¿Reforma o Revolución?
  Luis E. Rangel M.


 Cuando el periodista de CNN solicitó la opinión de uno de sus analistas internacionales en torno a la posible intervención de los Estados Unidos en el fallido golpe de estado del pasado jueves 11 de abril en Venezuela, éste lo confirmó al señalar que en Washington se habían molestado con Chávez porque había prometido en su campaña electoral la realización de reformas y luego había salido con una “loca revolución”. Aunque no explicó las diferencias que establecía entre uno y otro término, dejó muy claro que los Estados Unidos de Norteamérica no estaban dispuestos a permitir que los presidentes de los países del tercer mundo incumplieran sus promesas electorales; por supuesto, tampoco aceptarían a los gobernantes que no apoyaran sus políticas económicas, o adoptaran medidas ¾reformadoras o revolucionarias¾ que disminuyeran las ganancias de sus inversionistas. Todo ello en nombre del mismo concepto de democracia que manejan los opositores de Chávez: “Sistema de gobierno mediante el cual los pueblos eligen libremente a los gobernantes que los Estados Unidos apoyen, a cambio de su promesa de no alterar el juego económico establecido para favorecer a una clase dominante local que recibe grandes beneficios por su papel de fiel guardián de las inversiones extranjeras”; sin importarles si su comportamiento despoja al pueblo de los derechos que dicho sistema promete defender.
 Durante la amplia cobertura que CNN le brindó a la crisis política que Venezuela estaba viviendo, quiso entrevistar a un “internacionalista” venezolano; pero éste pretendió justificar el golpe de estado sobre la base de la única Constitución que él reconocía: la del ’61. A diferencia de las entrevistas preestablecidas de nuestra televisión, el conductor del programa le señaló al analista su desconocimiento de la Constitución aprobada en el ‘99. Ante esta inesperada observación el “especialista” nuestro señaló que cada gobierno se vestía con el ropaje constitucional que más le convenía; lamentablemente, el ropaje de estupidez con el que revistió su repuesta ocasionó que la entrevista fuera interrumpida. Es lamentable porque hubiera sido conveniente que el entrevistador le preguntara si los gobiernos de la Cuarta República nunca pretendieron reformar a fondo la Constitución porque no les convenía vestirse con un ropaje adecuado a “la “moda de la democracia participativa”. La declaración de este analista fue una más de la larga cadena de desafortunadas manifestaciones de reconocidos ¾¡ahora más que nunca!¾ especialistas nacionales que se transformaron en supraconstitucionales para legitimar un golpe de estado presidido por quien pretendió eliminar todo un sistema legal mediante un simple decreto. Así como no le dieron importancia al hecho de que las acciones arbitrarias del gobierno ilegítimo que apoyaban estaban siendo transmitidas al mundo ¾porque, supuestamente, los canales internacionales de televisión que las transmitían eran poco vistos en Venezuela¾; igualmente creyeron que la “horda de ignorantes que siguen a Chávez” no entendería que estaban violando la Constitución que ella había aprobado por aplastante mayoría y que estaba dispuesta a defenderla con el furor que produce la ofensa al sentido común: sentido real y dinámico que algunos intelectuales ahogan en un mar de información virtual y estática.
 Como formo parte de esta “horda”, mi ignorancia se resintió por la necesidad de recurrir al viejo diccionario para entender la diferencia entre “reforma” y “revolución” y así intentar comprender la política de los Estados Unidos hacia Latinoamérica; aunque, obviamente, no con la misma facilidad de nuestros sociólogos, politólogos, constitucionalistas, internacionalistas, historiadores ¾y esa nueva profesión surgida durante el gobierno de Chávez: los “in-comunicadores sociales”¾, quienes en una evidente demostración de su bagaje cultural se plegaron al llamado en defensa de la acomodaticia semántica política. Resulta imposible no indignarse al observar como pretenden justificar lo injustificable racionalizando los acontecimientos sobre tesis importadas que adoptan sin digerir, por su incapacidad de generar sus propios marcos conceptuales. Este comportamiento encuentra justificación entre aquellos que pretenden un reconocimiento internacional por la aplicación irrestricta de las instrucciones recibidas y su obsesión en el ataque contra un gobierno elegido mayoritariamente por quienes no poseemos la formación requerida para permanecer callados frente a tanta “torpeza académica”; ni tememos que se nos llame “marginales” por cuestionar su comportamiento; ni nos importa si los Estados Unidos no aprueben el proceso de cambios profundos emprendidos por el gobierno del Presidente Chávez; porque para nosotros lo primordial es que “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente...”; que “Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía,... y la autodeterminación nacional.”; que este mandato no es un mero ejercicio retórico de una clase de Derecho Constitucional que se olvida cuando ésta concluye, o se desecha como requisito para acceder a un cargo público de un gobierno que en su efímera existencia violentó hasta el ceremonial de proclamación.
 

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