Texto completo de la denuncia enviada a la Jueza Federal Servini de Cubr�a el 20 de febrero de 2002
Buenos Aires, 20 de febrero de 2002.

Sra. Jueza Federal
Dra. Romilda Servini de Cubr�a
Comodoro Py 2002, 3� piso:

Me dirijo a usted a los fines de presentar la siguiente denuncia: En mi car�cter de investigador period�stico independiente ha llegado a mi poder la grabaci�n de una conversaci�n telef�nica mantenida en octubre de 1999 por el entonces intendente de la ciudad de Buenos Aires y candidato a presidente de la Naci�n, Fernando de la R�a, con un empresario del interior del pa�s. En esa conversaci�n se define la forma en que el empresario habr�a de entregar al candidato una suma de dinero. Hasta aqu� no parece haber nada de extraordinario, ya que se estaba en campa�a, pero en dicha grabaci�n se observa que Fernando de la R�a toma ese dinero a t�tulo personal, para �l y para quienes define como sus �amigos�, aclarando expl�citamente que el empresario no deber� tratar con el partido, sino con ellos. Tambi�n es indignante escuchar a De la R�a forzando al empresario a apurar la entrega, y comparando dicho aporte de dinero con una apuesta h�pica, diciendo que si bien despu�s de ganar las elecciones el dinero seguir�a si�ndole �til -"siempre hace falta", acepta-, eso ser�a de parte del empresario -seg�n palabras del propio De la R�a- como �haber jugado a un caballo ya ganador�, lo que significa claramente que para que haya m�s premio el aporte deber�a concretarse antes de las elecciones, pero tambi�n despu�s de las elecciones ser�a aceptado. En otro pasaje, De la R�a dice con desparpajo que si tarda tanto el dinero va a llegar para el d�a de su cumplea�os, lo que afirma una vez m�s el car�cter personal y doloso de la operaci�n. Finalmente, candidato y empresario se comprometen mutuamente a guardar absoluta reserva sobre lo hablado. La conversaci�n fue captada accidentalmente desde una estaci�n de radioaficinado rural de la zona central de la provincia de Entre R�os, a las 18 horas del 7 de octubre de 1999. Ning�n medio de prensa, tal vez por temor, quiz�s en algunos casos por intercambio de favores, o por lo que fuera, manifest� durante la presidencia de De la R�a inter�s en adquirir los derechos de difusi�n de la cinta, ni en la publicaci�n de mi trabajo period�stico, salvo la empresa de Jorge Lanata, que pretende que se la entregue gratis, lo que me resulta injusto, ya que es el fruto de mi inversi�n de dinero, investigaci�n, y trabajo.
Hay un factor com�n que une los hechos del 20 de diciembre que terminaron con aquel gobierno con la falsedad de la campa�a presidencial de 1999. El Fernando de la R�a que tras las manifestaciones populares del 20 de diciembre y la represi�n oficial que usted investiga dijo a la prensa que no sab�a lo que estaba sucediendo y que se hab�a enterado al verlo en televisi�n, tal cual como seguramente sostendr� ante usted al ser indagado, es el mismo hombre de dos caras que en octubre de 1999 aparec�a en p�blico en un video publicitario prometiendo que con �l se acabar�an los gobiernos que gobiernan para los amigos del poder, y en ese mismo momento en privado hablaba de encontrarse en la casa de uno de sus amigos para recibir cierto dinero a cuenta de favores ileg�timos. Hay dos hechos que indican que lo que se capt� en la grabaci�n no fue algo aislado y �nico, sino que por el contrario se trataba de un modus operandi que De la R�a y sus amigos ven�an poniendo en pr�ctica desde antes y sistem�ticamente para enriquecerse. Por un lado, cuando De la R�a le dice al empresario que no deber� tratar con el partido sino directamente con �l y sus amigos, el empresario contesta �si se�or� antes de que De la R�a complete el pensamiento, lo que indica que ya conoc�a el procedimiento. Por otro lado, y mucho m�s importante, apenas un d�a antes de esa conversaci�n, el 6 de octubre de 1999, hab�a aparecido publicado en el diario La Naci�n un art�culo donde se describe esa metodolog�a en forma tan coincidente con lo captado en la grabaci�n, que no deja dudas de que el periodista que escribi� ese art�culo sab�a fehacientemente de la existencia de casos semejantes, forzosamente anteriores. La circunstancia de aceptar el cohecho conjuntamente con �sus amigos�, como define De la R�a a sus c�mplices con sus propias palabras en la grabaci�n, y la existencia de los mencionados indicios firmes de que lo ven�an practicando sistem�ticamente desde antes, indicar�an que, m�s all� del cohecho y de la estafa al partido, se hab�a conformado una asociaci�n il�cita para lucrar con las influencias que su posici�n de principal candidato le reportaba, y negociar futuras prebendas para cuando fuera presidente. Pero mucho m�s importante que la condena penal que pudiera corresponder, es loable y �til para la sociedad, particularmente en los casos de inter�s p�blico, que una investigaci�n y un fallo ayuden a clarificar la ense�anza �tica y moral que dejan los hechos. Hablo de que no es constructivo que se siga formando en la sociedad la falsa imagen de que hacemos bien las cosas y nos salen mal. La grabaci�n de que dispongo puede ser la punta de ovillo para establecer fehacientemente que lo que concluy� el 20 de diciembre de 2001 no fue el gobierno de un hombre honesto a quien le salieron mal las cosas, sino por el contrario, las cosas salieron mal porque no exist�a realmente esa honestidad propagandizada por el candidato durante las elecciones. Desde el inmediato incumplimiento de su promesa de vender el suntuoso avi�n presidencial, que el propio De la R�a hab�a enarbolado durante la propaganda como s�mbolo de la lujuria del anterior gobierno, y la vida disipada y ostentosa que comenzaron a llevar sus propios hijos,  pasando por el p�blico y desmedido apoyo a funcionarios sospechados de cohecho, desautorizando a quien, m�s que vicepresidente, represantaba a la mitad del electorado que les hab�a dado sus votos, y oblig�ndolo con eso moralmente a renunciar, hasta la seguidilla de irresponsabilidades que nos dejaron ahora la m�s grande crisis econ�mica y de confianza de la historia argentina, y la brutal represi�n del 20 de diciembre buscando s�lo mantener un poco m�s los privilegios del poder, todo eso ya estaba en forma de germen durante la mentirosa campa�a presidencial y desde antes a�n, y la ense�anza �tica que deja todo esto, y que ser�a loable y beneficioso que se pudiera aprovechar para el futuro, es que debemos aprender a darle mayor importancia, cuando todav�a estamos a tiempo de evitar males mayores, a indicios aparentemente peque�os pero que no lo son, como aquella grabaci�n de 1998 donde se escuchaba claramente a los hijos del candidato y sus amigos jact�ndose de presionar a sus profesores de la universidad para que los aprobaran en sus estudios gracias a las influencias pol�ticas de su padre, y el �amoroso apoyo que �ste les dio�, culpando a los autores de la grabaci�n como mentores de una campa�a de desprestigio y propiciando una ley que persiguiera inclusive a los periodistas que pudieran difundir este tipo de documentos, ley que evidentemente no pod�a tener la finalidad de defender la privacidad de nadie, sino la tan ansiada impunidad del poder.
Agradecer�a que me hiciera llegar a la direcci�n de correo electr�nico [email protected] un acuse de recibo por �sta, as� como tambi�n cualquier consulta sobre mi investigaci�n que usted considere que pueda ser de utilidad para el esclarecimiento de los hechos. Tambi�n quedo a la espera de que me indique si es suficiente con el fragmento de la grabaci�n que he publicado en Internet, en el sitio www.geocities.com/meschert/grabacion.html, -donde tambi�n ahora publico el contenido de esta denuncia-, o si por el contrario ser�a necesario para la investigaci�n disponer de la totalidad de la grabaci�n, o de la cinta original que es anal�gica y por lo tanto m�s favorable para pericia, ya que para Internet tuve forzosamente que digitalizarla porque los t�cnicos me explicaron que no exist�a otra manera. En el caso de serle necesaria la grabaci�n completa, de dos minutos de duraci�n, solicito a usted que me haga saber si la justicia y en particular el juzgado a su cargo pueden ofrecerme alg�n mecanismo que garantice al mismo tiempo mi derecho al anonimato (que prefiero mantener por mi profesi�n), as� como tambi�n la reserva de la identidad de mi fuente de informaci�n, y  los derechos que tengo sobre la difusi�n de la cinta, como periodista que ha invertido en ella dinero y cuatro meses de investigaci�n, evitando que empresarios de la actividad period�stica como el mencionado Jorge Lanata u otros puedan hacerse ileg�timamente de una copia, forma de pirater�a que perjudica al desarrollo de la investigaci�n independiente. Paralelamente estoy haciendo llegar a miembros y autoridades del radicalismo la solicitud de que sea ese hist�rico partido el que adquiera la grabaci�n para contribuir al esclarecimiento de la verdad don�ndola a su vez a la justicia.


Saluda a usted atentamente: MESCHERT.
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