EL AMOR DE DIOS



El amor de Dios es desde el punto de vista Bíblico, es decir, en la forma o de la manera como
Dios enseñó al hombre lo que es el amor y como debemos amarlo.


1. EL AMOR DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.


En el Antiguo Testamento Dios educa a su pueblo y su amor lo manifestó cuando el iba comunicándose con los hombres. En el PENTATEUCO, específicamente en los libros de Éxodo y Deuteronomio, Dios manifiesta su amor al decirle a Moisés “Tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. (Deut. 6,5). “Grava en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos en casa, en el viaje y cuando te acuestes y te levantes”. “Grábalos en tus manos como señal y póntelos en la frente como tu distintivo…..” (Deut. 6,6-8 y 11,18-22).
“Este mandamiento no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance… está muy cerca de nosotros, está en nuestros labios y pensamiento, sólo hace falta ponerlo en práctica” (Deut. 30,11-14) y debemos poner toda nuestra voluntad para poder cumplirlo. Por amor, Dios escoge a Israel como su pueblo, por haber sido consagrado a Yavé su Dios y para cumplir el juramento hecho a sus padres. (Deut. 7,6-9; 9,5 y 10,15), les da la tierra de Canaán en herencia (Deut. 4,38; 6,10) y los hace hijos suyos (Deut. 32,5-6). Por su parte Israel guardará los dones de Dios si cumple y ama a Dios (Deut. 4,40; 6,11-16; 11,13-16) pero si Israel le falta a Dios, él le quitará prosperidad y tierra. (Deut. 4,16-20 y 28,15-69).
Los libros HISTÓRICOS nos habla que Dios es amor y fidelidad (2 Sam. 2,6). En Israel solamente los reyes eran considerados hijos de Dios (2 Sam. 7,14; Salmo 89,27-28). Dios por amor a David le entrega el reino de Israel y lo hace hijo suyo (2 Sam. 7,12-16) y mantiene sus descendientes (1 R. 8,25; 11,34). Dios por amor promete bendecir a David y como lo hace todo padre, corregirlo. (2 Sam. 7,14).
Los libros PROFÉTICOS también nos manifiestas que Dios es amor y fidelidad. En Os. 11,1 e Is. 1,2 se expresa que Dios los hace hijos suyos por amor pero que Dios siempre fiel convertirá a Israel después de castigarlo (Deut. 30,1-10) y entonces los amaré (Os. 14,5).
El amor a Dios es una actitud interior que vale más que el culto (Os. 6,6). El verdadero amor procede del conocimiento de Dios (Is. 1,3; Ger. 31,34), Amor y conocimiento de Dios serán frutos de la alianza interior del hombre y del Don de Dios (Ger. 31,33) y obra del Espíritu Santo (Ez. 36,26-28) y será la alianza de Dios con los humildes y pobres de espíritu (Sof. 3,12).
Los Profetas al tomar conciencia de la relación cada vez más estrecha que se establece con Dios comprenden el amor fuerte, (Ez. 3,8; Mi. 2,8) tierno (1 R. 19,4-8) y exigente (Ger. 15,10). También amor y fidelidad está expresado en el Salmo 89 “Dios es fiel, construye la historia y dirige nuestra vida conforme a sus promesas, que nunca fallan”.


2. EL AMOR DE DIOS EN EL NUEVO TESTAMENTO


En el Nuevo Testamento, en los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, Jesús expresa que el amor es fuerza que viene de Dios. En Dios el amor se identifica con la comunión entre si de las tres personas divinas.
Recordemos que Dios en el Antiguo Testamento se había dado a conocer a Moisés como el que existe y como misericordioso. En los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, Jesús relaciona estrechamente los dos mandamientos principales al decir: el mandamiento más importante es “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas”; pero hay otro muy parecido “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt. 22,37-39; Mr. 12,28-33; Lc. 10,25).
Al venir Jesús nos descubre el Amor único que el Padre tiene a su hijo (Jn. 3,35; 5,20; 17,24). Jesús a su vez corresponde al Amor del Padre con su entrega total (Mr. 1,35; Mt. 11,25) y una conformidad total a la voluntad del Padre (Heb. 10,57; Jn. 4,34; 6,38). En la transfiguración de Jesús, Dios dijo: “Este es mi hijo, el Amado, escúchenlo” (Mc. 9,7). Aquí se manifiesta el Amor del Padre al Hijo. Dios interviene como cuando Juan Bautizó a Jesús y se escuchó la voz de Dios del cielo que dijo: “Tú eres mi Hijo el Amado, mi Elegido” (Mc. 1,11). Éste es mi Hijo, el Amado; en él me complazco” (Mc. 3,17).
El Amor divino que Brota del corazón Jesús lo demuestra a sus Apóstoles (Jn. 5,8; 13,1; 15,9; 17,1; 18,8). A los marginados, (Mc. 1,40) a los pecadores (Lc. 7,36; 19,1), a sus enemigos (Lc. 23,33) y a todos los hombres (Mt. 11,28; Heb. 10,38). Jesús nos habla del amor al prójimo y en muchas partes de la Biblia los profetas Amós, Isaías, Geremías y Ezequiel, reafirman que no podemos agradar a Dios sin respetar al prójimo.
El amor al prójimo es la base de la moral cristiana y en la medida en que se trate de imitar el amor del Padre perfecto y misericordioso (Mt. 5,48; Lc. 6,36; Ef. 5,1 y 1 Jn. 4,11) será una respuesta al amor con que Dios nos amó primero (1 Jn. 3,16; 4,10-19). El amor cristiano es un amor sin límite, llevándonos a ser esclavos unos de otros (Gal. 5,13). El amor es para todos sin considerar las labores sociales (Mc 2,13; Lc. 10,29; 14,13; Gal. 3,28). El amor se demuestra con el perdón (Mt. 5, 43) y no se niega a los enemigos. El amor inspira un esfuerzo por comprender al otro, respetar sus ideas (Rom. 12,15-18; 14,1-10) y soportar sus limitaciones (1 Cor. 13,8-13). El amor, que acepta dar y recibir, construye la Iglesia (1 Cor. 8,1; Ef. 4,16) y nos lleva a la perfección (Fil. 1,9). El amor es fuerza que nos comunica el Espíritu Santo (Rom. 5,5) y se alimenta con la contemplación del amor sin límites de Jesús (Ef. 3,18; 2 Cor. 5,14). En su Pasión y Muerte, Jesús llega a la cumbre del amor. Amor al Padre, obedeciéndolo hasta la muerte en la cruz (Mt. 26,39; 27,46; Heb. 4,15) y dando todo por todos (Mc. 10,45; 14,24; 2 Cor. 5,14).


3. COMO DEBE SER EL AMOR DE DIOS


Recordemos que el Señor ama y cumple sus promesas con los que lo aman y cumplen sus mandamientos.
El amor de Dios: primer mandamiento para Israel (Deut. 6,1-30) seguirá siéndolo para los cristianos (Mc. 12,28).
Dios es el primer amado muy especialmente en la persona de su hijo. No hay auténtico amor del prójimo sin ese amor a Dios. Comprendamos que el Amor de Dios es eterno (Is. 62,1; 63,7).
Nosotros debemos amar a Jesús guardando sus palabras (Jn. 14,15-23) y renunciando a todo para seguirlo (Mc. 10,17-21; Lc. 14,25). Hagamos lo que Slomón dijo: “Ni en el cielo ni en la tierra hay un Dios como tú que cumple su promesa y muestra su amor con los que los sirven de corazón”.
Nuestro amor debe estar orientado a poner la confianza en Dios y no en las cosas materiales y debemos juntar tesoros y reservar en el cielo, pues donde está tu tesoro allí estará tu corazón (Mt. 6,24). Nosotros también debemos conocer a Jesús e imitar a Juan, que después de conocer a Cristo nos dice: “DIOS ES AMOR” (1 Jn. 4,8).


4. EL AMOR EN LA PRACTICA


Después de ver la teoría de lo que es el amor de Dios, ahora veamos en la práctica como es el amor de Dios.
¿Qué dijimos? ¿Tienes el amor a Dios?.
Felices aquellos... que dijeron Dios mío, porque ellos supieron comprender como Jesús soportó el dolor, por amor a nosotros, en la flagelación.
Felices aquellos... que cuando nace un miembro en la familia dicen te queremos, porque eres sangre de nuestro amor.
Felices aquellos... que dan un beso a los niños, porque ellos representan el Corazón del Amor de Dios.
Felices ustedes... que a través de la Consagración a los Corazones de Jesús y María sentirán el Amor de Dios.


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