EL HUMOR EN LOS TIEMPOS DEL COLERA
|
Gonzalo Fragui
El sábado 14 de diciembre de 2002, en la marcha convocada por la oposición en el distribuidor de Altamira, televisada por todos los canales comerciales y en horario estelar de las 8 de la noche, uno de los platos fuertes del acto era la presencia de los humoristas que están a favor del paro, a favor de las televisoras o periódicos donde trabajan, y contra el gobierno. Allí estuvieron Zapata, Emilio Lovera, Claudio Nazoa, Laureano Márquez y Carlos Donoso, entre otros. Carlos Donoso, ante la complacencia de sus colegas, se dirigió al público para dar una supuesta información. Dijo: “El presidente Chávez tiene una nueva demanda, ahora por ejercer simultáneamente dos cargos públicos: ser presidente de Venezuela y primera dama de Cuba”. Los humoristas se rieron, el público llegó a la histeria. El resto de los chistes no los comento. El que menciono es suficiente para dar una idea de la altura del acto y de los humoristas que participaron, quienes estuvieron todos por el mismo corte. Un chiste como este, más cercano a la canallada, que desdice más de quien lo hace, tal vez nos permita hacer una reflexión sobre el humor en estos tiempos de crisis. Reflexionar si en el humor como en el golpismo “todo vale”. Para reflexionar si el odio y la falta de amor que invade a nuestros humoristas, admirados por nosotros en otras oportunidades, no estará decretando el fin de un tipo de humorismo en nuestro país. Un “chiste” de esta calaña, como el mencionado de Donoso, sólo demuestra que el humorismo en Venezuela está tocando fondo al igual que la forma como se utilizan los mismos medios de comunicación, y puede ser un indicio para que empecemos a hacer humor de verdad y periodismo de verdad. Un “chiste” como ese sólo puede tener coherencia con las actividades vandálicas que ellos avalan y aplauden, porque en la raíz de toda maldad está la falta de humor. Cuando el humor llega a esta bajeza es tiempo de recordar que el humor es una cosa seria y no algo irresponsable. O será que humorismo es echar aceite en una curva de la carretera para hacer volcar una gandola de gasolina, no importa si hay casas cercanas, y después acusar al gobierno de impericia? Será como para morirse de la risa la propaganda política subliminal que algunas televisoras utilizan en películas infantiles?. Será una “travesura” de las televisoras o lo que es: terrorismo mediático. Será humorismo la protesta de las trasnacionales de comida chatarra, sumadas al paro, que se quejan ante el gobierno de Chávez porque en el Día del Niño no obtuvieron las ganancias que habían planificado. Y de allí la conclusión de que Chávez no quiere a los niños?. Será humorismo que Nelson Bustamante, representante por Venezuela ante la UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, utilice políticamente a unos niños en ese show y pedirles que digan cualquier cantidad de violencias verbales, que seguramente no están en sus corazones?. Será humorismo parar refinerías, cargueros, incendiar busetas con conductores dentro, echar millares de litros de leche a los ríos antes que dársela a los niños venezolanos, dejarnos sin combustible, tener “maestros” que les ponen planas a los niños que están empezando a escribir con frases como “Chávez es asesino”, y pare de contar?. Será humorismo culpar de manera irresponsable al presidente de todos los males que ellos durante cuarenta años produjeron al país, o será que la pobreza en la que vive la mayoría de los venezolanos es nueva?. Un día de estos van a decir que Chávez es culpable hasta de la caspa de Juan Fernández. Será motivo de risa que la banca que cometió el mayor crimen económico en la época de la democracia, que se robó el dinero de los ahorristas y el del apoyo financiero que le dio el estado, que se robó hasta el débito bancario, pretenda ahora de nuevo quedarse con el dinero de los venezolanos, con la pérfida excusa de que son los empleados los que se niegan a trabajar, cuando todos sabemos que son los banqueros que se escudan en un sindicato patronal, y por consiguiente vendido. Tenemos, entonces, que revisar lo que entendemos por humorismo. Porque no hay nada más cercano al humor que la crueldad y el terror. Reírse de un tuerto o de un cojo no es humorismo. Tampoco podemos confundir humor con cinismo, como la conocida expresión de alguien que está colmado de todo y exclama: ¡qué felices son los miserables, siempre tienen hambre! Para Alfredo Stern, por ejemplo, el humor no puede conducir a una pérdida de valores. Cuando nos reímos de la pérdida de valores damos entrada a otro sentimiento, el de la crueldad. El humor es un signo inequívoco de la madurez de la personalidad. El humor proporciona y protege el equilibrio anímico del individuo y es garantía del equilibrio psicosomático y social. Por el contrario, recurrir al humor fácil, a partir de agresiones, insultos, vejaciones, sólo demuestra falta de recursos del llamado humorista, evidencia rigidez y esclerosis moral y, en el peor de los casos, conduce a todo tipo de desequilibrios. “El humor es el precio irrisorio que es conveniente pagar antes de reanudar una faena seria”, dice Vázquez de Prada, pero un humor que desfigura la realidad, que trata de ridiculizar con bajeza situaciones que la mayoría toma en serio, puede ser un precio demasiado caro que no merecemos pagar. Puede ser un precio muy bajo para los medios de comunicación pero de consecuencias catastróficas para la población. El cinismo, el terror y la crueldad no intentan sanar nada, por el contrario, muchas veces pretenden ocultar situaciones que a determinados sectores no les interesa mostrar. No existe humor sin amor, escribe Jankelevitch. Y una sociedad, dice Jesús Garanto Alós, que carece del sentido del humor es una sociedad en peligro, porque una persona sin sentido del humor es una personalidad en fase de desintegración. Afortunadamente nuestro pueblo sigue riendo. Sigue riendo en la cotidianeidad, ríe de sus propias tragedias y de sus pequeñas victorias. Incluso se ríen hasta de nuestros humoristas, que en vez de hacer reír dan pena ajena. Personajes que se han vuelto amargos, o como en el caso de Zapata que se ha convertido en su propia caricatura. El venezolano ríe por su naturaleza lúdica y como un mecanismo de defensa, no como algunos humoristas que en vez de hacer reír ponen la cómica ni como ciertos “dirigentes” que se ríen, pero del país. Rechazamos este tipo de “humorismo” no porque esté en contra del presidente Chávez. El humorismo siempre debe adversar el poder, pero a todo tipo de poder. Ampararse en el poder de los medios de comunicación para atacar el poder del gobierno no tiene gracia. El verdadero humor es indestructible, pero no anda en portaaviones. Para el verdadero humor el hilo de una telaraña puede parecer una soga para su cuello. El verdadero poder del humor, dice Luis Britto García, está en no padecer ni ejercer ningún poder. De allí que el humor no puede ser un arma, un instrumento, para defender a un grupo económico. El humor que se ampara en algún tipo de poder, que no sea el de la creación, se desvirtúa desde la raíz. “El humor es el amor que late en la vida misma”. En la presente situación del país nadie pretende que no haya protestas. Sólo que, ante los continuos desmanes y ante las desconsideradas acciones a donde conduce este tipo de paros, donde la que sufre es la población, con ser sensibles sería suficiente. Porque no todo el mundo puede recibir el año en Aruba, como Carlos Fernández, ni Granier ha cargado nunca una bombona de gas, aunque Claudio Nazoa haga todos los intercambios de regalos que quiera con Ortega en un picnic en Altamira. Se trata, como explica Allport, de que: “El hombre que no vibra de emoción, de indignación, de cólera o de piedad a la vista de ciertos espectáculos es un hombre mutilado”. Tampoco se le está pidiendo a los supuestos humoristas que se queden sin trabajo ni que apoyen al gobierno, pero que hagan un humor con dignidad. Que no se plieguen como ciertas toallas sanitarias a actos criminales contra la población. Una cosa es celebrar a Orlando Urdaneta bailando el aserejé el 12 de abril en Fuerte Tiuna, para divertir a los golpistas, y otra, muy diferente, respaldar campañas indiscriminadas de mentiras de la dictadura mediática. Es aquí, precisamente, donde el verdadero humor tiene mucho que decir. El humor es el reloj que da sólo
la hora de la verdad, dice Britto García. El humor debe ser un elemento
liberador, no de complicidad. Pero, un humor como el que propician los
medios de comunicación en este momento no conduce nunca a la verdad
ni a la creación de un país en paz, en todo caso, a lo único
que puede conducir es a una pancreatitis colectiva.
.
|