“Orgullo y prejuicio”
omake especial por Mikki


Aviso de la autora:  No, no es el libro de Jane Austen^^´ , que por cierto es muy bueno ^__^. Y desde ya hago presente que las opiniones vertidas por cierta personaje mujer, rubia y de ojos azules NO SON compartidas por la autora (claro que NO! >.<), por el contrario, deploro y lamento que existan en este mundo gente con ese tipo de pensamientos, pero es la realidad ( ¬¬XX).

Otra nota de Mikki: Ups!.. casi lo olvido. Por si no saben quienes son los del grafico, pues, el hombre –el mismo en las dos tomas- es Hajime Hiragizawa a los 25 años y la rubia chica es Regina (igual, en las dos tomas) ella tenía ese aspecto cuando el papá de Eriol la conoció. ¿Verdad que no necesito presentar a Eriol de niño?.. ji, ji.. ese es un grafico de clamp!.. ¡Eriol siempre será el mismo, pero ahora sabremos algunas cosas que él no sabía!.. 

 

Las débiles luces se extinguían y parecían anunciar la llegada de un nuevo amanecer, y en aquel elegantísimo penthouse, los pasos sonaron lentos y débiles. La única persona despierta a esas horas terminaba de poner algo de orden a la salita con paciencia, acomodando las últimas piezas rotas de mobiliario en la basura, además de pasar la aspiradora por la pobre y sufrida alfombra.

Una leve sonrisa cruzó la mente del hombre. ¿Quién iba a imaginar que hace escasas horas iba a hacer la primera compra por internet de toda su vida? ¡Y una aspiradora, nada menos! como que de pronto todo lo que había pasado se veía bastante irreal y estrafalario, destrozando todos los esquemas de su siempre ordenada vida. Ciertamente jamás había esperado comprar por internet eso, y menos a altas horas de la madrugada, pero su espíritu activo y responsable le había impulsado a ocuparse personalmente de terminar de poner orden a lo que había sido un lujoso penthouse.

Y sí que la imagen era digna de fotografía. Hajime Hiragizawa, descendiente directo del penúltimo Emperador de Japón, aristócrata, diplomático, antiguo Embajador y Plenipotenciario de Japón ante la Comunidad Europea...

Con una aspiradora en sus manos, a altas horas de la madrugada, procurando terminar de limpiar el desastre causado por su propio hijo.

- “Que difícil es decir “lo siento” cuando se ha dejado pasar tanto tiempo..”-pensó, terminando de guardar el aparato de limpieza y enrumbando sus pasos hacia la habitación principal- “Demasiado tiempo, si. Hace demasiado tiempo desde que estoy otra vez haciendo vigilia y mirando el amanecer..”

Los inteligentes y agudos ojos negros del ex -Embajador parecieron llenarse de melancolía pero su expresión siguió tan cauta como siempre cuando abrió una puerta. Frente a él y para su profundo alivio, su hijo yacía profundamente dormido pero el diplomático no se tranquilizó tan pronto, ya que aquella chispa de angustia sólo se disipó totalmente cuando se acercó a la agotada figura del joven y revisó por sí mismo que su muchacho no tuviera fiebre o estuviera incómodo.

De pronto, Hajime Hiragizawa no pudo evitar una sonrisa llena de nostalgia y amargura. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que hizo algo así?

Velar el sueño de su único hijo, controlar su temperatura, cubrirlo bien con las cobijas, revisar sus almohadas..

¿Hace cuanto que no había hecho algo así?.

- “Esta visto, ya sea que tengas un año o casi treinta…  Eres mi hijo” –se dijo con tristeza contemplando a Eriol, que lucía muy vulnerable esa noche... más, de lo que jamás su padre biológico le viera jamás- “No voy a cometer el mismo error de antes, Eriol. Lo prometo. Pero lo más importante ahora es que ya no eres un bebé o mi niño.. eres un hombre, y no permitiré por ningún motivo que tú cometas un error como el mío y arruines tu vida por una equivocación”

Con un leve suspiro, tomó un periódico de la mesa de noche y se aprestó a terminar su vigilia, mientras sus ojos vagaban, no por las líneas de la prensa sino por la figura de su hijo, perdiéndose por un instante en aquel cabello oscuro –igual al suyo, de un brillante tono negro azulado- y el pasado..

Su pasado..

30 años atrás.

- “Por favor, Hajime, deja de leer ese periódico de una vez y hazme ese favor. Mi esposa y yo jamás hemos tenido la oportunidad de asistir a un evento como ése” –la cálida pero educada voz insistía con la tranquila confianza de un verdadero amigo- “en serio me encantaría llevarla.”

Con un leve suspiro, el joven de 25 años dejó de leer el periódico, antes de contemplar a su interlocutor. Llevaba varios años de amistad con aquel abogado sudamericano –al punto que le permitía tutearle, algo que no era muy fácil por su educación japonesa- y ciertamente era la primera vez que Javier le pedía un favor de ese tipo.

- “No veo porqué necesitas de mi presencia en ese tipo de eventos. Eres miembro del cuerpo diplomático de tu país y has desempeñado labores muy importantes dentro de la Organización, no me necesitas para llevar a tu esposa a algún lado, Javier.” 

El aludido se cruzó de brazos.

- “Si fueras capaz de bromear, creería que estás tratando de hacerme un chiste” –insistió- “Puedo haber sido Representante del Secretario General en muchas cosas, pero en este tipo de eventos no suelen considerarme lo suficientemente importante como parta darme una invitación.”

- “Eso sólo muestra la profunda estupidez de los que se dedican a la vida social. Estuve contigo en la crisis de Chipre y el Secretario General no te hubiera delegado tantas funciones si no fueras un diplomático hábil y competente.”

La expresión en el maduro rostro del otro fue de resignación.

- “Esta bien, olvídalo. Lamento haberte molestado.”

Con un gesto de resignación, Hajime miró la expresión abatida de su –único-  amigo mientras éste salía de su despacho y se dijo que era inevitable. Iba a tener que pasar una mala noche pese a que según él, su mejor perspectiva para ese sábado era adelantar dos proyectos a presentar ante la Comisión de las Naciones Unidas antes del fin de año; pero al parecer no había remedio: Javier e Yvette eran prácticamente los únicos a quienes él podía considerar amigos y después de todo… Estaban de aniversario.

Años de feliz matrimonio, hijos en la escuela... bien, eso era digno de celebrar.

- “Javier, espera..” –llamó al que se retiraba- “¿porqué no llamas a mi chofer? Temo que Yvette va a necesitar ir de compras muy de prisa, si es que quiere estrenar un vestido para la fiesta de esta noche.”

Su amigo se detuvo y al escuchar aquellas frases sonrió con honesta alegría acercándose al joven japonés y apretándole los hombros, en un gesto masculino de franca gratitud..

- “¡Gracias Hajime, gracias!.. En serio, te lo agradezco muchísimo.. ¡Yvette estaba tan ilusionada! ¡Va a ponerse feliz y...!”

- “Mejor se apuran.... aún deben ir de compras”

El diplomático sudamericano asintió y se marchó de prisa, mientras el joven japonés fruncía el ceño al guardar varias de sus notas. Dentro de su gabinete, nada más. Y es que le asaltaba la esperanza de poder escabullirse rápido de aquella fiesta a la que ni siquiera quería asistir. Y no porque fuera desagradable sinó más bien lo contrario: La Gran Gala de Caridad era el evento más importante de toda la temporada social en Londres y un lugar dentro de la fiesta en el propio Buckinghann Palace era literalmente peleada a rabiar por los asistentes. Como si todos no supieran que la flor y nata de la aristocracia británica y el jet set internacional consideraban la Gala como “el evento social del año”, o como había dicho el mayor petimetre de Londres, el joven Sir Andrew Birminghann: “los norteamericanos se han inspirado en nuestra noche de la Gala, para crear su fiesta de Premios de la Academia de Artes y Cine... con esa alfombra roja por la que pasan simples actores. No se compara a nosotros, el paso de los auténticos aristócratas a la entrada de la Gala de Caridad”. 

Pero sea aquella aseveración, cierta o no, a Hajime Hiragizawa no podía importarle menos. Tenía sólo 25 años y era el más joven y prometedor miembro de Asesores del Secretario de las Naciones Unidas, con acceso a los lugares mas interesantes del mundo como salas de conferencias, sedes internacionales de diplomacia, palacios y bibliotecas famosas. Y la verdad, eso era todo lo que le interesaba en ese momento de su vida. 

Adoraba estudiar y los libros más que nada en el mundo, además de ser un firme convencido en la importancia de las leyes. Había pasado su niñez estudiando historia,  política y las vidas de hombres ilustres... sorprendiéndose todavía de cómo las personas de su país pudieron cometer el error histórico y garrafal que les empujó hacia la Segunda Guerra Mundial; pero más que eso, en las charlas que siempre había sostenido con su tío –pues Hajime había perdido a su padre a temprana edad y su madre murió al traerle al mundo- había entendido que las mayores miserias humanas son provocadas por las guerras. Sentía que tenía un compromiso personal en poner todo su esfuerzo en evitar inútiles derramamientos de sangre y miseria siempre que existían temores de conflictos armados, de modo que no podía estar más agradecido y realizado consigo mismo. Creía que le faltaba aún mucho por aprender pero tenía todas las ganas de pasarse el resto de su vida felizmente dedicado a algo que le apasionaba tanto. Lo único que le desagradaba era el tener muchas veces que dejar sus estudios, proyectos y planes, para cumplir con ciertas obligaciones ineludibles..

Como los movimientos de bolsa, la compra y venta de valores, etc.

¡A veces deseaba que su tío no le tuviera tanta confianza!.

Ojeó de nuevo el periódico y notando el movimiento de sus acciones realizó un cálculo rápido mental, encogiéndose de hombros al notar que su fortuna personal se había incrementado un 37% el último año. Pero eso le era indiferente. Hajime sólo apreciaba el valor de su dinero cuando podía adquirir buenos libros, realizar viajes de investigación o si podía poner sus recursos para servir a una causa diplomática honesta; pero en realidad sólo deseaba poder volver a poner sus bienes en manos de su tío. Personalmente consideraba que el tiempo que invertía en ocuparse de ellos le robaba instantes valiosos que podía dedicar a su carrera pero era consciente que su tío le honraba al permitirle manejar por sí mismo –y multiplicar- su ya cuantiosa fortuna personal, pero eso no le divertía en lo más mínimo.

Era parte de su carga.

La carga de ser sobrino del Emperador reinante de Japón.

Dejando sus cosas en el gabinete, cerró la oficina y abandonó el recinto diplomático sin prisa alguna, saludando con cortesía a los compañeros que allí le conocían sin notar en su preocupación por cosas mundiales y familiares las miradas de franca admiración que le eran dirigidas por todos los que allí trabajaban. Y es que todos conocían bien al severo y correcto joven japonés que ingresaba a laborar a las oficinas casi antes que los vigilantes y que abandonaba el lugar al último de todos ellos. Cuando lo hacía, porque también sabían que el joven Hiragizawa muchas veces había pasado días allí, sin dormir, trabajando con todas sus fuerzas.

Pero los que le rodeaban, le apreciaban muchísimo. A primera vista podía parecer un joven frío y algo arrogante pero no había el menor gesto de desdén en su trato hacia nadie. De hecho, hace apenas unos días la joven esposa de su mejor amigo había comentado en público que Hajime Hiragizawa era aristócrata en su propio país y había motivado una sorpresa general en la sede diplomática.. y es que no era común que un aristócrata fuera un trabajador exigente e incansable que trataba igual al más humilde trabajador que al más encumbrado diplomático. Con la misma cortesía y respeto. Y siendo que ahora todos sabían su alcurnia más de una de las mujeres presentes no podía evitar un leve suspiro al verlo pasar..

- “¡Esta soñado!” –pensó una joven abogada que trabajaba con él, al verlo marcharse- “¿porqué no puede verme más que como una buena amiga?”

- “Deja de soñar despierta Hortense” –replicó otra joven- “tú vas a casarte con Lord G.... ¿o acaso lo dejarías si Hiragizawa de pronto te viera como algo más?”

- “Cualquier mujer de aquí dejaría plantado a un esposo o a un marido, si Hajime Hiragizawa le dedicara su atención” –replicó otra, sonriente- “¡cuando me mira me deja casi hipnotizada! ¡Esos ojazos negros que tiene!”

- “Millonario, guapísimo, aristócrata y trabajador... ¿Qué más puede pedir una mujer?”

- “¡Que desentierre un poco la cabeza de sus libros y códigos...!”

- “¡Cierto, cierto!.. ¡Oh, pero cuando lo haga, hará feliz a cualquier mujer!, ¿Se lo imaginan con esa seria y sexy voz, murmurando palabras de amor? ¡Con lo serio que es!”

Las cuatro mujeres contuvieron la risa y un suspiro, mientras ajeno a lo que pensaban de él sus compañeras de trabajo Hiragizawa declinaba los servicios de uno de los chóferes de la entrada y caminaba con tranquilidad por las calles de Londres.

Necesitaba relajarse. Podía estar horas de horas en medio de una discusión diplomática sin estresarse pero las fiestas si que le ponían nervioso, aunque no pensaba echarse para atrás. Javier e Yvette eran sus mejores amigos y ya que a Yvette se le había metido en la cabeza ir alguna vez a la famosa Gala de Caridad de Londres, pues, lo menos que podía hacer, como amigo,  era ayudarles.

Total, Javier iba a pagar el vestido.

- “Pese a todo, hubiera preferido pagar mil vestidos” –pensó desalentado- “¡sólo tengo un mes antes de presentar el proyecto!.  Javier hizo su parte en 4 meses mientras yo tuve que pasarme ese mismo tiempo con los insoportables sujetos de Wall Street, revisando personalmente la fusión de la IBM con mi compañía... aunque lo único bueno fue eso que me mostraron: la fibra óptica. Si las investigaciones continúan, será algo que verdaderamente revolucionará al mundo. Que bueno que aprobé que las investigaciones sigan, para algo debe servir el dinero”

Hundió sus manos en el caro abrigo de diseñador que Yvette le había obsequiado con Javier en su último cumpleaños y notó con desaliento que ya debía volver a su departamento. Apenas si tenía tiempo para la Gala. Yvette y Javier le estarían esperando..

- “Sólo los aristócratas tienen invitaciones directas y pueden llevar a los invitados que deseen” –había comentado la francesa que era esposa de su amigo Javier, en una ocasión- “Los diplomáticos, jefes de estado y celebridades invitadas van sólo con su invitación y apenas un acompañante. Todo porque es una fiesta para gente “de sangre azul” auténtica. ¡Dicen que el Príncipe Rainiero de Mónaco va a venir este año!”

El sólo recordar a donde iba, hizo a Hajime subir a su elegante departamento con gesto cansino. 

Si, no tenía nada personal contra el Príncipe de Mónaco o su familia, pero sabía que se iba a aburrir mortalmente en esa dichosa fiesta ¡nadie hablaba de cosas verdaderamente interesantes allí! ¿Por qué todos se morían por ese tipo de eventos? Cuando había llegado a Gran Bretaña hace 3 años había asistido a una fiesta y había quedado totalmente escarmentado de ellas para siempre. Los chismes, los coqueteos, las charlas insípidas no sólo de las mujeres, sino también de hombres de su misma edad, y aún mayores. 

Y es que Hajime no podía entender aún como tipos de más de 35 años podían enfrascarse, entusiasmarse y aun discutir con pasión sobre que modelo de automóvil era el más caro o el nuevo diseño de yates a alta velocidad. ¿Nadie pensaba en la crisis mundial? ¡Había muchos lugares con gente muriéndose de hambre! ¡Nadie se daba cuenta que estaban explotando demasiado la naturaleza y eso iba a traer GRANDES problemas en el futuro?

A veces se sentía muy fuera del lugar.

Terminó de arreglarse la corbata con gesto resignado. Por eso detestaba las fiestas, aquí y en cualquier lado del mundo. En todas partes era lo mismo. La gente que asistía a ellas tenían la peculiaridad de hacerle sentir como si fuera un extraterrestre, pero en ese momento su asistente anunció a los esposos Pérez y Hajime suspiró cuando Yvette le regañó por no llevar siquiera gemelos para su camisa, en una fiesta tan importante..

- “Si fueran grilletes, te verías menos desventurado” –rió Javier, divertido, mientras su amigo conducía en silencio y los gemelos de oro macizo brillaban disimuladamente entre los puños de su camisa cara- “anímate un poco amigo. ¡Vamos!.. Si te aburres, sabes que puedes salir... y si alguien de la Gala te reclama, les diré que te cayó un rayo en pleno baile y decidiste volver a la oficina a trabajar, porque es más seguro.”

- “¿Un rayo?”

- “¿Nunca escuchaste esa expresión? ¡”Caerle un rayo”!”

- “Caerte un rayo” –repitió.

De pronto si que había entendido esa expresión. O sea, él sabía que significaba, pero jamás había experimentado algo tan claramente como en ese instante. No se consideraba un cínico sino simplemente un escéptico, una persona realista y muy ocupada que jamás, en toda su vida, se había enamorado. Había tenido relaciones estando en el colegio y después con una o dos compañeras de la universidad, pero nada que no fuera simplemente roce o una llamada de la adolescencia. Nada que tocara un ápice de si mismo y había llegado a los 25 años creyéndose incapaz de sentimentalismo alguno. 

Al menos de tipo romántico... ¿Era acaso culpa suya nunca haber sentido aquel ardor en la sangre, aquella pasión, deseo, ternura, ansias de proteger y darlo todo por alguien y mirarse en unos ojos ajenos?.

Nunca lo había sentido antes...

Pero..

Si que sabía, porque esa noche.. Aprendió lo que es “sentir que le había caído un rayo”.

Le había costado mantener su tranquilidad de siempre pero sus ojos parecían amotinarse contra las órdenes de su mente, porque allí iba, pese a todos sus feroces esfuerzos cada mirada suya no podía dejar de abarcar a nadie más que a aquella muchacha bellísima de larguísimo cabello rubio y centelleantes ojos azules que estaba con otras chicas en medio de una animada charla..

- “A mi hija también le interesa la diplomacia..” –le comentaba animadamente Sir Henry Stanton, un buen conocido suyo de la ONU- “justamente me alegró mucho verte, porque aquí tendrán ocasión de charlar más que cuando ella va a la oficina. ¿No es así Catherine?, el joven Hajime es ciertamente el más prometedor de toda la delegación de Londres. ¿Sabes hija, que el Secretario General le considera su mejor ayudante, pese a su juventud?.. Yo creo que..”

- “¿Desea algo de beber, miss Stanton?” –dijo cortés, sin comprender porque la charla de su buen amigo le resultaba de pronto insulsa- “iré por algunas bebidas, si me lo permite.”

- “Mejor permítame acompañarle, Hajime..”

El gordo Sir sonrió cuando contempló al alto y arrogante extranjero pasar a otro salón del brazo de su hija, casi felicitándose a sí mismo. ¡Que suerte había tenido! aquel joven tenía un provenir brillante, era inteligente y verdaderamente le apreciaba porque no era uno de esos jovencitos ridículos del jet set. Ya casi había perdido las esperanzas de verle salir con su hija –a la que hacía visitarle con mucha frecuencia en la sede diplomática, con el objetivo de tropezara con el joven Hiragizawa- pero al parecer Catherine iba a pasarla muy bien en la Gala...

- “Es un gran muchacho Catherine.. no pierdas esta oportunidad” –pensó alegre.

En esos momentos miss Stanton hablaba correcta y educadamente, pero Hajime estaba más y más confundido a cada instante que pasaba. Había creído que acercándose a aquella chica iba a notar que no era nada especial... pero el efecto había sido totalmente inverso. Peor aún, porque Catherine Stanton había saludado a aquel grupo de chicas y habíase visto obligado a unirse a la charla de aquellas 4 chicas y 5 hombres...

Charla, a la que apenas si entendía algo..

- “¡Pero aquel vestido era verdaderamente maravilloso!”

- “¿Ustedes creen?”

- “Estamos ante un nuevo despertar de la moda y la creación de nuevos íconos de la elegancia...” –decía la más alegre y encantadora de las chicas, quien dominaba la charla de lejos- “¡¡es la realidad..!!”

- “Milán va a ser, definitivamente, la pasarela internacional de los próximos años” –decía el elegante y atildado Lord Andrew Birmingham- “no lo niego mis amigas, pero ustedes no negarán que Montecarlo va a ser un auténtico paraíso del placer para quienes disfrutamos de la emoción del juego y las apuestas..”

- “No soy buena apostando..” –rió una de las chicas.

- “Admito que a veces lo he hecho” .murmuró Catherine Stanton haciendo a Hajime un guiño que quiso ser coqueto, pero que el joven no entendió.

- “Pero aún para apostar... se debe ver uno como alguien de sociedad” –replicó uno de los hombres- “¿no crees Hiragizawa?. Osea, el aspecto es importante, pero la moda.. es París, es para gente bien, no para chusma”

Hajime asintió mecánicamente, sin entender ni pío. ¿Cómo un hombre podía interesarse en la moda?. Al menos él no lo hacía y ¿qué rayos significaba eso de “chusma”?...

No tenía la menor idea.

- “Pues insisto: la pasarela de Milán mejorará con los años.. ¡estoy segura! y Giovanni Versace es absolutamente vanguardista y sus diseños son lo más “chic” de todo el mundo. Oscar De La Renta ya ha pasado a ser muy conservador y Channel y las otras casas de modas van a tener que seguir la línea impuesta por Versace si no quieren quedarse atrás... ¡en la última pasarela..!!”

- “La que viste por televisión ¿no es así Regina?” –interrumpió bruscamente una de las chicas.

La animada rubia se detuvo en seco.

El joven oriental parpadeó sin entender el significado de aquellas palabras, mientras todos los demás miembros del grupo lanzaban sonrisitas socarronas a la bellísima muchacha que había estado llevando la pauta de la charla. Hubo un instante de embarazoso silencio y las cuatro chicas presentes –incluyendo la acompañante de Hajime- prorrumpieron en risas, mientras Andrew Birmingham y los hombres lanzaban suspiros de resignación..

- “Aún viendo la moda desde tv, Regina la comenta con su usual clase y elegancia...” 

- “¿Que importa que no pueda viajar hasta Milán como cualquiera de nosotros?, lo que importa es que aún viéndola por tv, puede comentarla con habilidad..”

- “Quien te escuche, creería que estuviste en la misma pasarela, Regina..”

- “No querida Catherine” –rió otra de las chicas- “basta ver el vestido de Regina para notar que no estuvo en Milán comprando ropa nueva.. ¿cuantas veces te he visto ese mismo vestido querida Regina?.. cinco o seis veces, supongo”

- “Si, ¡¡lo llevó a la boda de los Baker e incluso en su propia fiesta de cumpleaños...!!!”

- “¡Bien se nota que no estuviste en Milán comprando ropa nueva!”

Los miembros del grupo prorrumpieron en risas y cada chica tomó el brazo de su acompañante y se alejó pero Catherine Stanton notó sorprendida, que Hajime Hiragizawa se había apartado de ella cuando las risas comenzaron y se puso abiertamente al lado de la avergonzada Regina cuando todos los demás se burlaron de la rubia..

Incluso había seguido a la muchacha, cuando ésta, harta de las burlas, se había excusado y se había ido al jardín...

¿Porqué Hiragizawa había salido detrás de aquella vanidosa?, era la mujer más bella de Londres, sin duda alguna, pero Catherine sabía que su único talento era ser una actriz hábil, capaz de aparentar lo que no era con maestría.

Ajeno a los pensamientos de su anterior acompañante, Hajime se había sentido confundido y a la vez, indignado. Su caballerosidad le estaba haciendo irritarse mucho. ¿Cómo se atrevían aquellos idiotas sin pizca de cerebro a burlarse de aquella muchacha sólo porque no tenía un vestido nuevo? ¡aquello era ridículo! bien se notaba que se morían de la envidia porque aquella joven, era, y de lejos, la más bella de todo el baile. 

Y no era que sus ojos interesados mintieran. No. 

Con una figura y el porte de una diosa, Regina Glaston hacía realmente honor a su nombre porque había casi realeza en su figura, realzada todavía más con aquel maravilloso y larguísimo cabello rubio que caía en cascadas sobre sus hombros desnudos.. quizá por eso Hajime se encontró sin entender, cautivado por el brillo de aquellos maravillosos ojos azules.

Su voz tan acariciadora, su sonrisa angelical.

No recordaba el resto de la velada, pero no importaba. Había vencido la reticencia de la muchacha a su presencia y su cercanía cuando le dijo en un tono tan serio como honesto, que su belleza era mayor que cualquiera de las joyas que llevaban las otras mujeres. Lo había dicho sin pensar porque no era de los que daban cumplidos, pero la veracidad había estado tan patente en su profunda voz que sólo entonces, la joven le miró con atención..

- “Lo.. lo siento. Pero temo que no puedo aceptar su compañía.. yo no..”

- “Permítame insistir, por favor. Pero lo último que deseo es ofenderla...”

- “No, no podría ofenderme” –le cortó, secamente- “¿no tiene algo mejor que hacer?, disculpe pero yo no suelo conversar...”

- “Hajime Hiragizawa.. nos complace que al fin visitaras Buckinghann Palace” –el Príncipe de Gales ingresó al jardín en uniforme militar y saludó al joven extranjero con un gesto tan casual y que develaba tanta confianza, que la rubia no pudo sino quedar pasmada- “¿perdón, interrumpí algo?, lo siento pero mi madre, la Reina, desearía que nos acompañes y quizá te animes a bailar un poco ... mi hermana la princesa Ana...”

- “Nada me dará más gusto que acompañarles, su Alteza Real” –saludó Hajime, rápido- “pero.. me sentiría más honrado si me permiten llevar conmigo a la distinguida señorita, aquí presente.”

- “Por supuesto, sabes que nos sentimos honrados de que estés con nosotros... al igual que la señorita..”

- “Regina Glaston, su Alteza Real. Soy hija del Décimo tercer lord Glaston..”

- “Oh, que bien”

El príncipe asintió sin tomarle mucha atención y sólo entonces los vivaces ojos azules aceptaron la compañía de Hajime. De hecho, el resto de la velada la joven lady Glaston había contemplado, pasmada, como aquel joven serio era recibido con la mayor benevolencia y atención por parte de la mismísima familia real y siendo ella el objeto de las atenciones del joven de ojos negros, de pronto se vio convertida en la dama más importante del evento.

Su vestido usado, su falta de joyas... nada importaba más que su belleza y la atención que obtenía al estar acompañando a este serio y guapo diplomático.

- “No es que no me agrade, pero ¿no crees que es algo exagerado Hajime?. Es decir, conoces a lady Glaston hace menos de 3 meses y ya le has pedido matrimonio ¡E incluso le has obsequiado alhajas carísimas! sin hablar de los vestidos.”

- “No quiero que nadie jamás vuelva a lastimar a Regina. Estoy asistiendo a todos estos eventos sociales diplomáticos que siempre insistías en que asistiera y ¿cómo voy a llevarla conmigo sin esperar que nadie la humille, si no le doy el mejor guardarropa de la temporada?”

Javier resopló. Hace meses que él e Yvette estaban muy inquietos por Hajime y en vista que la semana pasada el aristócrata japonés le había propuesto matrimonio a la chica más bella de todo Londres, el hispano estaba ya se sentía alarmado. La tarde anterior había tenido una charla realmente desagradable y había dudado muchísimo en hablar con su joven amigo esa tarde, pero no podía permitir que las cosas quedaran como estaban. Hajime podía verse tan sereno y tranquilo como siempre, pero Javier llevaba años tratándolo y podía notar el brillo en sus ojos, la forma en que sonreía más abierta y frecuentemente que nunca en presencia de Regina que estaba locamente enamorado de la bella joven, que ante él se presentaba dulce, mimosa, tímida y complaciente. Como consecuencia el joven japonés había descuidado su trabajo, cambiado sus costumbres y de pronto hacía vida social con una intensidad inusitada, acompañado de la hermosa muchacha a quien trataba como a una reina y que, en esos meses, había pasado a ser la envidia de todas las chicas de la sede diplomática y de Londres..

- “Aún no te he perdonado por no aceptar ser mi padrino de bodas, Javier” –dijo el japonés, aparentemente calmo, pero el sudamericano sabía que estaba real y profundamente enamorado- “pero soy consciente que tienes motivos: mi descuido ocasionó que no termináramos el proyecto... siendo que tú habías cumplido con tu parte puntualmente”

- “Olvida el proyecto Hajime. No es de eso de lo que vine a hablarte.. Yo.... sólo.. Sólo” –dudó mirando los ojos negros- “estoy preocupado por ti, eso es todo. ¿Que dice tu tío sobre la boda?. Digo, ¿le enviaste un fax siquiera?”

- “Hice más que eso. Le envié una carta extensa por valija diplomática y no tiene objeciones a mi juicio, como siempre. Es obvio que le decepciona que no me case en Japón pero he pensado que después del viaje de bodas sería bueno que visitáramos Tokyo, para que Regina le conozca..”

Javier estaba realmente perplejo. Allí se iba la última esperanza.

- “No me gustan los rodeos Javier. Di lo que estás deseando decir.. Es obvio que no has venido sólo por rechazar mi petición de ser padrino de mi boda” –se puso de pie- “y te agradecería que me dijeras de una vez que pasa, porque debo ir a pagar el regalo de bodas...”

- “¿Regalo de bodas? ¿Vas a regalarle aún más cosas?”

Hajime alzó apenas la ceja. Era obvio que no pensaba siquiera mencionar que estaba pagando íntegramente no solo la ceremonia, sino el ajuar completo de la novia y el viaje de bodas...

- “Perdona Hajime.. Es sólo.. Que.. realmente me parece que te estás precipitando”

Los ojos oscuros del sudamericano tropezaron con los negros del japonés y ahogó un suspiro. 

- “Pese a lo que piensas, no soy ninguna estúpido sentimental, Javier” –había cierta arrogancia y autosuficiencia en el tono del más joven- “esto no es ninguna precipitación..”

- “¿Estás seguro?.. Porque, tres meses, no es mucho para conocer a alguien... y yo no pienso mal de Regina pero”

- “Regina no me está engañando, Javier”-dijo en el mismo tono anterior- “Antes de que lo digas te pondré en claro que sé muy bien todo sobre ella porque ella misma me lo dijo, casi llorando: estoy enterado que todas sus propiedades están hipotecadas, que vive únicamente de una renta y que apenas si tiene para pagarse lo que tiene puesto: sé bien que su padre perdió muchas propiedades de su familia, también sé que su único hermano murió a los 15 años como consecuencia de cabalgar borracho en plena noche. Porque Regina me ha admitido que es la última de toda su aristocrática familia.. Y he averiguado que su padre era considerado un hombre cabal y bondadoso, pero como el juego se volvió su vicio al morir la madre de Regina durante el nacimiento de su único hermano.. el que murió con sólo 15 años” –había suficiencia y seguridad en sí mismo de parte de Hajime al continuar- “¿No lo entiendes?, Regina es una chica que ha sufrido mucho en la vida pero no podría engañarme aunque quisiera hacerlo, y aun así... no es capaz. La conozco: sé lo dulce, gentil, tímida y profundamente avergonzada que se siente por su precaria situación económica ¡como si fuera culpa suya!, y es siempre tan vergonzosa y encantadora. Eres tú quien te engañas al suponer lo que crees, porque ella misma me suplicó que dirigiera mis intereses hacia una joven más favorecida por bienes de fortuna. Y me lo dijo llorando, pese a que había admitido que me amaba”

- “¡Oh, ella te dijo todo eso!.. Y llorando.”

- “Dijo que no se consideraba digna de mí por vivir ahogada en deudas y haciendo una vida social que detesta, sólo por asegurar que sus contactos sociales le aseguren que su única propiedad hipotecada siga rentándose, y que ella pueda subsistir”

- “Así que sabes todo eso” –se sorprendió su amigo- “¡bien, eso es bueno!.. Pero... ¿no te importa?”

- “¿Que esté arruinada?, claro que no. ¿Por quien me tomas?. El dinero nunca me ha importado y menos aún me importa que ella no lo tenga. Y si me vas a hablar de su abolengo... Te hago presente que la propia Regina misma me lo dijo.... de hecho, su único orgullo es su estirpe familiar, con eso de que en su familia han sido aristócratas desde las épocas más oscuras de la historia inglesa...”

- “Si, de hecho.. Ella misma mencionó algo así... la última vez que la ví” –murmuró Javier, algo amoscado- “habló sobre brujería y cosas raras.. Y que una bisabuela o tatara tatarabuela suya o algo así había sido única descendiente de una estirpe de hechiceros.. una tal Elizabeth Clow”

- “En mi país hay gente que cree aún en espíritus y magia... no comparto las ideas de Regina, pero creo que todo es posible y a mí también me ha contado lo que mencionas.”

- “Pero lo que no te ha contado, es que me ha exigido que no sea tu padrino” –pensó Javier con pesar, sin atreverse a decirle a su amigo que su prometida había hablado con él algunos días atrás, para pedirle en tono altivo que declinara el ser padrino de su boda- “puedo equivocarme, pero temo que estás cometiendo un grave error. Una chica que le ha comentado a mi propia esposa que los hispanoamericanos le parecemos inferiores por ser una mezcla vulgar de razas, no es la mujer que puede hacer feliz a alguien tan recto como tú... pero ¿cómo puede ser la misma chica que es tan dulce y tierna con Hajime la que casi me haya exigido que declinara el ser tu padrino?, porque yo mismo no la reconocí... me miraba con tanto desprecio”

- “Lo siento Javier. Entiendo que es absurdo y fuera del lugar que me enfade” –aceptó Hiragizawa, de pronto, sin imaginar lo que pensaba su interlocutor- “no es culpa tuya que te envíen de regreso a tu país días antes de mi boda; en realidad, esto es todo culpa mía. Si hubiera terminado nuestro proyecto lo hubiéramos presentado ante el Consejo de Seguridad y te hubieras quedado aquí. Perdóname amigo. Sé que no es tu intención no acompañarme en mi boda y entiendo que estoy actuando de modo infantil al enfadarme, pero tú e Yvette son los mejores amigos que tengo en toda Gran Bretaña” –aceptó y sonrió, y el pobre Javier se sintió horrible al notar que pese a sus ganas, no era capaz de decirle lo ocurrido a Hajime- “... por eso los extrañaremos mucho en la ceremonia” 

- “Gracias muchacho. Lo siento… Yo... Yvette y yo también pensaremos mucho en ustedes ese día”

Hajime sonrió y se dijo a sí mismo que iba a extrañar a Javier, pero se prometió firmemente que iba a poner todo de su parte para lograr que volvieran a destacar a su amigo a Gran Bretaña.

Era lo menos que podía hacer... 

Algunos días después, la hermosa y perfecta figura de Lady Regina Hiragizawa se escurrió de entre los pliegues del lecho cubriendo su desnudez con una sábana de seda, antes de ingresar al jacuzzi con rapidez. Afortunadamente todo había terminado y había salido bien hasta el final, pero no podía menos que decir que estaba sorprendida. Había pasado un enorme susto hace algunas horas cuando Hajime había descubierto que no era virgen y sólo había sido su pánico el que le hizo confesarle que había sido engañada por un hombre anteriormente... un hombre que la había dejado y humillado después de haber obtenido lo que quería. ¡Pero había tenido muchísima suerte!.. Por un instante fatal se le había ocurrido que Hiragizawa podía haberse enfadado y solicitado la anulación inmediata pero al contrario. Sus lágrimas fingidas habían probado ser otra vez una efectiva tabla de salvación y su joven esposo no sólo la había escuchado hasta el final de su relato, sino que la había reconfortado con palabras tiernas para después asegurarle que nada de lo pasado antes en su vida importaba porque si los hombres no llegaban vírgenes al matrimonio, él no pensaba condenarla por un error...

La había abrazado, secado sus lágrimas y la había besado para después hacerle el amor. Y luego de tres días de matrimonio, Regina encontraba que no podía sostener más la farsa.

Hajime era apasionado, fuerte pero gentil y considerado con ella aún cuando estaban teniendo sexo, y si bien la remilgada Regina se sentía complacida al sentir como este hombre de voz profunda la adoraba mientras la tocaba, a veces prefería mil veces cerrar los ojos y dejarse llevar por la pasión que su guapo marido lograba encender cada vez que estaban en la alcoba, para no pensar.

Y es que no quería pensar..

Prefería contemplar al hombre apuesto y viril con el que se había casado. Contemplar sus profundos hermosos y grandes ojos negros, sus pestañas sombreadas, las pobladas cejas que enmarcaban y daban mayor profundidad a aquella mirada aguda e incisiva que Hajime poseía. Su cuerpo atlético de hombros anchos, cintura estrecha, manos cálidas y gentiles. Sus besos apasionados. Si, era mejor concentrarse en el físico de su esposo y en pensar en todo lo que había ganado con ese matrimonio. No es que no lo encontrara atractivo.. ¡Por todos los cielos, no! Había que estar ciega para no notar como la envidiaban en la calle cuando andaba del brazo... sabía bien que Hajime era un hombre realmente apuesto, pero...

Pero..

Su sentir es más fuerte que ella. Mucho más. Cada vez que despertaba entre sus brazos corría prácticamente al jacuzzi, ansiosa de quitarse cualquier rastro de él de su cuerpo, porque cuando la pasión se acababa, la acometía tal acceso de odio y desprecio que de buena gana le hubiera escupido a la cara aún dormido, por atreverse a tocarla...

El.

Un... un...

¡Un asqueroso y repugnante oriental!.

Tocó su piel de porcelana, blanca, pálida.. Tan blanca y tan pura... como decían algunos, tan aria, tan blanca, tan superior a todas las otras razas... y a duras penas logró contener sus ganas de arañarse a sí misma. Había pensado que lo peor iba a ser acostarse con él, pero aquello no había resultado ser nada complicado en vista de lo atractivo que era Hajime. No. Lo complicado era despertar en sus brazos, sentir su aliento y saber que ella, una chica blanca, una hija de raza pura se había visto en la penosa necesidad de tener que casarse con un miembro de una raza inferior para no seguir ahogada en las deudas. Ella, descendiente de aristócratas como los Glaston, descendiente también de magos druidas como Elizabeth Clow –casada con el primer Lord Glaston- estaba casada con un hombre que llevaba en sus venas sangre oriental, sangre que era tan o más asquerosa que la de aquellos sudamericanos tercermundistas –ciudadanos de cuarta categoría en el mundo- judíos, negros o cualquier otra asquerosa raza no-blanca. 

Ciertamente el dinero y las comodidades que Hajime le habían brindado lo valía todo pero eran en los momentos posteriores a cuando compartían intimidad que a Regina le era más imposible contener su odio hacia todo lo que no era como ella..

Todos los que no eran “blancos” en el mundo.

Hajime era inteligente, encantador, apasionado y enloquecedoramente guapo, pero la estrecha mente de la rubia no podía admitirse aceptar las cualidades del hombre con el que se había casado por el más puro interés... Económico y social. Porque era irónico. Este serio joven japonés tenía toda la facilidad para llamar la atención en el mundo social que tanto enloquecía a la muchacha y sin embargo a ella, las cualidades de Hajime sólo le inspiraban desdén, siendo aún que su ascendencia oriental –la fuente de todos los honores que le dispensaban y origen también de su exuberante fortuna- le provocaba la más profunda repugnancia, que a duras penas pudo contener durante el noviazgo. Al menos Hajime la había complacido en todo y eso había servido a Regina para consolarse y poder actuar hábilmente demostrando un amor que no sentía y una fascinación y dicha que eran sólo una fachada por la intensa satisfacción que le daba saberse dueña de una fortuna tan cuantiosa, aunque para ella, sus más profundas convicciones racistas le provocaran casi arcadas de asco y auto incriminaciones después de una noche que para él era amor y para ella sólo satisfactorio, lujurioso y liberador sexo.

- “Andrew, Andrew.. Si te hubieras casado conmigo...” –pensó, acongojada- “o si Hajime no fuera un asqueroso oriental sino un ingles y aristócrata por varias generaciones.. ¡OH, eso sería realmente maravilloso!, sería fácil amarlo si no fuera un asqueroso oriental...”

- “¿Regina?” –la voz de su esposo la sacó de sus ensueños- “es mejor que te des prisa.. quiero llevarte a que veas el regalo de bodas que te he preparado”

La rubia contuvo sus ganas de insultarlo con una sonrisa. Se sabía excelente actriz, pero de pronto las cosas se le estaban complicando... hubiera sido todo más fácil si su esposo fuera feo, estúpido o impotente, pero en momentos como ése le era difícil no odiarlo. 

Odiarlo sí, por ser tan guapo, apasionado, por tratarla como una reina. ¿Porqué no podía ser sólo un imbécil al que despreciar, antes, durante y después de los momentos de alcoba?. Porque lo odiaba, si. Lo odiaba por amarla, lo odiaba por darle todo lo que ella había esperado siendo que pertenecía a una raza inferior que ni siquiera tenía derecho a haber mirado a una mujer como ella. Regina no tenía la menor idea de que ella no se diferenciaba mucho de los nazis por su modo de pensar, pero lo odiaba porque cada día le era más y más difícil despreciarlo..

- “¡Oh, es... es... INCREIBLE!”

El rostro atractivo pero usualmente serio de Hajime se permitió una sonrisa al notar que su joven esposa estaba conmovida hasta las lágrimas..

- “No pude olvidar la nostalgia y el dolor que había en tus ojos cuando me contaste que tu familia fue dueña del Castillo Leeds*” –dijo el joven, satisfecho- “... se notaba lo mucho que te había dolido el que tu abuelo tuviera que venderlo, así que quise comprarlo para que algún día nuestros hijos puedan jugar en este lugar, que ciertamente, es como dijiste “un lugar de cuentos de hadas...”

- “¡Oh querido, eres tan maravilloso!!”

La rubia abrazó con todas sus fuerzas al hombre que parecía tan concentrado en hacerla feliz, recreándose en la embriagadora sensación que era dejar que la cargara en sus brazos mientras su mente estrecha y llena de prejuicios le deslizaba este pensamiento al oído..

- “¿Hijos?, ¡estás loco!.. que ingenuo es al creer que voy a tener hijos con él”

Bastante tenía ya que soportar y soportaba, pero todo lo valía porque había conseguido todo lo que anhelaba en la vida. En adelante iba a disfrutar con todas sus fuerzas del dinero de su esposo y quizá algún día pudiera olvidar lo mucho que se había degradado al casarse con él..

¡Si, tenía todo el resto de su vida para hacer lo que quisiera!

- “Felicitaciones por tu regreso, Javier. Y por la aceptación de tu hijo en el colegio francés. Estoy seguro que Yvette debe estar feliz.”

- “Lo mejor de todo es que mi Francisco está bien, ¡le va muy bien en la escuela!.. y más ahora que su hermana se le ha unido”

Javier se acomodó al lado de su amigo y ambos se enfrascaron nuevamente en las modificaciones a las disposiciones que Hajime finalmente había terminado y que habían motivado que Javier fuera nuevamente transferido a Londres. Hiragizawa había dejado muy en claro que el proyecto era un trabajo que habían desarrollado él y el diplomático sudamericano y en vista de ello la ONU había solicitado al gobierno de Javier que les cediera al prometedor abogado por una amplia temporada. Al no haber visto a su amigo por meses, Javier lanzó una mirada de soslayo al rostro de Hajime al saber que éste no notaba su escrutinio en ese instante. Y lo que vio no le gustó. Efectivamente, sobre la frente de Hiragizawa había ya un pliegue muy marcado que indicaba continuas tormentas sobre su ánimo y Javier, que conocía y apreciaba al joven, se sintió muy triste y también un poco culpable.

Quizá debió haber tenido el valor para decirle la verdad, antes que se casara con Regina. Decirle que la aparente adorable y bellísima rubia era una mujer llena de prejuicios, estrecha de mente, mezquina y egoísta, pero la verdad... no se había atrevido. Los meses que Hiragizawa la había cortejado había visto tal alegría en los siempre serios ojos negros del joven, que él y su esposa habían esperado que Regina cambiara al casarse. Javier le llevaba a Hajime bastantes años y veía al joven casi como un hermano, pero ahora que había vuelto a Inglaterra el hispano se sentía más apesadumbrado por su amigo. Luego de algunos meses de matrimonio –y ausencia de Javier y su esposa de Londres- habían encontrado al alto y apuesto japonés más hermético que nunca para hablar sobre su relación con la rubia..

- “¿Como está Regina? Yvette fue a visitarla hace algunos días y no la encontró... creo que estaba redecorando la nueva propiedad campestre en Bath que has comprado”

Los ojos negros de Hajime miraron agudamente el rostro de Javier.

- “Claro” –dijo simplemente- “en Bath”

Los ojos pardos del sudamericano leyeron pese a la casi pétrea faz del japonés que no le creía, y lo lamentó. Pero no le dijo nada. Le llevaba a Hajime casi 15 años de edad y no ignoraba que su educación oriental y tradicional le impedía mostrar abiertamente sus emociones o pedir ayuda. Peor aún, atreverse a pedir un consejo a un amigo pero ambos sabían bien con sólo mirarse uno al otro que Regina no había estado “redecorando” la nueva propiedad en Bath, simplemente no había querido recibir a Yvette, no por ella misma, sino por ser “esposa de un simple diplomático de raza inferior” pero ni Javier iba a ofender a Hajime al darse por enterado, ni Hajime iba a ofender a su amigo o cubrirse de vergüenza pidiéndole perdón o admitiendo que su matrimonio iba directo al desastre.

Canción: Esa mujer
Intérprete: Julio Iglesias

“La mujer que yo quiero
me tiene loco
Me mata y me desata
sin compasión
Me quita su cariño
me lo arrebata
Mi vida desbarata y no le importa
lo que pase conmigo.

Ese amor, es amor del que mata
no tiene corazón
Ese amor, es amor del que mata
no tiene corazón.
Olvídalo...

Si, había pensado con el corazón y no con la cabeza –como siempre lo había hecho- y allí estaba el resultado. Un matrimonio que cada día se caía más a pedazos, una mujer a la que no entendía pese a todos sus esfuerzos y que tampoco hacía nada por compartir algo con él. Una chica hermosa, bella, déspota y arrogante que trataba a los miembros del servicio doméstico como si fuera una diosa en la tierra y a él le dolía. Le dolía porque le había dado todo lo que tenía, su amor, sus esperanzas, su casa, su vida, había hecho todo lo posible por hacer realidad sus sueños y el resultado era esa vida en común que cada día adquiría más ribetes de pesadilla..

Tenía ganas de gritar.. Pero callaba. Callaba aún ante si mismo, no podía ni quería admitir que se había equivocado, que se había enamorado y no había pensado en nada más que en la mujer que amaba, sin siquiera ver si ella realmente le amaba a él o a su dinero... y a estas alturas, la respuesta era más que obvia. Regina era tan falsa como una moneda de tres dólares y lo único que la hacía feliz eran las fiestas, el dinero, las propiedades y las joyas; le era imposible tener una charla con ella porque se comportaba como una niña egoísta y mimada hasta hacerle sentir siempre como el malvado de la historia pero ¿era realmente malo que él deseara que Regina tratara mejor a la servidumbre, recibiera por igual a personas que no eran inglesas o que tuvieran una relación que no sólo se basara en los momentos de alcoba?.

Empezaba a sentir asco de sí mismo. 

No era lo que él había deseado. Ni por asomo. Deseaba un hogar tranquilo, serio, una esposa cariñosa y dulce, que le apoyara y a quien él apoyar. Hijos, una vida tranquila...

Detuvo el auto frente a la casa y apretó los dientes.

¿Vida tranquila?.

El infierno era donde vivía.

La mujer que yo quiero
tiene dos caras,
la buena y la que es mala
Es luna y sol
Me encierra en su guarida
y no hay salida
No sabe de mis quejas,
no le interesa
Ni se va, ni me deja.

No había visto a Regina en varios días... a veces se iba de fiestas y no la veía, ya que él se iba a trabajar puntualmente. La primera vez que le había llamado la atención, ella había hecho mucha pataleta y luego le había ofrecido cambiar pero con el paso de los meses... nada cambiaba. Y Hajime sabía bien lo que en realidad pasaba con Regina en las fiestas..

- “Buenas... buenos días, Hiragizawa” –rió algo apenado Sir Andrew Birminghann- “eh.. Oh... adiós. Nos vemos”

El rubio aristócrata inglés se rió un poco entre dientes y allí se acabó la templanza de Hiragizawa, porque antes de lo que lo escribo el alto japonés había salido de su auto y había levantado al joven juerguista del cuello, apretándolo contra otro vehículo..

- “¡Fuera de aquí, repugnante inútil!, ¡largo!.. ¡Lárgate antes de que te mate a patadas!”

- “¿Te volviste loco oriental? ¿Qué diablos..?!”

- “Puedo no ser inglés, pero no soy estúpido, Birmingham” –siseó Hajime, con los ojos brillantes de rabia mientras sacaba la pistola que siempre llevaba al cinto como medida de seguridad y apuntaba con ella al aristócrata- “Te dije que te quiero fuera de mi propiedad en un minuto.... o te quedarás aquí para siempre.”

Ese amor, es amor del que mata
no tiene corazón

Ese amor, es amor del que mata
no tiene corazón.
Ay...Ese amor, es amor del que mata
no tiene corazón
Ese amor, es amor del que mata

no tiene corazón.
Olvídalo...”

Canción: Esa mujer
Intérprete: Julio Iglesias

El rubio saltó apurado sobre su vehículo y Hajime ingresó hecho una furia a su casa, sin pensar siquiera que era la primera vez que había empuñado un arma en sus manos, o en lo humillado, estúpido o avergonzado que se sentía. Todo tiene un límite, y estaba decidido a ponerle un alto a Regina y a su amante –porque no dudaba que algo se traían su antes dulce novia y ese tipejo que siempre la acompañaba a todos lados- de modo que subió por las escaleras casi corriendo y abrió la puerta de la habitación matrimonial de un golpe sordo.

- “Date un baño y trata de ponerte algo sobria. En dos horas tomaremos un avión rumbo a Tokyo” –decidió en ese instante- “Ya he postergado por demasiado tiempo la visita a mi tío, y ahora mismo nos vamos.”

- “¿Eh?”

- “Escucha Regina” –dijo mirándola con un dolor intenso en esos ojos negros- “no volverás a ver a Andrew Birmingham mientras yo siga siendo tu marido ¿lo oíste?, ¡No mientras yo siga siendo tu marido!!”

La rubia empezó a hipar y sollozar mientras el aroma a brandy rodeaba la habitación matrimonial con un horrible tufillo que a Hajime le revolvía el estómago.

- “¿Cómo puedes ofenderme así?, ¡Andrew es sólo muy amable! ¡No tendría que ir con él a fiestas si tu no estuvieras siempre metido en tu aburrido trabajo!”

- “¡Vas a fiestas todos los días! ¡Yo no puedo hacer lo  mismo, tengo responsabilidades y una carrera!”

- “¡Buaaaaaaaaaaaaaaa!, ¡y encima me reclamas que yo me divierta!!”

- “Vamos a salir a Tokyo en dos horas.. Así que más vale que estés lista porque de lo contrario pienso llevarte a rastras al avión” -la pataleta de Regina amenazaba con tomar proporciones épicas pero su esposo no cedió ni un milímetro, mas bien se enojó– “¡aunque vayas vomitando todo el camino!”

- “¡¡BUAAA!!!, ¡que vulgar eres!!”

Salió de la  habitación dando un portazo y se estrujó la cabeza con las manos antes de bajar a la biblioteca. Su criado, un joven inglés llamado Trevor, asomó tímidamente la cabeza mientras su joven señor tomaba un whisky tras otro..

- “¿Milord?”

- “Trevor, hazme el favor de hacer mi maleta y preparar algunas cartas. Las faxearemos desde el avión. Nos vamos a Tokyo en dos horas..”

- “Si señor” –dijo el chico con simpatía- “pero... si bebe ahora, se sentirá enfermo después señor”

- “Pues no veo diferencia. Ya me siento enfermo” –masculló.

- “Pero el señor no querrá que su familia se preocupe por Ud. ¿no es así?”

Hajime contuvo sus ganas de ahogar su rabia y desesperación en whisky. Si, su fiel criado tenía razón: Iba a volver a Tokyo y a intentar lo último para salvar su matrimonio y su amor por Regina.

Lo peor que podía hacer era embriagarse.

Pero, a diferencia de él, lo que Regina deseaba con toda su alma era estar ebria.

Seis meses más.

Un tiempo insoportable en un país que despreciaba, con gente a la que de sólo mirar le ocasionaba jaqueca y soportando costumbres que aborrecía y desdeñaba con toda su alma. Siempre había sabido que la única verdadera raza pura era la raza blanca pero jamás había esperado que Hajime iba a humillarla tanto trayéndola consigo hacia aquel país suyo, lleno de costumbres que ella, como mujer occidental, aristócrata y bella, despreciaba con todo su corazón.

Todavía recordaba cuando fué presentada al tío de su esposo. ¿Caminar detrás de Hajime? ¿Realmente esperaban que hiciera eso? ¿Inclinarse ante el Emperador? ¿Estaban locos, eran idiotas o que? ¡Ella era una mujer blanca, todos estos estúpidos orientales eran los que deberían estarse inclinando ante ella! pero no había sido lo único. Odiaba Japón con toda su alma. Su gusto por el arroz y el pescado, su idioma, su escritura... ¡los aborrecía! Y como los aborrecía, pues no tenía que rebajarse aprendiendo un idioma inferior. O sea, ella era inglesa y el inglés era el idioma mundial. Todos lo aprendían y aquella era una forma sutil de mostrar la superioridad de la raza blanca ante el mundo. ¿Aprender japonés?... ¡ja!, tanto le valía, como si le hubieran pedido que aprendiera español o croata.

Razas inferiores, gente inferior..

- “La gente inferior debe aprender lo de la gente superior, y no al revés” –se dijo.

Pero el problema es que no había esperado pasar tanto tiempo entre esta “gente inferior”. Y eso la estaba volviendo loca. Porque todo tenía un límite. Y ella estaba llegando al suyo. Su carácter, de por sí despótico cuando abandonaba su actuación de dulce jovencita, había alcanzado niveles verdaderamente alarmantes y en vista de que estaba aislada de todo evento social porque en la sociedad japonesa era impensable que alguna esposa de un miembro de la familia imperial fuera a una fiesta, había decidido ahogar su miseria e insatisfacción en la bebida, la ropa (hablaba por horas con diseñadores famosos pidiendo vestidos y otras prendas) y en vista que despreciaba a todos los parientes de su esposo y tampoco podía hablar japonés lo único que hacía todo el día era ojear revistas, hablar por teléfono por horas e insultar y hacer la vida miserable a todos los habitantes del palacio donde vivía.

Incluyendo a Hajime.

Lo odiaba más que nunca por traerla allí, por alejarla de sus amigos, sus eventos sociales, su vida en Inglaterra y su escarceo amoroso con Lord Andrew Birmingham. De nada le servía el dinero en aquel país horrible rodeada de gente inferior y todos los esfuerzos de Hajime por ser amable con ella le ponían frenética. Detestaba que le hablara de sus proyectos para una vida familiar que a ella le parecía disparatada, que le tuviera tanta paciencia al punto de llevarla muchas veces en brazos totalmente ebria y cubrirla cariñosamente con mantas y sus propios cálidos brazos. 

Deseaba que le reclamara, que le gritara..

Quizá si lo hacía, al fin le hiciera caso a lo que ella gritaba todo esos horrible meses..

¡Quería volver a Inglaterra!.

- “Un error en la vida, no es el fin de ésta. Siempre se puede poner fin a los errores, aprender de ellos e iniciar algo bueno”

- “Pero.... cuando es un error tan vergonzoso...” –decía Hiragizawa, sin atreverse a mirar a la cara su tío, el Emperador.

- “Lo peor de una caída no es la caída por sí misma. Sino quedarse en el piso, y no levantarse. No importa cuantas veces uno caiga o se equivoque, sino que se aprenda lo suficiente de eso, para levantarse y seguir adelante”

- “¿Usted... usted realmente cree que eso es posible?”

- “Hay cosas irremediables en la vida, como el nacer o morir, y cuando cosas como  estas se precipitan por errores, uno debe cargar con ello. He cargado con muchas muertes desde la Guerra Mundial.. Pero el error que has cometido, no es irremediable. Puedes aprender de ello y continuar con tu vida, haciéndola más rica en el futuro.. si es que verdaderamente lo deseas”

Las palabras de su tío habían estado en la cabeza de Hajime por esos últimos meses y aquella tarde decidió que debía tragarse su orgullo y admitir ante el mundo, lo que todos los que le conocían, sabían ya.

Su matrimonio era un fracaso. Aún no cumplían un año de casados... pero era un desastre.

- “¿Podemos hablar algunos minutos?” –pidió ingresando a la habitación de su esposa, mientras ésta charlaba animadamente por teléfono- “creo que finalmente hay algo que debemos decidir..”

Los ojos azules de Regina miraron el semblante serio de Hajime, pero se tranquilizó. No había forma que su esposo supiera que llevaba casi tres meses hablando con Lord Andrew por teléfono casi 5 horas diarias, aunque ahora que lo pensaba, de pronto deseaba que Hajime lo supiera. Y es que tenía ganas de hacerle daño. ¡Lástima que entre ella y Andrew hubiera un océano de distancia porque entonces hubieran hecho cosas mucho más provechosas que sólo hablar!.

- “Saludos a todos, cuídate muchísimo.. Te extraño” –dijo desafiante y mirando al hombre ante ella, antes de cortar la comunicación- “¿y bien?... ¿que quieres?  Espero que al fin hayas entrado en razón y volvamos a Londres. Se ha terminado el whisky y si crees que voy a beber sake estás absolutamente demente”

- “No vine a hablar de tus hábitos alcohólicos”

- “¿Ahora yo soy alcohólica?.. ¡Por favor!, ¡sabes bien que no lo soy!, pero ya no se cómo gritarte que estoy harta de este lugar, que me estoy muriendo aquí ¡pero a ti nada te importa!” –dijo irritada- “estás mandando tu carrera al demonio encerrándote en tu país todo por dar gusto al vejestorio imbécil que es tu tío..”

- “¡¡No hables así de mi tío!!”

- “Yo hablo como me da la gana” –replicó la mujer, con un brillo malicioso en los ojos azules al notar que lo había herido al expresarse así de su pariente- “pero si te has animado al fin a volver a Londres, estaremos mejor cariño mío.”

Hajime la miró de arriba a abajo mientras, al notar cierta decisión en él –y esperando que fuera la que ella deseaba- Regina se estiraba un poco en el lecho, antes de ponerse de pie.

Sabía bien que lo excitaba... y eso le divertía. Era el único placer que tenía en este país horrible y la llenaba de cierto regocijo saber que podía romper la férrea voluntad de su esposo con gestos mimosos y caricias. Muchísimas veces a lo largo de esos meses, Hajime había estado furioso o deprimido y había rechazado los favores de Regina, pero la hermosa mujer había aprendido a hacerle caer ante sus encantos y ciertamente disfrutaba de aquellas victorias en su orgullo herido, diciéndose a sí misma que era sólo cuestión de tiempo para que Hajime hiciera lo que a ella le daba la gana. Por eso mismo fue que se acercó a la alta y arrogante figura de su esposo y se empinó hasta buscar su boca con gesto mimoso... 

Esta vez tenía que conseguirlo..

Volvería a Londres, a las fiestas, a sus amigos y a Andrew.

- “Basta Regina. Te dije que vine a hablar de algo muy serio” –Hajime la apartó de si casi bruscamente- “y en parte, de lo que tanto te interesa.”

- “¡¡¿¿Volvemos a Londres??!!”

- “Algo así”

- “¿Cómo?”

El joven diplomático suspiró profundamente.

- “Regina, no pretendo ser elocuente, sólo realista. Luego de casi un año de difícil convivencia, es obvio que este matrimonio ha sido un error para ambos.”

La hermosa mujer palideció.

- “Sé que has sufrido mucho aquí, pero mi intención jamás fue hacerte daño alguno” –continuó Hajime- “en Londres me parecía que no llegábamos a ningún entendimiento y por eso tomé la desesperada decisión de venir a Japón para que te despejaras un poco de la vida social y quizá, sólo quizá, empezaras a entender lo que esperaba de esta boda”

- “¡Eres tú quien nunca me ha entendido!” –saltó frenética.

- “No pretendo negar mi culpa en este fracaso” –aceptó- “por eso es que he estado pensando que lo mejor que podemos hacer es ponerle un final decente a esto, Regina. Yo iniciaré los trámites de divorcio y tú volverás a Londres mañana y...”

- “¡Oh no, no, no puedes decir eso!”

- “¿Que dices?” –se sorprendió.

- “¡¡¿Cómo puedes hacerme eso?!!” –la rubia empezó a sollozar, presa del más profundo pánico- “¡¡tuvimos una boda espléndida en pleno Londres, con la asistencia de toda la flor y nata de mis amistades y ahora vas a convertirme en una mujer a quien señalarán con el dedo con el estigma de “divorciada”!!”

- “Regina, por favor. Sé razonable” –replicó Hajime, confundido por la reacción de la mujer- “Es más que obvio que nos es imposible vivir bajo el mismo techo, no nos toleramos y...”

La rubia sollozaba con toda su alma..

- “¡No dijiste eso la semana pasada cuando me tocaste!”

Hajime se ruborizó antes de lanzar un suspiro ahogado.

- “No podemos basar un matrimonio en eso, tú misma lo has dicho. La semana pasada te toqué, pero no podemos seguir así. ¿Acaso es todo lo que esperas? ¿La única forma en que nos comuniquemos?, Regina, se razonable por favor.”

La mujer amplió su llanto..

- “¡Claro, ya estás harto de mí y ahora planeas abandonarme convirtiéndome en una mujer divorciada y pobre!”

- “No, no vas a ser pobre” –dijo decidido- “si bien nuestra boda fue por bienes separados, lo menos que puedo hacer por ti es entregarte varias propiedades que te darán buenas ganancias. Eso es algo que va a estar muy claro en el acuerdo de divorcio”

Los ojos azules dejaron de llorar.. 

Regina tenía una gran facilidad para la actuación, no había duda.

Siempre se había sentido alarmada –desde el mismo instante de la boda, en que supo que por disposición del Emperador, su sobrino estaba obligado a casarse por bienes separados bajo pena de expulsión de la familia real- con la pobreza, pero de pronto todo le parecía maravillosamente claro. Libertad, dinero, no tener que volver a ver nunca el apuesto rostro de su serio esposo, al que pese a casi un año de convivencia, aún no podía perdonar que fuera un asqueroso oriental. 

¡Libertad y dinero!

A duras penas contuvo su sonrisa triunfal y sus ganas de saltar de gusto, pero Hajime, al notarlo, sintió una pena profunda por sí mismo.

¿Cómo pudo haber sido tan ciego?

Javier e Yvette se lo habían dicho..entre líneas, pero lo habían hecho. La propia Regina había sido si, una hábil actriz, pero él sabía que si hubiera usado su cabeza y no su corazón hubiera notado que no era su persona lo que atraía a la aristócrata venida a menos. Era su dinero. Quizás en el fondo siempre lo supo pero había algo estúpido, sentimental y patético en su deseo de darle el corazón a aquella mujer bellísima que era una estatua vacía. En su correcta y ordenada vida se había enamorado por primera y única vez y ni toda su inteligencia o astucia había logrado evitar que acabara haciendo el papel de un idiota enamorado, despreciado por su propia esposa.

- “Lo peor, es que no sé en que fallé” –se dijo a sí mismo, mientras releía el acuerdo de divorcio, al día siguiente- “luego de todo este tiempo, es inútil negar que Regina me desprecia, pero no entiendo que pude hacer para ocasionar eso. No podía haberla amado más de lo que lo hice.”

Había pensado incluso que quizá Regina seguía enamorada de aquel estúpido Lord Birminghann y que había sido aquel sentimiento lo que le impidió corresponder a su amor con algo análogo, pero la había querido tanto que con sólo algo de su afecto hubiera sido feliz... y saberlo le humillaba, pero pese a todo sentía un dolor sordo en el pecho y una profunda desesperación al pensar en romper sus lazos con la rubia, aunque sabía bien que era imposible continuar aquella tortura de matrimonio... 

No sabía a ciencia cierta porqué Regina le despreciaba pero si sabía que alargando esa situación sólo iba a ganar su odio y jamás podría reconstruir su vida.

Dolía, si. Aún la amaba. Pero iba a ponerle fin a esa situación usando al fin la cabeza. Su tío tenía razón. Ahogarse en su miseria sólo le ocasionaba más miseria porque no solucionaba nada. Su matrimonio terminaría, ella estaría bien y con el tiempo, aquel amor estúpido, patético y que tanta amargura le había causado moriría...sí. 

Así sería.

- “Hiragizawa-sama**” –la voz del Secretario de Relaciones Exteriores de su tío lo sacó de sus cavilaciones- “su Majestad ha dispuesto que se reintegre al cuerpo diplomático de la ONU a la brevedad posible..”

- “Extrañaremos su agudo consejo, Hiragizawa-sama” –comentó el Superintendente de Comercio, que también estaba allí- “pero su Majestad espera que visite más seguido su hogar...”

- “Si, todos lo esperamos...” –murmuró el Gobernador de Tokyo.

- “¡¡¡¡TE ODIO!!!!!!!!!!!!”

La puerta se abrió de pronto casi saltando de sus mismos goznes y ante la profunda perplejidad de todos los presentes, Regina ingresó tan furiosa como una épica valkiria wagneriana cruzando a toda prisa el despacho sólo para alzar su blanca y cuidada mano estrellándola furiosamente contra la cara del estupefacto Hajime, abofeteándolo con toda su fuerza, una y otra vez, hasta que el joven al fin reaccionó.

- “¡¡Basta, Regina, basta!!!” –Gritó sin poder contenerse, sintiendo aún el sabor de la sangre en la comisura de su boca, tratando de contenerla más por acto reflejo que otra cosa- “¡¡¿qué tienes?!”

- “¡TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO!, ¡NO SABES CUANTO TE ODIO!”

Las manos frenéticas de la mujer buscaron volver a golpear el rostro masculino pero rápido y de pronto muy consciente de las miradas azoradas de los plenipotenciarios de su tío, el joven apretó entre sus manos las frágiles de Regina y tiró de ella hasta sacarla casi a tropicones de la biblioteca...

- “¡TE ODIO, NO SABES CUANTO TE ODIO!” –gritaba aún la mujer con toda su fuerza, totalmente histérica entre sacudidas furiosas y arañándolo con todas sus ganas, mientras trataba de resistir al forcejeo de él- “¡deja de tocarme con tus sucias y repugnantes manos! ¡No quiero que me toques, me das náuseas!”

- “¡Y YO TE EXIJO QUE TE CALMES!” –gritó al fin, arrojándola sobre el lecho, después de haber tirado de ella desde la biblioteca hasta la habitación superior en medio de una histeria femenina que no entendía- “¿qué es lo que tienes? ¿Qué te has creído? ¡Esos hombres eran funcionarios del gobierno! ¿Cómo te has atrevido a...?!”

- “¡¿Yo?! ¡YO NO FUI LA DEL ATREVIMIENTO!” –los rojos y bellos labios de Regina destilaban rabia, pánico y una furia casi insana- “¡fuiste tú, tú, tú desde el principio quien se atrevió a mirarme, a pensar que podía amarte! ¡A TOCARME!.. ¡Tú, tú…Tú… ASQUEROSO Y REPUGNANTE ORIENTAL!”

Hajime abrió los ojos negros casi desmesuradamente..

Estaba totalmente lívido.

- “¡Te odio con toda mi alma! ¡Siempre te he despreciado! ¡DESDE EL MISMO MOMENTO EN QUE TE CONOCI! ¿Lo oyes? ¡Jamás he sentido nada por ti!” –gritaba la mujer entre lágrimas histéricas, mientras destrozaba con sus manos las sábanas caras- “¡NUNCA, NUNCA JAMÁS! ¡CUANDO ME TOCABAS A DURAS PENAS PODÍA CONTENER TODO EL ASCO QUE ME PROVOCABAS!” 

Hajime tragó aire con dificultad, de pronto se sentía total y terriblemente enfermo. No podía hablar y empezaba a sentirse mareado y acometido por una profunda náusea e incredulidad ya que de pronto descubría que la muchacha bella y vacía con la que se había casado y a la que amaba aún -pese a despreciarse por ello- no estaba vacía por dentro sino al contrario. Su voz y su mirada destilaban de pronto un veneno que estaba escupiendo con toda la fuerza de sus pulmones, entre lágrimas, gritos y miradas feroces... 

- “¡Pero no voy a darte el gusto, ¿lo oyes? ¡NO LO HARE, NO PIENSO HACERLO!” –Gritaba frenética y aún presa de una especie de paroxismo furioso- “¡Y  también estoy feliz de librarme de ti y antes muerta que traer al mundo a un mestizo de oriental! ¡NO LO QUIERO, NO LO QUIERO! ¡¡¡¡¡Y NO LO VOY A TENER!!!”

Uniendo la acción a la histeria la rubia se puso de pie con rapidez y corrió fuera de la habitación, mientras la mente y el cerebro del joven diplomático procesaban aún sus últimas palabras con lentitud...

Asco. 

Desprecio..

....

¡Un hijo!.

La palabra le golpeó como si fuera un bloque de ladrillo y sintiéndose aún mareado, se apretó las sienes con sus manos, confuso. Los segundos pasaban lentamente y su mente aturdida trataba de procesar todo lo que sabía, pero.. 

¿Estaba encinta? ¡¡¿Regina estaba embarazada?!!!.

Si, había salido esa mañana al médico alegando que la comida oriental la estaba matando pero que iba a pedir una medicina efectiva para poder llegar a Londres esa misma noche y comer algo “digno”

Entonces, lo que la tenía tan descompuesta no era la comida que odiaba, sino que estaba esperando un hijo.

¡Su hijo!. 

- “... ¡Antes muerta que traer al mundo a un mestizo de oriental! ¡NO LO QUIERO, NO LO QUIERO, Y NO LO VOY A TENER!”

Sintiéndose de pronto poseído por un indescriptible pánico corrió detrás de su esposa lo más rápido que le dieron sus piernas y a duras penas pudo retenerla de un brazo cuando la rubia se aprestaba a dejarse caer escaleras abajo. En cuestión de segundos marido y mujer se trabaron en una especie de lucha casi frente a las amplias escalinatas de la residencia; y no es que Hajime no pudiera tirar fácilmente de la frágil y exquisita figura de la rubia o de inmovilizarla sinó que ésta lo golpeaba con toda su fuerza en su intento de liberarse de sus zarpas y él tenía mucho miedo de lastimarla...

- “¡Detente!, ¡¿estás loca?!” –gritó aterrorizado, mientras ella le arañaba y se revolvía en sus manos como una gata- “¡Basta Regina, basta!”

- “¡Suéltame, suéltame! ¡No quiero tenerlo!, ¡NO QUIERO!” –sollozó la rubia con fuerza- “¿no entiendes lo que significa para mí esto? ¡Me estuve cuidando desde la misma noche de bodas porque jamás quise un estúpido mestizo de oriental! ¡Si he tolerado que me toques a duras penas, no podré soportar llevar en mis entrañas un mestizo! ¡No quiero tener un hijo contigo! ¡Nunca quise!” –las lágrimas no la dejaban hablar y Hajime la miró con lástima y desprecio- “yo no soy como tú.. ¡Yo soy una mujer blanca! ¡Mi raza es pura, perfecta, superior! ¿Sabes lo que tuve que sacrificarme cuando nos casamos? ¡Yo no debí haberme casado con un asiático, con alguien que no era inglés!” –la aturdida y espantada Regina se hizo un ovillo en el piso y entre lágrimas acabó de decir la verdad- “¿no lo entiendes?...  no soy como tú o tu amigo sudamericano: resultados de mezclas degradadas o hijos de una raza inferior a la mía ¡yo soy Regina Glaston, hija por mas de quince generaciones de aristócratas ingleses! ¡NO PUEDO TENER UN HIJO MESTIZO DE UN ORIENTAL QUE ME REPUGNA, QUE SIEMPRE ME HA REPUGNADO!”

Se derrumbó llorando en el piso y Hajime la miró desde su altura con el rostro totalmente pétreo. Cada palabra, cada frase.. De pronto todo lo que había vivido aquellos últimos meses con esa hermosa muchacha, tenía tanto sentido.

- “Milady se encuentra agotada” –le informó el médico algunas horas después, mirando con pesar el rostro hermético de su joven señor- “en este momento está sedada,  y duerme..”

- “¿Qué recomienda?”

- “Ante todo.. Que procure mantenerse tranquila. El embarazo parece ir sin ninguna complicación y pese a la profunda crisis en que la encontré al llegar, la criatura parece estar en muy buenas condiciones; no obstante y tomando en cuenta su situación, sería lo más óptimo que ella tuviera los cuidados apropiados. Sólo tiene dos meses..”

- “Muy bien doctor. Gracias”

- “Debería dormir un poco, joven señor. Su tío me pidió encarecidamente que le manifieste su preocupación por su salud... está usted muy pálido”

- “Estoy bien doctor. Sólo...” –dudó- “no, no le diga nada a mi tío, sólo que agradezco su interés. Le enviaré una carta por mi asistente en unos minutos. Estaré bien”

El anciano médico lanzó aun una mirada inquieta sobre la hermética faz del joven y se marchó sintiendo de pronto mucha tristeza. ¿Por qué el joven señor Hajime tenía que haber sido tan desafortunado? su esposa era una joven bellísima y encantadora, lástima que tuviera aquella personalidad tan inestable y no pareciera sentir ninguna simpatía por las costumbres japonesas. El no sabía mucho de la personalidad del sobrino favorito del Emperador, pero había algo en los ojos helados del joven Hiragizawa que le llenaba de tristeza..

- “Creí que eras alguien de palabra, pese a todo siempre creí que eras alguien que cumplía lo que ofrecía” –decía Regina con amargura, una semana después- “pero aun estoy aquí en Tokyo cuando tú habías ofrecido enviarme a Londres y el divorcio hace más de una semana...”

- “Creo que ambos somos conscientes que nuestras circunstancias no son las mismas que cuando te propuse el divorcio..”

Los ojos azules le miraron acusadoramente.

- “Es culpa tuya” –le espetó la muchacha- “me has tenido aquí narcotizada y en cama, en lugar de querer escuchar lo que haré. Pero no me importa lo que pienses” –añadió con lentitud pero decidida- “no-voy-a-tener-este-hijo y no podrás obligarme a tenerlo ¿lo oyes?, ¡no puedes obligarme!”

- “¿Ni siquiera te importa tu propia salud?, ¿tu seguridad?.. Pudiste haberte matado si no te hubiera detenido esa tarde. ¿Nunca lo pensaste?: el arrojarte por las escaleras podía efectivamente poner fin a tu embarazo pero también podías haberte roto el cuello con la caída...”

Regina palideció... 

No se le había ocurrido eso.

- “Yo... no...” –se estremeció de sólo imaginarse muerta y miró a su esposo con rencor- “¿porqué me dices eso? ¿Te agrada verme asustada? ¿Crees que porque no quiero morir voy a tener a este hijo?” –añadió con una sonrisita maliciosa- “¿por quien me tomas?. No soy la primera ni la única mujer en el mundo que puede ponerle fin a un embarazo no deseado y vivir muchos años después, sin arrepentirse. Sé bien que hay muchas formas seguras de no tener al bebé..” 

- “¿Seguras?.. para ti, supongo”

- “Exacto” –insistió burlona- “¡Ohvamos querido! ¿Por qué no eres sincero? Tú tampoco quieres a este bebé porque al igual que yo te mueres de ganas de poner fin a esta farsa ridícula que fue nuestro matrimonio, así que déjate de sentimentalismo vulgar, dame los papeles del divorcio y olvidemos todo. Cada segundo que paso teniendo un mestizo en mis entrañas me enferma..”

- “Estás hablando de MI hijo..”

- “¿Y si te dijera que no es tuyo?” –zumbó la mujer con una sonrisita burlona- “porque ¿qué te hace estar seguro de que eres el padre?”

Si Regina creyó romper la fría actitud de él con esas palabras se equivocó, porque su esposo asintió levemente..

- “Efectivamente, si estuviéramos en Londres habría albergado dudas si era yo el padre de esa criatura.. O Lord Birmingham” –la mujer le miró perpleja, pero él se mantuvo impertérrito- “Pero en vista que has estado en Japón todo este tiempo, pues no hay duda que soy el padre, ya que no has tenido ocasión de conocer a algún inglés. Y por si tuviera alguna duda, basta con ver como deseas deshacerte de él para dejar en claro que es mío”

Los ojos azules le miraron con expresión acusadora..

- “¡Pues no voy a tenerlo!” –Siseó Regina en voz baja- “¡No puedes obligarme a traer al mundo a un mestizo de oriental, a mezclar mi sangre con la tuya!”

- “Temo, que nos mezclamos bastante durante este fracaso de matrimonio” –dijo con voz helada- “y el bebé que esperas es prueba palpable de que no siempre te fui tan repugnante ¿no es así?”

La rubia palideció..

- “¡No es verdad!.. ¡Nunca, nunca disfruté las noches contigo! ¡Siempre me sentí asqueada después que me tocabas! ¡Siempre! ¡y fuiste tan estúpido que nunca lo notaste!”

Los ojos negros brillaron amenazadores y Regina sonrió. Si. Aún podía herirlo hasta que al fin la dejara deshacerse del bebé, entonces firmaría el divorcio, él le daría dinero y finalmente ¡sería libre!.

- “No estoy aquí para discutir que tanto disfrutaste o no de cumplir tus deberes de esposa” –insistió muy serio, mirándola con fijeza- “sólo vine a decirte que no vas a perder esa criatura Regina, ¿lo oyes?, no lo permitiré”

- “¿Porqué? ¡Tú tampoco lo quieres!”

Hajime no respondió y su rostro se mantuvo inexpresivo antes de caminar lentamente hacia la salida de los aposentos de su esposa..

- “Si te calmas un poco.. Podríamos llegar a un acuerdo” –dijo desde la puerta, tranquilísimo- “no me sería nada difícil que mañana mismo estuviéramos en Londres.. .Si empiezas a ser razonable..”

- “¡¡¡¿¿LONDRES???!!”

- “Si te calmas un poco... Sí, Londres” –dijo tranquilo, antes de mirarla fijamente de arriba abajo- “Pero nada de lanzarte escaleras abajo ni otra estupidez parecida o nada de histerias... entonces: Londres”

- “¡Oh, si, si!, ¡pero mañana quiero estar en Londres!”

- “Considéralo hecho entonces” –dijo, antes de cerrar la puerta.

Londres, Londres.. ¡Londres!. Regina no podía contener su gozo y ganas de volar cuando se encontró de regreso en la lujosa mansión que Hajime había comprado después que se casaron, en pleno corazón de la ciudad. El viaje había sido agotador y podía aun sentir los efectos del cambio de horario pero no le importaba nada descansar, había pasado las últimas tres horas apurando a las empleadas a que tuvieran toda su ropa lista y mientras sacaba los costosos vestidos y las joyas con las que su esposo la había obsequiado desde el mismo instante en que lo conoció, Regina se sintió feliz de volver a estar en casa...

Hasta que..

Por un instante su mirada azul voló hacia su vientre plano, donde sabía que se gestaba una nueva vida y se encogió de hombros con indiferencia.. Si, se sentía cansada y pesada por el viaje pero le quedaban escasos minutos para llegar a esa fiesta -¡que regreso tan oportuno!- y no tenía niinguna intención de descansar como una idiota, teniendo ocasión de divertirse..

- “Sería muchísima suerte que tuviera un percance... por una fiesta. ¡Bah!, ¡¡no voy a pensar en nada más que en divertirme!!” –Pensó indiferente, antes de calzarse los altísimos zapatos y salir a toda prisa, a donde la esperaba su chofer- “¡OH, esto si que es vida!, ¡vida verdadera y plena!, ¡vida!”

Las luces, la gente, la diversión y los chismes.. Regina estaba dispuesta a no perderse nada esa noche..

Nada.

- “Nada pasó Milord, pero corrimos con suerte. No es muy apropiado que una dama en su estado use tacones de 12 centímetros de alto***... pudo ser más serio que lastimarse un tobillo. Ciertamente fue una caída violenta pero el bebé es bastante fuerte porque no ha habido el menor problema pese al susto. Tampoco es recomendable que ella.. Bueno, no es malo una copa de brandy, pero milady no ha dejado de fumar ni de beber desde que le vendé el tobillo. Lo que ella tiene es una profunda depresión y si pasa mucho tiempo así puede ocasionar daños irreversibles en la salud y la vida del bebé que espera..”

Hajime asintió en silencio mientras algo en su interior se revolvía, maldiciéndose a sí mismo. Había estado tan cansado con toda la mudanza a Japón que había dormido al llegar y sólo despertó –sumamente inquieto- cuando su asistente le avisó que habían traído a Regina de una fiesta, donde había tenido un accidente..

Y había tenido pánico.

Por segunda vez en su vida –la primera fue cuando evitó que Regina se arrojara por las escaleras, cuando supo que iba a ser madre- se había sentido estúpido, impotente y sumamente aterrado.. ¿Cómo pudo cometer un error tan tonto?, ¿cómo pudo descuidarse así de Regina, estando en Londres? ¿Y si el bebé sufría las consecuencias de su ridículo cansancio?, ¡nunca, nunca jamás iba a perdonarse si algo le pasaba a su hijo!..

- “Quiero morir” –gemía la rubia débilmente en su lecho, ante la mirada de aquellos profundos ojos negros de él- “¿porqué no me dejas en paz? ¡Quiero morir!, ¡sólo quiero morir de una vez! ¿No entiendes que mi vida ha dejado de tener sentido?”

- “No entiendo como es que puedes decir eso, si al fin te di gusto y te traje a Londres...”

- “¡¿Y crees que eso es suficiente? ¡Mi vida ha terminado!” –dijo depresiva, mientras apuraba otro vaso de brandy y sacaba otro cigarrillo con gesto nervioso- “todo, todo en mi vida no vale la pena..”  

Hajime miró con aprensión la bebida y el cigarrillo... le estaba dando migraña de sólo mirarla beber y fumar sin la menor consideración hacia su accidente de hace algunas horas o lo que podía causarle todo aquello al bebé, pero no dijo nada porque ya su mujer estaba bastante irritable y era de vital importancia que se calmara. El bebé necesitaba que ella estuviera tranquila y Hajime estaba dispuesto a tragarse su rabia y frustración por la seguridad del hijo que Regina llevaba en sus entrañas...

Pese a que quería gritar hasta quedarse ronco.

- “Me parece insólito que digas que tu vida no vale la pena. Tienes todo lo que quieres e incluso no tuviste el menor remordimiento en irte a una fiesta cuando acabábamos de llegar ¿que es lo que te deprime ahora?”

- “Andrew se ha casado..” –murmuró la mujer, con los ojos brillantes de rabia- “¡ese estúpido se ha casado con Catherine Stanton y su gran herencia! ¿No lo entiendes?”

- “Ya veo. Lamento mucho que perdieras al hombre que amas, Regina”

La mujer le miró, con profunda sorpresa..

- “¿Cómo puedes ser tan ridículo?” –Murmuró sorprendida e incrédula- “¿creíste que estaba enamorada de Andrew?, ¡por favor, si es un egocéntrico vanidoso y patético! pero fue el miserable que se burló de mí ¡cuando mi familia había acordado que él y yo debíamos casarnos! Por supuesto que el muy estúpido me dejó porque yo no tenía dinero ¿entiendes? ¡Me dejó por eso!”

- “Supongo que te hirió profundamente”

- “Por supuesto que me hirió. ¡Nadie desprecia a Regina Glaston! ¿No lo entiendes?, ¡Oh, no sé porque me canso de decírtelo, tú no entiendes nada!.. Supongo que tu simple y proletaria mentecilla asiática no puede entender lo humillada que me sentí cuando fuí despreciada por un idiota... ¡y ese idiota se ha casado! ¿No entiendes acaso?, ¡ya no voy a poder darme el gusto de ilusionarlo con el dinero que vas a darme y después abandonarlo! ¡Ya no voy a poder humillarlo como él hizo conmigo!”

Hajime no parpadeó siquiera. Era como si sobre él sólo hubiera hielo. Veía ahora sin emoción alguna que Regina no era capaz ni siquiera de amar a aquel inglesito estúpido y disoluto pero “dinástica y racialmente perfecto” que era Birmingham y lo aceptaba sin sorpresa; ya no le sorprendía en lo más mínimo notar que Regina no amaba a nadie en el mundo más que a ella misma, su incomparable belleza y los halagos de la vida en sociedad. Era como si todas las piezas de un puzzle estuvieran finalmente en su sitio y en lugar de la imagen maravillosa de una diosa rubia de rostro angelical y labios rojos encontrara una risa vana, como las máscaras de la comedia griega..

Vacía, sin alma, sólo consciente de sí misma y nada más. Porque el único sentimiento que describía a Regina era vanidad... pura y dura.

Simplemente eso.

- “Y ahora, no sólo no puedo humillarlo desdeñándolo públicamente sinó que me encuentro atrapada con este mestizo tuyo en mi vientre..” –gimió con un dejo de pánico, ajena a los pensamientos de él- “¡oh, oh, oh!!.. ¡No quiero, no quiero!.. ¡Mi vida ha dejado de tener sentido!! ¡Es mejor morir!, ¡mejor morir  porque no lo soporto! ¡No lo soporto!”

Rompió en llanto desconsolado y Hajime se inquietó... todo ese llanto, ese brandy y esos cigarrillos iban a lastimar a su hijo si no hacía algo..

- “Si compro para ti aquellas joyas de la revolución francesa que se antojaron ¿podrías considerar a cambio, dejar de beber y fumar?” –Preguntó sin emoción- “con tu tobillo roto no estas en condiciones de ir de fiestas, pero es necesario que tengas un poco de moderación y...!”

- “¡Ohhh, como te odio!” –Gimió acongojada- “¡y no te canses, porque no pienso hacerlo ¿lo oyes?, ¡no pienso traer al mundo a este hijo tuyo, porque no lo quiero, no lo quiero!!”

- “Sé razonable Regina...”

- “¡Te odio!” –gritó, lanzándole la botella de brandy, furiosa y algo ebria- “¡ninguna joya del mundo puede comprar que yo tenga que tener un mestizo tuyo, que engorde, que mi cuerpo pierda su línea perfecta y me vea deforme y horrible! ¡Antes me mato!” –tomó un trozo roto de cristal y lo acercó a su vientre, mientras su esposo se ponía lívido de espanto- “¡no quiero tenerlo y  no me obligarás!”

Pero antes que la histérica mujer tuviera tiempo de hundirse aquel trozo de cristal en las entrañas Hajime avanzó hacia ella y tomó sus manos con las suyas, forcejeando con ella con fuerza y decisión, antes que la rubia hiciera una locura..

- “¡SI VAS A TENER A MI HIJO, ¿LO OYES?! ¡SI VAS A TENERLO!” –la zarandeó como si fuera una muñeca de trapo y sus ojos lanzaron rayos que dejaron a la mujer totalmente aterrorizada y pasmada- “¡TE GUSTE O NO, VAS A TRAER A MI HIJO A ESTE MUNDO, AUNQUE TENGA QUE MANTENERTE ENCERRADA EN MI PUÑO HASTA ENTONCES, LO OÍSTE? ¡¿LO OÍSTE?!”

- “¡Hajime, me estás lastimando!”

- “¡Me importa un rábano lo que tú quieras esta vez!” –siseó el diplomático con tal indignación y peligrosidad que Regina temió que la iba a matar allí mismo- “¡¡esa criatura va a nacer Regina, que te quede bien claro!!!. ¡Tú no me conoces, nunca me has conocido en verdad y no sabes lo que soy capaz de hacerte si sigues amenazando la vida de mi hijo!”

- “¡Olvidas que es mí hijo o hija! ¡Y puedo hacer lo que me dé la regalada gana y..!”

- “No, eres tú quien se olvida que tú puedes hacer lo que te dá la gana PORQUE YO LO QUIERO… Sólo por eso” –la voz de Hajime era fría y controlada pero la amenaza se podía palpar por el aire y la rubia de pronto sintió mucho miedo del extraño en que se había convertido el hombre complaciente y apasionado que ella había conocido- “pero no lo volverás a olvidar Regina, eso te lo garantizo. Mi hijo o hija va a nacer... de hecho, tú y yo vamos a ir en este mismo instante al campo donde no vas a ver a nadie y no vas a beber ni a hacer nada que ponga ni remotamente en riesgo a esa criatura..”

- “¡Pero yo no quiero!”

- “No es una pregunta ni una sugerencia.. es lo que vas a hacer” –dijo soltándola bruscamente sobre el lecho y mirándola de arriba a abajo, como si ella fuera una cosita minúscula- “para darte el gusto ocuparemos el castillo Leeds, aquel que tanto te gustó y que compré como regalo de bodas...”

- “¡No puedes disponer de ese castillo! ¡¡Es mío!!” –murmuró casi en un puchero nervioso enfrentando su mirada y temblando.

- “Error. Era mi obsequio de bodas, sí. Pero no era broma cuando te dije que pensaba educar allí a una familia” –se hubiera reído ante la propia ironía pero no creía que tuviera ganas de reír nunca más alguna vez- “la propiedad del castillo está destinada a nuestro primer descendiente, sea varón o mujer, así que ese castillo no es tuyo y si quieres conservarlo más te vale que la niña o niño nazca bien. Si, al menos será tuyo mientras la criatura no alcance la mayoría de edad. Ahora vístete y prepárate, porque pasaremos una larga temporada en el campo..”

La mujer le miró temblando.. De pronto tenía mucho miedo a la forma en que Hajime se dirigía a ella, el brillo decidido y despiadado de sus ojos, y aunque trató de pensar que como estaba encinta y podría manejarlo como quisiera, él estaba allí de pie, mirándola fija e inexpresivamente.

- “¿No vas a dejarme sola?”

- “No confío en ti. Desvístete y ponte esto” –buscó rápidamente un traje largo y holgado y se lo entregó- “y date prisa que no tenemos todo el día”

La mujer tembló por un instante pero pronto se le ocurrió una idea. Hajime jamás había podido resistir sus encantos y aunque no sentía nada por él estaba decidida a sacarlo de aquella helada inexpresividad que tanto miedo le provocaba, de modo que confiando aún en su figura se movió alrededor de su esposo tratando de provocarlo pero el resultado simplemente la alarmó. El estaba tan tranquilo y serio como si estuvieran hablando del clima. No huyó su mirada ni dejó de ver su hermosa figura aún no deformada por la maternidad pero tenía tanto interés en lo que veía como si fuera una estatua.

Y contemplando temerosa y aprehensiva aquel atractivo extraño en el que se había convertido Hajime, Regina vió pasar los meses encerrada en el Castillo Leeds, hundiéndose en la desesperación al notar como su cintura se anchaba, sus piernas se deformaban y sus senos perdían sus curvas túrgidas hasta convertirse en una cosa que ella definía como “una masa amorfa” lamentable; así que se encontró allí gimiente y depresiva, siempre vigilada por los ojos fríos de Hajime. Ya no lo despreciaba como antes, ahora le temía. Y no es que él fuera violento o hiriente sino que había algo de peligroso y amenazante en sus silencios, sus movimientos fluidos y su perfil gallardo recortado a contra luz mientras leía en silencio, toda la noche y ella dormía en el lecho. 

Porque no había dejado de vigilarla. La vigilaba día y noche, a cada instante y según los meses pasaban y Regina no encontraba forma alguna de provocarse la pérdida del bebé, se sentía más y más desesperada..

Y no es que hubieran cesado sus ataques histéricos. En aquellos meses interminables el castillo se había estremecido muchas veces ante sus gritos, maldiciones y feroces reclamaciones. Había gritado  hasta casi perder la voz lo mucho que lo despreciaba, lo mucho que le había asqueado su contacto, había insultado su hombría y se había mofado de su familia pero él se había mantenido serio y distante, sin inmutarse o defenderse. Por eso Regina le temía más a cada paso de los días, porque de pronto entendía que a él ya no le importaban sus palabras ni sus desplantes y porque según pasaron los meses no encontraba la manera de librarse del niño sin poner en riesgo su preciosa y propia vida y la desesperación por ver deformarse su propia belleza –esa, de la que estaba tan orgullosa- la hacían pensar más y más que nada podía ser peor que estar esperando un bebé.

- “¡No lo soporto, no lo soporto!” –sollozaba, histérica más allá de cualquier razón- “¡NO QUIERO TENERLO, PREFIERO MORIR, DEJAME MORIR!, ¡SOY UNA COSA HORRIBLE Y DEFORME Y QUIERO MORIR!!”

Las enfermeras se miraron entre sí totalmente asustadas, tratando infructuosamente de amarrar las muñecas de la futura madre, pero Regina las abofeteó con fuerza antes de empezar a golpear su abultado vientre con sus puños, con saña y desesperación..

- “¡Suficiente Regina!” –la voz de Hajime, fría e imperativa la sobresaltó por unos instantes antes que lo mirara desafiante y continuara golpeándose el vientre- “¡BASTA HE DICHO!”

Las manos de él se aferraron a las suyas y la mujer, a falta de algo con qué herirle, le escupió a la cara..

- “¡No voy a tenerlo!” –Gritó, histérica- “¡soy una cosa deforme y horrible pero no voy a darte el gusto teniendo a esta criatura!, ¡no lo tendré! ¡Prefiero morir antes que darte a ti ese gusto! ¡No voy a tener un mestizo de oriental ¿lo oyes?, ¿lo oyes?!”

- “Fuera de aquí, todos. Ahora” –bramó la voz profunda del dueño del castillo- “¡fuera!”

El personal médico salió de prisa pero Regina no cesó en sus lloriqueos, ¡estaba harta!, casi tenía 5 meses de embarazo y no podía más.. Odiaba su cuerpo, el bebé, sus malestares y por sobre todo, odiaba a Hajime. Odiaba verlo elegante, correcto, imperturbable y apuesto mientras ella sufría viendo su cuerpo deformado por la maternidad ¡y el bebé iba a ser mestizo! ¡Una inglesa de pura cepa como ella había mezclado su sangre con un oriental y ese hijo iba a ser prueba viviente de ello!

La sola idea le producía espanto y repulsión.

- “Regina, escúchame y no sigas con eso. ¡Te lo ordeno!” –dijo con imperio y la mujer se congeló- “sé que no quieres tener al bebé, y sé que me desprecias mucho... pero esto va a terminar pronto y creo que no has pensado que tienes el resto de tu vida por vivir.. ¿Se te ha ocurrido realmente que te pasará si pierdes al bebé?” –ojos negros y azules se enfrentaron- “¿sabes lo que yo te haría si mi hijo o hija llega a tener algún tipo de problema o no nace? .. Te convendría realmente morir si eso ocurre.”

- “Tú.. No... No.. ¡No serías capaz de..!”

- “Yo soy capaz de todo por mi hijo, Regina. De todo. Así que calla y escucha: llevo mucho pensando, pero no me ayudas si lo lastimas ¡y si le ocasionas algún tipo de daño te juro...!”

- “No quiero.. ¡NO QUIERO!.. ¡NO ME IMPORTA, NO QUIERO TENERLO!.. Y no lograrás evitar que lo golpee porque ¡ESTA DENTRO DE MI! ¡Y nada puedes hacer para evitarlo!”

- “Pueda ser. Pero estoy dispuesto a ofrecerte un acuerdo que te resultará ventajoso.. ¿No te detendrías siquiera a pensarlo?.. Unos meses más, me das lo que quiero y a cambio.. Tienes el resto de tu vida asegurada.. para siempre”

Los ojos azules le miraron con interés y Hajime se puso de pie, procurando disimular su nerviosismo. Había hablado con los doctores hace una semana, y estaba desesperado. El bebé era saludable –por eso se aferraba con fuerza a la vida, pese a toda la tensión que le había rodeado desde su concepción- pero los continuos intentos de Regina de sabotear su propio embarazo podían realmente perjudicarle de continuar así y siendo que los meses al parto se acercaban, los doctores demandaban que Regina pusiera algo de su parte.. Una mínima parte de conformidad con su estado porque era todo lo que el bebé necesitaba para nacer fuerte y sano. Y Hajime había estado meditando las largas noches en vela, una salida... 

Y al verla golpear su vientre frenéticamente esa tarde, supo que no tenía más opción que esa.

- “Dispondrás el resto de tu vida de fondos ilimitados para tus gastos, desde el momento que el bebé nazca VIVO Y SANO, hasta tu muerte. Todo lo que puedas desear, joyas, propiedades, viajes, todo.. Simplemente todo. Pero a condición que pongas un poco de tu parte y permitas que el bebé nazca bien, SANO y sin problemas”

- “...........”

- “¿No dices nada?. Es un buen acuerdo para ti. Un pacto bilateral. Tú me das lo que quiero y yo te doy lo que quieres: simple y claro. Sólo que tu me das lo que quiero AHORA, cuidándote y teniendo al bebé del mejor modo posible y yo me ocuparé de darte lo que quieres por el resto de tu vida”

- “¿Estás hablando en serio?”

- “Yo no sé hacer bromas Regina”

La rubia se encontró mirando esos ojos negros, grandes y brillantes en aquel rostro atractivo e impasible y por un instante, un instante... anheló volver a ver al hombre con el que se había casado. El joven serio, complaciente, caballeroso y apasionado con el que había compartido casi un año de matrimonio e intimidad, el hombre que la había amado profunda y sinceramente, el mismo cuyo amor y cariño había despreciado sin piedad alguna por un prejuicio racial que era más fuerte que ella, porque estaba muy arraigado en su mente mezquina y estrecha. El mismo hombre que anhelaba con rabia feroz contra sí misma diciéndose que lo único que sentía por él era lujuria y deseo..

El mismo hombre que la miraba, fija e inexpresivamente.. Tan lejano.

Le estaba ofreciendo el divorcio y dinero ilimitado... eso lo entendía, pero de pronto sintió rabia, rabia profunda de darle lo que él deseaba –el bebé- cuando ella iba a quedar con el estigma de “mujer divorciada” y él iba a estar libre, libre de ella, libre de poder volver a casarse con otra mujer..

Otra mujer.

La idea le dio rabia y su mezquino corazón habló por su boca, rápido y agudo. Sabía que jamás podría ser feliz con él porque nunca podría olvidar que él pertenecía a otra raza que no era la suya, una raza inferior y desdeñable, pero la sola idea que él pudiera amara a otra mujer como la había amado a ella la enloquecía hasta casi llegar al paroxismo. No lo admitiría ni aunque estuviera muriéndose pero gran parte de su rabia y frustración de aquellos meses habían sido verlo –tan arrogante, tan apuesto- hablando con las enfermeras, médicos mujeres, entre otras féminas cuando ella estaba deforme y horrible y lo odiaba con todas sus fuerzas porque anhelaba que la amara otra vez, pese a que sabía que no podría amarlo nunca como él esperaba y merecía.

No, no lo tendría nadie más. Ella no lo tendría, porque pese a su apostura seguía siendo un maldito oriental, pero si ella no lo tenía... él tampoco tendría a nadie más.

Eso podía jurarlo, como que se llamaba Regina.

- “No me conviene, porque cuando nos divorciemos y con el bebé ya nacido, tú podrás echarte para atrás y negarme lo que ahora me ofreces” –replicó, mezquina y rápida- “si realmente quieres al bebé pues no debe haber divorcio... tú puedes hacer lo que te venga en gana y yo también, pero seguiré siendo tu esposa, y podré, con justa razón gozar de las propiedades y el dinero que necesito y merezco..”

- “Creí que estabas ansiosa por el divorcio...”

- “No me importa el divorcio si no puedo tener mi vida asegurada... si me das dinero, este puede acabarse y después de liberarte de mí no me darás más”

- “Soy hombre de palabra y si te digo que te daré el dinero que quieras, lo haré..”

- “¡Y yo no quiero tener un hijo tuyo y puedo evitarlo! ¡Aún puedo evitarlo!” –rápida como el rayo, golpeó su vientre con violencia pero cuando iba a continuar con eso, la mano de su esposo la contuvo- “¿crees que no soy capaz acaso?” –le retó.

- “Tenemos un trato” –dijo él, resignándose a vivir en ese error llamado “matrimonio” que tenía con Regina por el resto de su vida, pero su hijo lo valía y no lo dudó ni por un segundo- “tenemos un trato. Tú te vas a cuidar y a ocupar que el bebé nazca sano y fuerte y yo no me divorciaré de ti jamás, te daré todo lo que necesites y tendrás la libertad de hacer con tu vida lo que se te acomode...”

- “Esta bien...” –aceptó, al fin.. Trémula- “al fin y al cabo son solo unos meses más.. Aunque serán los meses más largos de mi vida...”

- “Bien.. Redactaré el acuerdo con mucho cuidado, y tendrás todo el tiempo del mundo para que tus abogados lo revisen, antes de firmarlo...”

- “¿Firmarlo?”

- “Si. No quiero que te eches para atrás y estés muy consciente de lo que puede ocurrir si algo le pasa al bebé”

En un instante, Hajime se puso de pie y llamó al personal médico explicándoles que en adelante su esposa iba a estar “mucho más cooperativa” y que si tenían el menor problema con ella, se lo hicieran saber. Regina no acababa aún de creer lo que había pasado cuando la arrogante figura de él salió por la puerta sin volver la mirada atrás.

Unos meses.

Meses, sólo meses.

En el interior de su despacho, trasladado inusualmente al lado de la habitación de Regina en el castillo, Hajime se retorcía las manos con desesperación. Pese a los gruesos muros escuchaba todo porque tenía las puertas abiertas de par en par y aunque un observador casual hubiera creído que estaba trabajando tranquilamente, quien le observara con fijeza notaría que no había avanzado una sola línea de su texto hace mas de dos horas, que sus manos le sudaban y que estaba pendiente de los sonidos del exterior.

Marzo 23. Hace un par de horas que Regina había empezado la labor de parto y Hajime ponía todo de su parte en evitar saltar hacia la habitación de su mujer y ver nacer a su hijo. El se moría por estar allí, pero sabía bien que Regina se pondría histérica ante “su cursilería digna de la clase obrera” y no era conveniente que ella se exaltara, mucho menos en ese momento que nunca..

Los gritos, llantos, y el movimiento de los médicos continuaba y Hajime a duras penas podía controlar su impaciencia y su temor.. ¿y si todos sus esfuerzos habían sido inútiles? ¿si a consecuencia de las locuras de Regina el bebé nacía enfermo, débil o delicado?.. Bien, eso en realidad no le importaba, porque tenía allí a un auténtico ejercito de médicos para garantizar que la criatura recibiera la mejor atención pero…

¿Y si nacía muerto?

No, no quería pensar en eso. No podía pensarlo así..

Un grito agudo le hizo levantar la cabeza del papel que fingía escribir... y un llanto, un llanto fuerte le hizo lanzar un profundo suspiro de alivio y caminar con rapidez, pero sin correr, hacia la habitación de su esposa…

- “Es un varoncito” –anunció uno de los  médicos, muy contento- “un niño fuerte y sano, milord..”

- “Y terriblemente guapo” –rió la enfermera que traía al infante en brazos- “mírelo usted mismo Milord, va a ser un verdadero rompecorazones en muy poco tiempo..”

La mujer puso un diminuto infante entre los brazos torpes de Hajime y el diplomático se encontró de pronto profundamente conmovido con esta menuda personita de tez muy blanca y con la cabecita sombreada por pelusas negro-azuladas que berreaba con todas sus ganas en medio de la alegría de los doctores y la conmovida satisfacción de Hajime..

- “¿No quiere ver al niño, milady?” –dijo una enfermera, dirigiéndose a la extenuada rubia que aún gemía débilmente en el lecho- “¡es un niño tan guapo y lindo! ¡Tiene sus mismos ojos azules milady!”

Ojos azules.

Sí, ojos azules…

Encerrado en su despacho a altas horas de la noche, un mes después del nacimiento de su hijo Eriol, Hajime Hiragizawa sabía que una etapa de su vida se había terminado. El acuerdo estaba firmado y las cláusulas claras... pero Eriol estaba bien y él lo valía todo.  No hace muchas horas Regina le había preguntado porque se había encaprichado tanto con el niño, cuando si no lo hubiera tenido, le habría sido fácil divorciarse de ella y tener hijos con otra mujer si volvía a casarse.. Y sólo ahora, Hajime pensaba realmente en eso.

Podía ser absurdo pero jamás había dudado que quería a Eriol, ni por un instante siquiera. Desde el momento que supo que venía al mundo, pese a todo el fracaso de su relación con Regina, pese a toda la tortura y agotamiento físico y psicológico que había pasado los últimos meses... nunca había pasado por su mente descartar a su hijo para poder ponerle fin definitivo a aquel error garrafal  que había sido su enlace con la rubia y bellísima Regina Glaston. ¿Porqué?... Ahora se lo preguntaba. ¿Había acaso un deseo masoquista y enfermizo en mantenerla atada a él?. No, no era aquello. Examinando fríamente su corazón Hajime se encontró que todo el profundo amor que había sentido por la rubia estaba muerto y sepultado, más frío que cualquier mármol de algún cementerio británico, pero mientras su inteligencia y astucia se regodeaban en el terreno recuperado al corazón, el diplomático se asombró de haber sido capaz de enamorarse de esa manera.... tan total y ciegamente, sin medir consecuencias o cerrando los ojos a la realidad. 

No, podía decir ahora, tranquila y pacíficamente que no amaba ya a Regina. Aquel amor que tanto pesar, sufrimiento y humillación le había costado había muerto asesinado por la misma mujer que amó la misma tarde que supo que iba a ser padre, cuando Regina le escupió en la cara aquellas palabras, su desprecio, la verdad detrás de su unión: se había casado con él por dinero, simple y sencillamente, porque era una joven aristócrata hija de una familia venida a menos, se había casado con él por amor a las joyas, las propiedades y a la vida lujosa que él le había ofrecido tan estúpidamente sin ver que en los ojos azules de la muchacha sólo brillaba un profundo desprecio hacia él, por ser oriental...

En realidad, Regina despreciaba a todo quien no fuera inglés.. O aristócrata. Se decía de “raza aria” y sólo apreciaba las testas coronadas, la gente falsa y vacía del jet set y la vida social. ¿Cómo pudo ser tan ciego para amarla tanto y no ver que todo lo que él le inspiraba era desprecio pese a su hábil actuación?, ahora, era él quien la despreciaba, simple y llanamente, sin pasión o sentimentalismo, porque eso había muerto en él: Regina tenía una mente estrecha, mezquina, sórdida y llena de prejuicios ridículos pero ¡Oh, podía ser muy obtusa de mente, muy vana, pero era práctica y nadie mejor que él para saberlo! había controlado su asco por él casi un año... y Eriol era el resultado. Pensándolo bien, no le sorprendía que Regina no hubiera querido al niño cuando se supo encinta. Porque era suyo y eso bastaba para que la hermosa mujer se sintiera humillada, pero para él.. 

Las cosas habían sido diferentes.

Había aceptado antes de saber que iba a ser padre que su matrimonio era un error, un fracaso, un desastre en el que se había hundido por pura ceguera y arrogancia al no querer escuchar a gente como su único amigo, que le había suplicado menos prisa y más sentido común, pero Eriol era algo diferente. Regina era un error en su vida, el único, el más terrible y el que más le había herido al punto de llenar su corazón de hielo, pero si bien se había resignado –con la fría eficiencia y sentido práctico que le caracterizaba- a que su vida sentimental había acabado, su hijo.. Su hijo era diferente.

Regina había matado al hombre, pero no al padre. Y era el padre quien había estado en pie de lucha desde que supo que el niño iba a venir al mundo, era ese ápice de fé en que aún podía aferrarse a sentir el amor de su hijo lo que le había hecho pelear por el niño con todas sus fuerzas al punto de firmar aquel acuerdo con su esposa.. Un acuerdo que lo ataba a ella de por vida pero que le había salido barato porque había garantizado que Eriol no siguiera sufriendo las consecuencias de la loca desesperación de Regina al saberse madre de un chico medio ingles y medio japonés... y no se arrepentía. No se creía capaz de casarse con alguien aún si fuera libre –la sola idea de volver a poner sus sentimientos al descubierto le parecía tan descabellada como si alguien le propusiera un suicidio- así que no le importaba nada seguir atado a la rubia durante el resto de su vida. 

Gracias al acuerdo, todo estaba claro: El se había comprometido a costear de por vida la vida de su esposa y sus caprichos sin importar el costo, y ella se había comprometido a traer al mundo a un hijo sano, fuerte y a darle una imagen de madre elegante, distinguida, pero nada reprochable. Ambos iban a seguir con sus vidas cada quien por su lado y estaban en libertad de hacer lo que quisieran, pero siempre de forma discreta y nada pública.

Hajime no deseaba que Eriol tuviera alguna vez que lamentar verse envuelto en un escándalo por las vidas privadas de sus padres y como tal, las cláusulas eran claras: ambos iban a vivir por su lado y con quienes quisieran pero debían ser PROFUNDAMENTE discretos..

Si Regina incumplía esa cláusula perdería automáticamente la propiedad de las mansiones en Montecarlo que tanto le gustaban y que Hajime ya había puesto a su nombre, con aquella cláusula en reserva. Por su parte, también pensaba ser discreto. Y no es que estuviera interesado en tener algo con alguien, era sólo necesidades biológicas y punto. 

Nada más.

Un matrimonio de apariencias, bien avenido, elegante, distinguido y muy típico de la alta sociedad. Al pensar en ello, no pudo evitar un gesto de desdén. El, que siempre había despreciado tanto aquel mundillo social se encontraba con que el resto de su vida iba a ser una continua farsa, un escaparate. Una mentira. En fin, no importaba. Eriol lo valía, sin duda alguna.

El llanto del bebé lo sacó de sus pensamientos y se puso de pie sin vacilación. La niñera debía haberse quedado dormida de nuevo y el pequeño era puntual como un reloj. Siempre se despertaba cuatro veces en la noche, a las mismas horas y siempre con buen apetito; tenía ya un mes de vida y Hajime conocía bien sus hábitos así que se dirigió a la habitación de su hijo con rapidez y con la experiencia que le habían dado los últimos treinta días tomó al bebé entre sus brazos y lo meció suavemente, mientras avanzaba a despertar a la niñera.

- “Te ves patético, ridículo.. Como cualquier burgués cargando a un bebé” –zumbó la voz elegante de Regina, socarrona- “¿para que crees que existen las niñeras y los maestros? para que la gente como nosotros no tenga que perder el tiempo lidiando con los niños”

- “¿Que haces despierta? ¿Mañana no es tu nueva cirugía plástica?”

- “Se llama liposucción, y es una técnica nueva para recuperar la figura perdida..” –resopló fastidiada- “¿acaso te importa?”

- “No. Pero si no vas a darle el pecho a Eriol, mejor es que me dejes despertar a la niñera, porque el niño tiene hambre y necesita alimentarse bien.”

- “¡Yo no soy una vulgar vaca!” –siseó Regina, enfadada- “no voy a arruinar la curva perfecta de mi busto por darle de lactar cuando puede tener la mejor leche del mundo! ¿Sabes cuanto va a costarme recuperar la… Figura?” –se irritó, al recordar las molestias que le provocaba la leche materna que su cuerpo insistía en producir, pese a que ella no tenía la menor intención de darle de lactar al infante- “¡a ti todo te parece muy fácil porque no es tu cuerpo!”

- “Bien, dejaste clara tu postura. Ahora hazme el favor de no hacerme perder mi tiempo”

El dueño de Leeds se encogió de hombros y despertó a la niñera, quedándose al lado del bebé no sólo mientras éste se alimentaba sino hasta que volvió a dormirse y la rubia mujer con la que se había casado le miraba.. sorprendida. Le parecía horriblemente vulgar y “proletario” las manías que Hajime había adoptado con Eriol pero empezaba a notar que el niño era el único punto por el que su esposo le dirigía mas de dos palabras. Y tenía que pensar como sacar partido de ello. En unos meses más iban a volver a Londres –cuando terminaran de hacerle las cirugías y sus dietas y horas de gimnasio le hicieran recuperar su perfecta figura- pero pese a que el arreglo había sido totalmente satisfactorio para ambos –que tenían lo que querían- aún no sabía si realmente era posible llevarlo a la práctica. Pasar por una pareja con un cómodo matrimonio de conveniencia y con su hijo común... todavía la hacía sentirse nerviosa, pero había atisbado sobre la costosísima cuna del niño algunas veces ese mes y había notado, con profunda satisfacción que el niño era aparentemente un verdadero inglesito, con su tez tan pálida y sus ojos azules...

Sólo lamentaba que tuviera el cabello de Hajime, pero nada era perfecto en el mundo. 

Le costaba aún aceptar que tenía un hijo medio japonés de modo que había preferido no pensar en ello. No había remedio, ya estaba hecho. Al menos se había prometido que iba a poner todo de su parte para que el pequeño fuera educado de acuerdo a la estirpe inglesa que a ella le debía. Cuando dejara de ser aquel bebé llorón e insoportable, claro. 

Al fin y al cabo, para eso tenía servidumbre y el tiempo pasaba de prisa.

Si, pasaba de prisa.

Y Eriol no había necesitado mucho tiempo para conquistar Londres. En cuanto el nene puso un piececito sobre la ciudad se había convertido en la sensación de la alta sociedad y Regina descubrió con alegría que las fiestas infantiles –esas, donde ella y las otras madres hablaban de modas mientras las niñeras cuidaban de los niños en otra y muy lejana ala de la mansión de turno- eran realmente divertidas. Ahora tenía otro tipo de fiestas, diferentes y excitantes, llenas de chismes y moda a las que asistir y cada día se sentía más a gusto con el lindo niño que tenía por hijo; las diversiones sociales que le proporcionaba su nueva imagen de “madre moderna y elegante” le hacían feliz y cuando supo –Eriol tenía ya casi un año- que su ex-novio Andrew Birmingham había tenido una niña con su insípida esposa, no dejó de reírse ante la tonta comparación. Su hijo era un verdadero muñequito de escaparate, tierno, lindo, encantador... la niña de Andrew había nacido calva, fea y era llorona e insoportable.

¡Oh, que maravilloso era vivir y tener dinero!

¿Y Hajime?, ¡Oh, el no podía importarle menos!. Regina no se atrevía a tener todavía un amante porque aún y pese a todas las cirugías no se sentía confiada en su figura y era ese lado frío de su lecho lo que hacía que sus ojos miraran varias veces la arrogante figura de su esposo, deseando invitarlo a su alcoba. Por supuesto que luego de aquellas ideas se recordaba a sí misma que él seguía siendo un oriental inferior pero ciertamente no habían sido pocas las ocasiones en las que sus manos perfectamente manicuradas habían rozado a su esposo en la cena, mientras sus ojos le lanzaban una invitación sutil.

Pero nada. Hajime era tan frío e inexpresivo como una roca o el granito. Y eso le daba curiosidad y algo de enfado ¿tenía él ya una amante? ¿Realmente había dejado de atraerle en lo más mínimo?.. ¡No, eso era imposible!.. O sea, aún se sentía algo insegura sobre la tersura de su busto pero no le era difícil recordar al hombre gentil, apasionado y complaciente. Tan diferente de este hombre sereno y mayestático cuyo único interés en la vida además de su hijo, parecía ser su trabajo.

Pero los meses volaban... y el desdén de él la hacía sentirse humillada, por lo que redoblaba sus esfuerzos en alejar a Eriol de su padre, llevándolo consigo a cuanta fiesta podía encontrar, enseñándole casi desde que usaba pañales a moverse dentro del alto mundillo social porque era consciente que su esposo detestaba aquel círculo de amistades y esa tarde... cuando Andrew Birmingham y su esposa llevaron a la pequeña Alice a su casa, Regina no tuvo el menor empacho en insistirle al nene que era su propio hijo que llamara “papá” a Birmingham, ante la risa de la propia esposa del lord que no dejaba de murmurar complacida, que nada podía ser mejor que comprometer a ambos niños –Eriol y Alice- en matrimonio..

- “Bueno, ambos son hijos de la más pura aristocracia británica” –dijo Andrew, muy satisfecho de sus blasones y títulos ancestrales- “ya sabes que mi familia jamás ha mezclado su sangre con gente inferior y bueno... aunque Eriol sea hijo de Hiragizawa, ciertamente puedo olvidar eso porque es obvio que es tan inglés como su madre”

- “Bueno, yo creo que la alcurnia de Hajime es innegable y si Eriol y Alice se casaran en el futuro.. no sería extraño que le dijera “papá” a Andrew” –dijo la esposa del lord, que había admirado y en verdad aún admiraba al japonés pese a su irritación porque la rubia se lo quedara- “creo que ambos son perfectos el uno para el otro ¿no te parece Regina?”

- “No hay duda que Eriol es inglés, desde la punta de su cabello hasta sus pies” –rió la rubia, divertida- “suelo olvidar por semanas enteras que es hijo de Hajime. ¡No tiene absolutamente nada de él, salvo el color de cabello, creo yo! quizá cuando sea mayor le convenza de teñirse de rubio. Anda cariño: dile..” –insistió, pues llevaba casi un mes exigiendo a la niñera que enseñara al niño esa frasecita- “dile “hola Lord Birminghann.. .hola papá”

- “Hola Lood Bimingan... hola papá” –balbuceó el pequeño antes de volver sus ojos azules hacia la puerta, donde una alta figura había contemplado lo ocurrido, verdaderamente estupefacto- “¡papi!”

Regina tembló y Birmingham también... el sujeto no podía olvidar aún que Hajime alguna vez le había amenazado con una pistola.

- “¡Mi querido Hajime!” –saludó la esposa del lord- “¿cuando llegaste? ¡No te sentimos ingresar!”

- “Hace apenas un minuto. No quise interrumpir. Disculpen,.. Tengo que hacer..”

Los azules ojos de Regina y Eriol contemplaron la partida apresurada y la mujer tuvo miedo. La última vez que había visto ese brillo en esos ojos negros su esposo la había obligado a tener al niño, dejando en claro que era la voluntad de él lo que se hacía.. Y por eso se sentía asustada. Pese a sus frivolidades, sabía que Hiragizawa era un enemigo de temer y de pronto la gracia de hacer que su pequeño llamara “papá” a su ex-amante le parecía algo muy temerario de su parte..

¡Si su esposo le declaraba la guerra ella sabia que podía destruirla sin la menor piedad!. Lo único que tenía para protegerla era el niño... si, ser la madre de ese mismo niño que no había querido tener era a lo que pensaba apelar, si las cosas se ponían feas; por eso su sorpresa aquella noche, cuando –luego de haber pasado casi 4 horas encerrado en su despacho, solo- Hajime anunció que iba a aceptar la comisión para Suiza, donde su trabajo en la ONU le reclamaba. Hace dos meses ya que la había rechazado porque el clima allá no era nada óptimo para Eriol pero finalmente esa tarde había decidido que era mejor para el niño quedarse con Regina en Londres, mientras él trabajaba allá.

- “Así que ya empezó. A un mar de distancia uno del otro... ¡pero a mi no me importa!” –Se dijo, necia- “al fin entendió que no puede llevarse a Eriol con él y cuando se decida a volver, el niño será tan inglés, que con el tiempo va a despreciarle igual que yo misma. Si, si... debo poner todo mi empeño en eso... así será”

Esa noche Hiragizawa no durmió nada. Se la pasó en vela contemplando a su único hijo, sabiendo que pasaría mucho tiempo para volverle a ver porque no podía llevárselo consigo ya que su trabajo le dejaba escaso tiempo libre... y no dejaba de pensar en algo, también..

- “Hola Lood Bimingan, papá”  

- “Dejé que me hiriera por unas frases inocentes que Regina le había enseñado a decir” –se dijo a sí mismo, dejando por fin sus recuerdos atrás y volviendo a su presente- “fui cobarde, tuve miedo y sentí que su vocecita infantil también me despreciaba, cuando sólo era mi orgullo lo que me estaba lastimando. Pero los años pasaron y cuando volví a verle ya no era mi mismo niño.. .tenía ya aquella mirada astuta y aguda que indicaba que sabía mucho más de lo que decía, aunque yo sentía que él se burlaba de mí. ¿Cómo iba a imaginar que era porque sus recuerdos como reencarnación de aquel antepasado de Regina habían despertado en él? ..”  

El antiguo embajador sacudió un poco su cabeza, tratando de espantar aquellas ideas. Si, había sido cobardía pura lo que le hizo enterrarse vivo en su trabajo y contentarse con ver crecer a su hijo desde muy lejos. Cobardía y orgullo y miedo puro. Miedo, de ver la misma expresión de desprecio en los azules ojos de su hijo, así como los había visto en Regina, aquella vez.

- “Nunca di vuelta a la página. Nunca me acabé de reponer de ese error en mi vida que fue Regina porque aunque no siento nada por ella desde entonces,  de alguna manera extendí mis miedos a que Eriol también me decepcionara. Por eso jamás me permití ni le permití conocerme. Tuve miedo de sufrir el desprecio de mi hijo y eso no hubiera podido soportarlo. Preferí siempre mantenerme a distancia y saber cada día que era un joven dandi,  autosuficiente, encantador, viajero incansable y tan popular en la vida social sólo me sirvió para parapetarme más en mi trabajo y simplemente me acostumbré a vivir así: sin decirle siquiera que aunque éramos una familia muy disfuncional yo era su padre y lo amaba” –recordó de pronto- “Todavía recuerdo el susto atroz que me llevé cuando Trevor me informó que los terremotos de Tokyo le habían dejado en la clínica de Imonoyama y matado a Nakuru.. ¡Nakuru!” –recordó con simpatía- “En realidad no era real, y claro que no era mi sobrina pero ella era la única que siempre fue cálida conmigo antes de Yoko. Pero al final, dejé que todo siguiera igual que siempre: Regina por su lado y Eriol también por el suyo. No es una excusa, pero tampoco Eriol jamás dio vistas de necesitarme... hasta hoy”

Con un leve suspiro, el embajador se dijo que ya era tiempo de salir de sus temores del pasado. Eriol era ya un adulto pero le necesitaba y nada ni nadie iba a impedirle ayudarle y protegerle como lo hizo cuando sólo era un bebé, de modo que notando que ya eran más de las 9 de la mañana se dirigió a despertar a su hijo, al que encontró muy confundido pero al menos con mucho mejor aspecto.. 

- “Siento mucho.... todo lo que dije anoche” –murmuró el joven hechicero, mirando a su padre con algo de embarazo- “estaba realmente muy ebrio y me sentía miserable.Aún me siento así por todo lo que hice”

- “¿Y que piensas hacer sobre eso?”

- “¿Hacer?”

- “Si. Yoko va a pedirte el divorcio y lo sabes. ¿Qué vas a hacer?”

Ante la sola mención de la joven china los ojos azules de Eriol se llenaron de dolor. A su mente volvía la imagen de Yoko en esa cama de hospital llorando acongojadamente sobre el hombro de Tao, hecha pedazos por la forma en que él la había traicionado y por la muerte del bebé que esperaba...  

De sólo pensarlo sintió como si le estuvieran arrancando de cuajo las entrañas..

¡Había matado a su propio hijo! ¡Ella no tenía la culpa de nada, la culpa era suya y sólo suya! ¿Por qué, porqué había sido tan ciego, tan estúpido para caer en la trampa de aquella mujer? ¿Porqué no depuso su orgullo idiota para preguntarle a Yoko el porque de sus salidas sin dejar que los celos y la inseguridad le hicieran cometer el peor error de su vida? Se había comportado como un auténtico estúpido y había destruido la relación que tenía con la mujer que había amado, esa y en todas sus vidas.

¿Porqué? ¿Por qué? si amaba a Yoko más que a su vida ¿porqué es que no pensó? ¿Cómo fue tan ciego? ¿Por qué la había traicionado de esa forma?

- “Ya basta, chiquillo” –la mano de su padre tocó las pálidas manos de la reencarnación de Clow y Etienne Boisloire- “es suficiente. No importa cuanto te tortures o cuanto te culpes... ya esta hecho y por mucho que lo lamentes no puedes volver atrás. Ni siquiera con tu poder. Lo único que importa ahora, es pensar en lo que vas a hacer y cómo vas a recuperar a la niña que amas...”

- “Me pregunto si eso es verdaderamente posible”

- “¿No dices que la amas?” –le preguntó, con desafío.

- “¿Qué clase de pregunta es esa? ¡¡Amo a Yoko, daría mi vida por no haberle hecho daño, porque esto nunca hubiera pasado!!” –le espetó, con una fiereza idéntica a la que su progenitor esgrimía, mientras sus ojos brillaban como brasas- “¡pero tú no lo entiendes, nunca podrías entender!!... ella es MI vida, ahora, aún en todas mis vidas previas, siempre fue ella” –Hajime ahogó un gesto de sorpresa- “y ahora, que finalmente la tengo conmigo, que tenemos una hija... yo... Yo... ¡yo!”

Apretó sus puños que sus nudillos quedaron blancos mientras su rostro era la expresión de la impotencia y la desesperación mientras sentía que sus “yo” del pasado se revolvían en sus tumbas. ¡Que estúpido había sido!. Etienne Boisloire y Charlotte de Nápoles se habían amado y perdido tan pronto, que no tuvieron oportunidad de nada; Lead Clow y Kai Sung Sheng se amaron también pero jamás pudieron traspasar la barrera del dolor y la culpa que les dejó haber sido testigos de la muerte de Wu Fang Sheng, a manos del Druida Negro..

Pero esta vez, esta vez...

Esta vez habían luchado con uñas y dientes por estar juntos. Ella había salvado su vida en la torre de Tokyo y él no la dejó morir reteniéndola en las puertas mismas de la eternidad. Esta vez habían caminado juntos hacia el altar, la había tenido en sus brazos haciéndole el amor y ella había traído al mundo a su hija. Habían compartido amor, locura, pasión, arrebato, la dicha de saberse padres.. Las sonrisas y los juegos de Miriel, ella le había dado un hogar: él único que había tenido en aquella y en todas sus vidas...

¿Y que había hecho él?.

Se cubrió el rostro con las manos...

- “Cometiste un error. Eso ya está hecho” –insistió Hajime- “pero tienes que hacer algo. tú sabes que”

El joven asintió en silencio y el embajador anunció que debía desayunar, porque era la comida más importante del día. Ante esa expresión el hechicero sonrió.

- “Jamás desayunamos juntos... hasta que viniste a visitarnos a la Embajada” –dijo reflexivo- “y de hecho, no sabía que pudieras preparar café..”

- “Hice todo lo que esta en la cocina, y espero haber recordado bien como se hace. Bastantes problemas tuve toda la noche con la aspiradora.”

El joven inglés ahogó un gesto de sorpresa y sonrió un poco al imaginar a su padre con un electrodoméstico en las manos pero entonces Hajime anunció que iba a buscar el periódico recalcándole al de pronto animado joven que era su responsabilidad servir el desayuno y se perdió por el elevador mientras su hijo cavilaba al fin sobre las extrañas circunstancias que habían acabado con él y Hajime en el penthouse, hablando como si se conocieran de siempre, como si fueran amigos..

Repentinamente Eriol admitió deseaba saber verdaderamente quien era el hombre que le había dado la vida, en esta vida; y aceptó sin reparos que Yoko había tenido razón otra vez. Había entre él y Hajime cierto resentimiento de su parte que nunca quiso aceptar, pero siendo que la noche anterior se habían dicho al fin tantas cosas, Eriol experimentó de pronto un vivo deseo de conocer más de su padre, el hombre que se había casado con Regina por un matrimonio concertado para “unir lazos” entre Japón e Inglaterra...

Matrimonio arreglado, frío, correcto.. Y como que de pronto se le hacía difícil de creer.

Hajime Hiragizawa no era de ese tipo. Ahora lo sabía ¿por qué entonces..?

¡¡RINGGGGGGGGGGGGGGG!!

El teléfono del penthouse distrajo al joven de sus pensamientos y al contestarlo, una voz educada replicó con sorpresa..

- “¿Hajime se encuentra entonces allí, joven Eriol?, lamento molestar, pero estaba muy preocupado cuando partió de aquí a toda prisa.. ¡Ni en las mayores crisis mundiales le he visto amenazar a un piloto para llegar cuanto antes a su destino!.. Me quedé muy inquieto.” 

- “Señor Pérez.. Buen día” –saludó correctamente- “descuide, si, mi padre está bien” –una idea brilló en los ojos del hechicero- “en este momento no está, pero no demora. Ahora... nunca he tenido ocasión de preguntárselo pero... usted conoce a Hajime hace muchos años ¿no es así?”

- “¡Y tantos, chiquillo! ¡Mucho antes que tú vinieras siquiera a este mundo!”

- “¿Sería mucha indiscreción que satisficiera mi curiosidad en algo..?”

- “Si es algo que sé, con todo gusto muchacho”

El joven sonrió. ¿Por qué de pronto su padre y el mejor amigo de él le trataban como a un crío?, quizás si era cierto que para los padres y la gente mayor, uno nunca deja de ser un niño...

- “En realidad, Embajador Pérez... la duda que siempre he tenido es esta y lamento mi brusquedad pero.. ¿mis padres se casaron por conveniencia en un matrimonio arreglado, no es así?. Regina siempre lo comentaba cuando era niño”

Un leve silencio incómodo al otro lado de la línea fue la respuesta, pero..

- “¡Oh, bueno!” –dijo al fin el hispano- “por supuesto que no lo sabes.. Hajime nunca te lo dirá y tu madre tampoco pero.. me pregunto si serás capaz de creerme, porque si te digo algo será la absoluta verdad, y no tendrá que ver el hecho que Hajime sea mi amigo"

- "Sé de su reputación de hombre honesto señor Pérez, no por nada fue usted Secretario General de la ONU. Admito que jamás me interesó, pero hoy quiero saber, y verdaderamente creo que usted es el único que podría decirme las cosas. De pronto tengo mucha curiosidad por saber cosas... cosas, que nunca antes me había preguntado."

Hubo un silencio pensativo en la línea telefónica hasta que el sudamericano al fin replicó.

- “Bien. Pero mejor es que te sientes si estás de pie. Y lo que diga, puedes corroborarlo con Lady Catherine Birmingham... al menos la parte que a ella le toca” 

- “¿La madre de Alice Birmingham? ¿Mi conocida de Londres?”

- “Si el padre de esa dama, Lord Andrew, viviera aún, también corroboraría las cosas, aunque no era amigo de tu padre ni por asomo”

- “Nunca supe que Hajime hubiera tenido problemas con el difunto padre de Alice..”

- “Entonces es mejor que escuches de principio a fin sin interrumpir..” –se notó que el diplomático estaba tomando aire, como si quisiera ordenar sus recuerdos- “Pues bien.. Cuando tu padre tenía 25 años yo estaba destacado a Londres y mi difunta esposa anhelaba ir a una fiesta muy especial: la Gran Gala de Londres... pero allí iban sólo miembros de la realeza y gente importante con PREVIA invitación, así que convencimos a tu padre para que nos llevara con él pese a que no pensaba siquiera ir a esa fiesta, pero allí conoció a...”

Ignorante de la llamada y la charla que su hijo sostenía con su mejor amigo por teléfono, el Embajador Hiragizawa aprovechó recoger el periódico para realizar una llamada desde su teléfono personal de última generación. Había pensado toda la noche en realizarla y aún dudó por unos instantes, pero pensando en la felicidad de los que amaba, se decidió..

- “Buenos días, querida niña... te llamaba para..” –saludó sintiendo pesar por el nieto que la infortunada joven había perdido, pero recordó que se suponía que ni Eriol o él sabían nada- “para saludarte, porque estoy de regreso en Japón..”

- “¡Oh, no sabe el gusto que me da!... Miriel se sentirá feliz de saberle de vuelta y..” –la joven china ahogó un suspiro- “y me tranquiliza mucho saberle aquí. ¡No tiene idea de cuánto! Yo.... yo.. no sé como decirle, pero quizá sea bueno que procure charlar un poco con su hijo. Yo... yo...” –de pronto Yoko sentía que la voz se le quebraba y tenía ganas horribles de romper en llanto- “temo que... temo que no puedo darle buenas noticias. Y lo siento mucho por usted que ha sido tan bueno conmigo pero.... Eriol y yo nos estamos divorciando”

El embajador cerró los ojos, con pesar, en un gesto irreprimible. Pesar por su hijo, por Yoko, por Miriel y por sí mismo que se veía siendo testigo de cómo el hogar de Eriol se desplomaba..

- “¿Sigue allí?”

- “Si hija mía, sigo aquí. Y me apena profundamente lo que dices, pero supongo que debe haber una razón para ello...” 

- “Los motivos no importan y nadie tiene la culpa pero...” -Yoko se hundió en el silencio mientras procuraba limpiar las lágrimas de su rostro y Hajime sentía su corazón lleno de pena- “me preocupa mucho su hijo; yo sé que la situación entre Ud y él no es la que ambos deseamos pero creo que él le necesita Milord; es decir... puede que él no lo acepte, pero realmente le necesita mucho. Por favor, por favor, por favor.. Se lo suplico. Aunque él diga que no lo quiere cerca, no lo deje... Yo sé bien que usted le quiere muchísimo y le suplico que no lo deje solo, ahora menos que nunca”

- “Puedes contar con ello querida niña. Y no quiero ser indiscreto pero ¿estás segura que la situación debe llegar tan lejos?. Sólo te pido que pienses en esto: si lo amas y él te ama.. nada más importa"

- “¡¡¡Oh querido padre yo..!!!!” –se interrumpió abruptamente- “¡perdón!, ya no querrá que le llame así"

- "Querida niña, me siento honrado de que me llames así, ten la seguridad que no podría estar más orgulloso de ti si fueras hija de mi carne... pero piénsalo, por favor. Supongo que ustedes tienen motivos para pensar en algo tan serio, pero lo único que importa es que AMBOS se aman” –apretó los puños en un gesto que había heredado su hijo, antes de añadir- “Porque Eriol te ama, querida. Sean los problemas que tengan, él te ama más que a su vida y tu también a él. Lo he visto. Sé que no tengo derecho de decirles que hacer, pero recuerda que este viejo los quiere a los dos y sólo desea su felicidad y la de mi nieta.. Piénsalo por favor. Y no importa lo que pase... siempre me sentiré dichoso que me llames padre"

La muchacha se despidió controlando sus lágrimas pero apenas la comunicación se cerró, se dejó caer sobre las almohadas sollozando y culpándose una vez más por la pérdida del bebé pero en las afueras del lujoso edificio e intuyendo con tristeza la desolación en la que se hallaba sumida aquella joven mujer que quería como una hija, Hajime se juró a si mismo que iba a hacer todo lo posible para que Eriol no perdiera a la familia que había logrado; pensaba subir al penthouse en ese instante pero se retrasó aún más al recibir llamadas de Tao y Shaoran, a quienes tranquilizó con rapidez..

- “Si, joven Li. Le estoy profundamente agradecido, pero no se inquiete por Eriol. Creo que logré sacarlo de la crisis depresiva y la borrachera que tenía.. No, no. No voy a dejarle solo, tranquilo. El es fuerte, pero necesita aceptar varias cosas y no dejaré que se hunda de nuevo en la depresión. Ambos sabemos que se culpa por su terrible error aunque lo del bebé realmente lo ha destrozado... si, si, es muy duro para él y también para Yoko... No, no tema.. no me iré, me quedaré con mi hijo... Gracias por todo”

- “No, no tiene que agradecer Milord. Eriol es mi mejor amigo” –dijo Shaoran- “y le debo muchas cosas; es tranquilizador saber que tiene a su padre para ayudarle en este duro momento”

- “Gracias a ti, por avisarme, por darme la oportunidad de estar a su lado”

- “No tiene nada que agradecer Milord. Le llamaré después, para saber como está Eriol, y en cuanto pueda, iré a verles.. espero no molestar”

- “Desde luego que no. Gracias”

Apenas cortó la comunicación, otra llamada entró a su línea..

- “¡ABUE!, ¿cómo está Eriol?, ¿está bien, ya es él mismo de nuevo? ¡Dime, dime, dime, dime Abue! ¡Dime, dime, dime!.. osea, no es que yo no quiera caerle a patadas ¡porque ambos sabemos que se lo merece! ¡y eso que yo le dije bien claro cuando se casó con mi hermana que lo único que yo le exigía era que no la hiciera sufrir!.. pero ¡no, no! ¡él tenía que hacer su tremenda cochinada y ESTA ES LA CONSECUENCIA!!. Ahora, abue, ya te digo, no es que yo no olvide que tengo todo el derecho de caerle a palos por muy amigo mío que sea y pese a todo lo que yo le debo, pero ME DIO UN SUSTO HORRIBLE VERLE COMO LE VI!!” –Tao hablaba sin parar y Hiragizawa sintió que se mareaba a la vez que una venita pulsó en su frente, por la insistencia del chico de siempre llamarle confianzudamente “abue” desde que pasó esa temporada en Tomoeda. ¡Ni Miriel le llamaba “abue” sinó abuelo, como debe de ser!- “¡ahora resulta que él único cuerdo en esta familia soy yo, y eso no me gusta abue! ¿Tienes idea de lo asustado que estoy? ¡He tenido que echarle más mentiras a la enana que las que Eriol ha soltado en toda su vida y eso NO es poco! ¡Y estoy muy asustado por mi hermana! ¡Ella está muy mal, no deja de llorar y los médicos dicen que tiene una terrible depresión, que eso puede realmente enfermarla! ¡Y YO NO QUIERO QUE NADA LE PASE A MI ADORADA HERMANITAAAA!!”

- “Tranquilízate Tao....”

- “¡No, no, es que usted no la ha visto!” –la pausa que Tao se tomó para respirar no dejó a Hajime decir más- “ella está muy débil, no para de llorar ¡y ya me ha dicho que saque mis cosas de la embajada! ¡¡¡Que vamos a irnos a vivir a otro lado, que no va a seguir allí!!! ¿Tiene idea de lo que eso significa?.. ¡abue, no puedo evitarlo pero tengo mucho miedo que mi hermana se muera! ¡Sería horrible, espantoso! ¡¡No quiero, no quiero que mi hermana se ponga peor y muera de una depresión profundaaaa!!”

- “Nadie muere de pena Tao” –le interrumpió.

- “¡¡¡¡Mi hermana sí!!!” –el chico no le dejó decir más- “Bueno, Shaoran me dijo que ya lo sabe, así que sepa que Kai Sung sí murió de pena ¡y esa fue la encarnación previa de mi hermana!” –Hiragizawa ya tenía dolor de cabeza ante la charla y la histeria bien intencionada, pero histeria de Tao al fin y al cabo- “¿y pregunta porque se dejó morir entonces? ¡Porque estaba peleada con Lead Clow! ¡La encarnación previa de Eriol! ¡¡¡¿Te das cuenta lo que puede pasar abue?!!!”

- “Nadie muere de pena. Shaoran Li me dijo que Kai Sung se suicidó”

- “¡AHHHHHH!, ¡ni siquiera lo mencioneee!. ¡¡¡Se suicidó porque estaba MUY deprimida!!!”

- “Cuida de tu hermana y mi nieta, en cuanto pueda yo iré a verles” –ordenó rápido- “y no le digas esto que me has dicho a Eriol.. ¡Aún no!”

- “Bueno...” –suspiró Tao, tomando aire- “pese a todo.. Es bueno saber que estás con nosotros en esto, abue.. ¡bye!” –cortó, sin darle tiempo a decir más.

Notando que le había tomado mucho más tiempo de lo esperado –Tao había hablado como un auténtico periquito parlante, sin detenerse y Hiragizawa apenas si pudo decir un par de cosas en medio de la charla unilateral del adolescente- se dio prisa en subir al penthouse pero grande fue su confusión e inquietud cuando notó el semblante marmóreo de Eriol, que se despedía de por teléfono en el mismo momento en que él ingresó a su habitación.

- “Le estoy muy agradecido.. Es bueno saber la verdad de las cosas, finalmente. Adiós”

Los ojos negros de Hajime se alarmaron al notar la peculiar expresión en la faz de su hijo.. ¿Con quien había estado hablando? ¿La mujer que le había metido en problemas? ¿El pequeño Tao le había llamado, pese a que le pidió que no lo hiciera, informándole sobre la debilidad de Yoko? ¿Qué podían haberle dicho por teléfono que le notaba tan, pero tan .. ¿Avergonzado?..

- “Anda.. ¿Todavía no has comido?” –añadió, tratando de sonar como si nada pasara y Eriol no se viera tan... pálido- “Muchacho, necesitas comer. Llevas días en esa depresión y aunque tengas muy buena cabeza y resistencia para el whisky eso no va a salir tan fácil de tu sistema. El periódico puede esperar y lo leerás más tarde, come primero.."

Aquellos ojos azules, intensos y siempre tan llenos de misterios miraron fijamente a Hajime y el diplomático se asustó, temiendo lo peor. De modo que se adelantó unos pasos hasta tomar a su hijo por los hombros, preguntándole, sin disimular su angustia..

- "¿Que sucedió? ¿Estás bien? ¡Que tienes?!" 

Ojos azules y negros se miraron fijamente por un segundo largo... hasta que el aristócrata japonés quedó mudo de la sorpresa cuando su hijo le abrazó con fuerza..

- “Lo siento” –susurró Eriol, casi avergonzado- “he sido un estúpido, arrogante, vanidoso y necio. He perdido a Yoko por mi propia necedad y he sido tan injusto contigo toda mi vida."

El embajador quedó atónito y mudo. 

- “No sabía... nunca quise saber nada. Te condené sin oírte y fui tan arrogante que ni siquiera podía aceptar que estaba resentido contigo, ¡Mi maldita arrogancia me ha hecho cometer tantos errores!..” 

- “¡Calma, calma, chiquillo, cálmate!" –replicó Hajime, cuando al fin recuperó la voz, porque estaba conmovido- "el pasado no importa y no has perdido a la chica que amas y a tu hija. ¡No voy a dejar que los pierdas!, ¿lo oyes? En cuanto a mí, soy tu padre y nada de lo que hagas puede cambiar eso; yo mismo he sido también muy injusto contigo dejándote solo toda tu vida"

Los ojos negros del diplomático contemplaron al joven con profundo afecto y Eriol no pudo sino sonreír un poco ante la forma como le trataba desde que se apareció en el penthouse, el día anterior.

- “Ya estoy bastante grande para ser llamado "Chiquillo" ¿no lo crees?”

- “¿En serio?. Bien, supongo que si, pero normalmente luces como recién salido de una gala o de algún evento. Siempre tan elegante y tranquilo”

- “Herencia paterna, supongo” –replicó ligeramente el hechicero, con una leve sonrisa - “Porque he visto a Regina al despertar y sé bien lo que les toma a sus ayudantes dejarla como la ven todos”

Ambos sonrieron.

- “Si, temo que al igual que yo, sientes que despiertas con el traje y la corbata puestas” –el embajador se encogió de hombros- “anda, vamos a desayunar.” 

Los ojos azules miraron por fin el desayuno, los huevos revueltos, té, café, tocino  -ya fríos-  jugos de frutas y tostadas, pensando maravillado que de pronto descubría que Hajime podía cocinar. Era insólito que en un momento como ése pudiera encontrar apoyo en la persona que siempre había considerado solo como padre “biológico”; pero ahora sabía cosas... cosas que debió preguntar, que debió querer saber... y de pronto muchas situaciones en su vida como Eriol Hiragizawa –no como la reencarnación de Clow, no como hechicero, sino como persona- tenían sentido. No, no eran excusa, pero ahora entendía que había prejuzgado con mucha dureza –aún sin aceptarlo- a la persona que estaba frente a él.

- “Está visto que para los padres uno nunca crece” –murmuró con una leve sonrisa y pensativamente- “Me pregunto si seré así con Miriel cuando ella tenga 15 o 30”

- “Yo ya estoy viejo, pero hijo... tu tienes el don de Regina. Cuando me casé con ella creía que tenía 18 años porque lucía así pero en realidad tenía 26, un año más que yo” –añadió- “además, tienes apenas unos años más a la edad que yo tenía, cuando tu viniste al mundo y no es de sorprender. Tú y Yoko se casaron siendo casi unos niños”

Eriol miró a su padre. ¿Viejo?.. Hajime no debía mirarse mucho al espejo, porque a duras penas aparentaba más de 45 años..

- “Tenía 20 años cuando me casé” –dijo tan sólo.

- “¿Y te parece que eran muchos?, ¡no lo creo!” –recordó Hiragizawa, padre- “no son ni 10 años desde entonces y yo estaba muy preocupado cuando lo contaste, tan tranquilamente..”

- “Pues no lo parecía” –se sorprendió Eriol.

- “Oh, bien. No me gusta que la gente sepa lo que pienso” –replicó el diplomático y Eriol quedó sorprendido ¿realmente ese rasgo suyo era.. Herencia de Hajime?- “no es actuación, en realidad creo que es algo de arrogancia, pero siempre he sentido que es de muy mal gusto que la gente pueda leer lo que realmente pienso, como si mi rostro fuera un libro abierto. Además, que es muy poco útil en mi trabajo. A veces hay que usar algunos subterfugios, urdir cosas que no se ven muy bien, pero que no son lo que parecen.”

- “¿Engañar?”

Hajime suspiró.

- “Admito que a veces he sido poco ortodoxo en mis métodos diplomáticos, pero siempre he hecho las cosas pensando en hacer bien y no por beneficio personal... aunque si: muchas veces he tenido que ser una cosa y aparentar lo contrario..Pero no es actuación, admito, nuevamente, que temo que es sólo autosuficiencia y siempre en pro de evitar guerras innecesarias.”

Eriol lanzó una carcajada y su interlocutor lo miró, profundamente sorprendido de tal hilaridad, sin comprender que su único hijo de pronto entendía que había más en común entre ellos de lo que jamás había supuesto. Por eso, cuando Hajime se aprestaba a servirle un segundo plato de huevos con jamón Eriol decidió que ya bastaba de tantas palabras no dichas..

- “¿Sabes quien llamó por teléfono?” –zumbó, con los ojos brillantes y ansioso de ver la reacción paterna- “Era tu amigo, el señor Pérez de Cuéllar****, a quien le pedí información sobre ciertos hechos que de pronto me dieron mucha curiosidad. ¿Y sabes que? me dijo cosas muy interesantes que jamás me ibas a decir tu mismo"

Hiragizawa palideció y miró a su hijo con inquietud.

- “Javier no tenía que decirte...”

- “Pero tú no lo planeabas decirme nada ¿verdad?.. ni aunque fuera lo único que pudiera hacer que yo te entendiera un poco”

El diplomático suspiró profundamente, y sus ojos negros se tiñeron de nostalgia y a la vez de lógica pura y dura.

- “Regina es tu madre, Eriol. Las circunstancias que rodearon tu nacimiento no quitan que ella te haya traído a este mundo y ni aún siendo tu padre tenía derecho yo a decir algo que pudiera motivar tu rechazo hacia la mujer que te dio la vida..” –añadió sonriendo tristemente- “y también tus dones como hechicero, porque definitivamente eso no viene de mí. Anoche yo también entendí cosas... y que era tu destino venir a este mundo por la línea de tu madre. Al fin y al cabo Regina es la última de los Glaston y fue un Glaston quien se casó con Elizabeth Clow, la única hermana y pariente que sobrevivió a Lead Clow por su lado inglés.. Tu previa encarnación. Aunque la familia había perdido la magia hace muchas generaciones es obvio para mí que debías nacer de Regina, inevitablemente. El que yo fuera tu padre fue sólo un mero accidente biológico”

Ante aquellas frases lapidarias Eriol frunció el ceño porque aquello era lo que él siempre había pensado, pero escucharlo decir por la boca de Hajime y sabiendo lo que él ahora sabía, le parecía algo atrozmente injusto..

- “¡No, no lo es!” –golpeó la mesa con ambos puños y su padre le miró sorprendido- “entiendo que es confuso para ti pero no es así. Las reencarnaciones no son las mismas personas que fueron porque no soy una copia de Lead Clow, o de Etienne Boisloire... soy yo mismo, Eriol Hiragizawa, una persona, un hombre con carácter y personalidad definida, con gustos y aficiones que no son copias de mis vidas pasadas sino que tienen que ver con quienes me dieron la vida, aquí, en esta encarnación. Por la línea de Regina pueden haberme venido los dones que poseo pero eso tampoco es inexorable, las reencarnaciones pueden ser muchas veces casuales. Reencarnar, puede ser como una ruleta rusa: un asunto de suerte, en cualquier lugar del mundo, o momento pero si acepto que es por la línea de Regina que tengo mis dones, pues por ti es que tengo todo lo demás, y no hablo de dinero, ¿lo entiendes, verdad?”

Hajime sonrió como si estuviera frente a un niño pequeño y revolvió el cabello negro azulado de su hijo en un gesto cariñoso que jamás había Eriol experimentado antes..

- “Si, es obvio que tienes mi arrogancia y mucho de mí” –sonrió- “pero eso no es del todo cierto. Los padres no somos dueños de los hijos.. Sólo podemos darles un punto de partida, un marco de referencia en este mundo, las decisiones. Buenas o malas, la responsabilidad y los buenos sentimientos no se heredan. Se desarrollan, de acuerdo a la sensibilidad de las personas, a su “yo” interno”

Eriol contempló melancólicamente su taza de té.

- “Me pregunto si educar a Miriel va a ser tan complicado...”

Hajime amplió su sonrisa pero bebió su café mañanero –porque era adicto al café luego de tantos años de trabajo en tensión- en silencio, hasta que de nuevo la voz de Eriol le hizo salir de sus propios pensamientos.

- “No tienes por qué seguir atado a ese acuerdo ¿sabes?”

- “¿Cuál acuerdo?”

- “Hablo en serio. No tienes que seguir atado a Regina por mí o por aquel trato que hiciste. Sé que es tarde para que yo haga algo por ti pero no es justo todo esto. Lo menos que mereces es ser libre al fin y divorciarte de ella..."

Ahora si que Hajime estaba totalmente estupefacto..

¡Javier realmente se lo había contado todo! ¡oh Eriol! ¡Su pobre muchacho! ¡¿Tenía tantos problemas y ahora empezaba a preocuparse por los suyos?!

- "Regina hará otra de sus pataletas.. pero ya no estás tú solo para aguantarla” –continuaba Eriol, mirando a su aturdido padre- “Me guste o no, es cierto que no dejaré de ser su hijo pero tú si que tienes derecho a dejar de llamarte su esposo, mucho más cuando ella nunca fue digna de ser tu esposa" 

Un leve silencio fue la única respuesta que el joven hechicero tuvo a continuación.

- “¿Acaso aún la amas?”  -preguntó suavemente.

- “No, eso murió. Hace demasiado tiempo atrás” –replicó el embajador, con veracidad- “es sólo.. ¿Divorciarme?.. No lo sé. Hace demasiados años que me resigné a cargar con Regina y no es mala en realidad, sólo que... nunca nos entendimos. Tal vez fue mi culpa, nunca lo sabré. Pero te prometo que voy a pensar en el divorcio... aunque sea sólo para ver la cara que pondrá cuando le diga que quiero divorciarme"

Al pensar en su propia y actual situación, Eriol entendió lo devastador que podía resultar ser herido por la persona amada y sintió mucha tristeza por el hombre ante él. 

No se lo merecía. Jamás había merecido todo lo que le pasó.

- “Te hirió mucho, ¿no es así?” 

- “Javier te lo dijo todo.. ¿Incluyendo el porqué?”

- “Si. Y es verdaderamente estúpido. Siempre he sabido que Regina no tiene muchas luces, pero que piense así es...”

- “¡Oh, no seas duro con ella!. Con el tiempo ella aprendió que los orientales y otras razas ajenas a la suya no éramos inferiores, al menos no los que tenemos abolengo y mucho dinero. Pero era tarde para nosotros dos. ¿Por qué crees que le agradó tanto tu amigo Nokoru Imonoyama o el joven Shaoran Li? es porque sabe que son gente importante, con dinero, bienes y noble cuna, pero en cuanto a las personas comunes, que no tienen tanta suerte, dinero... ”

- “Por eso detestó a Yoko en cuanto la conoció. Por eso siempre la trata despectivamente” –el joven se enfadó al recordar los desplantes que su madre siempre le había hecho a su esposa- “pero ¿cómo se atreve? ¡Como si Yoko hubiera sido una arribista descarada! ¡Se atrevió a decir muchas veces que Yoko era una cazafortunas cuando ella...!”

- “Eriol, es tu madre” –le cortó Hajime, secamente.

El aludido suspiró resignado, mientras el embajador continuaba. 

- "No debemos pensar en divorcios en este momento, porque lo único que importa es precisamente evitar que Yoko y tú lleguen a eso. Es lo único que debemos pensar como evitar"

El hechicero inglés recordó el dolor que había visto en los ojos grises de su esposa ante su traición, y la profunda desolación y culpa que experimentó cuando supo de la desventurada muerte del bebé que Yoko esperaba y hundió la cabeza entre sus manos.

Se sentía tan sucio, tan minúsculo, tan miserable...

- "Animo chiquillo, no te hundas de nuevo. Sabes que vas a tener que luchar con uñas y dientes para recuperar a Yoko pero si puedo ayudarte, lo haré. Soy tu padre al fin y al cabo"

- “¿Crees que pueda… Recuperarla?” –Estaba asombrado ante la tranquilidad de Hajime- “¿con todo el daño que le he hecho, con todo lo que?”

- “Yo sólo te pregunto si podrías vivir sin ella...”

- “¡No, no!, pero no merezco siquiera que ella me mire a la cara sin escupirme, ella...”

- “Ella te ama... pese a todo. Aún en su desgraciada condición física está verdaderamente angustiada por ti, por lo que mal que puedas sentirte...”

- “¡¡¿La has visto? ¿Sabe ella que yo sé de que perdió al..?!!”

- “No. Pero la llamé por teléfono hace un rato... y aún en su dolor, tú eres su principal motivo de angustia. Te conoce muy bien, y si bien no sabe que tú” –dudó un poco pero lo dijo- “estás enterado sobre su malogrado embarazo, sabe bien que el rompimiento entre ustedes te afectaría profundamente..aún cuando lo hayas ocasionado con un error como el que cometiste”

- “La traicioné ¿no lo entiendes? ¡¡La traicioné!!” –casi escupió las frases.

- “Pero no has dejado de amarla... ni ella a ti. Cometiste un error sí, pero no vas a hundirte en él sin querer encontrar más respuesta que la culpa” –puso una mano sobre el hombro del joven- “S ustedes se han buscado a través del tiempo y el paso de las reencarnaciones, no puedes dejar que nada destruya lo que ustedes han construido.  Nunca quise que tú cometieras errores por arrogancia, pero tú y Yoko tienen algo que yo nunca tuve: amor. Y si lo quieres, debes luchar por retenerlo”

Los ojos azules brillaron, al fin con verdadera esperanza. 

- “Tienes razón papá.. Tienes toda la razón. Gracias”

- “Soy sólo tu padre hijo mío, pero aquí estoy”

 

Continuará..

En el capítulo XVIII

"Sombras"

 

Vocabulario:

- “Castillo Leeds * ” : Castillo REAL que si existe en Inglaterra y que obviamente perteneció a la imaginaria familia de Regina sólo para efectos de este imaginario fic, (^_~) pero que si tiene verdaderamente, aspecto de castillo de cuento de hadas.. ¿lo vieron?, ¿verdad que si?.

- “Hiragizawa-sama** –la voz del Secretario de Relaciones Exteriores de su tío lo sacó de sus cavilaciones..” : Bien, el sufijo “-sama” es un honorífico de respeto de quien habla, hacia un superior en JAPONES. Nunca he usado los honoríficos en mis fics de Sakura, pero en esta ocasión lo hice para expresar claramente que los dignatarios del Emperador trataban a Hajime como “su señor” o superior honorífico.

- “No es muy apropiado que una dama en su estado use tacones de 12 centímetros de alto***” : Creo que eso, todos lo saben. Es peligroso andar en tacones tan altos cuando se está embarazada (creo que aún no estándolo, ¡no es seguro!) aunque no sé si saben que realmente SI existen zapatos de tacón alto para dama y de esa altura (las mujeres que los usan merecen mi profundo respeto, porque yo no podría aguantar ni cinco segundos con eso U__U) para quienes no estan familiarizados con la medida “centímetros” su equivalente es 30.48 pulgadas. Osea, zapatos con tacones de 30.48 pulgadas.

- “Era tu amigo, el señor Pérez de Cuéllar****” – ji, ji, ji les cuento que el personaje de Javier Pérez de Cuellar es REAL. Es una persona viva, que efectivamente ocupó el máximo cargo en la ONU y de hecho es el único peruano (paisanooo!!!) que ha llegado a un honor tan alto (¡orgullo del Perú! ¡viva!). Claro, pido disculpas si alguien se siente ofendido por la alusión a este digno señor y alego en mi defensa que existen las llamadas "licencias literarias" y no deseo ofender a nadie, al contrario, disculpas de nuevo por el atrevimiento al incluirlo como personaje, pero hace mucho tiempo que quería poner un “minitoquecito peruano” y lo último que deseaba era que fuera artificial o que la historia no fuera creíble. Por eso lo incluí de modo MUY sutil y solo ahora menciono el nombre completo. Gracias por su paciencia, y espero no ofender a nadie.

La canción de este omake es titulada "Esa mujer", es MUY antigua y del cantante español Julio Iglesias. Agradezco a mi amiga Crystal por sugerirla, porque yo pensaba dejar este omake sin cancion , ji, ji, ji. Las imágenes de los padres de Eriol las he tomado de la red de otros animes -haciendo modificaciones- porque tengo problemas con la pc -de hecho, mi laptop murió hace ya varias semanas Y_Y- pero realmente esa es la imagen que deseo que tengan de los padres de nuestro hechicero occidental favorito ^_^. 

Por ultimo y MUY IMPORTANTE: Las opiniones vertidas por el personaje de Regina, no son NI POR CASUALIDAD reflejo de lo que piensen los ingleses o europeos en general o mucho menos de lo que yo piense, pero están en acuerdo con la forma de pensar de quienes se conocen como “los cabezas rapadas” y la doctrina de la “superioridad aria” de los nazis. Personalmente como sudamericana, deploro y lamento que algunos piensen de esa forma porque creo que Dios nos hizo a todos iguales, sea del color que fuéramos y creo también que nadie debe sufrir discriminación alguna; respeto la opinión ajena como me gusta que respeten la mía pero es un hecho que el racismo se exprese cada vez más en ataques múltiples, xenofobia, instigación, muerte o asesinato a personas que están fuera de sus países en diversos lugares del mundo y que no tienen la culpa de ello, ni deseo de lastimar a nadie. Hay gente mala que huye de sus países a hacer maldades en otros pero no creo que unas manzanas podridas sean la excusa para desatar muertes y discriminar por xenofobia a todos los que están fuera de sus naciones de origen, como ha ocurrido y aún ocurre. Si piensan que hay incongruencia con lo que digo porque los personajes de anime –como los de CCS- ciertamente todos tienen tipo occidental por ser el estilo que se usa en Japón al dibujar anime, pueda ser incongruente pero creo que la discriminación siempre es incongruente, así todos fuéramos marcianos verdes de piel. Y quería expresarlo de alguna manera deseando desde este humilde y pequeño rincón de autora de fics que nadie muera este año por xenofobia o racismo de cualquier especie. Pido disculpas de nuevo si alguien se siente herido con estas palabras pero debo ser honrada conmigo misma y con mis lectores, porque uds merecen el mayor respeto. Gracias.

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