| José Del Grosso
(Psicólogo clínico) Para tener una mayor conciencia de lo que estamos haciendo y viviendo es necesario que tengamos claro algunos conceptos.. Uno Revolución: Movimiento circular… Alzamiento, insurrección, rebelión, sublevación… Cambio grande en alguna cosa, especialmente en el gobierno de los Estados… Vuelta completa de una pieza móvil alrededor de un eje… Larousse. Si bien la palabra revolución ha sido asociada de manera superficial y simplista con violencia (estallar, provocar, apagar, aplastar, dominar, reprimir, sofocar Dic. María Moliner) y con negatividad, particularmente en nuestro ámbito debido a las acciones de un sector de la izquierda venezolana y por la mal entendida revolución cubana, la connotación de la Revolución Bolivariana está asociada, no sólo de palabra, sino además, como lo demuestran los hechos hasta ahora, con la sublevación, la insurrección de un estado de cosas que no han estado bien durante los 40 años de seudo-democracia y el provocar un cambio grande, no sólo en el gobierno del Estado, sino también en la conciencia de la sociedad civil y en la acción individual y colectiva. Las revoluciones no tienen por qué ser violentas, como es el caso de la “revolución francesa”, las revoluciones pueden ser pacíficas, como la revolución pacífica que propició Ghandi en la India o la nuestra propiciada por Chávez. Respecto a lo anterior, hay dos cosas a destacar. La primera, que en toda sociedad siempre hay dos corrientes, una siempre innovadora, creativa, de vida, que tiende al surgimiento de algo nuevo y una corriente que se opone, que desea mantener las cosas como están, que tiende a cristalizar, a momificar, que es entropía negativa (muerte en términos de la Física cuántica) y que tiende a impedir toda transformación. La segunda, es que en cualquier sociedad, a pesar de que el grupo transformador desea lograr cambios por la vía pacífica, del diálogo, de la razón y el entendimiento, el grupo que desea mantener las cosas como han estado, ve los cambios como amenazantes, siente un miedo profundo hacia lo nuevo y como parte de sus mecanismos de defensa, no sólo busca desacreditar a los revolucionarios, sino que además, los provoca y quiere eliminar porque representan un peligro. Aunque la necesidad de un cambio social sea evidente para quienes se oponen a este, este grupo siempre la negará, inconscientemente pondrá sus intenciones más oscuras en aquellos que buscan el cambio (proyección), justificará incluso aquellas acciones que antes condenaba y que ahora actúan y buscará la manera de interpretar las cosas a su conveniencia, reflejo de ello es el cambiar las reglas del juego según convenga, connotar las palabras según su visión y llegar a recurrir al suicidio colectivo antes de dar su brazo a torcer. La realidad es un constructo mental, es algo creado en la mente de cada uno de nosotros, no hay una realidad absoluta y objetiva. La realidad es “el resultado de la comunicación es sólo el modo y manera de describirla y de informar sobre ella” Watslawick, 1979, p.7). De manera que pueden existir muchas versiones sobre una misma cosa. O´cconnor y Seymur (1994, p. 30) nos dicen que empleamos el lenguaje para ordenar nuestros pensamientos y conducta para comunicarnos con los demás. Ahora bien, la manera de ordenar nuestros pensamientos y conductas no es al azar, es el resultado de una “programación”, de una forma que consensualmente ha sido seleccionada o escogida por la mayoría de los miembros de un sistema social para entenderse y poder lograr tanto la convivencia, así como ciertos objetivos comunes. Esa “programación sobre cómo ordenar la realidad” incluye una serie de reglas acerca de cuáles aspectos de la percepción han de ser seleccionados, es decir, de toda la miríada de estímulos que nos rodean cuáles van a ser tomados en cuenta y cuáles no, cómo van a ser pensados y sentidos, y cómo vamos a ver las cosas, qué vamos a decidir y cómo vamos a actuar. Más aún, incluye la influencia de nuestras creencias individuales, valores, intereses y “suposiciones”. Apoyándome en lo anterior, podemos deducir en términos evolutivos e históricos que, en mayor o menor grado, los venezolanos habíamos adoptado consensualmente, más no consciente y reflexivamente, un programa para percibir y concebir la realidad de una manera determinada, que en la eterna transformación de las cosas, al ser contrastada con los hechos, circunstancias y situaciones fue dando origen a una nueva forma de percibir, pensar, ordenar las cosas y actuar dadas las condiciones sociales, económicas y políticas actuales. Esa nueva visión, que trasciende a la necesidad de transformarnos o extinguirnos, es lo que ha dado lugar a la Revolución Bolivariana liderizada por Chávez. Desde el ángulo de la oposición (la imposición) no sólo no ha habido o no se les ha ocurrido, no han pensado, que haya existido transformación alguna esencial en la vida venezolana, se aferran a su programación y no creen ni ven la necesidad de cambiar las cosas. Desde su obsoleta visión programada de la realidad, el planteamiento de que la realidad del momento exige una nueva forma de pensar y actuar es un plan diabólico, algo que les va a ser daño, va a acabar con ellos y no ven (porque su programación es radical, de absolutos de una percepción muy limitada del enorme conjunto de elementos de la realidad) cómo pueden ellos formar parte de esa nueva sociedad que va surgiendo y cómo ellos también pueden beneficiarse. Hacerles entender a la “imposición” lo anterior va a ser muy difícil, pues entre su sistema de creencias, pululan ideas como: el juego de la economía debe ser “yo gano tú pierdes”, “Yo soy un rolo de vivo y ustedes unos estúpidos”, “Yo debo conservar mi estima a cualquier precio en base a parámetros como el dinero y el poder”, “Nosotros sí somos seres humanos y ustedes chusma”. “Sólo el rico y la clase media tienen modales y son honestos y trabajadores, mientras que los pobres “son un gentío” (Pedro kmaleón Zapata), malandros, criminales, borrachos… (Medios de comunicación). Si entendemos la revolución también como un cambio de conciencia, una nueva manera de actuar y de pensar, entonces podemos pensar que, este cambio colectivo de conciencia, sobre todo en esa gran mayoría de venezolanos que antes era manipulable, ya se venía dando desde hace algún tiempo y que esa mayoría ahora está a la vanguardia, más aún, que tiene una extraordinaria madurez, que busca el cambio mediante la paz y el diálogo y que, lamentablemente, quienes siguen sosteniendo la “imposición” se niegan a aceptar y están dispuestos a todo para sofocar la revolución. Desde luego, en ese mantener el status quo de la “imposición”, también debemos leer y considerar que, junto a su programa robotizado y mecánico, existen intereses económicos muy grandes, que no son más, de nuevo, que la manera en que ellos lo personalizan como un elemento esencial y clave de su propia autoestima. Si reflexionamos más profundamente sobre lo que está sucediendo en Venezuela, podremos coincidir en que más que una revolución estamos experimentando una re-evolución, una transformación, un renacer o como se dice en física cuántica cuando las condiciones de un sistema llega a un punto en el cual sólo hay dos opciones: o la extinción o iniciar una serie de cambios profundos que permitan la supervivencia. Esta re-evolución, este renacimiento, no ha surgido de la imposición, sino de una confrontación de los hechos con la vieja ideología, es decir, la que siguen divulgando los líderes de la oposición y los medios de comunicación y que, individualmente nos ha llevado a un despertar colectivo que supera el nivel anterior de conciencia de una persona que es y que define su ser en función del principio del placer; que percibe, piensa y actúa según la recompensa y el castigo, y que ahora es capaz de tener una mayor sensibilidad hacia el otro, sea quien sea. Descendiendo a un nivel más concreto, esta re-evolución establece muy claramente las nuevas reglas de juego, es decir, los grandes principios que voluntariamente hemos decidido hacer nuestros para percibir, pensar y actuar, en la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Su implementación, concreción y traducción en hechos tangibles, requiere, no sólo del deseo y acciones de un gobierno y/o de un solo hombre, Chávez, sino, además, de “nuestro compromiso social” (democracia participativa), es decir, actuar coheremente con ella, dando apoyo al gobierno en lo positivo para todos, criticando objetivamente y proponiendo alternativas concretas y viables a las acciones cuestionables del gobierno, pero sobre todo, esa concreción depende de nuestros planes concretos y su puesta en acción, respetando honestamente la Constitución. Ver los frutos de la re-evolución no va a ser un hecho de hoy para mañana, tardará años, entre otras cosas porque incluso entre quienes se consideran revolucionarios, hay muchas personas que insisten en pertenecer a la revolución manteniendo los viejos esquemas y programas de pensamiento. Ese cambio debe ir desde amar, ser capaz de bendecir al vecino cualquiera sea su ideología, cambiar nuestro lenguaje, nuestro pensamiento y, desde luego, constancia y disciplina desde una conciencia individual que se proyecta al colectivo y no individualista. Desde el lado de “Imposición”, esto es inadmisible, pues para destacar un hecho significativo entre otros tantos, la vieja programación y las viejas leyes, hacían posible la delincuencia honorable, de cuello blanco, y la impunidad v.g. el ciudadano común y corriente que introducía un pantalón o un cartón de cigarrillos sin pasarlo por la aduana era detenido y castigado como “contrabandista”, mientras que la introducción ilegal de toneladas de mercancía por parte de los oligarcas era considerado como “algo natural para abaratar los costos”. Piense y decida por usted mismo: “re-evolución o seguir en lo
mismo”.
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