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. PRESENTACIÓN << La idea de preparar una edición "crítica" de la MISTICA CIUDAD DE DIOS surgió con ocasión de la celebración del tercer centenario de la muerte de su autora, la Venerable Madre Sor María de Jesús de Agreda (1665–1965). Para la celebración de dicho centenario se constituyeron un Patronato de Honor y una Junta Ejecutiva. Su excelencia el Jefe del Estado aceptó gustosamente la presidencia del Patronato de Honor y se interesó personalmente en promover y ayudar económicamente la edición. La Junta Ejecutiva fue presidida por el R. P. Juan R. de Legísima. Fungió de secretario el que fue inolvidable paladín de la Venerable en su tercer centenario, el P. Anesio Pínaga, O. F. M. Quede aquí constancia de su recuerdo en la primera página de esta edición. Del seno de esta Junta Ejecutiva nació el compromiso de preparar la edición, que fue encomendada a un pequeño equipo de religiosos franciscanos. Dificultades de diverso género han retrasado un tanto el momento de la aparición de esta edición, pero sale a luz en una fecha de resonancia agredana, pues coincide con el tercer centenario de la primera edición de la MISTICA CIUDAD DE DIOS, que fue impresa la primera vez en 1670. La presente edición responde a las exigencias metodológicas de una edición crítica en cuanto a la autenticidad, integridad y depuración de deformaciones del texto original de la autora y en cuanto a las demás exigencias en general de esta clase de ediciones. Tan sólo nos hemos permitido la libertad –por lo demás frecuente en esta clase de ediciones– de dar la trascripción ortográfica del texto en forma modernizada, pues no hemos pretendido dar un texto para eruditos y especialistas únicamente, sino un texto de fácil acceso para la lectura popular y piadosa. Con todo, las principales variantes fonéticas u ortográficas del lenguaje de la autora respecto del lenguaje actual vienen indicadas en la Introducción. La fidelidad del texto, pues, ofrece plena garantía. En la Introducción describimos la génesis de la obra, su marco y vicisitudes históricas, su género literario y los rasgos y doctrinas más características del contenido de la misma, con objeto de facilitar su lectura y comprensión. No tratamos con ello de zanjar las cuestiones seculares acerca de la doctrina y valor de la obra, sino de dar los elementos objetivos indispensables para su estudio, interpretación y valoración. Y lo hacemos guiados por el criterio de evitar serenamente, en lo posible, las actitudes apasionadas, en pro o en contra, de que ha sido víctima la obra a lo largo de la historia; no pretendemos encender de nuevo el último rescoldo de estos apasionamientos, sino ayudar a entender y juzgar esta célebre obra por sí misma y en sus justas dimensiones. Por eso no juzgamos conveniente acumular elogios sinceros, y menos aún apasionados, de la obra y de su autora. Tampoco creemos necesario en esta presentación salir al paso de fáciles objeciones contra la oportunidad de una edición de la MISTICA CIUDAD DE DIOS en estos tiempos posconciliares. Nos basta hacer la siguiente reflexión. La MISTICA CIUDAD DE DIOS, por el increíble número de ediciones y de traducciones que ha tenido y sigue teniendo hasta nuestros días –véase más adelante una relación de 162 ediciones y de las traducciones de la obra al portugués, al francés, al holandés, al italiano, al flamenco, al latín, al alemán, al polaco, al griego, al árabe, al inglés, al croata–, por la influencia notabilísima que alcanzó en la formación y en la piedad de muchísimas almas y por las polémicas apasionadas que suscitó entre diversas Universidades nacionales y extranjeras con intervenciones de Papas y Reyes, es indudablemente una obra con pleno derecho a ocupar un puesto relevante en la literatura cristiana. Ahora bien, no existía hasta ahora una edición con garantía de fidelidad al texto original, salvo la benemérita edición preparada por don Eduardo Royo (Herederos de Juan Gili, Barcelona 1911–1914), que si bien es sustancialmente fiel al texto, no reúne todos los requisitos metodológicos de esta clase de ediciones y, por lo pronto, está agotada. Teniendo en cuenta todo esto, nos parece que el dar un texto plenamente fidedigno de una obra de esta índole tan singular y el presentarla desapasionadamente es razón suficiente sin más para su edición en este tiempo y en otro cualquiera. Por lo demás, quien no se deje impresionar superficialmente por el envoltorio maravillosista en que viene ofrecido el contenido de la obra –envoltorio propio de la época de su redacción– y trate de penetrar el contenido de la misma entendiéndolo en su propio género literario, verá, sorprendido quizá, que el planteamiento mismo de la vida de María que aquí se nos describe viene enmarcado, como gusta hoy día, en la historia de la salvación, que María es presentada precisamente en relación con el misterio de Cristo y de la Iglesia, que muchas ideas teológicas hoy en boga en torno a María y la Iglesia tienen en la pluma de esta monja del siglo XVII un aire, una frescura y un enfoque sorprendentemente actuales; y reconocerá, con un teólogo actual tan poco sospechoso de desfase como H. de Lubac, que el concebir a María como "mística ciudad de Dios" es realmente un enfoque justo y bello. Por todo ello pensamos que la MISTICA CIUDAD DE DIOS es, aún hoy, un monumento valioso de la doctrina y piedad cristianas, que bien se merece una nueva edición. Al lector que no esté interesado en los temas tratados en la Introducción y que sólo busque el aprovechamiento espiritual con la lectura de la obra, le recomendamos que no deje de leer, al menos, el apartado de la Introducción que habla del género literario de la obra. Han colaborado en la preparación de esta edición, además de los mencionados en la portada, los religiosos franciscanos Ignacio Omaechevarría, Cándido Zubizarreta, Félix Rubio y Angel María González de Chávarri.
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