Los transgresores serán debidamente castigados
La
libertad
no se conquista con guerras, leyes o consignas, sino conociendo por qué
pensamos de cierta manera y creemos lo que creemos. Sabiendo las razones
que nos motivan a crear realidades y cómo las creamos.
(Psicólogo
clínico)
En
la sociedad espectáculo, la vida del Hombre se ha vuelto esquizofrenia
(significa, mente dividida) pura. Día a día, nuestras mentes
luchan entre esa realidad que nos muestra nuestra experiencia directa y
esa realidad virtual exaltada que nos ofrecen los medios de comunicación
privados a través de sus noticieros, programas de opinión
y propaganda. Cada día que pasa, los medios golpean nuestro contacto
directo con la realidad con el martillo de su “verdad”, y a nuestro lado
vemos caer a sus víctimas, seres humanos que han sucumbido a las
creencias que nos imponen: “No habrá Paz hasta que eliminemos al
último de nuestros enemigos”.
En
la sociedad espectáculo, todo se ha vuelto trivial, “ladi” como
dicen los jóvenes para expresar su aburrimiento, su fastidio, su
tedio, ante una vida que no logra despertar nuestros sentidos si no hay
Show, si no ocurre algo del otro mundo, algo muy intenso.
Si
no hay drama, si no hay horror, si la vida no es amenazada hipotética
o virtualmente, la gente duerme el sueño de la indiferencia. Pareciera
que a la mayoría todo le da lo mismo. Y esto es peligroso, pues
va haciendo que mucha gente se vuelva insensible. Sin saberlo, el consumidor
de los medios de comunicación privados, además, llega a permitir
que estos sean sus ojos, sus oídos, su voz, su mente, su opinión.
Lentamente deja que los medios piensen por ellos y, a la larga, esta gente
atrapada en la red (network), al asimilar inconscientemente su modo
de pensar, su pensamiento se vuelve tan simplista, absurdo y esquizofrénico
como el de quienes están al frente de la red.
Más
aún, esta indiferencia se vuelve peligrosa, porque mucha gente ha
ido renunciando al sentido común. Los mismos fabricantes de realidades
hipotéticas y virtuales, en su propio juego, llegan a olvidar que
lo que muestran es ficción y se convierten en coléricos defensores
de sus “verdades” cuando se los confronta con los hechos.
En
ese mundo virtual creado por los medios de comunicación privados,
semejante al de Alicia detrás del espejo, como ha ocurrido
en Venezuela, entre otros, con los cuatro jinetes del Apocalipsis, lo artificial
es natural, la corrupción es normal, la tiranía es democracia
y la democracia tiranía, la alianza patronos-sindicatos de obreros
algo necesario para la salud de la economía…
La
política y la economía…
La
política y la economía forman parte del tedio de la sociedad
espectáculo, de eso a lo que no se le presta mucha atención
porque es un show de bagatela, de segunda. La economía no interesa
a la mayoría más que en términos de impuestos y de
cuánto se puede comprar con el dinero. La política a muchos
les es indiferente: “Todos son igualmente corruptos”. Para otros, tabla
de salvación; y para otros, una oportunidad para acceder al poder.
Se ha perdido la pasión por la política.
¡Hablemos
con sobreentendidos! ¡Hablemos superficialmente! ¡Hablemos
sin bases y demos un toque de verdad con emociones intensas, creando intriga,
desprestigiando! Son lemas implícitos de la arenga de los partidarios
de la oligarquía venezolana para atraer público a temas tan
desprestigiados.
La
política social del pensamiento del oligarca venezolano ha venido
siendo: “Prohibido pensar, los transgresores serán debidamente castigados”;
es desalentar la reflexión, por ello generan a través de
los medios las condiciones sociales para que los miembros de la sociedad
espectáculo crean que pensar es cosa de nerds. Pensar es soso, carece
de “efectos especiales”. Por ello se burlan de la información verdadera
y de la opinión válida. Por ello el “cotorrero” es exaltado
y quien piensa no es escuchado, no es show, salvo con honrosas excepciones.
Nos
dicen, además, ¿para qué vamos a pensar en qué
es la política, la libertad, la democracia, la paz, la revolución,
la economía…, si todo el mundo sabe lo que significan?
Así,
cuando uno pregunta a algún “opositor” del gobierno, ¿por
qué participa en cacerolazos, trancazos, marchas…,? Responden usualmente
diciendo: “Porque Chávez no me gusta”. ¿Qué es lo
que no te gusta de Chávez?. Que es una vergüenza. ¿Por
qué es una vergüenza? Porque no sabe mandar y no ha hecho nada…
¿Cómo sabe que no sabe mandar y no ha hecho nada? Porque
uno lo ve en la televisión… Porque en la televisión lo dicen
a cada rato. Los doctores en economía graduados en Harvard o Yale,
que aparecen en televisión no superan en mucho a los opositores
de la calle. No ven la situación de conjunto, sino que se vuelven
pura retórica y toman aspectos del gobierno en que no se ha podido
avanzar mucho o pelones que el mismo gobierno admite y luego lanzan profecías
sobre un futuro muy negro, lo que puede hacer cualquier persona de la calle
sin ir a Harvard. Por favor, tómese, si está a su alcance,
la molestia de grabar el discurso de esta gente y escúchelo varias
veces, y comprobará por sí mismo lo que digo.
Libertad
y pensamiento
Los
politiqueros de la sociedad espectáculo nacional e internacional,
nos han lavado el cerebro haciéndonos creer que la libertad es hacer
lo que nos venga en gana, lo cual no es libertad sino libertinaje y, más
aún, es y constituye una manera de desalentar la voluntad y el autodominio,
la reflexión, la responsabilidad…, y quedar en manos de los propios
caprichos y del de los demás.
Piense,
por favor, ¿Qué suele pasar cuando usted hace lo que le da
la gana? ¿Usted actúa o reacciona al primer impulso o al
primer deseo que le aparece en mente? Si actúa al primer impulso
¿es usted libre? Reflexione. Cuando usted actúa según
las creencias que le inculcan o las “verdades” de los medios de comunicación
privados de la supuesta “oposición”, ¿actúa libremente?
¿No
se ha puesto a pensar que ni en el mundo ni en Venezuela hemos conquistado
nuestra libertad individual a pesar de las guerras, huelgas, leyes, gritar
consignas…? ¿No se ha puesto a pensar en que si viviera en libertad
no sabría reconocerla? Más aún, si en realidad la
mayoría de la gente la desea, ¿por qué siempre anda
en busca de algún salvador que puede estar representado en la figura
de un religioso o de un político?
Si
es sincero y quiere para usted la libertad, por favor, acompáñeme
en estas reflexiones que son apenas el primer paso de un largo camino hacia
ella. Pero desde ahora le advierto que, ni yo ni nadie le puede dar la
libertad. La libertad está en usted y usted es el único que
puede romper las cadenas de la esclavitud.
Yo
argumento que la libertad se conquista conociendo por qué pensamos
de cierta manera, por qué creemos lo que creemos, sabiendo las razones
que nos motivan a crear realidades y cómo las creamos. ¿Por
qué?
Porque
lo que pensamos y creemos para cada uno de nosotros constituyen realidades.
Es más, a veces, subjetivamente, para nosotros son más reales
que los hechos concretos. El Buda dijo: “Un hombre es lo que piensa” y
tenía razón, porque a través del pensamiento creamos
ideas e imágenes sobre nosotros mismos y sobre el mundo, las cuales
se convierten para nosotros en reglas y programas de conducta. Si usted
piensa que alguien es su enemigo, para usted eso es una realidad aunque
no tenga pruebas y cualquier acción de esa persona, en su mente
la puede interpretar en una prueba que confirme su sospecha.
Si
presta atención a lo que acabo de decir, podrá darse cuenta
de que usted puede hacerse a sí mismo a través de lo que
piense o dejar que las ideas de los demás lo modelen. Más
aún, usted puede crearse un mundo aceptable o uno lleno de angustia,
según piense. Usted tiene la llave para cada situación, en
usted mismo está la posibilidad para transformarse a sí mismo.
Lo
terrible de la sociedad espectáculo es que, además de que
la sociedad occidental ya venía sustituyendo la palabra por la experiencia,
como venía y sigue ocurriendo en la educación, donde los
libros sustituyen a esta, en el caso de los medios, la palabra es sustituida
por la “imagen editada e interpretada” a conveniencia: Los muertos de las
guerras son daños colaterales; las bombas no matan, son inteligentes.
Es por ello que USA habla de la guerra contra Irak como si tratara de una
intervención quirúrgica con instrumentos tecnológicos
muy sofisticados e indoloros, quedando así relegadas a un plano
secundario las atrocidades que comenten: El niño destrozado, el
joven mutilado…; y así, muchas personas terminan aceptando la guerra
como un espectáculo más donde los salvadores son los gringos.
Verdad
absoluta, Verdad relativa
Aunque
a principios del siglo pasado comienza a desmoronarse en la ciencia y en
la sociedad el coloso de arena de la “verdad absoluta y objetiva”, y se
establece que la verdad es relativa y subjetiva, los científicos,
los publicistas, los politiqueros, economistas y escaladores del poder,
juegan con ambas ideas según les convenga, lo cual nos impone inconsciente
o conscientemente, por una parte, el dilema de: “Entre qué creencias
escoger”; y, por otra la duda sobre el grado de veracidad de la creencia
aceptada, lo cual es una buena estrategia para crear e imponer realidades
y así manipular al público, pues en su confusión este
buscará, sin razonar, la manera de deshacerse de la ansiedad que
le produce esta situación esquizofrénica.
Cuando
usted cree que el hombre es bueno por naturaleza eso le genera una realidad
muy diferente a la de creer que el hombre es malo por naturaleza; y su
manera de percibir, pensar, sentir y actuar será muy diferente en
un caso o en el otro. Si conjuntamente al lado de una de esas posiciones,
la verdad es para usted objetiva y absoluta, es decir, si cree que su percepción
y lo que hace con ella a través de su pensamiento son reflejos de
la realidad, entonces en su mente sólo habrá blancos o negros,
y no habrá lugar para grises. Si cree que el otro es bueno, seguramente,
no se detendrá a puntualizar sus acciones, sino que generalizará
y aunque este delante de sus narices cometa un crimen infame, usted en
su mente acomodará las cosas para que esa acción no le cause
conflictos. Pero si usted, está consciente de que la realidad que
aprecia es subjetiva, que depende de cómo usted mismo piense e interprete
las cosas y que, además, la interpretación del mal y del
bien depende también del contexto, usted no dirá que fulano
se equivoca siempre, sino que se equivocó en esta y en esta otra
ocasión.
Fabricantes
de realidades
En
la antigua Grecia, hace más de 2000 años, los sofistas eran
conscientes de la relatividad de la verdad y de cómo según
la interpretación de los hechos y la perspectiva desde la cual se
miraran, estos podían interpretarse de diversas maneras y convertir
una verdad en una mentira o una mentira en una verdad. Ellos sabían
que mediante la retórica, del arte de hablar, podían hacer
magia, es decir, podían hacer aparentar a través de la palabra
que un mismo hecho pudiera ser interpretado como bueno o malo, conveniente
o inconveniente…; e hicieron de este arte, un negocio, convirtiéndose
así, en los primeros empresarios de la creación de realidades
para oradores y políticos, quienes debían pagar por sus lecciones.
En
la sociedad espectáculo, los medios de comunicación se han
convertido, como hicieran los sofistas, en fabricantes y empresarios de
realidades a la orden de quien pueda pagarlos. Pero si bien siempre fue
así, los medios que, inicialmente eran relativamente independientes
con respecto al poder económico y político; en el presente,
suelen pertenecer o son muy bien controlados por el monopolio internacional
de la simbiosis: poder económico-político; lo cual es muy
grave.
Así,
en su subjetividad usted puede creer que es libre y piensa lo que le da
la gana y que, aunque a veces le pueden engañar, usted puede descubrir
la verdad y decidir libremente. Esto es muy ingenuo, porque reduce la compleja
situación de la “realidad” a verdades y mentiras y no le deja ver
qué hay más allá.
La
realidad virtual que generan hoy día medios de comunicación
privados como los cuatro jinetes del Apocalipsis, va más allá
de convencerlo de que “saquen a Chávez”. Lo afecta en lo más
profundo de sí mismo y comienza por llevarlo a una definición
conveniente para los conquistadores del poder, de ¿qué es
ser alguien? ¿En qué consiste la seguridad?, lo cual es una
urgencia que se plantea el ser humano en esta sociedad espectáculo.
Ya
la propaganda del capitalismo nos venía diciendo que ser alguien
es tener, es ser un ganador, esto es, se es más y
se posee más seguridad mientras más dinero se tenga. El ganador
se viste así, el ganador bebe…, el triunfador vive en… viaja a…
piensa como…, dice…, hace…, siente…, tiene esta actitud… El primer mundo,
el de los triunfadores, es de quienes dominan el mundo… Y todos, de una
manera u otra, excepto los que hemos tomado consciencia de lo que ello
significa, imitan y se comportan como ganadores. ¿Ser como el modelo
es ser uno mismo? ¿Usted quiere ser como uno de esos modelos, digamos
como un Napoleón Bravo, Carlos Fernández, Carmona, Carlos
Andrés Pérez, Jaime Lusinchi o cualquier líder terrorista
de la falsa “oposición”? ¿Ser como, para no ser excluido,
es ser libre? ¿Controlar y manipular al mundo es manifestación
de sentirse seguro o de reflejar inseguridad, miedo, cobardía?
Al
final usted no es usted, sino una suerte de Frankenstein, un collage de
personalidades, ideas, manera de percibir, de pensar, de creer, de sentir,
de modelos, no sólo como los de sus padres, sino por la insistencia
y la intensidad de la insistencia, de los modelos de las empresas fabricantes
de “realidades” y “personalidades”.
¿El
político que aparece en pantalla es real o es una creación?
Generalmente,
no conocemos a los políticos por ser analistas o pensadores profundos,
sino por sus arengas. Quien los oye de verdad, comprueba que la mayoría
lanza palabras huecas al aire, muchas veces llenas de animosidad.
Si
no fuera por los medios de comunicación, entre tantos millones de
personas que somos, ni siquiera les habríamos visto la cara a muchos
de los politiqueros. Supuestamente, los medios nos brindan una oportunidad
de conocerlos. ¿Conocerlos? ¿Es eso cierto, o se trata de
una verdad a medias, o de una mentira más?
De
entre la enorme cantidad de politiqueros de oficio, ¿de cuántos
hablan los medios de comunicación privados? ¿A cuántos
llegamos a “ver” en TV? El que los medios hablen de ese pequeño
círculo de politiqueros o sean entrevistados en TV, ¿significa
que tenemos alguna posibilidad de “conocerlos” o nos queda sólo
la impresión de su supuesta “honestidad” y “preocupación”
por el país? ¿Qué lado de la “política” y de
los “politiqueros” nos muestran los medios de comunicación interesados?
¿La imagen de los políticos que nos muestran es una imagen
fabricada o es una imagen que ellos se han forjado por sí mismos
en base a su trabajo desinteresado con la colectividad?
En
la sociedad espectáculo, donde la política no llama la atención
por ser un show de mala muerte, los políticos “tienen que hacer
algo para que les oigan, así que hay que preguntarse: ¿Cómo
logran raiting los políticos en la sociedad espectáculo?
O ¿Cuándo oye usted a los políticos?
Durante
el período que no es de elecciones, el show político mantiene
cierto raiting haciendo el mayor ruido posible a través del sensacionalismo,
la exageración, la fantasía desbordada y la atribución
al opositor, al enemigo, de las consecuencias funestas frecuentemente creadas
por los mismos denunciantes.
Así,
en Venezuela, durante los 40 años (1959-1999) de seudo-democracia,
mientras el gobierno era arrastrado por la marea de la corrupción,
la ¿oposición?, a falta de proyectos serios para resolver
problemas graves como la pobreza extrema, los políticos llamaban
la atención con algún escándalo político (por
cierto, siempre muy bien medido para que a ninguno se le acabara el “cambur”).
Con tono grave, como esos de las voces ocultas de la TV que anuncian alguna
noticia “destacada”, siempre nos querían hacer creer que algo grande
estaba en juego. ¿Cuántas veces no vimos a voceros y líderes
de la oposición y del gobierno aparecer coléricos en la TV
acusándose mutuamente de delitos que ambos cometían?
Entre
elecciones y elecciones, un escándalo tapaba inmediatamente a otro,
creado como contra-reacción y, si no era de esa forma, los medios
ayudaban a taparlos con alguna guerra, alguna tragedia nacional, un mundial
de football… ¿Por qué la complicidad, si decían ser
objetivos?
Durante
los períodos de elecciones, los políticos llamaban la atención
e intentaban conquistar votos mediante verdaderas guerras de insultos y
provocaciones. Durante esos períodos era “permitido” exagerar aún
más las cosas, mentir, desacreditar, denigrar, difamar, ridiculizar
a los “enemigos del pueblo”. Todo esto y más se justificaba porque,
según decían los voceros de cada partido, se sentían
en la obligación de hacerle ver la verdad a la gente, de hacerles
ver la amenaza, el peligro que representaban el resto de los partidos.
Para evitar una desgracia mayor que la que ya había procurado el
gobierno y su partido, o la desgracia a la que, sin duda alguna, nos conducirían
los miembros de los otros partidos competidores, debía votarse por
quienes hablaban: “Somos sus salvadores, si votan por nosotros, les prometemos…”.
A
veces, mucho tiempo después de cometidos los atropellos, los partidos
opositores hablaban de abuso del poder y prometían que de ser ellos
los gobernantes, eso se acabaría: “Queremos la democracia, la defenderemos”.
Hablaban, además, de inseguridad, era el momento en que los pobres
volvían a nacer, en que estos parecían tener derechos, en
que se ocupaban de los niños. Pero rara vez daban a conocer proyectos
serios para el país, si es que alguna vez existieron. Jamás
presentaron modelos alternativos de gobierno, ni programas para educar
políticamente a sus propios partidarios y a la población.
Nunca propiciaron foros y encuentros para hacerse internamente una revisión
crítica, sino que en su lugar, se reunían para ver “Cómo
podrían derrotar al enemigo y hacerse con el poder”.
En
fin, la fiesta, el carnaval de las elecciones no apuntaba hacia la transformación
social que esperaba la mayoría del Pueblo, sino que a través
de querellas, trifurcas, pendencias, discordia, el miedo… los contendores
alejaban la atención del público de su verdadero objetivo:
“Alcanzar el poder”.
¿Qué
es la política?
Creo
que la definición de política que mejor refleja la realidad
de lo que esta ha llegado a ser hoy día es la definición
de Maquiavelo: “La política es la lucha por la conquista y el mantenimiento
del poder. Todos los ropajes con que se le adorne (democracia, tiranía…)
están en función de este objetivo” (El Príncipe).
Con
el desarrollo de la ciencia, la tecnología y los medios de comunicación,
la conquista y mantenimiento del poder, en cierta medida, ha dejado de
ser violenta, para hacerse muy sutil, adaptándose a la sociedad
espectáculo. Ya no hace falta que el esbirro se halle frente a nosotros
para “convencernos” de que no pensemos, de que no tengamos ideas propias
y nos sometamos porque sí a la voluntad del primer ministro,
el presidente, el tirano, los partidos políticos y/o quienes ostentan
el poder económico. El esbirro de hoy entra a nuestros hogares disfrazado
de periodista, comentarista…, a través de los medios de comunicación
interesados impresos oaudiovisuales.
La
esencia de la conquista y mantenimiento del poder siempre ha estado sustentada
en el miedo: el miedo a las armas, el miedo al infierno, el miedo a perder
la libertad; y en dividir al mundo en amigos y enemigos. Y de la estrategia
de la fuerza bruta, las armas, la tortura…, aunque no dejan de usarse,
los politiqueros han recurrido a la estrategia de construir y manejar la
realidad a través de los medios privados, lo cual equivale a controlar
nuestras creencias y actitudes y, por ende, nuestra conducta.
¿Es
esta la clase de política que usted desea? ¿Adónde
está su libertad? ¿Qué piensa hacer al respecto? ¿No
cree que vale la pena participar en la Re-evolución?
Por
favor, no crea mis conclusiones porque le parecen verdaderas. Le ruego
que desarrolle su propia autonomía de pensamiento. Que se sumerja
en la aventura de profundizar en lo que aquí digo. Constatará
que es más emocionante y apasionante que la realidad virtual. Inicie
su aventura leyendo, por ejemplo, un libro muy completo sobre lo que aquí
he tratado como: La realidad emergente, de Walter Truett. Libro
Guía.
Hay
una posibilidad de que conquiste su libertad: “Aprenda a pensar por sí
mismo”. “Elabore sus propias ideas contrastándolas con su experiencia”.
“Tome nota sobre cómo y en base a qué interpreta los hechos“.
No deje que nadie lo salve. Sálvese usted mismo”. “Deje de actuar
por miedo y no se deje manipular poraquello
tratan de infundirle los medios interesados y los politiqueros”. “Abandone
la ilusión de que usted piensa como le da la gana”. “Cultive su
propia fuerza de voluntad”. “Reflexione y no re-accione para buscar su
libertad”. “Reclamemos y luchemos por medios de comunicación alternativos”.
Estoy
seguro de que usted irá descubriendo muchas estrategias más
que las que aquí propongo.
Su
libertad queda en sus manos.