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. IV << GENERO LITERARIO DE LA "MISTICA CIUDAD DE DIOS" Para saber leer e interpretar debidamente una obra, es preciso tener en cuenta su género literario. Si esto es válido para cualquier clase de obras, mucho más lo será para las obras que están redactadas en un género literario que no es frecuente y que, además, se presta por su misma índole a interpretaciones y valoraciones diversas. Tal es el caso de la Mística Ciudad de Dios. Por eso, vamos a hacer unas indicaciones –siempre dentro del objetivo restringido que nos hemos fijado para esta introducción– que sirvan para determinar el género literario de la Mística Ciudad de Dios. Señalaremos su estructura literaria externa, sus características literarias internas de obra narrativa y "profética" y añadiremos unas observaciones sobre sus fuentes de información y su lenguaje. Estructura literaria externa. La Mística Ciudad de Dios se divide en tres Partes. La primera comprende desde la predestinación de María hasta la encarnación del Verbo; la segunda, desde la encarnación hasta la ascensión de Cristo; y la tercera, desde la ascensión hasta la coronación de María en los cielos. Cada una de estas tres Partes va precedida de una introducción propia; la introducción a la primera Parte es de hecho una introducción a toda la obra. En el capítulo final de la obra se añade, a modo de apéndice, una carta de la autora a sus religiosas del convento de Agreda. Las Partes están divididas en Libros: la primera Parte comprende dos Libros (I y II), la segunda, cuatro Libros (III, IV, V y VI), y la tercera, dos Libros (VII y VIII). La división en Libros tiene por objeto, según su propia autora, hacer más fácil y "manual" el manejo de una obra tan extensa. El autógrafo original, en efecto, cuidadosamente preparado por su autora, está distribuido y encuadernado en ocho volúmenes correspondientes a los ocho Libros. La división de Libros, aunque realizada por la razón práctica de comodidad de manejo, se atiene a un orden sistemático progresivo de distribución de materias, como puede apreciarse viendo el índice general. Cada Libro está distribuido en Capítulos que comienzan su numeración de nuevo en cada Libro. En cambio, cada párrafo o parágrafo, de los varios de que consta cada capítulo, lleva una numeración marginal que comienza en cada una de las Partes y continúa a través de los Capítulos y Libros que comprende la Parte. La numeración marginal corresponde, pues, a las Partes independientemente de los Libros. Solamente las introducciones a cada Parte tienen su numeración independiente y propia de cada una. Cada capítulo lleva ordinariamente, a partir del capítulo 16 de la primera Parte, uno o varios párrafos conclusivos que contienen lo que la autora llama, con estas o parecidas palabras, "doctrina que me dio la Reina del cielo". Todas estas divisiones, distribuciones y numeraciones están puestas por la misma autora, que ha cuidado al detalle de las mismas. Advirtamos de paso que hemos juzgado conveniente conservarlas del mismo modo en la presente edición, por respeto al original y por la facilidad que dan para el cotejo con otras ediciones más o menos fieles. Este es el cañamazo externo de la obra. Tratemos ahora de ver lo que constituye propiamente su género literario, comenzando por anotar unas observaciones sobre el título mismo de la obra. El título de la obra El título completo de la obra es desmesuradamente largo para el gusto actual; obedece, sin duda, al gusto y al estilo de la época en que escribe la autora; con todo, a nuestro parecer, determina con.mucha precisión el género literario de la obra. He aquí el título completo: "Mística Ciudad de Dios, Milagro de su omnipotencia y Abismo de la gracia.–Historia divina y Vida de la Virgen Madre de Dios, Reina y Señora nuestra, María santísima, Restauradora de la culpa de Eva y Medianera de la gracia.–Dictada y manifestada en estos últimos siglos por la misma Señora a su esclava Sor María de Jesús, Abadesa indigna de este convento de la Inmaculada Concepción de la villa de Agreda. Para nueva luz del mundo, alegría de la Iglesia católica y confianza de los mortales." Un breve análisis de este prolongado título nos descubre las características del género literario de la obra que se nos da bajo él. La obra será, como primera intención, una historia divina y vida de María santísima y no una exposición teológica. Es una narración y no un tratado ni una vulgarización de teología dogmática o espiritual. Esto, sin más, es ya un dato notable, que no hay que perder de vista si se quiere leer a Sor María en su género, aun cuando la autora haya sido calificada de "teóloga franciscana" y su nombre y sus afirmaciones hayan estado en los escritos y en las discusiones de los teólogos. Además, esta historia y vida es una historia divina, una historia de María vista a lo divino; no sólo, pues, en su dimensión biográfica humanasino también y sobre todo en su dimensión divina, o sea, en el plano de las intervenciones histórico–salvíficas de Dios y en el plano de la intimidad personal de María con Dios. No se encierra esta historia y vida en el marco espacio–temporal de una biografía, sino se abre al horizonte metahistórico de una personalidad y de una función que trascienden el espacio y el tiempo y se sitúan en el acontecer salvífico divino y en la vivencia personal y espiritual de María. Pues es la historia y vida de una mujer, excepcional en todos los sentidos, que constituye un caso único y singular y ejerce una función especialísima; es la historia de "la Virgen Madre de Dios, Reina y Señora nuestra, María santísima, Restauradora de la culpa de Eva y Medianera de la gracia", títulos que configuran la función y la personalidad de María. Lo que Sor María trata de relatar en esta historia y vida es el acontecer de la constitución y ejercicio de esta función única y especialísima y la respuesta y actitud espiritual en cada momento del ejercicio de esta función en esta mujer singular. Todo el contenido religioso, salvífico y espiritual que la teología descubre en María es biografiado y narrado por Sor María de Jesús. En este sentido, en la obra de Sor María hay mucha teología y mucha doctrina espiritual, sin que su obra sea no obstante ni un tratado teológico ni una exposición "ex professo" de doctrina espiritual. Precisamente lo original de la autora, su género literario propio, es narrar y no precisamente exponer todo el rico contenido teológico–espiritual contenido en María. Ahora bien, este "sujeto" de la historia divina Sor María lo concibe, ateniéndonos al título, como "mística ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia". Estas expresiones indican la experiencia fundamental de la autora y el enfoque personal de la obra; con ellas nos señala la autora cuál es su punto de vista, cómo ve y siente a María, cuál es el pasmo maravillado desde el cual ella contempla a María y traa de comunicárselo así a sus lectores. Estas expresiones son la síntesis del pensamiento de Sor María sobre la Virgen santísima y el hilo conductor que vibra en toda su narración. A través de toda la obra la autora tratará de hacer ver cómo María es la ciudad mística donde Dios habita, cómo ha sido objeto insuperable de la omnipotencia divina y cómo la maravillosa gracia de María no puede expresarse sino en términos abismales. Dando un paso más en este breve análisis del título, vemos que esta historia divina y vida de la que es "mística ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia" se presenta como "dictada y manifestada" por la misma Señora a la autora. Este es otro hito de su género literario. Sor María escribirá como quien comunica lo que ha entendido o conocido por una manifestación sobrenatural, sintiéndose como un vehículo que transmite unos "sacramentos" y doctrinas recibidas de lo alto y no unas reflexiones personales suyas. Esta manifestación recibida se caracteriza, ateniéndonos siempre al título, por el signo de lo escatológico, "en estos últimos siglos", y por el signo de lo carismático, "para nueva luz del mundo, alegría de la Iglesia católica y confianza de los mortales". La obra, pues, se matiza en su género literario por lo escatológico y por lo carismático, destinado a la ilustración y edificación piadosas. En suma, este breve análisis del título mismo de la obra nos descubre ya los rasgos esenciales del género literario de la obra: es una narración de contenido salvífico y espiritual, que se presenta bajo el prisma de un carisma profético. El análisis de la índole del contenido de la obra misma esclarece, como lo vamos a ver, los rasgos de su género literario, indicados ya en el título mismo. Género narrativo En efecto, todo el contenido de la obra se presenta en forma narrativa, como el relato de los episodios que constituyen la historia divina y vida de María. Las exposiciones doctrinales no narrativas son pocas y siempre esporádicas, accidentales y como preliminares o explicativas de lo narrado. La narración abarca toda la trayectoria que va desde que María es predestinada en la mente divina para ser Madre de Dios hasta que es asunta definitivamente al cielo, donde sigue intercediendo por nosotros. En esta perspectiva entra toda la historia humano–divina de María. Para elaborar esta narración Sor María ha hecho acopio de los datos que le proporcionan los evangelios y la Sagrada Escritura en general; las tradiciones históricas transmitidas en la Iglesia a través de la liturgia y del arte sagrado, más o menos influenciadas por los evangelios apócrifos; las reconstrucciones literarias de los misterios sagrados hechas por los autores de libros de piedad y meditación, y los datos proporcionados por el conocimiento de la teología, especialmente mariológica. De todos estos datos con los que Sor María teje su narración no da preferencia a los episodios externos, milagreros y maravillosistas, como puede pensar quien se deja impresionar por una lectura superficial de la obra, sino a los episodios internos, íntimos, si podemos expresarnos así. Su atención preferente se centra en los episodios que sirven para perfilar y captar en su profundidad las prerrogativas y la función de María en los planes salvíficos y en los que descubren la hondura de la vida espiritual de María. Así, se detendrá en describir por extenso los favores y dones especiales que le preparan espiritualmente para los acontecimientos más importantes de su vida; los poderes especiales que Dios le otorga por su condición de Madre de Dios, como, por ejemplo, el dominio sobre las criaturas irracionales; las gracias místicas que Dios concede a María, como visiones, arrobamientos, raptos, asunciones al cielo; los episodios de orden preternatural, como son las intervenciones de los demonios, sus luchas y conciliábulos, etc. Junto a todo esta, la experiencia espiritual de María, la vida íntima de su alma –historia divina también en este sentido– ocupa un lugar preferente. Con la particularidad de que Sor María relata los hechos íntimos, las vibraciones espirituales, como reproduciéndolos desde dentro de María, desde su propia vivencia espiritual. A lo largo de la obra son numerosísimos los párrafos puestos en boca de María y redactados en primera persona. La autora, alma experimentada en achaques místicos, interpreta y reconstruye los sentimientos de María en cada momento importante de su vida; la experiencia mística de la propia autora le sirve para hacer una proyección de sus propias experiencias a las que pudo tener María, haciendo una especie de transferencia que le permite reconstruir la historia íntima de María. Es éste, sin duda, uno de los aspectos más originales y más ricos de la obra. En este orden de episodios internos o íntimos se hallan principalmente los "sacramentos ocultos" que son desvelados o revelados a la autora: son privilegios espirituales, dones místicos, asunciones al cielo, poderes espirituales, etc. Los episodios externos, tales como los que gusta contar a los evangelios apócrifos, se dan también en la obra de Sor María, pero son como elandamiaje externo imprescindible y, a veces, casi sólo como una justificación y manifestación de la vida espiritual y de los dones internos de María. Por ejemplo, los poderes que Dios concede a María como Reina del universo se manifiestan en algunas actuaciones milagrosas externas. El relato de esta clase de episodios nunca obedece en Sor María a mera curiosidad histórica que trata de llenar lagunas, sino se basa en la necesidad de dar forma concreta e histórica al contenido teológico–espiritual de la vida de María. El maravillosismo de la obra es de origen sobre todo espiritual y no externo. En cuanto a esto último, tiene la autora cierta sobriedad, al menos según el gusto de la época en que ella escribe, que era maravillosista a ultranza. Y si se comparan las narraciones de la Mística Ciudad de Dios con las de algunos de los evangelios apócrifos, se ve también que la autora es más sobria en los episodios meramente externos. Para expresar el rico contenido espiritual del alma de María, la autora recurre en algunos casos, diríamos, a unos "midrashim" que le permiten dar forma histórico–narrativa a este contenido. Así se deben interpretar seguramente ciertos episodios, por ejemplo, de curaciones, que sirven para poner de manifiesto la caridad de la Virgen y sus poderes de Reina otro tanto habrá que decir, seguramente, de ciertas visiones y ascensiones al cielo que sirven a la autora para dar forma concreta y narrativa al contenido de algunos títulos marianos; son "episodios teológicos" más bien que históricos. En definitiva, utilizando un género literario narrativo Sor María nos describe a la que es "mística ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia". Género profético Toda esta narración de contenido histórico, salvífico, espiritual y místico, se encuadra a su vez y se presenta en un género literario profético. Tomamos el término "profético" en su sentido más general, como lo propio de quien habla en nombre de Dios y en su nombre instruye y exhorta. Sor María no escribe en nombre propio, sino en nombre de una voz celestial que le guía, o sea, proféticamente. Esta voz es de Dios, de María santísima o de los ángeles, especialmente de María. La autora escribe como quien transmite "lo que ha entendido" y "como lo ha entendido" en las "inteligencias" que Dios le da por sí mismo, por María o por los ángeles. Su obra es una historia y vida "dictada y manifestada" por la Señora. Desde la primera página hasta la última de la obra está patente y expresamente afirmada esta actitud de escribir impulsada por una luz sobrenatural. Toda la obra está escrita, pues, en el género literario profético. ¿Queremos decir con esto que todo el contenido profético de la obra es puro género literario? Por supuesto que no. Sor María escribe utilizando el género literario profético, pero no como un mero artificio literario, sino convencida de que transmite efectivamente lo que ha entendido con la luz divina. ¿Qué es lo que Sor María ha entendido con la luz divina? ¿Cabe distinguir lo que es fruto de la influencia divina y lo que es aportación de la autora? ¿Qué pretende decirnos Sor María cuando afirma que la obra le ha sido "dictada y manifestada"? He aquí el problema el; problema que consiste en descifrar el género literario profético en que escribe la autora. No pretendemos dar una respuesta exhaustiva a estos interrogantes, que, por su misma índole de vivencia íntima personal y de relación de interacción divino–humana, tienen algo de inefable. No buscamos descifrar un enigma de psicología mística. Vamos a hacer, más modestamente, unas observaciones sobre el género literario profético que utiliza la autora, basándonos en lo que ella misma afirma. Comencemos por transcribir el texto más significativo al respecto de la propia autora. Después de describir diversos estados místicos de grado superior o de grado inferior en que recibe las comunicaciones divinas, determina más en concreto cómo recibe la comunicación divina para escribir la obra. He aquí el texto: "En el otro estado más inferior del que he dicho, veo a la Virgen santísima en sí misma y a los ángeles; entiendo y conozco el modo de enseñarme y hablarme e ilustrarme, que es semejante y a la manera que los mismos ángeles se dan luz y comunican y hablan unos con otros y alumbran los superiores a los inferiores. El Señor da esta luz como primera causa, pero de aquella participada, que esta Reina goza con tanta plenitud, la comunica a la parte superior del alma, conociendo yo a Su Alteza y sus prerrogativas y sacramentos del modo que el ángel inferior conoce lo que le comunica el superior... Lo mismo me sucede con los santos príncipes; y así me lo ha mostrado muchas veces el Señor, que la comunicación e ilustración con mi interior es como la tienen ellos entre sí mismos. Y muchas veces me sucede que pasa la iluminación por todos estos arcaduces y conductos: que el Señor da la inteligencia y luz, o el objeto de ella, y la Virgen santísima la declara y los ángeles me dan los términos. Otras veces, y lo más ordinario, lo hace todo el Señor y me enseña la doctrina; otras lo hace la Reina dándolo ella todo y otras los ángeles. Y también suelen darme la inteligencia sola, y los términos para declararme los tomo yo de lo que tengo entendido; y en esto podría errar, si lo permitiese el Señor, porque soy mujer ignorante y me valgo de lo que he oído; y cuando tengo alguna dificultad en declarar las inteligencias, acudo a mi maestro y padre espiritual en las materias más arduas y difíciles. A la luz de este texto, y de otros que se podrían aducir, es evidente que la expresión "dictada y.manifestada", que aparece ya en el título, no significa siempre un dictado al pie de la letra que la autora va transcribiendo, como puede hacerlo una secretaria. Entenderlo así sería ir en contra de lo que la autora misma afirma expresamente: "También suelen darme la inteligencia sola, y los términos para declararme los tomo yo de lo que tengo entendido... y me valgo de lo que he oído". Al leer la obra se ve que esta dificultad, de no tener los términos precisos y apropiados y de andar buscándolos, es casi habitual, pues a lo largo de la misma se lamenta, casi en todos los capítulos, de que no halla los términos adecuados para expresar toda la grandeza y toda la hermosura de lo que ha entendido. Con esta observación, sin más, queda descartada la interpretación simplista del profetismo de Sor María como de un dictado. Aun en los casos en que "se le dan los términos" para declararse, se trata de un modo de enseñanza y de ilustración "que es semejante y a la manera que los mismos ángeles se dan luz y comunican y hablan unos con otros y alumbran los superiores a los inferiores". Esto lo repite hasta tres veces la autora en el texto transcrito. En otros lugares de la obra vuelve a hablar de esta manera de comunicarse los ángeles, de sus distintos modos y de la posibilidad de extender esta comunicación a algunas criaturas humanas Ahora bien, este modo de comunicarse los ángeles entre sí, de superior a inferior, que se hace extensivo a ella, "no parece se ha de entender, según el contexto, de conversaciones sensibles, con pronunciación de palabras determinadas, sino de una iluminación que sugiere los vocablos adecuados... y siempre se ve obligada el alma a realizar esa traducción del lenguaje angélico al de las palabras humanas. Se trata de una comunicación espiritual que ha de materializarse en términos humanos. Aun en estos casos, de una iluminación muy clara en que "se le dan dos términos", difícilmente puede hablarse de un dictado que se transcribe. En las experiencias místicas el alma se encuentra siempre en el halo de lo misterioso y lo inefable; es fenómeno común en las almas con experiencias místicas que aun aquello que ven y entienden con claridad no logran expresarlo con la misma claridad al verterlo al lenguaje usual humano, y unas veces encuentran más facilidad y otras veces menos para declararse adecuadamente. La comunicación angélica que llega al alma, como la de un ángel superior a un ángel inferior, se hará en "términos" angélicos, necesitados en todo caso de un doblaje humano. Por otra parte, como lo hemos visto en el texto aducido, Sor María emplea a veces sus propios recursos para declararse: " los términos para declararme los tomo yo de lo que tengo entendido... y me valgo de lo que he oído". Asimismo, y en el mismo texto, Sor María confiesa que "cuando tengo alguna dificultad en declarar las inteligencias, acudo a mi maestro y padre espiritual en las materias más arduas y difíciles". Por otras afirmaciones de la autora se ve que esta consulta no se limitó a "las materias más arduas y difíciles", sino que se extendió a toda la obra: "Esta divina Historia, como en toda ella queda repetido, dejo escrita por la obediencia de mis prelados y confesores...; y aunque toda la he puesto a la censura y juicio de mis confesores, sin haber palabra que no la hayan visto y conferido conmigo, con todo eso la sujeto de nuevo a su mejor sentir y sobre todo a la enmienda y corrección de la santa Iglesia católica romana" 0. Todo esto significa que, junto a lo que se le comunica en las "inteligencias", hay que poner en la elaboración y redacción de la obra, por confesión de la propia autora, su trabajo personal de hallar los términos y el de las consultas a sus maestros y confesores. Además, a la hora de redactar la obra, conoce en muchos casos la diversidad de opiniones de los autores e historiadores; ella, sin embargo, no trata de componer estas controversias. Su postura, su género literario, no es ése: "Quiero advertir que en muchas cosas de las que voy escribiendo me consta hay diversidad de opiniones entre los santos Padres y autores... y otras dudas en cuya declaración no me detengo, porque no es necesario para mi intento y porque yo escribo sólo aquello que se me va enseñando y dictando, o lo que la obediencia algunas veces me ordena que pregunte para tejer mejor esta divina Historia. Y en las cosas que escribo no convenía introducir disputas, porque desde el principio, como entonces dije, entendí del Señor que quería encribiese toda esta obra sin opiniones, sino con la verdad que la divina luz me enseñaría"1 Su género literario no es el de un teólogo o un historiador, sino el de "una mujer ignorante" que se deja guiar por la luz divina, aunque reconoce cierta necesidad de opiniones diversas en teología y en historia2 Ella, como "mujer ignorante", no recurre a un método teológico o histórico, sino a la luz que le enseña y le guía y trata de "escribir esta Historia sin opiniones o para que no las hubiese con la noticia de la verdad"3. Con todo, esta "noticia de la verdad" no excluye su propio método de trabajo personal en la elaboración de su obra, pues, a renglón seguido, señala los criterios de trabajo personal que le guían en la composición de la obra: "Y si lo que escribo va consiguiente y no se opone en cosa alguna al texto sagrado y corresponde a la dignidad de la materia que trato, no puedo darle mayor autoridad a esta Historia y tampoco pedirá más la piedad cristiana"4. Utiliza, pues, para la redacción de la obra, unos criterios prácticos de convergencia y consecuencia, de conformidad al texto sagrado y de tratamiento digno de la materia. Y, lo que es más, da a entender que el valor de lo que dice depende de la medida en que ha logrado ajustarse a estos criterios, y esta apreciación la remite a los doctores y maestros: "Y el juzgar si lo que escribo tiene conveniencia con la verdad de la Escritura y con la majestad y grandeza del argumento que trato y si tienen las cosas entre sí mismas conveniente consecuencia y conexión, todo esto lo remito a la doctrina de mis maestros y prelados y al juicio de los sabios y piadosos"5 Como se desprende de las observaciones que venimos haciendo, basadas en los textos de la autora, su género literario profético no excluye, sino que incluye un trabajo personal muy intenso de la autora en la concepción, elaboración y redacción de la obra. Ella misma es muy consciente de que, en la redacción de la obra, colabora de su parte con la influencia divina y hasta constituye esto para ella una fuente de preocupación. No hemos hallado esta idea suya expresada en la Mística Ciudad de Dios, pero sí en otra obra suya, Leyes de la esposa, escrita bajo el mismo carisma de la influencia divina, y que juzgamos perfectamente aplicable a nuestro caso. En respuesta a una duda propuesta por la Venerable el Altísimo le responde: "Y el reparo que haces de ordinario cuando escribes, que temes si te ayudas con discurso humano o de otras ciencias que por diversos caminos has podido adquirir, sal de él; y advierte que Jesús no puedes decir sin mi favor, y es fuerza valerte de lo que has oído, visto, leído y comunicado con confesores; porque todo va encaminado a un fin y es que obres lo más perfecto. No quieras inquirir si estos consejos y doctrina es toda revelada; porque yo obro como quiero y unas veces doy la luz y el conocimiento de que soy el autor, otras la recibe el alma por modo y camino superior y se lo oculto, otras se valen las criaturas de lo que han adquirido y oído, porqe no siempre se ha de hacer por milagro y también ha de ayudar el discurso y entendimiento con lo que alcance. Y así, deja tu temor de que se entenderá de ti más de lo que es, ni par sobrenatural lo que es natural; advirtiendo que sólo lleves intención de agradarme y cumplir mi voluntad, la cual te compelerá a hacerlo tanto más cuanto tú lo deseares y negares tu afecto por cumplir con el mío. Y para que aciertes todo lo que aquí escribes, ríndela a la voluntad y censura de tus prelados y confesores y a la de mi Iglesia santa, que está regida por el Espíritu Santo. Y tanto quiero que te rijas por los ministros de mi Evangelio, que son tus maestros, que has de hacer y poner por obra antes lo que ellos te ordenan que lo que a ti te parece es luz divina y sobrenatural; porque en las inteligencias puede haber engaño y yerro y en la obediencia jamás le hubo, ni para ti lo habrá; porque miro yo al rendimiento de la criatura para dar luz a quien la rige y gobierna. Y los continuos temores que tienes de acertar y de que esta mi doctrina sea verdadera, ponla en manos de la obediencia y ella será tu luz y camino; porque quien a los prelados obedece, a mí obedece, porque están en mi lugar y en mi Iglesia. Es ésta una de las verdades infalibles" 6. El texto que acabamos de transcribir es bien explícito. Sor María abriga sus temores de que en lo que escribe se ayuda de sus conocimientos adquiridos por medios naturales, de que se entenderá de ella más de lo que es, de que se tomará por sobrenatural lo que es natural. La respuesta de Dios no sólo no niega este supuesto, sino que lo afirma; pero ello no tiene importancia, así tiene que ser. En todo caso, dobe dar preferencia al dictamen de sus prelados y confesores sobre lo que a ella le parece luz divina y sobrenatural. Añadamos aún una observación más. El carácter "revelado" de su Historia divina lo presenta a veces la autora como una aprobación subsiguiente por parte del Señor o de María de lo que ha escrito. Tal ocurre en las introducciones a las partes segunda y tercera con respecto a las partes primera y segunda, y en el capítulo final de la obra respecto a toda la Historia"7. Todas estas observaciones no obstan, por supuesto, para que la obra haya sido escrita bajo el influjo de una inspiración o de una acción divina especial; ni obstan tampoco para que en la obra se contengan verdaderas revelaciones como las que ha solido el Señor conceder a muchas almas santas. Por lo demás, a estas revelaciones o al conjunto de la obra "dictada y manifestada" la autora misma no pretende dar más valor que el que se da en la Iglesia a las revelaciones privadas, sin arrogarse la autoridad de la revelación pública, y lo remite todo al juicio de la Iglesia"8. Aunque con estas observaciones no pretendemos haber dilucidado totalmente el alcance de obra "revelada" de la Mística Ciudad de Dios, sí juzgamos que aparece suficientemente claro que el género literario profético que utiliza la autora, junto con las indicaciones que ella misma hace, no autorizan a dar a la "revelación" de la obra un carácter absoluto, sino un carácter condicionado a este género, dentro del orden de las comunicaciones místicas y a la labor personal de la autora que trabaja movida por Dios. Por lo demás, uno de los pocos cambios que conocemos en la segunda redacción de la obra respecto a su primera redacción, como ya se ha hecho notar antes, es precisamente la sustitución del término "revelada", que aparecía en el título de la primera redacción, por la expresión "dictada y manifestada"; sustitución llevada a cabo sin duda para aminorar la fuerza de la palabra "revelada". Teniendo en cuenta todo esto, cuando se comparan las afirmaciones siempre matizadas y moderadas que hace la autora misma acerca de que escribe "lo que ha entendido" o "lo que se le ha comunicado", con las afirmaciones un tanto absolutas y entusiastas de los teólogos inmediatamente posteriores, que llegan a aducir sus afirmaciones doctrinales como "revelaciones", se saca la impresión de que estos autores entusiastas creyeron hallar en Sor María más de lo que ella quiso afirmar cuando dice apoyarse en esta asistencia divina que le guía. Las mismas controversias acerca de que Sor María "enseña como reveladas las doctrinas escotistas", dejan ta impresión de que estos teólogos tenían una credulidad maravillosista y milagrera que les llevó a discutir la cuestión de "las revelaciones de la Madre Agreda" en un plano ajeno al que tienen en la autora misma; les faltó a estos autores cierto sentido de sobriedad que, por el contrario, estuvo muy presente en la misma Sor María, pues sus propias experiencias místicas, en las que sabía que podían filtrarse engaños, y su conciencia bien pronunciada de mujer ignorante, le llevaban a desconfiar de sí misma y a no dar demasiada importancia a sus mismas afirmaciones, que siempre quería ver ratificadas y sancionadas por los doctos. Un teólogo actual, desde luego, perfectamente consciente de las cautelas que impone el conocimiento del género literario aun de los textos sagrados, equipado con los conocimientos de crítica histórica y de hermenéutica de textos y muy curado de maravillosismos crédulos, encuentra ingenuas y metodológicamente erróneas estas polémicas y controversias apasionadas 9.Sencillamente, no se supo captar el género literario de la Mística Ciudad de Dios; en cambio, las numerosísimas almas que han buscado en la obra, no principalmente unos conocimientos teológicos, sino una guía segura y un alimento de su vida espiritual, han sabido captar mejor el sentido genuino de la obra y su género propio. En efecto, el profetismo de Sor María es un carisma de edificación eclesial. Su obra ha sido "dictada y,manifestada... en estos últimos siglos... para nueva luz del mundo, alegría de la Iglesia católica y confianza de los mortales". Estas palabras, un tanto solemnes, indican a las claras la conciencia y el convencimiento de Sor María de que su Historia divina tiene una especial trascendencia para la vida de la Iglesia. Todas las observaciones hechas anteriormente no nos autorizan a minimizar esta conciencia y este convencimiento de la autora. Pero, por otra parte, estas mismas palabras apuntan perfectamente cuál es el verdadero objetivo de la obra y en qué orden de cosas puede la obra tener importancia en la Iglesia. La importancia de la obra no estará en los nuevos conocimientos teológicos que aporte, sino en lo que contribuya a fomentar la piedad cristiana. Este es un aspecto que nos lleva a matizar mejor en qué consiste su género literario profético. Sor María se siente elegida por Dios, aunque indigna por su parte, para transmitir a la Iglesia y al mundo un,mensaje; y así lo confiesa en innumerables lugares de la obra. Su,mensaje es de ilustración y de exhortación; su género literario profético es didáctico y monitorio, como ocurre en todo carisma profético. La Mística Ciudad de Dios es una obra moralizadora y edificante. Lo que en definitiva busca e intenta Sor María con sus narraciones, relatadas en actitud profética, es dar a conocer mejor a María santísima, para que ello redunde en la mejora de las costumbres y en la edificación de los fieles. Su carisma profético lo ha recibido ella "para nueva luz del,mundo, alegría de la Iglesia católica y confianza de los mortales"; y esta luz, esta alegría y esta confianza serán efectivas en tanto se llevan a la práctica los deseos de la Señora y Reina del cielo, que son la mejora de las costumbres y el aprovechamiento espiritual. La Mística Ciudad de Dios es un libro de ilustración y exhortación; a eso va dirigida cada una de sus líneas. Más de la cuarta parte de la obra –los párrafos finales de cada capítulo– está destinada expresamente a dar doctrina y exhortación de conducta y aprovechamiento espiritual, que se pone en boca de María. Además la autora, al hilo de las narraciones, utiliza constantemente las ocasiones para dar instrucción y exhortación espiritual. Por lo demás, toda la obra tiene esta finalidad: ante todo, la propia edificación de la autora, que se siente apremiada a poner en sí misma en práctica la doctrina espiritual que recibe; en segundo lugar, la edificación de sus propias religiosas de clausura, a quienes va dirigida muy en particular la doctrina espiritual; y en tercer lugar, aunque por toda la obra, la edificación común de los fieles. Los "sacramentos ocultos" de María que la autora va desvelando son para excitar a una mayor devoción e imitación de María y a la práctica de la doctrina de su Hijo. Entre los episodios de la vida de María que la autora trata larga y minuciosamente están, como ya hemos indicado, los de su vida íntima, espiritual, los que descubren la respuesta espiritual de María a las gracias que recibe, o sea, los que más directamente pueden servir de enseñanza y de edificación espiritual. Sor María está persuadida de que un mejor conocimiento de las excelencias, de las gracias y de la santísima vida de María puede ser un resorte eficacísimo para la piedad cristiana y por eso las relata minuciosamente. Su género literario profético, didáctico y monitorio está caracterizado por esta preocupación de edificación y por eso escribe con términos llanos, asequibles, sencillos; y aun cuando emplea a veces términos teológicos, no utiliza tecnicismos eruditos, como ya lo advertíamos,0 No juzgamos necesario insistir en este punto. Es evidente en toda la obra. No es un libro de teología, ni una mera historia, ni tan siquiera solamente un "libro de revelaciones"; es un libro de edificación. Añadamos tan sólo que este mensaje de doctrina y exhortación espiritual tiene cierto carácter de urgencia escatológica que está en dependencia del conocimiento de los "sacramentos ocultos". Este matiz escatológico está indicado en el título, "en estos últimos siglos", y algunas veces en el texto de la obra. –1. La autora explica las razones de por qué se han ocultado hasta ahora estos misterios. Este matiz escatológico –que, por lo demás, es común en el mensaje aportado por libros de revelaciones, por apariciones marianas que dan origen a santuarios, etc.– no aparece, sin embargo, muy acusado en la autora, como ocurre por el contrario en ciertos autores de su época, como es el caso notable del P. Tenorio2. En suma, pues, el género literario de la Mística Ciudad de Dios es el de una narración profético–edificante. Fuentes de información La Mística Ciudad de Dios no es una obra escrita al dictado, una mera transcripción. Sor María se ha valido para su redacción, además de la luz divina que le ha guiado, "del discurso humano, de otras ciencias que por diferentes caminos ha podido adquirir, de lo que ha oído, visto, leído y comunicado con confesores y prelados"3. La Mística Ciudad de Dios recopila innumerables datos y supone una erudición muy notable de conocimientos teológicos, bíblicos, históricos, legendarios, etc. Es evidente que tuvo que informarse para escribir su obra. No es tarea fácil, sin embargo, la de descubrir. las fuentes inmediatas de información de Sor María, en el sentido de dependencia literaria, a la hora de escribir su obra. Esta dificultad se basa en las siguientes razones: Sor María es autodidacta. Fuera de la formación que pudo recibir en su infancia y en la villa de Agreda, no ha pasado por las aulas ni ha seguido cursos académicos de ninguna clase. Su información, por lo que se puede colegir de su género de vida –encerrada en un convento de clausura desde jovencísima– y por lo que ella misma dice de su trato con confesores y prelados, no es principalmente de lecturas, sino de conversaciones; no es libresca, sino oral. La Mística Ciuad de Dios, por su concepción, estructura, ideario, objetivo, estilo y rasgos fundamentales en general, es una obra original y sin parecido notable con cualquiera otra que le aya precedido. Además, esta obra ha nacido de un alma que ha gozado de gracias místicas, al parecer auténticas, y de un carisma profético; lo cual dificulta él deslindar- ya lo hemos apuntado– lo que hay en ella de inspiración sobrenatural y de trabajo y estudio natural. La autora presenta la obra, no como fruto de estudios, ni tan siquiera como fruto de reflexiones o meditaciones piadosas, 4 sino como fruto de la luz que le guía y como obra perteneciente más al Señor y a María que a sí misma. Todo esto –es evidente– hace difícil la tarea de hallar las fuentes de información y de inspiración literaria de la obra. Con todo, hemos intentado hallar estas fuentes de inspiración. Hemos realizado nuestras pesquisas confrontando la Mística Ciudad de Dios con los evangelios apócrifos, con vidas de Cristo y de María, con recopilaciones de relatos apócrifos5, con libros de meditaciones de la vida y pasión de Cristo, con libros de revelaciones, etc.; hemos examinado con especial cuidado los libros existentes en el convento de Agreda que por su fecha de edición pudieron estar ya allí en tiempos de la Venerable. Mas nuestras pesquisas no nos han descubierto, en ninguno de los casos, una dependencia literaria próxima. En los relatos que no están basados en los textos canónicos, que son los que principalmente plantean la cuestión, existen, como era de presumir, muchas coincidencias y un acuerdo fundamental en algunos casos con otras obras del género, pero todo ello unido a divergencias, diferencias de detalle, y a veces no tan de detalle; en ningún caso hemos descubierto una coincidencia de tal naturaleza que autorice a hablar de una dependencia literaria próxima. Sor María lo escribe todo, desde luego, con su impronta y su estilo personal propios. Con esto no queremos decir que todos los conocimientos y todos los datos históricos y legendarios que maneja la Venerable hayan brotado en ella por ciencia infusa o como por generación espontánea. También aquí nos es imposible distinguir lo que es fruto de una información sobrenatural, de adoctrinamiento o de ciencia infusa, y lo que es cosecha personal propia de la autora, fruto de su trabajo de información. Creemos que la explicación de la amplísima erudición de datos teológicos, bíblicos e histórico–legendarios, manejados por la autora –aparte de la iluminación divina–, hay que hallarla en la fuente principal de información que tuvo a su disposición: las predicaciones oídas y, especialmente, las largas y frecuentes conversaciones mantenidas con sus confesores y prelados con motivo de la dirección de su alma y de la redacción de la Historia divina 6 Su información teológica en particular es, sin duda, fruto de estas conversaciones con los confesores, que, como es sabido, eran buenos teólogos. No sabemos si leyó por sí misma tratados de teología. Es posible que sus confesores y maestros se los prestasen. De hecho, en el convento franciscano de San Julián de Agreda, donde residían sus confesores, quiso su último confesor, el P. Andrés de Fuenmayor, que hubiese una variada biblioteca en la que "aprovechasen el tiempo los religiosos de todas clases"7. El hecho es, pues, verosímil; aunque nos inclinamos a creer que fue informada de viva voz más que por la lectura de obras teológicas. Sor María puso toda su obra a la censura y Juicio de sus confesores, "sin haber palabra que no la hayan visto y conferido" con ella 8. Dado este género de información, no es posible consignar una dependencia literaria directa. Por esta razón damos en el siguiente capítulo dé esta introducción un amplio resumen de las ideas teológico–marianas de la autora confrontándolas con los autores de su época. Creemos hacer así un servicio útil para estudios comparativos ulteriores. En cuanto a la información bíblica y el uso de la Sagrada Escritura, tan abundante en la obra, juzgamos que hay que distinguir: la doctrina acerca de los sentidos de la Biblia y las anotaciones histórico–exegéticas sobre los libros sagrados tienen su origen, sin duda, en la misma fuente de información oral que sus conocimientos teológicos; en cambio, el empleo y la interpretación de los textos sagrados es más labor personal suya, aunque sin excluir el adoctrinamiento. Observamos que la autora conoce y domina particularmente, además de todo el Nuevo Testamento, los libros sapienciales, particularísimamente los Salmos y el Cantar de los Cantares, y los libros proféticos. No creemos estar muy lejos de la verdad si afirmamos que los textos que la autora mejor conoce, sin ser los únicos, son los utilizados en su tiempo en el oficio divino en forma de lecturas, salmos, cánticos, responsorios, etc.; esto vale especialmente para la parte de los libros proféticos que ella utiliza. Véase en el siguiente capítulo antes referido de esta introducción una indicación de los principios bíblico–marianos de la autora y alguna otra observación sobre la utilización de la Biblia por la autora. Sor María conoce el latín de la Vulgata, lo traduce con cierta libertad, parafraseándolo y un poco como de memoria, y no parece que se atiene a una versión castellana que tenga delante. Su conocimiento del latín no juzgamos que necesite una explicación sobrenatural. Vive en una época en que la cultura se imparte imbuida en el latín o mientras se enseña esta lengua y en que la mayoría de las obras se escriben en esa lengua; se trata, además, de una religiosa de coro que emplea muchas horas del día y de la noche en alabar a Dios en latín y dotada ella de una penetrante inteligencia y perspicacia y con la posibilidad de continuas consultas. Teniendo en cuenta estas datos, no es extraño que llegase a dominar el latín de la Vulgata lo suficiente para traducirlo por sí misma. También pudo ayudarla Dios en esto, por supuesto. En cuanto a la información de datos no bíblicos de tipo histórico, auténticos, tradicionales, legendarios, apócrifos, de origen pío, etc., juzgamos, asimismo, que hay que hallarla principalmente en lo que hemos dicho: sus conversaciones con los confesores. Nos referimos a datos específicos y un tanto pormenorizados, porque debe tenerse en cuenta que la piedad cristiana popular y básica, las tradiciones y la liturgia misma con algunas festividades de origen apócrifo, han contribuido a formar en cada época un patrimonio común de creencias que son el cauce de la formación y de la vida espiritual del cristiano. Este patrimonio común ha tenido siempre sus adherencias de origen más o menos legítimo. La época de Sor María es notablemente maravillosista en la piedad cristiana y hasta en la misma teología. Este fondo común lo recibió sin duda Sor María como todo hijo de su época. Nos referimos, pues, a un conocimiento mucho más minucioso de estos datos de tipo histórico y pensamos en las informaciones aportadas por sus consejeros y mentores. Habría que añadir aquí verosímilmente la lectura de libros de meditación, de vidas de Cristo, de hagiografías, etc., sin que, sin embargo, podamos eterminar en concreto cuáles fueron, aunque es sabido que este género de literatura era muy del gusto de la apoca. Más en particular, la misma autora alude en contadísimas ocasiones a algunas obras de istoriadores, como el P. Cuaresmio, que aduce en confirmación de algunas de sus afirmaciones histórico–geográficas9. Puede tratarse de obras que pusieron a su disposición sus confesores. En todo caso, como ya lo tenemos repetido, la autora narra los hechos, tomados o no directamente de las obras leídas, de una manera personal, sin que pueda notarse una dependencia literaria próxima, Por este motivo, hemos prescindido de poner en el texto de la autora al pie de página las posibles fuentes utilizadas, como fue nuestra intención al comenzar a preparar esta edición, porque no hemos descubierto en ningún caso una dependencia literaria próxima. Lenguaje No tenemos intención de Hacer aquí, como se podría muy bien, algunas acotaciones, y mucho menos un estudio, sobre el estilo y las notables calidades literarias de la Venerable escritora. Bástenos recordar que la Real Academia Española de la Lengua incluyó ya desde 1726 a la autora en el "Catálogo de Autoridades". En cuanto a su lenguaje, tenemos anotadas las principales variantes que ofrece en relación con el lenguaje actual. Para conocimiento de los eruditos en la materia, transcribimos estas variantes agrupadas en diversas clases conforme al siguiente esquema: 1. i por e. Se observa en Sor María una marcada tendencia a transformar en i la e: asiguras (aseguras), bendicían (bendecían), ciñidor (ceñidor), conbiniente (conveniente), concibiría (concebiría), consintía (consentía), convirtiría (convertiría), corpórias (corpóreas), despidiente (despediente), dibilitaba (debilitaba), dicían (decían), dilicias (delicias), discripción (descripción), disierto (desierto), disigualdad (desigualdad), dislumbrar (deslumbrar), dispidió (despidió), fidilísimo (fidelísimo), filicísimo (felicísimo), húmido (húmedo), idónios (idóneos), imágines (imágenes), impidir (impedir), incorpórias (incorpóreas), incriada (increada), impíreo (empíreo), inviar (enviar), invidia (envidia), midido (medido), perficionarse (perfeccionarse), persiguiré (perseguiré), pidía (pedía), pidiré (pediré), ripitir (repetir), siguía (seguía), siguido (seguido), succiía (sucedía). 2. e por i. También se observa el fenómeno contrario de transformar la i en e: antecipó (anticipó), conferiendo (confiriendo), deligencia (diligencia), deligente (diligente), despensación (dispensación), destribuyas (distribuyas), distención (distinción), eguales (iguales), elegió (eligió), emitar (imitar), Esaías (Isaías), mesmo (mismo), metad (mitad), percebir (percibir), prebilegios (privilegios), recebido (recibido), serbiesen (sirviesen). 3. e por o. Solamente podemos aducir un ejemplo: escurecer (oscurecer). 4. ie por e. Es bastante frecuente: complaciencia (complacencia), concupisciencia (concupiscencia), correspondiencia (correspondencia), dependiencia (dependencia), inociencia (inocencia), magnificiencia (magnificencia), probidiencia (providencia). 5. u por o. Se encuentran varios ejemplos: de rudillas (de rodillas), dispusición (disposición), turpísimo (torpísimo). 6. o por u. Solamente hemos anotado una palabra: estímolo (estímulo). 7. b por v. Bastante frecuente: belocidad (velocidad), conbiniente (conveniente), desbelo (desvelo), mobimiento (movimiento), muebe (mueve), nuebe (nueve), prebilegios (privilegios), probidiencia (providencia), serbiesen (sirviesen). 8. v por b. Hay algún que otro ejemplo del fenómeno contrario al anterior: ávito (hábito), vaja (baja), vastó (bastó). 9. Empleo de la h donde no corresponde. Son numerosos los ejemplos: ha Ebrón (a Ebrón), ha esta verdad (a esta verdad), hacercó (acercó), hama (ama), hascendiente (ascendiente), helegirle (elegirle), hemprehenderlas (emprenderlas), hencomendaba (encomendaba), Henero (enero), hentregar (entregar), hera (era), hevidencia (evidencia), hira (ira), hirás (irás), Hisaac (Isaac), húltimo (último), hunión (unión). 10. Supresión de la h donde corresponde emplearla. También abundan los casos: me a sucedido (me ha sucedido), abía (había), as conocido (has conocido), ay.modos y grados (hay modos y grados), abló (habló), desacía (deshacía), haced y desaced (haced y deshaced), lo aga (lo haga), te ago saber (te hago saber), allaré (hallaré), anela (anhela), aora (ahora), arto (harto), ávito (hábito), erir (herir), ora (hora), ornaza (hornaza), oy (hoy), veementísimo (vehementísimo). 11. c por p. Unico vocablo: prececto (precepto). 12. p por c. También único vocablo: correpciones (correcciones). 13. q por c. Ejemplos: iniquos (inicuos), quan (cuan), quanto (cuanto), quando (cuando), quarenta (cuarenta). 14. x por j o g. Muy corriente: baxó del cielo (bajó del cielo), dixessen (dijesen), dixo (dijo), enxendrada (engendrada), exemplar (ejemplar), exercer (ejercer), exercicio (ejercicio), induxo (indujo), próximo (prójimo). 15. x por s. Hay algunos casos: expecial (especial), expléndido (espléndido), extéril (estéril). 16. s por x. También se observa el fenómeno contrario al anterior en algunos pocos vocablos: ausilio (auxilio), estendió (extendió), esterior (exterior), estremos (extremos), testo (texto). 17. y por i. Ejemplos: María Santyssima (María Santísima), ynfernal (infernal), ynfinito (infinito), ynútil (inútil). 18. Repetición indebida de algunas consonantes. Esta repetición, muy frecuente, se da lo mismo cuando las consonantes son iniciales de palabra que cuando son intermedias: globbo (globo), óbbice (óbice), ffidelidad (fidelidad), ffiguraba (figuraba), ffruición (fruición), ffuese (fuese), benefficio (beneficio), conffiesan (confiesan), deffectos (defectos), magnifficiencia (magnificencia), proffetas (profetas), sufficiente (suficiente), llumen (lumen), intelligencia (inteligencia), summa (suma), Anna (Ana), opponer (oponer), honrrar (honrar), rrecebir (recibir), Altíssimo (Altísimo), aussilios (auxilios), descansso (descanso), dessean (desean), dixessen (dijesen), iglessia (iglesia), impíssima (impiísima), intercessión (intercesión), santyssima (santísima), perssona (persona), pesso (peso), ssi (si), ssospecha (sospecha), veementíssimo (vehementísimo), 19. Supresión de vocal repetida. Es poco frecuente: crer (creer), poser (poseer), impíssima (impiísima). 20. Uso de formas latinas no vigentes en el lenguaje actual. Aparte de que algunas de las variantes anotadas en los números anteriores se podrían catalogar bajo este mismo título, podemos señalar los siguientes ejemplos: comprehende (comprende), deprehende (deprende), hemprehenderlas (emprenderlas), reprehenda (reprenda), charidad (caridad), christal (cristal; aunque no es propiamente forma latina, puesto que el vocablo latino es crystallus), Christo (Cristo), thesoro (tesoro), apropriadamente (apropiadamente), propriamente (propiamente), descripta (descrita), throno (trono), accelerar (acelerar), contemptible (contentible), delictos (delitos), jerarchía (jerarquía), Joseph (José), Matheo (Mateo), metáphora (metáfora), psalmo (salmo), sancto (santo), sciencia (ciencia), succidía (sucedía), succintamente (sucintamente), Zacharías (Zacarías). 21. El fenómeno contrario al señalado en el número anterior. Se observa en las siguientes formas: enimas (enigmas), dotrina (doctrina), fición (ficción), perficionarse (perfeccionarse), acedía (accedía), súditas (súbditas). 22. Contracciones que no se cesan actualmente: Dél (de él), desta (de esta). 23. Lo contrario del número anterior: A el alma (al alma), a el Altísimo (al Altísimo). 24. Cacofonías que no se evitan: La alma (el alma), la arca (el arca). 25. Léxico. Coincide con el actual. Se pueden anotar algunas pocas particularidades: anssi (así), estrecheza (estrechez), naidie (nadie), paciguará (apariguará), tronido (con preferencia a trueno), villantez (villanía). 26. Formas verbales. Tampoco hay nada anotable. A veces emplea podíades (podíais), oyan (oigan). 27. Sintaxis. No difiere de la actual. Hemos anotado las dos expresiones siguientes: a tus superiores te muestra siempre con rendimiento (a tus superiores muéstrate siempre con rendimiento), me permitid (permitidme). Nota final. Se ha de advertir que la autora no siempre sigue criterios fijos aplicados invariablemente, ni aun a los mismos vocablos, pues tan pronto escribe en la forma idicada como en la que coincide con el lenguaje actual. Las variantes que hemos señalado pueden ser, a veces, simple fruto del desconocimiento de las reglas de ortografía. No revela otra cosa el empleo, al parecer tan arbitrario, de la h, por ejemplo. La falta de fijeza en el modo de escribir no revela en la autora una asidua lectora.
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