MI COMENTARIO DE LA SEMANA


Miguel Salazar
[email protected]


El golpe de Estado. Hace dos años argumenté por qué la oposición terminaría asumiendo una huelga insurreccional, como antesala de un golpe militar, y los hechos del 11 de abril me dieron la razón. Después, a mediados de noviembre pasado, informé que pararían a Pdvsa con idéntico carácter. Las críticas no se hicieron esperar, sobre todo negando de plano cualquier posibilidad de una huelga petrolera indefinida. Una vez más la historia corroboró mis afirmaciones. 
Hoy les revelo que informaciones de la más absoluta confiabilidad dan cuenta del desarrollo de una estrategia destinada a producir una salida de fuerza en Venezuela. Esta vez la dirección del golpe de Estado no será discrecionalidad de oficiales venezolanos y no tendrá voz y voto el elemento civil, salvo que no sea para validar con su presencia la intervención militar. Para quienes desde el exterior apoyaron el golpe de Estado del 11 de abril, esa experiencia fue traumática, tanto en el desembolso de dinero, como en el alcance de la meta propuesta. Con base en esa enseñanza, esta vez, las águilas de la confabulación recogen la vieja práctica según la cual sólo los militares pueden garantizar el éxito de un golpe de Estado. 
En consecuencia, en los últimos meses han ingresado al país varios expertos en tumbar gobiernos, al tiempo que se intensifica el espionaje en todos los niveles de la vida nacional. Paso a paso, se valora y ajusta la operación. Desde el 14 de abril pasado, las agencias comprometidas se decidieron a recomponer el aparato desestabilizador, mientras que, paralelamente, analizaron en todos sus detalles el fracaso del 11 de abril de 2002. Ahora, en esta oportunidad, la programación ha variado un poco, e inclusive, se iniciaron nuevas actividades de calle y la conquista de los sectores militares que no cayeron en la reciente purga de la Fuerza Armada. Pero, hoy como ayer, no terminan de encontrar a un líder militar que cohesione al mundo castrense convenciéndolo de una amenaza comunista.
En el seno de la codificación antichávez hay desconfianza hacia los oficiales declarados en desobediencia civil, porque su moción, sustentada en la tesis del dominó, no obtuvo el objetivo; efectivamente, ellos esperaban que la desobediencia desatara una reacción en cadena en el estamento militar. Todo lo contrario, la acción allanó no sólo el camino para excluir de la Fuerza Armada a los rebeldes de Altamira, sino además fue el arma para separar a todos los oficiales de alta graduación sospechosos de ser contrarios al Gobierno.
 Ya los estrategas del golpe se habían sentido burlados porque se les habló de un numeroso contingente de oficiales de menor jerarquía con ascendencia en la tropa y descontento con el Gobierno, dispuesto a empuñar las armas; sin embargo, esa aseveración fue investigada y el resultado negativo provocó disgusto y atizó el recelo hacia la oposición civil venezolana, porque en función de una supuesta existencia de los “cadetes molestos” se hicieron importantes desembolsos. 
En ese clima se puso en marcha el segundo golpe de Estado. Estaba planteado para los primeros días de diciembre, en el marco del paro petrolero, porque se estimaba que el país entraría en un caos insostenible. Hubo un acercamiento conspirativo a ciertos oficiales del Alto Mando, pero no se obtuvo respuesta porque la estrategia para derrocar al Gobierno se fundamenta en una escalada represiva que seguiría a la defenestración del jefe de Estado. 
Hasta la fecha, “el barrido” tramado no es visto con buenos ojos por los generales potencialmente conquistables, sobre todo porque la ola expansiva se llevaría a buena parte de la oficialidad subalterna hasta ahora leal al Presidente. Vale decir, al generalato no lo convence una purga sangrienta. Curiosamente, un grupo de oficiales de la Armada, apoyados en algunos aviadores, tenían previsto emular a sus colegas de Altamira, pero fueron convencidos para que desistieran de la medida y esperaran por un eventual levantamiento al cual no se le ha puesto fecha. En otro plano, se decidió insistir en un ambiente de guerra civil creando una matriz de opinión que favorezca el enfrentamiento en las calles. 
En cuanto a la domesticación de la opinión internacional, se difunden con frecuencia las arengas radicales de Chávez en los distintos foros del mundo, haciendo hincapié en la abundancia de elementos de la Guerra Fría presentes en su discurso. Ya hay empresarios europeos que si no están embarcados en la aventura sediciosa, no serían reacios al derrocamiento de Chávez por considerarlo un elemento de perturbación en América Latina. Hasta la fecha, hay notables sectores españoles y alemanes, con la anuencia de personas muy cercanas al gobierno de los primeros, facilitando una salida de fuerza. 
Mientras tanto, en Venezuela se estimulan una serie de sectas religiosas de alto contenido racista y anticomunista, las cuales, gracias a la inyección de dinero foráneo, han tomado un papel relevante entre los elementos de la llamada sociedad civil. Es tal el terreno ganado que los operadores del complot esperan que en poco tiempo tengan la dirección del movimiento. El objetivo en este campo es rebasar a una dirigencia tildada de ambiciosa y corrupta, tendencias que, a decir de los planificadores del derribo del gobierno de Chávez, ponen en peligro el éxito de la conjura. 
Dado el caso de que Chávez sea depuesto, se ha evaluado concienzudamente qué hacer con él: ¿matarlo? ¿Entregarlo a Estados Unidos para juzgarlo como cooperador del terrorismo internacional? En la primera de las opciones se captó a varios empresarios jóvenes con la misión de infiltrar el entorno del primer mandatario y provocar una lucha intestina que abonaría el terreno para el asesinato político. Además, por tratarse de gente experimentada en los corrillos financieros, se les asigna la tarea de jugar un doble papel con los fondos del Gobierno; es decir, facilitarle oportunidades de buen dinero a algunos funcionarios relevantes y ayudar, al mismo tiempo, a la desestabilización con los importantes recursos obtenidos en las transacciones con el Estado.
La información y análisis al respecto es la siguiente: coincidiendo con la salida de Adina Bastidas, tres colocadores bancarios lograron infiltrarse en  el entorno de Chávez. Como un hecho curioso vale destacar que ninguno ha tenido una relación directa con el Presidente. Dos de ellos viajan a Estados Unidos con frecuencia, cada uno en sus aviones privados, y mantienen relación con funcionarios de inteligencia de ese país. Sobre el tercero, su procedencia étnica genera desconfianza en el Norte; sin embargo, es el que mantiene fuertes lazos con los organismos de inteligencia de nuestra latitud, y, además, se le vincula al alcalde de Caracas. El más importante, por su alcance en el sector de las finanzas del Gobierno, está ahora relacionado a la presidencia de la empresa eléctrica estatal, con cuya jerarquía mantiene estrechos lazos. Se recuerda también que esa gerencia se identifica con el grupo Santa Bárbara, una facción que tuvo bajo su prisma la tesis del magnicidio y que estuvo liderada en una oportunidad por el contralmirante Carlos Molina Tamayo. También hay una cerrada relación entre el corredor señalado y el FPJ, dirigido por un ex jefe de la Disip. El tercero en cuestión es un negociante cercano a un ex gobernador del Zulia. En la actualidad subvenciona a los militares disidentes. 
Sobre el triunvirato cuyas actividades describo, reposa la ejecución de obtener la mayor información acerca de la actividad financiera del Gobierno, además de ganarse a varios de los miembros de ese entorno para ejecutar la opción del desequilibrio interno y un eventual choque entre bandos, que bajo el pretexto de radicalizar el proceso buscarían la eliminación física de Chávez. En la segunda alternativa tasada por el mando del complot, se insiste en crear una imagen de Chávez vinculada a los movimientos extremistas árabes. De lo que no están muy seguros los promotores de su expulsión del poder, es que Chávez reproduzca el escenario de Manuel Noriega. 
La intervención extranjera directa no está descartada, pero tiene una fuerte oposición en los círculos donde se debate, entonces: ¿en caso de llegar a concretarse el golpe de Estado, estarían dispuestos los militares criollos a capturar a Chávez y entregarlo a un tribunal estadounidense? La opinión pública norteamericana estaba ganada para el enjuiciamiento de Noriega, porque los cargos fueron por narcotráfico; en el caso de Chávez costará mucho digerir la especie de que se trata de una Kaddafi latinoamericano. Si es así, en el marco de un continente que está a un solo paso de convulsionar, Chávez sería el leitmotiv para colocar a América Latina en el ojo del huracán, como sólo lo estuvo en octubre de 1962, cuando la crisis de los cohetes. Por ahora, inexorablemente, el golpe de Estado sigue su desarrollo. 
BANQUEROS. El pasado domingo, Chávez recibió a otros dos banqueros en Miraflores,  Ignacio Salvatierra y Nelson Mezerhane. Los banqueros llevaron algunas observaciones para el control de cambio, pero Chávez muy cordial les dijo: lo lamento, ya la medida está tomada.
RADIO. Las Verdades de Miguel todos los jueves a las seis de la tarde, a través del circuito Venezuela (en nuestra frecuencia 790 AM).

Cualquier comentario, sugerencia, aclaratoria o recomendación, diríjase exclusivamente a su autor, quien como todos los columnistas de Quinto Día, tiene garantía de libertad de expresión.
Teléfonos: (0212) 793.74.57 - 793.21.14 Fax: (0212) 781.56.02 
Cel.: (0414)-270.39.07
e-mail: [email protected] - [email protected]
 

      .

Regresar
 
 

Hosted by www.Geocities.ws

1