EL PETROLEO Y EL GOLPE
(PDVSA por dentro)


 
El actual conflicto político venezolano tiene un motivo que ya todos conocemos: 
Petróleo. Es imposible desligar la delicada situación que hoy atraviesa Venezuela de las tensiones que agitan la política petrolera internacional dirigida por el presidente de los Estados Unidos: George W. Bush. Durante los últimos dos siglos, la civilización occidental ha venido dependiendo directamente de la energía. En la actualidad, el petróleo constituye la forma energética dominante. Cerca del 90% del petróleo convencional y del gas mundial están localizados en el mundo árabe-islámico (específicamente Medio Oriente y Asia Central) y el Arco andino-amazonia, que va desde Trinidad hasta Bolivia, pasando por Venezuela (país que posee el 45% del petróleo no convencional del mundo, con reservas utilizables de crudos livianos y medianos que alcanzarían para unos 50 años y reservas probadas de crudos pesados y extra-pesados aún más grandes e importantes) y por otros países como Colombia y Ecuador. 

Con apenas el 4% de la población mundial (6.000 millones de habitantes), Estados Unidos consume el 26% de la producción mundial de petróleo, así como también una cantidad importante de gas natural. Además, USA tiene previsto construir en los próximos 20 años un total de 1300 a 1900 nuevas plantas eléctricas, lo cual corresponde a una planta por semana. En general, el estilo de desarrollo norte-americano no ha sido precisamente un paradigma de ética social y respeto al ambiente. Si los demás países del mundo decidieran adoptar el estilo de desarrollo de los norte-americanos se requerirían un total de 170 mil millones de barriles por año, un requerimiento que agotaría en 6 años las actuales reservas probadas mundiales de petróleo. Si el mundo capitalista desarrollado no tiene el petróleo y el gas que necesita para garantizar la continuidad creciente de su modelo de vida derrochador de recursos, se ve forzado a buscarlos en el Medio Oriente, el Asia Central y el Arco Andino. Este 
hecho convierte forzosamente a nuestro país (el cual posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo, representada por 70 mil millones de barriles de crudo convencional y 270 mil millones de barriles de petróleo no convencional) en uno de los focos de interés vital del capital petrolero internacional, el cual se trata de la simbiosis entre los Estados del Grupo de los siete (G7) y las principales compañías petroleras internacionales. En la Casa Blanca funciona en la actualidad el poder del Estado corporativo petrolero.

Actualmente, Estados Unidos importa el 60% del petróleo que consume y, de acuerdo a las estimaciones del Plan Energético presentado por George W. Bush en el 2001, las importaciones se incrementarán en el 2020 al 75%. Según Dick Chenney, vice-presidente de Estados Unidos: “...los combustibles de hidrocarburos satisfacen virtualmente el 100% de nuestras necesidades de transporte y una porción significativa de nuestros requerimientos de electricidad,... y en el futuro será inmodificable”. Añade G. W. Bush, presidente: “...sin un incremento sustancial en las reservas de energía, Estados Unidos puede enfrentar una amenaza a su seguridad nacional y a su bienestar económico”. Luego de la desaparición de la Unión Soviética en 1989, la clase política de los Estados Unidos y el capital petrolero anglosajón configuran hoy el mayor imperio militar y económico en el planeta. USA habla de “seguridad nacional” y eso significa que podría intervenir cualquier país que contenga yacimientos petroleros para garantizar su suministro de combustible. El objetivo de la política energética implementada por el gobierno corporativo de los Estados Unidos es lograr el control sobre todas las fuentes de petróleo baratas, es decir, aquellas con costos de producción inferiores a los 5$. 

Después de la II Guerra Mundial, el mundo árabe-islámico ha sido objeto de un progresivo hostigamiento y de recurrentes ocupaciones de sus territorios. El gobierno corporativo de los Estados Unidos se ha planteado impunemente la ocupación y el dominio militar de los grandes yacimientos de energía mundiales. El objetivo de la operación “Libertad Duradera” del imperialismo petrolero internacional consiste en ocupar plenamente el Medio Oriente (ya lo vemos inminentemente en el caso Irak, donde los norte-americanos y los ingleses están haciendo todo lo posible por justificar el inicio de una guerra), así como en controlar también los corredores geográficos del Asia Central, entre ellos Afganistán (esto explica la guerra iniciada por USA el año pasado. Cabe mencionar que los acontecimientos terroristas del 11 de septiembre ocurrieron casualmente pocos meses después del lanzamiento de la política petrolera de Bush y sirvieron de justificación para los ataques a Afganistán. Es muy curioso que la CIA no haya hecho nada para evitar estos ataques. Ahora, con Afganistán bajo control, es posible construir un ducto que atraviese el país y permita llevar el petróleo hasta la costa del sur de Afganistán. (por cierto, éste era un acuerdo que el ex-presidente norte-americano Bill Clinton ya había hecho con los Talibanes hace algunos años, pero que había fallado por razones políticas y religiosas, tal como lo publicó el periódico alemán: “Der Spiegel” en Septiembre del 2001). Después de esta guerra, el país oriental ha sido casi totalmente devastado, y Bin Laden parece estar todavía vivo. Además, Afganistán produce el 75% del total de heroína producida en el mundo, lo cual genera 1200 millones de $ al día. Por lo tanto, es una fórmula muy fácil la que permite explicar la guerra de Afganistán: Petróleo y drogas).

Venezuela es el tercer objetivo mundial del capital petrolero internacional y los gringos ya han iniciado sus estrategias de ataque con la implementación del Plan Colombia. Nuestras reservas no convencionales en la Faja del Orinoco son comparables en volumen con las reservas probadas mundiales de crudos convencionales en Arabia Saudita (270 mil millones de barriles). Además, cerca de la frontera con Colombia se encuentra un importantísimo yacimiento de petróleo liviano. De acuerdo a declaraciones dadas en Abril del 2000 por el  Sr. Coverdell, senador conservador norte-americano y defensor del Plan Colombia: “Para controlar a Venezuela es necesario intervenir militarmente a Colombia”. Estados Unidos quiere convertir a Colombia en el Israel de Sudamérica, preparando a un ejército enorme. Además, sabemos que en Colombia se encuentra la principal producción de cocaína. La cocaína es comprada a 1.500 $ por Kg. en las costas del pacífico colombiano y re-vendida en las calles de Los Angeles a 150.000 $ por Kg. De nuevo estamos frente al mismo negocio: petróleo y drogas. Además, el petróleo venezolano está a solo 5 días de USA. 

Se sabe que el Sr. Luis Giusti, ex-presidente de la compañía petrolera venezolana (PDVSA), quien vive actualmente en los Estados Unidos de América y es asesor del presidente George W. Bush en materia energética, estuvo involucrado en el golpe de estado del 11 de abril del 2002. Además, el Sr. Giusti estuvo implicado en una serie de actividades fraudulentas durante su presidencia en PDVSA. Luego de los acontecimientos del 11 de abril, el gobierno norteamericano (seguido del español) fue el primero en reconocer al dictador Pedro Carmona, apoyando de esa manera un golpe de estado y la imposición de un gobierno anti-democrático en Venezuela. Sabemos que, previo al golpe, se realizaron varias reuniones de la llamada “oposición” con representantes del gobierno norte-americano. Algunas de estas reuniones se llevaron a cabo en la Embajada de USA en Caracas y otras se desarrollaron directamente en Washington. 
Ahora, sorpresivamente, tanto España como USA desean formar parte del “grupo de amigos” de Venezuela promovido por el presidente de Brasil: Lula Da Silva. Yo creo que si estos países desean ser amigos nuestros, lo primero que tienen que hacer es condenar las actividades terroristas y las violaciones a los derechos humanos de las cuales actualmente todos somos víctimas, incluyendo: desestabilización de nuestra democracia, violación del derecho a la educación, sabotajes en PDVSA, agresiones y atentados, manipulación de la prensa (un método típico de la CIA), etc. Sin embargo, sabiendo que el motivo de todo el problema es el petróleo, resulta difícil creer que esto pueda ocurrir. El financiamiento para este sabotaje petrolero y para lograr la desestabilización de la democracia venezolana, provocar una guerra civil y justificar así una intervención en nuestro país, viene principalmente de afuera. Lo que está en juego es nuestra soberanía. 

Durante el período de Luis Giusti en PDVSA, este Sr. intentó implementar un negocio de volumen y mercado, en lugar de fomentar un negocio de precios. En esa época Venezuela violaba permanentemente las cuotas de la OPEP. Nuestro país está en la capacidad de producir más de 4 millones de barriles por día, pero las indicaciones de la OPEP limitan esta producción a solo 3 millones, con el fin de mantener los precios a buen nivel. La intención de Giusti era incrementar la producción hasta 10 millones de barriles por día, lo cual produciría un aumento considerable en la oferta de crudos, con la subsiguiente caída de los precios (algo muy conveniente para USA y para el poder corporativo petrolero). Ese es el motivo por el cual el dictador Pedro Carmona durante su fugaz gobierno en abril lo primero que hizo (luego de disolver al congreso y a todas las instancias democráticas) fue retirar a Venezuela de la OPEP. 
Luego, en octubre de 2002, se bloqueó otro golpe de estado donde se tenía 
previsto colocar en la presidencia al Sr. Tejera París e introducir decretos que incluían (además de la disolución del congreso y la suspensión de las garantías constitucionales) nuevamente a PDVSA. Actualmente vivimos un tercer golpe de estado, con características propias de la CIA, el cual intenta estrangular nuestra economía (ya lo hemos visto anteriormente en el caso de otros países de Latinoamérica). El objetivo es sacar inmediatamente a Chávez del poder, ya que la Ley de Hidrocarburos y su política de mantenimiento de precios de los crudos  no le convienen al poder petrolero internacional (durante este gobierno, Venezuela se ha ajustado estrictamente a las cuotas de la OPEP). Lo que está sucediendo en Venezuela no es casual, sino que es el resultado de un plan bien definido. Eso podemos verlo en las declaraciones dadas por el Sr. Luis Giusti en noviembre (un mes antes del “paro”) al diario “El Universal” . La cronología exacta del paro fue descrita en esa entrevista. Además, el Sr. Giusti agregaba: “La participación de PDVSA es determinante. Si ésta no se suma, el paro fracasará...”. El hecho de que el Sr. Giusti haya llegado a conocer tan bien nuestra principal industria por dentro ha representado un verdadero problema para los que hoy luchan por rescatar a la empresa de los sabotajes permanentes de estos señores. Además de los daños a equipos, el rompimiento de válvulas (para provocar la contaminación del Lago de Maracaibo) y las permanentes agresiones y atentados, el principal sabotaje ha ocurrido en el área informática. El control casi absoluto de las redes de PDVSA están en manos de INTESA-SAIC (una empresa con accionistas norteamericanos (algunos de ellos relacionados con la CIA) contratada por Giusti en 1996 para controlar la informática de todas las operaciones petroleras). Hoy en día, esta empresa realiza sabotaje informático desde afuera. Además, hay otras empresas internacionales encargadas de actividades importantísimas para PDVSA, como por ejemplo la compañía: SCHLUMBERGER-GEOQUEST, encargada de la evaluación geo-espacial de yacimientos, instrumento para la cuantificación y la calificación de reservas de crudos y gas, información que es interés de estado y que, por lo tanto,  no puede estar en manos extranjeras. PDVSA se convirtió, luego de su pseudo-privatización en 1976, en un Estado dentro del Estado, con sus propias leyes y cuyos intereses estaban al servicio del capital petrolero internacional y de sus gerentes (la corrupción era enorme, con costos de operación del 80% y evasiones permanentes de fiscalización por parte del Estado. PDVSA era una caja negra que no rendía cuentas a nadie). Los costos de PDVSA se incrementaron a partir de la presidencia de Luis Giusti en un 500%, como consecuencia del “outsourcing” (el cual en realidad no era tal), la apertura petrolera y la internacionalización. En esa época (1995-1999) fue cuando se produjo más y se ganó menos en PDVSA.

El actual “paro” petrolero y todas los abusos cometidos en los últimos días por los Sres: Carlos Ortega, Carlos Fernández y Juan Fernández, tienen un trasfondo político y económico que ya conocemos. Sin embargo, detrás de estos señores hay una historia más profunda, la cual está coordinada por USA, y la cual incluye la complicidad de empresarios, terratenientes y políticos con mucho poder y dinero, como el billonario Gustavo Cisneros (presunto narcotraficante de origen cubano, dueño de Venevisión y sospechoso de la muerte de Renny Ottolina), el asesor de Bush: Luis Giusti o el ex-presidente corrupto Carlos Andrés Pérez. No podemos permitir que nuestro país caiga en manos de esta gente. 
Queremos una Venezuela democrática y soberana.
 

Kira Márquez P.
 

Referencias:
(1) Charla: PDVSA por dentro (por Pablo Hernández)
(2) British Petroleum Statistical Review of World Energy, June 2002
(3) John Kenneth Galbraith, The Corporate State.
(4) C. Baena (1997) y J.C.Boué (1998), estudios sobre la internacionalización de PDVSA.
(5) C. Jorda, documento interno PDVSA, enero 2002
(6) Cfr.: J.C.Boué (1997), The political control of State Oil Companies. A case study of the International Vertical Integration
(7) Cfr.: C. Mendoza Potellá, El poder petrolero y la economía venezolana. Ediciones del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV. Caracas, 1995. 
(8)L. Vallenilla, La Nacionalización del Petróleo Venezolano (1975-1998). Ediciones Porvenir. Caracas, 1998.
 

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