| El proceso transformador que adelanta el
pueblo venezolano ha rebasado a sus instituciones, las cuales caminan ahora
a su retaguardia, cumpliendo un papel retardante y entorpecedor. Es así,
que tenemos una Fiscalía que no actúa, una defensoría
que no se escucha y un poder Judicial que no actúa ó lo hace
en forma prejuiciada; ¿estarán estas dependencias conscientes,
que deben ponerse a tono con la realidad?, de otra manera, deberían
ser intervenidas y transformadas por el proceso.
Las Universidades están cumpliendo igual papel, pareciera que sus autoridades no tuvieran idea del tipo de institución que manejan, ni de las leyes que las rigen. Han puesto a nuestras instituciones a la retaguardia del proceso, en actitud pasiva y a la expectativa, contraviniendo los principios básicos de su ser. Esta actitud, que no se puede entender de otra manera, que de complacencia con el fascismo internacional, nos llama a la reflexión a los Universitarios, por la actitud apática con que hemos actuado por algunos años y que ha conducido a esta situación. Es necesario retomar la verdadera Universidad, la que piensa, la que orienta, la que enseña, forma, actúa y dirige (no es precisamente la deseada por los autodenominados “gente de la Universidad” o “gente pensante”). La Universidad no puede permanecer ajena al acontecer nacional; ¿como es posible que nos hallamos desentendido del asunto petrolero, de la corrupción en las Instituciones (tribunales, universidades, partidos, gobernaciones, etc.), de la colonización mediática, de la intervención extranjera. ¿No debemos acaso revisarnos internamente?. ¿Cuál es el papel que han estado haciendo nuestras facultades de derecho y ciencias jurídicas y políticas?. ¿Cuál es la sensibilidad social de abogados, médicos, ingenieros, científicos y humanistas?. Lo insólito es el comportamiento de “gente de la universidad” y “coordinadora democrática”, que a sabiendas de que el problema es la propiedad de nuestro petróleo, nuestra soberanía y nacionalidad, han colocado por encima sus intereses personales, traicionando a su país, la dignidad suya y la de sus familiares y han optado por la vía del servilismo a intereses extranjeros. Recuerdo aquella consigna muchas veces oída en una emisora de radio “prefiero una libertad peligrosa a una esclavitud tranquila”, estos señores han optado por la última parte de esta sentencia. La universidad ha estado siendo castrada, desde hace unos pocos años, por ese proyecto que ahora adversamos, que desvirtuó a la institución y que nos encaminaba hacia una pérdida de nuestra moral, nuestros valores, nuestra dignidad, nuestra propiedad, nuestra soberanía y nuestra nacionalidad. Adicionalmente, la institución misma ha estado castrando a sus estudiantes y a su personal, al ignorar, evadir y considerar irrelevantes, la discusión y tratamiento de los asuntos nacionales y mas aún sus propios asuntos. Es una realidad, la universidad actual está castrada y es castrante, y ha llegado el momento de una revisión profunda institucional. JOKK
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