Todos los personajes  de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi v_v….aclarado esto aquí vamos

 

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Capitulo 6

 

Geisha.

 

-         Mamá – la chica dejo caer la mochila vacía en el recibir de su casa, dejo los zapatos sucios y algo gastados en el recibidor y entró a la casa – mamá, tadaima.

-         Kagome chan okaeri nasai – dijo su mamá desde la cocina y salio secándose las manos en el mandil que traía puesto.- oh okaeri nasai Inuyasha kun.

-         Oh si, gracias señora – dijo el joven hanyou abajando la mirada algo avergonzado.

 

La chica fue hasta su mamá y la abrazo cariñosamente, Inuyasha solo se quedo sentado en el salón de té y Buyo fue a darle la bienvenida rozándose en su rodilla, el chico no planeo molestarlo ahora, solo paso sus garras por su columna y el gato se crispo para recibir la caricia.

 

La chica se quedo en la cocina ayudando a su mamá con la loza que estaba lavando mientras le daba las ultimas noticias… bueno no exactamente todas las nuevas noticias de la vieja época, aquella ultima batalla contra Naraku hacia meses y el fragmento de la perla que había hallado con el siluro de ensueño.

 

Su mamá la escuchaba atentamente, pero notaba algo nuevo en su hija, un brillo especial en sus pupilas, la forma en la que estaba parada en la cocina, como su cuerpo poseía una nueva estructura, apenas visible cierto pero no por eso menos obvia, la mujer solo sonrió para si, no le diría nada hasta que su hija tomara la decisión de hacerlo, sabía lo que había pasado, la voz de Kagome cada vez que decía “Inuyasha” se llenaba de ensueño, además una muy interesante marca en su cuello le daba a entender que la felicidad y los cambios de su cuerpo no podían tener mas responsable que el joven hanyou que ahora platicaba con su hijo menor en la sala, que diría Souta si supiera que en realidad llegaría  tener sobrinos con orejas de perro.

 

-         ¿Qué pasa mamá? – dijo la chica intrigada al ver reír solo a su mamá secando los platos.

-         Oh no nada hija, ¿se quedaran mucho entonces?

-         Oh no solo vine a buscar… - “si claro Kagome dile a mamá que viniste a buscar mas ropa pues Inuyasha tiene la dulce costumbre de deshacer con sus garras toda la que tenias cuando hacen el amor – bien solo algunos víveres y cosas que he perdido en el viaje.

-         Oh que lastima, sabes la Tía Sakura nos ha invitado a la playa un par de días, dice que el ambiente en Okinawa esta insuperable, nos pensábamos ir esta misma tarde, pero ya que ustedes han llegado no podría dejar a los invitados solos.

-         Oh no te preocupes por eso mamá, sabes que a Inuyasha nunca le ha gustado estar mucho tiempo en esta época, apenas consigamos lo que vinimos a buscar y partiremos de nuevo.

-         Oh bueno, pero quizás quisieran quedarse a descansar esta noche, apuesto que estarán mucho más cómodos aquí y seria bueno poder finalmente descansar un poco.

 

Kagome agradeció la buena estrella de darle la espalda a su mamá en ese instante, mientras acomodaba los platos en la alacena donde siempre se guardaban, vaya que si necesitaban descansar, desde que había dejado a Sango y Miroku en la aldea de la anciana Kaede, se podía sentir la tensión sexual en medio de ellos, estarían tan ocupados seguro en ese pequeño descanso que ella quería estar lo mas alejada posible de ellos, y si, tenían noches sin dormir, él se había negado terminantemente a llegar siquiera a la aldea y antes de poder llegar le dijo que vinieran a su casa y buscaran lo que necesitaban que los verían en la aldea de regreso, si tan solo pudiera convencerlo de que se tomaran solo una noche para dormir, al principio de todo su idilio pensó que seria feliz de abandonar cada noche de sueño si el premio era estar metida en los brazos del hanyou y él en ella, pero ahora que lo veía como algo real, le pedio a cada kami que él solo la dejara solo una noche dormir.

 

-         No creo que Inuyasha quiera quedarse aquí solo conmigo esta noche.

-         Oh Kagome como si nunca se hubiera quedado aquí, vamos.

 

La señora Higuarashi salio de la cocina terminado el trabajo y con una amable sonrisa se dirigió al joven hanyou que platicaba animado con Souta la posibilidad de poder conseguir un demonio gato como Kirara para cuidar la casa.

 

-         Inuyasha kun.

-         Si señora.

-         Me preguntaba si gustas quedarte esta noche aquí, Souta el abuelo y yo tenemos que salir, pero me gustaría que mi pequeña descansara un poco imagino que no es tan fácil relajarse allá como aquí con todas esos monstruos y demonios que Kagome siempre cuenta al regresar, están tan seguros en este lugar, solo sería esta noche ¿que dices?, me encargare de dejarles una deliciosa cena.

 

Bien Kagome preparo su garganta para la pelea que tendría con Inuyasha en tres segundos ante su completa y total negativa.

 

-         Claro señora, no hay problema.

 

Kagome se quedo con los ojos como platos soperos, viendo al joven hanyou que rascaba en la orilla de la oreja de Buyo y con la boca imitando ese circulo, ÉL ACABA DE DECIR QUE SI.

 

-         Oh Inuyasha kun, eres tan amable, les dejare un rico guisado para que cenen, voy a ir al mercado para conseguir todo ¿desean algo?

-         No lo se – dijo el joven volteando a ver a su compañera – Kagome...

-         Solo algo de sopa instantánea mamá, tenemos aquí todo lo necesario – dijo solo volteando mecánicamente a su mamá.

-         Oh muy bien, traeré mucha.- dijo la mujer tomando al joven de una oreja y sacudiéndola con diversión – se lo mucho que te gustan Inuyasha kun, descansen en lo que volvemos.

-         Gracias – dijo gimiendo bajo como un perrito agradecido el hanyou inconcientemente por el cariño.

-         Souta acompáñame.

-         Voy mamá.

 

En cosa de 5 minutos en la casa no había nadie más que Inuyasha y Kagome, la chica se quedo viendo la joven con cara de “¿quien eres tú? y ¿que has hecho con Inuyasha?”

 

-         Muy bien joven demonio perro ¿que planeas? – dijo poniendo ambas manos en su cadera.

-         Nada – dijo tratando de parecer distraído con el gordo Buyo.

-         Tú nunca aceptas una cosa así de la nada, ¿por que le has dicho que si a mamá?

-         Bueno es tu mamá, es mayor, mas sabía ¿por que no?

-         … - Kagome levanto la ceja y volvió a formular la pregunta en su mente, como si tuviera un poder telequinetico el chico lo recibió – ahora responde.

-         Quiero descansar. – dijo desviando su mirada de los inquisitivos ojos chocolate de su hembra.

-         Aha… - lo miro confundida.

-         Solo eso Kagome, en el Sengoku, ya sea por una cosa u otra no hemos tenido una sola noche completa de sueño desde hace días.

-         No es por mi culpa

-         Ah entonces yo soy el único culpable, por lo que puedo notar nunca estas en desacuerdo de quedarte… despierta.

 

La chica se recogió delante de él, no, no era de todo su culpa después de todo mas de una vez ella era la que iba de… casería.

 

-         Bueno y aquí podemos hacerlo bien, sin las hormonas de Miroku y Sango volando a nuestro alrededor, además no se como va a reaccionar el hechizo que tienes en este tiempo, me pregunto si será lo mismo, no se quizás solo es en mi época y ningún demonio o monstruo puede llegar aquí, me gusta mucho la comida, extraño la sopa instantánea, quisiera otro de esos baños calientes, y… – dijo el tratando de sacar cuanta razón le fuera posible antes de la ultima y la que para él era la mas embarazosa – y.. estoy cansado, sabes, solo… esto ha sido… ha sido muy bueno – dijo defendiéndose mientras las mejillas de su rostro le coqueteaban a lo rojo de su kimono – sin duda muy bueno y lo repetiré tanto como pueda pero… tampoco quiero que tú te desgastes demasiado y solo pensaba…

-         Lo se Inuyasha, - dijo y se recostó sobre sus rodillas, sonrió solo para si, lo entendía, de verdad que si – yo también quiero descansar.

-         Bien yo…. Gracias.

-         De nada – dijo y se acurruco mejor en su regazo – hey que estaba  a punto de pedírtelo yo… quien sabe quizás después de que mamá se vaya no tengas que tomar ese baño y únicamente baño tú solo.

-         Oye no estoy tan cansado

-         Urusei (cállate), déjame dormir. – dijo con una sonrisa y aspiro el pesado olor a tierra mojada que toda su ropa tenía.

El joven hanyou vio a su hembra recargar su cabeza entre sus piernas con absoluta paz, no tardo en seguirla y sin notarlo los dos se quedaron dormitando en el salón de té mientras Buyo se lamía una de su regordetas patas a su lado.

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Y lo había sido, habían tenido una muy agradable cena y un buen baño después de que su mamá se marchara con su pequeño hermano, así que ambos estaban ahora cómodamente recostados como niños de manos atadas en la cama.

 

-         Seguro que estás cómodo, nunca te ha gustado demasiado dormir aquí, siempre te has quedado dormido en la orilla de la cama.

-         No es que me guste Kagome, pero no estabas esperando que subiera a dormir contigo verdad.

-         Claro que no.

-         Oh estoy seguro de que si lo pensaste.

-         Claro que no ¿que clase de mujer crees que soy yo?

-         La que me ha tenido despierto las ultimas noches sin descanso

 

Eso se gano un coscorrón en la cabeza y un sonrojo en ella, dándole después la espalda.

 

-         No te preocupes, no pienso hacerlo más si no quieres. – dijo enojada mirando la pared de a su lado.

-         Fhe todo te lo tienes que tomar tan a pecho Kagome.

-         Ghes todo lo tienes que decir de tan mala manera.

 

Un beso dulce callo en su hombro haciendo vibrar la herida de la marca de Inuyasha  y una mano cubrió su estomago, el pelo suave de sus orejas le rozo las suyas, y eso la hizo estremecer.

 

-         Perdóname, a veces no pienso lo que digo – dijo muy bajito a su lado, sintiendo el suave tacto de sus orejas que se habían movido con su voz, amaba el hecho de que ese conjuro fuera efectivo en su época también.

-         ¿A veces? – dijo la chica retándolo.

-         La mayor parte del tiempo, siempre, todo el tiempo, que mas quieres oír.

 

La chica se volteo y se recargo en su pecho cerrando los ojos con una media sonrisa, puso un beso en la mitad de su pecho, justo bajo la curva de su clavícula y dijo muy suave.

 

-         Eres imposible, ¿dirías cualquier cosa por que te perdonara verdad?

-         Si logro que lo hagas, si.

-         Inuyasha… - suspiro soñadoramente, amaba cuando él era así de sincero – oyasumi nasai.

-         Oyasumi.

 

La calidez de su pecho, la ternura de su abrazo, todo era un perfecto somnífero que la llevo a la inconciencia pronto.

 

Inuyasha permaneció solo un par de minutos escuchando la respiración relajada de Kagome, su aroma natural a agua fresca y el movimiento de su pecho, escucho a buyo maullar sobre la cerca, lo ultimo que vio antes de quedarse dormido fue como se crispaban las orejas de Kagome y después volvían a su desposo y se quedo dormido por completo.

 

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-         Vamos Inuyasha apresúrate.

-         Pero ¿a donde me llevas Miroku?

-         A que aprecies la vida Inuyasha, solamente eso.

 

En fin el joven lo jalo por una de las mangas de su kimono y entraron a un pequeño poblado, había una casa sencilla de donde salía música tranquila y una joven mujer invitaba a todos a pasar.

 

-         ¿Que es esto Miroku?, ¿alguna especie de burdel? – dijo queriendo emprender la retirada, esa no era su costumbre.

-         No para nada amigo, yo se que nunca le faltarías a tu bella esposa Kikyou solo quiero que me acompañes a ver a la mujer mas bella de Japón.

-         Que locuras dices.

-         Anda, yo se que te vas a divertir, entra conmigo.

 

Inuyasha no hay mas que seguir a su joven amigo.

 

Ambos eran un par de terratenientes en esa provincia, había escuchado que una caravana de una especie de teatro había llegado a la cuidad, esperaba que fuera esa caravana la que ellos fueran a  ver.

 

Hacia dos años se había casado con Kikyou y era muy feliz, era un mujer obediente y tierna, algo pasiva para su propio estilo de vida pero no podía quejarse era una magnifica esposa.

 

Miroku era un terrateniente también casado con una joven mujer llamada Sango desde hacia mas de 5 años, tenía como 7 hijos, él no entendía aun como podía hacer eso, y como la mujer lo había soportado, hasta que él le había aclarado que dos de ellos eran gemelos.

 

El sitio era agradable, varias jóvenes mujeres y algunos jóvenes muchachos servían té y sake a los hombres que allí estaban descansando, cada uno tenía una chica o un chico a sus lado sirviendo y haciendo platica, las constantes batallas entre los terratenientes y los dueños de castillos eran la principal platica, solo alguno que otro platicaban sobre la música y las pinturas de tal cual periodo. Todas las chicas eran hermosas, perfectas, con un delicado rostro y vestidas en kimonos, rosas, verdes y lilas de colores vivos y los jóvenes que allí servían también eran jóvenes, sanos, y bien vestidos, todos con agradables sonrisas y platicas interesantes.

 

-         ¿Que es esto Miroku?

-         Esto es el nuevo mundo del entretenimiento amigo, pero aun falta lo mejor.

 

Inuyasha no entendía que tipo de teatro era eso, era mas como un salón de reposo. Uno de los muchachos se acerco ofreciendo sake y entablo una agradable conversación con él acerca de los campos de cultivo, poco a poco de entero que el joven venia de la costa y que extrañaba el sabor de las piñas de Okinawa, él concordó con él, en ese momento en la comarca eran muy difícil de conseguirlas a demás de muy caras.

 

En medio de es conversación estaban cuando una joven mujer abrió un telón y salio con un péquelo shamisen que armo delante de ellos y afino con cuidado, las notas discordantes se escucharon un momento y después de un solo toque las cuerdas trinaron como contentas, y empezó una suave balada.

 

El lugar entero se lleno de silencio, los jóvenes y las pequeñas vestidas de kimono se sentaron a lo lados de las personas que aindian con religiosidad y observaron.

 

Una mano blanca y alba salió de un lado del telón, moviéndose con la ligereza de una pluma, aparto solo un poco la cortina y salio una mujer. Inuyasha juro entonces que nunca había visto a un mujer tan hermosa en toda su vida, la chica salio vestida de un kimono blanco de seda, que brillaba con la poca luz que había en el cuarto, los grabados bordados de flores rojas sobre la tela, el obi ceñido a la cintura que acentuaba magníficamente el tamaño de su cadera y sus pechos, las largas mangas que rozaban el piso aun parada sobre los altos zapatos moviéndose como un cisne sobre el agua, y su rostro, ¡Dios su rostro!, un perfecto maquillaje blanco desde el cuello medianamente descubierto, enmarcando unos intensos labios rojos, subiendo a unos ojos electrizantes color caoba, con sombras negras, un abanico prohibió su vista un segundo, dejando solo su seductora mirada cautivo de ella, el abanico corrió de su rostro y empezó a danzar en el aire con maestría de la dueña, que bailaba con delicadeza en el centro del salón, dio la vuelta para dejar ver como su cabello se acomodaba sobre su cabeza en una peineta color dorada con unos pendieres rojos y ver su cuello, delgado, fino, lizo, sin marcas, dos líneas se marcaban sobre su piel blanca que bien semejaba la calidad de su maquilare, como bajaban por el complicado moño del obi y llegabas el piso de nuevo siguiendo la magnifica silueta que hacia el kimono arrastrando en el piso, volteo de nuevo, sin dejar que se viera nada de si misma, con delicadeza, el traje entero siguió a su cuerpo, comos si fuese en lugar de una mujer bailando, un fantasma etéreo que se movía con el aire, como una estatua perfecta, donde todo lo que podías ver era perfecto, no había manera de explicar lo que veía en ese momento, la voz delicada que se desprendía de su labios, como un aullar de sirena.

 

-         ¿Que esto? – dijo solo para si mismo.

-         Se les llama geishas Inuyasha, estoy seguro que esta profesión puede durar para siempre, es bellísima verdad.

-         Más de lo que puedo explicar.

 

Inuyasha ya no escucho la risa pagada de su amigo, le era imposible pensar que su amigo no se sentirá igual de hechizado que él, ante bello ángel.

 

Fue que la magia apareció, la mirada intensa de la mujer se poso un segundo sobre sus ojos y sonrió delicadamente, apenas forzando la expresión, una pequeña línea de maquillaje calló en su abanico ante el gesto, pero aun así no  se lo prohibió, su mirada color caoba y ámbar lo consumió en un insipiente fuego, que clase de mujer podía provocar eso con una sola mirada, que cubrió enseguida con el abanico rojo entre sus mano, la música empezaba a pagarse y la luz volvía al recinto, él empezó a sentirse desesperado por ello, ella avanzaba de nuevo hacia atrás y la perdería de vista, no supo porque ante la sola idea su corazón empezó a bombear de forma distinta y sus manos empezaron a sudar, no quería perder su mirada de esa bella criatura. Pero le fue imposible, la música del pequeño instrumento de cuerdas se detuvo y la mujer se arrodillo en el piso, hizo una ligera reverencia y se retiro, mientras la mujer con el instrumento aun en las manos volvió a colocar la cortina.

 

La luz completa volvió y el ruido después de un aplauso extasiado de todos los clientes se escucho, él  no se pudo siquiera mover por dos minutos.

 

-         ¿Desea un poco más de té señor? – la voz del joven a su lado se escucho.

-         ¿Cual es tu nombre? – dijo reaccionando apenas.

-         Shipoou señor – dijo el joven de cabello rojo, casi naranja a su lado.

-         ¿Sabes como se llama… - como adivinar lo que era, un ángel, un espectro, una mujer, era imposible que solo fuera una mujer, - ella…?

-         La bailarina.

-         Si.

-         Minako señor.

-         ¿Minako?

-         Si, así es señor.

 

De alguna manera sabia que el nombre no le era apropiado, no podía llamarse solo así.

 

La oscuridad de hizo en ese lugar y de pronto no estaba mas en aquel lugar sino escondido entre las altas ramas de un árbol, frente a un habitación oscura, sabía que estaba allí por ella, por verla solo un minuto mas.

 

-         Rin enciende la luz por favor,

 

Inuyasha sintió como su corazón saltaba cuado escucho la voz melodiosa de la chica que había visto en el salón de te.

 

Una pequeña luz ilumino el lugar, vio como una niña corrió de un lado a otro de la habitación con una pequeña lámpara que encendió las demás, el lugar quedo en semi penumbra.

 

-         Ayúdame por favor.

-         Si señora Minako.

 

La niña corrió a la mujer que estaba de pie a la mitad de la habitación y jalo con delicadeza los lazos del obi que cedieron con facilidad sobre la satinada y delicada seda, el kimono quedo abierto ante la expectante mirada de Inuyasha que solo deseaba ver mas de ese perfecto ángel para poder convencerse de que era real., la primera pieza callo sobre la pequeña detrás de ella, escucho a la chica reír y tomar el kimono para poder colgarlo en una percha y a la joven bailarina reír con ella, su risa era melodiosa.

 

-         Cuidado Rin.

-         Si señora, esa cosa suya casi me come.

-         Jaja jaja jaja

 

La segunda pieza mas delicada lo siguió, soltando una faja que tenía mas enmarcada su cintura breve, y callo la segunda pieza color rosada.

 

Quedando solo en una sencilla pieza blanca  que caía por sus hombros, solo desnuda pudo su piel ser más insinuante.

 

-         Muchas gracias Rin, ya puedes ir a dormir.

-         Gracias señora Minako.

 

La pequeña salio de la habitación y dejo a la joven bailarina sola, esta encendió una lámpara mas y la llevo consigo a otra habitación, Inuyasha no supo como pero bajo del árbol y siguió a la joven doncella al interior de la habitación, se sentía como un ladrón, como un espía que entraba a contemplar un tesoro, sin saber si se atrevería a robarlo.

 

Adentro encontró a la mujer de nuevo, su apariencia cada vez se hacia mas humana mientras una esponja pasaba Por su piel, el aroma de arroz mojado se instalo en el ambiente mientras la capa blanca que la cubría era retirada poco a poco de su piel como si fuera una mascara, una pieza de seda roja paso por sus labio dejándolos al abandono de su color natural, un rosado perfecto con un toque de rojo todo poco a poco fue reduciéndose poco a poco como si estuviera quedando desnuda para él, su corazón no podía latir mas rápido, ni siquiera la desnudes de Kikyou, la que para él toda su vida había sido perfecta y bella podía compararse con esto, esta mujer era casi como una ave encarcelada bajo un disfraz que poco a poco recobraba su libertad y volaba sobre el mar.

 

El ritual fue maravillosamente lento, dejando a la mujer al descubierto, lo único que nunca abandono su completo misticismo fueron sus ojos caoba, sus intensos ojos que daban chispazos cada vez que la luz de la lámpara los atrapaba. La miro llevar sus manos tan atrás como podía retirando el polvo blanco de su espalda, no supo como o por que se acerco a ella y se sentó en su espalda. Y le quito la pequeña esponja mojada de las manos, fue cuando no tuvo mas dudas, su piel suave era tan delicada y perfecta pero era humana sin duda, la chica sólo bajo su cabeza y cerró los ojos, él se dispuso a seguir quitando el polvo, el aroma de arroz pico en su nariz con mas fuerza, mientras era retirado de su cuerpo, ella bajo el kimono hasta la mitad de su espalda y él siguió limpiando, el color canela de su piel podía distinguirse ahora con mayor facilidad.

 

-         Señor, ¿a que ha venido usted?

-         Solo… - dijo como si todo lo que pasaba en ese  momento fuera algo que en realidad no existiera – solo vine por que quería saber tu nombre.

-         ¿No se lo han dicho en la casa?

-         No, solo me han dicho que te llamas Minako.

 

La chica sonrió y volteo delicadamente, la luz de la pequeña lámpara ilumino sus ojos marrones, intensos y perfectos, la misma mirada electrizante que lo congelo antes estaba de nuevo allí.

 

-         Si te han dicho mi nombre ya ¿por que has venido a preguntármelo a mí?

-         Por que yo se que ese no es tu nombre.

 

La mujer volteo delante de él, su kimono estaba abierto y el dibujo de la pequeña flama, se perfilaba en lo redondo de sus senos tiernos y vírgenes. Lo sorprendió mucho cuando se inclino sobre él y lo beso dulcemente.

 

-         Kagome.

 

Inuyasha sonrió y la abrazó robándola en otro beso, con pasión, sintió el aroma aun sobre su piel tierna y casta, el dulce aliento con olor de azahar de su boca, era deliciosa.

 

-         Si, ese es un nombre mucho mas apropiado para ti.

 

No lo pensó, solo ladeo su cabeza y apago la pequeña lámpara a su lado, la levanto de ese lugar y la llevo en medio de la oscuridad, ella se abrazo de su cuello, camino en medio de la oscuridad como sabiendo donde y como estaba dispuesto en aquella casa, la mujer hablaba.

 

-         Hace una semana mi señora decidió que era hora de venderme, no lo quise, se que he deshonrado mi casa ya mi señora pero no podía, no se lo que es el amor, no quiero ser de nadie si no he sabido lo que es eso antes ayúdame por favor.

-         Kagome…

-         Huí con esta señora, pero yo se que sus planes son los mismos, pero si yo abandono mi virginidad antes de que ella lo sepa, entonces seré libre, no tendría que ser mas una geisha, no serviría mas para ello, por favor – dijo escondiéndose en su cuello – yo lo había escogido ya cuando lo vi. al entrar a esta cuidad, lo vi con su compañero cuando llego la caravana, me gustaría tanto aprender de amor con usted.

 

Llegaron a una habitación silenciosa donde solo había un futón dispuesto, en medio de sabanas suaves y un extraño aparato de madera, que él apartó de la cama para poder depositarla en ella, la vio allí, a pesar de la oscuridad su piel brillaba ante al luz de la luna que los alumbraba desde la ventana, el aroma de arroz y agua fresca y sus ojos color de tierra, era tan bella tan perfecta.

 

-         Podría ser otro hombre, cualquier otro que pudiera ofrecerte lo que mereces.

-         No, yo te quiero a ti.

-         Pero no sabes ni mi…

-         Lo se – dijo cuando puso sus mano suave en su labios dejándolo sin dejarlo terminar de hablar. – Inuyasha

-         ¿Como lo sabes?

-         Digamos que – dijo y lo llevo a sus labios con dulzura, jalo el adorno que mantenía su cabello sobre su cabeza, este callo como una cascada sobre su espalda, antes se había visto tan negro, que fácilmente lo había confundido con el de Kikyou, pero ahora, aun en esa oscuridad podía ver que tenía un cierto destello azulado, él se quedo prendado de los suaves rulos que cayeron sobre su pecho – solo se que eres parte de mi destino.

-         Kagome… - dijo en un susurro antes de hundirse en sus labios.

 

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-         Kagome – susurro el hanyou y sostuvo mas cerca de la chica en medio de las sabanas.

 

La chica crispo sus orejas y sostuvo sus manos mas cerradas sobre su cintura aun dormida en la cama

 

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[MC1] Como podía una mujer entregarse tanto, como podía parecer tan delicada y tan excitante al mismo tiempo, cuando la ultima pieza de ropa que la cubría callo sobre sus hombros y dejo descubiertos sus hombros, sus senos, su centro, como su respiración parecía tan enteramente lenta y calmada, como si nada estuviera mal en el mundo, como si nada la perturbara, la envidio y la deseo mas en ese momento, la envidio pues su respiración era acelerada y difícil y la deseo por que quiso sumergirse en ese mismo sopor que ella tenía en ese instante, y poder contagiarse de ese sopor, poder contagiarse de ella.

 

El valle en medio de sus senos era la cosa mas dulce que él hubiera probado, lo limpio y marco con su lengua con suma delicadeza, la chica con los ojos cerrados solo dejo escapar un manso jadeo, que fue acelerándose mientras mas se extendía la caricia de este hombre de cabello plateado brillante delante de ella, de el centro de su pecho a sus senos, pequeños y castos, como su mano recorría con calma, como había marcado desde sus costillas, como habían brincado de una a la otra en un toque demasiado tierno, como había recorrido la curva de su cintura a su cadera, y a sus piernas, subiendo de nuevo por el mismo recorrido, por su suave piel, toda ella estaba tan calida, tan delicada, tan pequeña a su lado y de pronto el era como un adolescente que no sabía que hacer con una mujer virgen en sus brazos.

 

-         Inuyasha…

 

Dijo con su voz como si proviniera de muy lejos y muy cerca al mismo tiempo y esto lo incito a ir por mas, dejo de vagar su mano por su cuerpo y lo concentro en la parte mas privada de su anatomía, como el suave vello apenas se notaba en ese lugar naciendo nuevo, sus dedos fueron a dar directamente al centro de calor de su cuerpo, y la sintió arquearse en el futón bajo de él, además de todo se podía notar que era una mujer completamente apasionada.

 

-         Inuyasha… - volvió a suspirar y se escucho como si ese suspiro pudiera llenar toda la habitación.

 

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-         Inuyasha – suspiro Kagome y se arqueo mas sobre su cuerpo, quedando su espalda pegada a su pecho en medio de sueños, tan pequeña era en realidad la cama que no era un problema aquello

 

Inuyasha la ciño más a él por puro instinto

 

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Empezaría una tormenta.

 

Un extraño viento empezó a correr afuera, las nubes negras de una futura tormenta empezaron a correr en el cielo hacia ellos, la habitación caliente fue acometida por una ráfaga fría de viento que envolvió los cuerpos semi desnudos, pero ninguno de los dos se vio afectado en medio del calor que sentían en ese momento.

 

El tacto de su ángel era cada vez mas calido, mas ardiente a segundo, era verdadera música volver a escuchar su voz en un estado tan gutural, como a medida que él avanzaba en su caricia en su interior su voz se hacia mas fuerte, como esa calida miel se acrecentaba en su interior dejándola derramada en su mano, su propia excitación crecía al ver a esa mujer en sus brazos, casi sollozando en medio de sus sensaciones, completamente entregada a él. Fue cuando sintió su cuerpo cerrarse sobre su mano, sobre los dedos que exploran su interior, cuando la vio morderse el dorso de una mano evitando un grito que supo que su culminación estaba cerca, respondiendo a la demanda callada de la mujer acelero un poco mas el ritmo de su caricia haciéndola mas profunda y se deleito del grito que dejo escapar sin poderlo evitar la joven mujer y se abrazo de su cuello con fuerza.

 

Las primeras gotas lejanas de la lluvia empezaron a caer en el estanque que hacia fuera de la casa, las ramas de los árboles crujían por el movimiento que hacia el aire. Un ave parada en el escapo volando a un nido en el corredor de la casa protegido por los paneles de tatami y vidrio que los protegían de al tormenta venidera.

 

-         gracias… Inuyasha.

-         No me des las gracias – dijo besando su cuello blanco, el aroma de arroz y agua nunca la abandonaba – esto es tan maravilloso para ti como para mi.

-         No, aun no. – dijo pasando sus manos pequeñas sobre la hakama azul que tenía puesta bajándola por sus hombros – aun no es lo mismo para los dos.

-         Tienes razón, aun no.

 

Un estruendo se oyó en el cielo, una tormenta intensa y de desato en ese momento, las gotas de lluvia pesada y fría empezaron a caer, en el estanque en la parte de afuera los peces se habían escondidos por la fuerza de esta tormenta, los rayos partían la oscuridad del cielo, las gotas que saltaban sobre las piedras brincaban a los cristales de aquella casa, adentro el ruido aun mas sonoro de dos respiraciones  era ahora ocultado y acallado por la fuerza de la naturaleza.

 

Rayo.

 

El dejo su cuerpo desnudo cerca de ella conectando un par de besos mas en su pecho, sobre sus senos, besando con los últimos resquicios de su delicadeza sus pezones.

 

-         Por favor – susurro ella en sus oídos con delicadeza.

 

Un rayo más, una corriente de aire

 

El aire se coló en la habitación y apago las lámparas que había quedado encendidas en la habitación, así que solo la luz blanca de la descarga de electricidad ilumino esa habitación cuando ella enterró sus uñas en la delicada sabana bajo de ella mientras el entraba  en ella con fuerza, sintió un dolor fuerte, pero no demasiado intenso al ser rasgada su virginidad de ella, sintió claramente como un hilo de sangre corrió de su cuerpo a la sabana blanca. No grito, no se quejo.

 

Un rayo más y la lluvia empezó a hacer charcos de lodo en el piso.

 

Una lágrima se deslizo por su mejilla izquierda y una sonrisa se acrecentó en su rostro, era libre, completamente libre.

 

Un rayo enorme que ilumino por segundo el cielo se estrello en el suelo, la tormenta empezó.

 

Los dos cuerpos desnudos en la oscuridad solo podían deslumbrarse cada vez que caía un fuerte rayo en la tierra iluminando el cielo, y la oscura habitación, él sobre ella cubriéndola con todo su cuerpo, ella aferrada a su cuerpo, sosteniéndose de él abrazando su espalda mientras él intentaba no quedar por completo sobre ella mientras empujaba dentro de su cuerpo con fuerza.

 

Un rayo más atravesó el cielo.

 

El sudor hacia perlas sus cuerpos, las curvas de los pechos pegados al pecho marcado de él en medio de la oscuridad se deslumbraron, como el brillo se acentuaba en el movimiento de su cadera contra la de su amante y bajaba por sus piernas recogidas abrazando las de él.

 

Un rayo más.

 

El cabello plateado de él era una mata sobre su lado derecho, enredándose con ese cabello negro con un toque de azulado cayendo en el piso, ocultando su rostro de solo la habitación vacía, los ojos fuertemente cerrados de ella.

 

Un rayo mas que estremeció el piso.

 

Podemos ver como la mata de su cabello que se arremolina en el piso mientras arquea la espalda suspendida en su propio placer mientras el sostiene el suyo para poder darle un momento mas de placer, ella aprieta sus piernas a la figura de él cerrándolas sobre su cadera mientras no puede evitar gemir su nombre con fuerza.

 

Un rayo más.

 

La posición ha cambiado, ahora ella esta sobre sus rodillas mientras el esta sobre su espalda, vemos el camino de la tibia saliva, brillando desde su cuello hasta su espalda, dejando un camino brillante, sosteniéndose sobre sus dos manos mientras el joven hombre sobre ella pierde el control de su respiración y su fuerza. 

 

Un rayo más, el agua no deja de ser copiosa, estrellándose en las piedras.

 

La mujer que solo unos minutos atrás era una geisha, esta pegada al pecho del hombre que vino a liberarla, él la sostiene con fuerza de sus pechos pegándola a él con fuerza, mientras oculta su cabeza en su hombro gimiendo con fuerza ahora en medio de su propia liberación, encerrado la a ella en la suya propia, sintiendo como todo su cuerpo se ajusta y se entrega a él sintiendo su semilla regada dentro de ella.

 

La tormenta empieza a declinar.

 

La chica esta boca abajo en el futon, la sangre tiñe bajo de ella, él no o nota por completo dejando su cuerpo pegado sobre el de ella, su cuerpo completamente pegado al suyo tratando de recuperar su respiración, sabe que a ella no le molesta, a unido su mano a una de las suyas y siente como lo hala a ella, quiere sentirlo, quiere su calor.

 

La lluvia mansa empieza a caer después del fuerte viento y la electricidad.

 

-         muchas, muchas gracias, Inuyasha.

-         Gracias a ti – dijo besando sobre su cabello azulado – me has hecho muy feliz.

 

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

 

El alba despierta al joven de cabello plateado acostado a solas en un futon extraño, mira a su alrededor alarmado, sabía donde estaba, sabia que había pasado esa noche, pero el único vestigio de ese sueño ahora, era la mancha de sangre marrón bajo de él, se levanto rápido y la busco, solo ayo a la pequeña niña durmiendo en la parte de arriba. Volvió a la habitación y fue que vio un papel doblado,  en la puerta cerrada, lo cogió.

 

“Gracias por haber liberado a esta gaviota de su jaula, volara feliz en busca de la felicidad, si vuelves a atravesarse en su camino es que es tuya para siempre”

 

Kagome.

 

Abrió la puerta de par en paz, la luz intensa del nuevo día lo baño.

 

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Inuyasha abrió los ojos despacio, aun era de noche, el reloj rosado de la cabecera de Kagome marcaba las 4:00 a.m., cerró los ojos de nuevo y ajustó mas cerca la figura de Kagome.

 

“bien eres mía viajera gaviota”

 

El sueño lo atrapo de nuevo.

 

Fin capitulo 6 Geisha.

12 de abril de 2006

6:13 p.m.

 

 

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Nota de autora: hola a todos, deben decir que aun tengo el cinismo de saludar verdad, lo se me he atrasado mucho esta vez con la actualización de la historia, pero a ver, no me llegaba mi musa (o quizás muso) en la liga hentai así que hasta que llego hace un par de días no había podido continuarla pero aquí esta, hago un par de notas aclaratorias.

 

a)      Soy porte de las personas que vio mas de una vez retratos de una geisha jeje y pues para hacer un pequeño retrato de una tradición que me pareció de los mas bella e intrigante, Y SI, LAS GEISHAS NO ERAN PROSTITUTAS, bueno no todas y las que lo hacían eran profundamente diferentes a las geishas que honraban el arte como su nombre lo denota.  Otra cosa las geishas mujeres no empezaron a aparecer si no hasta el periodo Edo así que me he ido unos 100 o 80 años en el pasado espero y me lo perdonen.

b)      Ah si como nota cultural, Kagome significa Gaviota, por eso hice énfasis en eso en varias partes de la historia, no entiendo por que en cada pagina de Internet que hay con el significado de los nombres de la serie,  dice que es un juego de niños, si existe el juego pero ¿no les parece poco lógico? Así que por una enorme casualidad al ver una película vi a un niña gritándole a una gaviota “Kagome san” y así lo descubrí (no me pregunten que película fue solo debo decir queme gusto mucho)

c)       Perdónenme por haberlo casado con Kikyou lo se fue horrible pero solo salio así,

 

Bueno sin más que aclarar me despido, ya estoy trabajando en el sueño de Kagome por favor ténganme paciencia.

 

 

 

Si les ha gustado solo háganmelo saber vale ya sabes donde estoy ^_^

 

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Shian shen Mimi chan

 

 

 

 

 

 


 [MC1]¿Todos estamos entendiendo que él esta soñando verdad? ^_^

 [MC2]Hey que ella también esta soñando pero eso lo platicaremos en el próximo capitulo.

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