por favor, presiona el icono en el momento que lo encuentres en el omake

“El Verdadero Legado”

por Mikki

Omake de reencarnación 

(DEDICADO ESPECIALMENTE A CRYSTAL!.. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS AMIGA!)

 

"El caballero francés "

Lady Regina Glaston tenía una auténtica crisis de nervios y no podía dar crédito a sus ojos, o a lo que acaba de pasar justo frente a ella. ¿Cómo podía siquiera haber pensado algo así cuando tomó la decisión de educar a Miriel? Es decir, ¡jamás se le hubiera ocurrido, porque lo que estaba pasando era absurdo, demasiado insólito, confuso, bizarro.. ridículo!. La bella y elegante rubia se había presentado ese día al departamento de esa minúscula obrera, convencida de que su deber para con su sangre aristócrata era educar a la niña aunque fuera también hija de aquella chica de tan baja estofa, pero no había otro remedio; siempre se había preguntado que había visto su hijo en una mujer de clase tan inferior y desgraciadamente no existía la más leve sombra de duda sobre la paternidad de la niña –ya le hubiera gustado a Regina algo así, porque no toleraba a Yoko- ya que todo en Miriel, desde sus hermosos rasgos hasta su peculiar carácter, la señalaba acusadamente como hija de Eriol Hiragizawa, pero pese al indudable encanto de la niña, su talento e inmejorable educación, aquello a Lady Glaston no le hacía ninguna gracia.

Miriel tenía ya siete años y habían sido más los que habían pasado desde que Eriol se presentara ante sus padres con la noticia que se había casado con una desconocida niña de humilde condición económica, pero Regina continuaba detestando a Yoko Hiu tanto o más que el primer día si bien con el transcurso del tiempo había entendido que era mejor disimularlo hipócritamente como una actriz consumada. Actuación que, pese a ser evidentemente buena, no había logrado engañar los agudos ojos negros de su esposo ni la perspicacia e inteligencia de su hijo pero que le había motivado siempre agradecidas miradas, afecto y apoyo de la misma muchacha que tanto detestaba, quien era curiosamente la única de entre los Hiragizawa –padre e hijo- que siempre procuraba complacer y agradar a la bella aristócrata, motivo por el cual la rubia, que no carecía de sentido práctico ni de habilidad para hacer trabajar a otros sin dar siquiera las gracias a cambio, no había dudado en lo más mínimo en usar la buena voluntad de Yoko comprometiéndola a organizar toda clase de eventos por los que era Lady Regina Glaston quien se llevaba el crédito… y esa había sido una de las muchas razones que habían impulsado a Eriol a mudarse a Japón en cuanto su carrera diplomática se lo permitió. No es difícil pues, imaginar al gusto y la alegría que habían invadido a la rubia dama al saber del inminente divorcio de su único hijo..

¡Eso era algo que había anhelado durante los últimos años!

Pero la noche anterior había charlado con Alice Birminghann por teléfono, intercambiando excitadamente las “maravillosas noticias” y había sido su joven amiga aristócrata quien había traído a la mente de la rubia la situación de Miriel y aquello era precisamente lo que deseaba Lady Regina solucionar con su visita. Por supuesto, ya no tenía porqué ser tolerante con aquella vulgar chica obrera y efectivamente no lo había sido –por decirlo menos- pero la alta suma que había dibujado en el cheque que ofreciera a Yoko Hiu había sido un aspecto totalmente necesario. Por poco que le gustara Miriel no dejaba de ser también la única hija de Eriol y por lo tanto familia suya, pero Alice Birminghann había solucionado la “inconveniente existencia” de la niña llamando la atención de Regina sobre las terribles secuelas que debía haber dejado en la pequeña Miriel el contacto con una madre tan vulgar, y eso motivó a Regina la idea de encerrar a la hija de Eriol los próximos diez años en un internado exclusivo..

Donde estaba segura que tan larga permanencia haría olvidar no sólo a la niña sinó también a la sociedad británica y al propio Eriol, el inconveniente, vulgar y desagradable parentesco con Yoko Hiu.

Pero…

¿Qué había conseguido a cambio de sus nobles y altruistas esfuerzos?

- “¡Aquella vulgar obrera!, ridícula y tonta mujercita de quinta categoría, salida de cualquier muladar de gente sucia y de mal vivir! ¡se atrevió a romper mi cheque en mi propia cara, en lugar de ponerse de rodillas y agradecerme que me ocupara de su hija! ¡¿Qué se habrá creído aquella desharrapada chica?! ¡¿cómo pudo..??!! ¡Yo soy Regina Glaston, hija de una auténtica estirpe de aristócratas ingleses que no han tenido que trabajar por generaciones enteras y ahora debo ver…..! ¡oh, lo que tengo que ver!” –gimió desesperada- “¡Mi hijo!, ¡mi único, atlético, atractivo y encantador hijo persiguiendo a esa obrera!, ¡rebajándose! ¡humillándose ante aquella chica que ni tan siquiera merecería ser sirvienta suya! .. pero él la mira como si ella fuera lo más valioso del mundo ¡cuando sólo es una vulgar trabajadora, una mujer de baja estofa, una arribista, una sucia prostitu..!”

- “¡Dije antes que ya era suficiente Regina!. No te voy a permitir que te expreses así de Yoko, ¿realmente estás escuchando lo que dices?” –la seria voz de Hajime la hizo darse cuenta que había estado pensando en voz alta.

- “¿Cómo puedes ponerte de parte de esa mujer, Hajime? ¿no te das cuenta que nuestro hijo se esta rebajando?” –expresó auténticamente acongojada e incrédula- “¡ya era bastante malo, terrible y horrible que se hubiera casado con una mujer de tan baja extracción social, pero que ella sea quien se quiere divorciar de él, que él se niegue a divorciarse de ella!!.. ¡¡ES ANTINATURAL!!, es, es insólito, ¡es INSANO!, ¿desde cuando es que una obrera, una mujer que debe haber nacido en un arrabal de última categoría se permite desdeñar a un hombre como nuestro Eriol, que podría tener a cualquier aristócrata europea con un solo movimiento de sus dedos?!! ¡ESTO ES LA ANARQUIA, EL CAOS!!” –la rubia se dejó caer sobre uno de los cojines de los sillones, auténticamente anonadada ante lo que juzgaba como una aberración a las leyes naturales- “¡ESTO ES UNA VERGÜENZA!, ¿cómo puede haber pasado? ¡Eriol debe estar embrujado o algo así! ¡no puedo creer que continúe tan interesado por una mujer así cuando ella está dispuesta a dejarlo!”

- “Regina, no sabes lo que dices..”

- “¿¿No saber?? ¡¡¡Claro que lo sé!!!” –gimió airadamente- “¿sabes lo feliz que me sentí anoche cuando creí que Eriol finalmente había recapacitado después de todo este tiempo? ¿Cuándo creí que al fin la venda absurda que cubría los adorables ojos de mi hijo había caído y él había entendido que aquella ridícula chiquilla no valía ni tan siquiera que la hiciera su amante y mucho menos una esposa? ¡estaba yo tan feliz que me pasé casi cuatro horas hablando con Alice Birminghann, ambas haciendo planes para cuando ella y Eriol se casaran!”

- “¿Qué tú estabas haciendo qué?” –lord Hajime no daba crédito a sus oídos- “Regina, ¿tu estuviste contándole a la joven Alice lo de nuestro hijo?”

- “¡Pues claro que lo hice!, ¡a estas alturas debe saberlo todo Londres o toda Europa, si conozco a Alice!” –musitó la rubia- “bueno.. al menos lo que yo creía” –suspiró con visible alivio- “porque Alice y yo estábamos convencidas que era Eriol quien se había cansado de la rusticidad la obrera y al fin volvía a tener gustos refinados. ¡Oh, tenemos que acelerar ese divorcio, Hajime! ¡y más que todo y por sobre todo convencer a Eriol que se divorcie! ¡Así nadie se enterará que era la pobretona quien quiso separarse de él y no al revés!” 

Los ojos negros del aristócrata japonés brillaron cargados casi de electricidad, pero embebida en sus miedos sociales, Regina no lo notó y continuó con sus lamentos..

- “Si, si. Eso es lo que debemos hacer. Aprovechar que aquella vulgar chica de la calle..”otro rayo cruzó los ojos negros de su interlocutor ante el calificativo con el que Regina obsequiaba a Yoko- “aprovechar que esta.. esta obrera venida a más tiene este extraño acceso de realidad ¡tenemos que aprovechar que al fin se ha dado cuenta que no es posible que siga perjudicando a Eriol siendo su esposa! ¡si, si!, ¡debes usar tus influencias para que sea un divorcio discreto y sin escándalos!” – la rubia se puso de pie y se paseó nerviosamente con su exquisita figura envuelta en ropa de diseñadores exclusivos- “estoy segura que me rompió el cheque que le ofrecí por la custodia de la niña porque espera poder regatear para que le aumente la cantidad…  y por supuesto que se la vamos a dar; a mi peculiarmente me agrada la niña ¡es tan parecida a nuestro Eriol!, pero me agradará más cuando la vea después de diez años y ya hayamos olvidado todos a esa pobretona que es su madre! ¡con algo de suerte ni siquiera Miriel la recordará y..!”

- “Regina…” –la voz del embajador estaba eléctricamente cargada de amenaza y la rubia tembló al reconocer el tono indignado que sólo había escuchado de su esposo muchos años atrás- “¿escuché bien o tú le ofreciste dinero a Yoko a cambio de Miriel?”

Los centelleantes ojos negros casi fulminaron a la rubia, que enfrentada de pronto ante la intensidad de la mirada del aristócrata japonés no pudo menos que palidecer mucho y morderse los labios con nerviosismo. Habían pasado tantos años desde la última vez que contemplara la fría indignación de Hajime Hiragizawa que Regina no pudo que estremecerse al recordar que pese a la profunda distancia que había separado siempre a Hajime de Eriol –tanto física y como de trato compartido- su esposo siempre había tenido unos sentimientos paternales absolutamente proletarios, cursis y casi abnegados pese a que se había autoexiliado de la vida de su hijo cuando éste acababa de dejar los pañales; pero aquel alejamiento no había engañado a la rubia lady en lo más mínimo ya que ella sabía perfectamente que pese a la distancia y al escaso contacto físico, Hajime siempre había estado pendiente de Eriol, respetando, eso si, su albedrío pero solventando cada capricho, sin una sola pregunta. Casi resignado a ser para su propio hijo, simplemente una chequera..

Y Regina sabía bien porqué. Porque conocía a Hajime Hiragizawa, a la inexpugnable máquina de trabajo y miembro de la familia imperial de Japón y diplomático consumado; sabía perfectamente que su esposo no era tan carente de emociones como muchas veces la gente creía, porque el único punto débil y el único objeto de sus afectos desde el instante que supo que venía a este mundo, había sido siempre Eriol. La única persona a quien Hajime consideraba, pese a todo –y debido a su sentimentalismo cursi, tan poco digno de su alcurnia- como su familia. Era por ello que su hijo era la única persona de quien Hajime no hubiera soportado el odio al punto tal de preferir la lejana indiferencia del joven a tratar de imponerle su voluntad o sus criterios y hacerse odiar. El mismo Eriol al que Regina y con sutil astucia femenina había siempre alejado de su padre zambulléndolo casi desde la cuna en la vida social que Hajime tanto detestaba, aprovechando los miedos de su esposo..

Y haciendo  con los años, más y más profunda la distancia entre padre e hijo, al punto tal de que eran poco mas que extraños.

- “No.. no le ofrecí dinero por la niña” –replicó al fin la mujer, torpemente- “le ofrecí dinero por su custodia y para que no volviera a verla.. ¡porque Miriel será la primera perjudicada por tener una madre de tan baja estofa, Hajime!, ¡estamos haciéndole un favor a la niña!; osea ¿crees tu que es justo que esa linda pequeña sufra por la locura de nuestro hijo de enredarse con una desharrapada como es esa mu..?”

- “Esa persona se llama Yoko, Regina. Es despreciable la forma en que le inventas epítetos ofensivos ahora y como hasta te rehúsas a decir su nombre cuando mientras los muchachos vivieron en Londres la convencías de hacer todo el trabajo para tus fiestas de caridad por las que tú recibías las felicitaciones cuando ella se ocupaba de todo y tú no hacías nada..”

- “¡Oh Hajime, por favor! ¡ella es una obrera, una pobretona! ¡habrá nacido en un barrio de quinta categoría! ¡esa gente sirve para eso! ¿para que otra cosa viven que no sea para hacernos la vida más fácil?”

Su interlocutor resopló casi incrédulo. Lady Regina Glaston había dicho una frase tan absurda y llena de desdén que bien podía haber sido dicha por la mismísima Maria Antonieta al pueblo francés antes de la revolución..

- “Por si lo has olvidado, no  estoy interesado en conocer tus opiniones clasistas sobre las personas” –espetó muy serio- “y aunque te conozco Regina, debo admitir que lo que acabas de admitir me deja francamente impresionado, al punto que tendré que agradecerle a Yoko el haber sido una perfecta dama contigo y no haberte sacado de su casa a golpes como lo merecías..”

- “¿Qué dices? ¿a mi? ¿esa vulgar mujerzuel..?”

- “¡REGINA!”

La mujer se detuvo en seco cuando Hajime se adelantó un paso hacia ella con gesto amenazador…

- “¡Oh Hajime! ¡¿ibas a golpearme?! ¡ibas a golpearme!” –gritó sintiéndose ofendida, furiosa y extrañamente.. celosa- “¡Ibas a golpearme por esa vulgar arribista!!, ¿Qué es lo que esta pasando aquí?, ¡no lo entiendo!, primero engatusa a nuestro Eriol y ahora tú…” –una chispa extraña brilló en los ojos azules de la dama quien se revolvió, ofendida y desdeñosa- “¡oh, ya veo! ¿no será que aquella chiquilla ha estado coqueteándote a escondidas de nuestro propio hijo, no es así? ¡porque no me sorprendería nada de una mujer de esa categoría! ¡oh, si, si!, ¡te interesa, te interesa!” –le miró acusadora y furiosa- “¡ya sospechaba yo que había sido de ti de quien Eriol tenía que sacar aquellos gustos tan proletarios y vulgares pero es increíble que te haya coqueteado aunque no debería sorprenderme! ¡obviamente prefiere al que maneja la mayor cantidad de dinero y..!”

Una sola zancada bastó al alto aristócrata para tomar a Regina por los hombros en un gesto más amenazador que si la golpeara, mientras sus ojos negros la miraban de forma tal, que la Lady empezó a temblar absolutamente aterrorizada de la furiosa indignación que mostraba el rostro maduro pero apuesto de su esposo; pero pese a lo brusco del gesto las palabras que salieron de los labios del embajador fueron enérgicas y decididas, cargadas de un halo de electricidad, amenaza y a la vez de desprecio..

- “¡Bien se ve que tienes una mente sórdida, sucia y .. enferma como para decir algo así!” –masculló indignado- “y no es que no me interese de alguna manera lo que pienses Regina, pero no te permito que ofendas a nuestro hijo, a Yoko y a mí, haciéndonos blanco de tus enfermizas ideas sacadas por años y años de sólo vivir dedicándote al chisme” –espetó soltándola bruscamente- “pero aunque tu y yo no tengamos nada en común me decepciona saber que no eres capaz de sentir afecto o interés por Eriol y por todo lo que le está pasando..”

- “¡Yo quiero a mi hijo! ¿cómo puedes decir que lo que le pasa no me interesa?” –protestó- “¡sabes bien todo lo que he sufrido estos años viéndolo con una mujer que no lo merece, una mujer que no es digna de su categoría de su prosapia de su…!”

- “¡Regina, Regina! ¡No has cambiado en lo más mínimo, verdad?” –negó con la cabeza haciendo una breve pausa- “no, por supuesto que no eres capaz de cambiar ni aún por tu único hijo; no eres capaz de dejar de pensar en ti misma o en el maldito dinero. Porque ¿eso es todo lo que te importa, verdad? ¡lo único que te ha importado estos años es que Yoko no tuviera dinero o no fuera una aristócrata pero nunca jamás te has detenido a considerar toda la gran felicidad que esa muchacha le ha brindado a nuestro hijo!”

- “¡¿Felicidad?! ¡¿Qué clase de felicidad puede obtener Eriol de una mujer de tan baja estofa?!” –dijo su altiva voz cargada de desdén- “¡por favor, Hajime, deja de ser tan cursi! ¡creí que ya habías superado todo aquel sentimentalismo barato!. Lo único que hay entre esos dos debe ser sexo y lujuria o algún tipo de sensación primitiva, porque seguramente una chica así es capaz de despertar un lado así en un muchacho tan exquisitamente educado y carismático como Eriol, que al fin y al cabo no deja de ser un hombre joven con sangre en las venas. ¡Lo que me sorprende es que una relación tan dispar haya durado tanto tiempo y más aún que Eriol no quiera terminarla de una vez! ¡pero no puedo, me es imposible, me rehúso a creer que verdaderamente creas que aquella vulgar chica sea capaz de .. creer que merece pasar el resto de su vida al lado de un joven como nuestro hijo! …”

- “¿Y quien es quien se “merece” tal distinción según tu experimentado criterio? ¿La joven Alice Birminghann o alguna otra muchacha de tu círculo social  a la que sólo le preocupen los títulos nobiliarios, el dinero o la “alcurnia” que tu tanto valoras pero que son seres absolutamente vacíos e incapaces de hacer algo útil en su vida? porque esas hermosas y distinguidas jóvenes que tanto quisieras que atrajeran la atención de nuestro hijo son egoístas, huecas y vanas, interesadas sólo en conseguir un esposo de su misma “clase”, sólo preocupadas en su propia belleza o joyas pero perfectamente incapaces como esas piedras, de dar amor, alegría o una auténtica felicidad a alguien. Porque eso es lo que ha hecho esa muchacha que tanto desprecias Regina” –dijo enérgico- “darle finalmente a nuestro hijo lo que jamás tú y yo pudimos darle: amor” 

- “ ¡Amor!” –la rubia estaba estupefacta- “¡oh Hajime, ¿cómo puedes hablar así?! Quizá tú nunca hayas amado a Eriol, pero yo sí. Siempre le he querido y me preocupado por él…”

- “¿En serio?” –dudó alzando una ceja- “¿conoces cual es su color favorito? ¿el dulce que le agrada? ¿los periódicos o libros que lee?; ¿estás enterada acaso que sabe cocinar? ¿sabes realmente lo que pasa por la cabeza de Eriol, lo has sabido alguna vez?”

Cada pregunta anterior había desconcertado a la dama inglesa –que no tenía respuesta alguna- pero replicó de prisa:

- “Pues tú eres la última persona que puede presumir de eso. Yo, al menos le he brindado una educación social y unas conexiones envidiables; apenas si ha escuchado cinco frases de ti en toda su vida..”

- “Lo sé. Y no pretendo negarlo. Pero es por eso precisamente que le estoy tan agradecido a esa niña que ha sido capaz de darle más amor y calor de hogar a nuestro Eriol en una hora, que nosotros dos en toda su vida y con todos los lujos y libertad que le dimos. Porque por si no te has dado cuenta, nuestro hijo ha sido profundamente feliz con Yoko desde hace más de ocho años” –ante el obstinado gesto de negación de la rubia Hajime continuo- “y me das lástima Regina. Me lástima que no seas capaz de ver lo que es tan obvio y tan claro como el agua: que esos dos muchachos se aman profundamente y se necesitan el uno al otro para ser felices, para estar completos, para reconstruir el hogar que formaron y la hija que tuvieron fruto de ese amor tan grande que los une..”

- “¡Deja la tontería sentimental Hajime, por favor! ¡no puedo creer que te pongas de parte de ella y en contra mía! ¡una mujer así jamás mereció  a nuestro hijo y debemos hacer todo para aprovechar esta oportunidad y sacarla definitivamente de nuestras vidas! ¿acaso no te das cuenta de lo que he sufrido estos años sabiendo que mi hijo estaba casado con una obrera? .. siendo objeto de la burla y la conmiseración de mis amistades que musitaban a mi alrededor los eternos “oh, pobrecita, su único hijo hizo un malísimo matrimonio” y escuchando permanentemente las frases burlonas de nuestro Eriol, que no tomó nunca en serio mis consejos de que buscara una mujer de su clase para que yo pudiera alzar mi frente con orgullo ante el jet set europeo”

Ante las palabras de la Lady, su esposo no pudo menos que lanzar un suspiro resignado..

- “Lo único que te he escuchado decir, Regina.. es “yo, yo, yo”. Siempre es lo que tú quieres, lo que tu necesitas, lo que todos debemos darte o que debemos complacerte. No te importa en lo más mínimo la felicidad de nuestro hijo, mucho menos nuestra nieta.. y..”

- “¡No le digas así! ¡SOY DEMASIADO JOVEN PARA SER ABUELA!”

Hajime hizo un gesto de exasperación..

- “¡Regina, Regina, reacciona! ¿a quien le importa tu edad o tu belleza o tus estúpidas cirugías? ¡aquí estamos hablando de algo mucho más importante que tu vanidad , estamos hablando de la vida y de la felicidad de Eriol! ¡eso es lo que auténticamente debería importarte pero a ti sólo te preocupa lo que dicen de ti tus amigas y tu estúpido círculo social!”

- “¡No les digas así, son gente muy importante y son mis amigos!”

- “Pues eso no es precisamente la mejor recomendación para mí” –le espetó dejando a la lady aturdida y ofendida- “pero francamente esa gente no me importa, aunque si te he de ser sincero por primera vez en mucho tiempo, admitiré que lo que verdaderamente siento es profunda aversión y desprecio por personas tan vacías y egoístas y nada me alegra más que nuestro hijo no frecuente ya a tus ilustres amigos” –dijo despectivo- “pero no sé de que me sorprendo de tus comentarios porque hace muchos años que te conozco Regina, y sé como eres. Tal vez me engañé ilusamente creyendo que podrías desear desinteresadamente que nuestro hijo pudiera encontrar la felicidad en alguien capaz de sacarle del cinismo al que tú y yo le empujamos desde niño: tú con tus vanalidades y yo con mi alejamiento, pero nada de eso te importa. Es más, creo que odias a Yoko justamente por haberlo hecho feliz…”

- “¡Mi hijo no puede ser feliz con una mujer asi!” –insitió tercamente- “¿no te das cuenta que es todo parte de su truco? ¡te ha engatusado a ti también porque no entiendo que la defiendas tanto cuando no es más que una sucia y vulgar arribista que ahora debe estar tras de tu dinero!”

- “¡LA UNICA ARRIBISTA EN MI VIDA HAS SIDO TU!” –explotó al fin Hiragizawa y Lady Regina se dejó caer sobre un sillón, absolutamente anonadada- “¡Y no pienso tolerar más toda esta ridícula situación ni tus estúpidas y egoístas quejas o tus ideas sórdidas y enfermas Regina!. Esa niña, esa muchacha que le ha regalado a mi hijo no sólo la felicidad de saberse amado y correspondido sinó la dicha de ser padre, ha hecho por mí también más de lo que imaginas… pero no de la forma en que tu mente sucia se imagina” –explicó, como un latigazo- “porque ha sido gracias a Yoko que me dio la oportunidad de acercarme a ellos, que Eriol y yo finalmente empezamos a conocernos y a tratarnos..  y ha sido debido a su cariñosa insistencia, sus cartas, las fotografías que siempre me envió de su vida familiar, que yo sé bien de lo que hablo cuando te digo que Eriol ha sido feliz y por eso es que ha logrado convertirse para mí en la hija que jamás pude tener. Porque no se contentó con amar a nuestro hijo como hombre y hacerlo padre, sinó que trató siempre de hacer que Eriol se enfrentara y admitiera las disfuncionalidades  del vínculo entre nosotros tres… porque llamarnos familia, es demasiado decir” –admitió- “Pero ella se dio cuenta de la brecha entre Eriol y yo e hizo todo por acercarme a su familia, a la que ella le dio a nuestro hijo; Yoko se esforzó por hacerme sentir bienvenido ¡a mí, que jamás tuve una familia auténticamente mía!. Y si ahora Eriol y yo estamos camino a ser finalmente padre e hijo, no olvido que se lo debo a Yoko, a esa muchacha dulce y cariñosa que me trató siempre como un padre, convirtiéndose para mí en una hija también”  –su voz adquirió un tinte de inflexibilidad y advertencia feroz- “y por Eriol, mi único hijo.. Yoko, la hija de mi corazón.. y por mi nieta Miriel por quienes yo daría la vida sin dudarlo, que te voy a decir una cosa Regina: Te prohíbo terminantemente que sigas perjudicando a Eriol o hablando mal de Yoko ¡mucho menos que te atrevas siquiera a pensar en separar a Miriel de sus padres! Mientras yo viva voy ha hacer hasta lo imposible para que mis hijos vuelvan a ser felices y mi nieta recupere su hogar y su alegría; pero si te sigues interponiendo en mi camino  voy ha considerarte una amenaza para la felicidad de los muchachos y voy a tener que obrar en consecuencia Regina..”

- “¡TU ME ESTAS AMENAZANDO!”

- “Te estoy advirtiendo” –explicó, inflexible como el destino- “y tu sabes bien que no hablo en broma Regina. Hace muchos años te dije con toda claridad que lo único que me importaba en esta vida era mi hijo… y mucho menos ahora que mi hijo está cerca de mi voy a permitir que lo perjudiques o que hagas daño a los que él ama. Espero que te haya quedado perfectamente claro…”

- “¡No, no me queda claro! Me parece horrible y absurdo que te pongas en un plan tan ridículo y cursi.. sentimental y tonto. ¿De pronto te sientes padre de esa pobretona? ¿la quieres como a una hija? ¡no ha sido culpa mía que no tuviéramos hijas!, ¡y quien sabe cuantas hijas habrás tenido con tus amantes estos años!” –dijo burlona, pero fría y letal como una serpiente venenosa- “no pretendas dártelas de padre sufrido Hajime, porque no te va el papel”

- “¿Y tu sabes mucho de papeles, no es asi?. Eres una actriz consumada Regina. Lo sé bien, fui auditorio crédulo de la mejor actuación de tu vida, ¿recuerdas?” –la dama rebulló, indignada- “si, no negaré que no soy un hombre Regina. No un muñeco, ni un juguete, como alguna vez creíste. Pero si he tenido necesidad de llenar las noches eternas de mi vida vacía con ocasional compañía femenina, no soy capaz de engendrar hijos irresponsablemente para lanzarlos a sufrir por no tener hogar o una familia a su alrededor. Con no haber podido ofrecerle a Eriol una auténtica familia ya era bastante sobre mi conciencia, porque una de las cosas que jamás me perdonaré es no haber sido capaz de darle una madre que lo amara y que no lo usara como juguete para su vida social..”

- “¡Yo he sido una madre digna y elegante!”

Algo parecido a la ironía brilló en los negros ojos del elegante y aún apuesto caballero.

- “Si, por supuesto. Y el acuerdo monetario que ambos firmamos cuando Eriol nació es lo que me ha tranquilizado al saber que mantenías el perfil bajo, aún cuando yo sabía muy bien a la hora de pagar las exabruptas salidas de algún ex -chofer, masajista o entrenador al cual despedías cuando conseguías a otro nuevo amante” –la rubia hizo un gesto de sorpresa- “¿creíste que no lo sabía? ¡por favor Regina, no insultes mi inteligencia!..”

La aludida estaba intensamente pálida y al borde de un auténtico desmayo mientras sus ojos azules contemplaban a su esposo con profundo temor y estupefacción. Habían pasado muchos años desde la última vez que ella y Hajime habían tenido una discusión de ese tipo y ahora se daba cuenta que había sido un espantoso error el provocar la fría ira de su esposo, por lo que no dejaba de temblar, mientras procuraba pensar algo.. que decir. Pero nada venía a su mente, más que palabras entrecortadas, porque al igual que años atrás Hajime Hiragizawa la había aterrorizado con su inexpugnable lógica y su fría amenaza, misma que Regina sabía que era perfectamente capaz de cumplir. Al fin y al cabo, su esposo tenía la loca idea de que defender a Yoko  era proteger la felicidad de Eriol, y si estaba de por medio el único hijo que tenían la altiva Lady sabía que Lord Hajime Hiragizawa era perfectamente capaz de dejarla sin un penique…

- “Cree en mi palabra Regina. Sabes que una vez que la doy, la cumplo hasta el fin” –dijo el lord a modo de finalizar la charla- “y puedes estar segura que si haces algo…incluso lo más mínimo que sea contra Yoko o Miriel o si incluso si te atreves a pensar en algo para perjudicar al joven Tao, sólo con el objeto de hacer sufrir a Yoko y alejarla de nuestro Eriol, voy a considerarte enemiga de mi hijo y tendré por nulo el acuerdo que tuvimos hace muchos años” –la rubia ahogó un gemido angustiado a duras penas mientras los ojos negros la contemplaban sin compasión- “y entonces voy a proceder, Regina. No dudes que antes que dejar que perjudiques a Eriol directa o indirectamente soy capaz de todo…. ¿quedó claro?”

La altiva dama intentó musitar algo… incluso quiso sollozar –por los auténticos nervios que sentía ante aquella mirada- pero sólo pudo asentir con la cabeza. No tenía caso recurrir a Eriol, de pronto lo supo. Si Hajime había dicho la verdad –y estaba segura de eso- su adorado y único hijo había estrechado vínculos con su padre y si de por si, Eriol no tomaba en serio sus desmayos, desvaríos ni frases normalmente ahora que Hajime y él estaban unidos …. mucho menos ahora. De modo que la dama se dejó acompañar por su alto y arrogante esposo hasta el rolls royce –donde la esperaba otro de sus atractivos choferes personales- y asintió mudamente al escuchar a Hajime ordenarle que se fuera a Montecarlo o a donde fuera, lejos de Japón.

Inmediatamente.

Apenas una hora después…. mientras subía al avión privado que Hajime había dispuesto con una rápida llamada telefónica y su jovencísimo y apuesto chofer se acomodaba a su lado llenándola de mimos, la lady aún no salía de su asombro…

Eriol había tratado de hablar con Yoko esa tarde pero le había sido total y absolutamente imposible. Cuando la joven china habíase marchado casi huyendo ante su sorpresiva llegada, al hijo de Hajime Hiragizawa no le había sido necesario usar mucha imaginación para adivinar que su madre se había quitado la careta de tolerable indiferencia y que Yoko acababa de pasar un mal rato pero en una rápida mirada decidió raudamente que no era el momento para reclamaciones y apenas si le dedicó a Lady Regina una mirada antes de partir detrás de su esposa en un intento por hablar con ella y tranquilizarla. En momentos como aquel, debía admitir que era un alivio conocer lo suficiente a su padre como para saber que podía dejar bajo su cuidado el desagradable asunto de poner a la altiva aristócrata inglesa en su sitio; su prioridad ahora era Yoko y simplemente ella...

- “Por favor Yoko, sólo escúchame un momento..”  -pidió alcanzándola con no poco trabajo y tirando de su brazo para retenerla- “te lo suplico, ¿puedes darme siquiera unos segundos?”

- “¡No!” –le replicó evidentemente a la defensiva- “¡¡No quiero!!. ¡¿Porqué tendría que hacerlo?!! ¡por favor Eriol, ya basta! ¿Por qué seguimos este absurdo juego de persecución?. A estas alturas acabo de recibir otra merecida lección sobre la realidad de nuestra relación y ya no necesito más palabras ni mentiras.. ¡ya es suficiente!”

- “¿De qué mentiras estás hablando?”

- “Tu madre acaba de mostrarme lo ridícula y risible que fue mi pretensión de tener una vida contigo ¡aún sin que todo esto pasara! ¡Y de pronto no entiendo como pude ser tan tonta como para creer que lo que teníamos iba a durar!” –el hechicero se sintió dolido al notar en los ojos grises que le enfrentaban dolor, desesperación y profunda humillación- “ siempre fuimos demasiado diferentes Eriol, ¡demasiado!”

- “¿Por qué andas creyendo eso ahora, acaso no te das cuenta que Regina no quieren verme a tu lado por simple esnobismo absurdo?. ¿No comprendes que todo lo que te dijo no son más que mentiras para separarnos definitivamente, aprovechando nuestros problemas?” –se sorprendió- “¡Y de todas las personas en este mundo, tomas en serio las palabras de Lady Regina!... ¡no puedo creerlo, Yoko! ”

- “Tal vez porque de pronto todo lo que dijo tu madre tiene mucho sentido práctico y lógico. Era absurdo esperar una vida en común entre dos personas tan diferentes como nosotros; era sólo cosa de tiempo que te aburrieras de una persona tan simple como yo y que buscaras emociones nuevas, si no era Elaine quizá otra....”

Los ojos azules miraron a la muchacha con estupefacción mezclada con dolor..

- “¿Pero porqué es que andas creyendo las enormes falacias de Regina? ¡si, cometí errores, ambos lo hicimos!” –la retuvo con firmeza porque la veía terriblemente pálida- “yo al creerme que me merecía toda la vida que tú me entregaste y tú entregándote de tal forma que me consagraste todo.. sin pensar casi en ti misma. Ambos sabemos ahora que fueron muchos mis errores, pocos los tuyos y más tus perdones….” –musitó suavemente- “pero nunca quise serte infiel, Yoko, lo sabes”

- “Ya no importa Eriol. Nuestra vida era un sueño y era cosa de tiempo que despertara, nada más. Ahora sólo terminemos esto de la mejor manera, por el bien de Miriel.. ¡de quien tu madre quiso separarme!, ¿sabes que vino a tratar de quitármela?”

- “Regina realmente no tiene ni una sola neurona funcionando en su cabeza” –murmuró tratando de contener su irritación y coraje contra la propia autora de sus días- “pero te juro que no volverá a molestarte, pero escúchame.. por favor”

- “No tiene caso Eriol. Tengo una reunión en el Sunshine y…”

- “Te llevo, ambos tenemos que estar allí. Ven conmigo al auto..”

- “No”

- “¡Yoko!”

- “¡No!”

Ambos se contemplaron casi con una mirada de desafío por parte de la pequeña muchacha de ojos grises mientras los ojos azules del alto y arrogante inglés estaban absolutamente dolidos por sus palabras, pero antes que él pudiera evitarlo –y siendo que el portero del edificio les había lanzado sorprendidas miradas, porque estaban en el living- la joven china empujó la puerta y salió a paso raudo a la calle, llamando un taxi en un esfuerzo por apartarse de su esposo, sintiendo aún sobre sí la mirada cálida, tibia y ardiente de aquellos ojos azules suplicantes..

- “Sé que no te merezco.. pero no puedo menos que amarte Yoko” –musitó muy bajo, pero muy a su pesar la joven lo escuchaba- “sería más fácil para mí dejar de respirar que pedirme que me aparte de tu vida. Nací dos veces antes que ahora para amarte y te pido por este amor tan grande, tan profundo y tan antiguo… que no me odies. No podría vivir con eso”

- “¿Nacer dos veces antes?” –repitió la aludida con sorprendida mirada- “no sé de lo que hablas... no, no entiendo..”

- “¿Desea taxi, señorita?”

Pese a la flotante pregunta en el aire, Yoko aprovechó la repentina llegada del taxi que tanto había buscado y se subió en el vehículo casi aliviada de poder escapar del sortilegio embriagador que significaba contemplar las facciones y los brillantes ojos de su esposo pero mientras el vehículo la alejaba más y más de él, la mente de la joven china tomaba la firme y profunda decisión de que lo evitaría a toda costa en el futuro porque ahora estaba segura que con sólo mirarlo sus defensas se tambaleaban y no podía darse ese lujo. No. No más. Por mucho que su corazón y su mente se enfrascaran en una feroz discusión cada vez que lo veía tenía que aferrarse al dolor de su traición porque no se sentía con el valor suficiente como para pasar el resto de su vida con él…

Pero siempre temiendo otra traición, siempre temiendo otra mentira..

¿Cómo podía hacerlo? ¡no, no!.. era mejor lo que había decicido el mismo instante que supo de su engaño. Era lo mejor. Una separación dolorosa pero definitiva y una posibilidad que ambos pudieran reconstruir sus vidas como lo prefirieran…

- “Pero.. ¿porqué dijo Eriol eso de “haber nacido dos veces antes?.. ¡sólo fue una vez, cuando fuimos Lead Clow y Kai-Sung!.. ¿Qué quiso decir?”

Muchas horas después de haber regresado de la reunión en el edificio del Concilio –el Sunshine- mientras sollozaba como cada noche, sola en la penumbra de su alcoba, Yoko no pudo evitar entre lágrimas el preguntarse de nuevo el porqué de aquellas enigmáticas palabras de su esposo, aunque se reprochó a si misma inmediatamente… ¿porqué no podía dejar de llorar cuando recordaba lo que le dijo Eriol esta tarde? ¿Por qué, cuando lo que debería estar es desesperada por las noticias sobre la anterior encarnacion de Miriel?, ¿Por qué no podía dejar de pensar en aquella expresión “haber nacido dos veces antes” que usó Eriol?

¿Y por qué no podía dejar de recordar esos chispeantes e increíbles ojos azules, los mismos que Kai Sung había adorado.. los mismos que…?

¿Qué..?  

¿Dónde más había visto ella aquellos ojos azules?... tan azules y profundos, lo suficientemente como para marcar su vida con solo una mirada.. un momento..

¿Dónde?

En esos mismos instantes y en la penumbra de la noche, mientras fumaba lentamente un cigarrillo en el balcón del penthause que ocupaba, la mente del hechicero occidental no pudo evitar repasar aquellos recuerdos que aún Lead Clow había preferido ignorar.. más que olvidar.

Noche del 06 de Octubre del año del Señor de 1571

Golfo de Lepanto.

Las estrellas centelleaban sobre la superficie del mar aquella noche, siendo que el océano, más que azul, parecía negro reflejo del firmamento; pero en la agitación de la galera y a puertas del que habría de ser uno de los combates navales más importantes en toda la historia de Oriente y Occidente, uno solo, entre todos los valientes defensores de la cruz parecía sentir una paz extraña y casi etérea. Los vientos que azotaban la embarcación revolvían su largo cabello negro azulado, pero aún en el frío de la noche el caballero hospitalario se arrebujó mejor en su capa, y siguió contemplando la oscuridad en silencio y tranquilo.

Había una extraña paz en él esa noche y se preguntó porqué. Pocas cosas en su vida podían ser descritas como “pacíficas” y mucho menos desde los terribles episodios que había vivido en Chipre; episodios que desembocaron en la caída de la fortaleza de Famagusta, la masacre de los defensores y la horrible muerte de su amigo de la infancia Ridolfo Mocenigo, quien, a pocos instantes antes que cayera la ciudad –y que él llegara del pequeño fortín al norte donde había sido destacado- había sufrido la atroz desesperación de los sitiados, siendo ajusticiado en hoguera por el único delito de haberse enamorado de la joven princesa Roxelana. La misma muchacha que, aunque Ridolfo había arreglado que fuese devuelta a los suyos, había preferido morir al lado del desventurado joven, arrojándose a la hoguera donde él se consumía.

Dos inocentes muertos de una manera tan atroz…

- “¡Vos no entendeis el amor, Boisloire! ¡vos no habéis amado!” –la voz de Ridolfo parecía sonar en su cabeza- “cuando contemplé a Roxelana por primera vez, fue como si algo muy antiguo nos uniera y en mi interior comprendí que finalmente había hallado lo que buscaba sin saberlo. ¡Tratad de entenderlo! .. su mirada, su voz.. sus ojos encontrándose con los míos… quizá os cause gracia, pero aquel momento para fue podía haber sido eterno y después de conocerla y amara ciertamente puedo morir en paz”

- “Pues disculpad, pero estamos en guerra contra los infieles, Ridolfo. No creo necesitar los ojos de una princesa turca para poder morir siendo que estoy seguro que un guerrero de su misma nación me atravesaría con su cimitarra si me descuido”

- “¡No os burléis, Etienne!”

- “¿Es no os oís? ¡sois un niño, un ingenuo!.. ¡miradas eternas! ¡todas las mujeres son iguales!”

- “¡Bien se nota que no os habeis enamorado, Boisloire! ¡seguid burlándoos, pero el día que os enamoréis, me daréis la razón!”

- “¡Ridolfo! ¡vos sabeis que me enamoro cada día y en cada fiesta, de cuanta dama hermosa me ofrece sus favores!”

- “¡Os hablo en serio!”

- “¡Ja, ja, ja, ja!”

Un leve suspiro sacudió al caballero hospitalario de origen francés al recordar aquella charla. La muerte de su joven e inocente amigo era algo que no le había dejado en paz desde que ocurriera. Pese al insólito mensajero que le había dado la noticia de la detención de Roxelana y Ridolfo había llegado tarde, en medio del zafarrancho de combate y sólo había podido intercambiar algunas palabras con el Gobernador de la Plaza y algunos escasos defensores, pero había sido suficiente para reforzar su teoría sobre un culpable; alguien manipulando entre las sombras que había exacerbado los ánimos de los sitiados al punto tal que ni el mismo Gobernador pudo evitar que ajusticiaran al joven y valeroso capitán, que era nada menos que el hijo mas joven del Dux de Venecia. 

- “El amor y vuestra ingenuidad os llevaron a una muerte atroz, mi joven e infortunado amigo” –musitó en voz alta, como si tuviera frente a sí a su amigo de la infancia- “o más bien dicho vuestros sueños infantiles e ilusiones románticas. A vosotros dos.. a vos y a vuestra princesa turca” –suspiró de nuevo- “¡vuestro amor! sueño infantil e inocente que acabó en una hoguera… ¡pobre amigo! ¡mi pobre e inocente amigo!. Pero temáis, no. No olvidaré lo que prometí ante vuestra pira. Vuestro padre y yo os daremos la tranquilidad de rehabilitar vuestro nombre ”

- “¿Ahora hablais solo Boisloire? ¿Qué os esta pasando?”

La alegre voz no sorprendió en lo más mínimo al francés, que más bien sonrió sin perder su compostura y contempló al recién llegado con algo de divertida ironía..

- “Os hacía en vuestro camarote o en reunión con Don Juan y otros capitanes de escuadrón en la nave almirante, señor Príncipe. ¿No es cierto acaso lo que indican los vigías?. Aún nosotros, pobres soldados cristianos, sabemos que enfrentaremos a los turcos al amanecer de mañana.. o quizá pasado mañana, a lo sumo. ¿Qué os trae aquí a puertas de la confrontación con los turcos?”

- “Asuntos familiares, Boisloire. Asuntos familiares” –refunfuñó el elegante recién llegado, a quien el caballero francés llamaba “Príncipe”- “vos no tenéis familia ¿no es asi?” –el hospitalario asintió- “¡no sabéis lo afortunado que sois!”

- “Siempre he sabido que parte de mi fortuna era la de ser sólo en este mundo” –ironizó el de ojos azules- “pero tener una familia de la que cuidar es parte de vuestras responsabilidades como Príncipe de Nápoles; así pues, siendo que disfrutáis tanto de vuestra posición temo que no tenéis más remedio que cargar con vuestros parientes, mi señor don Alfonso”

- “Supongo que tenéis razón, pero ¿que hacéis vos aquí?. Ciertamente estamos a puertas de la batalla contra los turcos y os hacía en compañía de vuestros amigos, los Duques de Eboli” –tras una leve pausa del príncipe de Nápoles pregunto- “¿o es acaso, que vos, como otros capitanes, no os sentís cómodo con el Duque?.. con eso de que es un turco renegado..”

- “Callad, príncipe. No sabéis lo que decís. Muley el Kadel* es más que un simple “renegado”, mi señor don Alfonso. No sólo es el esposo de mi gran amiga la duquesa Leonor de Eboli, sino que todos los defensores que combatimos en Chipre sabemos no sólo de sus hazañas, sinó también del alto sentido del honor del “León de Damasco” que ha sido reconocido, aún por el mismo don Juan de Austria, como un aliado confiable y apoyo y ayuda para las fuerzas cristianas..”

- “¡Por la Santa Madre Iglesia!, ¡sois todo un defensor del flamante Duque de Eboli, mi buen amigo Boisloire! ¡y yo que siempre creí que vos estabais interesado en la duquesa!”

El comentario hizo reír al francés.

- “No bromeeis con eso, Príncipe. Leonor de Eboli es casi una hermana para mí, además de una gran combatiente. Si vos la hubierais visto luchar en Famagusta, donde incluso llegó a vencer a quien actualmente es su propio esposo..”

El Príncipe Alfonso contuvo una risita.

- “¡Así que los rumores son ciertos!.. Ya veo, ya veo. Pero tenéis razón Boisloire. No lo negaré. Todos en esta flota sabemos bien que ha sido una gran preocupación para los turcos la deserción y conversión al cristianismo de su héroe: el León de Damasco, ahora Duque de Eboli. Pero dicen algunos que el mismo León os profesa una gran amistad y se os declara tremendamente agradecido. Al fin  y al cabo, vos habéis salvado a la duquesa de la masacre de Famagusta… y han sido los bellos ojos de vuestra amiga los que convencieron al León de volverse cristiano.. por amor, por supuesto”

A la sola mención de la palabra “amor” el francés frunció el ceño…

- “Leonor ha demostrado ser tan romántica como Mocenigo, y ella que se decía, como yo.. alguien sensato” –pensó reflexivo- “pero afortunadamente ha sido Leonor quien ha logrado alcanzar con Muley, la dicha que le fue negada a nuestro infortunado amigo. ¡Que irónico!”

- “¿Decíais algo?” –preguntó el príncipe de Nápoles.

- “No, nada. Sólo pensaba…”

- “En Mocenigo, ¿no es así?”

Los ojos azules del caballero hospitalario asintieron.

- “No os engañáis señor Príncipe.. no os engañáis al decir que recuerdo a mi pobre amigo con tristeza. Pero cometéis un error al decir que salve a Leonor” –hizo una pausa- “si he de seros absolutamente honesto, el hecho que Leonor y este, vuestro humilde servidor” –hizo una mueca mientras Alfonso de Nápoles murmuraba que nadie definiría a Etienne Boisloire como “humilde”- se encuentren aquí, a las puertas de la más grande confrontación musulmana y cristiana… es obra de Ridolfo. Porque fue él quien nos salvó la vida a ambos…”

- “Pero Mocenigo murió, Boisloire”

- “Si. Pero nos había salvado antes..”

La expresión desconcertada del Príncipe animó al caballero hospitalario de ojos azules a rememorar lo ocurrido en Famagusta. Específicamente lo que pasó después de que prometiera esclarecer y limpiar la memoria de los infortunados Ridolfo y Roxelana y se viera inmerso en una terrible batalla para sobrevivir, y a cada palabra, cada explicación, la expresión del Príncipe Alfonso de Nápoles pasaba del asombro, a la más profunda incredulidad..

- “¿Os avisó un infiel? ¿estáis loco? ¿pretendéis que os crea eso?”

- “No os miento, príncipe. Aunque admito a vos que en un primer momento pensé que era una trampa”-hizo una pausa- “pero no fue así. De hecho, estoy casi seguro que el Capitán Hamid era parte de la gente de la Princesa Turca, y tal vez ese fue el motivo por el que suplió al desafortunado Vanio, llevándome el mensaje de la desgracia de su señora y de Mocenigo..”

Alfonso de Nápoles se revolvía el cabello, en un gesto de perplejidad..

- “¡Un capitán turco llevándoos el mensaje de la desgracia de los enamorados! ¡y vos, vos, creyendo en su palabra y partiendo a ayudarles sin temer que una cuadrilla de infieles os esperaran en el camino con puñales!” –resopló- “¿Qué os daban en Famagusta? ¡No puedo creer que tales cosas hayan ocurrido!”

- “Pues creedlo. Fue gracias al Capitan Hamid que me enteré de lo ocurrido aunque llegué tarde para poder evitarlo”

- “¿Y que fue del turco? ¿creéis que lo podréis encontrar en batalla? ¡porque no olvidéis que aunque os haya ayudado entonces, ahora es un enemigo!”

- “Tranquilizaos Príncipe. No creo que estemos próximos a enfrentar a ese guerrero..”

- “¿Porqué no?”

- “Porque… porque él deseaba escapar también, abandonar el ejército turco; de hecho, el tipo me exigió que le jurara por la cruz que esperaría por él y alguien más. Pero nunca llegaron”

- “¿Esperar?”

- “Si. En la pequeña ensenada donde estaba la pequeña embarcación que Ridolfo había preparado. La misma adonde Mocenigo ordenó (poco antes de ser aprehendido por la turba) que llevaran a Leonor, porque estaba herida. Aquel era parte de un plan de escape previsto por si las cosas salían mal y debo admitir ante vos, que yo jamás creí que mi salavción iba a deberse a eso, pero así fue. Desgraciadamente, la nave que debía ser abordada por dos miembros del séquito de la Princesa turca, además de la misma Princesa, Leonor, Ridolfo y yo… sólo nos sacó con vida a Leonor y a mi de Famagusta. Porque el Capitán Hamid y el otro miembro que debía llegar no llegaron, mucho menos Ridolfo y su princesa. Por eso es que yo creo que el Capitán Hamid y el otro que venía con él fueron detenidos y muertos antes de llegar a la nave donde Leonor y yo esperábamos..”

- “Ya veo…” –el príncipe vió el rostro melancólico del francés- “¿aún creéis que fue culpa vuestra? ¿la muerte de Ridolfo y de esa joven turca? ¿o os culpáis también de que el capitán turco y el otro miembro no llegaran a la nave?”

- “No. De la muerte de Hamid y su acompañante, nada sé pero estoy seguro que nada tengo que reprocharme. Les esperé no horas.. sino hasta un día siguiente, con gran riesgo de mi vida y la de Leonor. Pero por eso estoy seguro que ese capitán murió. Es la muerte de Ridolfo la que me deja frustrado Alonso. Vos debéis entenderlo, porque también le conocíais…”

- “Si. Y se que era casi como un hermano más joven para vos, nadie lo ignora Boisloire. Toda Italia sabe que vos, Mocenigo y Leonor de Eboli habeis sido amigos de la infancia. Lograsteis salavr a Leonor, pero no a nuestro gentil y soñador amigo…” –reflexionó- “entiendo vuestra pena.. no olvidéis que tengo hermanos menores… aunque bastardos de mi padre, pero hermanos al fin”

- “Y varias hermanas, según se”

- “¡Oh, no me habléis de hermanas!” –se irritó el Príncipe de Napoles- “¡por compasión, os lo suplico, no lo hagáis!.. ¡las obligaciones familiares me vuelven loco! ¿sabeis que mi hermana más pequeña insiste en que no quiere casarse? ¡ya le tengo elegido un esposo conveniente pero la mozuela insiste que va a negarse!” –el francés se encogió de hombros y el príncipe añadió viendo que a su amigo sus problemas familiares no le interesaban nada- “por cierto.. hablé con el Dux poco antes de partir y me pidió que os dijera que se está buscando al inglés aquel, a ese De Dannan” –hizo una pausa- “¿porqué decis que aquel sujeto pudo haber tenido que ver con la muerte atroz de nuestro pobre amigo?”

- “Porque Sir Henry De Dannan me odia a mí.. y envidiaba la posición de Ridolfo. Además ¿no os parece extraño que haya logrado escapar sin heridas de la masacre de Famagusta?”

- “Si, eso debo admitir que es extraño.. al menos. Vos mismo habéis llegado casi muerto con los nuestros y debo admitir que creí que la duquesa de Eboli no sobreviviría tampoco. Pero vosotros dos estáis hechos de puro valor, Etienne.”

- “Poco tiene que ver el valor, Príncipe Alfonso. Leonor deseaba vivir porque ya amaba a su León de Damasco, que finalmente se reunió con ella con el tiempo. A mí me impulsa a vivir las ganas de rehabilitar la memoria de Ridolfo..”

- “No me lo recordéis. De Dannan fue un miserable. ¡Ponerse a contar a todo el que quisiera oírle que Ridolfo Mocenigo iba a traicionar a Famagusta! ¡que era un traidor!”

- “¿Entendeis ahora porqué el Dux y yo estamos decididos a atrapar a ese sujeto? Ha mancillado el honor de mi amigo y de toda su casa, y nada ni nadie me convencerá que no tuvo algo que ver con la tragedia de Ridolfo

Alfonso de Nápoles le dio la razón.

- “Tranquilizaos, Boisloire. Lo que habeis dicho en cada corte de Europa ha desacreditado a De Dannan y gracias a la persecución del Dux y vuestras acusaciones, Sir Henry no es bien recibido por ninguna casa real, ducal o siquiera ningún caballero que se precie de serlo.” 

Un mensajero llegó en ese instante interrumpiendo la charla del príncipe y el caballero hospitalario, indicando con rapidez que el Comandante en Jefe de toda la Liga, don Juan de Austria, deseaba dar una instrucción de última hora a su ilustre amigo, el Príncipe Alfonso de Nápoles; así que no sin murmurar que le avisara sobre cualquier anomalía en esa nave, el príncipe napolitano siguió al mensajero y Boisloire volvió a quedar solo, pensando que ya era sólo cosa de tiempo que se evidenciara ante todos la bajeza de Sir Henry, ignorando que el gentilhombre inglés se encontraba en ese mismo instante, oculto en el mismo barco que Boisloire capitaneaba, conteniendo a duras penas su rabia y frustración…

- “Boisloire me ha arruinado. Ha arruinado mi nombre, mi honor… y a pagarlo. Aunque me cueste la vida, Roth, os lo juro”

Su interlocutor, que estaba inclinado sobre unos baúles repletos de arcabuces, parecía más ocupado en buscar municiones y armas, que en prestar atención a las palabras de Sir Henry.

- “Vos mismo habéis tenido la culpa” –dijo mientras seguía enfrascado en su búsqueda, difícil porque las velas eran escasas en ese lado del camarote.. justamente por las municiones- “os sugerí haberos callado sobre lo ocurrido en Famagusta pero no habeis querido escuchar y habéis conseguido la ira de la poderosa familia Mocenigo. ¡Me pregunto que os harían si supieran que lo que Boisloire sospecha es cierto!”

- “Callaos. Ni siquiera lo penséis. Me deshice del oro de la princesa Zobeida gracias a varios mercaderes judíos y es por ello que no pasaré más apuros en mi vida, pero ¿de que me sirve? ¡gracias a Boisloire mi reputación como guerrero y hombre de honor está mancillada para siempre!”

- “Supongo que pretendéis lavarla peleando en este combate y cubriéndoos de gloria matando infieles..”

- “Si, por eso os pedí ayuda para ingresar oculto aquí..”

- “Pero, ¿No creéis que habéis exagerado al meteros en el mismo barco que ordena vuestro enemigo, Etienne Boisloire?” 

- “No, Roth. Nada de eso. Os aseguro que esta batalla me será útil para recuperar mi honor de guerrero cristiano, eso es cierto.. pero la principal razón que este aquí, oculto como una rata, es para  poder estar listo y asestarle una estocada mortal a Boisloire… si la ocasión lo amerita”

El llamado Roth no dejó de seguir buscando municiones, aunque murmuró también algo sobre los cuidados que le estaban poniendo los vigías y todos los oficiales a los arreos de la nave…

Como si buscaran algo.. o a alguien.

Pero buscar a alguien las escasas horas de la noche que quedaban antes del amanecer, no estaba en los planes de Etienne Boisloire, de modo que en cuanto el príncipe Alfonso había partido, el caballero francés había marchado hacia su propio camarote y notándose de pronto muy cansado había procedido a quitarse algunas piezas de su armadura con rapidez para poder estar más cómodo, sin embargo un minúsculo sonido de su yelmo le dijo finalmente el lugar exacto donde estaba oculto el intruso –porque en cuanto ingresó a su camarote había notado que no estaba solo- y el hospitalario se movió con la rapidez de un guerrero experimentado, cayéndole encima al sorprendido visitante, el mismo que tembló como hoja cuando vió en la oscuridad a aquellos ojos azules mirándole amenazadoramente bajo el brillo del puñal que le había puesto en la garganta..

- “No… no me ataqueis” –pidió el intruso- “no.. no os haré daño”

- “Lo sé, porque no os lo permitiré. Pero no conteis que yo diga lo mismo que vos. No tengo costumbre de ser amable con los que se ocultan en la oscuridad para cometer un asesinato. Decidme, ¿os envió De Dannan?”

- “¿Quién decís?”

- “¿Os envió Sir Henry De Dannan, ¿verdad? ¡admitidlo o os mato aquí mismo!”

- “No.. no ¡no me matéis! ¡no sé siquiera quien sois! ¡No conozco a ese Dannan! ¡dejadme, or lo suplico! ¡estáis muy pesado!”

Boisloire retrocedió un poco ante la leve nota de pánico que sintió en la voz y la otra persona en la oscuridad pareció encogerse de miedo. A estas alturas el Caballero Hospitalario había notado ya que su “atacante” debía ser un niño, porque, efectivamente, cuando cayó sobre él había notado un cuerpecito menudo bajo la armadura que tenía..

- “Aguardad y no os movais, o os mato” –ordenó Etienne tomando una vela, siempre con el puñal apuntando hacia el otro- “ahora.. acercaos a la luz y decidme. ¿Quién sois y porque estáis aquí?”

Los pasos del otro fueron temblorosos y extraños, pero contemplando al caballero de ojos azules a la luz, retrocedió vivamente, como si de pronto hubiera sido presa de gran sorpresa..

- “¡Sois el caballero Boisloire!” –dijo muy  bajo, retrocediendo- “¡sois Boisloire!”

- “Vaya vaya, jovencito. Parece que vos si me conocéis después de todo. Pero como no me gustan las sorpresas y también deseo saber sobre vos (ya que si sabeis de mi), haced ahora mismo lo que os digo: quitaos el yelmo”

- “¡Oh no, no, no lo hare´!”

- “¿Estais loco? ¡os mataré!”

- “¡No, no! ¡no me quitaré esto!”

El puñal en la mano del caballero francés se movió con rapidez inusitada casi debajo del cuello del extraño y aunque Boisloire sintió al otro temblar como una hoja, su voz no tuvo menos decisión al añadir:

- “Quitaos el yelmo.. o os quitaré la cabeza”

- “Es.. está bien. ¡Pero juradme que no me entregareis!”

- “¡¿Qué habéis dicho?!”

- “¡Juradme que no me entregareis!, ¡no podría soportarlo!, ¡menos aún de vos!”

Los ojos azules parpadearon en sorprendida idea.

- “Ya veo… ya veo. Así que es vuestra primera batalla y habeis tenido miedo, ¿no es así mocito? ¡por eso os habéis escondido en un camarote! ¿acaso esperabais que no notaria vuestra presencia?”

- “¡Por favor, os lo suplico! ¡juradme que no me entregareis!”

- “¡Si no os quitáis el yelmo, os mataré”

- “Pues matadme.. prefiero morir aquí, y en vuestras manos a que me entreguéis!”

Un tenso silencio siguió en la estancia y algo parecido a la diversión pareció animar un poco a Etienne Boisloire. ¡Pues parece que después de todo, el mocito no carecía por completo de valor! Aunque elegir la muerte antes de ser entregado a otros oficiales, no era gran diferencia a la muerte en batalla, pero fue suficiente para el francés. A la luz de la vela notaba ya que su interlocutor debía ser poco más que un niño por la estatura … y porque usaba una armadura infantil y esto mismo motivó su paciencia y mayor comprensión. No le costó mucho recordar la primera vez que había sido lanzado a un combate siendo niño y el recuerdo le divirtió; fue por eso mismo que decidió mostrarse más amigable con su visitante nocturno, sonriéndole tranquilizadoramente..

- “Bien, muchacho. Os entiendo. El primer combate asusta. Pero no habéis elegido la mejor forma de obrar… aunque calmaos, no os entregaré. Con algo de suerte presentaremos combate a los turcos mañana y confío que esta noche os deis cuenta que la vida del guerrero es todo lo que un gentilhombre puede tener. No penséis sólo en la muerte en combate, aunque es difícil. Si os ayuda a calmar vuestros miedos, pensad más bien en los brazos de las hermosas damas en quien podremos todos, cuando hayamos ganado encontrar recompensa por haber protegido a la cristiandad..”

- “¿Da….mas?”

- “Si damas, prostitutas o quizá prefiráis cautivas musulmanas. Aunque eso sí lo veo difícil. No es común que alguna mujer turca esté en una batalla… pero siempre podréis compraros una esclava musulmana con lo que nos reconocerán, si ganamos aquí”

El interlocutor de Boisloire pareció confundido, asustado, enojado.. o todo a la vez.

- “Bien muchacho. Ya quitaos el yelmo. Os juro por mi honor que no os entregaré y que podréis  pasad aquí la noche a salvo. Descansad y contadme vuestros miedos… quizá pueda haceros sentir mejor al oíros..”

- “Es que.. yo…”

- “¿Qué? Ya os juré que no os entregaré…”

Etienne Boisloire dejó el puñal sobre la pequeña mesa de madera y se cruzó de brazos aunque sonreía con divertida expresión, para animar al niño a confesar su cobardía; pero .. tras unos instantes de silencio y con un largo suspiro, su interlocutor alzó las brazos y se quitó de un solo gesto el yelmo, provocando que la enorme cascada de pelo castaño rojizo cayera como una masa sobre los pequeños y frágiles hombros y Etienne Boisloire dejó de sonreír al descubrir que quien se ocultaba debajo de aquella armadura infantil no era ciertamente un niño o un soldado asustado…

No.

¡Era una chica!

- “No olvidéis que habéis prometido no entregarme” –musitó con el semblante adorablemente sonrojado, ante aquellos ojos azules que la contemplaban atónitos- “en vuestra palabra he confiado, señor caballero Etienne Boisloire..”

El guerrero parpadeó, confundido.. antes de preguntar..

- “¿Quién sois, mi señora?”

La chica ante él juntó sus manos en un gesto infantil y tan o más apenada que el aturdido caballero ante ella murmuró, con su propia y dulce voz –porque hasta entonces había procurado que sonara algo más ronca, y el yelmo había ayudado un poco- suavemente..

- “Mi nombre es Carlota.. soy… soy…..”

- “Charlotte de Nápoles.. ya veo.. ¡la hermanita del príncipe Alfonso! ¡es a vos a quien él está buscando!”

- “¡Oh, por favor, no le digáis nada! ¡no quiero que mi hermano me encuentre!, ¡no quiero, no quiero!”

Boisloire aún no se lo creía. Sus ojos azules brillaban escudriñando lo que debía estar bajo la armadura infantil y mientras su mente le gritaba que debió haber ciego para no notar que había casi matado a una muchacha, su lado práctico –ese, que siempre gobernaba absolutamente sus decisiones- parecía estar mudo.  Casi tanto como el caballero, que, no obstante no dejaba de contemplar la adorable faz de la muchacha casi embelesado e incrédulo, perdido en la vista de aquellos  largos y castaños cabellos, los enormes ojos sombreados por pestañas inmensas y aquella luz brillante, medio audacia e ingenuidad, un poco de decisión e inocencia..

- “Yo.. he.. Princesa… yo.. yo.. he” –musitó casi tartamudeando y se sorprendió de si mismo al oírse ¡jamás había tartamudeado!- “¡argh!, disculpad mis pésimos modales. Os lo suplico” –dijo, obligándose a pensar lo que decía, porque tenía la lengua como de trapo- “pero, temo que habéis cometido un grave error. ¡Habéis embarcado en una expedición que va a una batalla, Princesa Charlotte! ¡podéis morir y si vuestro ilustre hermano sospecha que estáis aquí, entiendo de sobra porqué se encuentra tan preocupado!”

La chica pareció avergonzada al notar la inquietud en la voz del arrogante caballero ante ella, al punto que se ruborizó otra vez, pero añadió, con la familiaridad de alguien acostumbrada a ser obedecida,

- “Se puede morir donde sea, señor caballero Boisloire” –musitó- “pero, os recuerdo que me habéis dado vuestra palabra de no denunciar mi presencia aquí con mi hermano… y en vuestra palabra he confiado. No os echareis para atrás.. ¿verdad?”

Etienne Boisloire sólo pudo suspirar exasperado..

- “¡Yo y mi bocota!” –gruñó y la muchacha le miró sorprendida ante su brusca expresión- “disculpadme de nuevo Princesa, pero debo insistir. Ignoro los motivos que teneis para desobedecer a vuestro hermano, pero este es el peor lugar del mundo donde podeis haberos escondido.. ¡estamos camino a combatir a los turcos, a bañarnos en sangre de los musulmanes! ¿sabéis lo que sería si supieran ellos que una princesa cristiana viaja con nosotros? ¡seriáis un trofeo magnífico para los sultanes y los emires!”

- “No soy trofeo de nadie, señor caballero. ¡Es por eso que estoy aquí!” –dijo compungida, dejándose caer sobre el duro lecho sobre el que debía dormir el caballero- “mi hermano no comprende que no es mi deseo desposarme con el príncipe que ha elegido para mí. ¿Qué tan difícil de comprender es eso? ¡es feo, débil, pusilánime y cobarde! ¡Alfonso lo sabe e insiste aún así en que es mi deber desposarme con él! y no sólo Alfonso, sinó mis demás hermanos y hermanas, mi madre..¡todos insisten en lo mismo! ¡el deber de una princesa es aceptar, callar, desposarse con el hombre elegido por su familia y obsequiar hijos para su dinastía! ¡y yo no quiero, no quiero!”

Algo extraño y desconocido para Boisloire pareció comprimirle el cuello de sólo imaginar a esta hermosa muchacha del brazo de algún patético principito –de los muchos que habían- pero lo dominó con un esfuerzo y musitó:

- “¿Odiáis a los hombres mi señora?”

- “No. Pero.. me he jurado a mi misma sólo desposarme con el hombre al que ame ¡y no amo a ese príncipe!” – la muchacha volvió sus enormes ojos hacia Boisloire, quien se sintió extrañamente eufórico- “vos… vos habéis estado en Famagusta y se dice que el infortunado joven capitán Mocenigo murió por amor. ¿Es cierto?”

- “También dicen que ese amor fue traición mi señora..”

- “¡Pero vos estuvisteis alli! ¿Qué decis vos?”

- “Que Ridolfo jamás traicionó a Venecia ni a su ilustre familia. Amó, es cierto, amó hasta la muerte a una joven musulmana que le correspondió en igual medida… pero debo admitir que fue el amor de ambos lo que les condujo a su trágica muerte. No había futuro en ese amor, princesa. Ella era musulmana y mi amigo, un capitán cristiano..”

- “Pero se amaban..”dijo Charlotte con suave voz- “el la amaba.. entonces.. ¡oh, que feliz debió haber sido ella de saberse correspondida!”

- “Pero murieron mi señora..”

- “Vale más morir después de haber amado, que vivir una larga vida sin amor..” –dijo la joven con el rostro arrebolado al notar lo profunda que era la mirada de los ojos azules de su interlocutor- “pero ya sé que vos no creéis lo mismo. A mi, en lo personal, me hubiera gustado hablar un poco con el señor de Mocenigo, pero apenas si lo vi un par de veces, en las fiestas del palazzo

- “¿Habéis participado en las fiestas de vuestro hermano?.. permitid que me asombre, porque no os recuerdo..”

Charlotte inclinó la cabeza, un poquito apenada..

- “No, caballero. Tengo apenas quince años y no se me permite asistir a las danzas hasta que tenga esposo; pero como podéis adivinar, por mi singular carácter no ha sido fácil para mis padres o hermano concertar un enlace para mi. Por ello es que, pese a estar comprometida desde los once años me han tenido en un convento.. para acostumbrar mi personalidad a la obediencia”

- “Pero no les ha resultado y sois una niña obstinada Charlotte. Ahora lo sé”

La muchacha elevó la mirada, sorprendida y emocionada por la familiaridad del caballero francés hacia ella.. una princesa de Nápoles; nadie habría podido decir si era el deseo de Charlotte protestar ante la desvergüenza de un caballero hospitalario que la llamara simplemente por su nombre pero al elevar la mirada se encontró ciertamente perdida entre aquellos ojos intensamente azules y no pudo menos que sonrojarse aún más, mientras su decisión de no desposarse con nadie se reforzaba más y más al sentir la cercanía de este caballero -¡precisamente él, entre todos los combatientes!- y su corazón golpeaba ferozmente sobre su pecho.

Etienne Boisloire no había mentido al decir que Charlotte jamás había estado presente en las danzas celebradas en el Palazzo de su hermano, el Príncipe Alfonso, pero aquello no había sido impedimento para que la jovencita, desde que tuvo uso de razón, se hubiera escabullido entre sus doncellas para contemplar oculta, una y mil veces a los encantadores invitados que habían siempre asistido a las danzas celebradas por su familia, siendo de esta forma que desde que recordaba se había visto cautivada por los increíbles ojos azules de un joven acompañante y amigo de su hermano… un jovencito francés que no tenía más titulo ni rango que el de caballero pero al que el mismo Alfonso, otros nobles y especialmente Ridolfo Mocenigo habían distinguido con su amistad; jovencito que según la niña Charlotte iba creciendo, se fue convirtiendo en asiduo visitante del palazzo y al que había visto –con dolor- coquetear y seducir mil veces a las sofisticadas damas que formaban la corte de Nápoles. 

El mismo muchacho, que, en vista de su falta de blasones había decidido hacerse Caballero de San Juan –Caballero de la Orden de los Hospitalarios- sin que esto frenara en lo más mínimo sus aventuras amorosas o atrevidos lances de armas en los que se involucraba, lances que habían hecho conocido su nombre en muchas cortes europeas, siendo que nadie era capaz de negar ni el valor ni la gracia o el singular encanto del joven Etienne Boisloire; encanto que, aún sin que el mismo caballero supiera había motivado los sueños de la más pequeña de las hermanas del Príncipe Alfonso de Nápoles..

Alguien que, como princesa, debía sólo desposarse con un gran partido.. un príncipe, un duque. Aunque la joven Charlotte no estaba de acuerdo..

Y ahora.. menos que nunca.

- “Perdonad.. que os halla llamado por vuestro nombre, princesa” –replicó al fin el hospitalario sintiendo su corazón latir como loco ante el insólito silencio y la mirada de la chica ante él- “perdonadme, os lo suplico. Aún así, insisto que es lo más sensato que permanezcáis con vuestro hermano y bajo protección. La noche es corta ya y si no es mañana, será pasado… pero el combate es inminente”

- “¿Peleareis vos?”

- “Por eso estoy aquí”

- “Pero.. ¿no es peligroso también para vos?”

- “Si, pero.. no tengo nada que perder princesa. Perdí a mi padre y única familia hace años y mi mejor amigo y casi hermano.. Ridolfo, murió en Famagusta, como ya sabeis. Estoy solo en el mundo y a nadie le importará si vivo o muero después de este combate”

- “¡No digáis eso!”

- “Es la verdad…”

- “Creo.. que mentís” –murmuró Charlotte, sintiéndose de pronto terriblemente expuesta bajo esa ardiente mirada azul- “sé bien que tenéis muchas amadas en varias cortes europeas…. Ellas, con toda seguridad, sentirían que algo os pase”

- “A mis “amadas” como vos las llamáis… no les importará gran cosa si vuelvo o no mientras haya defendido occidente del avance turco. Tienen esposos e hijos de los que ocuparse, más que de un simple amante..”

Charlotte lo miró de nuevo, intensamente avergonzada sobre el tema y sintiéndose de pronto un poco sucio ante la ingenuidad de aquella mirada, Boisloire se obligó a pensar en algo práctico..

- “Será mejor que descanséis, mi señora.. y no salgáis de aquí, os lo recomiendo. Mucho menos si hay combate. Aunque, os lo suplico de nuevo, pensad que estáis más segura con vuestro hermano..”

- “No, no. Con Alfonso no vuelvo” –la chica se tendió en el lecho aún con la armadura y gimió ante la dureza del metal y el tosco sitio de descanso, notando de pronto que el caballero estaba allí, mirándola tranquilamente- “¡oh, perdonad! ¡esto es vuestro!”

- “Jamás podría dormir allí estando vos bajo mi cuidado. Descansad. Yo os cuidaré”

Charlotte dudó por un instante si despojarse de la armadura, pero Boisloire se arrebujó bajo su capa con la tranquilidad que da la experiencia de dormir en lugares más incómodos, y mientras la muchacha trataba de hallar comodidad en aquel tosco lecho, el silencio se hizo pesado y Charlotte sintió con temor que su corazón estaba latiendo tan fuerte que temía que el caballero lo escuchara…

Por eso, añadió:

- “Vos.. habéis hablado de lo que pasó en Famagusta. Yo sólo sé algo.. ¿podéis contármelo? ¡es tan triste pero a la vez tan hermoso que me encantaría saberlo!”

- “Pero.. no dormiréis..”

- “No importa” –aceptó la princesa, sabiendo que no iba a poder dormir de todas formas con el hombre que amaba desde niña tan cerca de ella- “contadme, os lo suplico”

Fue entonces cuando Etienne Boisloire, empezó a contar.. con su voz rica en matices, lo que había visto y vivido en Famagusta, o al menos lo hizo hasta que el sueño venció dulcemente a la joven princesa que se quedó dormida con una suave sonrisa en su rostro bajo la ardiente mirada del caballero....

- “¡Ah, condenado seáis, Ridolfo!”pensó Boisloire de pronto, al oír al fin el sonido de la llamada a batalla- “¡temo que de pronto entiendo vuestras palabras y no creais que no me asusta!... es absurdo y sin sentido sentir esto.. pero de pronto os entiendo. Vos amando a vuestra doncella turca siendo que os separaban las razas, la , los odios… ¿y que posibilidad tengo yo ahora?.. sólo soy un pobre y oscuro soldado ante una princesa… pero ahora, como vos, sueño, Ridolfo. Sueño. Sueño con una vida tranquila despertándome al lado de esta niña…. sólo ella y yo en nuestro lecho” –negó de pronto- “¡oh, que estúpido soy! ¡peor, peor aun que mi pobre amigo!. ¿Es que acaso basta una noche, una mirada y un instante para sentir esto en mi pecho?”

Y negándose a pensar más, el caballero abandonó con rapidez el camarote, con sus armas en la mano. Iba a pelear y luchar con todo lo que tenía en esta batalla… pero más que nada -¡que su pobre amigo le perdone!- iba a pelear para que nada, nada ni nadie amenazara el futuro de la chiquilla inocente que dormía en su camarote.. para que, aunque él no la pudiera tener nunca, Charlotte de Nápoles pudiera tener una vida libre –sea con el esposo al que eligiera su familia- de toda la amenaza musulmana… 

En el silencio de su habitación en el penthouse, Eriol Hiragizawa dejó de recordar con un supremo esfuerzo. Le dolía demasiado hacerlo ahora. ¿No había sido bastante ya con lo ocurrido entre Clow y Kai Sung?... ¡por supuesto que no! Y el lo sabía. Lo sabía desde hace mucho tiempo.. pero no había querido siquiera recordarlo o mucho menos decirle algo a Yoko, para que ella empezara a recordar a su vez. 

Clow y Kai Sung se amaron y se perdieron… sin poder estar juntos; pero ya antes se habían amado y perdido de una forma más dolorosa aún. 

Etienne Boisloire y Charlotte de Nápoles…

07 de octubre del año del Señor de 1571..

Golfo de Lepanto..

Eran las 7 de la mañana cuando las dos escuadras –turca y cristiana- se divisan una a la otra. En el lado cristiano, Agustino Barbarigo, al mando del cuerpo izquierdo, recibe órdenes de pegarse a la costa todo lo que le sea posible, para evitar que las galeras turcas lo sobrepasen y hagan una maniobra envolvente. El centro se coloca a su lado, pero el cuerpo derecho, al mando de Juan Andrea Doria, tarda en incorporarse a la formación, dejando un espacio libre entre el centro y el ala derecha.

Las galeazas, fuertemente armadas y artilladas, están situadas una milla por delante de la formación cristiana.

Los turcos tienen el viento en popa, pero, cuando están aproximándose, cambia el viento, lo que les obliga a emplear los remos.

Al llegar las primeras galeras turcas a la altura de las galeazas, éstas abrieron un nutrido fuego de artillería y fusilería, lo que hizo que algunas naves turcas empezasen a hacer ciaboga. Alí Bajá aceleró su ritmo de boga, para así estar menos tiempo sometido al castigo, y los demás le imitaron pero al acelerar la boga, el cuerno derecho turco se adelantó sobre el resto de la formación, por lo que entabla el combate contra el cuerpo izquierdo cristiano. Algunas galeras turcas consiguen pasar entre las fuerzas de Barbarigo y la costa, y la galera de Barbarigo, la capitana del cuerpo izquierdo cristiano, es atacada por varias galeras turcas. Barbarigo muere en el combate de un flechazo en un ojo, y, cuando su nave está a punto de ser apresada, todas las demás galeras de su grupo acuden en su auxilio, dando la vuelta a la situación y haciendo que los turcos se retiren. Varias galeras turcas varan en la costa, y sus tripulaciones huyen por tierra.

En el centro, la nave capitana de Alí Bajá, (la Sultana) embiste, proa con proa, a la de don Juan (la Real), dejando unidas a las dos embarcaciones en una plataforma de 110 metros. Al embicar con el golpe, recibe en su cubierta todo el fuego de artillería y fusilería de que es capaz la galera de don Juan lo que le produce muchas bajas, repuestas inmediatamente desde otras galeras. Las galeras de Colonna, Veniero, el Duque de Parma y Urbino se ponen al costado de la de don Juan de Austria, con lo que se forma una piña de galeras cristianas y turcas en las que se lucha cuerpo a cuerpo. Cae rendida la galera capitana turca y los cristianos se apoderan de su estandarte. La lucha duró una hora y media. Con esto, el centro de la flota turca queda deshecho, al igual que antes su flanco derecho. Alí Baja fue abatido por siete disparos de arcabuz..

En medio del combate, y desafiando la lluvia de misiles de arcabuz y flechas turcas, la figura del Caballero Etienne Boisloire se distingue. Ha matado a muchos en la batalla y su nave ha embestido ferozmente las turcas, asestándole golpes terribles. La galera del Príncipe de Nápoles combate al lado de la capitaneada por el Caballero Hospitalario y es entonces que se abre un hueco en el centro de las fuerzas turcas y el ala izquierda cristianos, por lo que Boisloire órdenes de avanzar, haciendo señales a otras naves y así aumentar la brecha. Cuando ve que ésta es suficiente, los cristianos se lanzan, pero los turcos resisten con sus 93 buques y la gente fresca, produciendo grandes daños a la nave del Hospitalario –la nave capitana de Malta, sede de la Orden del Hospital- a 10 galeras venecianas, a dos del Papa y a otra de la Casa Ducal de Saboya. Alfonso de Nápoles se lanza al combate con sus hombres con nuevos bríos y fuerzas cristianas acuden con 8 galeras y llega entonces la escuadra de reserva, consiguiendo detener el ímpetu del ataque turco, que estuvo a punto de cambiar la suerte del combate.

Hasta la puesta del sol continúa el combate a base de escaramuzas entre galeras aisladas, y, es entre ellas que la nave de Boisloire se enfrasca, aún cuando las naves almirantes ya han terminado el combate, siendo pues que el valeroso caballero de la Orden de los Hospitalarios parece imbuido de deseos de acabar con la última resistencia turca. Pero pocos son los focos de resistencia, los gritos de “¡Victoria para Cristo!” se escuchan en todo el Golfo de Lepanto, pero Boisloire anima a los suyos a un último esfuerzo…

Un último esfuerzo..

- “¡Continuad!, ¡continuad con esos tiros! ¡nos atacan ya sin esperanzas! ¡adelante, adelante!”

- “¡Mi señor! ¡mi señor!” –grita de pronto uno de los contramaestres- “¡la galera del Principe de Napoles esta en medio de dos galeras turcas que se incendian!, los hombres de Nápoles nos hacen señales!”

- “¡Enrumbad de inmediato hacia allá! ¡daos prisa!”

Las cuatro galeras chocan con ferocidad, pese a ser las últimas ascuas del feroz combate. Los turcos, desesperados, ya luchan con el sólo afán de causar las mayores bajas entre los cristianos, gritando con valor que es mejor morir matando a rendirse. Pese a la victoria, la galera del Principe de Nápoles está ardiendo y no son pocos los turcos que se dejan caer ahora como moscas ante el puente de la galera de Malta decididos a causar muerte hasta que llegara la suya, luchar y morir..

Luchar y morir…

Pero un grito ahogado llama la atención de Boisloire y su vista, rápida como el rayo, descubre a varios turcos tratando de ingresar a su camarote, siendo que este es defendido por una pequeña figura en armadura que, en un supremo esfuerzo agita la espada tratando, inútilmente, de rechazar las hordas musulmanas. Ver y comprender que aquel pequeño y frágil defensa era Charlotte de Nápoles, fue todo uno para Boisloire y sintiendo de pronto un horrible peso en el pecho al notar a la pequeña figura rodeada de tres turcos se lanzó a la defensa sin preocuparse que fueran muchos o pocos los que le seguían. Dos de sus hombres, envalentonados por la acción del guerrero, siguieron con rapidez a su paladín, pero el tercero dudó un poco antes de murmurar o casi mascullar..

- “Maldita sea… si no es ahora, no será nunca ¡el combate casi acaba y este maldito no baja la guardia ni un instante!... ¡si solo se descuidara un poco!”

Dos feroces golpes de espada desarmaron al turco más cercano a Charlotte; un tercer golpe mortal hizo rodar al musulmán por el suelo, pero no escapó de la vista del hospitalario que el pequeño guerrero que había defendido esa parte de la nave se tambaleaba, por lo que, bajando su guardia se abalanzó sobre la figura casi desfallecida, recibiéndola en sus brazos..

- “¡Charlotte!” –gritó, sintiendo que se ahogaba- “¡por amor al cielo, Princesa! ¿estais herida acaso? ¿estáis herida?”

- “Un.. un leve corte… nunca antes he combatido con una espada..” –musitó la suave vocecita del fondo del yelmo- “¡como pesan estas cosas!”

El caballero, notando con el rabillo del ojo a dos de sus subordinados proteger su espalda y a otro más allá, dedicó en adelante toda su atención a la joven, despojándola del yelmo con rapidez y casi tirando de la pieza de la armadura que evidentemente había sido golpeada en combate..

Un feo tajo hacía manar sangre por el brazo de la muchacha, pero pese a la herida, el caballero suspiró, intensamente aliviado mientras rompia un trozo de su capa y amarraba el brazo, para impedir una gangrena. La princesa lucía pálida y asustada, pero al revisar con rapidez el corte –absolutamente limpio- el caballero sonrió, sintiéndose de pronto absurdamente feliz. ¡Estaba viva, herida! ¡y estaba bien!

Si hubiera sido en otra zona…

- “Duele…” –musitó la muchacha, ahogadamente- “duele mucho…”

- “Viviréis, princesa, viviréis” –los ojos azules centelleaban y Charlotte no pudo resistir el impulso de quitarle también al caballero el pesado yelmo- “¿Qué sucede, ¿no me creeis? ¿creéis que os miento?”

- “No, no… pero me duele.. y cuando os veo… casi puedo olvidar todo lo que me rodea. Aún el dolor”

Los ojos de la muchacha se abrieron más, horrorizados al notar de pronto lo que había dicho. Los azules masculinos en cambio la contemplaron con asombro, deleite y júbilo incrédulo…

En ese momento nada más importaba… no estaban en medio de una batalla feroz, donde otro y otro guerrero cristiano, a espaldas de Boisloire, caían. No podían oír el fuerte estruendo de los cañones y de los arcabuces o los gemidos de los moribundos, nada existía a su alrededor..

El viento agitó un poco los cabellos de la joven princesa y la larga coleta del caballero, cuyas manos, ásperas y aún enfundadas en los guanteletes no dudaron ni un instante antes de tomar entre las suyas aquel adorable rostro pálido, donde dos hermosos ojos inocentes parecían gritar un sentimiento que lo consumía a él también como una llama. Un sentimiento que en la pequeña aristócrata napolitana había nacido en la niñez pero se había afianzado en aquella noche, donde más que compartir una historia de un amor desafortunado, Etienne Boisloire le había contado a la ignorante princesa casi toda su vida. 

Un sentimiento que para el caballero había llegado de improviso, como un rayo, casi como si el destino se hubiera burlado de su cinismo haciéndole víctima de lo que él mismo había comentado jocosamente como “amor a primera vista”… y algo en lo que jamás había creído..

Pero que no, obstante. .. le acababa de ocurrir.

Un instante… dos miradas..

El de ojos azules se inclinó suavemente sobre la muchacha entre sus brazos y la mirada de ella tembló como una mariposa atraída por la llama irresistible de aquellos ojos; sintiendo el tibio contacto del caballero atrayéndola hacia él, Charlotte no pudo más que cerrar los ojos y rodear el cuello del hombre que amaba con los brazos –aunque uno aún tenía el tosco vendaje- sintió el tenue aliento de él sobre sus labios y suspiró..

Boisloire cerró los ojos por un instante, casi embriagado ante la gentil inocencia de aquella muchacha que acababa de conocer.. y por quien estaba dispuesto a dar la vida. Inclinó un poco más la cabeza, buscando los labios femeninos..

Y algo terrible y horrible se hundió a sus espaldas, como un rayo mortal..

Desgarrando, destrozando.. introduciéndose por la abertura de su armadura..

Atravesándolo de lado a lado…

- “¡ARGHHHH!”

Los ojos de Charlotte se abrieron con horror al sentir la viscosa sensación de la sangre y la aturdida princesa a duras penas pudo acoger entre sus brazos el cuerpo atravesado del caballero bañado en su propia sangre, notando al fin que el tercero de “sus hombres” que habían seguido a Etienne Boisloire no era más que un traidor, porque había aprovechado el instante de fatal distracción del caballero francés, para hundirle por la espada por la espalda. 

Un hombre, cuyo cabello rubio se asomaba aún por lo bajo del yelmo que no podía disimular su risa burlona y divertida..

- “¡Al fin bajasteis la guardia, Boisloire!” –rió la voz dichosa de Sir Henry De Dannan- “¡y por una mujer, aún en una batalla!.. a la larga, vos habéis cometido el mismo error que vuestro amigo Mocenigo, Hospitalario.. e igual que él, os he vencido. Ambos os burlasteis de mí, vos más que él.. pero vos habéis mancillado mi honor y mi reputación al sindicarme como agitador entre la muchedumbre que ajustició a Mocenigo, y no os habéis equivocado ¿sabéis?.. ¡no os habéis equivocado!. Pero ahora, os llevarás ese secreto a la tumba..”

- “Maldito seais De Dannan..”gimió Etienne, suspirando apenas entre bocanadas de sangre y entre los brazos de la desesperada Charlotte- “maldito seais vos, y vuestro maldito sentido de la inoportunidad.. si ibais a matarme ¿no podíais haber esperado unos cuantos instantes mas?..”

- “¡SOIS UN MALVADO, QUIEN QUIERA QUE SEAIS! ¡MALVADO!”

- “Hermosa amante la que habéis traído al combate Boisloire.. no me sorprende vuestro gusto..”

- “¡TRAIDOR, ASESINO! ¡OS HARE EJECUTAR, LA CASA DE NAPOLES OS DESTRUIRÁ!”

- “Moriréis con vuestro amante, quien quiera que seais, hermosa..” –comentó el rubio, divertido- “aunque ojalá lo pensarais y accedierais a venir conmigo.. yo os..”

- “¡Jamás!”

- “Entonces morid, pero lo acabaré de matar antes…”

- “¡NOOOO!”

La princesa protegió el cuerpo del caballero herido con su propia frágil figura, en intento patético de defender al que amaba pero el golpe no llegó, más bien fue en ese instante que Henry De Dannan se detuvo en seco al notar una espada a su espalda… 

- “Quien quiera que seáis, alejaos de mi hermana” –la voz del príncipe de Nápoles motivó el pánico de De Dannan- “¡haced lo que os digo antes que os mate como a un perro!”

- “¡Es un traidor, Alfonso! ¡A herido a Boisloire a traición!”

Alfonso de Nápoles –que efectivamente era el recién llegado- volvió la asombrada vista entonces sobre la figura pequeña de su hermana, envuelta en una armadura que le quedaba muy grande, pero en cuyo regazo se encontraba el cuerpo agónico del Caballero Etienne Boisloire, empapado en su propia sangre…

- “¡Pérfido traidor!”

Aun embargado por la rabia y cólera, Alfonso agitó su espada en un inconsciente intento digno de alertar a su oponente a ponerse en guardia –ni aún tan enfurecido, era el príncipe de Nápoles a cometer la bajeza del otro, atacar a traición- y mientras ambos hombres se batían en un duelo desesperado, Charlotte acariciaba entre lágrimas el pálido rostro del francés ante ella, que, no obstante a sus heridas fatales, parecía sonreír, divertido..

- “¡No murais, Boisloire! ¡os lo suplico!” –sollozó la muchacha, cubriendo el rostro masculino con sus lágrimas- “¡no murais, no ahora!!.. ¡os amo, siempre os he amado, siempre, desde la primera vez que os vi siendo niña, en las fiestas de mi hermano!! ¡¡¡oh, por favor, no muráis!!”

- “No lloréis… por favor Charlotte” –musitó trabajosamente, mientras la sangre escurría lentamente por sus labios- “¡oh, maldito seáis Sir Henry!.. si sólo os hubiera besado podría morir más tranquilo..”

- “¡No, no! ¡VOS NO MORIREIS! ¿no me habéis oído? ¡os amo, os amo! ¡y no me casaré con nadie más que con vos, jamás seré de nadie más que de vos..!!, aunque…  vos no me améis, os lo suplico, ¡tenéis que vivir!”

- “Un instante.. una mirada… y habéis robado de mí la paz, Charlotte” –murmuró ahogadamente- “¿cómo pude imaginar que os amaría al veros, simplemente y en un instante?” –suspiró- “sólo… sólo… quisiera poder haberos amado más, princesa. Ni tan siquiera un beso… de vos, a quien amo.. ¡que irónico es el destino!”

La muchacha sollozó aún más…

- “¡Si me amáis no podéis morir! ¡No podéis dejarme! ¡no, no, no podéis!”

- “Os amo tanto que volvería a nacer para sólo amaros una vez más… que sería capaz de nacer las veces que sean necesarias para amaros sólo a vos Charlotte…” –suspiró sintiendo su cuerpo enfriarse- “si sólo pudiera…”

La muchacha leyó en la profundidad de aquellos ojos azules el anhelo y se inclinó besando con sus labios inocentes al caballero, el mismo que sonrió y acarició dulcemente el largo cabello de ella, murmurando suavemente..

- “Amo vuestro cabello, princesa, os amo… no olvidéis… si se puede volver, volveré por vos”

Las lagrimas ahogaron a Charlotte de Nápoles en ese instante, al comprender que aquellos ojos azules que adoraba se habían cerrado para siempre.. fue en ese mismo instante en que Alfonso de Nápoles atravesó el pecho del traidor De Dannan, quien aún en los estertores de su agonía contempló con rabia la imagen arrogante de su vencedor y a la infortunada y hermosa muchacha que sostenía entre sus brazos al cadáver de quien fuera su enemigo Etienne Boisloire.. y la rabia, una rabia infinita poseyó a Sir Henry..

Morir ahora..

¡Ahora, que había vencido al fin a Boisloire!

- “Si él vuelve.. ustedes volverán con él” –dijo el rubio, refiriéndose a Boisloire- “y si vos volvéis a vivir, Alfonso.. os lo juro: la próxima vez que estemos vuestra hermana, vos, Boisloire y yo… o quienes quiera que seamos entonces, las cosas serán muy diferentes. Porque para ese entonces, os mataré yo.. no lo dudéis”

- “Seáis quien seáis, De Dannan… alguien os matará, no me cabe duda” –replicó Alfonso- “siempre seréis un ser despreciable…”

Henry De Dannan se retorció aún un segundo más y murió al fin… fue entonces que Alfonso de Nápoles se volvió hacia la llorosa figura de su hermana y entendió al fin…

Entendió de pronto, a la vista de su amigo muerto en brazos de su hermanita…

Entendió muchas cosas.

Canción: Te echo de menos
Intérprete: Chayanne

Hoy estoy pensando en todo
aquello
que perdi
bajan lagrimas del cielo
porque
no estas cerca

En esos instantes Yoko Hiragizawa despertó bañada en lágrimas, temblando y aterrorizada. ¡Todo había sido tan vívido, tan real, tan… tan… natural que debió haberlo sospechado antes!. Rápida como el rayo corrió hacia los textos que había estado descifrando para Sakura meses atrás y mientras sus ojos recorrían el nombre de la autora, los diarios de la abadesa Charlotte del Buen Socorro parecieron saludarle con naturalidad.

Ahora todo tenía sentido… y Yoko sollozó otra vez, sintiendo horror ante lo que acababa de experimentar. El.. había muerto en sus brazos aquella vez. Un único beso.. y lo había perdido, ahora lo sabía. Y el miedo la invadió. ¡No, no, no podría soportarlo una vez más!.. es que no era suficiente lo que les había pasado ahora? ¿Por qué esta cadena de angustias? ¿porqué?. En sus propias habitaciones en ese mismo instante Eriol Hiragizawa suspiró recordando que Etienne Boisloire, el cínico Boisloire había amado a Charlotte en el mismo instante de verla por primera vez. ¡Oh si! ¡cuando fue Clow lo había recordado también! pero le había sido intensamente doloroso decirlo a Kai Sung porque cuando lo recordó ya Wu Fang había muerto y había perdido la confianza de ella, quien se culpaba sin piedad por la pérdida de su querido hermano. Tampoco se lo dijo a Yoko, porque no quería que sufriera, recordando su muerte como Boisloire, pero no dudaba que ella iba a recordarlo si es que no lo sabía ya. El caballero francés había perdido a la mujer que amaba al morir él, pero como Clow tampoco había logrado la dicha con ella. En ese entonces había sido Kai Sung quien se quitó la vida, carcomida por la culpa de haber defendido a Clow antes que a su hermano Wu Fang

¿Y ahora, que había hecho?

¡Ahora la había perdido por su propia estupidez!

se que ya no te merezco
se
que te perdi
se que tu confianza
no confia en mi
perdoname.

Tocando con sus manos los textos que habían consumido los años de Charlotte, los ojos de Yoko se llenaron de lágrimas. Ahora le era sencillo entender porqué una princesa napolitana se había encerrado en un convento.. porque aquella fue la única vida que Charlotte llevó a la muerte de Boisloire, pasando el resto de su vida buscando información sobre las hermanas turcas, sobre el Capitán Hamid y su misteriosa acompañante y el porqué ambos jamás habían llegado a la barcaza que les aguardaba en Famagusta. Había sido Charlotte quien había presidido los funerales del caballero hospitalario sólo acompañada por los duques de Eboli y tal había sido su dolor que aún el propio Alfonso de Nápoles no se había opuesto a su decisión de tomar los hábitos religiosos. La joven princesa, de hecho había intercambiado correspondencia con Leonor de Eboli y Muley-el-Kadel, siendo que para la duquesa había sido muy doloroso perder a su amigo francés…

Ya había perdido a quien consideraba como un hermano pequeño.. Ridolfo Mocenigo.. y ahora estaba aquí… ante los restos fúnebres de Boisloire. Pero Charlotte había comentado suavemente a la duquesa las últimas palabras del francés… y Leonor de Eboli no pudo menos que considerar extraño algo así..

Volver a nacer..  

hoy me ahogo en las promesas
que
nunca cumpli
y a la compasión le pido
que me compadezca
si
naci para quererte como puede ser
que
sin tu mirada
ya
no pueda ver

- “No, no la perderé. Jamás.. aunque deba pasarme mil vidas detrás de ella” –se dijo Eriol- “Esta vez voy ha hacerlo bien y no dejaré que nada ni nadie me aparte de su vida. Nunca, nunca… ahora hemos tenido juntos a Miriel, nuestra vida ¡tenemos mucho más que lo que Etienne y Charlotte tuvieron, que lo que Lead Clow y Kai Sung Sheng tuvieron!.. no, no Yoko.. no importa lo que yo tenga que hacer.. no te perderé.. Esta vez, finalmente, tendremos un final feliz… ”

(te echo de menos)
tanto
que cada momento
que
no estas conmigo
es
un desafio
(vuelve conmigo)

vuelve
que no hay otro abrazo
que
me desahogue
que
me quite el frio
(te echo de menos)

tanto
eses el dolor que siento
y siento que reviento
el cielo es mi testigo
(lo pido a gritos)

y
por este amor te pido
otra
oportunidad.

- “Charlotte pasó el resto de su vida en su convento..”recordó Yoko, tristemente- “donde murió a una edad muy avanzada… y con un mechón de los cabellos de Etienne en sus manos”

- “No la perderé. No esta vez. Nada ni nadie va a impedirme cumplir al fin mi promesa.. mis promesas. Boisloire no pudo hacerla feliz, Clow tampoco aunque lo intentó… esta vez, esta vez nada va a impedírmelo… esta vez nada nos separará. Le he hecho daño, maté a nuestro hijo, pero ella aún me ama. He dado un golpe terrible que hubiera destruido otro amor menos fuerte que el nuestro y es justo que ella no me crea, que desconfíe de mi, pero ahora sé que puedo perderlo todo, incluso mi vida.. pero a ella no. No, no la perderé”

Hoy estoy perdiendo todo
por lo que vivi
conversando
con la pena
y
su amiga tristeza

- “Al fin comprendo los extraños sueños de Kai Sung.. aquellos en los qe siempre soñó con un hombre de ojos azules… que era Clow, pero a la vez era Boisloire. Y ya entiendo al fin que Sir Henry De Dannan volvió convertido en Soté De Dannan, el druida negro… y matar a Wu Fang fue parte de su venganza … porque Wu Fang lo había matado antes, siendo Alfonso de Nápoles”Yoko suspiró- “Pero pese todas estas vueltas en el tiempo… ¿ahora que?... aún tengo aquí el dolor de la traición de Eriol y esa mujer va a darle el hijo que yo no pude tener.. ¿Qué puedo hacer??. ¡No, no, no puedo!.. no puedo hacerle daño, jamás podría.. pero no puedo confiar de nuevo. Moriría si me vuelve a traicionar. Mejor será no verlo… si, si. No lo veré.. no lo veré”

que el camino de esta historia
no
termine asi
dale
moraleja y un final feliz

Al llegar esa noche al penthouse Hajime Hiragizawa encontró a su hijo con los ojos brillantes y una súbita y final decisión:

- “Lo he decidido padre… voy ha volver con Yoko cuésteme lo que le cueste. No la voy a perder”.

Continuará..

Próximamente: Capítulo XX: Mentiras verdaderas

Notas de la autora: ¡Finalmente el omake!, otra vez me atrasé y este omake VA ANTES DEL CAP 20.. pero, está siendo dedicado de modo muy especial a nuestra webmistress Crystal, que es muy fan de la familia Hiragizawa, asi que ella dirá cuando lo publica o si lo publica.. ji,ji
Bien, este es el último omake de reencarnaciones y como ven con este termino la historia de las tres parejas del siglo XVI, siendo que este juego de Omakes se inició con la historia de Ridolfo y Roxelana.. pero como ellos no fueron los únicos encarnados en esa época y ya sabíamos el final de las dos anteriores –Fatima y Hamid, Roxelana y Ridolfo- esta es finalmente el último omake del último personaje pendiente: Etienne Boisloire, el caballero francés y por cierto, primera encarnación de Eriol, según esta humilde autora. Por cierto, el cambio de denominación del nombre de la Princesa –a veces Carlota y a veces Charlotte- se debe a que básicamente son el mismo nombre, sólo que Charlotte es su versión en francés, por lo que siendo Etienne francés, se refiere a ella de esa forma.. Igualmente, la mención a Muley-el-Kadel* (el Leon de Damasco)y la Duquesa Leonor de Eboli.. es nuevamente alusión a los personajes de los libros de Emilio Salgari “El capitán tormenta” y “el león de Damasco”, porque ya ambos habían aparecido o sido nombrados en omakes anteriores.

Espero que les haya gustado, disculpen eso si por los detalles de la batalla de Lepanto –mas información en Wikipedia- y por cierto, los personajes mencionados en la batalla:Juan de Austria, Barbarigo, Andrea Doria- son personajes históricos.  Espero que hayan comprendido el último cabo suelto pendiente de esta fase de la historia.. y mas que todo, espero no haberles aburrido. Como ven Hajime Hiragizawa puso muy en su lugar a Lady Regina, aunque la pobre Yoko está decididamente confundida y aturdida ante tanta información…

Y Eriol parece más decidido que nunca a llegar hasta las últimas consecuencias por su esposa… pero.. iene motivos ¿no creen?.

La canción utilizada en este omake es “te echo de menos” interpretada por Chayanne,canción que sinceramente ya era tiempo de ubicarla porque va de perlas a la situación de los Hiagizawa. Debo confesar que esta canción fue sugerencia de uno de uds, y le estoy muy agradecida a esa persona -¡tu sabes quien eres.. GRACIAS!-. Como siempre –y si Crystal decide compartir este omake- comentarios, dudas o tomatazos a [email protected] aunque es mucho mejor para mi ver sus opiniones en el grupo de “Crónicas Card Captors, les agradecería mucho!

Avances del siguiente capítulo: Sakura tiene muchos anhelos en la cabeza y hay más de un guardián con una crisis nerviosa. La muerte se lleva más de una vida, aunque la pequeña Miriel toma una grave decisión y Touya y Tomoyo reciben una propuesta insólita. Eriol hace algunas visitas, pero una sospecha nace en su mente mientras llegan noticias del nosocomio del Concilio. Alianzas y maldiciones parecen rodear a nuestros protagonistas... 
Y las palabras del Gran Sabio helarán la sangre en las venas de Shaoran.

Capítulo XX: Mentiras Verdaderas

 

1
Hosted by www.Geocities.ws