BENEFICIOS DEL PARO


Luis E. Rangel M.

  Según reza el viejo refrán, “no hay mal que por bien no venga” y al recordarlo  concluyo que ya es tiempo para dejar de hablar mal de los fracasados golpistas (perdón; ¡pero no lo pude evitar!) e iniciar una etapa de reflexión que nos permita determinar el conjunto de beneficios que se derivaron del intento de exasperar a los venezolanos con una serie de acciones que –de acuerdo con los estudios sociológicos realizados en los laboratorios del poder mundial– deberían de habernos llevado a un enfrentamiento entre adeptos al gobierno y el grupo que lo adversa y pretende defenestrarlo por cualquier medio maquiavélicamente válido que pueda recibir la aprobación del “grupo de amigos”. Este análisis podría permitir reconocer nuestras fortalezas y fortalecer nuestras debilidades para enfrentar la siguiente etapa.

 Uno de los graves errores de los planificadores internos y sus asesores extranjeros es el olvidar que somos una mezcla de razas, con las características propias de cada una de ellas. Mientras el grupo conspirador presumía de la supuesta condición superior que le daba el estar integrado por una mayoría blanca, no tomaron en cuenta que el pueblo está conformado por la fortaleza y capacidad de soportar su sufrimiento –del negro– y la indocilidad y habilidad de suplir sus necesidades con lo que el medio le otorga –del indio–. Al final, no nos matamos –¡Gracias a Dios!– y es muy probable que sus computadoras se hayan fundido buscando la razón del por qué aquí no les funcionó la misma receta aplicada en otros países.

 Quizás, uno de los beneficios es el haber mejorado nuestra salud física al prescindir de la “comida y bebida chatarra” durante un lapso suficiente como para comprobar que es un mal hábito fácilmente sustituible por la ingestión de productos naturales propios de la región, lo cual contribuiría a incrementar la producción de ellos y consolidar nuestra independencia alimentaria. Las largas caminatas nos permitieron redescubrir nuestra capacidad corporal y desprendernos de esos “kilitos” de más, para volver a vestirnos con aquellas ropas que se negaban a cubrirnos. La incertidumbre surgida ante el futuro económico inmediato, nos obligó ser más previsivos en el manejo de nuestras finanzas y pensar detenidamente en la necesidad real de adquirir ciertos productos. También pudimos revaluar nuestras tradiciones religiosas y descubrir cómo han sido sustituidas por costumbres importadas, e impuestas por quienes han convertido la transculturización en la avanzada descubierta de sus tropas de conquista.

 Políticamente, puede presumirse de haberse iniciado la toma de uno de los bastiones la oposición, que parecían más inexpugnables, y evaluar esta experiencia para aplicarla en otras empresas del estado. Esta acción política determina tres valiosas consecuencias económicas que deben beneficiarnos: la primera, por el ahorro que significa la reducción de personal; la segunda, por el ordenamiento administrativo del que derivará la reducción de los costos operativos, con el consiguiente incremento del aporte petrolero al fisco. La tercera, es el punto de honor para la “gente sin petróleo” que deberá demostrarle al gobierno cuánto perdió con su despido, y al país el elevado patriotismo del que ahora presumen: si de verdad eran tan eficientes gerenciando una empresa estatal deberán lucirse manejando sus negocios personales en los cuales invertirán sus cuantiosas liquidaciones. La economía del país deberá crecer notablemente a corto plazo, sólo por las inversiones de los gerentes despedidos de PDVSA y se iniciará un extraordinario desarrollo tecnológico como consecuencia de la aplicación de sus conocimientos; entonces repetiremos, una y otra vez: 

“¡no hay mal que por bien no venga!”
 

Mérida, 06 de febrero del 2003

Luis E. Rangel M.
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