

Oh, Inmaculado Corazón de María,
Reina del Cielo y Tierra y de nuestra familia,
dígnate reinar en nosotros en unión de Jesucristo, nuestro Rey.
Sálvanos de la creciente inundación del paganismo moderno.
Enciende en nuestros corazones y en todos los hogares
el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana
y un celo ardiente por las almas
y por la santidad de la vida familiar.
Acudimos a Tí con confianza,
oh, Trono de Gracia y Madre del Amor Hermoso.
Inflámanos en el mismo fuego divino que inflama tu Inmaculado Corazón.
Convierte nuestros corazones y hogares en santuarios tuyos
y permite que por medio de nosotros
el Sagrado Corazón de Jesús triunfe y reine
en cada familia en el mundo entero.
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