Todos los
personajes de la serie de Inuyasha
pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece
a mi v_v….aclarado esto aquí vamos.
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Prologo:
“kokoro Hitotsu”
Nota inicial: que puedo
decir cuando me enamoro de algo lo hago aguerridamente, las personas que lean
esta historia y ya hallan leído mas historias mías por favor guárdenme en
secreto de lo que seguramente al leerla
descubrirán y las que no solo disfrútenla, la sorpresa la descubriré al final
^^, aclarado esto aquí vamos.
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-
Pero sabe asqueroso. – se quejo la muchachilla de uniforme color
verde y una corbatilla roja.
-
Oh vamos Kagome no reclames es lo mejor para sacarte ese
resfriado del cuerpo. – le regañaba el joven que sostenía una taza frente a
ella que contenía un liquido olor marrón que desprendía un fétido vapor
-
Pero no lo quiero por que no podemos solo dejar a el resfriado
hacer su trabajo no moriremos solo por que retrasemos nuestros deberes unos
cuantos días verdad.
-
No, no lo haremos niña – dijo pareciendo razonable un momento,
pero después acercando a la boca de la chica la taza mientras ella se echaba
para atrás - pero no pienso permitirlo.
-
Ahhhh – suspiro por fin la chica, sus ojos marrones se rindieron
- Bien, bien lo beberé, pero si después een lugar de estar enferma de la
garganta lo estoy del estomago será solo tu culpa.
-
Deja de reclamar y solo bebedlo.
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La chica de
irises verdes abrió los ojos, de nuevo estaban allí, algunas piezas de la
historia que negaban a abandonar sus memorias. Cerró los ojos queriendo
descansar un par de minutos más los que faltaban para llegar al colegio y
enfrentar de nuevo a los profesores y las pesadas teorías de la carrera,
parecía un mal habito siempre que no quería pensar en ello, cuando su mente
parecía estar muy lejos de justo ese recuerdo saltaba a su mente como si
hubiera sido abiertamente invitado.
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Era agotador, sin
duda agotador, ese examen de vocación profesional había sido agotador mira que
casi 150 preguntas sobre tus gustos y aficiones seguro había detectado el
instinto de bombero de alguno, pues algún chico del colegio había accionado
alarma de incendios y eso había obligado a suspender las clases temprano… o
quizás solo se había sentido tan desesperado como ella al estar ese día en el
colegio contestando mas de 150 preguntas.
Lo que hubiera
sido, ese día había salido dos horas de anticipación y no podía estar mas
feliz, ese día era el cumpleaños de Inuyasha, su joven y atractivo esposo, se
sorprendía incluso a si misma mirándolo a veces como si fuera la primera vez
que pudiera hacerlo, su largo y bello cabello plateado, herencia solo de la
familia Taisho que por un raro desorden genético desde su tatara tatara tatara
abuelo, hacia mas de 500 años habían adquirido ciertas características muy
extrañas, pero por demás bellas, rayando en lo exóticas. Su ya mencionado y
bello cabello largo, y plateado, unos ojos ambarinos y perturbadores y una
dentadura con cierta tendencia casi canina, los colmillos demasiado
desarrollados que a pesar de haberse arreglado la dentadura mas de una vez
parecían reacios a desaparecer… su esposo era bello, verdaderamente bello.
Contó la
cantidad de tomates rojos mentalmente para poder preparar una buena pasta con su
salsa, Inuyasha era victima de su gusto por las pastas y lo había visto ver con
insistencia el espagueti con albóndigas en una película, así que ese día compro
un libro de recetas italianas y decidió, que así pasara toda la tarde en la
cocina, Inuyasha tendría su pasta con albóndigas.
Llego al pequeño
departamento que el padre de Inuyasha les hubiera obsequiado después de su
matrimonio, rebusco con cuidado en su bolso de escuela las llaves antes de
poder llegar a la puerta, una vez las tuvo en las manos vio la chapa y sintió
un frió recorrerle la espina en ese momento:
La puerta estaba
abierta…
Las cosas mas
locas se le cruzaron en la cabeza en ese momento, quizá algún ladrón había
entrado y al poder asomarse por la puerta encantaría el lugar vació, o quizás
aun seguía adentro. Tuvo que reunir todo su valor para poder abrir la puerta y
animare a entrar.
“Esta bien, lo
primero no es” se dijo mentalmente cuando todas las cosas seguían tan en su
lugar como siempre, solo un par de cosas fuera de lugar, dos vasos vacíos en la
barra de la cocina, era extraño, habría jurado que ella había dejado todo de
pie desde la noche anterior.
Avanzo con un
poco mas de seguridad, dejo las cosas sobre la barra de la cocina, quizás solo
habían sido ellos los que sin proponérselo había dejado la puerta abierta al
salir, cogío los dos vasos y estaba a punto de llevarlos al fregadero cuando
oyó un sonido…
Una voz…
Dejo los vasos
donde los había hallado y siguió el sonido “Inuyasha…” que haría él allí a esa
hora del día, mientras mas se acercaba mas desconcertada se sentía, pronto el
sonido se hizo mas claro, fue una queja, se llevo la mano al pecho y sostuvo un
sollozo, quizás él sentía mal y por eso había regresado a casa temprano, era
probable, el único motivo por el que él hubiese dejado la puerta abierta era
por que su cabeza no registrara el hecho y para que esa proeza se llevara a
cabo el único método era que él se sintiera tan mal para siquiera advertirlo,
demasiado meticuloso y hasta cierto punto desconfiado para poder dejar la
puerta abierta. Se apresuro, tenía ya el pomo de la puerta en la mano cuando
pudo distinguir algo de verdad aterrador.
Otra voz…
Una voz de
mujer… también quejándose.
Abrió la puerta
tan despacio como pudo, el leve rechinido de las bisagras hubiera podido
delatarle de no ser por que las personas dentro de la habitación estaban
demasiado ocupadas para poder notar su presencia, los quejidos, las voces, o
mejor dicho ahora los profundos gemidos de él que ella tanto conocía y los
alaridos que le hacían coro de su mejor amiga, Kikyou los dos, dos de las
personas que mas quería en el mundo estaban allí, en su alcoba, en su cama, los dos teniendo sexo de una forma
casi animal, desesperada, como ella estaba sentada en su regazo, su perfecta
espalda desnuda completamente, seguramente como todo su demás cuerpo escondido
por las sabanas, aullando sobre el
cuerpo de su esposo, que estaba arqueado y con los ojos cerrados completamente
atornillados con esa expresión que ella conocía muy bien.
Volvió con mucho
cuidado a cerrar la puerta, se llevo una mano al pecho, frotando su corazón que
parecía casi haberse detenido en ese instante, seguía oyendo por la puerta
cerrada lo gemidos guturales de Inuyasha. Salio de el pasillo como pudo
llegando de nuevo a la cocina y se sostuvo de la barra. Ni un sueño ni una
pesadilla, ninguna de sus pesadillas jamás la hubiera podido preparar para lo
que había visto, tomo su bolso de escuela y lo jalo para poder colgárselo al
hombro, junto con el vio uno de los vasos que ahí había hallado su cerebro
registro solo en ese momento carmín rojo en uno de ellos, que callo para
estrellarse en el piso, confundida y desconcertada salio de ese lugar.
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Abrió de nuevo los
ojos para poder verse en la vía comercial que se hacia exageradamente lenta,
ese recuerdo, cada cosa, cada detalle, cada paso que esa tarde había dado,
jamás saldría de su cabeza, como también sabia que nunca saldrían los ojos de
Inuyasha de esta tampoco.
“basta ya Kagome
no te sirve de nada recordar todo eso” se regañaba siempre pero no podía
evitarlo, como olvidar después de todo el momento mas desagradable y también
decisivo de su vida lo que la había hecho cambiar todo, desde su alma, su
aspecto e incluso su nombre.
Se miro en la
ventana del trasporte, los grandes y tristes ojos verdes y su cabello
rojizo re reflejaron pálidamente por la
luz y en cristal limpio de la ventana del trasporte, ya no servia de nada esa
era la verdad le gustara o no, a pesar de haber pasado ya 2 años desde aquello
aun no se acostumbraba, quizás nunca lo haría, decidió mejor dejar de pensar y
sacar de la mochila unos audífonos, encendió un reproductor dentro de la
mochila y saco un libro, “la entrevista clínica”, el reproductor dentro marco
en la pantalla de luz “kokoro Hitotsu (one heard – solo corazón) y la música comenzó a sonar.
"nantoka naru sa" to kotae wo makasete
chigau hanashi wo shite gomakasu
mizushibuki wo agete hashiru kuruma sae crying
“Joder como
Fastidia eso”
Un chico hizo la
parada del autobús en una esquina tratado de salir del campo visual de unas
chicas que estaban preparándose para abordarlo, como si el n hubiera visto el
mismo ritual un montón de veces, era fastidioso en realidad, de joven como todo
adolescente había disfrutado de esa atención, hasta que él había escogido a su
compañera después ya no mas, no le interesaba, la única vez que había aceptado
ser seducido había prácticamente arruinado su vida.
kuchibiru o kande koraeteru namida sae mo
ima wa
nuguenai okubyoumono
kumori GARASU de tameiki kakushita mama
sugisatte yuku
MEMORI-
Kagome no
despego la vista de su libro, empatia, atención,
observación, la profesora había visto su trabajo una vez y le había dicho que
su escritura se parecía mucho a una especie de historia clínica por eso le
había recomendado ese libro, ella no estaba segura al tener el libro en las
manos, de que le serviría un libro de psicología a ella, pero estaba empezando
a ser didáctico, mas de una vez se había puesto a estudiar las facciones de una
u otra persona e interesantes personajes habían nacido de ello. Sintió el
camión hacer una parada pero ahora estaba mas enfrascada en las recomendaciones
que deba acerca e la entrevista con los adultos mayores que de casería de
rostros.
El chico miro el
trasporte un hombre iba de pie platicando con su acompañante sentada delante de
él estaba casi lleno, un asiento hasta el final y uno al medio que una
pelirroja tenia ocupado con su mochila, no estaba seguro de querer sentarse al
lado de una chica pero tampoco quería ir hasta el final, no sabia que tan
complicado seria bajar después, siento un autobús escolar, seguro se llenaba
demasiado, camino hacia ella, fue cuando vio en sus manos un libro que el
reconoció como uno de psicología básica que había usado solo un par de
semestres atrás.
kono ima
no shinjitsu ga
itsuka
uso ni naru koto wo negatte bakari
de
Solo vio de
reojo como una persona se acercaba a ella, seguro le pediría asiento, se hizo la
desentendida y siguió leyendo que la llamara, si quería un favor tendría que
llamarla.
De pronto algo
paso, al estar al lado de esa chica una sensación casi de peligro lo recorrió,
ella estaba enfrascada en su libro sin prestarle atención, que sería, trato de
estudiar su rostro para ver si podía reconocerla, pero no, no había muchas
chicas de ojos verdes que él conociera
mucho menos pelirrojas, demasiado exóticas para poder solo pasarlas de largo,
pero había algo en ella, algo demasiado claro en ella solo para poder
ignorarlo.
El desconocido
permaneció un momento a su lado, quizás ya la había llamado pero por los
audífonos y por el libro no lo había notado, y de pronto se sintió asustada,
sin mas explicación, solo bastante asustada sin saber la causa, algo le estaba
advirtiendo del peligro pero no podía resolver la fuente “¿el chico?” quizás fuera que tenia una mirada
pesada, o algo por el estilo, subido su mirada y se quedo helada, prácticamente
helada.
“Inu…yasha…”
kokoro hitotsu
mottara tobikoete yukitai yo
donna ni kizutsuitemo ii kara
nakanaide ima ai wo tomenaide
De pronto todo
estaba por completo oscuro, pasaron un debajo de un puente largo que Kagome
conocía bien, no duraba esa oscuridad mas de 20 segundos, si hubiera tenido el
valor en ese momento se hubiese puesto de pie y hubiera huido en ese instante
de su presencia pero eso no era lógico, lo sabia, no es que él la hubiera
encontrado, sabia que no la buscaba, pero no podía estar mas aterrada ante el
hecho de verlo allí, sus ojos ambarinos, su cabello plateado amarrado en una
apretada coleta que le hacia mas estilizado
“Inuyasha…
Inuyasha”
Por dentro era
casi in grito su nombre, Inuyasha, Inuyasha, Inuyasha ¿pero que hacia él allí?,
¿que era lo que hacia Inuyasha en ese lugar?
Solo contar
hasta diez le indico a Kagome guardar la calma, todos esos años de esconderse
estaba ahora prácticamente en juego si ella no mantenía la calma en ese
instante.
La oscuridad
cedió a la luz, ella bajo la mirada y se cubrió los ojos un segundo protegiéndose
de la recién luz, el chico a penas paso a luz volvió su mirada a ella, por un
segundo había visto una expresión desconcertada en aquella chica, casi
conocida, hubiera deseado poder verla pero luego vino el puente, después ella
se quitaba los audífonos de algún aparato de sonido y buscaba dentro de su
mochila.
-
Puedo tomar este asiento.
-
Adelante – dijo ella tomando su mochila y poniéndola en su
regazo, dijo pareciendo casi fría.
El chico de cabello
plateado tomo asiento a un lado de ella, la vio volver a su libro, y mirar
fijamente la página delante, ellos ojos no denotaban que leyera, él sonrió un
poco, lucia nerviosa, de menos era discreta.
-
Es un buen libro para empezar, ¿llevas poco en la carrera?
-
Ahaa – volteo ella y se volvió a reflejar en el dorado de sus
ojos.
-
Lleve ese libro hace como un año cuando iba comenzando la
carrera, es un buen libro me gustan los ejemplos, ¿cuando llevas tu?
-
Oh yo no estudio psicología, una profesora me lo ha recomendado
como apoyo didáctico, pero tiene razón en lo que dice usted, - dijo haciendo énfasis en la ultima palabra
- es un muy buen libro.
-
Oh lo siento mucho, -
dijo notando enseguida la inclinación sobre la palabra - lamento mi
atrevimiento.
-
No se preocupe es solo que no suelo hablar con desconocidos –
dijo devolviendo su mirada al libro negándose a mirar sus ojos, sabia que se
veía fría, lo había entenado por años, poder esconder su carácter y sus
emociones en una mascara – cuanto mas debía hacerlo con él
-
Lo siento es solo que he visto su libro y he tratado de hablarle
como si fuéramos colegas, lamento si mi abordo le pareció irrespetuoso.
-
Hay mucha gente de la que uno debe cuidarse – su nueva mirada
verde se clavo en sus ojos doraos, Inuyasha sintió un escalofrió - siempre
pienso en eso.
-
¿Se ha topado con muchas así?
Ella casi rió
irónica, que si había encontrado muchas así, tenia a la peor de todas frente a
la cara.
-
Solo una, pero mi oficio es describirlas.
-
¿Es acaso usted es policía?
-
No, en realidad soy escritora, estudio letras.
Inuyasha la miro
más atentamente, “letras…” un nombre que por respeto y por vergüenza no había
vuelto a mencionar en mucho tiempo salto a su cabeza sin poder evitarlo.
“Kagome…”
-
Escritora. – dijo con cierto aire melancólico.
-
Si, así es. - Dijo mirándolo con insistencia, con cierto
desprecio.
“una persona muy
querida para mi también tuvo el mismo sueño”
estuvo a punto de decirle pero algo lo contuvo.
-
Por lo que he entendió usted si es psicólogo.
-
Así es, vengo desde Tokio a continuar mi carrera aquí, me
hubiera gustado que usted me informara donde se encuentra el edificio de
psicología.
-
No es difícil, solo debe subir las escaleras cuando llegue a la
ultima base de el trasporte, el chofer le dirá cuando hallan llegado.
-
Muchas gracias…
-
Me permite – ella noto el intento por preguntar su nombre pero
lo evito, además su parada estaba pronta – yo debo quedarme aquí lamento no
poder acompañarlo…
-
Inuyasha – le aclaro el esperando que ella hiciera lo mismo.
-
Inuyasha, pero mi clase es en 5 minutos y no deseo llegar tarde,
me permite pasar.
-
Claro – dijo notando como ella había guardado ya su libro y
cerrado su mochila.
Se levanto de su
lugar para que ella pasara al pasillo,
ella se levanto y paso a su lado, un aroma de flores frescas lo rodeo, de nuevo
ese nombre salto a su cabeza.
La chica hizo
sonar la alarma de la parada y el autobús se detuvo. Salto casi del autobús,
cuando él quiso preguntar ya no pudo hacerlo, solo vio como la chica avanzaba
hacia el edificio de humanidades y tomo asiento de nuevo, por dentro casi
regañándose a mi mismo, con una sensación extraña en el corazón, solo sabiendo
una cosa, debía saber el nombre de esa chica.
Kagome llego a su edificio y antes de que llegara a
su salón se reclino frente a una pared, se sostuvo el corazón, casi le dolía
-
Inuyasha…
Casi tuvo deseos
de llorar en ese momento no esperaba poder volver a verlo, se había alejado a
Tokio lo mas posible para no tener que verlo de nuevo nunca cambiado su nombre
para que no quedara un rastro para poder seguir, haber hecho todo un ardid
creando su propia...
-
Hinagueshi san esta usted bien
Kagome subió la
mirada la dulce profesora de historia la miraba con preocupación.
-
Si profesora Royko, estoy bien – dijo tratando de ocultar sus
lagrimosos ojos de la profesora
-
Segura Kagome san. – dijo notando su precaución.
-
Si, no se preocupe.
-
Vayamos a clase entonces.
-
Si.
Kagome siguió a
su profesora y se sentó en su lugar de costumbre mientras la profesora
preparaba la clase, la profesora empezó a dar su clase pero su mente estaba en
otro lugar muy alejado de allí, solo concentrada en
los dos ojos dorados de Inuyasha Taisho… su esposo.
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Martes 03 de
Enero de 2006
12:20 a.m.
(Mi primera
serie del año heeeeeeee ^^)
![]()
nota final: hey
que mas de uno y debe saber el misterio de esta historia pero por favor guárdenme
el secreto, quiero probar una teoría. Desconcertante, si, lo se pero prometo ir aclarando los
puntos de la historia a lo largo de ella, si ahora vamos a odiar un poquito a
Inuyasha eso no quitara que siga siendo un verdadero bombón que mas de una
deseamos comerlo pero si, jo lo haré un villano esta vez, sigan la historia
conmigo prometo no decepcionarlos, auguro una historia muy suena, quizás no muy
larga pero si muy interesante.
Para cualquier
comentario ya saben donde estoy ^^

Shian Shen Mimi chan