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Por Alfredo Portillo * Al tiempo que en la Universidad de Los Andes se discute intensamente sobre la posibilidad de reiniciar formalmente las actividades de pregrado, la ciudad toda espera ansiosa el regreso de los estudiantes para que le impriman algo de la vida que ha estado ausente durante las últimas semanas. Una ciudad a medias, cuyo funcionamiento está severamente regulado por la disponibilidad o no de combustible (gasolina, gasoil y gas), situación ésta que puede prolongarse durante meses. Nunca antes los diferentes sectores que hacen vida en la ciudad y en la universidad, habían estado frente a un reto tan importante. El reinicio de las clases de pregrado es vital para todos. Tanto desde el punto de vista económico, del educativo y de convivencia política, el reinicio de las clases es supremamente decisivo. La economía de la ciudad necesita recuperarse después del fuerte impacto negativo sufrido durante los dos últimos meses. Los estudiantes requieren urgentemente comenzar de nuevo su proceso de formación. La sociedad toda pide a gritos la prevalencia de un clima político de tolerancia y convivencia. La ciudad toda y la universidad toda quieren decirle al país que los títulos de ciudad estudiantil y culta y de universidad bicentenaria, tienen algún significado para los miembros que las integran. Y la mejor señal de ello es el reinicio de las actividades de pregrado. De no ocurrir, se estaría demostrando lo contrario de lo que se ostenta. Entonces, se le estaría dando paso a esas manifestaciones de irracionalidad y primitivismo que en ocasiones surcan las calles como fantasmas del pasado, dejando una polvareda que muchas veces demora en asentarse. El reinicio de las actividades de pregrado
debe darse como producto de un amplio consenso. De lo contrario, no habrá
futuro. El reinicio de las actividades de pregrado debe darse a través
de una amplia convocatoria que hagan las autoridades universitarias, con
el apoyo de los representantes de los gremios de profesores, empleados,
obreros y estudiantes (Tareck y Nixon), además del apoyo y compromiso
que deben ofrecer los representantes de la Gobernación del Estado,
la Alcaldía del Municipio Libertador, el Sindicato de Transporte,
la Cámara de Comercio, las asociaciones de vecinos y todo aquel
que quiera manifestarse a favor. Sólo el consenso y la racionalidad
dan frutos en tiempos de crisis. Eso sí, todos juntos sentados en
la misma mesa, frente a las cámaras de televisión, las cámaras
fotográficas y los micrófonos indiscretos.
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