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El golpe de Estado. Hace dos años
argumenté por qué la oposición terminaría asumiendo
una huelga insurreccional, como antesala de un golpe militar, y los hechos
del 11 de abril me dieron la razón. Después, a mediados de
noviembre pasado, informé que pararían a Pdvsa con idéntico
carácter. Las críticas no se hicieron esperar, sobre todo
negando de plano cualquier posibilidad de una huelga petrolera indefinida.
Una vez más la historia corroboró mis afirmaciones.
Hoy les revelo que informaciones de la
más absoluta confiabilidad dan cuenta del desarrollo de una estrategia
destinada a producir una salida de fuerza en Venezuela. Esta vez la dirección
del golpe de Estado no será discrecionalidad de oficiales venezolanos
y no tendrá voz y voto el elemento civil, salvo que no sea para
validar con su presencia la intervención militar. Para quienes desde
el exterior apoyaron el golpe de Estado del 11 de abril, esa experiencia
fue traumática, tanto en el desembolso de dinero, como en el alcance
de la meta propuesta. Con base en esa enseñanza, esta vez, las águilas
de la confabulación recogen la vieja práctica según
la cual sólo los militares pueden garantizar el éxito de
un golpe de Estado.
En consecuencia, en los últimos
meses han ingresado al país varios expertos en tumbar gobiernos,
al tiempo que se intensifica el espionaje en todos los niveles de la vida
nacional. Paso a paso, se valora y ajusta la operación. Desde el
14 de abril pasado, las agencias comprometidas se decidieron a recomponer
el aparato desestabilizador, mientras que, paralelamente, analizaron en
todos sus detalles el fracaso del 11 de abril de 2002. Ahora, en esta oportunidad,
la programación ha variado un poco, e inclusive, se iniciaron nuevas
actividades de calle y la conquista de los sectores militares que no cayeron
en la reciente purga de la Fuerza Armada. Pero, hoy como ayer, no terminan
de encontrar a un líder militar que cohesione al mundo castrense
convenciéndolo de una amenaza comunista.
En el seno de la codificación antichávez
hay desconfianza hacia los oficiales declarados en desobediencia civil,
porque su moción, sustentada en la tesis del dominó, no obtuvo
el objetivo; efectivamente, ellos esperaban que la desobediencia desatara
una reacción en cadena en el estamento militar. Todo lo contrario,
la acción allanó no sólo el camino para excluir de
la Fuerza Armada a los rebeldes de Altamira, sino además fue el
arma para separar a todos los oficiales de alta graduación sospechosos
de ser contrarios al Gobierno.
Ya los estrategas del golpe se habían
sentido burlados porque se les habló de un numeroso contingente
de oficiales de menor jerarquía con ascendencia en la tropa y descontento
con el Gobierno, dispuesto a empuñar las armas; sin embargo, esa
aseveración fue investigada y el resultado negativo provocó
disgusto y atizó el recelo hacia la oposición civil venezolana,
porque en función de una supuesta existencia de los “cadetes molestos”
se hicieron importantes desembolsos.
En ese clima se puso en marcha el segundo
golpe de Estado. Estaba planteado para los primeros días de diciembre,
en el marco del paro petrolero, porque se estimaba que el país entraría
en un caos insostenible. Hubo un acercamiento conspirativo a ciertos oficiales
del Alto Mando, pero no se obtuvo respuesta porque la estrategia para derrocar
al Gobierno se fundamenta en una escalada represiva que seguiría
a la defenestración del jefe de Estado.
Hasta la fecha, “el barrido” tramado no
es visto con buenos ojos por los generales potencialmente conquistables,
sobre todo porque la ola expansiva se llevaría a buena parte de
la oficialidad subalterna hasta ahora leal al Presidente. Vale decir, al
generalato no lo convence una purga sangrienta. Curiosamente, un grupo
de oficiales de la Armada, apoyados en algunos aviadores, tenían
previsto emular a sus colegas de Altamira, pero fueron convencidos para
que desistieran de la medida y esperaran por un eventual levantamiento
al cual no se le ha puesto fecha. En otro plano, se decidió insistir
en un ambiente de guerra civil creando una matriz de opinión que
favorezca el enfrentamiento en las calles.
En cuanto a la domesticación de
la opinión internacional, se difunden con frecuencia las arengas
radicales de Chávez en los distintos foros del mundo, haciendo hincapié
en la abundancia de elementos de la Guerra Fría presentes en su
discurso. Ya hay empresarios europeos que si no están embarcados
en la aventura sediciosa, no serían reacios al derrocamiento de
Chávez por considerarlo un elemento de perturbación en América
Latina. Hasta la fecha, hay notables sectores españoles y alemanes,
con la anuencia de personas muy cercanas al gobierno de los primeros, facilitando
una salida de fuerza.
Mientras tanto, en Venezuela se estimulan
una serie de sectas religiosas de alto contenido racista y anticomunista,
las cuales, gracias a la inyección de dinero foráneo, han
tomado un papel relevante entre los elementos de la llamada sociedad civil.
Es tal el terreno ganado que los operadores del complot esperan que en
poco tiempo tengan la dirección del movimiento. El objetivo en este
campo es rebasar a una dirigencia tildada de ambiciosa y corrupta, tendencias
que, a decir de los planificadores del derribo del gobierno de Chávez,
ponen en peligro el éxito de la conjura.
Dado el caso de que Chávez sea
depuesto, se ha evaluado concienzudamente qué hacer con él:
¿matarlo? ¿Entregarlo a Estados Unidos para juzgarlo como
cooperador del terrorismo internacional? En la primera de las opciones
se captó a varios empresarios jóvenes con la misión
de infiltrar el entorno del primer mandatario y provocar una lucha intestina
que abonaría el terreno para el asesinato político. Además,
por tratarse de gente experimentada en los corrillos financieros, se les
asigna la tarea de jugar un doble papel con los fondos del Gobierno; es
decir, facilitarle oportunidades de buen dinero a algunos funcionarios
relevantes y ayudar, al mismo tiempo, a la desestabilización con
los importantes recursos obtenidos en las transacciones con el Estado.
La información y análisis
al respecto es la siguiente: coincidiendo con la salida de Adina Bastidas,
tres colocadores bancarios lograron infiltrarse en el entorno de
Chávez. Como un hecho curioso vale destacar que ninguno ha tenido
una relación directa con el Presidente. Dos de ellos viajan a Estados
Unidos con frecuencia, cada uno en sus aviones privados, y mantienen relación
con funcionarios de inteligencia de ese país. Sobre el tercero,
su procedencia étnica genera desconfianza en el Norte; sin embargo,
es el que mantiene fuertes lazos con los organismos de inteligencia de
nuestra latitud, y, además, se le vincula al alcalde de Caracas.
El más importante, por su alcance en el sector de las finanzas del
Gobierno, está ahora relacionado a la presidencia de la empresa
eléctrica estatal, con cuya jerarquía mantiene estrechos
lazos. Se recuerda también que esa gerencia se identifica con el
grupo Santa Bárbara, una facción que tuvo bajo su prisma
la tesis del magnicidio y que estuvo liderada en una oportunidad por el
contralmirante Carlos Molina Tamayo. También hay una cerrada relación
entre el corredor señalado y el FPJ, dirigido por un ex jefe de
la Disip. El tercero en cuestión es un negociante cercano a un ex
gobernador del Zulia. En la actualidad subvenciona a los militares disidentes.
Sobre el triunvirato cuyas actividades
describo, reposa la ejecución de obtener la mayor información
acerca de la actividad financiera del Gobierno, además de ganarse
a varios de los miembros de ese entorno para ejecutar la opción
del desequilibrio interno y un eventual choque entre bandos, que bajo el
pretexto de radicalizar el proceso buscarían la eliminación
física de Chávez. En la segunda alternativa tasada por el
mando del complot, se insiste en crear una imagen de Chávez vinculada
a los movimientos extremistas árabes. De lo que no están
muy seguros los promotores de su expulsión del poder, es que Chávez
reproduzca el escenario de Manuel Noriega.
La intervención extranjera directa
no está descartada, pero tiene una fuerte oposición en los
círculos donde se debate, entonces: ¿en caso de llegar a
concretarse el golpe de Estado, estarían dispuestos los militares
criollos a capturar a Chávez y entregarlo a un tribunal estadounidense?
La opinión pública norteamericana estaba ganada para el enjuiciamiento
de Noriega, porque los cargos fueron por narcotráfico; en el caso
de Chávez costará mucho digerir la especie de que se trata
de una Kaddafi latinoamericano. Si es así, en el marco de un continente
que está a un solo paso de convulsionar, Chávez sería
el leitmotiv para colocar a América Latina en el ojo del huracán,
como sólo lo estuvo en octubre de 1962, cuando la crisis de los
cohetes. Por ahora, inexorablemente, el golpe de Estado sigue su desarrollo.
BANQUEROS. El pasado domingo, Chávez
recibió a otros dos banqueros en Miraflores, Ignacio Salvatierra
y Nelson Mezerhane. Los banqueros llevaron algunas observaciones para el
control de cambio, pero Chávez muy cordial les dijo: lo lamento,
ya la medida está tomada.
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