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Por Julio Carrillo
Profesor de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.
Como todo el que realiza o da el primer paso en la construcción de lo que será un largo camino en el recorrido de éste, el Primer Diario del Proceso Revolucionario, Despertar, traté de hacer un inventario sobre los temas con mayor relevancia, para seleccionar el más adecuado en tan sobresaliente y honrosa ocasión. Tomé como tema el ser venezolano en los tiempos actuales, para examinarlo, para buscar su esencia conceptual y para contrastarlo con lo que no es ser venezolano. La oportunidad del tema surgió a raíz de una asamblea universitaria efectuada recientemente. En ella, un permanente y conspicuo alto funcionario de la Universidad de Los Andes afirmó, con palabras altisonantes y destempladas, que estaba dando la mejor lección a sus hijos, el ser venezolanos, al no permitirles asistir a clases en los niveles correspondientes, que los mantenía frente al televisor permanentemente, para que a través de Globovisión, RCTV, Venevisión y Televén, pudiesen formarse un cuadro de lo que estaba pasando en el país, e igualmente les incitaba a participar en cualquier marcha de la oposición, porque había que salir de “este mamarracho” (el actual Presidente), a como diera lugar. Complementariamente, dentro de la concepción exhibida, se manifestaba la necesidad de no enviar un barril más de petróleo a Cuba, el mantener en sus cargos a los despedidos de PDVSA, miembros de las nóminas mayor y menor, desconocer la actual Constitución, y, por sobre todo, ir a elecciones ya, para contarnos y salir del “loco”. Es más, otro alto funcionario de la ULA, previamente, había dirigido una marcha opositora, y en combinación con el profesor de que hablamos, hizo intentos por montar en el edificio Administrativo, una sucursal de la Pasarela de Altamira, quien manifestó idéntica postura sobre el tema que nos ocupa. Al calibrar semejante concepción de ser venezolano, en tan alto funcionario de la ULA, me dio una profunda tristeza seguida de una gran indignación. Comprendí que estaba ante dos concepciones antagónicas y que, por lo tanto, debía escribir unas líneas para aclarar tal situación. Partí del siguiente principio: Toda concepción de ser venezolano, en los tiempos actuales, se halla en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. La misma tiene fundamentos socio-históricos. Invoca el nombre de nuestro pueblo, del Libertador Simón Bolívar, de los grandes hombres que contribuyeron a la gesta bolivariana, e incluye a esos grandes olvidados de todos los tiempos como lo son nuestros aborígenes o indígenas. Ser venezolano, implica abrazar el nombre, la gloria, la gesta de los pueblos y sus conductores a lo largo de la lucha independentista y de nuestra Historia. El fin fundamental: la refundación de la República. En la refundación se lucha para “...establecer una verdadera sociedad democrática, de carácter participativa, protagónica, multiétnica, pluricultural, en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad y el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley, para ésta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad.” (Preámbulo de la Constitución). Allí, de manera clara, transparente, se expresa en su esencia conceptual los componentes del ser venezolano. Ser venezolano es tener conciencia de nuestra soberanía, de la autodeterminación de nuestros pueblos, que somos nosotros como nación, quienes tenemos la obligación, el compromiso, de señalar el rumbo que nuestro país siga y haya de seguir. Cuando se elevan las voces condenatorias desde la Coordinadora Golpista, y plantean que Venezuela debe seguir siendo un protectorado de las transnacionales que operan desde el estado-corporativo de EUA, que por “respeto” mala interpretación, o por miedo, debemos permitir que sigan destruyendo nuestro país, surgen como un grito a nuestras conciencias las voces de hombres como Bolívar, quien desde su época manifestó genialmente: Los EUA parecen destinados por la providencia a plagar de miseria a nuestros pueblos en nombre de la Libertad. Como Sandino, el Che Guevara, Fabricio Ojeda, los Hermanos Machado. Y en efecto, analizando los procesos históricos que encierran la relación EUA-países de América Latina y El Caribe, observamos una relación de subordinación, en que nuestros pueblos han llevado la peor parte. En la década de los setenta se introdujo un cambio en la política exterior norteamericana, el neoliberalismo, como expresión firme del imperialismo, en la mal llamada globalización. Detrás de los pueblos de América Latina siempre, siempre, ha estado el ave de rapiña centrada en el estado-corporativo gringo. Para demostración de lo anterior he aquí algunas cifras sobre pobreza y miseria en América Latina y El Caribe, dadas por alguien muy lejano al proceso revolucionario, como lo es Enrique Iglesias, presidente del BID, y confirmadas por las Naciones Unidas: a.- 220 millones de latinoamericanos carecen de seguridad alimentaria. b.- 100 millones de latinoamericanos viven en la indigencia. c.- 1.100 millones de personas padecen hambre en el mundo y viven con menos de $1 (Un dólar) diario. d.- En los tiempos actuales hay 11 millones de pobres más que los que había para 1990. Para colmo de males, los países del Tercer Mundo se debaten en una inmensa y eterna deuda que les obliga destinar hasta un 30% de su presupuesto en amortización de intereses. Se calcula que hemos pagado 5.5 veces el dinero que nos prestaron, y que nunca se vio pues fueron desviados por la corrupción a las cuentas de políticos inescrupulosos, auténticos bandoleros y saqueadores de las riquezas públicas, en complicidad con las trasnacionales, el BID, el FMI y el BM, quienes saben y sabían de los destinos de tales préstamos. Venezuela, por su condición de país
petrolero, por su ubicación geográfica, es blanco de ataques
dirigidos a esa nueva concepción de ser venezolano. Por primera
vez en mucho tiempo podemos enorgullecernos de ser libres,
soberanos, y, por sobre todo, hombres, dentro de una concepción
humanista, solidaria y democrática. Por primera vez en mucho tiempo,
somos soberanos, solidarios, cooperativos, no dependemos de la voluntad
de las trasnacionales, no seguimos las políticas impuestas
en nuestra diplomacia exterior, y hablamos con la seguridad que brinda
el participar de una concepción de ser venezolano, que en
estos momentos ilumina la esperanza de los pueblos latinoamericanos y del
Caribe, y del Tercer Mundo en general. La concepción de rechazo
a los procesos infames neoliberal, imperialista, disfrazada de globalización,
expresada en el ALCA, así como la defensa de nuestro petróleo,
de PDVSA para todos los venezolanos, forman parte de las tareas que conjuntamente
con la defensa de nuestro Proyecto plasmado en la Constitución,
manifiestan una manera de ser auténtica y legítimamente,
venezolano. Definitivamente, podrían parecer dos formas de ser venezolano,
la de la Coordinadora Golpista y la del Proceso Revolucionario Bolivariano.
¿Cuál escoges tú?
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