¡QUE CAMBIEN LOS DEMÁS Y VENEZUELA
SERÁ UN PAÍS MEJOR!
 
Las cosas en sí no nos lastiman ni entorpecen nuestra vida. Tampoco los demás lo 
hacen. Pero la forma como los percibimos es otro asunto; son nuestra manera de 
pensar, actitudes y re-acciones las que nos causan problemas.
Epicteto (El arte de vivir)
José Del Grosso
(Psicólogo Clínico)
 

   Si en verdad queremos un futuro mejor para todos, entonces es hora de que cada uno de nosotros cambie, es hora de que cada uno de nosotros se revise a sí mismo, para conocerse y, conociéndose, poder cambiar en consonancia.

   Este es un momento crucial para todos nosotros como venezolanos. Hemos ganado una batalla más contra la oposición terrorista, pero no hemos ganado la guerra. Hemos hablado, incluyéndome a mí, mucho acerca del comportamiento de la Oligarquía, los amos del Valle, pero ahora es el momento de ganar la batalla decisiva: ser nuestros propios amos.

   Durante los cuarenta años de supuesta democracia (1959-1999), los venezolanos nos quejamos de que “las cosas andaban mal” y pedíamos que hubiese un cambio. Pedíamos, entre otras cosas, que el gobierno cambiara su actitud, que cambiaran los gobernantes, que cambiara la política, que cambiaran las leyes, que cambiara nuestra economía… y, a partir de 1999, evidentemente, comenzaron en el país una serie de cambios en lo formal, los cuales crearon las condiciones externas necesarias para que nosotros podamos alcanzar las grandes metas de llegar a tener socialmente una mejor calidad de vida, convivir y ser felices. Pero ¿Hemos logrado verdaderamente esas metas?

 

El mismo perro con otro hueso

   Debemos tener claro qué clase de cambio queremos. Existen dos clases de cambio: uno aparente y otro real. Un cambio aparente consiste en cambiar externamente las cosas, pero en sí no ocurre nada ni ocurrirá jamás. Es como si a 1 usted sumara una infinita cantidad de ceros. La suma siempre será uno. De allí el refrán muy sabio que reza: “El mismo perro con otro hueso”. Mientras que, un cambio real consiste en generar cambios internos significativos. Si usted es una persona hipercrítica y controladora, que espera que mejoren sus relaciones, entonces deje de ser juez y permita que los demás se expresen.

   En el mismo sentido, no espere que mejore el país si usted no cambia significativamente de actitud, asumiendo que este es su país, tomando consciencia que quererlo no es decirlo de boca para afuera, cantar el himno nacional y pararse firme como un soldado cuando lo escuche. Es necesario que todos participemos en el país que queremos construir. 

 

¿El hecho de que ocurran cambios externos significa que cada uno de nosotros va a ser feliz?

   No, en lo absoluto. Podemos tener la mejor Constitución del planeta,  individual y colectivamente podemos tener mucho dinero, se pueden hacer grandes obras públicas, se pueden hacer grandes avances en salud y extender nuestro promedio de vida hasta los 90 años…, pero nuestra insatisfacción puede seguir aumentando e, incluso, pueden surgir problemas más graves que los ya existentes.

   La solución a nuestros problemas existenciales no está en los cambios externos, está en nuestros cambios internos individuales. Por favor, reflexione sobre lo siguiente. Vamos a lo cotidiano, a los hechos sencillos, pero esenciales de nuestra vida. 

   La mayoría de nosotros ha vivido la experiencia de creer que cambiando sus circunstancias externas podría ser feliz y, en alguna medida logró cambiar sus circunstancias externas, ¿verdad? Sin embargo, ¿se sintió feliz o se sintió eufórico? ¿Fue más feliz que antes? ¿Cuánto duró esa felicidad? Se ganó la lotería, pero ¿durante cuánto tiempo fue feliz? Se casó con el hombre o la mujer de sus sueños, pero ¿cuánto duró el matrimonio? Logró el éxito y ¿qué pasó después?

   Hay quien cree que si la gente cambiara, podría vivir mejor y ser feliz, pero se engaña. En mi experiencia como clínico, he oído decir a esposas y a esposos que controlan casi literalmente a su pareja y a sus hijos, que se hace su voluntad, pero que ahora son más infelices que cuando el otro hacía lo que le daba la gana…

   ¿Qué le dice lo anterior? ¿Qué será lo que no ha visto u oído? ¿Qué será lo que no ha comprendido? ¿De qué no habrá tomado consciencia? Usted hizo lo que creyó mejor para ser feliz, pero no dio resultado. ¿Por qué fallaría? Tal vez continuó insistiendo más intensamente en cambiar las circunstancias externas, pero ¿de verdad pasó algo? 

   ¿Cree usted que cambiando a la sociedad, su economía y su política usted llegará a ser feliz? ¿Ha tomado consciencia de que usted es parte de la sociedad y que usted no puede dejar de ser parte de la vida económica y política del país?  

   ¿Ha tomado consciencia de su manera de hablar? ¿Se ha dado cuenta de que cuando habla dice cosas como: “el cheque no ha salido” y “todo subió”? 

   Reflexione sobre las dos preguntas anteriores. ¿Se da cuenta de que habla como si los cheques y los precios tuvieran vida propia y que por ello trata las situaciones como inmanejables, cuando en realidad hay un responsable de las cosas, es decir, a lo mejor ¿no será usted quien no ha hecho el cheque? ¿No será que usted subió el precio de los artículos y siente miedo de admitirlo? ¿No será que tales y cuales cosas concretas suceden porque usted no se ocupa, sino que deja pasar? ¿El que tantas cosas hayan ocurrido en su vida privada y social no se deberán a que cuando usted ha tenido razón no ha defendido sus derechos y espera que alguien, a quien ni siquiera se lo ha pedido concretamente, le resuelva sus problemas? ¿No estará esperando demasiado de los demás?

   Por favor, abra su corazón a usted mismo. Sincérese con usted mismo. Es probable que algunos de ustedes ya tengan un montón de argumentos que comienzan por “Sí pero”, para no cambiar y seguir esperando que sean los demás los que cambien. Sin embargo, ¿ello ha resuelto sus problemas o los de este país? ¿Ha logrado de ese modo la felicidad?

 

¿Qué es lo peor que podría pasarle si usted comienza a conocerse y, a partir de ese conocerse, usted cambia?

   En los años 70 del siglo pasado, apareció un libro que se popularizó mucho en Venezuela. Su título era “Yo estoy bien, Tú estás bien”. En él están muy bien descritas nuestras cuatro posiciones básicas en la vida. 

   Probablemente, la mayoría de los venezolanos se encuentre ahora en la posición básica: “Yo estoy bien, tú estás mal”, es decir, todo cuanto piensa y hace está bien, pero todo lo que piensan y hacen los demás está mal y le causa perjuicio; y, en virtud de ello, ha emprendido una campaña para que los demás cambien: “Si la oposición cambia”, “si el gobierno…”, “si la gente…”. ¿Y usted? ¿No piensa cambiar? 

   Si abrió su corazón y de verdad se puso a pensar en todo cuanto afirmé desde el principio, es muy probable que haya empezado a tomar consciencia de su responsabilidad, al menos, de las circunstancias de su vida privada. Eso es un gran paso. 

   Ahora bien, aunque haber comenzado a tomar consciencia es un avance positivo en su propia vida y en la del futuro del país, si se descuida, puede llegar a la posición pesimista: “Yo estoy mal, tú estás mal”, lo cual va a llevarlo a una profunda depresión, y eso sí es una de las peores cosas que podrían pasarle. No es esto lo que yo le deseo. Yo le deseo que en verdad usted pueda ser feliz, que todos seamos felices, pero tiene que tomar la decisión de buscar un camino adecuado para ello.

   Con el objetivo de hallar ese camino hacia la felicidad, pregúntese si adoptar la posición vital de: “Yo estoy mal, Tú estás mal”, tiene alguna utilidad. ¿De qué le sirve decirse que usted no sirve para nada, que usted es culpable de…? Y, al mismo tiempo, ¿Creer que los demás son inútiles, malvados y….? De nada, ¿verdad?

   Las otras dos posiciones que menciona Thomas Harris, el autor del libro al cual me referí antes, también pueden ser negativas. Afirmar: “Yo estoy bien, Tú estás bien” sin mirar de verdad las cosas, puede significar que usted concluya que todo está bien y que ni usted ni nadie tiene por qué cambiar. Sería negar la eterna crisis que hemos vivido como país y negar que tengamos muchos problemas por resolver. Afirmar: “Yo estoy mal, Tú estás bien”, también podría ser terrible, pues nos sume en una depresión paralizadora.

   Pero, ¿Qué pasaría si comienza a conocerse de una manera diferente, desde una perspectiva y una lógica distinta a la que siempre ha utilizado? ¿Qué sería lo más terrible que podría pasarle? ¿Descubrir, por ejemplo, que ya era mejor de lo que usted pensaba? ¿Sentirse más contento?

   Por favor, acompáñeme en estas reflexiones y trate de hacer algo distinto a lo que ya ha intentado en el pasado con el objetivo de conocerse y ser feliz. 

   No ponga la carreta por delante del caballo. Normalmente, nos han hecho creer, que conocerse es simplemente hacer una lista de nuestras virtudes y nuestros defectos. Yo lo hice, tal vez usted también lo ha hecho, pero, ¿le sirvió de algo? ¿Cambió su vida?  

   Probablemente, poco o muy poco, ¿verdad? Pero si usted toma consciencia de que si, por ejemplo, eso que usted reconoce como una de sus virtudes, digamos, toca muy bien un instrumento musical, es muy bueno cocinando o es generoso…, es más bien el resultado, el efecto, de algo que usted ha venido haciendo y no la causa misma, tendrá la posibilidad de darse cuenta de que eso que usted considera como un defecto no es otra cosa que el efecto de algo que usted no ha hecho o que está haciendo equivocadamente

 

Ley de causa o efecto 

   Usted se habrá preguntado por qué le ocurre esto y lo otro, ¿por qué a mí? Y, seguramente, también, habrá pensado que la culpa es de alguien, o que Dios lo habrá castigado por algo, o que tiene mala suerte. Sin embargo, cuando comience a tener consciencia de cómo usa su libre albedrío, verá que cuenta con la posibilidad de que todo comience a marchar mejor en su vida.

   El hecho de que tenga los ojos abiertos no significa que tenga consciencia, es decir, que se dé cuenta de, o caiga en cuenta de lo que está pensando y haciendo, así como de qué está pasando a su alrededor. Mientras ignore o no preste atención a esa parte suya, a ese estar distraído, no se habrá adueñado ni de su vida ni de su futuro.

   La ley de causa y efecto consiste en algo muy sencillo. A cada causa sigue un efecto determinado. Si medita sobre ello y llega a comprender su significado profundo, podrá entender muchas de las cosas que le suceden y podrá realizar muchos cambios positivos que comenzarán a transformar su vida.

   En el Antiguo Testamento está escrito: “Siembra vientos y recogerás tempestades”. Si usted desconfía de los demás y es grosero, no espere que los demás  se acerquen a usted, pues de alguna forma, seguro que usted está enviando el mensaje: “no te acerques”, “mantente a distancia”. Si usted se acerca a los demás, es cortés y encantador, lo más probable es que resulte atractivo y la gente quiera estar con usted.

   Yo sé que usted sabe que es así, pero ¿lo sabe de la misma manera que lee un libro para entretenerse o en verdad se da cuenta de qué ocurre con cada uno de sus pensamientos y sus actos? 

   El estar conscientes, saber de veras que a cada causa sigue un efecto, así como asumir que es usted la causa y no la víctima, le va a permitir ser libre y crear una situación similar a la de: “todo le habla”; pues los resultados de sus acciones le dicen el por qué de las cosas. Esto equivale a que usted pueda estar en posición de poder regular su conducta. Por el contrario, estar distraído, lo va mantener esclavo de las circunstancias, lo va a conducir a actuar como un autómata y sólo lo va a conducir a llegar a conclusiones como: “qué mala suerte tengo”. 

   La ley de causa y efecto funciona igual a nivel social. La sociedad no es una cosa aparte de nosotros, sino que está integrada por cada uno de nosotros; y de nuestras relaciones conscientes con los demás, depende que logremos “el país mejor que todos deseamos”.

   Mientras no asumamos nuestra responsabilidad ciudadana, lo que en verdad significa la democracia participativa, otros aprovecharan la ocasión para beneficiarse decidiendo y haciendo por usted. Entonces, usted habrá labrado un destino negativo tanto para usted como para los demás. 

   Si no asume su trabajo como un medio para crecer a través de la expresión de sus capacidades y su creatividad, sino que por el contrario lo convierte en un fin para vivir, no sólo detestará su trabajo, sino que lo hará cada vez peor y ello redundará en su detrimento y en el de los demás. Si el dinero para usted no es un medio para lograr muchas cosas, sino que lo mira como un fin en sí mismo, siempre confundirá el dinero con la felicidad, será un escalador social, un ser egoísta y, por más dinero que tenga, su vida será cada vez más miserable, pues siempre vivirá con el temor de perder su dinero y no podrá evitar que su atención esté continuamente concentrada en cómo hacer dinero, perdiéndose lo mejor de la vida. Pero, ¿para qué quiere el dinero de esa manera si este lo aleja de sí mismo, lo aleja de los demás y de la posibilidad de ser feliz?

   ¿Cómo cree que este país o cualquier otro llegue a organizarse colectivamente y alcanzar un mejor nivel y calidad de vida, si la mayoría de sus miembros es inconsciente de cómo vive y hace las cosas?

 

Cada pensamiento es una semilla

   Cada uno de los pensamientos del Hombre es una semilla y esa semilla sólo dará la clase de frutos que uno haya sembrado en su mente.

   La mente del ser humano es tierra fértil para cualquier clase de ideas, positivas o negativas. Si usted deja crecer en su mente ideas de temor, duda e indecisión, entonces terminará por convertirse en una persona débil, asustadiza, temerosa, que siempre se muestra indecisa, apocada y cobarde, que evitará las confrontaciones, que no sabe cómo exigir sus derechos, que se equivoca con frecuencia al hacer algo y que en gran medida depende de los demás. Por el contrario, si permite que en su mente crezcan semillas de confianza en sí mismo, decisión y valor, se convertirá en una persona decidida, que no temerá las confrontaciones ni el asumir la responsabilidad de sus errores, que exigirá sus derechos cuando debe hacerlo, que actuará con seguridad, será más efectivo y logrará sus metas. Esto significa que el ser humano se hace a sí mismo a la medida de sus pensamientos, que usted se puede hacer a la medida de sus propios pensamientos. 

   La mente humana es como un jardín. Si deja que caigan en él toda clase de semillas porque no se ocupa de cuidarla estando consciente, entonces, en su distracción, germinarán semillas que darán frutos buenos y malos. Pero lo peor no es esto, lo peor es que no sabrá cómo obtuvo esos frutos. Será incapaz tanto de producir frutos buenos como de impedir que surjan los malos.

   Algo similar también sucede en la sociedad. Al no asumir nuestra responsabilidad ciudadana es como si en medio de las flores dejáramos crecer gamelote y toda clase de hierbas malignas. De ese modo, mientras se hacen algunos logros, los mismos terminarán por perecer ahogados por males sociales como la corrupción, la indiferencia, la desidia, por ese dejar y esperar que los demás cambien y hagan; por ese no ocuparnos, sino vivir pre-ocupados, lo que quiere decir que mentalmente nos angustiamos, pero materialmente no hacemos nada.             En el pasado veníamos destruyéndonos y destruyendo el país de la manera que apenas he descrito y hemos visto que sus resultados no son otros que un eterno transitar por crisis interminables. ¿Es eso lo que quiere para usted, su familia, amigos y el resto de los venezolanos?

   No está obligado a cambiar. Ciertamente es su decisión y así debe ser. Pero si no quiere cambiar, asuma su responsabilidad, no viva quejándose, no critique a los demás, no busque manipularlos ni controlarlos. Si lo evita, al menos, usted y los demás podrán tener un poco de paz. 
 
 
 

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