la
que ella ya sabía la respuesta.
Ella sabia de la relación
mente alma que algunos iluminados y santos tenían, algunas de las personas que
seguían las enseñanzas del gran buda… pero él este monje pervertido y atrevido
que nunca había parecido saber siquiera que existía algo más que lo que había
bajo la falda de una mujer podría saber algo tan bello como eso?
Y de pronto las preguntas
tenían respuesta la profunda y seductora mirada del joven monje en sus ojos y
su sonrisa no sardónica, no perversa si no paciente y apacible esperando una
respuesta a la pregunta antes hecha…¿lista? ¿Estaba lista?
La mano de él posada detrás
de su espalda corrió de nuevo hacia abajo, jugando con su astucia frotando
suavemente bajo su cintura, lo escucho susurrar “SVADHISTHANA” y de pronto la iluminación llego, <chakras>
casi pudo pronunciar cuando una sensación calida y excitante la recorrió desde
ese punto de su cuerpo, la búsqueda de la estimulación de este punto energético
y sensual en su cuerpo, acaso era lo que el había buscado siempre en alguna
mujer… quizás… ella poco a poco había descubierto que él nunca iba a ciegas a
ningún lugar.
-
estoy lista…
No sabia si realmente lo
estaba solo sabia que quería estarlo, lista para poder descubrir, para poder
sentir algo que parecía infinitamente tan hermoso, si podía llegar a tener la
mitad de la felicidad que Kagome reflejaba en sus ojos seria feliz, y sabia muy
dentro de si misma que él lo lograría, que esa intensa mirada azul que a veces
parecía poder atravesarla y a veces si observaba con calma reflejaba su alma,
un alma que cuando la miraba parecía casi poder reclamarle algo.
Cerró sus ojos y en ese
simple gesto se rindió.
Nota: Ok aquí va el motivo
por el cual me he tardado más de lo debido con esta continuación, cuando pensé
en el lemon de Sango y Miroku me vino a la mente un encuentro sexual de lo más
exótico, algunas de las filosofías budistas me parecen de verdad sorprendentes
y una de las que más me ha atraído ha sido la filosofía del Tantra, lo
reconozco no lo he estudiado a fondo y con la conciencia de lo que implica
poder practicarla pero lo que he aprendido es lo que voy a exponer, los que
conozcan la filosofía no me juzguen tan duramente y los que no disfrútenlo y abran
su mente a la curiosidad, bueno aquí vamos.
La experiencia sexual, mucho más que una satisfacción que
involucra al cuerpo es una satisfacción que llena el espíritu que inunda el
corazón y regocija el alma, te conviertes en el centro del deseo, el amor y la
adoración de tu amante, convirtiéndose el en lo mismo… amante… el amante es en
el sentido más amplio la fuente de su placer, deseo y amor así como el
receptor, el recipiente de tu propio deseo y amor, por quien te esfuerzas, por
quien deseas ser bello, pleno y al mismo tiempo percibes como el ser más
hermoso y grande en el mundo.
Cuando logras llegar a este punto de la complementación más que de
amantes, de pareja, de alma gemela la experiencia sexual rebasa lo que es este
termino, se convierte en una experiencia espiritual, casi religiosa[MC1].
-
sango… ven conmigo.
Había seguridad en esa mano y
de esa sensación no se quiso desprender, él sabía lo que hacia, él sabía aun
sin decírselo todo lo que ese momento
significaba para ella, estaba nerviosa y al mismo tiempo ansiosa, era una
experiencia tan nueva y tan profundamente desconocida, no sabía a donde la
conducía, a donde podía llevarla para mantenerla oculta o para estar cómodos,
todo en su cabeza eran dudas y más dudas, pero no lo soltó se aferro a la
seguridad de esa mano sin querer dar marcha atrás.
No había ningún lugar
especial, solo un árbol grande unas raíces cómodas bajo ella, nada estaba
fríamente planeado, un momento antes de llegar imagino que la llevaría a una
cabaña solo para ellos, a algún lugar como una cueva donde estaría dispuesto un
lecho, algo, solo algo que le hiciera saber que esto estaba planeado, pero no,
no había nada y eso solo reforzaba su decisión.
-
yo también estoy nervioso Sango, mucho muy nervioso, pero también
he estado ansiando este momento por mucho tiempo - dijo metiendo la mano por
debajo de la tela del hombro de su kimono bajándolo con el dorso dejando el
hombro desnudo – pero no tengas miedo nada malo pasara, lo prometo
-
te creo – respondió ella tímidamente.
Tu compañero se vuelve como
un dios encarnado al que se le adora y se le ama como lo que significa…un dios. Y una vez que se produzca
el encuentro sexual, la actitud ideal es la de la adoración. Tanto la mujer
como el hombre se deben adorar mutuamente como dioses que son. Esto es
fundamental, para que la liberación y el despertar de la conciencia sobrevengan
en el momento del clímax.
-
tu piel es tan suave, tan tersa Sango - dijo mientras resbalaba
primero la mano derecha por su brazo regresando su camino rodeando la
superficie superior de su seno – es tan bella tu piel, parece la textura de un
melocotón maduro.
Que decir, como contestar
ante tan dulce y halagador comentario, tratar de pensar algo coherente en medio
de las sensaciones que en su piel se formaban, la tela lisa que hacia el parche
de su mano derecha, las perlas agregando un segundo aliciente, resbalando lisas
y frías por su piel desnuda, y un tercer, nunca antes percibido hasta ahora, la
suave succión que ejercía el kazzana sobre su piel.
-
y tan calida – decía mientras su mano seguía en el mismo lugar,
jugando con la intensidad de la caricia de menos a más, cada minuto, racionando
un poco a cada paso, mirando su rostro para poder percibirla, - tan firme como
montañas e igual de hermosas.
¿Que se supone que debía
sentir?, ¿era esto?, como la prenda superior callo de la mitad de su cuerpo y
quedo descubierto, caliente por la insistente mirada que la roía y fría por el
aire a su alrededor, la sensación excitante de saberse deseada, admirada…
adorada por la mirada que le evitaba por pudor abrir los ojos y contemplarlo
también aunque lo deseara.
-
Eres tan bella, todo de ti es tan hermoso, tan sublime –la mano
fue resbalando por toda su piel, dejo caer de sus pechos duros al centro de su
pecho resbalándola por el estomago liso y plano, a su vientre solo un poco más
abultado y con un tono rojizo, - toda tu has sido toda tu vida una tentación
andante, un pecado hecho carne para quien pudiera conseguirte – los susurros en
sus oídos, el suave aliento moviendo una cinta de cabello – aun no puedo creer
que haya sido yo, solo yo este maldito que ha conseguido semejante milagro.
-
Miroku yo…
-
… - el monje hizo contacto con el vello rizado en medio de las
piernas y acaricio con delicadeza, con apenas tacto, la exterminadora solo
cerro los ojos más fuerte atornillándolos y se mordió los labios – eres un ser
bendito lleno de texturas, el suave tacto de tu cuerpo solo podía cultivar a la
espereza de este bosque, crespo y delicado al mismo tiempo – no sostuvo su
caricia mucho tempo allí para poder soltar la cinta que sostenía la parte de
abajo del kimono y posarla sobre sus piernas – y tus pilares, fuertes,
resistentes, toda tu eres una bella bendición hecha mujer Sango[MC2].
Ella había soltado un manso
gemido cuando el había posado su mano allí, en medio de sus piernas, quiso por
un momento huir, era tan rápido para eso, tenía miedo y entonces la pieza que
sostenía su cintura se había desatado dejándola libre de la restricción, y el
había continuado la caricia en sus piernas, recorriéndolas con calma, dejando
esa ligera succión funcionar sobre su sensibilidad, los susurros locos en sus
oídos, la llenaban de un descarado deleite, se sentía tan bella en ese momento,
tan ideal, la más bella que cualquier mujer. Dejo avanzar sus propias manos que
se habían mantenido quietas todo el tiempo posándola delicadamente en su
cuello, sintió como su cabello se paraba en puntas por la repentina caricia y
sonrió para si mientas él hablaba de la forma en que su solo tacto era la
felicidad para él.
-
tu… tu también eres hermoso – dijo completamente tímida.
-
Jamás podría compararme contigo.
-
Podrías… si me dejaras sentirte – dijo sin más no queriendo
pensarlo, no queriendo razonar sobre ello y aun con los ojos cerrados sin saber
que más decir.
La mano que recorría sus
piernas se separo de su cuerpo por un minuto que le pareció demasiado largo, y
se separo un poco de ella por un momento se sintió sola, y después la mano que
la sostenía tomo a la suya propia y la llevo, el pecho de él, su corazón latía
tan rápido, tan nervioso, su pecho se llenaba de aire hasta el tope y luego
bajaba, se atrevió a entreabrir los ojos para verlo y lo encontró con los ojos
cerrados, con una sonrisa tímida hasta cierto punto y sin dejar de respirar.
-
yo… no se como…
-
solo déjate llevar
Diciendo esto último se
acerco a ella y la beso, calmada, suave y tiernamente, dejando posar más su
aliento que su piel sobre sus labios.
-
es lo mismo que estoy haciendo yo – suspiro emocionado en sus
labios húmedos – deja salir todo lo que tu corazón esta diciendo, déjate amar y
ama para que tus sentidos se conecten, se feliz.
-
Quiero ser feliz – dijo antes de ella misma atraerlo en un beso
calido y reclinaba sobre su pecho desnudo.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
El Dios y
-
¿estás cómoda verdad?
-
De verdad quieres saberlo – dijo la chica con una sonrisa coqueta.
-
Naaaa, ya lo se. – dijo con la misma sonrisa divertida
acomodándose mejor en la rama amarrándose de los más cerca para no perder el
equilibrio y de…
-
Jaja jaja – explotó la chica en una divertida risa cuando las
garras de su captor pasaban por su estomago.
Inuyasha y Kagome estaban
subidos en un alto árbol, ella estaba sorprendida y contenta al mismo tiempo de
poder mantener el equilibrio en el árbol, al subir había notado como había sido
inusitadamente fácil, a si misma se dijo que si lo intentara de día seguro no
hubiera sido tan simple y ahora estaba acomodada suavemente sobre el fuerte
pecho de un mitad demonio que la tenía encerrada en un abrazo cariñoso mientras
escuchaban a la noche, a las cigarras llamando a la lluvia, al aullido de los
árboles en lo alto por el aire, incluso lejos de ellos como un pez inquieto
saltaba en el agua y en una cueva cercana algún grupo de gatos dormía, el suave
ronroneo de los cachorros se perdía en el aire.
Cachorros…
¿Había dicho cachorros? No,
ella no tendría cachorros ella tenía bebes… ¿Cierto?
-
Basta - explotaba en risas la chica cuando él paseaba sus garras
en su estomago de forma traviesa – Inuyasha.
-
¿Que? –decía él de la forma más inocente
-
Deja de hacer eso.
-
¿Por que?
-
Por que me haces cosquillas.
-
Bueno, prefiero escuchar eso que los suspiros de esa pareja allá
abajo.
-
¿Que? – dijo sorprendida Kagome, ¿él podía escucharlos?
-
¿No los escuchas tú?
-
No.
-
Bueno si volteas al este, te llegara el sonido.
-
Eso es muy vouyerista de tu parte Inuyasha. – dijo la chica en un
semi regaño
-
Muy vou… voye… muy ¿que?
-
Olvídalo – dijo logrando voltear sobre su cuerpo y sentándose en
su regazo y dejando sus piernas colgar del árbol aun sentada sobre él – de ese
modo quiero toda tu atención en mí. – dijo en un tono muy seductor.
-
Kagome… – dijo mientras se veía sometido en un ansioso beso –
crees que podamos hacer un poco más de escándalo.
-
Déjamelo a mí.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
El preámbulo o juego previo es básico en lograr la sensación de
rito que alimentará el romance en la pareja. La meta es elevar la fuerza vital
interior hasta un punto febril para aumentar la consciencia y la percepción.
Cada caricia y cada avance
eran una tortura y una delicia, él estaba haciendo crecer el deseo hasta un
lugar insospechado, solo con la suave caricia de sus manos con las incontables
cosas dulces que decía a sus oídos, sus dudas se habían disparado al contacto
con sus dedos que había recorrido toda su figura ahora desnuda, recostada entre
sus ropas y la larga túnica el monje que se encontraba en la misma situación
que ella, sus cuerpos desnudos compartiendo el calor entre ellos, acariciándose
cada vez que se acercaban, muslos con muslos en cada acercamiento, un pecho
contra un busto cada vez que se acercaban más para compartir calor,
obstaculizar el aire frió de la noche con el calor de sus cuerpos, de sus almas
que chispeaban una contra la otra.
El placer del deseo no cabe
solo en la dimensión de satisfacer tus propias necesidades, si no de cumplir
también las de tu pareja, llevarla al limite una y otra vez, sin la
desesperación del cuerpo por descargar la necesidad que produce la pasión si no
gozando del jubilo del alma compenetrada una con la otra, aguantar el deseo y
la sensaciones y recogerlas para volver a desatarlas tanto como el cuerpo lo
desee.
Toda la piel le estaba
quemando, sentía la suave succión, de la kazzana recorriéndole toda la piel,
lejos de lo que pensaba era caliente, la suave succión que ejercía era
caliente, los besos húmedos que depositaba en su cuello competían con la
calidez que ejercía en todo su cuerpo, dejándolo depositado con inusitada
suavidad entre sus piernas, mientras seguía susurrando locuras en sus oídos,
llenando no solo de calidez su cuerpo si no también su corazón, su alma,
desembocando solo con apasionados besos en sus labios, hambrientos, desesperados,
llevándola al limite, dejándola deseando que hiciera más, que siguiera.
-
Miroku – suspiraba cuando la elevaba muy alto, y quería que
siguiera, pero el parecía poder leerla y paraba, la besaba y calmaba su
espíritu.
-
Tranquila mi preciosa diosa, - besaba con suavidad sus hombros, el
mismo se veía alterado en soportar
-
Ya no lo soporto Miroku por favor deja de torturarme.
-
No te estoy torturando mi princesa, quiero enseñarte, quiero
mostrarte cuan bello es este momento, cual completo debe sentirse tu cuerpo,
cuan perfecto debe ser todo.
La mantuvo así, en la cúspide
con caricias, con besos con palabras, por momentos que parecían eternos, a cada
instante ella iba adquiriendo más soltura, atreviéndose a más, acariciando al
mismo tiempo su cuerpo sintiendo la suavidad de su piel, lo crespo de su
cabello en su cuello, como parecía suspirar profundo y calidamente sobre su
cuello cada vez que ella lo tocaba, como su cuerpo subía por tiempos de
temperatura como ella, como lo sentía de pronto empujar con ansiedad y contenerse,
no podía describir exactamente que sentía pero disfrutaba de esa entrega
pausada, que iba y venia como una marea, lo sentía vibrar sobre de ella.
Lo sabía, los había sentido
siempre, cada vez que podía tocarla, sentía su alma vibrar solo por la emoción
de poder tocarla y ahora, que estaba tan dispuesta, con sus ojos cerrados
dejando su calor exudar por su cuerpo, seria acaso un llamado similar el que
había sentido Inuyasha, Sango tenía un aroma, tan fuerte que le llenaba los
sentidos, era difícil poder controlarse, quería dejar volar en el viento todas
las enseñanzas y toda la sabiduría que mostraba los maravillosos libros que
había leído en su entrenamiento al sentir llenarle los sentidos ese aroma dulce
y salado al mismo tiempo despidiendo de su sudor y sus fluidos que se
acumulaban entre sus piernas, como una flor exótica y hermosa, presentándose
tan llena de vida delante de él, pero quería mostrarle, quería que disfrutara
esa primera vez como si no hubiera mañana aunque desde ese momento sabía que no
podría abandonar a su cuerpo de esa sensación, que necesitaría repetir esa
sensación tanto como su vida durara.
-
por favor… por favor.
Empezó a repetir ella,
mientras el calor entre sus piernas se hacia más intenso, mientras él recorría
con sus manos, sentía sus manos subir entre sus piernas y alejarse cuando ella
necesitaba más.
Era el momento no más espera,
no más apaciguar el deseo, era tiempo para concluirlo.
-
solo relájate – dijo conectando dulces besos en sus mejillas, y
dejaba resbalar sus manos por su vientre y acariciaba su monte de Venus – solo
cierra los ojos y no te asustes, lo que sientes es normal, es maravilloso, es
sagrado.
Ella se estremecía solo por
la conciencia de que algo muy grande iba a venir. Respiro profundo, cuando sintió
las manos de él perderse en su entrepierna y acariciar suavemente sus dedos
resbalaban entre sus propios fluidos acariciando suavemente en un punto que
enviaban punzadas calientes y fuertes por todo su cuerpo, casi dolorosos, se
arqueaba lo más posible sobre la tierra
entre las ropas de los dos agitada, tensa, excitada, debía sentirse así
¿verdad?, podía sentirse así, algo que te atravesaba el cuerpo y hacia brincar
todo su cuerpo, algo tan confuso, angustiante,
y al mismo tiempo tan hermoso, sentirse llenada por otra persona.
Él podía sentirla debajo de
él tratando de escapar casi de la sensación, que le proporcionaba la simple
caricia, llevo sus dedos más atrás y la llenó, sintió como todo su cuerpo se
tensaba en ese momento, como el final en ella estaba tan cerca y paro.
-
No – dijo casi con frustración ella.
-
Tranquila mi diosa, aun no hemos terminado – dijo de nuevo
calmándola con dulces besos y la tomo de la cintura, su cuerpo estaba tan
liviano, tan ligero, tan suelto que en un solo movimiento le permitió dejarla
encima de él,
Ella se sonrojo en cuanto
noto la extraña posición que la dejaba en completo contacto con su cuerpo, lo
miro confusa y asustada, la sonrisa confiada de él la hizo sonrojar aun más.
-
Esto no es… - “normal” fue lo que salto a su mente
-
todo es distinto conmigo Sango, no te asustes. – acaricio sus
caderas suavemente – ve a tu ritmo, disfruta, no te tenses Sango, solo piensa
en disfrutar de este momento tanto como tu cuerpo y tu alma te lo permita.
-
Miroku…
-
Shhhh – la silencio con un dulce beso en los labios – no lo pienses sango, no te asustes – dijo
mientras el miembro tenso rozaba con el calor de ella y la oyó tomar un fuerte
suspiro - comparte – dijo mientras se
movía suavemente sobre ella y ella se arqueo de nuevo – no temas ser apasionada
– dijo mientras se movía con mayor fuerza – solo siente, ver tu placer, ver tu
amor resbalar por tu gloriosa piel será el mejor y más grande gozo para mi no
pienses en mi, saber que es placentero, para mi, es más grande que el te esfuerces.
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Inuyasha seguía hundido en
los besos dulces de su hembra, pero había escuchado, quizás tenía razón Kagome
y el era un vou… voye… voya… a joder, lo que fuera pero eso que había dicho el
monje se le había metido en la cabeza, él de alguna manera si buscaba el placer
de ella primero, él era el macho y ella debía estar sometida, pero estaba con
una mujer que venia incluso de otra época, ¿eso seria normal para ella? y si la
dejara…
La tomo de la cintura en un
solo movimiento, ella no se inmuto, si debía ser mucho normal en ella pues el
nerviosismo que había sentido en el aire abajo no estaba en ella había
continuado con el ritmo constante de los besos.
Kagome noto como de pronto la
monto sobre él, la posición le pareció de lo más excitante, extraño por su
posición de macho alfa, claro que él en ese momento se volvía en otra persona
por completo.
El Tantra considera que tal enamoramiento es la fuerza vital más
poderosa y el momento de la unión sexual se entiende como la plenitud en la que
tanto las energías físicas como espirituales de ambos se focalizan por completo
en un mismo objetivo.
De pronto los espíritus del
bosque, los ojos mudos o las voces ciegas podían ver y escuchar los ecos de esa
pasión, se convirtieron en espías de
estas dos parejas perdidas en el bosque,
admirando la pasión que se devoraba en el aire que se respiraba con su aroma
dulce y salado, inundando sus propios sentidos, disfrutando de lo que podían
ver, sin pudor, sin morbo, solo admirando la belleza que se presentaba en una
entrega física en medio de la naturaleza, así como ver a una abeja arrebatando
el polen de una flor para ponerla en otra, ahora veían la expresión del amor,
del sexo en dos parejas… siendo indiscretos… siendo libres… siendo sexuales…
siendo tan apasionados como ellos.
El viento arranco las hojas
antiguas del alto árbol arrojándolas a
lo que parecía la inmensidad, lo que había empezado como suaves suspiros
empezaban a hacerse más sonoros, dos criaturas aun encima del alto y frondoso
árbol compartían un instante entre ellos, él dentro del cuerpo calido y suave
de ella, empujando, concentrándose en las sensaciones que podía percibir de
ella, como si fueran las propias, sintiendo como respiraba con esfuerzo, como
empujaba su cuerpo contra el suyo, como dejaba su sudor fundirse con el propio.
La luna apenas iluminaba la sensual escena, los cuerpos convertidos solo en
sombras, el cabello plateado de Inuyasha recargado sobre la ancha rama, el de
ella mecido por el viento, moviéndose uno contra el otro, solo dos sombras
oscuras y jadeantes en medio de la noche.
Sobre el piso, algunas
pequeñas luciérnagas que seguían el curso del agua iluminaban el oscuro bosque,
el aire suave y frió las arrastraba, una de ellas se enredo en el cabello de
ella como un pendiente luminoso, cerca de su mejilla derecha, la pequeña luz
parecida al neon ilumino sus ojos ansiosos, no había dejado de miras, había
abierto los ojos y no había podido cerrarlos de nuevo, la visión de monje
debajo de ella, sin abandonar sus ojos tampoco la había hipnotizado, compartían
algo muy profundo, al conectar sus cuerpos parecían haber podido conectar algo
más, casi era visible una aura rosada alrededor de sus cuerpos, rodeándolos
como una cinta de color, uniendo sus manos que no había soltado, haciendo una
caricia sobre la cadera desnuda de ella que se movía de arriba abajo
constantemente, subiendo por si piel perlada de sudor, cubriendo la cicatriz de
su espalda, hasta donde el cabello la dejaba ver, pasando por el frente,
cubriendo sus senos que permanecían erectos por el aire y por la carrera de la
sangre dentro de su cuerpo, acariciando el pecho de él, subiendo por su cuello,
rozando sus labios, esta energía calida y amorosa producto de el amor que podía verse reflejado
en sus ojos, en la protectora sensación de sus manos unidas, en la derecha
sintiendo aun la suave succión que la había seducido en un principio, en el
movimiento de su cuerpo, lo que le había producido un dolor intenso en un
principio y que se había convertido poco a poco en un placer de la misma
proporción.
Basta con poder permanecer unidos. La unión te hace catalizador y
transmisor de los ritmos cósmicos de
El cansancio del cuerpo
parecía no existir después de todo ese tiempo, la luna en su menguante caminaba
más y más hacia su escondite a medida que pasaba el tiempo, el aire se hacia más
frió con el paso a la mañana pero ya no lo notaban estaban tan concentrados,
tan ensimismados en si mismos, en esa burbuja de energía y placer que los
cubría, los mismo pájaros de aquel árbol habían huido, no asurados si no más
como respetando aquel rito que se llevaba acabo arriba en el árbol, ella seguía
sintiéndolo, esto había sobrepasado de alguna manera lo que antes había vivido,
no era igual ,había algo supernatural en esa entrega donde no existía, ni el
cansancio, ni la zozobra, ni la angustia de satisfacer el cuerpo propio o del
compañero, era una comunicación donde no había palabras, ni gestos, si no pura
y simple energía, uniéndolos a los dos con su entorno, de pronto ella fue capaz
de percibir la misma energía de la tierra, una energía voluptuosa y calida que
subía por su espina, marcando una circulo en la base de su columna, sentía las
raíces del árbol enredadas en sus pies, sosteniéndola, haciéndola una raíz más,
el agua correr por debajo de su piel tal y como una hoja durante la lluvia, sintiendo
que su piel produciría pronto algo dulce como una flor abriéndose, arqueo la
espalda cuando el se encorvo y lamió su cuello.
Debía admitir que Inuyasha
adoraba oírla gemir pero ahora, había algo más en ese sonido, era como si
hubiera un eco en su voz, condenando el sonido de otro lugar, era como si ella
no estuviera allí, era como si se hubiera convertido en una parte de él y al
mismo tiempo del lugar, no pudo decir el significado de eso, no podía definir
que significaba este sentimiento, pero era como tenerla a ella y a todo su
entorno metido dentro de su cuerpo, su piel olía tanto a flores que no pudo
evitar la tentación de inclinarse y probarla, el hondo suspiro que marco ella
le hizo saber que no había comido ningún veneno y que por lo tanto no estaba
alucinando, no podía explicar que estaba produciendo esta sensación pero le
agradaba.
Podía haber perdido la cuenta
de los minutos, pero no de los pequeños pujidos que daba la mujer de cabellera
azabache sobre de él, como su piel se volvía resbalosa incluso a producto del
sudor que la tornaba brillante, sabía que las aves empezaban a despertar por
que podía oírlas, pero no podía descifrar el momento del amanecer, minutos solo
quizás, podía haber perdido la concepción de todo su entorno pero no de ella,
no de ella que se había convertido en el entorno, de pronto ella era la tierra
vibrante y calida en todo lugar, y llena de vida, por minutos había perdido la
concentración por completo y no quería nada más que poder sembrar su semilla en
esa tierra, tan calido y arropado se sentía en medio de esa meditación
implícita con Sango, su cuerpo y todo el medio que los rodeaba que persistió
tratando de alargarlo lo mayormente posible.
Como podía el mundo
desaparecer y al mismo tiempo aparecer en ti, en ese momento ella no lo podía
siquiera percibir, había dejado de existir la perla, naraku, todo lo malo y lo
cruel del mundo había desparecido y se había concentrado en ese mismo instante,
pero había aglo más, lo sabía, había algo más que esas ligeras pero placenteras
explosiones que había sentido toda la noche. Se dejo recargar sobre su pecho y
en movimiento calculado volvió a girar, con la mirada le hizo saber que deseaba
la final conclusión de todo eso, con una sonrisa tranquila y con los ojos
brillantes. Él agradeció con la mirada el permiso para poder concluir lo que
había compartido toda esa noche.
El sexo se transforma en una
meditación entre dos. No un combate, no os opongáis a él. Te conviertes en una parte de la naturaleza… un
diálogo, no independiente si no del hombre con la naturaleza a través de la
mujer, y de la mujer con la naturaleza a través del hombre. Durante un instante
os insertáis en la corriente cósmica, en la armonía celestial, estáis de
acuerdo con el Todo.
Sol fue un espasmo, largo y
caliente por todo su cuerpo, la energía que había estado produciendo toda la
noche estaba concentrada en ese solo instante, no fue algo arrasador como la
ultima vez, esta vez había algo distinto, era como si su alma al igual que su
cuerpo se hubieran comunicado con la de él, con la eyaculación de su cuerpo
dentro de ella.
-
Inuyasha… suspiro en medio de temblores mientras sentía esa
sensación calida por todo el cuerpo, esa sensación que resumía muchas cosas,
había más que la necesidad física en ese extraño éxtasis, sabía a los sentimientos de Inuyasha, los suyos y casi los del
árbol, entrando por sus poros, por sus ojos, por su boca acariciante en su
lengua, en su página calido y dulce, sabía,
si, aunque no lo pudiera probar, y fue la cosa más exquisita y única que
hubiese probado en su vida, dos lagrimas calidas quedaron en su mejilla y se
abrazo a él con todas sus fuerzas mientras el hacia lo mismo.
-
Kagome… susurro despacio al dejar salir su semilla en su vientre,
feliz, agradeciendo a la vida su hembra, calida y llorosa a su lado, la sintió
temblar y tembló con ella, la sintió llorar y lloro con ella, dentro sabía que
debía estar experimentando la misma felicidad que él, solo su nombre se repetía
en su cabeza – Kagome… Kagome… Kagome…
¿Se sentía así?, SI, se sentía así, lo que fueron
interrogantes en toda esa experiencia ahora era seguridad, era dejar entrar la
energía del mundo en su cuerpo y dejarla regocijarse y recorrerla entera, por
sus piernas, por su intimidad, por sus caderas, dando círculos en su cintura,
subiendo por su pechos, por su cuello, llegar con fuerza a su rostro junto con
la carrera que daba su sangre, si, eso debía sentir, esto quería sentir, esto
le hacia sentir, él, y supo en ese minuto que solo él podía hacerla sentir
así, no se sentía como una mujer, ni
siquiera como una Tenyou ahora, era casi una diosa, un espíritu de la
naturaleza, llena extasiada, feliz, no había manera de describir lo que sentía
en ese momento, imagino toda su vida como algo diferente, una explosión del
cuerpo irrefrenable, pero esto era… no había manera de describir esta emoción
si no solo como la energía del mundo recorriéndola de arriba abajo haciéndola
temblar y deseando llorar, y lo hizo cuando él la abrazo fuerte cuando paso sus
manos por su espalda y la levanto con él dejándola de nuevo en la cintura de
él, escucho casi música dentro de ella, los 7 sonidos de una melodiosa flautas
dentro de sus oídos, haciendo eco con el coro del alba que sonaba a su
alrededor mientras el astro sol despuntaba del horizonte lejano.
Solo la pudo abrazar, no era
tanto el sentir como había dejado regada su semilla dentro de esa tierra fértil
y sana que era ahora su compañera si no que empezó a escuchar, y allí estaba lo
que había soñado siempre, la música de las esferas estaba sonando dentro de él,
pego su cuerpo al de ella y mientras la sentía temblar junto a él, pego su
cuerpo, se hicieron uno en un instante y escucho los a los dos cuerpos cantar
de felicidad como una perfecta melodía hecha de el sonido de su Chacras
chocando una contra la otra…
Do… Re… Mi… Fa…
Sol… La… Si…
Cuan afortunado debía ser,
cuan bendito entre los hombres podía ser, para poder haber encontrado no solo a
la que creía su pareja correcta, a la que sentía la necesidad siempre de proteger
de defender, de animar, de seducir y de amar, no solo eso, había hallado su
alma gemela, la que debía estar oculta entre miles de reencarnaciones allí,
temblando a su lado, cantando a su lado, la dejo escondida en su pecho mientras
el alba despuntaba mientras el bosque entero cantaba con ellos en ese instante,
la maldición de su mano fue nada en ese momento… era un hombre profundamente
bendito, había hallado lo que cada hombre desea, encontrar a su verdadero y final complemento,
su alma gemela.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
El sol estaba alto, los
sonidos del despertar del bosque estaban en su plena actividad, las aves en su
trabajo de buscar ramas nuevas para los nidos, en el piso los pequeños animales
buscando algo de comer incluso las hormigas en su incansable labor de
trasportar alimento.
-
Mmmmmmmm - un largo quejido dio la chica sobre el árbol, rodó su
cuello y se estiro por completo reacomodando los músculos de su cuerpo.
-
Este es un bonito espectáculo – dijo un hanyou aun sentado en la
rama, el movimiento de ella sobre su cuerpo lo despertó.
-
Inuyasha – dijo un poco apenada cruzando sus brazos sobre su
pecho, se había olvidado que estaba aun desnuda.
-
Toma – dijo tomando su ropa de la rama donde la había colgado,
ella agradeció el gesto de que esta vez no había desecho su ropa, a decir
verdad era la única muda que tenía en ese momento, no olvidaría traer más ropa
ahora que volviera a su época, también se sonrojo… todo había sido tan...
-
Esto ha sido distinto
-
Jaja jaja
-
Hey que dije
-
Me has leído el pensamiento Inuyasha.
-
Ha sido realmente bueno no lo crees, pareciera que ha sido un
sueño. – ella se había logrado encaramar sola en la rama y guardar el
equilibrio para ponerse la falda, el la miraba, casi divertido – hey empezare a
escuchar un poco más a ese pervertido monje.
-
Ahaaa
-
Algún día te lo explicare princesa, anda, ellos ya están en el
campamento con un poco de suerte han preparado algo de comer.
-
Glotón.
-
Hey, después de toda esta actividad tú no te mueres de hambre.
-
Inuyasha… - dijo regañándolo de nuevo.
-
Solo estoy diciendo la verdad.
Ella no pudo menos que
sonrojarse de nuevo se termino de vestir, miro cuando el lo hacia y decidió que
no más actividad si no comía algo primero.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
PLAF
-
houshi pervertido
Eso fue lo primero que
Inuyasha y Kagome pudieron ver cuado regresaron al campamento, el monje estaba con
esa adorable marca en su mejilla casi punzante mientras una muy enojada Sango
seguía agitando su puño delante de él.
-
atrévase a hacer algo como eso de nuevo y se arrepentirá monje.
-
Pero Sango eso no tiene nada de malo.
-
Claro que si, solo es un niño por el amor de dios.
-
Sango pero por que no me puede contar por que no han dormido nada.
-
Oh Shipoou… yo… nosotros… bueno… te prometo que te explicare
cuando seas mayor
-
Pero por que.
Sango se mantenía tan roja
como un tomate no sabía que decir.
-
Shipoou chan como te ha ido en la aldea, todo volvió a la
normalidad.
-
Kagome chan a donde fueron tu e Inuyasha?
-
Oh bueno… - de pronto no hallo más que sonrojarse también.
-
Solo dormimos lejos Shipoou deja de hacer preguntas – dijo
determinado Inuyasha y se acerco al fuego, había pescados en la hoguera y sin
preguntar tomó uno.
-
Oye perro yo traje esos pescados y te has comido el mió.
-
Deja de molestar Shipoou, no te ibas a comer el más grande de
todos modos.
-
Pero ha sido Nahomi quien me lo ha regalado.
-
Ah así que anduviste de coqueto con la niña pelirroja.
-
Déjame en paz y revuélveme mi pescado
-
Cállate – dijo aplastándolo con un pie en el piso.
-
Inuyasha – dijo enojada Kagome mirando a Inuyasha y antes de que
el joven demonio se defendiera.
OSUWARI
PLAF
Así empezó la primera pelea
del día, Inuyasha contra Kagome con el espectador Shipoou y Kirara a su lado
limpiando su pelaje, Sango mando una mirada cómplice al monje Miroku y todo… de
una forma diferente volvió a la normalidad.
Fin
capitulo 5
11
de febrero de 2006
11:51
p.m.
Ya
saben donde estoy si quieren saber lago as solo mándenme un mensajito

Shian
shen Mimi chan