Autonomía universitaria y otros demonios


Simón Rodríguez Porras*
 
Asistimos a un nuevo derroche de histeria, deporte favorecido en las clases altas, y participan de él todos los universitarios que hacen de la autonomía universitaria objeto de una adoración fetichista. En ellos se trata de un concepto de autonomía que va poco más allá del "derecho" de las autoridades universitarias de gastar los dineros del estado en la manera que mejor les parezca, y la independencia de la universidad respecto de las necesidades de la sociedad. De tal suerte que esa autonomía no fue cercenada cuando la Universidad de los Andes decidió paralizar sus actividades en sincronía con un paro cuyo fin expreso era derrocar al actual gobierno.  Un paro que afectó los ingresos petroleros del estado, y por ende la base económica de la autonomía chucuta que maneja la "Gente de la ULA". Tampoco resulta afectada la autonomía universitaria cuando ese grupo dentro de la universidad decide utilizar el nombre de la institución para denominar uno de los tentáculos de la "Coordinadora Democrática". El nombre que este grupo ha escogido nos lleva a considerar si las siglas denominan "Unión de los Apátridas", o si la palabra gente se ha devaluado a un carácter excluyente. Ejercer la autonomía universitaria para estos sujetos consiste en venderse con todo y universidad al mejor postor, aunque infaliblemente escojan al peor postor. 

Si el gobierno llega a intervenir la universidad deberá ser con la finalidad de devolverle una auténtica autonomía de la que hace tiempo carece.

 

En semanas pasadas se levantó la más airada indignación en la Plaza Francia del intelecto ante unas terribles agresiones que habría sufrido un par de "camisas negras" que ejercían su derecho a cachetear funcionarios militares. A las mujeres no se les pega, a menos que contaminen los alrededores de la plaza de la libertad con su impureza racial. En Altamira lincharon a una de las glorias de la pintura venezolana, Elsa Morales, en defensa de la libertad ante la amenaza "indígena-chavista", mientras que las camisas negras reivindicaban con su comportamiento los más elevados valores libertarios. 

Yo no sé si es Chávez quien los tiene locos, pero la fuga de cerebros es evidente. La masa de descerebrados que asiste a sesiones de bailoterapia, que antes compró discos compactos con sonido de cacerolas, que se disfraza de pabellón nacional pero lleva carteles en inglés clamando por intervención extranjera, era ya tan enorme cuando ocurre el llamado de Carlos Ortega a "volverse brutos", que este resultó completamente natural y no desató una ola de protestas entre sus correligionarios. El paro puede verse como una lección colectiva sumamente sencilla pero de las más caras de la historia. Hizo falta destruir económicamente al país para que unos mentecatos muy poderosos y sus telejunkies se dieran cuenta de que lo pertinente era recoger firmas para respaldar procesos constitucionales que pueden acortar el mandato de Chávez. Finalmente lo reconocieron, rematando el llamado firmazo con el elevado slogan "No hay pele". El terrorismo fue un pelón, firmando no hay pele. Pero no se ilusione nadie con la posibilidad de un mea culpa por parte de los infelices que aplicaron una demente táctica de tierra arrasada al país, pues estos ya advirtieron en una de sus cuñas "En este país hay un solo responsable", a lo que el subconsciente colectivo escuálido responde "Hay un solo responsable y ese no soy yo".

 

*Estudiante de Licenciatura en Musica

Universidad de Los Andes

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