Ninguna telaraña podía alterar la severa simplicidad. Difícilmente era lo que uno podría esperar del oscuro templo de un demonio. Por otro lado, Rafael, el maestro del culto, no era un demonio normal. En realidad, no era en absoluto un demonio. Un hombre alto y flaco con demacrados rasgos, había sido una vez tan aburridamente mortal como cualquiera. Pero le había dado su humanidad y su alma al Príncipe Oscuro hacía siglos. En recompensa por su fría crueldad, y acaso por su maldad, rápidamente había ascendido de rango hasta una posición de poder. Un poder que se había vuelto prácticamente ineficaz desde la llegada de las brujas y su detestable Fénix. Paseándose de un lado a otro por la habitación en sombras, Rafael acariciaba distraídamente con los dedos el pesado colgante de plata que colgaba de su cuello. Tanto dependía de él. De sus acciones esta noche. No podía fallar. Oyendo el sonido de pasos aproximándose y que había estado esperando, Rafael alisó sus rasgos en una fría máscara de invencibilidad. Ahora, más que nunca, necesitaba usar la letal reputación que se había ganado a lo largo de los años. Hubo una tentativa llamada. Autorizando al visitante a entrar, Rafael estudió atentamente al joven aprendiz. Estaba de pie tan inmóvil e imponente como el granito mientras miraba al aprendiz cerrar la puerta y moverse hacia el centro de la habitación. El joven todavía no tenía la cabeza afeitada de un converso. Tal honor no le sería permitido a menos que sobreviviera a las pruebas. Muchos venían a adorar al Príncipe, pero pocos sobrevivían. Su perspicaz mirada atravesó fácilmente la modesta conducta del joven, discerniendo la agudeza de su semblante y la astucia de sus pálidos ojos. Oh sí, lo haría bastante bien, decidió con una sonrisa para sus adentros. Claramente desconcertado por la implacable mirada, el aprendiz se movió con nerviosismo. —¿Me convocó, Maestro Rafael?. —Si, Aprendiz Amil. Por favor, toma asiento.—Rafael esperó hasta que el estudiante se movió para acomodarse sobre la incómoda silla de madera. Entonces se movió lentamente para situarse ante su visitante—. ¿Estás cómodo?. Amil se movió con un leve ceño. —Sí, gracias. —Relájate, hijo mío —dijo Rafael arrastrando la voz, metiendo las manos dentro de las mangas de su ropa—. A pesar de los persistentes rumores entre los hermanos, no suelo comer acólitos para la cena. Ni siquiera aquellos que se han atrevido a practicar las artes oscuras prohibidas incluso para nosotros. Hubo un momento de conmoción antes de que el joven se deslizara bruscamente de la silla y cayera sobre sus rodillas. —Maestro, perdóneme —rogó en tono tembloroso—. Fue simple curiosidad. No tuve la intención de hacer daño. Rafael hizo una mueca al ver que el tonto amenazaba con arrugar el dobladillo de su ropa. Había sido más la fortuna que la habilidad la que le había llevado a descubrir al aventajado aprendiz deslizándose desde la torre para recitar los hechizos negros. Su primer instinto había sido arrancarle la garganta. No sólo habría sido un castigo adecuado, sino que le habría proporcionado una gran cantidad de placer. Pero al final había dudado. Un hombre en su poderosa posición siempre tenía la necesidad de sirvientes fieles. Y ningún sirviente era más fiel que uno que se sabía a un suspiro de la muerte. —Oh, levántate, gusano. Con paso vacilante el hombre se obligó a volver a la silla, observando a Rafael con cautela. —¿Voy a ser asesinado?. —Ese es el castigo. —Por supuesto, maestro —agradeció obedientemente el hombre, aunque su sinceridad era cuestionable. —La magia oscura no es un juguete. Es peligrosa para ti y los que te rodean. Nos has puesto en peligro a todos con tu estupidez y te arriesgaste a poner al descubierto nuestro templo. —Sí, maestro. Los delgados labios de Rafael se endurecieron. —Pero eres ambicioso, ¿eh, Amil? ¿Deseas ejercer el poder que está justo fuera del alcance? La pálida mirada observó con disimulo el poderoso medallón de Rafael, antes de recordar que estaba en el filo del cuchillo de convertirse en la cena. O algo peor. —Sólo si el Príncipe lo desea. —Siento tu talento. Fluye profundo en tu interior. Sería una pena desperdiciarlo antes de que pueda florecer en todo su potencial. —Por favor, maestro. He aprendido la lección. No me extraviaré de nuevo. Rafael elevó las cejas lentamente. —¿Y crees que debería confiar en tu vacía promesa? ¿Tú, que ya has demostrado una innata traición?. Quizás sintiendo un atisbo de esperanza, Amil se inclinó hacia delante, con sus delgados rasgos sonrojados. —Todo lo que pido es una segunda oportunidad. Haré todo lo que me pida. —¿Todo? Una promesa muy imprudente. —No me preocupa. Sólo dígame qué debo hacer. Rafael fingió considerar la súplica. Por supuesto, había sabido que el patético aprendiz vendería su alma. Había contado con eso. De alguna forma el joven le recordaba a sí mismo con su ardiente afán de conocimiento. Pero a diferencia de este tonto, él había poseído la inteligencia para guardar sus estudios secretos bien escondidos. Y la sabiduría de no ponerse en manos de otros. —Quizás consideraría ser benevolente en esta ocasión —dijo lentamente, arrastrando las palabras—. Con una condición. —Bendito sea, maestro —suspiró—. Bendito sea. —No creo que estés tan agradecido cuando descubras mi condición. —¿Qué deseáis de mí?. Con pasos mesurados, Rafael se movió para tomar asiento detrás del enorme escritorio. Dobló los dedos bajo el mentón y contempló a su visitante con una mirada aguda. Los próximos momentos decidirían su destino. Si iba a ser aclamado como el salvador del Príncipe de los demonios o un arrogante fracasado. No podía permitirse cometer un fallo. —Primero deseo que me digas todo lo que sabes del Fénix. Cogido de improviso, Amil parpadeó con sorpresa. —Yo... lo que todas las criaturas de la oscuridad saben, supongo. Hace unos trescientos años, brujas poderosas se reunieron para llamar al espíritu del Fénix y lo colocaron dentro de un cuerpo humano. La presencia de la infame bestia ha mantenido al Príncipe desterrado de este mundo y hecho a sus secuaces ineficaces. —Yo no soy ineficaz —chasqueó Rafael enfadado. —No lo entiendo —Amil observó al viejo brujo con un ceño receloso—. ¿Por qué hablamos del Fénix?. —Porque nos mantiene lejos de nuestro verdadero maestro. El joven se encogió de hombros. —Ha estado perdido para nosotros. ¿Qué podemos hacer?. Rafael apenas reprimió una llamarada de furia. Tontos. Todos ellos. Mientras había trabajado duro y se había sacrificado para restituir al Señor Oscuro, los otros habían permitido que la desesperanza los aplastara. Ya no eran bestias orgullosas que inspiraran miedo y odio entre los mortales. En lugar de eso echaban a correr entre las sombras como animales rabiosos. Le daban asco. —No, hijo mío. El Príncipe no ha estado totalmente perdido para el mundo. —¿Qué está diciendo?. —El cáliz ha sido destruido. Las brujas ya no tienen control sobre el Fénix. Los pálidos ojos se abrieron sorprendidos. —Es un milagro. —Desde luego. El aprendiz agarró los brazos de su silla. —El Príncipe pronto será liberado. —No —la voz de Rafael era áspera—. El cáliz puso el espíritu en el cuerpo de otro mortal. El Fénix todavía vive, pero está debilitado y vulnerable. —Debe ser destruido. Y pronto. La expresión de Rafael se endureció en adustas líneas y sus delgados dedos se movieron para acariciar el pesado colgante en su cuello. —Ciertamente debe ser destruido. —¿Y qué quiere usted de mí?. —Quiero que me traigas el cáliz. Vivo. El aprendiz entrecerró la mirada de forma calculadora. —Perdóneme, maestro, pero, ¿no sería mejor llamar a los secuaces para aplastar al Fénix antes de que pueda recuperar sus fuerzas?. Rafael torció los labios con ironía. Como muchos que ansiaban poder, Amil era demasiado rápido en recurrir a la violencia cuando se necesitaba astucia. —Ciertamente una simple, aunque más sangrienta, solución —reconoció—. Pero considera, hijo mío. Será un gran honor para aquel que ofrezca el Fénix al maestro. Y tengo la intención de que esa gloria sea mía. Amil lo pensó durante un minuto antes de asentir con la cabeza. —Por supuesto. Una inteligente estratagema. Pero, ¿por qué yo? ¿Por qué no hace esta importante tarea usted mismo?. —Porque alguien debe asegurarse que las brujas no intervienen. Y yo soy el único con el poder de desafiarlas —se encogió de hombros—. Y, por supuesto, tú has manipulado fuerzas que pueden ayudarte a descubrir dónde está escondida la mujer. Hubo una larga pausa antes de que Amil cruzara las manos sobre el pecho, con una ligera sonrisa en sus labios. —Es algo muy peligroso lo que me pide, maestro. El vampiro seguro que está protegiendo al cáliz. Arriesgo mucho más que mi vida. Rafael se encogió de hombros para ocultar el desprecio por un hombre que haría un trueque por poder antes que ganarlo. Desafortunadamente, no poseía otros siervos voluntarios para llamar a los poderes prohibidos incluso por el Príncipe. Algunos sacrificios debían ser hechos, reconoció de mala gana. Incluso si significaba estar asociado con tan patético tonto. —¿De modo que deseas conocer tu recompensa? —requirió en tonos fríos. —Soy un hombre práctico. Sacrificios. Rafael denodadamente mantuvo la compostura. —Me haré cargo de tu entrenamiento personalmente. ¿Quieres ganar tu medallón antes que todos los demás? Puedo dártelo. La sonrisa se ensanchó. —¿Y una muestra de la gratitud del Príncipe?. Rafael bajó brevemente la mirada a las manos, imaginándolas alrededor del codicioso cuello de Amil. Luego sacudió ligeramente la cabeza. El futuro estaba suspendido sobre la noche siguiente. Tenía que hacer lo que fuera necesario para asegurar el retorno de su maestro. —Así será. El joven se puso de pie, con la satisfacción grabada en sus delgados rasgos. —Entonces tenemos un trato. Rafael también se levantó, su propio semblante tan duro y oscuro como las paredes de piedra. —Amil, no me falles. Ya te has enfrentado a la muerte. Si descubro que eres incapaz de finalizar esta tarea que te encomendé, entonces la muerte será el último de tus temores. ¿Lo entiendes?. El aprendiz tuvo el buen sentido de palidecer ante la amenaza. —Sí. Rafael agitó una mano impaciente. —Entonces ve. Tienes mucho que hacer antes de que el sol se ponga y el vampiro esté en plena fuerza. Amil se deslizó fuera de la habitación, y Rafael volvió a pasear hacia el fuego que se consumía en el centro del suelo. El Príncipe Oscuro pronto podría volver a su lugar de gloria. Y él lideraría el camino —Pronto mi señor —suspiró. Capítulo 6 Unas horas después Abby se despertó de un profundo sueño, afortunadamente sin soñar. Levantando sus pesados párpados, al principio se sintió atontada por el tacto de las sábanas de seda rozando su piel y las sombras que cubrían la amplia habitación. No era la clase de muchacha que se despertaba en cuartos extraños. Ciertamente no en uno de sábanas de satén y un eco que podría rivalizar con la catedral de San Pablo . De todos modos, era mejor que el colchón lleno de bultos y el hedor asqueroso que le habían dado la bienvenida la última vez que despertó, se dijo irónicamente. Y con la ventaja añadida de un par de deliciosos brazos masculinos rodeándola. No era una mala forma de despertar. Al menos no lo sería si aquellas memorias putrefactas de demonios y brujas, y de ser invadida por un espíritu poderoso no volvieran con intensidad. Haciendo una mueca, Abby rodó a un lado para estudiar al hombre que dormía a su lado. No, no un hombre, se recordó ferozmente. Un vampiro. Estudiando los increíbles y perfectos rasgos bajo la débil luz, parecía imposible que no hubiera adivinado antes la verdad. Él era la fantasía de toda mujer. La vida le había enseñado que tenía que haber una trampa en algún sitio. Sus labios temblaron. Todas las mujeres sabían que la clase de hombres que podían robar el corazón de una mujer con una mirada tenían que ser gays, psicóticos, o estar casados. Ahora supuso que tendría que añadir vampiros a la lista. Apenas consciente de lo que hacía, Abby silenciosamente levantó el edredón para descubrir la forma delgada y musculosa. Aunque para su decepción los vaqueros permanecían, se había quitado la camisa de seda para mostrar un pecho que era tan letalmente hermoso como había imaginado en sus sueños acalorados. Era amplio y liso con suficientes músculos esculpidos para satisfacer a la mujer más exigente. Dios querido, prácticamente rogaban ser acariciados. Y por suerte no había bultos extraños o escamas que invadían a otros demonios. Ni siquiera un tatuaje estropeaba la piel de alabastro. —Buenos días, querida —repentinamente una voz ronca irrumpió en el silencio. Levantando la cabeza de golpe, Abby se fijó en la ranura de plata brillando bajo las espesas pestañas. Bien, eso era embarazoso. Una cosa era pasearse con papel higiénico pegado al zapato. O tener pintalabios en los dientes. O incluso destruir un valiosísimo florero Ming. Pero que la pillasen mirando abiertamente con lascivia a un hombre medio desnudo mientras dormía… Era completamente lascivo. Repentinamente Abby dejó caer el edredón como si le pudiera chamuscar los dedos. —Yo… no me percaté de que estabas despierto —logró graznar. —Puede que esté muerto, pero ni siquiera yo puedo dormir mientras una hermosa mujer me come con los ojos —sus labios se torcieron en una sonrisa sardónica—. Dime dulce, ¿qué buscabas? ¿Un cuerno y una cola?. El hecho de haber tenido la necesidad furtiva de asegurase de que no tenía ninguna singularidad peculiar, la hizo ponerse a la defensiva. —No, por supuesto que no. —Ah, entonces planeabas aprovecharte de mí mientras dormía, ¿eh? Retorcido, pero me gusta. —No… yo… —arrugó la nariz, aceptando que había sido total y verdaderamente pillada. ¿Qué le quedaba, salvo admitir la verdad?—. Supongo que sentía curiosidad. Pareces tan… normal. Él se puso rígido ante su reacia confesión. —¿Quieres decir humano?. —Sí. —¿Estás decepcionada o aliviada?. Ella se encogió de hombros débilmente. —Después de Halford y los perros infernales, tengo que admitir algo de alivio. Sin advertencia, ella se descubrió girada sobre la espalda con Dante encima, las manos del vampiro apoyadas a ambos lados de su cabeza. —Quizás no poseo tres ojos ni tengo ácido goteando de mis colmillos —dijo él, sus hermosos rasgos de improviso sombríos—, pero nunca debes cometer el error de fingir que soy humano. Soy un vampiro, Abby no un hombre. Su corazón latió acelerado al observar al peligroso guerrero suspendido encima de ella. De repente no parecía nada humano. Era una muerte enroscada y elegante que sostenía su vida entre las manos. —¿Qué estás diciendo? —susurró ella—. ¿Que no puedo confiar en ti?. Las cejas oscuras se juntaron. —Por supuesto que puedes confiar en mí. Moriría antes de permitir que alguien te hiciese daño. —¿Entonces qué?. —Es sólo que no quiero que finjas que soy algo que no soy —su mirada fija metálica le perforaba profundamente los ojos—. Eso sólo nos causará más dolor. ¿Fingir que no era un vampiro? Santo infierno, ¿sobre qué estaba farfullando? Ella podría fingir que comer una increíble copa de helado de dulce de azúcar era una comida equilibrada mientras tuviera cacahuetes y nata encima. O que Johnny Depp era su verdadera alma gemela si solo se tomase el tiempo para conocerla. ¿Pero el hecho de que este hombre no era un vampiro?. Ja. Extrañamente, sin embargo, cuando abrió la boca para informarle que estaba mal de la cabeza, vaciló bruscamente. Demonios. ¿Podía decir con franqueza que durante algunos momentos durante las horas anteriores no había intentado olvidar la verdad sobre Dante? ¿En momentos como su tierna seducción en la bañera? ¿Y cuando se había agarrado a él en la oscuridad como si fuera su ángel de la guarda? Ciertamente para Abby era pan de cada día ignorar lo que no quería ver. Bajando las pestañas, combatió el ridículo impulso de sonrojarse. —Deberíamos levantarnos. —Abby, por favor, no me dejes fuera —dijo él, su voz suavizándose en un oscuro y agradable tono que se deslizó como una pluma por su espina dorsal—. No fue mi intención asustarte. Es sólo que… Contra su voluntad, los ojos de ella se levantaron para encontrar su fija mirada plateada. —¿Sólo que?. —Quiero que me conozcas por cómo y quien soy, no como la imagen dulce y picante que desearías que fuera. —Te vi luchar contra aquel demonio, Dante. Sé lo que eres. Sorprendentemente él hizo una mueca en las oscuras sombras. —No, no lo sabes, pero lo harás antes de que todo esto termine. Y eso es lo que temo. De repente Abby entendió. Esto se trataba de mucho más que su opinión incierta sobre los vampiros. Era sobre la fe. La confianza. En él. —Ambos sabemos que yo estaría muerta si fueras humano. Sería una hipócrita si desease que fueras algo distinto a lo que eres —confesó, con una sonrisa reacia tocando sus labios—. Además, mis antecedentes con hombres de la especie humana no me hacen precisamente estar muy ansiosa por juntarme con uno para la eternidad. Por suerte las facciones masculinas se ablandaron ante su pesarosa confesión. —¿Ningún caballero de brillante armadura?. —¿Caballeros? Más bien adolescentes idiotas . —¿Adolescentes idiotas?. —Bueno, mi último novio me dejó por nuestro cartero, y realmente quiero decir cartero, y el anterior a él se quedó sólo el tiempo suficiente para robar mi código de ATM y poder limpiar mi cuenta de ahorros. —Alimaña despreciable —Dante entrecerró la mirada. —Increíblemente fueron una mejora respecto a mi primer novio, que pensaba que el mejor modo de terminar una pelea era con los puños. Hubo un absoluto silencio mientras él le estudiaba la cara. —¿Te golpeó?. —Sólo una vez. Al menos aprendí de mi estupidez. —¿Quieres que lo mate? Abby parpadeó, no del todo segura si estaba bromeando. —Ah… bueno… una oferta tentadora, por supuesto, pero supongo que debería pasar. Él se encogió de hombros. —Es una oferta sin límites, por si cambias de opinión. —En realidad, simplemente prefiero olvidar que alguna vez existieron —le aseguró. —Es una solución, de alguna manera —su mirada bajó a la plenitud de sus labios antes de levantarse— ¿Pero crees que es acertada?. Abby frunció el ceño. Por Dios, seguramente no estaba a punto de recibir consejo amoroso de un vampiro medio desnudo que resultaba estar encima de ella, ¿no?. Un vampiro medio desnudo locamente atractivo. —Yo diría que por lo menos es más acertada que hacerlos devorar —se obligó a refunfuñar Abby. —Sólo me pregunto si realmente has aprendido de tus errores —dijo él. —He aprendido que tengo un criterio malísimo en lo que concierne a los hombres. —O buscas a aquellos destinados a decepcionarte de modo que no tienes que preocuparte por un vínculo emocional. —Oh Dios, por favor no te pongas doctor Phil conmigo —gruñó ella, para nada de humor para considerar que podría tener razón—. Lo último que necesito es ser psicoanalizada por un vampiro. Él arqueó una lustrosa ceja negra. —Es el hecho de ser un vampiro lo que me da algo de percepción. No se vive entre humanos durante cuatro siglos sin aprender algo de sus peculiares hábitos. —Bueno, no sabes nada sobre mí. —¿No? —sus labios se curvaron en una débil sonrisa—. Sé que odias las cebollas y el atún, que consumes tu peso en chocolate cada día sin ganar ni un kilo, y que necesitas una receta para hervir agua. Sé que finges disfrutar de la música clásica, pero cambias de emisora de radio a una de rock punk cuando piensas que nadie está alrededor. También sé que te escondes del mundo y que estás sola. Siempre has estado sola. Abby diligentemente trató de respirar. Lamentablemente sus pulmones rechazaron cooperar. Maldito sea. Una cosa era que ella se hubiese pasado los últimos tres meses mirándolo con secreta fascinación. Después de todo, no había descubierto nada más íntimo que el hecho de que él era vergonzosamente magnífico y poseía una inquietante habilidad al piano. Pensar que había atravesado tan fácilmente sus barreras cuidadosamente erigidas era desconcertante. —Bien —refunfuñó ella—. Tengo problemas de intimidad. Y todo eso. Ahora, ¿podemos levantarnos?. La sonrisa de él sólo se ensanchó. —No hay prisa. El sol justo se está poniendo ahora. —Bueno, te vendría bien un poco de sol —le informó con sequedad—. Estás muy pálido. —¿Me quieres ver hecho un montón de cenizas, eh? —los ojos plateados ardieron con un fuego repentino—. ¿Y cómo te protegeré si…?. Hipnotizada por la melosa voz oscura y la promesa que suavizaba sus rasgos, Abby casi se perdió la sombra que se elevó despacio detrás de la cabeza morena. Pero cuando ésta cambió y se acercó, los ojos de Abby se ensancharon y un grito salió de su garganta. —¡No! Distraído por la aguda lujuria que tan fácilmente lo consumía cuando estaba cerca de esta mujer, Dante estaba desprevenido cuanto el grito de Abby rasgó el aire y ella se puso bruscamente derecha. Tumbado de espaldas, a Dante le llevó un momento luchar contra las mantas que lo arropaban. Un momento demasiado largo, ya que Abby saltó del colchón y atacó a la forma que surgía. —Abby, no —ordenó él, levantándose en un tardío intento de parar su impetuoso asalto. No vislumbró más que un vistazo de un hombre humano antes de que ella empujara al intruso lejos de la cama y los dos cayeran al suelo. En un latido, o lo que habría sido un latido si fuera cualquier cosa menos un vampiro, Dante levantó a Abby alejándola y se puso de cuclillas al lado del cuerpo inmóvil. —Aguanta querida, está muerto —murmuró, su mirada fijándose con rapidez en la podredumbre negra y la mano descarnada que todavía agarraba una estaca de madera. Un asesino de vampiros—. Por segunda vez, si no me equivoco. Aferrándose a su toalla con un apretón feroz, Abby miró la forma inmóvil con repulsión. Algo no demasiado sorprendente. Ser atacada por un cadáver en estado de putrefacción tendía a ser un acontecimiento de una-vez-en-la-vida. —Dios mío, ¿qué es esto?. —Una abominación. —¿Qué?. —Un zombi —su voz mostraba repugnancia. Incluso entre el mundo de los demonios, el uso de semejante magia estaba condenado. Perturbar el reino de los muertos era un sacrilegio—. Una cáscara muerta animada por magia poderosa. Más magia que la que posee la mayor parte de los demonios. No está vivo o muerto, lo que explica porqué no lo sentí y cómo logró pasar el hechizo de protección de Viper. —Zombis —Abby soltó una risa corta y casi histérica—. Genial. Simplemente genial. Ahora todo lo que necesitamos son unas momias y un hombre lobo para completar nuestro grupo Hoyle oficial de monstruos. Dante estiró la mano para tocar el cuerpo frío que estaba estirado con la cara en la alfombra. —Abby, necesito que me digas lo que pasó. —¿Qué quieres decir?. —Después de ver al zombi, ¿qué hiciste?. Dante detectó el movimiento inquieto de ella ante su pregunta. —Estabas aquí. Sabes lo que pasó. Dante levantó la cabeza para encontrarse con su desconcertado ceño fruncido. Ella estaba todavía conmocionada por la inesperada violencia, pero en ese momento no podía consolarla como deseaba. Era imperativo que descubriera todo lo posible sobre esta última amenaza. —Por favor, Abby, dime exactamente lo que hiciste. —¿Qué importa? —la recorrió un temblor—. ¿Está muerto, verdad?. —Tan muerto como Elvis en esta ocasión. La pregunta es porqué está muerto. —Bueno, podría tener algo que ver con ese agujero abierto en su cabeza. —No, eso lo mató la primera vez. Cuando entró en la habitación, estaba animado por la magia, no por el latido del corazón. Nada podría haberlo matado salvo el fuego, preferentemente de la variedad mística. —¿Fuego? —ella sacudió la cabeza—. Todo lo que hice fue empujarlo. Dándole la vuelta al cuerpo, Dante abrió de un tirón la formal camisa blanca con la que el pobre desgraciado había sido sepultado. En la luz sombreada, la descomposición del pecho apenas era visible, pero no había duda, las quemaduras profundas que tenía eran la forma perfecta de dos manos. Las manos de Abby. —Fue todo un empuje, querida —murmuró él. Ella hizo un profundo sonido con su garganta al retroceder apresuradamente con horror. —¿Estás diciendo que yo hice eso?. La angustia reflejada en su voz hizo que Dante se levantara y se pusiera directamente ante ella, bloqueando la vista del repugnante cadáver. —Estoy diciendo que me salvaste —la informó severamente—. Si no hubieras parado al caminante no-muerto, yo estaría esparcido sobre ti en forma de poco favorecedoras cenizas. —¿Pero cómo? —susurró—. ¿Cómo podría hacer yo algo así?. Las manos de Dante le acariciaron los hombros con movimientos calmantes. —Te dije que el Fénix encontraría modos de protegerse. No hay nada de lo que asustarse, Abby. Los brillantes ojos azules centellaron con una emoción apenas suprimida. —Acabo de quemar enormes agujeros en esa… cosa sin ni siquiera saber lo que hacía. —Te protegías. Y por suerte a mí en el proceso. Ella levantó las manos para contemplarlas como si fueran objetos extraños. —Pero no sé cómo lo hice. —¿Importa eso?. —Por supuesto que importa —replicó en tonos bruscos—. He visto Ojos de fuego . ¿Crees que quiero ser una jodida antorcha humana?. Dante sofocó con rapidez el destello de humor que le produjeron sus temores. A pesar de todo su coraje, Abby pendía de un delgado hilo. —Querida, cálmate. No eres una antorcha humana —suavemente le cogió una mano y la colocó en el centro de su pecho. Calor agudo y ardiente llameó hacia él ante su tacto, pero no tenía nada que ver con el poder del Fénix—. ¿Ves?. —Pero… —Abby —descansó su frente sobre la de ella, apretándole los dedos en silencioso consuelo—. Esto no es diferente de tu habilidad para parar a un hombre con una patada bien dirigida o usando las uñas como armas letales. Es simplemente otra arma. Una que podría mantenerte viva. Ella permaneció rígida entre sus brazos durante un largo rato, y luego por fin soltó una risita llorosa. —¿Hay algo que alguna vez te moleste?. Retirándose, Dante siguió una solitaria lágrima que rodaba por su mejilla. —Esto me molesta. Me hace sentir un profundo dolor. —Dante. La vulnerabilidad que suavizó sus rasgos fue la perdición de Dante. Antes de poder resistir, su cabeza estaba bajando para capturarle los labios en un suave beso que brilló hasta los huesos. Despacio, apretó los brazos alrededor de su tembloroso cuerpo, consolándola de la única forma posible. Condenado infierno, quería sacarla de este lío infestado de demonios. Un deseo imposible, por supuesto. Hasta que encontraran a las brujas, todo lo que podía hacer era intentar protegerla y esperar que ella pudiese soportar los terrores que aún quedaban por venir. Moviendo los labios sobre sus mejillas en una caricia y bajando por la longitud de su mandíbula, Dante susurró con paciencia palabras de ánimo hasta que sintió disminuir su temblor. —Abby, mi amor —murmuró al final, retirándose para encontrar su ensombrecida mirada—. No podemos permanecer más tiempo aquí. Creo que deberíamos juntar nuestras cosas y marcharnos. No sabemos cuántos otros zombis podrían estar al acecho. Aunque estaba pálida, Abby había recobrado de nuevo su firme coraje. Envolviendo los brazos alrededor de la cintura, levantó decidida la barbilla. —¿A dónde iremos?. —A encontrar el aquelarre —replicó él sin vacilar—. Lo que significa que primero tendré que hablar con Viper. Las cejas de ella se elevaron con sorpresa. —¿Él sabe dónde esta el aquelarre?. Los labios de Dante temblaron. —No. Pero posee lo que necesitamos para encontrarlo. —¿Y qué es?. —Transporte. Capítulo 7 A Abby le llevó menos de un cuarto de hora deslizarse entre las ropas que Dante había comprado para ella y atarse el cabello en una simple trenza. No fue muy sorprendente, en realidad. No había nada como un cuerpo dos veces muerto yaciendo en el suelo para lanzar a una mujer a velocidad turbo. No sólo era repugnante, sino que el olor ciertamente maduraría en poco tiempo. Algo que no estaba particularmente ansiosa de experimentar. Con cuidado de evitar mirarse en el espejo al reflejo que ya no era el suyo, se cepilló rápidamente los dientes y regresó al cuarto contiguo donde Dante la esperaba. Un arrepentido destello de diversión la invadió al verlo al lado de la puerta. Mientras ella se veía como si hubiera pasado los últimos dos días rodando en callejones, siendo cazada por demonios y atacada por zombis, él era un perfecto Versace. El lustroso cabello negro estaba apartado de su delgado rostro de alabastro para caer por su espalda. La camisa de seda negra no tenía ni una arruga y relucía sobre su imponente torso, y un par de pantalones de cuero negro abrazaban sus piernas con un resultado de Oh-Dios-mío. Incluso sus maliciosas facciones no tenían fallos. No había sombras, ningún signo de cansancio. Ni siquiera un asomo de barba. Era condenadamente injusto, decidió, al continuar avanzando. Al menos podría tener el pelo revuelto de dormir o un poquito de sueño en esos ojos magníficos. Ignorante de sus ridículos pensamientos, Dante le ofreció una sonrisa alentadora. —¿Estás lista?. —Solo en el sentido proverbial de “Tan lista como alguna vez estaré” —admitió irónicamente. Su sonrisa de pirata se ensanchó. —Suficientemente bueno por ahora, supongo. Vamos. Dejaron juntos el apartamento, bajando por el pasadizo al rebuscado vestíbulo. Sin embargo, en lugar de dirigirse a la puerta, Dante la condujo hacia una escalera curvada de mármol. En silencio ascendieron hasta el piso más alto y se dirigieron a la parte trasera del edificio. Solamente cuando se encontraron frente a un par de puertas talladas de caoba, Dante se detuvo. Abby lo seguía tan cerca que casi se chocó contra él cuando se giró abruptamente para mirarla con el ceño fruncido. —Mira Abby, no puedo dejarte por tu cuenta, no mientras no sepamos con certeza que es seguro. Abby enarcó las cejas. —¿Crees que voy a discutir? Después de estas últimas horas, planeo pegarme a ti como pegamento. —Una visión muy agradable, sobre la que tengo intención de reflexionar en profundidad más tarde, querida. Aún así… —¿Qué?. Los labios de Dante se estrecharon. —Este no es lugar para inocentes. Abby puso los ojos en blanco hacia el cielo ¿Todos los vampiros eran dementes? Ella no había sido inocente desde el día que dejó la cuna. —No soy una niña Dante —le replicó con una mirada oscura—. No creo haberlo sido nunca. He visto más maldad en mi vida de la que mucha gente puede soñar. La expresión de él se suavizó cuando estiró la mano para deslizarle los dedos por la mejilla. —Lo sé, querida, pero no significa que en tu corazón aún no seas pura. Desafortunadamente en este momento, no tenemos mucha opción. Sólo… permanece cerca. Preguntándose qué nuevos horrores podrían estar detrás de la puerta, Abby asintió lentamente mientras se acercaba a él y le rodeaba la cintura estrechamente con los brazos. —Tendrás que usar un pincho de ganado para apartarme. Dante gimió por lo bajo mientras cerraba los ojos brevemente. —Condenado infierno. Abby frunció el ceño ante su extraño comportamiento. —¿Pasa algo?. —Si no estuviera ya muerto, me llevarías a la tumba, querida —refunfuñó; después, estirando la mano, abrió la puerta de un tirón—. Hagamos esto. Ella podría haber estado perpleja ante sus extrañas palabras si no la hubiera empujado por el umbral a un oscuro cuarto que vibraba con el sonido de música oriental. El harén de un jeque, comprendió al echar un vistazo a la cámara circular cubierta con tenues gasas y seda con lentejuelas. Sobre el piso estaban colocadas docenas de grandes almohadas, algunas de ellas ocupadas por una variedad de hombres y mujeres que respiraban profundamente el humo de opio proveniente de los braseros de cobre. Fueron las esquinas, sin embargo, las que llamaron su atención Aunque estaba oscuro, no era posible confundir las formas que se retorcían y los fuertes gemidos que resonaban en las sombras. Puede que nunca hubiera estado en una orgía, pero ciertamente podía reconocer una cuando se tropezaba con ella. Sintiendo que su estómago se retorcía en repugnancia, se aferró más apretadamente a Dante. Había pensado que nada podría molestarla —bueno, al menos nada en la variedad humana—, pero había una oscura y hambrienta decadencia en la habitación que le erizaba la piel. Era desesperación sin esperanza, decidió. Esa familiar enfermedad del espíritu contra la que había luchado por más tiempo del que quería considerar. Colocándole un brazo alrededor de los hombros, Dante hizo lo posible para bloquearle la visión mientras la conducía firmemente hacia un nicho en el lateral del cuarto. —Viper estará en la parte de atrás —murmuró—, es donde él… Lo que fuera que conllevaba el él, fue ásperamente ahogado por el repentino grito que cortó el aire, y Dante fue separado de Abby por una mujer claramente furiosa. Petrificada por el inesperado ataque, Abby tropezó hacia atrás, observando con asombro como la asaltante sujetaba a Dante por el cuello y lo levantaba del suelo para fijarlo a la pared con asombrosa fuerza. Una vampira, se dio cuenta con rapidez. No sólo que una mujer mortal sería incapaz de levantar a un hombre ya crecido con tanta facilidad, sino que poseía esa belleza extraña que la marcaba como algo más que humana. Mucho más que humana, reconoció Abby cuando Dante extendió una mano para evitar que se acercara. Tan alta como Dante, la vampira poseía un cuerpo esbelto apenas oculto por un traje de gasa para guardar las apariencias. El cabello por debajo de la cintura contenía el raro matiz de un dorado amanecer. Su rostro era delgado, casi felino, con ardientes ojos verdes y labios lujuriosos que podrían satisfacer la fantasía de cualquier hombre. Y claramente estaba de un humor de síndrome premenstrual. Sin luchar, Dante sin embargo miró a su captora de forma cautelosa. —Sasha. —Dante, esta es una sorpresa deliciosa —ronroneó la mujer—. No puedes imaginarte cuántos días he soñado justo con este momento. Abby se puso rígida ante el inconfundible tono. Demonios, no estaba atacando a Dante porque él protegía el Fénix. Ella era su ex. Una sorprendente llama de algo que podían ser celos recorrió a Abby cuando cruzó los brazos sobre el pecho. ¿Ese era el tipo de mujer que él deseaba? ¿Hermosa, poderosa e inmortal? Él… sapo… —¿Una vieja amiga tuya? —exigió Abby. —Algo así —admitió Dante, torciendo los labios con humor ácido—. Ahora, Sasha, no es el momento para una de nuestras pequeñas riñas. —¿Pequeña? —la mujer entrecerró la mirada hasta tener dos peligrosas rendijas—. Me encerraste en un sótano. —Obviamente lograste escapar. No pasó nada. Sasha gruñó por lo bajo. —Estuve ahí durante tres semanas. Tuve que comer ratas. —He escuchado que son muy nutritivas —Dante gruñó cuando los dedos le apretaron la garganta—. Maldición, Sasha, nunca te habría encerrado en aquel maldito sótano si no hubieras tratado de clavarme una estaca. —Sabes que nunca hubiera hecho algo así, solo estaba jugando. —¿Jugando?. —Solían gustarte nuestros jueguecitos. Recuerda cuánto disfrutabas ser encadenado a la… —Las cadenas son una cosa, Sasha, pero una estaca es bien distinta —la interrumpió Dante con rapidez—. No tenía mucho interés en quedarme y descubrir dónde intentabas ponerla. Llámame loco. Sasha aspiró ruidosamente. —Aun así fue rudo. —Tienes mis disculpas más profundas —refunfuñó Dante—, así como la solemne promesa de nunca volver a encerrarte en un sótano. Pasó un largo rato antes de que los rasgos de Sasha se suavizaran en un puchero seductor, y bajara a Dante al piso. —Supongo que podrías convencerme de perdonarte. —No eres nada menos que una santa. Permitiendo que la mano que había estado tratando de ahogar a Dante se deslizara suavemente hasta su pecho, la vampira se inclinó hacia delante hasta estar presionada íntimamente contra él. —Ahora, ¿nos besamos y lo arreglamos?. Abby se descubrió apretando los puños mientras la mujer se frotaba contra Dante como una gata en celo. No estaba segura de si deseaba golpear a Dante o a Sasha la Fresca. Pero estaba muy segura de que quería golpear a alguien. —En realidad, tengo algo de prisa. Necesito hablar con Viper. El puchero se hizo más pronunciado. —Siempre escapando. Y siempre con algún inútil humano —acusó, sus ojos de gata girando hacia la silenciosa Abby—. ¿O es tu cena?. Con un fluido movimiento, Dante se desplazó al lado de Abby, su expresión llena de advertencia. —Ella no está en el menú. —Predecible —la voz de Sasha era puro veneno—. Realmente deberías pasar más tiempo con tu propia gente, Dante. Esas criaturas te hacen débil. —Tendré eso en cuenta. Con una enojada aspiración, Sasha se dio la vuelta alejándose, sus curvas marfileñas perfectamente visibles bajo la delgada gasa. Sola con Dante, Abby le lanzó una disgustada mirada ceñuda. —Encantadora. —Sasha es un poco… emocional —admitió con pesar. —Más que un poco si intentó matarte. Él se encogió de hombros. —Cada relación tiene su lado peligroso. Tú misma lo admitiste. —Pero no muerte por estacas de madera —rezongó, aún luchando contra el persistente sentimiento de hostilidad al imaginar a Dante intimando con la bella vampira— La mujer está realmente loca. Una lustrosa ceja negra se curvó mientras Dante barría con la mirada sus rígidas facciones. —Según recuerdo, has tratado de clavarme una estaca más de una vez. —Sí, pero eso era diferente. —¿Cómo?. —Porque lo era. —Ah —los labios de Dante temblaron con un destello de malvada diversión—. Creo que sé lo que te tiene enojada. Estás celosa. Abby se colocó las manos en las caderas. Bueno idiota. Por supuesto que estaba celosa. Puede que Sasha estuviese muerta, pero todavía era asquerosamente hermosa con la pasión ardiente que hacía babear a los hombres. Más importante que eso, había logrado atrapar a Dante con sus habilidades seductoras. O tal fueron las cadenas, murmuró una desagradable voz en el fondo de su mente. En todo caso, había poseído lo que Abby había deseado con lujuria durante meses. Por supuesto que estaba condenadamente celosa. No es que fuera a admitirlo. Tenía su orgullo, para lo que valía. —No seas tan creído, Dante. Mi única preocupación es saber cuantas otras ex-novias podrían saltar de cualquier parte. Las cosas ya están suficientemente mal sin mujeres vengativas acechando. Él siguió el contorno de sus labios con la punta del dedo. —Eres una mentirosa terrible, querida. Instintivamente Abby se alejó de su distrayente contacto. —¿No vinimos aquí para encontrar a Viper? —Algún día cercano, Abby, tendremos una larga charla. Será muy interesante —dijo suavemente—. Hasta entonces, tienes razón, deberíamos estar buscando a Viper y largarnos de aquí. A pesar del infantil deseo de quedarse y disfrutar la vista del indiscutible ataque de celos de Abby, Dante le agarró el brazo con firmeza para guiarla hacia el fondo del cuarto. No sólo no era este el lugar para una inocente, sino que además tenía más de una disgustada ex-amante, por no mencionar los numerosos demonios que abrigaban la molesta idea de que les debía dinero. Cuanto más pronto pudiera obtener las llaves del auto de Viper, mejor. Entrando en un nicho oscurecido, Dante hizo una pausa para echar un vistazo al largo vestíbulo más allá. Estaba agradecido de que la mayor parte de las puertas estuvieran cerradas y que ninguno de los placeres perversos que Viper ofrecía a sus clientes pudiera ser descubierto con facilidad. Todavía estaba más agradecido al descubrir a Viper apoyado despreocupadamente contra la pared. Al menos no tendría que arrastrar a Abby por los deshechos más bajos del libertinaje. —Ahí está —murmuró, girándose para colocar sus manos sobre los hombros de Abby—. Espera aquí mismo. Sólo será un minuto. Los ojos de ella se agrandaron al mirar intranquila por encima del hombro. —¿Y si alguno de tus amigos tiene hambre?. —Los mataré —prometió con cruda sinceridad—. No dejaré que nada te suceda. La mirada de Abby regresó para encontrarse con la decidida expresión de su rostro antes de asentir lentamente. —De acuerdo, pero date prisa. —Lo haré —rozándole la frente con los labios, Dante se giró y se encaminó hacia su amigo. Deteniéndose al lado de Viper, esperó hasta que el vampiro se giró para mirarlo con las cejas arqueadas—. Viper, un momento por favor. Dirigiendo una mirada hacia la expectante Abby, Viper se apartó de la pared y cruzó los brazos sobre el pecho. —Desearía que te decidieras, Dante. Primero insistes en proteger a tu beldad de mi malvada clientela, y ahora la exhibes como una fruta tentadora. A menos que desees disturbios, sugiero que la saques de aquí. —Las cosas han cambiado —le replicó Dante, rápidamente revelando el último ataque sobre Abby en términos breves. Un hosco ceño fue creciendo en la frente de Viper mientras escuchaba en silencio. Cuando Dante al fin terminó, lanzó una furiosa maldición. —¿Quién se atrevería a soltar a semejante criatura?. —Un idiota imprudente. —Un humano sin duda —Viper apretó los dientes, no era de los que escondían su desdén por los mortales. Dante se encogió de hombros. Por el momento no podía darse el lujo de perder el tiempo reflexionando quién podía estar tras el ataque. —Quizás. De momento sólo me interesa mantener segura a Abby. Viper estrechó la mirada. —Una tarea digna; sin embargo, espero que tengas un milagro o dos guardados bajo la manga, Dante. En este momento tu compañera es el Santo Grial para cada criatura del inframundo. ¿Un milagro? Dante sonrió con ironía. Lo más cercano a un milagro que tenía era el hecho de que Abby todavía estaba viva y él no había terminado con una estaca clavada. —Ningún milagro, pero tengo un plan —confesó de mala gana. —Uno que incluye desaparecer los próximos siglos, espero. —La llevaré con las brujas. Un penetrante e incrédulo silencio descendió antes de que Viper abruptamente sujetara del brazo de Dante y lo empujara a las más oscuras sombras del pasillo. —¿Has perdido por completo la cabeza? —gruñó su amigo con ardiente furia—. La última vez que te encontraste con esas perras te ataron como un perro. Esta vez muy bien podrían matarte. Dante metió las manos en los bolsillos. Demonios, no era idiota. Al menos no un completo idiota. Era plenamente consciente de que si eso le convenía a las brujas, podría volver a tener grilletes, o peor. —No tengo elección —dijo rígidamente. —¿Por qué?. —Son las únicas que pueden sacar el Fénix de Abby. Viper parecía lejos de estar impresionado por su perfectamente razonable explicación. En cambio, comenzó a mirar a Dante como si estuviera considerando una camisa de fuerza. —Ahora sé que estás loco —barbotó— ¿Por qué dejarías que te unieran a otra? Esta mujer al menos se preocupa por ti. Dante cerró con fuerza su mente a la tentación. No era de naturaleza noble. O dado a sacrificarse. Tomaba lo que quería y al infierno con la moral. Pero de alguna manera las reglas habían cambiado. Abby se había ocupado de eso. —Esta no es su responsabilidad. —Ni tampoco la tuya —continuó Viper con suavidad letal—. No por elección. Lentamente Dante giró la cabeza hacia la delgada forma que esperaba ansiosa junto a la puerta. Sus labios se torcieron en una sonrisa sarcástica. —Lo es ahora. —¿Lo arriesgarás todo por esta mujer?. —Todo —admitió Dante en tono bajo. Hubo un corto silencio antes de que Viper suspirara con resignación. —Vaya locura. ¿Qué puedo hacer para ayudar?. Dante se dio la vuelta con una expresión decidida. —Por ahora todo lo que necesito son tus llaves. Capítulo 8 Horas más tarde, Dante continuaba la cacería por los silenciosos suburbios de la ciudad. A su lado, Abby, que tomaba de mala gana las hierbas que había insistido que bebiera, estaba sentada en un extraño silencio. Demasiado silenciosa, se dio cuenta cuando echó un vistazo al delicado perfil, plateado por el efecto de la luz de la luna. Aunque Abby siempre ponía cuidado en mantener las distancias, no era habitual que se retirara completamente. Debería estar quejándose por lo inútil que era buscar alguna pista de las brujas, sino de algo más. O castigándole por tener ex-amantes letales. O por lo menos, diciéndole como debería conducir. En lugar de eso, estaba sentada con los hombros caídos, bebiendo las hierbas y… Repentinamente, el ceño de Dante se profundizó. ¿Estaba tarareando?. Por la sangre del Diablo. Definitivamente había algo que andaba mal en esta mujer. Reduciendo la velocidad del coche, Dante se aclaró la garganta cauteloso. ?¿Abby?. ?¿Mmmmmm?. ?¿Estás bien?. ?Sólo estaba pensando. Bueno, eso no parecía tan malo. Por lo menos no había entrado en estado catatónico. ?¿Qué estás pensando?. ?¿Todos los vampiros tienen un Porsche?. Desconcertado, le echó una rápida mirada ¿Eso era en lo que había estado tan absorta? ¿En las preferencias de transporte de los vampiros?. ?Claro que no ?dijo despacio?. Conozco a varios vampiros que prefieren el Jaguar e incluso a uno que nunca encontrarías en nada salvo un Lamborghini. Mejor dicho, eso es lo que él desearía. ?¡Ah! ?agitó el dedo hacia él?. Sabía que había algo sospechoso. Simplemente suponía que esos ricos habían vendido su alma al diablo. En lugar de eso, son todos demonios. ?Sí, todo esto es una gran conspiración. Ella rió tontamente. Luego, tomando otro gran trago, giró la cabeza en el suave cuero del asiento y lo miró con los ojos medios cerrados. ?¿Qué ha pasado con esos días en los que un vampiro se escabullía a través del alcantarillado y vivía en una húmeda cripta?. Él arqueó una ceja. ?Creo que terminaron al mismo tiempo que los mortales decidieron gatear fuera de sus cuevas. ?Aún así, deberías convertirte por lo menos en murciélago o tener la frente muy pronunciada. Algo más vampiresco. Bien. Era oficial. Sin excepción, las mujeres mortales eran las criaturas más impredecibles, caprichosas y dementes que jamás anduvieron en la tierra. Y esta mujer era la campeona de las campeonas en llevar a un vampiro a la locura. Un minuto estaba aterrorizada, al siguiente enojada, y luego, ¡bam!, toda suave y vulnerable. Aún así, esa risita tonta, y ese humor casi frívolo era un cambio claro. Podría haber pensado que estaba borracha como una cuba si no fuera… Oh, condenado infierno. Los ojos de Dante se estrecharon cuando la vio dar otro largo trago a la bebida. Era eso. Había pasado tanto tiempo desde que Selena se había convertido en el Fénix que había olvidado el efecto de las potentes hierbas. A lo largo de los años, ella se había acostumbrado al brebaje, pero hubo un tiempo en el que había reaccionado con el mismo vertiginoso atolondramiento. ?Abby ?murmuró. ?¿Mmmmm?. ?¿Estás bebiendo las hierbas de Selena?. ?Sí ?sonrió alegremente?. Y sabes, una vez que te acostumbras al gusto amargo y a los grumos ocasionales, no es totalmente repulsivo. Te hace sentir… hormigueos. ?¿Hormigueos?. Abruptamente ella hizo una mueca. ?Excepto por mi nariz. No puedo sentir nada mi nariz. Todavía está ahí, ¿verdad? Dante se tragó la risa cuando se estiró para darle un ligero golpe en la nariz. Cuando estaba borracha era inesperadamente cautivadora. ?Sana y salva en el centro de tu cara ?le aseguró. ?Bien. No me gusta mucho, pero no quiero perderla. ?No, una nariz es una buena cosa para tener ?recorrió sus pálidos rasgos durante un momento antes de volver la mirada a las oscuras calles?. Y es una perfecta y fina nariz. ?Es demasiado pequeña, y tiene pecas. Tensó los dedos en el volante mientras giraba hacia el bulevar que estaba en el límite de la arboleda. ?Mortales ?barbotó molesto? ¿Por qué se preocupan tanto por la apariencia física? No sólo desaparece rápidamente, sino que también es insignificante. Las sabias palabras fueron recibidas con un ruido desdeñoso. ?Habló uno que pertenece a la gente realmente hermosa ?se quejó?. Es fácil condenar la vanidad superficial cuando te ves como un dios griego. ?Simplemente… ?le echó una rápida mirada? ¿Piensas que parezco un dios Griego?. ?En realidad, pareces más un pirata. Un pirata muy, muy perverso. ¿Un pirata? Eso no parecía casi tan bueno como un dios griego. Por supuesto, había dicho que era uno perverso. ?De acuerdo, voy a tomar eso como un cumplido. ?Tienes que saber que eres magnífico. ?Bueno, está todo eso del reflejo, querida ?dijo con voz seca?. No paso mucho tiempo arreglándome delante de los espejos. ?Oh… lo olvidé ?hipó?. Lo siento. ?No es tan excitante como tener la frente pronunciada o convertirse en murciélago, pero por lo menos es vampiresco. Ella asintió lentamente. ?Supongo que es verdad. Y tienes los colmillos. ?Sí, tengo los colmillos. Dejó salir un suspiro lánguido. ?Aún así, convertirse en murciélago habría sido genial. La sonrisa de Dante se desvaneció. Ella no tenía ni idea del monstruo en que era capaz de convertirse. En su mente todo lo que había eran mitos y cuentos de hadas. ?Abby. ?¿Qué?. ?Creo que has tenido suficiente de esas hierbas por ahora. Hubo una breve pausa antes de que luchara por enderezarse en el asiento. ?Puede que tengas razón. La cabeza está empezando a darme vueltas. Dante dio un golpecito al interruptor para bajarle la ventanilla, permitiendo que entrara en el coche una ráfaga de aire fresco. ?¿Mejor?. ?Sí ?sacó la cabeza por la ventanilla, respirando profundamente? ¿Sabes?, creo que ese brebaje contiene licor. Dante se rió entre dientes cuando redujo la velocidad y condujo el coche hasta detenerlo. ?No te preocupes, querida, muy pronto estarás disfrutando de un helado cubierto de chocolate en lugar de brebajes que parecen tener licor. Metiendo la cabeza dentro, Abby le obsequió con una elevación de cejas. ?¿Por qué nos paramos? ¿Estamos cerca del aquelarre?. ?Eso es lo que intento averiguar. Parpadeó sorprendida. ?¿Puedes sentirlo?. ?De hecho, espero olerlo. ?¡Ugh! ¿Las brujas apestan? ?Las brujas no, pero sí algo que hay cerca del aquelarre ?explicó con una sonrisa?. Cuando Selena volvía de las visitas, siempre traía pegado un aroma peculiar. Abby inclinó la cabeza hacia un lado. ?¿Qué clase de olor?. Dante se encogió de hombros. ?No estoy seguro. Sólo sé que cuando regresaba, yo evitaba la casa durante días. Era muy… peculiar. Abby pensó durante un largo momento. ?¿Una carnicería?¿O una fábrica de curtidos?. Dante elevó las cejas ante la inocencia de sus palabras. ?Habría reconocido el olor de la sangre, mi dulce. ?Oh… bien. ¿Qué tal una refinería de petróleo o un corral de ganado? ?No, era más bien como un campo de trigo podrido. Ella frunció el ceño. Dante no la culpaba. Incluso para un vampiro poderoso, un leve olor que no podía definir era difícilmente algo con lo que continuar. No era MacGyver. Entonces, sin advertencia, ella le apretó el brazo con fuerza. ?¡Oh, por Dios!. Inmediatamente alerta, Dante miró alrededor para asegurarse de que no les atacaban. ?¿Qué pasa? ?Sé donde está ?murmuró. ?¿El aquelarre?. ?Sí. ?¿Cómo?. ?Hace años, mi hermano mayor trabajó en la fábrica de cereales ?explicó?. Cuando volvía, la casa entera apestaba a trigo podrido durante horas. ¿Había trigo podrido en el cereal? Infiernos. ¿Cómo se atrevían los humanos a estremecerse ante la preferencia de los vampiros por la sangre? Por lo menos él la exigía claramente sin estar podrida. ?Merece la pena intentarlo ?concluyó?. ¿En qué dirección?. ?Sur. Arrancando el motor, Dante giró el coche hacia el sur. No tenía garantía de que el aquelarre estuviera cerca de la fábrica, pero por lo menos era un sitio por el que empezar. Cuando el silencio descendió nuevamente, Dante echó una mirada furtiva hacia la mujer que estaba a su lado. En esta ocasión, Abby no estaba zampando las potentes hierbas o tarareando en una agradable nube de niebla. En lugar de eso, sus cejas estaban fruncidas, y se mordisqueaba el labio inferior como si estuviera profundamente pensativa. Con esfuerzo, resistió la urgencia de preguntarle en qué estaba pensando. Si en los últimos meses había aprendido algo acerca de esta mujer, era que podía escribir una tesis sobre la obstinación. Revelaría lo que quisiera revelar y cuando quisiera hacerlo. Fue veinte minutos después cuando por fin volvió la cabeza para estudiarlo con una expresión preocupada. ?¿Dante?. ?Sí. ?Viper parecía enfadado cuando hablaste con él antes. De repente Dante apretó fuertemente los dedos en el volante. Había supuesto que Abby estaba demasiado ocupada asegurándose de que ninguno de los huéspedes se le arrastrara hasta al cuello para darse cuenta de la confrontación que tuvo con su compañero vampiro. Parecía que ni siquiera un hotel lleno de vampiros y demonios abandonándose en orgías podían mantenerla distraída. ?No estaba demasiado ansioso por entregar las llaves de su Porsche favorito ?replicó con tono ligero?. Puede ser muy fastidiosamente posesivo con sus juguetes. ?No ?dijo con un categórico movimiento de cabeza?. No te creo. ?Bastante severa, querida ?protestó. ?No quería que me llevaras al aquelarre. ¿Por qué? Dante murmuró una maldición en voz baja. Maldito Viper y su pobre imitación de mamá gallina. ?No pudiste escuchar lo que estábamos diciendo ?intentó fanfarronear inútilmente. ?Sé que estabais discutiendo y que él trataba de convencerte de algo ?le acusó?. Estaba preocupado por lo que te haría el aquelarre, ¿verdad?. ?Viper siempre ha desconfiado de la magia. ?Dante, quiero la verdad ?cruzó los brazos sobre el pecho, tomando claramente una actitud de no-me-jodas? ¿Te harán daño?. Se encogió de hombros. ?Me necesitan. ?Te necesitaban, pero ahora todo ha cambiado ?murmuró, llegando demasiado cerca de la verdad?. De hecho, creo que debemos reconsiderar el hecho de buscar a las brujas. ?¿Qué?. ?No quiero que te hagan daño. Dante mantuvo una torva mirada en el camino vacío. A pesar del placer que le produjo su preocupación, no quería convertir a esta mujer en una mártir. ?Abby, no tenemos alternativa. ?Siempre hay alternativas. Su expresión se endureció ante las suaves palabras. ?No si quieres estar libre del Fénix. Son las únicas capaces de transferir el poder a otro. Hubo una larga pausa, y Dante casi se convenció de que había forzado a Abby a entrar en razón, cuando ella se aclaró la garganta. ?Entonces a lo mejor debería quedármelo. El coche se echó hacia un lado peligrosamente antes que Dante pudiera recobrar el dominio de sí mismo. Condenado infierno, la mujer nunca fallaba en cogerlo con la guardia baja. Redujo la velocidad y le lanzó una mirada descontenta. ?No sabes lo que estás diciendo ?gruñó?. No has sido preparada para convertirte en el Cáliz. ?¿Lo fue Selena? ?le preguntó alzando las cejas. Él hizo una mueca cuando recordó a su antigua ama. Aunque Selena había sido humana, siempre había creído, de forma arrogante, que estaba por encima de los demás. Algo no sorprendente en la hija de un duque que se consideraba al mismo nivel que su propio Dios. Selena había visto el poder y la inmortalidad del Fénix como un derecho más que como un deber. ?Ella sabía en qué se metía ?murmuró. Abby estiró la mano para tocar ligeramente su brazo. ?Entonces dime. Dante escogió las palabras cuidadosamente. No quería aumentar su miedo, pero por otro lado, tenía que asegurarse de que entendiera meticulosamente por qué era imposible para ella cargar con tanta responsabilidad. ?¿Te puedes imaginar lo que es ser inmortal? ?preguntó finalmente. ?Bueno, puedo imaginarme que hace del seguro de vida una cuestión discutible. ?Abby ?dijo con voz áspera. Ella se encogió de hombros. ?Admito que nunca he tenido una razón para darle vueltas a esa idea. ?Significa ver a tu familia y amigos marchitarse y morir mientras permaneces exactamente igual ?le informó bruscamente?. Significa ver la vida pasar sin que nunca te toque. Significa estar completamente sola. Abby le ofreció una risa sin humor. ?Mi así llamada familia, podría posar para un cartel de familias disfuncionales. Mi padre nos aterrorizaba y luego nos abandonó, mi madre se emborrachaba tanto que se murió antes de tiempo, y mis hermanos huyeron a Chicago en cuanto pudieron escapar?hubo un breve silencio?. Siempre he tenido que estar sola ?susurró en la oscuridad. Dante se sobresaltó. ?Abby. Ella inspiró abruptamente, lamentando el breve momento de vulnerabilidad. ?¿Qué más?. ?Siempre serás perseguida ?replicó agudamente, desechando la urgencia de ofrecerle consuelo. Tenía que hacer que recobrara el juicio?. A cada instante, alguien malvado estará planeando tu muerte. Ella se dio la vuelta en el asiento para mirarlo directamente. ?Pero dijiste que el Fénix está comenzando a ocultarse. ?Lo está, pero siempre están los que poseen suficiente poder o están lo suficientemente desesperados como para rastrearte. Por eso yo estaba encadenado al espíritu, como protección. Pudo sentir su mirada recorriendo su adusto perfil. ?Entonces tú puedes protegerme. Dante se puso tieso y la piel le picó con una repentina oleada de disgusto por sí mismo. ?¿Como protegí a Selena? ?gruñó. ?Dante, no puedes culparte… ?No es cuestión de culpa; es cuestión de conocimiento ?replicó con un tono oscuro?. Condenado infierno, ni siquiera sé qué la mató. Lo que significa que cuanto antes te entregue a las brujas, mejor. ?Dante… ?No ?giró la cabeza para atravesarla con una mirada feroz?. Debemos hacer esto por el Fénix, Abby. Debe ser protegido por aquellos que están más preparados para mantenerlo fuera de peligro. Superada con claridad por su estrategia, Abby frunció el ceño frustrada antes de tirarse contra el suave cuero del asiento. ?No peleas limpio, ¿sabes?. Sus labios se curvaron con humor irónico. ?Un vampiro, dulzura, nunca pelea limpio. Sólo peleamos para ganar. Una hora después, Abby se abría camino resueltamente entre las malas hierbas que habían crecido en los campos que rodeaban el parque industrial. Malas hierbas y aborrecibles arbustos de espinas mutantes por energía nuclear, descubrió al parar por enésima vez para intentar salvar sus pantalones de la destrucción. Diablos, nunca le había gustado la naturaleza. Era sucia y estaba llena de espeluznantes criaturas y cosas que la hacían estornudar. Y esta pequeña excursión no hacía que le tomara más cariño. No podía ni imaginar por qué las brujas no habían elegido un local en el centro comercial. Por supuesto, las hierbas y las espinas eran sólo una pequeña parte de su actual incomodidad, admitió tristemente. Los nudos que retorcían su estómago y la sequedad de su boca eran debidos a las brujas que estaban buscando. Dante era inflexible en que ésta era la única opción, pero no estaba muy convencida. Independientemente de sus nobles motivos, había sido testigo de los gritos de piedad de Selena cuando ellas habían forzado al poderoso espíritu a entrar en su cuerpo y, peor aún, de su desprecio por Dante cuando lo habían encadenado con su magia. ¿Podían ser de confianza unas mujeres capaces de semejantes actos? Sintiendo unas náuseas nerviosas que apretaban su estómago, Abby se giró para mirar al hombre que caminaba a su lado. Necesitaba urgentemente una distracción si no quería avergonzarse a sí misma huyendo y gritando de terror. ?Si pretendes hacerme perder la cabeza con una caminata a la luz de la luna, Dante, tengo que decirte que no estoy impresionada ?bromeó con tono tenso. Girando la cabeza, Dante emitió una familiar y perversa sonrisa. ?Que vergüenza, querida. Qué puede ser más romántico que una agradable brisa nocturna… ?Perfumada con el rancio hedor de la fábrica. ?O estar rodeado por la belleza de la naturaleza. ?Malas hierbas que raspan y pican, y que me provocarán sarpullidos muy desagradables. Él se rió ante sus palabras ácidas. ?Por lo menos tienes que admitir que nunca habías tenido un compañero más apuesto, encantador y sexy. Bueno, él tenía razón, reconoció irónicamente. Ni en sus más salvajes fantasías pudo imaginar que semejante hombre diabólicamente apuesto existiera. ?Quizás ?concedió a regañadientes?. Pero la mayoría de mis citas no vienen completas con un fardo de demonios, monstruos y zombis. Una ceja negra se arqueó. ?Bastardos aburridos. Obviamente no entienden el fuerte encanto de una verdadera aventura. ?¿Aventura? ?haciendo una mueca, Abby aplastó un mosquito de un manotazo?. Una aventura es caminar a través de la Plaza de San Marcos en Venecia, o beber café en un encantador restaurante en París. No abrirse camino a través de un brezal en busca de brujas. ?De hecho, la última vez que intenté disfrutar de un café en París, casi me cortaron la cabeza en la guillotina ?murmuró? ¿Entiendes, querida?, todo es cuestión de perspectiva. Abby tropezó al oír la confesión hecha de forma indiferente. ?Buen Dios, ¿podrías parar de hacer eso? ?se quejó. ?¿Qué?. ?Mencionar el pasado de forma tan casual. Y yo que pensaba que era vieja porque recuerdo Melrose Place. Él simplemente se rió. Maldita fuera su alma de vampiro. ?Tú fuiste quién sacó el tema de París. Sólo estaba ofreciéndote mi propia experiencia en la ciudad. Su mirada resbaló sobre el hermoso rostro bañado por la luz de la luna. ?Entonces, ¿estabas en París durante el régimen del terror? ?Por unos pocos e inolvidables meses ?sonrió tristemente?. Te sugiero que lo visites cuando no haya una revolución en proceso. Abby puso los ojos en blanco. ¿Ella en el seductor y sofisticado París? Sí, el día en que le creciesen alas y se tatuase el trasero. ?Lo tendré en cuenta cuando la oportunidad destinada-a-nunca-aparecer ande por aquí. En las sombras, los ojos como plata líquida la abrasaron. ?¿Quién sabe lo que te deparará el futuro, querida? Hace unos pocos días no esperabas estar con un vampiro o peleando para salvar al mundo del mal. ?De hecho, me habría parecido mucho más probable que unas lujosas vacaciones en Francia. Estirando la mano, Dante le tiró de un rizo que se le había escapado de la trenza. ?Eres demasiado joven para ser tan cínica. ?Soy realista, no cínica ?le corrigió firmemente?. Las vacaciones en París no son para mujeres que ganan el salario mínimo y… ?se calló abruptamente, con los ojos ensanchados por el horror?. ¡Maldito sea el infierno! Una sutil tensión escoció alrededor de Dante cuando pasó rápidamente una escrutadora mirada sobre ellos. ?¿Qué ocurre? ?Estoy sin trabajo, y mi alquiler ha vencido. Hubo un momento de afilado silencio antes de que Dante inclinara la cabeza hacia atrás para reírse de forma poco comprensiva. Frunciendo el ceño, Abby se puso las manos en las caderas. ?¿Qué es tan gracioso? Dante alargó la mano para agarrarle la barbilla con sus delgados dedos. ?Te has convertido en el Cáliz de un poderoso espíritu, te has enfrentado a demonios, y te diriges a ponerte en manos de unas brujas. ¿Y ahora estás preocupada sobre si puedes o no pagar el alquiler? A Abby se le estrecharon los ojos ante su diversión. ?Estoy preocupada por pasarme los días empujando un carrito de supermercado por las calles y durmiendo bajo los bancos del parque… posibilidades muy reales que son tan malas como cualquier demonio o bruja. Él frunció el ceño cuando sus dedos vagaron hasta acariciarle la mejilla. ?¿Piensas que permitiré que te echen a la calle? Un fuerte dolor le oprimió el corazón. Demasiado pronto, las brujas podrían remover el hechizo y Dante sería encadenado a otra. ¿Por qué le iba a dedicar él ningún pensamiento? Eran polos opuestos, en este caso vampiro y mortal . Más preocupaba de lo que quería admitir al pensar en estar de nuevo completamente sola, Abby forzó una rígida sonrisa en sus labios. ?Bueno, encerraste a tu antigua amante en un sótano. ?Sólo en defensa propia ?le apretó la cara con los dedos, con una expresión extrañamente sombría?. Prometí que nada te dañaría, Abby. Nada. Es una promesa que tengo intención de mantener sin importar lo que nos depare el futuro. Ella se forzó a tragar el nudo que sentía en la garganta cuando sus dedos subieron para cubrirle la mejilla. Por Dios, sabía cómo robarle el corazón a una mujer. ?Dante ?dijo suavemente. Dante dejó escapar un pequeño gemido de su garganta cuando presionó la frente contra la de ella. ?Oh, querida, si tienes algo de piedad en tu corazón, no me mires así. Por lo menos no ahora. Un oscuro y pecaminoso calor recorrió a Abby cuando se presionó contra el duro cuerpo de Dante. Si no se encontraran en un brezal espinoso, o si los demonios no estuvieran persiguiéndolos, o si no hubiera cerca brujas al acecho, lo habría tirado al suelo y hecho lo que le apeteciera con él. Maldición, la hacía sentirse caliente e incómoda. Desafortunadamente, ningún deseo podía cambiar su situación, y con un tembloroso suspiro, se forzó a dar un paso hacia atrás. ?Tenemos que encontrar el aquelarre ?dijo con una mueca resignada. Dante cerró los ojos brevemente, como si luchara por recuperar el control, antes de levantar la cabeza y recorrer con la mirada el cielo adornado de estrellas. ?Sí, el amanecer llegará pronto. Acabemos con esto. Capítulo 9 Los últimos siglos le habían enseñado a Dante algo más que unas cuantas lecciones. Nunca te alimentes de un borracho. Nunca le des la espalda a una mujer enfadada. Nunca apuestes por un caballo que se llame Afortunado. Nunca te enfrentes a un demonio Chactol después de beber una botella de ginebra. Y nunca, nunca desconfíes de tu propio instinto. Esa última lección había sido la más difícil y la que mejor había aprendido, y era la razón por la que no se había dirigido directamente al aquelarre, a pesar de haber logrado capturar su esencia a tan sólo un kilómetro y medio de las fábricas abandonadas. Mientras se acercaban con rapidez, decidió que había algo que no encajaba. Un escalofrío helado recorrió su piel y el olor a sangre fresca llenó el aire. Cerca de allí se había producido una batalla. Una batalla que había implicado el uso de una magia muy poderosa ocasionando una innegable masacre. Bordeando los árboles que ocultaban el aquelarre de la vista, Dante intentó determinar el peligro que se avecinaba. No podía detectar ningún demonio, pero ya no estaba seguro de que las criaturas de la noche fueran las que suponían la mayor amenaza. Y eso, por supuesto, era lo que más le preocupaba. Mierda del diablo. No le gustaba la sensación de que estaba siendo manipulado por este enemigo desconocido. Pero, ¿qué otra opción tenía sino seguir adelante? Tenía que encontrar a las brujas. Aunque lo matasen. Un pensamiento que lo sacaba de quicio. Echando un vistazo sobre su hombro, vio como Abby luchaba para liberar su camisa de las espinas de un arbusto en el que se había enganchado. Una débil sonrisa apareció en sus labios. En verdad, era una criatura de lo más sorprendente. Tan rara y extraordinaria como la joya más preciada. Entonces, como si hubiera detectado su escrutinio, ella giró la cabeza abruptamente para echarle esa gloriosa y enojada mirada que parecía reservar únicamente para él. —Maldición, si tenemos que caminar en círculos, ¿podemos al menos hacerlo en algún lugar donde vendan helados de mocca y tengan aire acondicionado? —No estamos caminando en círculos —negó instintivamente, sólo para hacer una mueca apenas visible—. Al menos no exactamente. —Supongo tienes algún tipo de visión de murciélago, ¿no? Él arqueó las cejas. —¿Sabías que los murciélagos son ciegos? Ella rechinó los dientes. —Entonces, visión de vampiro. Él se encogió de hombros. —Puedo ver lo suficientemente bien, aunque eso realmente no importa. No estoy buscando el aquelarre. —¿Qué?—sus ojos brillaron peligrosamente bajo el atenuado resplandor de la luna—. Te juro por Dios, Dante, que si me has llevado a través de estas zarzas mutantes para gastarme algún tipo de broma, te clava... —Me clavarás una estaca, sí, ya lo sé —dijo con voz cansina—. Deberías intentar ser un poco menos predecible, querida. —No me diste la oportunidad de decirte dónde voy a clavarte la estaca —le espetó. Le atravesó una ráfaga de humor. —Cierto. —Por el amor de Dios, si no estamos buscando el aquelarre ¿qué demonios hacemos aquí fuera? —Dije que no estoy buscando el aquelarre —corrigió suavemente—, estoy intentando olerlo. Su cólera decayó lentamente en cuanto comprendió su error. —¡Oh! ¿Has tenido suerte? De nuevo, un temblor helado resbaló sobre su piel cuando Dante se dio la vuelta hacia el aquelarre oculto. —Está justo más allá de esa línea de árboles. Estrechando los ojos, ella siguió su mirada. —Tendré que confiar en ti puesto que no puedo ver esa mierda. —Está allí. —Entonces, ¿a qué esperamos? —dijo frunciendo el ceño desconcertada—. Pensaba que querías acabar con esto de una vez. —Hay algo que no encaja. Sintió la tensión de Abby ante su brusca admisión. Obviamente, cualesquiera que fueran sus sentimientos hacia él, por lo menos había aprendido a confiar en sus instintos. Una oscura satisfacción se alojó en su corazón, pero fue tragada rápidamente por un estremecimiento interior. Condenado infierno, se estaba comportando de forma tan tonta como un mortal. Imagina, un vampiro inmortal rebuscando las patéticas migajas que ella le tiraba. A lo mejor deberían clavarle una estaca. —¿Cómo sabes que algo anda mal? —preguntó ella con un suave susurro. Haciendo un esfuerzo, Dante regresó sus pensamientos de un tirón a los problemas actuales. Ya tenían demasiado de lo que ocuparse. —Huelo a sangre. —¿Sangre? —Mucha sangre. —¡Oh, Dios! —Tengo que averiguar qué ha sucedido. Sin avisar, Abby estiró la mano para cogerle los dedos. Su calidez viajó rápidamente a través de su piel hasta calentarle todo el cuerpo. —¿Crees que han atacado a las brujas? No era necesario mentir. No cuando tendrían que acercarse el aquelarre. —Sí. —Yo… —ella se detuvo brevemente, inclinando la cabeza para dirigirle una estrecha mirada—. Vas a acercarte y obligarme a que me quede aquí, ¿verdad? —No —rápidamente tomó una decisión—. Hasta que no sepa qué está pasando, no puedo estar seguro de que no haya algo arrastrándose todavía por ahí. Abruptamente, ella apretó sus dedos con más fuerza. —Tenías que decirlo ¿verdad? —No quiero que bajes la guardia. Ante su advertencia, emitió un sonido de disgusto. —Estoy vagando en la oscuridad con un vampiro, buscando a un grupo de brujas que puede que nos despellejen vivos. ¿Crees que no estoy lo suficientemente en guardia? Él dio un pequeño tirón para acercarla, ahuecando suavemente su cara con los dedos. —Lo que creo es que lo peor está por venir —murmuró. —Perfecto —permitiendo que su mirada se encontrara con la suya, se calmó momentáneamente. Entonces una sombría percepción hizo destellar sus ojos; con una débil sacudida de la cabeza, dio un paso hacia atrás con dificultad—. Supongo que lo mejor que podemos hacer es terminar con esto. Bajando súbitamente la cabeza hacia ella, Dante presionó un suave beso en sus no-muy-firmes labios. —Permanece detrás de mí y si percibes alguna cosa dímelo —susurró contra su boca. Ella tragó con fuerza cuando él se apartó. —Te prometo que serás el primero en oírme gritar. —Muy bien. Manteniendo sus dedos entrelazados con fuerza en los de ella, Dante se dirigió hacia la espesura de los árboles. Detrás de él, Abby se tropezaba y ocasionalmente maldecía a los matorrales, pero logró estar a la par de los largos y fluidos pasos de él. En un cuarto de hora habían alcanzado un claro. Directamente en el centro había una estructura de ladrillo de tres plantas con varias dependencias de madera. Nada parecía indicar que estaban ante otra cosa que no fuera una granja. De hecho, era deprimentemente normal. Precisamente lo que las brujas podían desear. Al contrario que los vampiros, no tenían la habilidad de camuflarse de los curiosos. Se veían forzadas a ocultarse a plena vista. Abby caminó vacilante a su lado, con la frente fruncida en perplejidad. —¿Estás seguro de que esto es el aquelarre? —Sí —murmuró, manteniéndose en las sombras conforme se acercaban con cautela a la estructura. —Parece… —¿Muerto? —acabó la frase, deteniéndose cuando alcanzaron una gran ventana lateral. —Sí, eso lo resume —convino con tono tembloroso. Un rápido vistazo a través de los teñidos cristales también lo resumió todo. La carnicería era impresionante, digna del alma más negra, pero Dante no permitió que su visión lo distrajera. No quedaba nadie para contar lo sucedido. Apartándose, dirigió la mirada hacia los edificios restantes. —¿Vas a entrar? —preguntó Abby desde atrás. —No. No puedo entrar. —Maldición. Se dio la vuelta, ofreciéndole una irónica sonrisa. —En realidad, es algo bueno. —¿Por qué? —Porque al menos algunas brujas sobrevivieron al ataque —explicó—. En caso contrario la barrera estaría rota. —¿Qué? Ante la visión de sus facciones, que eran insoportablemente frágiles, su corazón muerto se crispó. —No importa. Deben haber huido. Veré si puedo percibir su rastro. Su boca se abrió con consternación. —¿Vamos a caminar más? Dante inspeccionó el claro. De momento estaban solos. —Puedes esperarme aquí. No iré lejos. Ella se mordió el labio. El terror que luchaba por mantener a raya resultaba casi visible mientras consideraba la oscuridad que se cernía sobre ella. —Tu definición de lejos es considerablemente diferente a la mía —murmuró. Él colocó los dedos debajo de su barbilla para inclinarle la cabeza hacia arriba. Esperó hasta que encontró su mirada penetrante y le ofreció una reconfortante sonrisa. —Sólo tienes que llamar y vendré corriendo. —¿Lo prometes? —Sobre mi corazón que detesta la quiche —dijo suavemente. Los labios de Abby temblaron, aunque sus ojos permanecieron oscuros con inquietud. —Eso servirá. Enmarcando su cara con las manos, Dante presionó los labios contra su frente antes de apartarse para mirarla con una sombría expresión. —Abby. —¿Qué? —Te aconsejo que permanezcas lejos de las ventanas. Está mal ahí dentro. Realmente mal. Tras la advertencia, Dante se dirigió hacia los edificios anexos. Si alguna de las brujas había huido, debería ser capaz de percibir su rastro. Supuso que era demasiado esperar que se hubieran ocultado entre los árboles cercanos. Durante tres siglos, nunca le habían puesto las cosas fáciles. No mires. No mires. No mires. Las palabras de Dante resonaban en la mente de Abby. Sabía que tenía razón. No quería ver qué había adentro. Dios sabía que en las últimas horas había visto lo suficiente como para llenar dos vidas. Y lo menos importante no era un cadáver en movimiento que rehusaba permanecer en su tumba. Pero el mismo hecho de que no debería mirar, aseguró naturalmente que sus pies se dirigieran hacia la ventana y que su cara se presionara contra el cristal. Durante un momento no pudo distinguir nada en la oscuridad, y un profundo sentimiento de alivio la recorrió. Entonces, cuando se preparaba para irse, su mirada se desvió hacia una pared próxima y Abby se tambaleó hacia atrás con horror. Había tanta sangre... Estaba salpicada por todas partes. Y... otras cosas que ni siquiera quería considerar. Doblándose, tuvo una arcada por las crecientes náuseas. —Tenías que mirar, ¿verdad? —dijo una voz oscura arrastrando las palabras, mientras un fuerte brazo le rodeaba los hombros y la acercaba. —No tenías que haberme dicho que no lo hiciera. Él le presionó la cabeza en su hombro. —De alguna forma, sabía que terminaría siendo culpa mía. Más reconfortada de lo que una mujer racional debería estar ante la caricia de un vampiro, Abby se obligó a sí misma a apartarse. —¿Encontraste algún rastro? Incluso en la oscuridad, ella pudo ver la mueca que hizo. —Conduce hasta el anexo más cercano, que resulta ser un garaje. Ella elevó los ojos al cielo. —No me digas. ¿Se fueron en el brujamóvil? —Algo así. Abby aspiró profundamente. Sabía que debería estar decepcionada. Sin las brujas, su vida seguía estando en peligro. Toda clase de cosas espeluznantes, repulsivas y medio muertas continuarían buscándola. Y el Fénix que había tomado su cuerpo como alojamiento continuaría remodelándola como si fuera la habitación barata de una residencia de estudiantes. Pero la decepción que anidaba en su corazón se parecía extraordinariamente al alivio. —¿Y ahora qué? —exigió realizando un esfuerzo por sonar resignada más que demente. Levantando la cabeza, Dante olfateó el aire. —El amanecer se acerca. Debo encontrar algún sitio hasta que se oculte el sol. —¡Oh! Podríamos volver a las fábricas. —Creo que puede haber algo más cercano. ¿Puedes caminar? Sus pies habían ido desde más allá del dolor hasta un irritable entumecimiento. —Me las arreglaré. Una sonrisa lenta y enigmática curvó sus labios. —Nunca dejas de asombrarme, querida. Sobresaltada por las suaves palabras, Abby no tuvo tiempo de preguntar qué quería decir antes de que él le agarrara la mano y tirara de ella a través del claro en dirección al bosque. En silencio —bueno, Dante en silencio y ella pisando ramitas, aplastando fango, murmurando juramentos y soltando un gemido de dolor cuando el dedo gordo del pie tropezó con un tronco caído— caminaron a través de la oscuridad. Abby perdió rápidamente la noción del tiempo mientras se concentraba simplemente en mantener los pies en movimiento. Al final, Dante disminuyó la velocidad de sus pasos. —Aquí estamos —murmuró, estirando la mano para apartar la pesada cortina de hiedra que crecía a un lado de una baja colina—. No es que sea de cinco estrellas, pero al menos es oscuro. —Y húmedo —murmuró Abby mientras se agachaba para seguir a Dante por el estrecho túnel que conducía a una pequeña abertura circular. Sentándose en la tierra arenosa, Dante dio un tirón a su mano, empujándola al lado de su dura longitud. —Míralo de este modo, al menos no estamos en una cripta —señaló con tono seco. Aunque no estaba excesivamente impresionada con el techo bajo y las paredes cubiertas de musgo, tenía que reconocer que al menos era una ventaja no tener un cadáver alrededor. —¿Esto quiere decir que tendría que estar agradecida por estas pequeñas ventajas? —Bueno, también está el placer de mi compañía. Eso debería hacer que incluso una cueva húmeda pareciera el paraíso. —Dios, realmente deberías dejar de ser tan engreído, Dante —murmuró, acercándose las rodillas al pecho y rodeándolas con los brazos. Sintiendo claramente el débil temblor que atravesó el cuerpo de Abby, Dante se cambió de posición para estudiar la palidez de su cara. —¿Tienes frío? —Un poco. —Ven aquí —le rodeó los hombros con un brazo y tiró de ella para acercarla a su lado, reclinando la mejilla sobre su cabeza—. Esto debería calentarse mientras se levanta el sol. No había calor en su cuerpo, pero eso no detuvo un repentino golpe de calor que atravesó su sangre como una llamarada. Maldición, había pasado mucho tiempo desde que se había encontrado entre los brazos de un hombre, vivo o muerto. Mucho tiempo desde que sintió la embriaguez de la pasión saciada. Y no pudo negar que había deseado a Dante durante meses. El hambre insaciable que la invadía no parecía tener el don de la oportunidad, maldita fuera. —Deberías intentar dormir —dijo Dante rompiendo el silencio. Sus dedos jugaban descuidadamente con un mechón de su pelo—. Estaré vigilando. Con severidad, Abby volvió sus pensamientos a los problemas que los acuciaban. Seguramente, desear a este vampiro estaba en segundo lugar, tras el peligro inminente. —Estoy demasiado nerviosa para dormirme. —No puedo imaginarme porqué —dijo secamente. —¿Te hago una lista? —No hace falta. Ella suspiró débilmente. —Estamos realmente jodidos, ¿verdad? Hubo una pausa momentánea, como si Dante estuviera considerando con cuidado sus palabras. —No estoy seguro de si lo pondría en esas palabras, pero el ataque contra las brujas ha hecho que nuestra tarea sea más difícil. —¿Quién podría hacer tal cosa? —Esa es la cuestión —su tono tenía un filo letal, revelando que no estaba tan tranquilo como quería hacerle creer—. Un demonio no habría podido atravesar la barrera, pero un ser humano no habría podido causar tal destrucción. Ella se estremeció de horror. —Dios, no, fue espantoso. —A menos que... —A menos que ¿qué? —Un ser humano que venerara al Príncipe podría haber sido capaz de convocar una gran cantidad de poder. Abby no se molestó en ocultar su conmoción. Nunca había considerado la idea de que alguien que no fuera un monstruo pudiese atacar con ese salvajismo. —¿Un ser humano? Él se puso rígido ante su obvia sorpresa. —¿Crees que sólo los demonios son capaces de maldad? La aspereza de su voz hizo que se fijara en su tensa expresión. —No —dijo suavemente—. Estoy muy familiarizada con lo que la gente malvada es capaz de hacer. Él hizo una mueca con pesar. —Lo siento. No me gustan los misterios. —Me he dado cuenta de que no me importan mucho —murmuró, obligándose de mala gana a considerar todos los horrores que los habían estado persiguiendo durante los últimos días—. ¿Crees que la misma persona que atacó a las brujas asesinó a Selena? —No lo sé. Abby dejó escapar una risa seca. —Bien, al menos hemos determinado muy bien que no somos Nancy Drew ni Hércules Poirot . —No —lo sintió frotar la mejilla contra su pelo, y sus labios presionaron levemente contra sus sienes—. No soy un adalid demasiado bueno, ¿verdad, cielo? Ella inclinó la cabeza hacia atrás, para fulminarlo ante sus ridículas palabras. —No digas eso. Si no fuera por ti, ahora mismo estaría muerta. Sus labios se torcieron ante su feroz defensa. —En lugar de eso, estás oculta en una cueva, no más lejos de librarte del Fénix que al principio. Cambió de posición, y el movimiento la acercó con más firmeza contra su cuerpo duro. El corazón de ella saltó, golpeó y se alojó en alguna parte cerca de su garganta. No pienses en ello Abby, se ordenó firmemente. No pienses en esos finos y expertos dedos rozando tu piel desnuda. O esos labios acariciando tus partes sensibles. O tus piernas envolviendo su cintura mientras él... ¡Oh, demonios! Se derritió contra su dureza y sus ojos se oscurecieron al comprender que estaba cansada de pelear. —¿No me prometiste que estar contigo haría que esta cueva fuese el paraíso? Bastante inteligente, a pesar de ser un varón, Dante detectó inmediatamente el cambio en el ambiente. Los ojos plateados se oscurecieron de deseo mientras dejaba vagar la mirada lentamente por su cara. —¿Abby? —susurró. Sin darse tiempo para considerar su impulsivo comportamiento, Abby introdujo las manos entre su glorioso pelo. Ya tenía el corazón disparado y era imposible parar su agitada respiración. —No quiero pensar en esos demonios, brujas o en el resto de criaturas horribles que intentan matarme. Sus brazos la envolvieron, colocándola con facilidad a horcajadas sobre sus piernas, hasta quedar cara a cara. —¿Qué es lo que quieres? —gruñó, pasando los dedos a lo largo de su columna vertebral. —A ti —lo besó con todo el anhelo que la quemaba por dentro—. Te quiero a ti. Capítulo 10 Ella oyó su suave gemido cuando las manos masculinas se movieron para acunarle las caderas, presionándolas contra su grueso miembro. ?¿Abby? Ella se arqueó, con el cuerpo ardiendo. Demonios, en este momento se sentía totalmente como en casa en esta cueva. Ciertamente sus impulsos eran tan primitivos como cualquier Neandertal. Ella quería y tomaba. ?¿Qué? ?murmuró, inclinando la cabeza hacia atrás mientras los labios de él mordisqueaban su garganta. ?¿Sabes que no estás pensando claramente? ?No me importa. Su lengua siguió su camino, quemándola a lo largo de la línea de su clavícula. ?Es sólo que no quiero que entres en razón y descubras algún punto creativo para esa estaca con la que me amenazabas ?le dijo con voz ronca. En respuesta, ella se inclinó hacia atrás para poder sacarse la camisa por la cabeza. La lanzó a un lado y rápidamente se quitó el simple sostén de algodón. ?Ya he aceptado que me he vuelto completamente loca. ¿Qué puede hacer un poco más de locura? El gemido atormentado de Dante hizo eco en la oscura cueva, y sus ojos destellaron con un fuego plateado mientras movía tiernamente las manos para acunarle los pechos. ?Espero que esta locura sea buena ?susurró, claramente distraído, con los pulgares masajeando sus pezones. Ella tembló de excitación. ?Sí. Su cabeza bajó y sus labios se cerraron sobre la punta de su seno. ?¿Y una locura mejor? Los ojos de Abby se cerraron cuando un placer agudo y atormentador la recorrió. ?¡Ah… Dios! Sí. Condenado infierno. Todavía atormentando el pezón con su lengua, Dante atacó expertamente el cierre de sus vaqueros y, con la entera cooperación de Abby, rápidamente la tuvo desnuda y de vuelta en su regazo. Atrayéndola hacia él, la besó con un hambre desesperada. ?He soñado con esto tanto tiempo, querida. Tengo que saber que esto no es simplemente otra fantasía. ?No soy ninguna fantasía ?le aseguró ella. Él sonrió suavemente, mientras bajaba las manos por su espalda hacia sus caderas. ?Eso es cuestión de opinión. ?Dante ?susurró ella. ?Eres tan cálida. Podría ahogarme en tu calor. ?Creo que estarías más caliente si te deshicieras de un poco de ropa ?ofreció ella atrevidamente. ?Mucho más caliente ?sus movimientos fueron temblorosos cuando la ayudó a remover las últimas barreras existentes entre ellos. Abby contuvo el aliento cuando vislumbró su plena excitación, y un dolor repentino se arraigó profundamente dentro de ella. Quería hacer de esto una lenta y deliciosa seducción, pero el pensamiento de tenerlo enterrado profundamente en su interior, hizo que abandonara su plan y simplemente se uniera a él en una oleada de calor pagano. Obviamente malinterpretando su vacilación, Dante le acarició suavemente la mejilla. ?¿Estás segura sobre esto, Abby? ?Sí ?logró decir ella con voz rasposa, luchando por controlar la oleada de caliente deseo?. En este momento, es la única cosa de la que estoy segura. Observándola por un momento con una mirada penetrante, Dante enmarcó despacio su cara con las manos, atrayéndola hacia delante para besarla con una dolorosa dulzura. Abby se fundió con él. Ella no había exagerado. En ese momento nada le parecía más correcto que estar en los brazos de este vampiro. Sintiendo una extraña confianza de la que normalmente carecía, Abby recorrió el pecho musculoso ligeramente con las manos. Su piel era tan lisa como la seda, incitándola a un toque más íntimo. Sin pensarlo, bajó la cabeza para posar los labios sobre sus hombros, disfrutando del erótico placer que fluía por su sangre. ?Mi héroe ?susurró ella siguiendo con sus caricias persuasivas?. ¿Te gusta esto? ?Sí ?gruñó él, con las manos agarrándole las caderas, procurando mantener el control de su creciente necesidad. ?¿Y esto? ?susurró ella, moviéndose lentamente hacia abajo. ?¡Dios!, sí. ?¿Y esto? ?Abby ?dijo con voz ahogada cuando ella alcanzó los músculos apretados de su estómago ?¿Sí, Dante? ?Sigue así y esto será una fantasía ?rechinó él. Ella lanzó una risita gutural mientras frotaba deliberadamente el cuerpo a lo largo de su pecho. Sentía vivo cada uno de sus nervios, sensibilizados hasta un punto cercano al sufrimiento. ?Sólo trato de convencerte que no soy ningún sueño. Sin advertencia, la colocó encima de sus muslos. El aire se retiró del cuerpo de ella cuando la intensa erección se colocó en el húmedo calor de su entrepierna. Ella se movió experimentalmente, el lento latido en la parte inferior de su cuerpo gozando cuando la punta de él se deslizó dentro de su cuerpo. Sin embargo, no entró completamente, ya que le agarró las caderas y la miró con ojos ardientes. ?Todo lo que has hecho ha asegurado más que esto es una fantasía ?murmuró él. ?¿Necesitas más pruebas? ?bromeó ella. ?Ah, no, es mi turno para besar ?la informó, atrayéndola hacia sus labios expectantes?. Y quiero besarte por todas partes. Con un movimiento lento y deliberado, Dante marcó sus labios con un ardoroso beso. Luego, moviendo la boca sobre su cara, le acarició la longitud de su cuello arqueado. Abby clavó los dedos en sus hombros cuando él tiró de ella implacablemente hacia arriba, cogiendo el pezón endurecido entre sus dientes. Ella dio un grito suave cuando tiró y chupó, con la cabeza echada hacia atrás ante el insistente placer que la recorría. Él cambió su atención al otro pecho, conduciéndola despiadadamente a un torbellino de pasión. Lo quería dentro de ella. Quería el empuje de su poderosa erección sacudiéndola y llevándola maravillosamente más allá del borde de sus límites Pero mientras ella intentaba unirlos, él la elevó con determinación todavía más arriba. Abby se encontró de pie, temblando, mientras él le rozaba con la boca los músculos contraídos de su estómago. Gimió en respuesta, y luego sus ojos se abrieron de golpe cuando él bajó aún más, y su boca encontró su parte húmeda. Luchó momentáneamente para mantenerse en pie cuando su lengua acarició la carne sumamente sensible. Había algo completamente decadente en estar encima de él, mientras la impulsaba expertamente a un punto sin retorno. Pero entonces la sensación la invadió, y, cerrando los ojos, simplemente permitió que Dante le diese placer. Con seductor cuidado, sosteniendo sus caderas con manos firmes, él buscó hasta encontrar su centro de placer, Abby rechinó los dientes cuando Dante acarició con suavidad la creciente excitación, tan cautivada con el quemante placer que él creaba, que casi fue demasiado tarde cuando bruscamente se apartó de su toque mágico. ?No, Dante ?jadeó. Como si sintiese que ella deseaba tenerlo dentro cuando estallase, Dante volvió a ponerla de rodillas y la colocó de modo que pudiera penetrar despacio su suavidad. Abby suspiró con alivio cuando presionó para tenerlo más profundo, sabiendo que nunca se había sentido tan bien como teniéndole dentro. Por un momento simplemente saboreó el sentirse completa. Pero como él permaneció extrañamente inmóvil, levantó de mala gana sus pesados párpados para mirarlo perpleja. ?¿Dante? ?Tú comenzaste esta seducción, Abby ?dijo?. Tú debes terminarla. Con una sonrisa lenta, ella colocó sus manos sobre el pecho masculino y movió ligeramente las caderas antes de deslizarse hacia abajo. Dante gimió y sus dedos le agarraron convulsivamente las caderas. ?¡Mi Dios! Vas a matarme. Otra vez. Abby se movió, elevándose más alto y después bajando. Las caderas de él se arquearon del suelo cubierto de arena, y un ceño doloroso se formó en su frente. Abby sonrió con satisfacción embriagadora, disfrutando a fondo del conocimiento de que Dante estaba completamente a su merced. Por este momento él era suyo. Estaban tan íntimamente unidos como si fueran uno. Un alma, sin importar que él la poseyese o no. Un corazón, latiendo o no. Un cuerpo. Con movimientos lentos y deliberados, ella atormentó a ambos llevándolos al borde del frenesí, negándose a incrementar el ritmo incluso cuando él jadeó pidiendo clemencia. Sólo cuando se dio cuenta de que sus músculos inevitablemente se acercaban a una liberación explosiva, cedió ante sus jadeantes órdenes y permitió que él agarrase sus caderas para bombear rítmicamente dentro de ella. Dante gritó de alegría a la vez que ella se convulsionaba violentamente sobre él. Durante un momento fuera del tiempo, flotó en la dicha pura, presionada ante la carne que la invadía, hasta que con un suave gemido, se derrumbó contra él completamente exhausta. Estaba sacudida por la fuerza del placer, pero extrañamente reconfortada por los brazos que la rodeaban presionándola contra la dureza de su cuerpo. Era como si hubiera sido lanzada desde la cima de un rascacielos, sólo para descubrir que estaba en la seguridad del abrazo de Dante. Quizás sintiendo sus tumultuosas emociones, Dante le acarició suavemente los rizos enredados y le dio un beso consolador sobre su frente. ?¿Estás bien, Abby? Ella se acurrucó contra su fuerza. ?Más que bien. ?¿Y no estás considerando clavar alguna estaca licenciosa? ?No en este momento. ?Bien ?soltó una risita suave cuando sus labios besaron distraídamente su aterciopelada sien?. A diferencia de la mayor parte de los vampiros, disfruto de mi pasión sin el dolor, el derramamiento de sangre, o la amenaza de inminentes estacas. Inclinando la cabeza hacia atrás con pereza, ella encontró su mirada fija brillante. ?¿Y qué pasa con Sasha? Una sonrisa decididamente satisfecha le curvó los labios. ?Te he dicho que no hay ninguna necesidad de ser celosa, mi dulce. Puse a Sasha en el pasado en el momento que tú llegaste al umbral de Selena. Su corazón dio un salto aún cuando lo miró frunciendo el ceño. ?No te creo. Él arqueó una ceja, con su belleza mundana crudamente acentuada mientras el rosado amanecer fuera de la cueva comenzaba a disipar la penumbra. ?¿Que Sasha está en mi pasado? ?Que notases mi llegada al umbral de Selena ?clarificó ella en tono seco. Los dedos masculinos trazaron caminos sin rumbo sobre la piel desnuda de su espalda, y su expresión se ablandó con entretenimiento. ?Ah, sí que la noté. ¿Cómo podría no hacerlo? ?sus labios se torcieron con un indicio de mofa hacia sí mismo?. Desde el momento que llegaste, me asoló esa condenada pureza. Me acosó hasta no poder conseguir sacarte de mis pensamientos. Sabía que iba a seducirte aún antes de conocer tu nombre. Ella soltó una risa ahogada ante su escandalosa arrogancia. ?¿Sería posible que fueses un poco más pagado de ti mismo? Él se encogió de hombros. ?Hay algunas cosas que son inevitables. Abby hizo una pausa. Ella no era demasiado filósofa. Demonios, ni siquiera sabía lo que realmente hacía un filósofo. Pero sí sabía que inevitable o destino o providencia no eran palabras en su vocabulario. ?No, no hay ninguna cosa inevitable ?dijo firmemente. ?¿Por qué dices eso? ?preguntó él, más curioso que ofendido ?Porque si el destino fuera inevitable, entonces yo sería una puta borracha que trabajaría en las calles por una botella barata de whisky. Su tono fue ligero, pero sintió que se ponía rígido, presionando los dedos contra su piel. ?No digas eso ?gruñó él. Ella se retiró para observarlo con expresión sombría. ?¿Por qué no? Es bastante cierto. Mis padres eran alcohólicos que no deberían haberse permitido tener un perro, y menos seis niños. Mi padre hablaba con sus puños y nos hizo a todos nosotros un favor cuando se olvidó de volver a casa después de una borrachera. Mi madre dejaba la cama el tiempo suficiente para conseguir una botella nueva de whisky. Mis hermanos escaparon tan rápido como pudieron, y me quedé sola para ver morir a mi madre. ¿Qué tipo de destino crees que me esperaba? Con un tirón firme de sus manos, él le apretó la espalda contra su pecho, descansando la barbilla en su cabeza. ?El destino no tiene nada que ver con el lugar de donde vienes o con cómo fueron tus padres ?dijo con ferocidad?. El destino viene del corazón, y del alma. Tú nunca podrías ser nada menos que extraordinaria, Abby Barlow. Arropada fuertemente entre sus brazos, se sintió extraordinaria. No era la niña sucia que vagaba por las calles porque estaba aterrorizada de volver a casa. O la adolescente que mantenía a la gente a distancia porque no quería que conociesen la verdad sobre su familia. O incluso la aburrida y cada vez más vieja mujer que luchaba simplemente por tener un techo sobre su cabeza. Ella era valiente y atrevida. La amante de un vampiro. La mujer que tenía el destino del mundo en su interior. Una sonrisa cansada tiró de sus labios. Dios salve al mundo si ella era su mejor esperanza. ?No sé si soy extraordinaria ?murmuró?, pero definitivamente estoy agotada. ?Entonces duerme ?sus labios presionaron gentilmente sobre sus cabellos?. Prometo mantenerte a salvo. Abby permitió que se cerraran sus pesados párpados. Sin duda debería estar haciendo planes y considerando sus opciones. O incluso volviendo al aquelarre para descubrir si podía encontrar alguna pista sobre el lugar donde habían escapado las brujas. ¿Quién sabía qué podría estar acechándola incluso ahora? Sin embargo, en este momento, prefería representar el papel de Scarlett O'Hara al de Lara Croft. Lo consideraría todo… mañana. Dante era un cínico consumado. ¿Cómo podía no serlo? Era un inmortal. Había hecho todo, había visto todo, había vivido todo. Y la mayoría de las ocasiones, más de una vez. No existía nada más que pudiera sorprenderlo. Salvo la mujer que actualmente acunaba en sus brazos. ¡Condenado infierno! Ya se había asombrado por su raro coraje. Y desde luego, deslumbrado por su belleza. Pero que se hubiese entregado a él con ese total y delicioso abandono… Bien, era suficiente para hacer que incluso una criatura cansada de la noche se sintiera un poco aturdida. Una risa sardónica torció sus labios, y su mano recorrió suavemente los rizos femeninos. No estaba acostumbrado a abrazar a una mujer durante horas mientras dormía. No era lo habitual entre los vampiros. Por naturaleza eran criaturas solitarias. E incluso cuando estaban juntos, no buscaban esa tierna intimidad. La pasión estaba muy bien y era muy buena, pero una vez satisfecha, no había ninguna razón para demorarse. Sólo los humanos sentían la necesidad de ocultar los instintos animales detrás de envolturas emocionales. Tal vez, concedió con pesar, los vampiros no eran tan sabios como siempre había creído. Sensible al movimiento más leve de Abby, Dante fue consciente del momento en que ella comenzó a moverse. Unas pestañas negras revolotearon y por fin se abrieron para revelar unos ojos azules soñolientos. ?¿Dante? ?murmuró. Sus brazos instintivamente la apretaron. ?Estoy aquí, querida. ?¿Dormiste? Dante se encogió de hombros. ?Tengo poca necesidad de sueño. ?Hablando de necesidad, necesito ir fuera. Con una mueca pesarosa, Abby salió de su abrazo y se puso la ropa diseminada. Dante también se levantó y su fija mirada no se apartó de sus torpes movimientos. ?No te vayas a alejar ?le advirtió cuando ella se movió hacia la entrada de la cueva. Ella le lanzó una mirada torcida. ?No te preocupes. Bien podría Abby haberse ahorrado saliva, reconoció Dante cuando la vio salir de la cueva. Por supuesto que se iba a preocupar. E inquietarse. Y maldito el sol que se elevaba tan lentamente y le impedía seguirla. Si algo pasara, estaría completamente desvalido para salvar a Abby. Se paseó por la cueva. Le llevó sólo cinco segundos. Se pasó los dedos por el cabello enredado y con impaciencia lo llevó hacia atrás para atarlo en la nuca. Le llevó casi tres minutos. Volvió a pasearse otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Diez minutos más tarde, estaba considerando seriamente la idea de salir de la cueva para asegurarse de que Abby todavía estaba viva. Afortunadamente, el sonido de sus pasos previno su muerte bajo el sol. Moviéndose tan cerca de la entrada como se atrevió, se puso directamente en su camino cuando ella se lanzó a sus brazos. Frunció rápidamente las cejas cuando la sintió temblar contra él. ?¿Abby? ¿Algo está mal? Ella inclinó la cabeza hacia atrás, abriendo mucho los ojos. ?No sé. Había… sombras ahí afuera. Dante reaccionó tensándose, considerando cómo podría proteger a esta mujer mientras estuvieran atrapados en la cueva. Maldición, no había contado con que alguien pudiera encontrarlos tan rápido. ?¿Sombras? ?No, no era exactamente eso ?sacudió la cabeza, frustrada?. Eran unos chismes más plateados. Él elevó una ceja. ?Tal vez sería mejor que trataras de hablar en inglés, mi amor. No conozco la traducción de chismes . Dándose la vuelta, ella señaló imperiosamente hacia la boca de la cueva. ?Allí. Acercándose peligrosamente al rayo de luz que perdía intensidad, Dante inspeccionó los árboles cercanos. Su tensión se esfumó cuando divisó las delgadas formas plateadas que danzaban en las sombras. ?¡Ah! ?¿Qué son? Dante se encogió de hombros. ?Supongo que les llamarías criaturas fantásticas. Ella cambió de posición para colocarse a su lado, aparentemente inconsciente de que su dulce calor lo estaba invadiendo y causando todo tipo de reacciones deliciosas. ?¿Hadas? ?Técnicamente son demonios ?murmuró en tono distraído. ?¿Demonios? Él observó su expresión asustada. ?No tienes que preocuparte; son muy amables y muy tímidos. Por eso prefieren sitios aislados. Sus palabras eran para consolarla, pero Abby elevó las manos para presionarlas sobre sus sienes ?Esto es una locura. ?¿Qué? Ella lanzó un profundo suspiro. ?Hasta hace dos días, los demonios no eran nada más que algo en un espectáculo de terror de serie B. Ahora me tropiezo con ellos cada vez que me doy la vuelta. No pueden haber aparecido de repente. ?No ?con una sonrisa pesarosa, Dante la abrazó, moviendo las manos de forma tranquilizadora por su espalda?. Siempre han estado aquí. Mucho antes que la gente. ?¿Entonces por qué no los he visto antes? ?Porque no mirabas con esos ojos. ?¿Qué? ?ella parpadeó antes de que le llegara la comprensión?. ¡Ah! ¿Quieres decir el Fénix? ?Sí ?sus manos continuaron recorriendo su esbelta espalda, aunque ni siquiera pudo engañarse a sí mismo diciendo que lo hacía para reconfortarla?. La mayoría de los mortales prefieren ver sólo lo que desean ver, y desde luego, la mayoría de los demonios poseen la capacidad de mantenerse ocultos. ?¿Incluso vampiros? ?requirió ella. ?Cuando así lo decidimos ?al escuchar un zumbido débil en el aire, Dante giró a Abby de vuelta hacia la estrecha apertura, rodeándole la cintura con los brazos?. Mira. ?¿Qué mire qué? Él se inclinó para susurrarle al oído: ?El baile. Durante un momento no pudo ver nada, y luego, justo cuando Abby se movía impaciente, el sol se deslizó por la línea de árboles y en la oscuridad creciente las formas plateadas comenzaron a brillar con un color luminiscente. Brillando en tonos carmesíes, de esmeralda y de oro, se deslizaban los unos entre los otros, con sus juguetonas travesuras creando una exposición deslumbrante de color. ?Oh, Dios mío ?susurró Abby?.