LA CARIDAD FRATERNA...


Da al que te pidiera y al que te quiera pedir prestado no le
vuelvas las espaldas. Da de tus bienes, aún imponiéndote
algún sacrificio. Examina cómo cumples esta ley de
desinterés que impone Jesucristo, y sabe que el querer
vadirte de las súplicas del prójimo, es faltar a la caridad.
Nuestro Señor ordena el que lo socorramos,
pero no nos manda que examinemos si nos engaña.
No rechaces al que a ti acude. Ten en tu trato con los pobres el
espíritu de la ley de amor y condúcete con ellos como lo
habrías hecho con el mismo Jesucristo si hubiese venido a
reclamar tu liberalidad. Oculta tu limosna en el seno del
pobre. Que el necesitado tan sólo la conozca. Aparta el
pensamiento del bien que practicas. Cuando hayas dado a Dios
y al prójimo una parte del día, di por la noche :
Soy un siervo inútil.
Pero que tu limosna sea en oculto, y tu Padre que ve en lo
oculto te premiará. Considera que todo cuanto tienes de Él
lo has recibido. Que te haya dado poco o mucho, la bligación
de la limosna es formal para todos. No todos están en
posición de poder dar dinero, pero la limosna espiritual
todos pueden practicarla. Acompaña el don con un consejo,
una palabra compasiva, que levante el alma del desvalido y
le haga entender que deseas hacerle dos beneficios, uno al
alma y otro al cuerpo. En tus limosnas huye de los aplausos
de los hombres. Pide la gracia de no agradar más que a quien
ha de juzgar tus obras y la coronará con tanta mayor gloria
cuanta menos la hayamos deseado en este mundo.
El agua apaga el fuego, la limosna perdona los pecados.
Quien con favor responde prepara el porvenir,
el día de su caída encontrarás su apoyo.
Hijo no prives al pobre del sustento,
ni dejes en suspenso los ojos suplicantes.
No entristezcas al que tiene hambre,
no exasperes al hombre en su indigencia.
No te ensañes con el corazón exasperado
no hagas esperar la dádiva al mendigo.
No rechaces al suplicante atribulado,
ni apartes tu rostro del pobre.
No apartes del mendigo tus ojos,
ni des a nadie ocasión de maldecirte.
Pues si te maldice en la amargura de su alma,
su Hacedor escuchará su imprecación.
Hazte querer de la asamblea
ante un grande baja tu cabeza.
Inclina al pobre tus oídos,
responde a su saludo de paz con dulzura.
Arranca al oprimido de manos del opresor,
y a la hora de juzgar no seas pusilánime.
Sé para los huérfanos un padre,
haz con su madre lo que hizo su marido.
Y serás como un hijo del Altísimo;
él te amará más que tu madre.

Eclesiástico 4.


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