BOBOVIDENTE

Bobovidente era un niño regordete, cara redonda, con lentes de Klar Kent, de poco entendimiento e igual capacidad, su gran cualidad era su extrema candidez. Había nacido en una familia clase media en negativo y su estatus le permitía tener acceso directo a un televisor, a una micro con su stock de juegos y a un celular. Bobovidente llevaba una vida feliz, asistía a clases por la mañana, a cumplir con una actividad aburrida y fastidiosa, compensada por la presencia de sus panas, con iguales cualidades y con quienes planificaba diariamente sus fechorías estudiantiles, que podían ir desde colocar tachuelas a la silla del profesor hasta golpear en cayapa a algún otro estudiante. El día peor para bobovidente era el viernes por la tarde, este día el profesor privado, contratado por su madre, tenía la obligación de parapetear en su cabeza, de cualquier manera, un mínimo de información que le permitiera aprobar sus cursos. Bobovidente, como buen boboactualizado que era, había vivido ya la experiencia de las drogas, el disco y el licor; era desordenado, irresponsable y descuidado, para lo cual contaba con domésticas en su casa, que encubrían sus desafueros en forma permanente. Por las tardes, bobovidente dormía, se citaba con sus amigos en un centro comercial para el juego de maquinita o se iban al Mac Donald's por la merienda. Alquilaban películas para la noche, cuando no planificaban ir al cine, a un disco o al club de sus padres. En otras ocasiones, bobovidente pasaba horas frente al televisor, viendo películas bobaliconas, programas bobalicones y asimilando propagandas para boboadictos, mientras degustaba sus papitas importadas y una sabrosa cocaina cola. Para bobovidente no existían los noticieros, los programas de opinión, discusión y políticos, tampoco los culturales, científicos y formativos. Cumplidos ya los dieciseis años, a bobovidente le era permitido ya el acceso a los carros de la familia, con los cuales salía con frecuencia a derrochar físico (y químico, con drogas y alcohol).
La vida de Bobovidente se vio alterada, cuando de imprevisto dejaron de pasar en sus canales boboformadores, sus programas predilectos y fue inundada la pantalla con propaganda alienante, estupidizante y terrorista: vete ya, tu eres el culpable, eres un maldito, eres comunista, por tu culpa no tenemos mas programas boboformadores, por tu culpa no hay gasolina, no hay gas, no hay medicinas, no hay Mac Donald's. Y bobovidente cambiaba de canal, de Globoterror a Venenovisión a Ratavisión a Terroven , eso si, nunca a VTV, porque los padres, vecinos y amigos de bobovidente también habían sido estupidizados y tenían todos prohibido ver ese canal, también recibía por su celular mensajes de: tiene que irse, no lo queremos, vete ya, etc. Y bobovidente había perdido ya el único atributo que tenía, su candidez, convertida ahora en odio, miedo, ansiedad y bobovidente veía un único culpable, no había duda. El percibía que no podía sacar el carro por falta de gasolina, ni ver sus boboprogramas, ni visitar su Mac Donald's y aparecía a sus ojos un solo culpable. La guerra psicológica de los canales del terror había sido efectiva, bobovidente era ahora un activista idiotizado, robotizado y mediatizado, incapacitado para discernir, definir y ubicar las verdaderas causas de sus males y mas aún, para tomar conciencia de su situación, la de su país y sus pobladores. El individualismo egoísta que le había sido impuesto, no le permitiría ver jamás, como deberían ser las relaciones en y entre nuestras comunidades y la vía a seguir para el desarrollo, la justicia y la libertad. Bobovidente era ahora un robot terrorista formado por los medios de comunicación para el fascismo internacional, capaz de actuar contra su propia familia, su propia gente y su propio país. 

         JOKK .

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