Gonzalo Fragui
a Régulo Pérez,
botado por la libertad de expresión
de “Ultimas noticias”,
porque el verdadero creador nunca
estará desempleado.
La palabra “Cuaima”, según el Pequeño
Larousse, significa serpiente venenosa venezolana. Persona muy lista y
perversa. Pero, si a eso agregamos la palabra “Escuálida” se necesitarían
enciclopedias enteras para aproximarnos a este fenómeno que, a pesar
de las televisoras, debería estar ya en vías de extinción.
La mitología reconoce en Hera,
la esposa de Zeus, la primera cuaima de la que tenga memoria la humanidad
y la divinidad. Hera, ante los continuos amoríos de su esposo, tenía
el carácter más amargo del que se tenga conocimiento. El
propio Sócrates vivió de cerca los embates cuaimáticos
de su esposa Jantipa, quien el mismo día que el filósofo
tenía que beberse la cicuta estaba allí con sus reclamos
de que “usted este mes tampoco ha dado nada para el mercado”. En la zoología
también hay un personaje que demuestra que ni los animales se salvan
de este terrible mal. Se trata de la conocida Gata Flora, famosa porque
nunca está conforme, chilla por unas razones, y por otras llora.
Cuaima y escuálida puede parecer
una redundancia. Pero no lo es. La cuaima a diferencia de la serpiente
no se distingue por la piel, el color, la mirada o algo parecido. Una cuaima
se reconoce por su lema, su única preocupación ontológica:
“Se lo doy o no se lo doy”. That´s the question. Pero si, además,
es escuálida, estamos frente a una combinación mortal. De
allí, que el especimen que tratamos de describir sea tan especial.
Para ello, intentaremos hacer una enumeración de sus posibles características
para que usted, desprevenido lector, ande atento ante los innumerables
peligros que corre.
Si usted ve a una fémina con las
siguientes características, le aconsejamos que se ponga a buen resguardo.
- Las que nunca les interesó el
país, las ta´barato, las dame-dos, que preferían a
Mayami y a la banderita gringa, y ahora se han convertido en las superpatrióticas,
y se ponen franelas, y cintillos y sombreritos, y toallas sanitarias con
la bandera nacional.
- Las misses, a las que nunca les interesó
de verdad los niños ni los pobres, y lo único que les gustaba
era las bacanales con Giusti, y algunas se ganaron por ciertos “méritos”
que pusieran sus nombres a los tanqueros petroleros, y ahora andan preocupadas
por la pobreza y por la infancia. Como ya les dijo alguien en su oportunidad,
si les preocupa tanto los niños, por qué no usan las anticonceptivas.
- Las que les parecía que los militares
eran brutos e ignorantes, las que les daba pena ver a un soldadito con
su novia en un parque, los domingos, porque eso era para cachifas, y ahora
les parece que son bellos, inteligentes, valientes, si dan un golpe de
estado.
- Las que están a favor del paro
petrolero y sin embargo se molestan porque tienen que hacer colas en las
gasolineras.
- Las que siempre odiaron a los colombianos,
por indocumentados, por traficantes, por guerrilleros, porque el que no
lo hace a la entrada lo hace a la salida, y ahora lloran y oran, agarrados
de la mano, por la tragedia de la hermana república.
- Las que siempre hablaban mal de la televisión
venezolana, y preferían las parabólicas y el cable, y ahora
la defienden como un alambre de púas, que es lo único que
les ha quedado en el corazón.
- Las que nunca les preocupó la
libertad de expresión cuando los gobiernos cerraban televisoras,
chantajeaban periódicos con el papel y los dólares preferenciales,
con premios y cuñas de publicidad, que amenazaban con la censura
previa, que encarcelaban periodistas y brujos, y ahora salen amordazadas,
cuando la verdadera mordaza la tienen en sus cerebros.
- Las que en cada momento sacan a relucir
pantaletas sin saber que esas prendas sagradas, que sirven para cubrir
ese digno lugar de donde hemos salido y siempre queremos regresar, sólo
deben ser bajadas cuando la pasión del amor así lo ordene.
- Las que decían que nuestros indígenas
olían mal, y que después, a pesar de su ataque de nacionalismo,
siguen pensando igual.
- Las que nunca han visto una bombona
en su vida y están muy “preocupadas” pensando con qué estará
cocinando la gente pobre.
- Las que nunca han leído más
allá de los horóscopos, y ahora están angustiadas
por las situación de los periódicos venezolanos, quebrados
por sus dueños y por quienes decidimos no volverlos a comprar jamás.
Una pregunta que podría hacer en su sesudo programa de televisión,
una de las ideólogas de la Coordinadora, la doctora Erika de la
Vega, podría ser: ¿cuántas páginas, si es que
no cierra antes, tendrá El Nacional a finales de año?.
- Las que no conocen El Silencio ni el
interior del país, pero conocen a Sudáfrica porque viajaron
en tiempos del apartheid.
- Las que juran que no han eructado en
su vida ni se les ha salido nunca un peíto.
- Las que tienen una cacerola en la cabeza.
- Las que nunca saludaron al vecino, las
que siempre lo criticaron o lo envidiaron porque tenían algo que
ellas no tenían, y ahora se dan besos estíticos, y se abrazan
acongojados por la situación nacional.
- Las de clase media en negativo, las
que Aquiles Nazoa decía que medio les preocupaba el país
cuando medio les convenía.
- Las que revisan la cartera del marido,
espían sus llamadas, siguen sus pasos a escondidas, para ver si
no se va a encontrar con alguna bolivariana.
- Las que creen que la vida no tiene sentido
si no hay coca cola, McDonalds y todos los amarillos cinco.
- Las que les preocupa el control de cambio,
porque no va a haber dólares para importar Estee Lauder, Channel
5, Christian Dior, caviar, y ciertos talcos.
- Las que todavía creen que con
los adecos se vive mejor.
- Las que nunca han rezado en su vida,
porque el único santo que adoran es a Sam Bil, y ahora llenas de
odio andan utilizando la imagen de virgencitas, que son seres de luz, porque
un día Marisabel dijo que Chávez se bañó en
los sótanos de Miraflores con la sangre de un león, y por
eso tiene un pacto con la orden de la gran serpiente Negra, que patrocina
el comunismo, y otras tantas zoquetadas.
- Las que consideran que la gente humilde
de los barrios es chusma si está a favor del presidente, pero valeroso
pueblo venezolano si está en contra.
Finalmente, las que odian al marido y
viven con él por el dinero, pero cuando van a las marchas lo hacen
agarraditos de la mano, y se apretujan como dos tortolitos, pero que, cuando
llegan a la casa, la escuálida sale con la excusa de que: “Ahora
no te la doy hasta que no caiga Chávez”.
amordazados e indefensos.
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