DE LA ESCLAVITUD A LA LIBERTAD
(Psicólogo clínico)
La felicidad sólo puede ser hallada en nuestro interior. La libertad es la
única meta valiosa en la vida. Se obtiene cuando hacemos caso omiso de aquellas
cosas que están más allá de nuestro control. No podemos tener un corazón alegre
si nuestra mente es un lastimoso caldero de temores y ambiciones.
Epicteto
La idea de
libertad no es nada nuevo. Durante siglos, mujeres y hombres han luchado por
ella y, sin embargo, hoy, a comienzos del siglo XXI, parece un anhelo muy
lejano de la Humanidad y ello, debido 1) a las aspiraciones imperialistas de
USA de esclavizarnos a todos (no se trata de propaganda comunista para que nos
asustemos, se trata de tomar consciencia de las acciones concretas que viene
llevando a cabo dicho país para lograrlo), 2) al desconocimiento de las formas
sutiles de cómo somos esclavizados, 3) a la más amplia variedad de reacciones
ante la posibilidad de ser libres y, 4) quizá la más importante, el
desconocimiento de lo que es en sí y en que consiste la libertad.
Es
imposible liberarse de una condición perturbadora si se la desconoce. No se
puede lograr una meta si no se tiene pleno conocimiento de aquello que en
verdad se quiere lograr. Lo que quiero decir es que de nada valen nuestros más
extraordinarios análisis, deducciones, explicaciones y diagnósticos si una vez hecho todo esto, nos planteamos unas metas
ambiguas.
Esto de
definir de la manera más exacta posible lo que son la esclavitud y la libertad
es vital, especialmente debido a que ambos son términos muy escurridizos, que
involucran tanto un nivel observable como un nivel subjetivo, que es mucho más
amplio y difícil de detectar.
Cuando
hablamos de luchar y lograr la libertad, ¿de qué estamos hablando,
especialmente cuando se trata de la libertad del colectivo humano y no sólo de
su libertad individual o de la mía?
Si somos
responsables, también deberíamos preguntarnos: ¿Hasta que punto, usted y yo somos
verdaderamente libres en lo teórico y en lo práctico para no transmitir
elementos internalizados de dependencia a los demás? ¿Hasta
qué punto la gente está dispuesta a ser libre? ¿Hasta qué punto la gente está
capacitada para ser libre? El nivel de capacidad de la gente, ¿me autoriza a
ejercer la patria potestad sobre aquellos que por el momento estén en
desventaja para ejercerla?
Debemos
meditar sobre ello y hallar respuestas válidas y satisfactorias para todos,
pues de lo contrario la Humanidad nunca saldrá del plano de ambigüedad
existente que, no sólo nos ha mantenido divididos, sino que, además, creyendo
que luchamos por la libertad, nos ha conducido a defender e institucionalizar
ciertos aspectos de la esclavitud y a repudiar ciertos aspectos de la libertad.
La libertad
es ser/siendo
La
libertad es dejar nacer el verdadero ser/siendo que existe en cada uno de
nosotros, es decir, lo más auténtico que hay en nosotros y que ha sido llamado
el Yo verdadero, el Alma, el Maestro interno o Guía interior.
La
libertad está íntimamente vinculada al control. Libertad y control no son dos
cosas de naturaleza diferente, sino que forman un continuum de una misma clase, igual que lo hacen el amor y el odio, el frío
y el calor.
Este continuun
libertad/control es parte de nuestra naturaleza y no sólo tiene que ver con
nuestra individualidad, sino también con nuestras relaciones interpersonales y
con la madre naturaleza.
Cuando
entendemos por libertad hacer lo que nos da la gana, en realidad no somos
libres, porque ello significa no ser dueños de nosotros mismos, sino ser
gobernados por automatismos: impulsos, contenidos del inconsciente, hábitos,
reacciones, condicionamientos, temores, expectativas… En este sentido la única
forma de ser libres, es decir, de ejercer nuestro ser/siendo, es despertar
nuestra consciencia para ver lo que hay de auténtico en nosotros mismos, saber
cómo y qué estamos pensando, conocer a quién sirve nuestro pensamiento
(intereses egoístas propios o de otros), evaluar las situaciones con amplitud
y, siendo sinceros con nosotros mismos, tomar decisiones, actuar y asumir
responsablemente todos nuestros procesos.
En las
relaciones interpersonales y sociales el hacer lo que me da la gana o lo que es
lo mismo, declararme en rebeldía para supuestamente proteger mi libertad y
autonomía, tampoco significa libertad, pues significa arbitrariedad de mi
parte, dejarme llevar por la malcriadez y poner mi voluntad en manos de esta. Ese
mismo “yo hago lo que me da la gana” en relación a la naturaleza, significa una
inconsciencia que la daña y nos perjudica a todos, tal como se evidencia en
nuestra manera de industrializarnos: destruyendo bosques, matando animales,
contaminando el aire, los ríos, lagos, mares…
Dentro de
la relación libertad/control, una manera de ser infeliz y esclavizarse es
asumir los debería como una prioridad de nuestras vidas y anteponerlas al
ser/siendo.
Los
debería implican incapacidad para aceptarse a sí mismo, para aceptar a las
personas y las cosas como son, buscar la manera de que se conviertan en aquello
que imaginamos como lo más conveniente y controlarlas para que actúen como si ellas son así, lo cual en el
fondo no revela sino un gran temor de nuestra parte a que las personas y las
cosas no nos satisfagan, o a que en su expresión verdadera de ser/siendo nos
puedan hacer daño, o a que en su libertad de ser/siendo vuelvan un caos todas
las cosas y nos perjudiquen. ¿No ha pensado en la armonía que existe en la
naturaleza sin necesidad de nuestra intervención? ¿Ha pensado en que con
frecuencia cada vez que intentamos cambiar la naturaleza y dominarla hacemos un
desastre?
En esta
incapacidad para aceptar el ser/siendo natural del universo, y volcados hacia
los debería, nos inclinamos hacia el control de…, nos volvemos esclavos del
miedo, de nuestras expectativas y deseos. Y todo ello se vuelve un círculo
vicioso, una rueda que nunca se detiene y que, al cegarnos, dejamos de ser
realistas y luchamos prácticamente en contra del mundo.
El
problema está en nosotros, lo creamos a través de nuestras interpretaciones y
lo mantenemos mediante los debería y el intento fallido de querer cambiarlo
todo. Esta situación comienza en el
hogar, en el intento por educar a los hijos, en la propia relación de pareja y
se extiende en los “debería” y “obligaciones religiosas, los “debería”
impuestos por las ideologías económicas y políticas y hasta en los “debería” de
las teorías psicológicas y sociales, que nos atrapan y nos conducen al
establecimiento de reglas de conducta, las cuales tienen por principio el
suponer que no podemos confiar ni en nosotros mismos, y que debemos vigilarnos
y vigilar al vecino.
En las
relaciones sociales, el miedo y la actitud antes señalada, nos llevan
directamente al control del otro, a irrespetarlo, a la enemistad, al odio y
resentimiento mutuo, a luchas de poder, a la desconfianza mutua, al maltrato, a
dividirnos en buenos y malos, justos e injustos; a marginar, a castigar, al
trato cruel y despectivo, a la tiranización recíproca, a un intentar ubicarse y
encaramarse arriba del otro.
“Tengo que
estar en pie de guerra contra mí mismo, los demás y la naturaleza, que nos
hacen daño, que nos controlan y perjudican” y bajo esta premisa, que no es otra
cosa que el miedo más puro y bien oculto, dejamos de ser/siendo y nos movemos
al antojo del titiritero: el miedo.
Si presta
atención a los medios de comunicación, se dará cuenta de que a través de la
propaganda se nos manipula usando nuestro miedo, nuestros deseos, necesidades,
aspiraciones, ambiciones, expectativas y ansiedades, los cuales suelen ser
contenidos psicológicos inconscientes que no manejamos. Manipulando todo lo
anterior nos dicen: “para satisfacer sus deseos, necesidades, aspiraciones,
expectativas, ansiedades y vencer el miedo, debe hacernos caso a nosotros, a
los que sabemos. Debe usar X, hacer esto, pensar T, sentir Y, para atraer al
sexo opuesto, tener éxito, ser un ganador, ocupar un puesto en la sociedad…”. Pero,
¿a qué precio? Al de ser alguien que no es usted. Ellos también nos dicen:
“Hágale caso a los que nosotros decimos que saben:
políticos, oligarcas, curas, científicos, expertos; pues usted nada sabe”. Y
todo ello lleva implícito un mensaje subliminal: “De por sí, usted es un
perfecto inútil, un incapaz, no crea en usted mismo, no tenga fe en sí mismo”.
No crea
que el tirano goza de libertad y es feliz. Creo que ya se habrá dado cuenta de
que es la primera víctima de esta actitud controladora, vigilante, paranoica,
obsesiva, compulsiva, de inestabilidad emocional.
El tirano, siempre amargado, siempre
insatisfecho, en mayor o menor grado, necesita siempre de alguien, de una
víctima que juegue el papel complementario, pues no puede tiranizar en el aire.
Y si reflexiona un poco más, notará que tirano y tiranizado se chantajean. Quien
hace el papel de tirano puede decirle al tiranizado: “Te dejo en libertad a ver
si eres capaz de sobrevivir sin mí”; y el tiranizado que no ha asumido la
responsabilidad de su vida y no ha aprendido a ser/siendo probablemente acepte
el chantaje. Pero el tiranizado también puede decir; “te dejo sólo, a ver quién
eres sin mí”. En el fondo se trata de dos incapaces.
La
libertad está en nosotros mismos. Repito, en tener consciencia de nosotros
mismos, en conocernos, saber cómo, por qué, para qué, cuándo y dónde
percibimos, pensamos, sentimos y actuamos de ciertas maneras. Necesitamos saber
cuáles son nuestros temores, expectativas,
anhelos, motivaciones secretas, vanidades, la imagen que tenemos de
nosotros mismos, fantasías más íntimas, necesidades y hacer nuestro el miedo
para convertirlo en aliado, aceptar al mundo, a las personas y a nosotros
mismos como somos/siendo. Requiere de nuestro manejo consciente de la relación
libertad/control y de entender que no
somos islas independientes del mundo y de otros seres, sino que somos todos
seres co-dependientes, que nos afectamos
recíprocamente de manera constante.
La
Libertad exige que confiemos en nosotros mismos y no dependamos de ninguna
ideología, que no confundamos el mapa con el territorio y no nos tomemos el
mapa como algo real, vital, personal. No podemos permitir que las ideologías,
además, enmarquen nuestro pensamiento y lo limiten, pues ello equivale a
permanecer eternamente en un hueco.
Precisamente
por lo anterior, debemos prestar mucha atención a las pretensiones de USA de
ser un modelo mundial de economía, justicia, paz, libertad y democracia, pues
resulta que, en realidad, son un antimodelo de todo
lo mencionado y un atentado contra la libertad de sus propios ciudadanos y del
resto de la Humanidad (ellos poseen la deuda externa más grande del planeta,
alrededor de 50 millones de sus habitantes viven en pobreza extrema, cerca de
60 millones son analfabetas… y como todos sabemos, su intervención en otros
países siempre se traduce en destrucción, hambre y miseria).