Manuel Briceño Méndez
Moral y Luces son nuestras primeras
necesidades
Simón Bolívar
No hay mal que por bien no venga, dice
la gente del común, es decir la Gente; y la sabiduría popular
por suerte es grande. Ahora resulta que como consecuencia del paro educativo
decretado por docentes de los planteles escolares, educación secundaria
y hasta profesores de la muy ilustre Universidad de Los Andes, han quedado
al descubierto muchas, pero muchísimas cosas que antes era prohibido
mencionar.
Por ejemplo hemos descubierto que muchos
Maestros no son tales y que muchos Profesores hace rato que no revisan
sus enseñanzas o simplemente cabalgan horarios ; o que desde hace
ya mucho tiempo ni siquiera dan clase.
También quedó al descubierto
que muchos principios, normas y hasta leyes que protegen el derecho inalienable
a la educación era letra muerta, gracias a las complicidades de
Supervisores, Consejos de Profesores, Consejos de Facultad y hasta el mismísimo
Consejo Universitario. Es decir, que finalmente quedo al descubierto y
comprobado aquella frase célebre de un no menos célebre Ministro
de Educación que alguna vez se atrevió a decir que la Educación
venezolana era una estafa.
Pues bien, aunque a muchos no les guste,
el rol protagónico y corresponsable al que tenemos todos los ciudadanos
venezolanos, ha comenzado a ejercerse, curiosamente cuando el proceso democrático
del país fue violentado por eso que algunos todavía se empeñan
en llamar Paro Cívico; cuando a todas luces ha quedado demostrado
que simplemente lo que ha ocurrido es un megasabotaje a las instancias
públicas; no solo de la industria petrolera, sino algo peor: el
sabotaje a las instituciones de la Educación, donde en principio
se forman los ciudadanos del futuro; el recurso humano que pronto, bien
pronto dirigirá al país; las reservas técnicas y científicas
que requiere el desarrollo nacional.
Esto es grave, muy grave. Qué ejemplo
le damos a, los niños y jóvenes cuando les violentamos sus
derechos, cuando en un acto de una supuesta desobediencia mostramos un
profundo irrespeto por las Instituciones Públicas. Con que moral
ira luego un Maestro o un Profesor a exigir el cumplimiento de los deberes
del procesos de enseñanza aprendizaje cuando ellos mismos han violentado,
agredido y mancillado sus propios deberes para con la sociedad y el país.
Que esto que hoy estamos viviendo nos sirva
para aprender una nueva lección: todos, absolutamente todos tenemos
responsabilidad en la Educación. Porque antes que una revolución
social, como decía el poeta Antonin Artaud, es necesaria una revolución
de la conciencia. Estamos pues en el momento preciso para revisar, renovar
y cambiar el Sistema Educativo del país, tan lleno de perversidades
de todo tipo; tan deficiente, tan sin sentido.
La Educación tiene y debe ajustarse
al Gran Proyecto Nacional, expresado en la Constitución de
la República Bolivariana de Venezuela y en las opciones de desarrollo
que allí se pautan para una sociedad sustentable, participativa
y corresponsable de su propio destino. En palabras del ilustre Maestro
Simón Rodríguez: ¡Inventamos o Erramos!
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