SHEBBELTA, LA ESTRELLA BINARIA




Ah� brilla Shebbelta en la constelaci�n de Virgo. Eterna en nuestros c�nones de finitud, finita seg�n los c�nones de la existencia y del universo. En el jard�n de Virgo, en los jardines profundos de la creaci�n, caliente y callada, iluminando la oscuridad.

Cuentan los sabios que su voraz radiaci�n, 2300 veces m�s potente que nuestro Dios Sol, tarda 275 a�os en llegar a nosotros, y por las mismas leyes de los mismos Sabios, su plenitud condenada a tintinear seg�n pasa las capas de nuestro aire, apunt�ndola cruelmente como una estrella distante y discerni�ndola r�pidamente de los fr�os y cercanos planetas que nos reflejan con potencia la luz del Sol.

Siguiendo las mismas reglas, el calor de nuestros corazones tardar�a otros 275 a�os en reflejarse de alguna manera en la Diosa Virgo, y ser�a esta vez, en teor�a, su majestuosidad la que devorar�a como part�culas insignificantes, menos que ef�meros, los latidos de nuestro coraz�n... Pero el alma creadora de un volc�n est� siempre decidida a echar por tierra todas las teor�as sobre lo absurdo de la simultaneidad y el Dios Maxwell.

Hace a�os, dos estrellas comenzaron a girar la una con la otra, con una velocidad inusitada. Los ojos observantes pensaron en una sola bola de fuego, y buscaron nombres de todo tipo (Spica, decian algunos, Al Simak Al Zal dijeron otros en ininteligibles lenguas...) Las dos luces siguieron girando, a�o tras a�o, y en el ecuador de este tiempo la luz brill� tan fuerte que el oscuro jard�n de Virgo fue saliendo poco a poco de la injusta penumbra. Otras estrellas con v�nculos eternos hab�an estado observando y bendiciendo este baile vertiginoso, este vals a la velocidad eterna...

Y en el jard�n vieron entonces que estaban Alaraf, Zawiyat, Arich, Minalauva, Syrma, Almuredin... y como ya se ha dicho miraban atentamente y hac�an suyo el calor que Shebbelta generaba.

Result� pues que Shebbelta no era una estrella sola, sino que se divisaba como tal desde lejos, como una sola. Shebbelta es una estrella binaria, dos estrellas en una, que viajan por el jard�n de Virgo a 80 Kil�metros por segundo. Distan m�s de 16 millones de kil�metros la una de la otra, pero se complementan y su luz la apunta como ejemplo de estrella masiva. Y result� tambi�n que la teor�a de la simultaneidad qued� destrozada porque Shebbelta se hab�a proyectado en alg�n lugar de la v�a l�ctea en dos almas, y todos aquellos que los rodeaban, protegi�ndolos con el halo de los luchadores, la aureola de lo eterno e invencible.

Por �ltimo, nuestros otros protagonistas, Alaraf, Zawiyat, Arich, Minalauva, Syrma, Almuredin... habitaban en distintos planos del jard�n del ed�n, pero sin alguna de ellas, Virgo colapsar�a y el caos se adue�ar�a de nuestro mundo bellamente imperfecto.

Y el tiempo, la distancia y la velocidad quedaron en el olvido de la an�cdota mundana.

Marcos Palomares
Londres (Reino Unido), 29 de Septiembre de 2004

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Shebbelta

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