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“El Verdadero Legado”
por Mikki
Omake de reencarnación
"La confidente de Roxelana"

Touya Kinomoto contempló la pequeña figurita sobre el lecho y frunció el ceño sintiéndose enfadado. Y realmente lo estaba. Se sentía verdaderamente enfermo. Alguien había tratado de matar a una niña y él no había hecho NADA. ¡Una niña, maldición! una niña que tenía la edad de su hija y de sólo pensarlo aquello le ponía enfermo; ¡que algo así hubiera pasado casi ante sus narices le hacía sentirse verdaderamente mal! pero ¿cómo iba a imaginar eso?, además estaban en esa azotea … a él no se le ocurrió otra cosa más que era alguna neurótica madre regañando a su hijo..
- “Aún así.. no era la forma de hacerlo. Nadie debe hablarle así a un niño” –admitió para si mismo, irritado- “y el no haber hecho nada…. ¡argh!, es lo que me pone peor. ¡No hacer nada, no entrometerse!... ¡debí hacer algo!”
Contempló de nuevo los resultados de los análisis y resopló, sintiéndose aún culpable.
Hacía mucho que no tenía esa sensación de rabia e impotencia. La rabia de no haber hecho nada ante algo incorrecto que pasó –casi- frente a él….
Aquella sensación de impotencia, rabia…
El saber que no hacías nada… cuando frente a ti lastimaban a inocentes..
La rabia… el enfado… la frustración….
Cuando…
Imágenes confusas de sueños olvidados pasaron por su cabeza en confuso puzzle y Touya hubo de apoyarse sobre una pared. ¿Qué diablos había sido eso?.
- “No hagáis nada… ¡no debeis!”
- “¡Pero habéis dicho que esas esclavas eran inocentes! ¿porqué no?”
- “No digáis nada.. no es posible. Mirad hacia otra parte cuando ocurran esas cosas pequeño. No penséis en eso. ¡No penséis en eso!... olvidad a esas pobres esclavas y orad conmigo”
Touya sacudió la cabeza, deseando entender que diablos pasaba por su mente… ¿Qué rayos era eso? pero cuando estaba a punto de enfrascarse en dudas internas, el fuerte sonido de su teléfono móvil le sacó de sus cavilaciones y antes de soltar una maldición –lo usual cuando el teléfono le interrumpía algo- sonrió, al reconocer el sonido característico asignado a su esposa.
- “No, aún estoy terminando los últimos detalles” –respondió, sintiendo un agradable calorcillo en el pecho al saber que ella le aguardaba con impaciencia en su casa- “estuvo aquí la policía y también un Juez de Menores… pero no sé nada de esta niña, fue Yukito quien estuvo ocupado dando los detalles y comunicándose con la familia.. aunque nadie ha venido. Yo tuve que dar mi instructiva sobre lo que ví… No, no te preocupes… la niña vivirá.. aunque me gustará ver la cara de aquella mujer cuando la arresten por maltrato infantil. ¿Cómo están los niños?”
- “Los envié a dormir. Aún están muy conmocionados”
- “Lamento haber echado a perder la cena con Sakura. No tuve oportunidad de decírselo cuando vino por su hijo… pero realmente lo siento”
- “Descuida. Ella también se llevó un gran susto cuando nos avisaste que había pasado eso en el Campus. Aunque los más afectados son los niños. Nadeshiko y Mamoru se pasaron mucho rato cuchicheando entre ellos pero aún no sé bien el motivo, supongo que es el susto”
- “Supongo. Hasta mi sobrino estaba casi congelado de estupor ¡y mira que reaccionó rápido cuando ocurrieron las cosas!” –negó con la cabeza- “después de todo.. son niños”
- “Te esperaré despierta..” –murmuró la hija de Sonomi, suavemente.. antes de añadir- “Touya… tengo algo que hablar contigo…”
- “Por favor, que no sea que tu madre va a quedarse en casa otra temporada. ¡Tiene un departamento muy caro en Tokyo pero siempre insiste en pasar días en casa cuando se le antoja arruinar nuestra vida íntima!”
Tomoyo ahogó una risita.
- “Te prometo que mamá no tiene nada que ver con lo que tengo que decirte” –comentó cautelosa, sin saber cómo tomaría su esposo las revelaciones sobre su propio pasado.. que Sakura le había contado esa misma tarde- “ven pronto ¿si?”
- “Bien. Casi termino aquí. Daré las últimas instrucciones al médico de guardia e iré a casa”
Con un leve gesto, el médico cortó la comunicación son su esposa antes de ultimar detalles sobre el cuidado de la pequeña paciente y subir a su auto, rumbo a su hogar. La noche era fresca, y aunque estaba ya casi pasada la medianoche se sentía fresco y activo, aunque la incómoda sensación de impotencia y rabia que le había atormentado poco antes de la llamada de Tomoyo parecía revolverse a su alrededor…
- “¡No podéis hacer nada! ¡callaos!, ¡juradme que no haréis nada! ¡sois sólo un chiquillo!”
- “¡Pero es mentira! ¡todo es mentira! ¡yo os defenderé, lo juro, yo!”
- “¡No, no, no hagáis nada!”
Las voces en su mente parecieron saltar a su alrededor y Toya frenó en seco. Afortunadamente estaba en la cochera de su casa y afortunadamente también, debido a la hora el tráfico había sido escaso, porque aquellas voces y retazos de imágenes no eran lo mejor a tener en la mente cuando alguien está conduciendo un automóvil; pero en el momento en que estaba saliendo del auto y agitaba un poco su cabeza, en un intento de recuperar la compostura –no sea que Tomoyo le viera así y se preocupara- vió una grácil figura femenina salir de entre las sombras y sus ojos se abrieron desmesuradamente porque la persona ante él tenía el cabello largo con toques azulados, la piel blanca y ojos que a veces parecían tener las profundidades del océano y a veces destellos de amatista… era Tomoyo, pero a la vez, no lo era. Aquel paso, aquella figura de mujer brotando entre las sombras, llamándolo, era a la vez la de una muchacha envuelta en velos y túnicas extrañas… una bella joven de largo cabello castaño oscuro y ojos brillantes, sombreados por pestañas largas..
- “Hamid..”
- “¿Touya?”
El médico se tambaleó y la alarma se pintó en las hermosas facciones de la diseñadora, que pese a la diferencia de altura –su esposo era bastante más alto que ella- corrió hacia él, dispuesta a sostenerlo en sus brazos..
Pero no antes que el médico alcanzara a murmurar…
- “¡Fátima!”
- “¡TOUYA!!”
Los ojos femeninos contemplaron al galeno con profunda sorpresa y de pronto la mente de Kinomoto trabajó rápido. ¡Oh no!, ¿Qué diablos? ¡había mencionado el nombre de otra mujer en lugar del de su esposa! ¡y ni siquiera sabía por qué o mucho menos conocía a alguien de ese nombre!... ¡pero Tomoyo seguro que no iba a creerle!
Al menos.. él no lo hubiera hecho de hallarse las circunstancias invertidas.
- “No, ¡no pienses mal!” –dijo rápido, interpretando el asombrado brillo en los ahora oceánicos ojos de su esposa como indignado silencio- “¡no pienses mal! ¡te juro que no conozco a ninguna mujer que se llame así!, ¡sólo me sentí un poco confundido y como mareado y no sé porqué dije ese nombre cuando te ví venir hacia mi! ¡te lo juro!”
Los ojos de Tomoyo brillaban con algo parecido a la diversión aunque estaba sirviéndole de apoyo a su aún confundido esposo, al mismo que ayudó a volver a entrar al auto, sentarse en el asiento del vehículo, antes de recostarse sobre su pecho con un gesto de profunda satisfacción..
- “Touya.. no estoy enojada contigo”
Hubo algunos instantes de silencio.
- “Pues que bueno. Porque ya que no lo estas y no parece sorprenderte lo que me pasa, me sentiré feliz de que me lo expliques” –gruñó él- “no sé como demonios te las arreglas para estar siempre un paso delante de mi, pequeña, pero esta vez es exasperante.. ¡yo soy el médico y no sé que diablos me pasa!”
La joven diseñadora enterró su rostro en el pecho masculino otra vez antes de levantar su mirada hacia el rostro de Kinomoto y acariciarlo con las manos..
- “Sólo estás.. confundido. Pero.. viste a Fátima ¿no es asi?. Tú siempre has visto más cosas que las personas, supongo que es normal que alguna vez pudieras verla en mí. Sakura dice que es probable que Akasha la viera.. o a Hamid en ti”
- “¿Qué tiene que ver Sakura o aquella mujerzuela con lo que me pasa?”
- “¡Touya!”
- “¿Qué?, no hay niños aquí.. y a mí nadie me quita de la cabeza que esa mujer es una zorra. No sé por qué la detesto”
- “¿Realmente no lo sabes?”
La mirada de los esposos se encontró de nuevo y Kinomoto resopló, enfadado, mientras Tomoyo continuó:
- “¿Por eso has estado durmiendo mal estos días? porque desde que vimos a esa mujer, duermes cada día peor y te despiertas sobresaltado; nunca me has querido contar lo que sueñas que te inquieta tanto..”
- “Porque cuando me despierto no recuerdo lo que soñé, ya te lo dije. Pero ¿Qué tiene que ver mi hermana en esto y porqué mencionas a esa tipa?”
- “Touya.. antes contéstame esto: ¿porqué mencionaste a alguien llamada “Fátima”?”
- “No tengo otra mujer, si es lo que piensas” –aclaró, rápido, otra vez- “pero… ¡argh! ¡maldita sea!” –suspiró antes de confesar- “desde esta tarde, cuando ví como golpeaban y casi matan a esa niña sentí algo desagradable.. una sensación de rabia muy vieja. El maldito coraje que siempre me dá cuando veo algo injusto y nadie hace nada por evitarlo.. y antes de aparcar el auto.. eran como voces en mi cabeza….”
- “¿Alguna te llamó: “Hamid”, por si acaso?”
Los ojos oscuros del médico brillaron con suspicacia y antes que Tomoyo pudiera reaccionar, la aprisionó fuertemente entre sus brazos en un gesto que era naturalmente protector, pero que en esta ocasión disimulaba los furiosos –y casi angustiados- latidos de su corazón. Normalmente cualquiera diría que el alto e irritable médico estaba abrazando posesivamente a su esposa, pero ella entendió –como siempre lo entendía- que esta vez Touya la abrazaba porque estaba nervioso, desconcertado y deseoso de sentirla cerca, pegada a él.. antes de escuchar algo que sabía que iba a afectarle.
- “Hamid” –dijo bajito, casi susurrando en el oído de su esposa- “y.. Fátima.. ¿verdad?”
- “Si” –aceptó Tomoyo, también muy bajito- “él era.. un capitán de armas… turco … y Fátima. Ella era..”
- “¿Quién era ella?” –le interrumpió.
- “Ella era… la confidente de Roxelana”
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El galope furioso del caballo resonaba por la playa mientras el equino hacía su mayor esfuerzo, pero el jinete parecía no notarlo. Sus ojos oscuros sólo contemplaban el cielo con profunda preocupación mientras el estruendo lejano del campamento turco delataba que las huestes del sultán estaban a escasos instantes del asalto final de la ciudadela de Famagusta y el jinete maldecía con calor..
Su corazón latía furiosamente en el pecho.
El tiempo se agotaba.
¿Dónde estaban la princesa y el cristiano?, ¡a estas horas debían haber estado esperándoles en la pequeña ensenada, donde aguardaba la embarcación que les sacaría de ese infierno!
Pero él acababa de estar allí y no había nadie…
¡Nadie!
Fátima aguardaba por él en el campamento turco. Lista para partir, pero Hamid tenía un deber que cumplir, una deuda por saldar..
¡Debía asegurarse que la Princesa esté sana y salva!
De modo que espoloneó su caballo con rabia y maldiciendo una vez más su suerte, se dirigió hacia el camino que Roxelana y Ridolfo Mocenigo debían haber tomado para salvarse…
Si es que habían logrado escapar de Famagusta…
¡Si es que el cristiano lograba entender al fin que no iba a poder salvar la ciudad y se salvaba él mismo y a la princesa!
- “¡Sois un imbécil honorable, cristiano!, ¡por una vez en vuestra vida, preocupaos por vos mismo y salvaos! ¡Salvaos y sacad a la princesa o temo que moriréis ambos!”
El golpeteo furioso de espadas alertó al turco, pero no detuvo su paso y contempló en medio del secreto camino a un grupo de hombres que atacaban a un jinete, el mismo que estaba ya gravemente herido pero que se defendía con un calor digno de encomio, y siendo un hombre honorable, Hamid se aprestó a ayudar al desvalido que se encontraba en total desventaja numérica ante cinco atacantes sedientos de su sangre..
- “¡Apartaos, puercos!” –la cimitarra voló como la luz y en menos de lo que tardo en contarlo dos hombres cayeron de sus caballos ante la feroz arremetida de Hamid- “¡salid de mi camino y atacad con honor y no en masa! ¡desvergonzados!”
Uno más de los jinetes encapuchados cayó y ante la sorpresa del propio Hamid el hombre herido se desplomó de su montura con un suspiro trabajoso, mientras los dos jinetes restantes huían apretando espuelas, dando ya por muerto al que habían atacado..
- “¡Por piedad… os lo suplico… no me matéis” –murmuró el herido, mientras la sangre rezumaba de sus heridas y de sus labios- “no poseo nada que podáis robar. Tengo.. una misión.. no se me es permitido morir sin haberla cumplido…”
El jinete turco desmontó –maldiciendo en su interior a este que le hacía perder tiempo valioso- y cual no fue su sorpresa al reconocer al escudero del capitán cristiano, el mismo a quien buscaba y que debía estar allí con su princesa…
- “¡Vos sois su servidor! ¡el cristiano os llamaba Vanio!” –espetó sacudiendo al herido sin consideración, ante el asombro que sentía- “¿Dónde está vuestro señor y mi señora? ¿porqué no están con vos? ¡debieran estar ya en el embarcadero! ¡decid algo!!”
Los ojos agonizantes del fiel criado reconocieron al fin al fiero capitán turco..
- “El capitán de armas… de la princesa infiel” –murmuró, antes que un acceso de sangre le cortara la palabra- “vos.. ¡aquí!”
- “¡Decidme donde están vuestro señor y mi señora!!”
El herido prorrumpió en un lastimero quejido y Hamid notó al fin con horror, que aquel hombre se moría. Grandes charcos de sangre se agolpaban bajo el desventurado y leal servidor y Hamid casi sintió piedad, pero tenía demasiada prisa.. y estaba harto aterrado. Una idea, harto monstruosa para ser real, estaba invadiendo su mente y le llenaba de feroz desesperación… si el servidor del capitán cristiano estaba aquí, agonizante en mitad del camino…
- “Fueron… detenidos” –gimió el criado, suspirando- “mi señor había urdido un plan con vuestra señora.. y tenían esperanzas de salvar la plaza y a la gente, antes del ataque…”
- “¡¿Qué decís?! ¡Famagusta no puede salvarse! ¡es demasiado tarde! ¡debieron haber salido hacia la embarcación!”
- “No entendéis..” –resopló Vanio, tristemente- “mi señor es un hijo del Dux de la serenísima república de Venecia… ¿cómo podía huir con vuestra señora dejando morir a los defensores de Famagusta, una plaza veneciana?”
- “¡Maldito honor! ¡maldito sea!” –barbotó Hamid- “¡ya se lo había dicho a mi señora! ¡no podría convencerlo de abandonar la plaza, pero ella insistió en ir a pedírselo!”
- “Vos… ¿cómo sabéis que vuestra señora esta en Famagusta?”
- “Porque la ayudé a salir del campamento turco… distraje a los guardias mientras mi señora tomaba un caballo y marchaba hacia vuestra condenada ciudadela… ¡argh! ¿porqué dejé que me convenciera?”
- “Porque era vuestra señora… como mi señor lo es el mío. Y porque sabíais que iba a hacerlo, con vuestra ayuda o sin ella…”
Hamid no pudo menos que asentir a las frases entrecortadas del servidor de Mocenigo. Si. Era cierto. Roxelana iba a encontrar la forma de ingresar a la ciudadela cristiana, con su ayuda o sin ella, y él lo sabía. Y la había ayudado sabiendo bien lo que hacía, aunque creía –como los hechos le corroboraban- que el joven capitán cristiano no iba a huir de la sitiada ciudadela, dejando a sus compatriotas morir.
¿Porqué lo sabía?
Porque, de haber estado en la posición de Mocenigo, habría hecho lo mismo. No era de hombres abandonar a quienes defendían los señoríos de un padre venerado, salvando su propia vida sin importarles los otros, sin honor alguno.
Pero él no tenía un padre venerado cuyos señoríos defender…
Su único deber, era con su señora..
- “¿Decís que fueron detenidos?, ¿porqué, por quien?, ¡hablad, hablad!, ¡no podéis morir sin decidme lo que sucede!”
Zarandeado sin piedad por el alto turco, Vanio abrió los ojos e hizo un esfuerzo…
- “Bien decís, infiel. No se me es permitido morir. Tengo… tengo que llegar…”
- “¿A dónde?”
- “Mi señor… mi señor fue detenido y vuestra señora, fue acusada de haberlo embrujado..” –murmuró, ante el espanto de Hamid- “y debo ir… avisadle..”
- “¿A quien? ¡que decís? ¿cómo pueden acusar de algo tan estúpido a la princesa?, ¿sois todos imbéciles?, ¡¿habéis enloquecido?!”
- “Alguien.. los delató. Mi señor y vuestra señora iban a … poner en marcha su plan, para salvar a la ciudadela.. pero tenían todo listo para marchar, si todo salía mal. Pero mi señor no podía irse sin intentar salvar a los venecianos.. a los pobres asediados..”
- “¿Entonces, porque decís que acusaron a la princesa de brujería? ¿y vuestro señor no hizo nada?”
- “Mi señor fue detenido con vuestra señora. Ambos… están ante un tribunal eclesiástico… seguramente les juzgarán en algunas horas”
- “¿Y los súbditos que vuestro señor se empeñaba en salvar?”
- “Todos.. los asediados… aprisionaron a mi amo, por amar a una infiel, como vuestra señora..”
Hamid rechinó los dientes de rabia..
- “¡Valiente gratitud!, ¡mi princesa expuso su vida por avisar a vuestro amo del inminente ataque, y la acusan de bruja y aprisionan a vuestro señor! ¿Qué clase de puercos imbéciles sois ustedes, cristianos?”
- “No insultéis.. turco” –musitó Vanio- “todos temen…. el ataque. Y quien avisó a los eclesiásticos sabe lo que hace. Ellos han influido en los defensores de Famagusta… así como están, vos les veríais creer en cualquier cosa”
Hamid suspiró. Vanio tenía razón. El pánico y el hambre ocasionan cosas horrendas en los lugares sitiados pero… ¿Qué iba a pasarle a su señora?
- “Bien, hablad, ya. ¿A quien vais a pedir ayuda?”
- “Al baluarte de San Marcos… el Caballero Hospitalario Etienne Boisloire está al mando con 30 caballeros de su orden. Mi señor pidió que fuera a avisarle de su predicamento”
- “¿Para que?, ¿aquel tipo puede hacer algo?”
- “No lo sé.. mi señor sólo musitó aquello mientras la enfurecida turba se lo llevaba junto con vuestra señora..”
Un nuevo acceso de sangre acometió al infortunado servidor y Hamid decidió de prisa, cogiéndolo en brazos y colocándolo en su caballo. Sabía donde estaba e baluarte de San Marcos, y conocía la reputación de excelente combatiente del Hospitalario Boisloire..
- “¿Qué hacéis?” –gimió el herido.
- “Os llevo a cumplir vuestro mensaje. Solo no llegareis. Os estáis muriendo”
- “Bien lo sé, turco. Gracias. No puedo…. no debo… fallar a mi señor” –dijo Vanio, muy bajo, escupiendo más sangre- “él morirá.. si yo no llevo el mensaje. No puedo… no podría.. sin salvar a mi señor y a vuestra señora… si el Hospitalario llega, con sus compañeros, siendo un caballero de una Orden… podría discutir la situación con los eclesiásticos… o sino por las armas. Yo sé… debo… debo decidle… debo..”
- “Callaos, y sosteneros con fuerza” –Hamid se impulsó y subió sobre su montura- “ahora… “
- “Me rodearon en cuanto abandoné Famagusta” –musitó Vanio- “podría deciros que me esperaban, pero no lo sé. ¡Hay tanto que no os puedo decir porque no lo sé!.. no sé quien fue la encapuchada que denunció a mi señor y vuestra señora!, sólo puedo deciros que el caballero De Dannan le decía “princesa” … y que debió ser una mujer. De Dannan, el señor Boisloire dice que es un mercenario sin escrúpulos.. estoy seguro que él tuvo algo que ver.. con la emboscada que me ha matado… y aquella persona…la mujer que denunció a mi señor y a vuestra ama…”
- “¡¡¿Una mujer?!!”
- “¡Decidle al caballero Boisloire, que salve a mi señor! ¡DECIDLE!”
El grito desesperado y angustiado del infortunado servidor fue lo último que musitó sobre este mundo, quedando yerto y frío sobre la montura del turco quien lo contempló con tristeza por unos instantes –conmovido por la fidelidad hacia su joven señor- antes de bajar el cadáver del corcel..
Hubiera deseado sepultarlo… pero no había tiempo y el servidor había indicado que su mensaje era lo primero, pero ¿acaso en el baluarte de San Marcos no le reconocerían como Hamid el capitán turco y no le atacarían antes que pudiera dar su mensaje?; por un instante pensó en Fátima.. que lo aguardaba con impaciencia en el campamento turco, lista para irse con él, pero su honor le dijo que debía cumplir aquel encargo. Aunque fuera a Famagusta, sólo sería para ser capturado por esos que el criado de Mocenigo llamaba “eclesiásticos” y nada podría hacer por salvar a la princesa, pero si aquel Boisloire podía salvarles, debía avisarle. Si, era su deber. Roxelana le había dicho antes de partir a reunirse con el cristiano en Famagusta que nada le debía y que sólo debía pensar en Fátima y en él mismo, pero Hamid sentía que debía hacer esto.
Era la única forma en que podía ayudarle.. pagar, la deuda de vida que tenía con su princesa.
Con su hermana.
Avisaría a Boisloire, y luego marcharía por Fátima. Ambos aguardarían en la embarcación hasta que los demás llegaran.. si.
Llegarían.
Se salvarían.
Espoloneó su corcel con fuerza y con un leve gesto de respeto hacia el infortunado servidor muerto, marchó de prisa a cumplir su última deuda de honor con su hermana…
No sin antes pensar.. en las palabras del infortunado Vanio..
- “Una mujer… les denunció”
Apretó las riendas con más fuerza. He allí lo que más había temido. Había hecho toda aquella carrera al notar con angustia que también Zobeida había abandonado el campamento turco a escondidas y ahora sabía perfectamente el alcance de la feroz revancha de la princesa desdeñada por el cristiano..
¡Estaba seguro que ella había denunciado a Roxelana!
¡Todo lo que ocurriera en adelante era todo su venganza! ¡la venganza de Zobeida!
A lo lejos, de donde estaba la ciudadela de Famagusta, el humo de una hoguera se elevaba a los cielos. Hamid no lo sabía… pero la esperanza del fiel Vanio había sido cruelmente burlada pues contraria a la costumbre secular, el juicio a Ridolfo Mocenigo y a Roxelana se había hecho cuando aún no amanecía…
Y la pira que ardía y cuyo humo se elevaba al cielo…
Era la que consumía las vidas de los desventurados jóvenes..
Ignorante de todo aquello, la mente del capitán Hamid aún tenía esperanza.. y mientras cabalgaba de prisa, su mente vagó hacia sus recuerdos. Su más tierna infancia, en la que había contemplado como su padre, el sultán Selim, había matado a esclavos –hombres y mujeres por igual- a servidores y a ministros al menor capricho… siendo que su temperamento ardiente se había rebelado siempre ante las injusticias pero sólo el afecto por su madre le había detenido de intervenir..
- “No hagáis nada… ¡no debéis!”
- “¡Pero habéis dicho que esas esclavas eran inocentes! ¿porqué no?”
- “No digáis nada.. no es posible. Mirad hacia otra parte cuando ocurran esas cosas pequeño. No penséis en eso. ¡No penséis en eso!... olvidad a esas pobres esclavas y orad conmigo”
Cerró los ojos. Sintiendo dolor. Había sido mucha su frustración al ver de cerca tales atrocidades sin hacer nada pero finalmente la injusticia del Sultán –su padre- le había caído directamente. Todos sabían que su madre había sido inocente del crimen por el que Selim la había hecho asesinar pero era difícil que alguien replicara al Sultán…
Quien, en un acceso de ebriedad, acusó a su concubina de haberle sido infiel…
- “¿Os atrevéis a negaros a mi? ¡soy el Sultán!, ¡vos debéis ir a mi lecho, borracho o no! ¡mujerzuela!” –el fuerte bofetón había arrojado a su madre al piso y dos esclavos y una esclava, aterrados, habían a duras penas controlado al apasionado niño que él era, a duras penas.. antes que interviniera- “¡sois mi esclava! ¿pero que os digo? .. ¡seguro que me sois infiel!, ¡si, me sois infiel!”
- “No, no mi señor, ¡os lo juro!, ¡es sólo que estoy enferma!.. ¡me siento muy débil y..!”
- “¡INFIEL!” –había aullado el Sultán, borracho e iracundo- “¡llevaos a esta perra infiel a su Sultán!, ¡matadla, despedazadla!, ¡hacedla…!”
- “¡NO, NO!.. ¡ella no os es infiel!, ¡está enferma, no lo veis!”
El Sultán había contemplado con sorpresa al casi adolescente que había irrumpido a sus habitaciones empujando a los altos y fuertes guardias, que empezaban a llevarse ya a su madre..
- “¡No podéis hacerlo! ¡ella no os es infiel! ¡no le hagáis daño! ¡¿no tenéis algún poco de piedad? ¡no podéis hacerle eso!!”
- “¡LLEVAOSLA! ¡hip! ¡hip, hip! ¡DESTROZADLA, MATADLA, HACEDLE PAGAR EL HABER SIDO INFIEL A SU SULTAN! ¡hip, hip!” –farfullaba furiosamente Selim, cegado por la rabia y borrachera- “¡HACEDLO PERROS, O OS MATARÉ!”
Los guardias se habían llevado a rastras a la infeliz mujer y Hamid había forcejeado con ellos, golpeado a algunos y gritado, pero como ninguno de los guardias había tocado a uno de los hijos del sultán aunque sí se llevaban a su madre –la infortunada lloraba a lágrima viva- ante la inutilidad de sus esfuerzos, el chiquillo había mirado a su padre con furia, antes de gritar con toda su fuerza, golpeando el pecho del hombre alto ante él..
El Sultán..
- “¡Sois un miserable! ¡maldito seáis!, ¡NO PODEIS HACEDLE ESTO!, ¡OS LO SUPLICO!”
¡¡Plafff!! ¡¡Plaff, plaff, plaff!!
Los golpes cayeron sobre la cara del mozuelo que era Hamid entonces.. y no se detuvieron.
En su acceso de embriaguez, Selim –no por nada llamado “el borracho”- la emprendió contra su propio hijo, golpeándolo con toda su fuerza hasta que el muchacho perdió la conciencia; quizá lo hubiera golpeado hasta matarlo de no haber sido porque una pequeña Roxelana había ingresado a los aposentos del Sultán ante el escándalo, contemplando horrorizada al chico que su padre estaba matando –sabía que era su medio hermano- y musitando.. a su hermana gemela, a su lado..
- “¡Haced algo, Zobeida!”
- “Si se rebeló contra nuestro padre merece morir. Y haber si entendéis que un hermano menos es lo mejor que puede sucederos.. a vos y a mi”
- “¡Pero vá a morir!”
- “Mejor él que yo… y si deseáis morir con él, entrometeros. Ya veis que a nuestro padre le enfurece que le contradigan cuando esta bebido..”
La gemela había reaccionado de prisa y había dado grandes gritos pidiendo las mejores botas de vino llamando la atención del Sultán, al mismo al que la pequeña Roxelana –con su mejor sonrisa- se había apresurado en ofrecer la mayor cantidad y calidad de las botas de vino que había en palacio, motivando que Selim abandonara al ensangrentado niño agonizante en sus aposentos, aunque en cuanto estuvo sobrio, el sultán se había enfurecido cuando Zobeida le había comentado –zalamera y casi graciosamente- que Hamid no sólo le había insultado sinó incluso golpeado……
- “¡Zobeida, no!” –había susurrado Roxelana.
- “¿DECIS QUE HA OSADO GOLPEAR AL SULTAN?” –aulló Selim, herido en su orgullo- “¡HABEIS DICHO.. QUE EL HIJO DE UNA ESCLAVA INFIEL, UNA SUCIA ESCLAVA INFIEL…!!”
- “Padre, Zobeida no pretendió enfadaros..”
- “Zobeida no ha ofendido a vuestro padre, ¡aquel hijo de esclava si!” –Selim se volvió hacia Roxelana y la niña tembló- “os prometí por el profeta la vida de aquel chiquillo de madre infiel, así pues sólo de esa forma será conocido! ¡desconozco a quien se atreve a ofenderme!”
Hamid había suspirado ante los dolorosos recuerdos. Le debía demasiado a Roxelana y se sentía fatal por haberla dejado con Mocenigo… pero lo aceptaba. No le gustaba admitirlo, pero el cristiano amaba a su hermana de la misma forma que él amaba a Fátima y eso debía reconocerlo, sin embargo…
Los celos de Zobeida lo asustaban.
Esos ojos…
La forma en que miraba a Mocenigo..
La rabia y el odio que había visto en ellos.. dirigido contra él y Fátima.. le provocaba miedo. Zobeida. Temía, que si fue capaz de intentar matar al cristiano cuando lo conoció, al perderlo, pudiera volverse contra ellos. Por eso es que no podía evitar recordar lo que había dicho el cristiano capitán veneciano, la última vez que lo vió..
- “Roxelana y yo.. algunos amigos y mi escudero. Por vuestro lado.. ¿no deseáis llevar a alguien? ¿creéis que nos resistirá la pequeña embarcación”
- “Si, pero no más. Y no, a diferencia de vos, que confiáis en vuestro escudero y vuestros amigos.. yo no confío más que en Fátima”
- “Desead, con todo.. no veros en la necesidad de recurrir a eso.”
- “¿Aún soñáis con no derramar sangre?”
- “Mi deseo, Hamid” –había dicho Ridolfo- “es que vuestra flota y compatriotas no ingresen por los muros de Famagusta. Vos y yo sabemos lo que son las batallas… y debo intentar evitar más sangre”
- “Si sentís que tenéis que hacerlo, intentadlo. Pero no expongáis a la princesa.. yo..”
- “¡Yo no me alejaré de Ridolfo!”
Eso es lo que había dicho Roxelana esa ocasión y ahora, más que nunca, con las noticias brindadas por el infortunado sirviente de Mocenigo, Hamid sabía bien lo que temía. Zobeida había estado hace días muy insistente con el ataque a Famagusta y su repentino desinterés a horas de atacar le producía una extraña y terrible sensación, temores que se agudizaron cuando algunos centinelas le confirmaron que la princesa no se encontraba en las tiendas, aunque no podían darle la seguridad que no se hallaba con el alto mando…
Pero Hamid lo dudaba… y ahora estaba seguro de dónde se hallaba Zobeida.
- “¡Sois el más grande estúpido bajo el cielo, Hamid!” –se reprochó a si mismo, tomando el primer caballo que encontró, mientras veía a sus compañeros prepararse para el combate- “¡Si Zobeida no estaba en el campamento, debisteis haber sabido que vuestra maligna princesa-hermana estaba en Famagusta!.. ¿cómo no habéis pensado en eso?... ¡corred, corred, Hamid… debéis corred o no podréis salvar a Roxelana y al cristiano, ¡si ese caballero hospitalario o lo que sea les puede salvar, tenéis que verle!, ¡como sea, y salvarles!... porque siendo que no ha conseguido a ese hombre, Zobeida le perderá a él, a vos, y a quien sea!”
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Los ojos enormes de la muchacha se habían abierto con sorpresa ante las palabras de su amiga. Ella ya había notado la extraordinaria apostura del joven Capitán de Armas que servía a Roxelana, pero ante lo que acababa de decir la princesa, no pudo menos que resoplar, asombrada..
- “Entonces.. ¿decís que el capitán Hamid es vuestro hermano? ¡¿pero entonces… es un príncipe? ¡ ¡no os entiendo Roxelana!, ¡si decís que es hijo del Sultán, vuestro padre!”
- “Desgraciadamente, Padre no piensa como vos, o yo” –había musitado la joven princesa con pesar- “fue poco antes de que nombraran a vuestro ilustre padre Gran Visir.. aún no veníais a vivir al palacio…”
- “¿Qué pudo haber ocurrido para que vuestro padre no reconozca a un hermano vuestro como príncipe?”
- “Pues veréis..” –musitó Roxelana con algo de embarazo- “Hamid no es hijo de mi madre. Su madre fue una de las esclavas del harén real..”
Fátima la contempló con perplejidad.
- “Pues sigo sin comprenderos. La misma madre de vuestro padre, la famosa Roxelana, de quien lleváis el nombre empezó en el harén del sultán, vuestro abuelo. No es deshonra ser hijo de una esclava del harem, y si vuestro padre es sultán, podéis comprender mi asombro que Hamid no sea considerado príncipe …”
Roxelana negó con la cabeza, con tristeza. Su propia madre había muerto cuando ella y Zobeida habían nacido, y recordaba con afecto a la madre de Hamid; por eso mismo le era tan difícil entender, aceptar.. lo que le parecía obvio. Su padre, al que quería, pese a sus defectos era un hombre cruel, caprichoso y sin escrúpulos y su afición a la bebida ocasionaba espantosos accesos de ira irracional en los que podía culpar a cualquiera de lo más absurdo. Pero era el Sultán Selim, y aún beodo tenía poder de vida y de muerte sobre todos los que le rodeaban. Desgraciadamente, no siempre era necesario que Selim estuviera ebrio para incurrir en sus crueldades sin embargo, de todas las que se había visto obligada a presenciar –y se sentía culpable, pese a que trataba de ayudar a los desventurados que caían de la gracia del Sultán, aún con gran riesgo personal porque pese a ser la hija adorada de Selim, nadie tenía la vida segura al lado del temperamento volátil del gobernante turco- la peor, y la más atroz sin duda, era la que había visto que fue perpetrada contra Hamid.
Al que Roxelana sabía su hermano, por mucho que un acceso feroz de ebriedad de Selim hubiera acabado con el futuro brillante del joven turco.
- “No entendéis, Fátima” –dijo tras una larga pausa, mientras su amiga la contemplaba con curiosidad- “La madre de Hamid… pereció hace casi diez años, acusada por mi padre de haberle sido infiel”
Ahora era Fátima la que estaba muda de estupor porque aquello era lo peor y lo más atroz que podía ocurrirle a una esclava del harem del Sultán. Ninguna de las jóvenes había presenciado el castigo, pero ambas sabían perfectamente que las esclavas consideradas siquiera bajo sospecha de infidelidad eran torturadas y ferozmente mutiladas antes de ser ejecutadas, de modo que sólo podía imaginar lo espantoso y atroz que podía haber representado para el joven capitán turco lo ocurrido con su madre.
- “Ya veis que no os habéis equivocado, amiga mía” –dijo la princesa- “Hamid es un hombre que ha sufrido mucho..”
- “Si”
- “Perdón, princesa…” –la gallarda figura de Hamid irrumpió ante ambas muchachas- “se divisa la costa de Chipre y la nave de la princesa Zobeida hace señales… ¿deseáis desembarcar realmente y acampar junto a vuestra hermana?”
- “Temo que no hay más remedio. Vosotros conocéis a Zobeida y sabéis que si desea acampar conmigo, nada lo evitará”
- “A vuestra hermana no le importa en realidad tierra firme, su único placer es saber que podrá contemplar la guerra contra los cristianos.. y quizá matar a más de uno con su espada. Sabéis que ama derramar sangre”
- “Hamid.. os lo suplico” –musitó Roxelana.
El capitán turco gruñó y Fátima ahogó una risita. Ciertamente ahora que sabía el lazo entre la princesa y su capitán de armas, comprendía mucho mejor el peculiar trato y confianza que había entre ambos pero entonces los ojos negros del fiero turco la miraron con fijeza y la hija del gran visir se estremeció de la cabeza a los pies. Desde que empezaron este peculiar viaje había sentido sobre sí la mirada del capitán y se había descubierto esperándola y anhelándola. De allí su curiosidad por la relación entre su amiga y el turco, pero ahora que sabía que no había más que afecto familiar entre ellos de pronto se sentía muy aturdida ante la fiera mirada del hombre.
- “Espero no haberos ofendido con mis comentarios, Fátima”
- “No temáis eso, capitán. No me habéis ofendido”
- “No me refiero sólo a mis comentarios… temo que estoy ofendiéndoos…”
- “No, ¿qué decís?, Roxelana.. decidle…”
Fue entonces que la joven hija del visir del Sultán notó con sorpresa que se encontraba sola con el guerrero … ¿Dónde se había ido Roxelana? ¿la había dejado sola con Hamid, allí, en mitad del camarote.. solos?..
- “Si, temo que os ofendo Fátima” –insistió Hamid, sacándola de su sorpresa, casi aprisionándola entre el muro de madera del barco, y su cuerpo- “pero…. os pido perdón, porque no me importa ofenderos. No, no de esta forma..”
La muchacha no supo que decir, y no hubo falta. El alto guerrero la empujó y la besó con pasión no exenta de ternura y Fátima sintió que iba a desmayarse siendo que el vaivén del barco no tenía nada que ver. De modo que aturdida y confusa, no pudo más que aferrarse al capitán y mirarlo con sorpresa y perplejidad cuando al fin la soltó. No entendía lo que sentía por ese hombre. Se le había educado para aceptar a quien su padre dispusiera entregarla; sin embargo no podía negar que conociendo al joven capitán había experimentado sentimientos nuevos y arrebatadores…
Y que se sentía súbitamente feliz en sus brazos.
- “Os amo Fátima” –dijo Hamid, mirándola con fijeza, simplemente- “no sé deciros más. Y no lo lamento. Podéis denunciar que os he faltado el respeto con vuestro padre o con cualquiera y si me cortan en pedazos por haberos besado, no me opondré.. porque no estoy arrepentido”
Fátima de repente tampoco tenía duda alguna. Nunca, jamás podría permitirse ser tocada de aquella forma por alguien más, porque ella sólo era feliz con los ojos negros de Hamid ante ella, con el calor de su cuerpo, su voz profunda….
- “Entonces.. nos cortarán a los dos” –musitó sonrojada- “… porque debo confesaros que tampoco lo lamento Hamid”
El capitán turco la contempló fijamente. De hecho, la había contemplado hace mucho tiempo sin poder evitarlo y sabía que la muchacha no mentía, pero consideró que era justo decirle la verdad..
- “Nada puedo ofreceros, Fátima. Nada. Apenas mi vida es mía.. por piedad de Roxelana hacía mí, pero soy sólo un guerrero sin nombre… no tengo nada que daros”
La joven frente a él lo contempló conmovida. Su corazón latía ferozmente y ella sabía ahora que para bien o para mal…. Ella sólo podría pertenecerle a ese hombre.
- “Si os tengo a vos.. nada necesito Hamid. Nada”
Con un estremecimiento, Fátima abrió los ojos, despertando sobresaltada. Había soñado con la charla que sostuviera con Roxelana cuando iban en el barco que las conducía camino a Chipre, a acompañar a las tropas que rodeaban Famagusta y todo lo que ocurrió.. después. Mucho había charlado con la joven princesa, pero lo que más la había impresionado ciertamente era la historia de Hamid y ahora, despierta, Fátima se estremeció. No tenía ningún don para los presentimientos –como Roxelana- pero estaba nerviosa.
Amaba a Hamid.. y temía por él. Temía por él y por sí misma, porque las cosas en Famagusta habían sido hermosas para ella y el capitán, pero el término del sitio traía de vuelta la realidad a sus vidas, pero ya no había vuelta atrás. Ya lo había decidido, ella jamás aceptaría a otro hombre en su vida más que a Hamid.
Para ella, igual que para Roxelana.. sólo existía una vida al lado del hombre que había elegido.
Si no tenía eso… No tenía nada.. y nada más importaba.
Pero su suerte parecía unida a la de la princesa y siendo que había iniciado este viaje como confidente de los extraños presentimientos de Roxelana, Fátima se encontraba más que aprehensiva. Había convencido a Hamid de apoyar la relación entre la princesa y el esclavo cristiano –durante el tiempo que Mocenigo había sufrido tal degradante condición- y pese a que el capitán estuvo reacio a “tal locura” y no había simpatía entre él y el cristiano, ambos habían hecho un esfuerzo por tolerarse debido a la súplica de ambas jóvenes y del mismo modo… era gracias a la influencia de Fátima, que Hamid había sido convencido de desertar y unirse a la princesa y al cristiano en la fuga hacia occidente, que las dos muchachas anhelaban…
- “Hamid ¿porqué os demoráis tanto?... ¿Qué pudo haberos sucedido?”
La vida de Fátima había sido feliz y sin complicaciones, si bien nacida mujer, su padre era poderoso visir del sultán.. y aunque el terrible Selim era peligroso y tornadizo como una tormenta del desierto, ya eran años los que su padre sorteaba –no sin sobresaltos- el delicado equilibrio que era el estado de gracia con el Sultán, de modo que Fátima había crecido como una joven turca llena de belleza, virtud y bendecida por una familia prestigiosa. Su madre había muerto hace pocos años –casi cuando su padre ascendió a su augusto cargo- y desde entonces habíase mudado al palacio, donde se había hecho compañera de juegos de las princesas..
Bueno.. más bien de una princesa.
Roxelana.
Pero su joven amiga había partido hace algunas horas ayudada por Hamid, rumbo a la cercada Famagusta, angustiada por la noticia de la próxima caída de la ciudad y de lo que significaría para el joven capitán veneciano Ridolfo Mocenigo –a quien Roxelana llamaba “su esposo”- y mientras esperaba ansiosa noticias de su amiga y su amado, Fátima no pudo menos que pensar en lo extraño de los acontecimientos..
- “¿Os arrepentís de haber seguido a Roxelana?” –le preguntó su conciencia.
- “No, eso no” –se respondió a si misma- “vine acompañándola.. como amiga, porque me angustiaba aquella idea que tenía de que algo la llamaba a este lugar plagado de muerte y odio. Y sin embargo… es mi destino el que también he hallado”
Unos pasos largos la sacaron de su monólogo consigo misma y luego de ajustarse el velo, Fátima se puso de pie con rapidez, saliendo entre las penumbras de la tienda donde aguardaba, caminando suavemente hacia el dueño de las pisadas, que la contempló salir de entre las sombras casi embelesado..
Pasos suaves, y una hermosa silueta de mujer deslizándose entre las sombras…
Aquellos ojos brillantes…
Era Fátima.
“Su” Fátima.
- “Estáis aquí” –susurró la muchacha a modo de saludo, contemplando a su interlocutor- “¿cómo habéis visto las cosas? ¿no viene Roxelana con vos?”
- “Callaos.. ¡callaos!”
Fátima trató aún de decir algo más, pero los brazos fuertes del capitán Hamid rodearon su figura y el hombre se inclinó hacia ella besándola con pasión.
- “Mirad lo que hacéis conmigo” –resopló, irritado- “cualquiera puede veros.. a vos y a mí. Y sin embargo os veo… y pierdo la cabeza”
La chica rió.
- “Entrad a la tienda entonces… allí podréis decirme lo que sucede, ¿marchamos ya? ¿Qué ha pasado?”
Hamid la miró con fijeza e ingresó de prisa.. no sabía como decirle, pero no tenían tiempo.. ¡no tenían tiempo!
- “¿La habéis dejado allá, no es verdad?”
- “¡No es momento para eso!... entendedlo Fátima: no hay tiempo. ¿Aun estáis dispuesta a escapar conmigo a occidente?”
- “Si”
- “Marchaos, entonces…”
- “¿Qué decís?” –se sorprendió la joven.
- “Hay un corcel listo para vos. Yo cubriré vuestra salida… porque antes de ingresar aquí, me dieron órdenes de marchar con las tropas de asalto. Si no voy ahora.. sospecharán. Debéis huir. Yo os alcanzaré”
- “¡No!, ¡no me marcharé sin vos! ¿y Roxelana? ¿Y Mocenigo? ¿les veré en la embarcación? ¿Qué ha sido de ellos?”
- “No entendéis. ¡Se esta combatiendo en Famagusta ahora!, ¡Si todo sale bien.. ¡y espero que ese hombre llegue a tiempo!.. ¡Veréis a Roxelana y al cristiano y los amigos que el iba a llevar con él en la nave!... ¡huid, Fátima!.. si demoro, marchaos. No miréis atrás”
- “¿Cómo me pedís eso?!”
- “¡No discutáis y marchaos!”
La muchacha negó con la cabeza… temblando; pero el alto capitán no la dejó dudar porque tomó la manito femenina y la sacó de la tienda a escondidas llevándola por lugares poco concurridos hacia una caballeriza vacía, aunque detrás de un alto pajar se encontraba un caballo, listo para un recorrido largo..
- “¡Pero Hamid, no podéis hacer esto! ¿Y vos?, ¿y vos?”
- “¡¡Marchaos Fátima!!... os lo suplico” –dijo rápido y con una profunda desesperación en la voz- “ ¡MARCHAOS!, ¡IDOS DE PRISA!, ¡NO TENEIS TIEMPO, NO TENEIS TIEMPO!!”
- “¡No Hamid, por piedad! ¡no podéis pedirme eso!”- sin considerar las protestas de la joven el capitán la alzó en brazos, colocándola sobre el animal, pero ella se aferró a él con todas sus fuerzas - “¡no puedo irme sin vos, Hamid!, ¡no puedo!”
- “¡Marchaos, Fátima!”
- “¡NO!, ¡no lo haré!”
- “Ninguno de vosotros dos va a ir a ninguna parte..”
Con un destello desesperado en sus oscuros ojos, Hamid golpeó el caballo en gesto rápido y el bruto se lanzó a la carrera dirigiéndose hacia la profundidad de la caballeriza –donde había una puerta entreabierta- pero antes de salir del lugar, Fátima se dejó caer y el animal abandonó el lugar con la silla vacía pero haciendo evidente en su fuga que el amplio lugar no estaba desierto. Habían sido sólo escasos instantes, pero el lugar se hallaba rodeado de guerreros y el capitán turco supo que todo había sido una trampa, lo más probable era que le hubieran estado esperando y desde que le habían indicado que debía marchar con las tropas de asalto estaban preparados para atacarle, ¡era imposible que aquellos guerreros surgieran de la nada, listos a obedecer las órdenes de la hija del sultán! sin embargo, en aquel momento no le importó en lo más mínimo. Sabía bien que su suerte estaba echada desde que escuchó aquella voz a su espalda y sólo había deseado salvar a Fátima pero el gesto de la muchacha la había dejado allí, con él, en medio de toda aquella locura y corrió a su lado, preocupado por la violenta forma en que ella había saltado del corcel..
¡Oh, maldita sea! ¡él ya era hombre muerto! ¿Por qué ella no se había marchado?
¡Hubiera muerto tranquilo sabiéndola lejos y a salvo!
- “¿Estáis loca?” –gimió abrazándola- “¿Qué habéis hecho? ¡Ibais a marcharos!”
- “¡NO ME IRE SIN VOS!”
Ninguno de ellos siquiera se volteó a ver a la persona que les había interrumpido. En su lugar, sólo se abrazaron con fuerza y el turco palpó con rudeza la figura de la chica, tocándola hasta estar seguro que no se había hecho daño al dejarse caer de esa forma pero el sonido de esa voz odiosa hizo volver la mirada a ambos jóvenes, que contemplaron el rostro de la que había urdido su perdición sin pestañear siquiera..
Y la mujer frente a ellos… cuyo rostro era idéntico a otra persona que ambos conocían y querían, parecía contemplarlos con los ojos centelleantes de odio y dolor y una rabia que casi desfiguraba su expresión, quitando cualquier duda sobre su identidad..
¡Zobeida!
- “El tiene razón Fátima” –dijo suavemente- “ Os hubiera convenido más marchaos.. aunque igual os hubieran detenido en el camino.. nadie llega lejos cuando la hija del sultán os acusa de traición”
- “¿Traición a quien? ¿a vos?”
- “¡SI!” –casi sollozó la princesa- “¡A LA HIJA DEL SULTÁN! ¡ME HABEIS TRAICIONADO!”
- “Pues recordadme cuando os ofrecí lealtad. La princesa Roxelana es mi señora… y nadie más”
- “ERA.. vuestra señora”
Los ojos fieros de Hamid se encontraron con los de su interlocutora, la que se encontraba seguida por al menos veinte guerreros, con las cimitarras desenvainadas. Para sorpresa y temor del capitán turco, los ojos de Zobeida estaban rojos e hinchados y había una expresión de feroz odio y dolor en su mirada siendo que sus ropas estaban sucias y aún su propio rostro mostraba marcas de hollín y ceniza, como si hubiera estado en un incendio o una hoguera…
¡Una hoguera!
La columna de humo que había contemplado cuando –no hace mucho- había hablado con el caballero hospitalario, le vino a la mente y supo entonces que hace horas atrás que todo estaba ya perdido..
¡Y saberlo ahora! ¡tan tarde!
¡Era su perdición!
- “¿Qué habéis hecho?” –espetó, irritado, sabiendo que él y Fátima se hallaban ya rodeados por soldados leales a la princesa, mientras la expresión de desolación e ira y frustración, casi rayando en la locura en el rostro de Zobeida, confirmaba sus peores temores y sentía algo extraño.. dolor, incredulidad, horror, invadiendo sus sentidos- “¡No, no! ¡NO!, ¡no podéis haberlo hecho!.. ¡No podéis haberlo hecho!!”
Los ojos de la mujer brillaron y más lágrimas brotaron, pero era odio puro el que habló cuando contestó a las preguntas del capitán:
- “¿Así que lo sabéis? ¿lo sabéis?! ¡ignoro cómo, pero lo sabéis!.. ¡¡¡¿cómo lo sabéis?!!!”
El capitán turco no replicó a la pregunta… lo que Zobeida preguntaba le importaba muy poco porque aunque su sentido común le decía lo que había pasado, aún le era difícil aceptarlo..
- “¡Amabais a cristiano!” –le recordó- “¡no podéis haberle hecho daño!... ¡y Roxelana… era vuestra hermana gemela!”
- “¡CALLAD!”- gritó, la otra, frenética- “No mencionéis el nombre de aquella maldita… ¡la odio, la odio!.. ¡la he odiado toda mi vida!... siempre tuvo todo lo que yo quería para mí: la atención de mi padre y de los que la rodean, ¡y también me lo quitó a él! ¡ME LO HA ARREBATADO Y ESO JAMÁS OS LO PERDONARÉ!, ¡HABEIS SIDO SUS COMPLICES! ¡JAMAS, JAMAS, JAMAS OS PERDONARÉ A ELLA HABERMELO ARRAEBATADO Y A VOS HAVEDLE AYUDADO! ¡NADA DE LO QUE ELLA HAYA SUFRIDO PODRÁ SER SUFICIENTE PARA PAGAR LO MUCHO QUE LA HE ABORRECIDO!”
La forma en que gritó aquellas frases y sus lágrimas pletóricas de rabia, hicieron a Fátima lanzar un grito ahogado….
- “¡No podéis haberlo hecho!” –gimió la joven.
- “¿Cómo pudisteis?” –dijo Hamid, apretando los puños de rabia y conteniendo sus ganas de llorar.. ¡Roxelana era su hermana, le debía tanto!”- “¿¡COMO PUDISTEIS?!.. ¡¡¡¡¿¿¿¿COMO PUDISTEIS????!!!”
- “¡CALLAOS, ESTÚPIDO!.. ¡Sois tan culpable como ella!”
- “¡ERA VUESTRA GEMELA!” –gritó el capitán.
- “¡VOS SABEIS MEJOR QUE NADIE QUE SIEMPRE FUE MI ENEMIGA! ¡LA ABORREZCO! ¡LA ABORREZCO!, ¡LA ODIO POR TODO LO QUE SABEIS ME HA ARREBATADO! ¡LA ABORREZCO POR LO QUE ME HA QUITADO!”
Algo, en la mirada de Zobeida, la rabia, ira, dolor y despecho parecieron llamar la atención del guerrero…
- “¿Qué habéis hecho con el cristiano?” –insistió, comprendiendo el infierno de desesperación en que debía hallarse el veneciano si habían quemado (como decían que quemaban a las brujas en occidente)- “¿Qué habéis hecho con él?”
La sonrisa que brotó de los labios de Roxelana había sido amarga y cruel…
- “Así que no lo habéis intuido todo. ¡No lo sabéis!... ¿no entendéis porque la odio más que nunca?.. ¡PORQUE ME LO HA ARREBATADO!... ¡me lo ha quitado!... ¡sólo ella debió morir en esa hoguera y no él! ¡NO EL!” –gritó frenética- “¡¡¡¡¡¡¡¡¡NO EL!!!!!!!!!”
- “¿Hoguera?” –gimió Fátima- “¡oh, Roxelana!.. ¡No, no!, ¡¡mentís, mentís!! ¡era vuestra hermana, no podéis haberla dejado morir en una hoguera!!”
La aterrada muchacha se aferró a la espalda ancha de Hamid y ocultó sus lágrimas entre la ropa del hombre que amaba, sintiéndose profundamente acongojada… ¡Roxelana! ¡muerta! ¡y en una hoguera, en una muerte tan atroz!!
¿Cómo era posible, si no hace muchas horas charlaba con ella?
- “Me parece que pensáis mucho en aquella estúpida… y os olvidáis de vosotros mismos. ¡Os habéis confabulado con ella!, ¡la habéis apoyado en su seducción al cristiano, en su traición hacia su propia gente, y el Sultán, mi ilustre padre!”
- “¡¡Padre malvado!!.. ¡!digno de ser vuestro padre.. sin duda!!”
Las amargas palabras de Hamid hicieron brillar los ojos de Zobeida…
- “Así pues, odiáis a vuestro padre, Hamid…... ¿o debo llamaros “hermano”?” –rió desagradablemente antes de añadir- “¡¡No, no lo sois!!. Habéis sido hermano y guardián de Roxelana, a mi me odiáis tanto como a nuestro ilustre padre” –la mirada feroz del capitán complació a Zobeida, aún aturdida por su atroz dolor, ¡ver sufrir a otros era tan estimulante para la turca!- “si, vos me culpáis de vuestra desgracia y hacéis bien. Si por mi hubiera sido vos estaríais pudriendo en la misma fosa de vuestra madre!”
- “Os odio, Zobeida..”
- “Sois correspondido “hermano”. ¿Creéis que vuestro padre y el mío es cruel?” –sus ojos centellearon- “¡oh, no sabéis lo que es crueldad!!, ¡pero os lo juro, lo sabréis hoy! ¡hoy vais a pagar, ambos, vuestro apoyo a la perfidia de la traidora!, ¡lo pagareis, lo pagareis!, ¡juro que lo pagareis!!”
A un gesto, los guardias se acercaron y Hamid desenvainó su cimitarra, dispuesto a vender cara su vida, pero Zobeida añadió fríamente…
- “¿Y a cuantos matareis Hamid?.. a cinco, diez??.. ¿no os importa que entregue a Fátima a la soldadesca para que hagan lo que deseen con ella, si no os entregáis?”
La aludida tembló, aferrándose más al brazo del capitán turco y los dientes de Hamid rechinaron de rabia porque Zobeida tenía razón ¡no podría matar a todos y aquella mujer era muy capaz de hacerle eso a Fátima!, ¡pero antes sería feliz si la mataba!, ¡hermana suya o no, Zobeida merecía morir!
- “Rendíos” –decía la princesa- “Y moriréis de prisa… aunque no os prometo ahorraros el dolor. Sufriréis” –parecía una promesa- “Os cortarán vuestros miembros, vivo, y luego os decapitaremos con vuestra propia cimitarra..”
- “¡NOOO!” –gritó Fátima- “¡No Zobeida, por piedad! ¡no podéis hacedlo!, ¡vos sabéis bien que Hamid es vuestro hermano!, ¡no seriáis capaz!”
- “No soñéis Fátima. No le roguéis. Ha sido capaz de denunciar a Roxelana ante los cristianos… motivando que la quemaran en la hoguera…” –miró a aquella hermana que no había hecho jamás nada más que perjudicarle y que ahora parecía feliz de decirle la forma en que le haría asesinar- “pero pese a vuestras argucias.. ella os ha vencido Zobeida. ¡Nada de lo que hicisteis pudo arrebatarle el amor del capitán cristiano que vos queríais para vos misma, porque él jamás os miró más que con asco, desprecio y horror… horror por vuestra maldad, vuestra pasión por derramar sangre… por todas las bajezas de las que sois capaz!”
- “¡CALLAOS!!, ¡haré que os corten la lengua primero!”
- “¡No, eso no!” –los ojos de Fátima brillaban- “¡no lo haréis Zobeida! ¡no podéis! ¡no os lo permitiré!”
- “¿Vos?” –rió desagradablemente- “¿vos? ¡vos debíais estarme agradecida porque no pienso haceros asesinar!” –Hamid suspiró con algo de alivio, pero Zobeida continuó- “si os rendís, Hamid. De lo contrario entregaré a la soldadesca a vuestra muerte… que ocurrirá del modo rápido o del modo lento. Con batalla o sin ella. Sabéis que puedo y lo haría; pero si os rendís Hamid.. Fátima saldrá con vida aunque contemplareis el suplicio de vuestro amante, querida” –miró a la joven con deleite malévolo antes de añadir- “¡Lo haréis, lo haréis, me aseguraré que lo contempléis!... y aprovecho la ocasión feliz de la caída de Famagusta para comunicaros que el Sultán ha dispuesto que seáis esposa de Harum-hariz… el viejo tío de mi padre, famoso por sus perversiones con sus esposas. Ojalá le duréis más que la última”
Fátima contempló a Zobeida fijamente, mientras Hamid maldecía en voz baja, tratando de consolarse repitiéndose que Fátima viviría. ¡Viviría, viviría!. Podría escapar si tenía suerte.. ¡podría escapar de alguna forma! mientras supiera que ella viviría, él podría morir feliz . Roxelana había muerto junto con su cristiano, pero él deseaba que Fátima se salvara de aquella locura, del odio insano y la venganza de Zobeida, que pudiera hallar a alguien que la amara y vivir una vida plena… tener niños.
Ambos habían soñado mucho durante el sitio.
El deseaba tener un hijo.
Ella… una niña.
Pues bien, quizá su suerte seguía siendo tan perra como siempre –ya sospechaba que era insólito que una mujer como Fátima amara a alguien con tan mala estrella como él- pero Fátima quizá podría vivir para tener aquella familia que soñaba y ya que el destino no parecía querer que fuera con él… Hamid solo deseaba que fuera con alguien que la amara y mereciera.
- “No esperaba menos de vos, Zobeida. No lo esperaba” –dijo al fin- “… pero mi vida poco importa. Si me garantizáis que Fátima vivirá me entregaré sin luchar y tendréis vuestra venganza a gusto. ¡Pero juradme por vuestro amor a Mocenigo que no le haréis daño!”
Zobeida se sonrojó violentamente a la mención del infortunado veneciano pero la mirada angustiada de Fátima recayó en el rostro impasible y decidido de Hamid y el alto capitán turco sólo la miró con ternura por un instante, casi, como queriendo decirle con la mirada “mi vida no importa”, pero la hija del Gran Visir negó con la cabeza, decidida…
- “No” –dijo firme- “no lo hagáis. Prefiero morir con vos… ¡os lo suplico!”
- “¡No!. Entendedlo. Os lo imploro”
A la luz de las antorchas que iluminaban la oscura caballeriza ese día gris, casi oscuro y Zobeida contempló con regocijo el rostro de los amantes, deseando que la tortura y muerte de Hamid pudiera aliviar el profundo dolor y desesperación que la embargaban desde que viera perecer a Ridolfo… con Roxelana en sus brazos, en medio del fuego. Si, ellos pagarían. Hamid sufriría una muerte lenta, horrible y terrible y Fátima sería entregada a un viejo lascivo que destrozaría su cuerpo y espíritu de forma irreparable…
Y ella.. ella… ella….
¡Ella quizá podría olvidar el rostro apuesto de Ridolfo, consumido por las llamas!, ¡su muerte, su dolor, la angustia que laceraba su corazón porque él no la había mirado ni siquiera al morir!
- “¡LLEVAOSLO, LLEVAOSLO!!”-gritó, frenética- “DESTROZADLO, CORTADLO, CALLADLO!, ¡QUIERO QUE MUERA LENTO Y DOLOROSO, AHOGADO EN SU PROPIA SANGRE!.. ¡QUIERO QUE SUPLIQUE MORIR!”
Los altos guardias se acercaron lentamente al capitán y Hamid musitó irónico..
- “Ciertamente, Roxelana y yo podemos morir a vuestro gusto, Zobeida.. pero vos, vos..” –dijo con profundo desprecio, guardando su cimitarra en su vaina, dispuesto a dejarse matar por la vida de Fátima- “ya estáis muerta. Muerta por dentro, podrida, llena de cieno y de oscuridad. Por eso el cristiano jamás os miró” –las palabras del joven provocaron la furiosa mirada de la princesa porque se sentían como puñales, pero Hamid no temía morir, y continuó- “Podéis haber sido el reflejo de Roxelana pero no teníais su mismo espíritu, vos sois sólo un cuerpo oscuro y una mente maligna y aquello asqueó al cristiano.. al que incluso quisisteis matar en un principio. Confío en que os encontréis satisfecha ahora, por cuanto él ha muerto… ¡¡sin haberos tocado o haberos mirado jamás!!”
Los ojos de Zobeida estallaron de rabia porque todo lo dicho por Hamid era dolorosamente cierto y sin considerar nada y tomando un puñalito que tenía oculto en su muñeca se adelantó, dispuesta a cruzar con él el rostro del capitán y ver su faz destrozada antes aún del suplicio, pero, rápida como el rayo y temiendo lo peor, Fátima se adelantó y antes que el guerrero pudiera evitarlo el puñal de Zobeida se hundió en el cuerpo frente a ella, con saña y fuerza….
- “¡Hamid!” –suspiró la joven, aferrándose al guerrero entre los estertores de la sangre y la muerte- “¡Hamid!”
- “¡FATIMA!, ¡FATIMAAAA!”
La princesa retrocedió con la mano ensangrentada, notando que había hundido el puñal hasta la empuñadura en la espalda de la hija del Gran Visir del Sultán, siendo que la infortunada doncella había corrido a proteger a Hamid con su cuerpo, en un instante…
- “¡¡FATIMA, FATIMA!!” –el capitán estaba aterrado, el cuerpecito frágil de la muchacha estaba abandonado en sus brazos y de pronto se encontraba con sangre, sangre por todos lados en sus manos- “¡FATIMA, FATIMA!”
- “Sois una estúpida” –murmuró Zobeida con un gesto despectivo- “hubierais vivido y habéis preferido morir por alguien que no se salvará. Morid pues… ¡morid como Roxelana!… buena confidente suya habéis sido que morís estúpidamente como vuestra amiga. ¡Morid!”
- ““¡FATIMA, FATIMA!”
- “Ha… mid…”
- “¡Maldita, maldita seáis por toda la eternidad! MALDITA SEAIS ZOBEIDA!”
La joven se hundió en la inconsciencia y presa de irracional rabia y dolor, el capitán de armas de Roxelana acomodó a la desventurada de un modo casi tierno sobre un haz del pajar cercano y en menos de un segundo desenvainó su cimitarra y atacó a los guardias que estaban más cerca, matando a varios en su furia desenfrenada, ocasionando tal confusión y revuelo que el grupo retrocedió y aunque varios de los servidores de Zobeida dieron la pelea, la ira que poseía a Hamid era pura, terrible y totalmente temeraria. Ya no sentía el dolor de las heridas que le infringieron, sólo deseaba matar, matar y matar... a aquella mujer que era su hermana también y que no contenta con destruirle a él y a Roxelana había apuñalado a Fátima, la única razón de vida y de muerte para él pero una antorcha cayó al piso de paja en medio del zafarrancho de combate y Zobeida había retrocedido al amparo de los guardias, mientras sus ojos contemplaban cómo los de Hamid estaban también llenos de dolor y de ira, de desesperación y de pesar…
Y ella sólo podía pensar…
- “¡Vos habéis pagado!” –se dijo con regocijo, contemplando a Hamid- “habéis pagado… ¡vuestra traición hacia mí, el haber estado del lado de Roxelana!..y acabareis de pagar cuando os corten en pedazos, pero si sólo pudiera haber visto la desesperación de ella, ¡el odio y el dolor!, ¡pero ella no ha sufrido porque se lo llevó consigo!, ¡maldita, maldita! ¡os odio más que nunca Roxelana, os odio!”
- “¡MALDITA SEAIS, ZOBEIDA!” –gritó Hamid en medio de la locura de la muerte de los guardias.. sus múltiples heridas.. y Fátima, agonizando débilmente- “¡Maldita seáis!”
- “¡Princesa, la caballeriza se incendia!”
- “¡Retiraos princesa!”
- “¡Princesa!!”
- “Ha… mid…”
- “¡FATIMA!!”
Zobeida contempló el olor familiar del fuego y de madera quemada y el recuerdo vivo del suplicio de Roxelana y Ridolfo volvió a su mente.. pero no se movió. Los guardias abandonaban con rapidez la caballeriza y Hamid se volvió hacia la joven agonizante que había despertado de su desvanecimiento y le contemplaba, respirando con dificultad…
- “Marchaos” –ordenó Zobeida a los que la rodeaban- “deseo verla morir.. ¡marchaos!”
Los hombres contemplaron a la hija del sultán algo aturdidos y algunos de ellos retrocedieron lentamente mientras la princesa también retrocedía a su vez sintiendo en su cuerpo el aroma a quemado y contemplando a Fátima agonizar en brazos de Hamid, que había abandonado ya la cimitarra e ignoraba todo a su alrededor, sólo contemplando a la muchacha que había recibido una puñalada en su lugar, pero el humo se expandía ya, todo se llenaba de sombras y llamas y Zobeida contemplaba la escena ante sí casi con morbosa fascinación. La muerte se abatía ya sobre la joven y la desesperación de su amante le recordaba tanto la suya propia, su propio dolor…
¡Si Ridolfo no hubiera dicho aquella locura!
¡Si no hubiera gritado ante aquellos estúpidos que era un brujo, él no estaría muerto!, ¡no habría muerto y sería ella, Zobeida, quien curaría sus heridas, calmaría su dolor y viviría a su lado!
¡Roxelana se lo había quitado!
¡Cómo la odiaba!
¡Y Hamid y Fátima la habían ayudado a ello!.. ¡debían pagarlo!
¡Lo estaban pagando!
- “¿Porqué?” –preguntaba el guerrero a la pobre muchacha herida, con profundo dolor, abrazándola- “¡vos hubierais vivido!… hubierais encontrado una forma de huir, hubierais amado otra vez… ¿porqué? ¿porqué habéis hecho esto? ¿porqué?”
- “Yo sólo os he amado a vos. Sólo a vos” –dijo la joven, suave y muy débilmente- “¿me creísteis capaz de vivir y ver vuestro suplicio?, ¡no, no!” –se apretó a sus brazos- “me habéis hecho muy feliz Hamid. No estoy arrepentida de haberos ofrecido mi amor, de haber aceptado el vuestro…”
- “Fátima..” –la abrazó con fuerza, pese a que el calor le dificultaba respirar- “os amo.. os amo más que a mi vida… ¡yo debí morir por vos, yo, yo!”
- “Os amo.. Hamid” –susurró- “Soy feliz, muriendo por vos.. y con vos a mi lado… vivid… sin vos, habría sido el peor tormento.. el peor dolor”
El techo de la caballeriza era ya pasto de las llamas, pero ni Zobeida o Hamid lo notaban. El estaba en un mundo lejano y perdido, en un mundo donde sólo estaban él y la joven agonizante y desde su lugar, a algunos pasos del portón delantero la princesa parecía estar hipnotizada…
Era la segunda vez que contemplaba la muerte de cerca..
Tan de cerca.
Amantes.. uno en brazos del otro…
Como Roxelana y Ridolfo…
Juntos…
Y el fuego…
- “¡No moriréis Fátima! ¡NO, NO!, ¡No lo permitiré!” –ajeno a los pensamientos de la princesa, Hamid se hundía en los peores abismos de la desesperación y la impotencia- “¡No podéis morir Fátima, no podéis!”
- “Idos. Aprovechad la confusión. Salvaros…”
- “¿Sin vos? ¿no me conocéis acaso?, ¿me creéis capaz?” –las manos ensangrentadas del capitán turco parecían estrujar al débil cuerpo ante él, como si con eso pudiera insuflarle su propia vida, algo que hubiera hecho, si pudiera- “morir por vos.. siempre estuve dispuesto a padecedlo. ¡Pero vos! ¡vos!, ¡No, no!... ¡vos no! mi madre murió casi ante mis ojos ¡y nada pude hacer! ¡No podéis morir ante mis ojos vos! ¡me matáis Fátima, me matáis!, jamás me perdonaré contemplar el sufrimiento de una mujer querida, mucho peor vos, que sois mi vida!”
- “Roxe.. lana… ella …”
- “¡Debí haberla protegido! ¡vuestra amiga, mi hermana! ¡debí, debí haberla sacado de este infierno sin considerar…!”
- “¿Qué amaba al cristiano?... ¡Oh Hamid!.. ¡sois tan bueno!”
- “¡Fátima!”
- “Vuestra hermana… ella.. solía decir…. Que moriría aquí. Pero, que había vivido antes.. con su cristiano.. antes que fueran él y ella…”
- “¡Fátima, desvariáis!”
- “No.. Hamid” –suspiró entrecortadamente, la sangre perdida, su herida, el humo, el escaso aire, apenas podía hablar- “Si… ella tuvo razón… os veré de nuevo… prometedlo”
Las lágrimas nublaban el rostro del fiero guerrero..
- “Lo que sea.. si os veré de nuevo. Os lo prometo”
- “Buscadme.. seremos aún vos y yo. Y a la vez.. no lo seremos. Eso… decía Roxelana..”
- “¡Fátima, os lo imploro!”
- “Buscadme… os lo pido” –la voz de la muchacha se perdía en un susurro- “Seré diferente.. pero seré yo. Os amo”
El guerrero que la sostenía casi parecía enloquecer de rabia y desesperación, gruesas lágrimas corrían por sus mejillas y mordía sus labios como un vicio en un loco intento de no desplomarse presa de su dolor y angustia.. sus heridas –las que se había ganado en aquel casi suicida combate contra los guardias de Zobeida que yacían muertos debido a la loca y feroz temeridad de Hamid- estaban abiertas y poco le importaba cerrarlas… su dolor y su desesperación solo tenían un centro y este centro era la chica agonizante entre sus brazos..
Quería creer en sus palabras..
Quería creer en las cosas que había escuchado decir a Roxelana por años.. quería creer las frases si sentido de Fátima.. su propia vida había sido penosa y desventurada y no había podido proteger adecuadamente a la hermana que tanto le había ayudado y a la que tanto debía. Peor aún, siendo considerado uno de los mejores guerreros del ejército turco se había visto defendido por el cuerpo de la mujer que adoraba, la misma cuya vida se le escapaba entre los brazos, no obstante sus esfuerzos y su dolor..
- “Diferente.. seré diferente..” –balbuceó Fátima, apenas- “pero seré yo”
- “¿Y cómo os reconoceré entonces?” –gimió presa de la mayor angustia, deseando haber sido mutilado y masacrado, antes que contemplarla asi, morir lentamente ante él- “¿cómo os reconoceré? ¿cómo?... ¿cómo?”
- “Cuando me beséis…” –apenas si era un suspiro- “sabréis que sois mío.. como siempre he sido vuestra”
- “¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!”
Con una dulce sonrisa y aquella promesa sin forma, extraña y confusa… Fátima expiró en sus brazos y el rugido que Hamid lanzó, tuvo la virtud de sacar a Zobeida de sus sombrías reflexiones sobre la muerte de Ridolfo y Roxelana –de escasas horas atrás- y traerla de nuevo hacia la escena ante sí. Olvidado de todo y sólo preso de su dolor y su pérdida, Hamid hundía su rostro en el rostro de la muchacha, llamándola a gritos que eran rugidos; pero aquel dolor –tan parecido al suyo- sólo sacó la crueldad de Zobeida a flote. La misma crueldad que hacía famoso al sultán, la misma crueldad que ya había herido a Hamid hace años.. y ante la cual se volvió como poseído de ardiente furia cuando las risas burlonas de Zobeida hirieron sus oídos..
- “Murió por vos.. y con vos.. estaréis satisfecho..” –dijo la princesa con burlona sonrisa.. buscando ya la salida de aquella infierno en que se había convertido la caballeriza- “es vuestra al fin Hamid. No os la quitaré.. nadie lo hará.. podéis desposarla ahora, si aun queréis ese cadáver..”
- “¡Vos! ¡vos aquí! ¡vos habéis causado todo esto!”
- “La maté pero murió por vos, hermano mío.. no en mi lugar” –dijo antes de volverse majestuosamente hacia el portón en llamas- “morid pues, con ella.. es una forma de desposaros..”
Las vigas se desplomaban ya y en medio del humo y el dolor, Hamid contempló con odio a la mujer que había sido verdugo de a quien consideraba su única hermana y de la mujer que amaba…
- “¡No sois hermana mía!” –barbotó, mientras tosía, respirar le era ya difícil- “no sois mi hermana.. ni aquel hombre cruel es padre mío o de Roxelana… vos no lo sois ¡no lo sois! y si Roxelana tenía razón, si volveré a ver a Fátima otra vez sólo imploro que no debamos sufrir un padre como aquel, sinó un hombre bueno que ame a su prole como Selim nunca amó a nadie y que vos…. Vos… ¡vos!” –parecía escupir la expresión- “no seáis hermana mía ni de ella, porque la habéis perdido, como a mí!, ¡matándola como me habéis matado a mí al hundir vuestro puñal en la espalda de Fátima!”
- “Desvariáis Hamid.. desvariáis antes de morir..” –el rostro de Zobeida era apenas una mueca burlona entre el humo y el fuego que rodeaban al infortunado guerrero- “morid pues y odiad.. odiad como odio yo, porque el odio me consume toda más que el fuego a vos y a Fátima.. o a Roxelana… “ –hizo una dolorosa pausa, porque era la muerte del joven veneciano la única que lamentaba de entre las que pesaban por su mano- “y a él”
- “¡Os ufanáis de vuestros crímenes!”
- “¡Morid, MORID VOS TAMBIEN! ¡MORID COMO ELLA, MORID COMO FÁTIMA, MORID COMO ÉL!” –gritó la princesa oscura- “¡morid, morid!”
Las vigas se desplomaron, el establo era ya la misma hoguera que había consumido a Roxelana y Ridolfo y Zobeida abandonó a aquellos a quienes había perdido ahora, como a los que antes había llevado a la muerte… pero entre el miso fuego y dolor… la voz decidida y enérgica de Hamid dijo, aferrado al cadáver de la mujer con la que había anhelado tener una vida feliz..
- “¡¡Maldita seáis, Zobeida!!” –gritó con sus últimas energías- “¡¡Maldita por vuestras acciones, vuestros odios y vuestra venganza!!… os odiaría tanto como vos odiáis, pero.. no puedo… no con ella aquí, conmigo” -abrazó el cuerpo de Fátima, ya no podía respirar- “Odiaros a Selim y a vos es fácil, bien lo sé, pero aún antes de mi muerte sólo puedo maldecir vuestra maldad y desearos que recojáis lo que habéis cosechado, sea en esta vida o si hay otra… y que si hay otra, paguéis lo que habéis hecho. Si Roxelana y Fátima tenían razón, imploro que mis desventuras actuales limpien mi odio y mi dolor y que Roxelana y yo no suframos tener que compartir sangre con vos y con un padre cruel…” –aun musitó algunas frases en voz muy queda… antes de hundirse, con sus últimas fuerzas, el puñal que había matado a Fátima… en su cuerpo.
Y allí quedó, aferrado a ella..
Mientras Zobeida contemplaba los restos del lugar calcinarse…
El fuego..
El fuego..
El mismo fuego…
La mirada de la princesa había pasado del fuego en la caballeriza hacia Famagusta y ante sus asombrados ojos el humo volvía a salir de los restos de la saqueada ciudadela, el mismo fuego que había consumido al cristiano…
¡Había vuelto!
Zobeida no había escuchado apenas lo que Hamid le dijo desde que apuñaló a Fátima y siendo sinceros, aquel episodio no le importó… ellas habían pagado y eso era suficiente, aunque no colmaba su desesperación. Ellos habían muerto pero no era aquel fuego frente a ella el que alimentaba su mente… era el que veía elevarse de nuevo de la ciudadela lo que consumía su atención mientras contemplaba arder la caballeriza con los restos de Fátima y Hamid y el ejército turco se entregaba –se escuchaba claramente el estruendo- a la matanza de la caída ciudadela cristiana..
Zobeida espoloneó su caballo…. aunque antes fue retenida por alguien que conocía..
- “El fuego.. ¡el fuego!” –repetía incesantemente Zobeida- “¡Ha vuelto!”
- “¡La princesa me conoce, la princesa me conoce!” –uno de entre algunos de los guerreros cristianos se descubrió la cabeza, identificándose como Henry De Dannan- “¡Señora, sabéis que fui vuestro espía!, ¡Famagusta a caído y os suplico vuestra gracia!”
- “Ha caído.. bien decís” –dijo su otro acompañante, el mismo que fuera cómplice en las argucias de De Dannan en la desgracia del hijo del Dux de Venecia- “y os recuerdo, que si deseáis seguir vivo, debéis marchar conmigo.. y eludir al Caballero Boisloire. Los rumores dicen que ha conseguido escapar de la masacre de los defensores con la duquesa de Eboli y dos o tres afortunados, y puesto que no habéis hallado su cadáver pese a lo mucho que le habéis buscado..es mejor marchar. La hoguera ha vuelto a encenderse… no es buen presagio”
- “¿La hoguera?” –la mirada atónita de Zobeida contempló al cómplice de De Dannan- “¿Quién sois? ¿Qué decís? ¿la hoguera? ¿la misma hoguera de este amanecer?”
- “Sir Ogier Ruthven”… princesa” –el traidor caballero cristiano no se descubrió la capucha, sólo musitó su nombre antes de anunciar- “si. La misma hoguera que consumió a los jóvenes amantes que vos odiáisteis se ha encendido otra vez en medio del saqueo de la ciudad…”
- “¿A dónde vais, princesa??” –preguntó Sir De Dannan.
Zobeida ya no escuchaba… ¡era la hoguera, era la hoguera!
Estaba encendida y él estaba allí ¡allí, como la última vez que lo había visto!, de modo que desesperada y con sólo el rostro del joven Mocenigo en su mente, subió a su caballo y lo espoloneó con fuerza, llegando ante el mismo lugar en no mucho tiempo, notando, con emoción que las llamas ardían con fuerza otra vez… -porque nuevos escombros se habían añadido a los antes consumidos- y ante su sorpresa, le pareció ver entre el fuego la figura arrogante y varonil del joven cristiano..
- “¡No te marchaste con ella! ¡no, no lo habéis hecho!!” –gritó, llena de júbilo.
- “¡Princesa!”
Los horrorizados ojos de Henry De Dannan contemplaron con horror a la princesa lanzarse hacia las llamas ¡tal y como lo había hecho su gemela, no muchas horas atrás!, pero a diferencia de Roxelana la ilusión que su mente desesperada había creado –por su horror y remordimiento por el triste fin de su amor perdido, fin que ella misma había provocado- se desvaneció en cuanto saltó a las llamas, y el grito de horror que lanzó acosó las pesadillas de Henry De Dannan por algún tiempo al igual que de los guerreros turcos que contemplaron la escena con sorpresa.. porque pese a que Zobeida había descendido de las llamas convertida en una tea humana, la otrora bella princesa agonizó todo aquel día por sus terribles quemaduras y expiró antes que del sol del siguiente amanecer en medio de espantosos gritos.. en los que sólo llamaba incesantemente..
- “¡Ridolfooooo!, ¡no te perderé otra vez! ¡Ridolfooooooooo!!”
No muy lejos… las palabras de Hamid, y lo que le había contado Ridolfo sobre su amada princesa y sobre la confidente de Roxelana eran puestas en papel por un dolido Etienne Boisloire en una especie de diario, ya que cuando el guerrero turco y la hija del visir no se presentaron en el embarcadero el caballero hospitalario había deducido su desgracia, siendo que se juró a sí mismo que iba a ajustar cuentas con De Dannan.. al que sospechaba parte integrante de la tragedia que no pudo evitar.
- “Si hay otros culpables.. imploro al gentil Dios nuestro señor.. en este año de gracia, que eleve su justicia sobre ellos, porque no están al alcance de mi espada para ajusticiarlos. Pero De Dannan.. ése… ése sí. A ése le ajusticiaré con mi espada… si tengo suerte. Hago voto hoy, que renuncio a cualquier vida larga si a cambio de ello puedo ver nuevamente a aquel canalla traidor”
Boisloire no sabía que el destino tenía buen oído.
Y que la última escena de aquella trágica historia… estaba aún por llegar.
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Tomoyo Kinomoto contempló los ojos fijos de su esposo con inquietud y casi temió que estuviera ensimismado en terribles pensamientos, pero la sacó de su duda el súbito peso del médico sobre ella y su abrazo feroz y posesivo, siendo que se felicitó de haberlo sacado del auto y llevado a su habitación para terminar de explicarle lo que Sakura le había contado…
- “La parte de lo que ocurrió después.. lo sabemos por crónicas turcas que Yoko había logrado descifrar para Sakura, y por escritos de una monja napolitana, que al parecer ordenó y reescribió diarios perdidos del caballero hospitalario que sobrevivió… el amigo de Mocenigo..”
- “¿El inglés?”
- “¿Cómo lo sabes?”
- “Intuición”
Tomoyo sonrió dulcemente antes de musitar al amparo de la oscuridad…
- “Touya, estas pesado.. suéltame…”
- “No pequeña, no te dejaré” –la apretó más a su cuerpo mientras sus manos trzaban caminos familiares en la figura femenina y Tomoyo se sonrió, algo sonrojada- “no te dejaré jamás.. nunca. No permitiré que te alejen de mí, no permitiré que nadie te haga daño… ¡lo juro!”
- “¡Oh Touya, no te dije eso para que…!”
- “¿Para que me pusiera más posesivo?” –susurró casi ante la boca femenina, estremeciéndose también- “no me importa. Te gusta como soy… lo sabes y lo sé. Y ahora al fin entiendo bien porqué soy así…”
- “Con tu hermana y conmigo?”
- “Con las personas que amo. No puedo volver a perderles. No lo haré” –gurñó, más decidido que nunca- “ni a ti, ni a los niños…”
- “Dos niños. Un niño y una niña… como Hamid y Fátima desearon..”
Los ojos oscuros del médico brillaron en la oscuridad mientras muchas piezas de su personalidad-tan diferente a la de sus padres Fujitaka y Nadeshiko- parecían finalmente cobrar nuevo sentido y entonces musitó..
- “No te quiero cerca a esa mujer.. esa Mikasha o como sea que se llame. La sola idea que esté en la misma ciudad me pone enfermo pero no te quiero cerca de ella. Si aquella viene por la derecha, tú irás por la izquierda, y si dá un paso hacia ti, juro que la golpearé aunque fuera en plena calle..”
- “¡Pero Touya!”
- “¡NO; NO la quiero cerca de ti, o de los niños!..¡ y mañana en la reunión que dices que vamos a tener voy a decirle varias cosas al imbécil de Shaoran Li!... él puede hacer lo que le venga en gana, pero mi hermana y mi sobrino van a estar lejos de esa zorra aunque tenga que golpearla yo mismo…”
Los dedos de la hija de Sonomi recorrieron lentamente el rostro de su esposo mientras la bata de seda se deslizaba lentamente por entre las sábanas..
- “Será como quieras. También le temo a esa mujer… y la sola idea que se acerque a mis niños me pone de nervios, pero Sakura debe resolver sus asuntos con ella.. y Hien es su hijo”
- “No veré a nadie de mi familia cerca a aquella mujer.. eso puedes jurarlo”
Los oceánicos ojos parecieron brillar en la oscuridad cálida e invitadora de la alcoba matrimonial..
- “Es extraño, como cada frase que supe hoy… era como si siempre la hubiera sabido. Como si de alguna manera siempre hubiera estado en mí y nunca lo hubiera visto. Como tú no me veías cuando era niña…”
- “Bueno, creo que ya está perfectamente claro, pequeña” –la voz masculina era ya un susurro perdido entre los suspiros de la diseñadora cuando él sonrió de esa forma clara y abierta que sólo mostraba a ella, su esposa, su amante, su amada- “bien lo dijo Fátima entonces… soy tuyo y eres mía..”
Canción: Soy tuyo
Intérprete: Ricardo Montaner
Te regalo un concierto de sonrisas
Y mi cara lavada con tu aura
Te regalo una orquesta de gemidos
Y ponerle sentido al sin sentido
Te regalo una copia de mi llave
Para que me abras con confianza el alma
Te regalo un pasaje hasta mi almohada
Para que sea mi cuerpo tu parada.
Soy tuyo, soy tuyo
Como tuyo solamente mis caminos
Como tuya la escalera a mi delirio
Soy tuyo, soy tuyo
Como tuyo es el silencio que me duele
Como tuyo es este fuego aunque me queme
Los labios de ambos se perdieron en un beso apasionado mientras sus figuras parecían fundirse entre las sombras del lecho..
- “A veces..” –gimió Tomoyo, perdida en el mundo que eran las caricias de su esposo y su calor- “a veces quisiera poder verlos en mi mente.. como Sakura los vió. A veces quisiera… poder recordarlos por mí misma…”
- “¿Qué importa ya?” –replicó su esposo tras otro suspiro- “están en ti y en mi. De alguna manera somos ellos.. y no lo somos. Tenemos nuestra vida y nuestros hijos.. y mataré con mis propias manos a quien se atreva a amenazarlos”
Te regalo peces vivos del mar muerto
Mis carencias y toda mi abundancia
Te regalo un quijote y un molino
Y un rebaño de besos que dan frio
Soy tuyo, soy tuyo
Como tuyo solamente mis caminos
Como tuya la escalera a mi delirio
Soy tuyo, soy tuyo
Como tuyo es el silencio que me duele
Como tuyo es este fuego aunque me queme
Se besaron hambrientamente una vez más y el médico esbozó una risita irónica que motivó sorpresa de su esposa..
- “¿Qué es tan gracioso?”
- “Nada.. sólo.. solo que al fin entiendo algo…”
- “¿Qué?”
- “Entendí al fin porqué desde que te besé aquella noche… hace años, en la despedida de soltera de tu amiga.. no puedo parar de besarte y haces de mí lo que se te antoja. Fátima dijo que se reconocerían con un beso.. y desde entonces no puedo dejar de besarte..”
- “No dejes de hacerlo entonces..”
Amor, Soy tuyo, soy tuyo
Como tuyo es el silencio que me duele
Como tuyo es este fuego aunque me queme
Canción: Soy tuyo
Intérprete: Ricardo Montaner
Los esposos continuaron amándose en silencio, aunque ambos eran perfectamente conscientes que debían mantenerse lejos de Akasha Bhakthar, la reencarnación de Zobeida.
Había sido Hamid quien había maldecido terriblemente a la princesa turca, y siendo tal la verdad, la maldición que Akasha achacaba a Sakura –ambos recordaban que la thugh había musitado algo sobre “una maldición de Roxelana” culpable de sus desgracias- había sido en realidad lanzada por Hamid… no era necesario ser un genio para entender que de recordarlo, la Bhakthar iba a perseguirles con la misma implacable obsesión que Zobeida a Hamid y a Fátima…
Pero ahora..
Ahora…
Ahora, ambos entendían muchas cosas sobre sí mismos….
Muchas, muchas cosas más.
Continuará..
Próximamente: Capítulo XIX: Una reunión peculiar
Notas de la autora: ¡Hola a todos!, disculpen por el día de retraso en el envío pero tuve problemas en hallar una canción adecuada que poner y mi editor de imágenes se me reveló … varios días. ¡En fin!, el penúltimo omake de reencarnaciones está recién salido del horno y ya se entienden muchas cosas! ¿no es asi?. En realidad Touya hace bien preocupándose, porque si Akasha logra saber de la maldición de Hamid, van a estar en un buen lío… aunque líos es una palabra que queda algo corta para la historia que resultaban tener estos dos.. ¡las cosas que pueden pasar por un beso! , ja, ja, ja!... ¿Cómo que lo ocurrido entre Touya y Tomoyo en el capítulo de “la torre de Tokyo” llamado “hombres al borde de un ataque de nervios” tiene más que sentido, ¿no creen?..
Y si, ya ven. Zobeida realmente fue muy rencorosa, pero en el pecado llevó su penitencia… ¡argh!, bien dicen por allí que las venganzas suelen caer sobre la cabeza de quien las prepara, pero T+T tienen la vida que Fátima y Hamid desearon, y ya vemos que nuestro galeno favorito tiene historia siendo posesivo-aprehensivo… asi que ténganle paciencia .. ¿Motivos tiene, no creen?. Bueno… un lindo saludo tardío por el día de la amistad.. un abrazo. ¡Se les quiere!
La canción utilizada en este capítulo es “soy tuyo” interpretada por Ricardo Montaner, es una canción antigua y me dio mucha guerra ubicarla.. pero creo que le va al instante y a lo que viven nuestros personajes. Gracias a todos por sus diversas sugerencias, es un lío encontrar música adecuada ¡muchísimas gracias!. Como siempre, comentarios, dudas o tomatazos a [email protected] aunque es mucho mejor para mi ver sus opiniones en el grupo de “Crónicas Card Captors”, les agradecería mucho!
Avances del siguiente capítulo: Shaoran y Kujaku tienen una charla.. cuyas consecuencias desilusionan a Sakura, pero a la vez motivan que las piezas del extraño puzle que es la leyenda perdida empiecen a hacerse comprensibles para los involucrados. Nuestros personajes se reencuentran con viejos conocidos –y algunos se llevan un buen susto- Eriol sostiene más de una conversación interesante y Sakura y Tomoyo evitan una riña. Shaoran dá largas explicaciones, Yoko encuentra empleo y una charla desagradable, Naru, Tao y Rei al fin se hacen oír y Touya le hace llegar a Eriol un recado que puede interesarle..
Capítulo XIX: Una reunión peculiar