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LOS TRAVESTIS HETEROSEXUALES
UNA MINORIA SEXUAL EN PSICOTERAPIA
Por Víctor M. Velasco M.
Los travestis heterosexuales son hombres cuya existencia es desconocida por
la mayoría de la población, incluso negada, ya que generalmente se asocia al
travestismo con la homosexualidad y se piensa que no hay un hombre al que le
guste vestir como mujer y que, al mismo tiempo, mantenga su atracción
erótica y afectiva por las mujeres. Por ello estos hombres, que en su
mayoría descubrieron esta afición cuando tenían entre 5 y 10 años de edad,
se sienten solos y muchas veces culpables. Sus historias son parecidas y, al
mismo tiempo, diversas. Uno de ellos lo descubrió cuando se puso las
zapatillas de su mamá, otro cuando se puso las pantaletas de su hermana y
uno más cuando, jugando, su novia o esposa le hizo ponerse sus prendas.
Al principio, como niños, descubrieron que les resultaba excitante usar la
ropa de alguna familiar. Sin embargo, ya habían introyectado los roles
sociales lo suficiente para darse cuenta que era algo que debían callar,
pues la familia, especialmente los varones, no lo aprobarían. Aunque algunos
de ellos eran vestidos por mamá, las primas o las hermanas, y por lo tanto
se les festejaba.
Al llegar a la pubertad se sintieron muy confundidos, porque el entorno
social les había enseñado que quienes se visten de mujer lo hacen para
atraer a hombres y porque desean ser amados por ellos. Sin embargo, en su
caso no era así, porque además de lo excitante que les resultaba el uso de
ropa femenina, sexualmente les gratificaban las mujeres y no se sentían
atraídos por los hombres. Se encontraron así sin un marco de referencia o un
grupo social en el cual incrustarse en función de su afición.
Debido a la introyección de los valores sociales que denigran lo femenino y
lo que socialmente se identifique como afeminado, la mayoría se sintió muy
mal por tener este gusto y empezó a vivir en lo que uno de ellos llamó "un
círculo neurótico", en el cual robaban o compraban ropa femenina y luego de
ponérsela y masturbarse, se la arrancaban de inmediato para guardarla o
quemarla, jurando no volver a repetir la situación, hasta que la ansiedad
por hacerlo de nuevo se imponía y volvían a hacerlo. Algunos psicoterapeutas
a los que consultaron contribuyeron a su infelicidad al asegurarles que era
una "enfermedad" que debería y podría ser erradicada, y que lo sería si
ellos ponían "suficiente fuerza de voluntad". Los que iniciaron tratamientos
al respecto sólo pudieron terminar decepcionados de la terapia y de sí
mismos, ya que no pudieron lograr la desaparición de esta expresión, pese a
sus esfuerzos y gastos de tiempo y dinero.
Después de la culpa, llegó para ellos el momento de aceptar que su impulso
era muy poderoso y que sería imposible desterrarlo, por lo que decidieron
aceptarlo como parte de sí mismos. Alguno optó por salir travestido a la
calle durante la madrugada, otro salió a la calle en la seguridad de su
auto, manejando, mientras usaba zapatillas y vestido, uno más alquilaba un
cuarto de hotel y allí se travestía. Finalmente, algunos de ellos pudieron
enterarse de la existencia de un grupo creado para apoyarles en el
reconocimiento de su travestismo y llegaron así a CRISÁLIDA, grupo que el
autor de estas líneas coordina y que fue concebido, no para curar lo que no
es una enfermedad, sino para dignificar una expresión humana desconocida por
el gran público y por muchos profesionales de la conducta.
En la experiencia de casi dos años de trabajar con este grupo se basa este
artículo que hoy comparto con mis colegas, esperando contribuir a la mejor
atención de esta minoría sexual.
Algunas Definciones Básicas
El travestismo suele confundirse con la homosexualidad o con la
transexualidad. Sin embargo, cada una de estas expresiones de la sexualidad
es diferente. Para clarificarlo veamos como se define cada una de ellas: Al
hablar de homosexualidad, lo mismo que de heterosexualidad o bisexualidad,
nos referimos a orientaciones sexuales, es decir a la inclinación que
tenemos por compartir nuestra expresión sexual con miembros de nuestro mismo
sexo, del otro, o de ambos.(Carrera, 1982; 96) SEXO: Es el conjunto de
diferencias biológicas que hacen a un individuo macho o hembra de una
especie. Sin embargo, en el caso de nuestra sociedad, se construyen a partir
de estas diferencias una serie de valores y se indican comportamientos
diferenciados para machos y hembras y esto es lo que va conformando los
géneros masculino y femenino, que generalmente se usan indistintamente con
la noción de sexo. Cuando nos referimos en este texto a género, lo hacemos
para referirnos a las características construidas socialmente, aunque sea
sobre una innegable base biológica.
El travestismo es el gusto por usar prendas, manerismos, expresiones,
accesorios , adornos, lenguaje e incluso comportamientos característicos del
otro género, en la cultura de la propia persona. Pertenece a las ahora
llamadas Expresiones Comportamentales de la Sexualidad (E.C.S.), que antes
eran conocidas como aberraciones o desviaciones sexuales y consideradas sólo
propias de algunos sujetos. Ahora sabemos que las E.C.S., en sus diversas
formas, están presentes en todo ser humano tanto a niveles eróticos, como a
niveles no eróticos (Alvarez Gayou, 1986; pág.50).
Para algunos autores, como Carrera, el travestismo es una forma de
fetichismo, es decir, es la fijación en un objeto o en una parte del cuerpo
y necesidad compulsiva de usar ese objeto o esa parte para obtener
satisfacción sexual (Carrera, 1982,436)
La Transexualidad, es una condición en la cual la persona tiene la sensación
interna de pertenecer a un sexo distinto al que biológicamente presenta. Se
considera Transexualidad Primaria cuando el individuo reporta esta sensación
desde su infancia y Transexualidad Secundaria cuando la persona reporta esta
percepción solamente después de pasar por períodos de travestismo. De
acuerdo con el manual de diagnostico de enfermedades mentales de la
Asociación Psiquiátrica Americana (APA), se considera que una persona es
transexual cuando presenta, después de la pubertad, una inconformidad
persistente con sus órganos sexuales, sensación de no pertenecer al sexo que
se le ha asignado y el tratar persistentemente, al menos por dos años, de
modificar sus caracteres sexuales secundarios o primarios para adquirir las
características del otro sexo. (González Méndez, 1994; pág.148)
El Transgenerismo es un concepto que tiene dos significados. Por un lado,
designa aquella condición en que la persona gusta de travestirse de manera
permanente, al mismo tiempo que reitera su identificación con su sexo
biológico. Es decir, vive como si fuera del otro género, pero sin renunciar
al papel de género que le correspondería socialmente en razón de su sexo
biológico. Por ejemplo un chico llamado Adrián, que permanece travestido
todo el día, al tiempo que exige ser tratado con su nombre masculino.
También hablamos de Transgenerismo como la subversión de los estereotipos de
género que imperan en la sociedad, y entonces se habla de transgénero como
un gran concepto que abarca a quienes se transvisten, a quienes no están
identificados con su sexo biológico y, en general, a todo aquel que rechace
el género que se le ha asignado socialmente en función de su sexo biológico.
Es importante señalar que estas categorías pueden encontrarse entremezcladas
en una misma persona, de manera que hay travestis heterosexuales y travestis
homosexuales, lo mismo que transexuales heterosexuales y transexuales
homosexuales.
Fenomenología del Travestismo
Para conocer las situaciones reales con las que puede encontrarse el
terapeuta que recibe a una persona que consulta por los problemas que le
causa su travestismo, presentaremos algunos de los elementos que comparten
la mayoría de los hombres travestis heterosexuales, aunque al mismo
tiempocada uno de ellos lo vive de manera diferente. Conoceremos algunos
aspectos teóricos, que son confirmados por la vivencia de quienes participan
en el grupo "Crisálida". En el grupo han participado en dos años unas 30
personas y, además, hemos recibido cartas de un total de 50 interesados. Sin
embargo, los datos que daremos se basan en un grupo de 12 de ellos, que son
los más asiduos participantes. No busco dar una visión total del travestismo
heterosexual en México, sino ilustrar el trabajo de un grupo, y el enfoque y
las técnicas que he utilizado para trabajar con ellos.
Las causas del travestismo
Respecto al por qué alguien llega a ser travesti, pregunta tan válida como
aquella de por qué alguien llega a ser una buena cocinera, existen diversas
teorías. Una de ellas indica que se debe a la introyección inadecuada de los
roles masculino y femenino. Otras aseguran que se debe a una falta de
hormonas masculinas en un momento crucial de la masculinización cerebral. No
tenemos comprobación de ninguna de estas teorías. Entre las explicaciones de
tipo sociológico, está la que aduce una falta de introyección adecuada de
roles, probablemente explicada por el hecho de que: "la mayoría de nosotros,
que llegamos a ser travestis o transexuales, somos producto de una familia
con padre ausente o, en el mejor de los casos, distante. Estábamos mucho más
emocionalmente ligados a nuestras madres o a alguna otra autoridad femenina
que permaneció a través de nuestras vidas... somos, en un porcentaje
desproporcionado, hijos únicos o primeros hijos".(Edwards, 1997 s/p).
Sin embargo, esta correlación no ha podido demostrarse como causal, ni como
presente en todos los casos. Otra situación "traumática" que se supone
explicaría el origen del travestismo, es que un niño hubiese sido forzado a
travestirse. Sin embargo, se conocen casos, como el del general
norteamericano Patton, que fue travestido por su madre en la infancia, sin
aficionarse a ello; mientras que en "Crísalida", de una muestra de 26
entrevistados, sólo 3 vivieron la experiencia, y "Gina" refiere que a quien
vestían de niña era a su hermano; sin embargo, ese hermano un día rompió la
ropa que le ponían, luego, quien es hoy Gina, buscó un abrigo de su prima y
se lo puso, descubriendo una gran excitación emocional con ello. Ésta
tampoco es una explicación suficiente.
Sin embargo, merece destacarse el hecho de que, en la primera ocasión en que
ocurrió el travestismo, produjo una gran excitación emocional, incluso
sexual, y que se vive como una necesidad en momentos de ansiedad. Ello
podría indicar una asociación en la cual, el travestismo sirve como una
válvula de escape de una gran tensión, quizá asociado con la idea de que
siendo mujer la vida es más fácil de vivir; que cumpliendo los estereotipos
masculino y/o femenino al mismo tiempo, se es más fácilmente aceptado, con
menos exigencias. De hecho, el travesti, representa sólo a mujeres en
papeles sociales muy estereotipados.
Yo me inclino a pensar que hay una conjugación de factores biológicos,
culturales y psico-espirituales que se entremezclan para producir esta
experiencia , sin que ninguno sea, por sí mismo, determinante. No obstante
al preguntarme sobre el posible origen de esta faceta de la personalidad, me
parece que, en el trabajo terapéutico, hay que buscar el sentido que puede
encontrar el individuo al hecho de que esta expresión de la sexualidad se
manifieste en su vida. Es decir, hay que ayudarle a formular preguntas como
¿para qué existe esta situación en mi vida? y ¿qué puedo aprender de ella?.
El continuo Travesti
Los varones travestis heterosexuales pueden ubicarse a lo largo de un
continuo que iniciaría con el fetichismo por ciertas prendas femeninas,
hasta posiblemente llegar a ser transexuales secundarios, aunque la mayoría
no llega a ese último punto. También, algunos llegan a un punto en el que
salen enteramente y no pueden ser ya considerados travestis. Usualmente esto
ocurre alrededor de la edad madura y en el momento en que el travestismo
deja de ser para ellos un estímulo emocional y/o erótico. Esta salida del
travestismo es espontánea, no es el resultado de terapia médica o
psicológica y aún no sabemos en qué porcentaje puede ocurrir.
En "Crisálida", un 75% inició el proceso de travestirse antes de los 10
años. Sólo un integrante lo inició a los 32 años. Esto no es raro, pues
diversos estudios confirman que "Muchos travestis y transexuales pueden
claramente recordar alguna forma de "cambio de ropa" antes de los 10 años y
aun antes".(Edwards, op.cit). En el momento actual, quienes integran el
grupo han pasado ya por fases de crisis y aceptación que se manifiestan en
la necesidad de encontrar a sus iguales para compartir experiencias y
consejos. Otros participantes van un poco más allá, y reconocen y buscan
satisfacer su deseo de ser vistos en público y unos pocos, incluso, buscan
hacer labores de información a la comunidad sobre el travestismo, lo que les
convierte en activistas travestis.
Este proceso puede ser presentado de manera esquemática de la siguiente
forma, insistiendo en que no todos siguen el mismo ritmo, ni de manera
lineal y que, para algunos, la carrera puede interrumpirse en cualquier
punto.
Etapa 1. Transexualismo Infantil
Según Edwards, muchos niños que llegaron a ser travestis creían que se iban
a volver niñas. Él dice: "El primer trauma que recuerdo, es cuando me
dijeron que jamás llegaría a ser una chica. La revelación ocurrió cuando me
descubrieron mientras me ponía un par de medias de mi madre". Muchos hombres
transgeneristas, incluyendo aquellos que llegarían a ser travestistas
heterosexuales, fueron transexuales o transgeneristas en su infancia
temprana (Edwards, 1977). En esta etapa no se buscaba la excitación sexual,
sólo el gusto por vestirse como niña. En "Crisálida", un 40% reporta haberse
sentido niña y el 60% restante no vivió esa sensación. En esta primera etapa
no aparece una excitación erótica, sólo una sensación de relajamiento luego
de la excitación de hacerlo.
Etapa 2. Travestismo Fetichista
En la mente del niño, cuando él se ponía medias de su madre o sus
pantaletas, él se convertía en una niña. La textura y diseño de la ropa
femenina, tan alejado de lo masculino que debía usar cotidianamente, le
apoyaba esta fantasía. El travestirse se convirtió en la cosa más excitante
que había hecho y entonces aprendió que éste es un recurso para sentir
placer y gratificación. Lo que no sabemos es por qué éste fue el recurso y
no otro.
Este período se extiende por varios años, quizá hasta la adultez joven. Es
alrededor de la pubertad cuando los niños que llegaron a ser varones
heterosexuales, incluso los que creían ser niñas, se identificarán con su
cuerpo y reconocerán las gratificaciones que su pertenencia al género
masculino les puede deparar.
Es muy probable que en esta etapa un niño o un adolescente sean sorprendidos
al travestirse y sean llevados a psicoterapia, con la esperanza de que ese
comportamiento sea erradicado. Es muy importante que el terapeuta haya
trabajado con su propia sexualidad y sus valores a fin de que, sin homofobia,
pueda orientar adecuadamente tanto a los padres como al joven, logrando
aclarar dudas y temores al mismo tiempo que evita crear expectativas falsas
sobre una erradicación de esta conducta. (Velasco, 1997; pág. 53)
Dado que tal erradicación es, hasta donde la literatura reporta, imposible,
es necesario ser honestos y trabajar apoyando terapéuticamente un proceso de
desculpabilización y aceptación personal y familiar de esta expresión, así
como en la responsabilización del joven y en el incremento de su capacidad
de negociar los espacios en los que puede llevar a cabo su afición, sin
riesgo para él y sin buscar acarrear consecuencias negativas para sus
parejas, aunque haciéndose cargo de las dificultades que ellas pueden tener
para aceptar esta faceta de ellos y la necesidad de que se plantee
honestamente desde el principio.
Debo señalar que es tan posible que un joven sorprendido travistiéndose sea
heterosexual, como que sea homosexual o transexual. Obviamente habrá algunas
variantes, pero la actitud terapéutica básica debe ser la misma. Para
algunos hombres, es suficiente llegar a esta etapa en que utilizan algunas
prendas, se excitan y masturban, y después de masturbarse, dejan la ropa a
un lado, incluso, en ocasiones, con mucha culpa. Sin embargo, otros avanzan
al siguiente punto del contínuo.
Etapa 3. "Fetichismo De Mujer Completa"
Cuando al muchacho o adulto joven no le basta ya ponerse sólo unas prendas,
sino que necesita vestirse totalmente como mujer, ha llegado a esta fase.
Hablamos de aquellos que sólo buscan vestirse completamente pero no se
interesan en cambios de sexo o de género. Esta fase presupone que el joven
cuente con la oportunidad para hacerlo. Por ello, es probable que surja
cuando ya trabaja y puede comprarse su ropa, además de vivir solo o tener su
propio cuarto o poder alquilar un cuarto de hotel. Si ya se ha casado, puede
hacerlo cuando su esposa sale de fin de semana y teniendo la ropa escondida
en la caja de herramientas.
Es muy probable que gasten mucho en comprar ropa femenina que, luego de
ponérsela un rato y masturbarse con ella, se arrancarán violentamente y
tirarán a la basura o quemarán, mientras que juran por enésima vez que esa
fue la última vez que lo hicieron y que abandonarán su costumbre.
Después de un tiempo, vuelve a aparecer el deseo de hacerlo, que resisten un
tiempo, hasta que "sucumben a él", compran ropa, la disfrutan, se la quitan,
la queman, se enojan consigo mismos , juran que no lo harán más y... vuelven
a repetirlo.
Este es otro momento en que muchos tocarán a las puertas de tu consultorio,
llevados por el desconcierto y la culpa, y buscando ser "curados" de su
"vicio". Será responsabilidad del terapeuta explicar la situación y
acompañar en el proceso de autoaceptación, evitando incrementar sensaciones
de culpa y fracaso en su consultante. El tema a trabajar será la ansiedad
que les genera su afición y que puede provocar problemas de comportamiento y
de saludmental.
Etapa 4. La "Resignación" y Necesidad de Autoaceptación
Cuando la actividad travestista se va incrementando, y es evidente que no
puede controlarse voluntariamente, se origina en el practicante la sensación
de que ya no puede luchar contra ella y que debe aceptarse y entenderse a sí
mismo, además de que empieza a buscar la aceptación de otros.
Eso implica al mismo tiempo el reconocimiento de que es distinto de otros
hombres y la posibilidad de que pudiera salir a la calle y mostrarse ante
otros.
Las nuevas necesidades de su proceso requieren de nuevos niveles de
aceptación y entendimiento por parte de su familia y su entorno, que pueden
resultar tan "desproporcionados" para quienes les rodean que, incluso, ponen
en peligro sus relaciones de pareja y familiares si sienten que su esposa no
los apoya suficientemente. En este sentido, la experiencia de "Scarlett" es
muy reveladora, cuando dice: "La relación con mi esposa es buena, salvo en
lo relativo a mi travestismo, porque a veces lo entiende y a veces no".
La necesidad de aceptación y entendimiento de esta etapa lleva a los
travestis a buscar grupos de iguales, ya sea directamente, por revistas y
aun internet o buscando bares de travestis, según sus posibilidades de
acceso a la información y la existencia de dichos grupos. De allí la
importancia de la existencia de grupos y lugares seguros. Esta es también
una etapa de búsqueda ansiosa de información que puede llevar a comprar
cualquier revista o contestar cualquier anuncio con sólo detectar la palabra
travesti.
Es muy importante, terapéuticamente, fomentar la empatía con las esposas y
plantear el derecho que ellas tienen de tomar decisiones de compartir o no
su vida con alguien que les ha ocultado un secreto, cuando así ha sido. Debe
también entenderse el peso que se les obliga a cargar a ellas, llevando un
"secreto de familia" que no pueden compartir ni con sus hijos. La consejería
de pareja puede resultar fundamental en este momento.
Evidentemente, los hombres que llegan a "Crisálida", lo hacen en este
período. Por ello, llegan ansiosos de conocer la historia de los otros para
compararla con la suya, establecer similitudes y sentirse reintegrados a la
humanidad. Por ello son actitudes fundamentales la hospitalidad con los
recién llegados y el "bautizo" con un nombre femenino, cuando no lo tenían,
o bien la revelación de eso que ellos han buscado para afirmar su identidad,
como travestis y como parte de un grupo humano específico.
Etapa 5. Revelación e Integración
Al perder el miedo a ser descubiertos y lograr la aceptación de sí mismos,
es más fácil revelar a otros su condición. Por ejemplo,en "Crisálida", cerca
de un año después de llegar al grupo, "Gina" reveló a su familia su
travestismo y logró el respeto y la aceptación del mismo. Ahora él y otros
miembros del grupo pueden asumir que tienen dos facetas que se complementan.
Además, "Scarlett" lo ha revelado ya en su empleo, aunque ésta es una medida
que sólo cada persona puede decidir y que no se puede imponer a nadie, por
sus repercusiones.
Gracias a los movimientos de liberación femenina y gay, hoy se habla
abiertamente, al menos en las ciudades, de este tema; y aun los niños
travestis pueden saber que existen otros hombres que comparten su afición.
En "Crisálida", "Bianca", a sus 18 años, está en esta etapa, mientras que
"Gina" dice: durante 44 años no había conocido a ningún otro travestí. El
hecho de que hoy, a menor edad alguien pueda encontrar a sus iguales, abre
enormes posibilidades para su desarrollo humano. También las películas,
programas de televisión y de radio han contribuido a esta posibilidad.
Éste es otro momento peligroso para las relaciones maritales, pues el hombre
puede "entusiasmarse demasiado" y su esposa sentir que pierde al varón con
el que se casó, o no aguantar la presión emocional que le genera el saber
que él desea salir travestido a la calle, donde puede detenerlo la policía o
ser agredido y exponerse al escándalo y que se enteren los hijos.
Además, dado que algunos hombres podrían avanzar hacia la etapa de
travestismo de tiempo completo, ellas podrían sentir que la virilidad de su
pareja disminuye y eso afecta la relación.
Podemos señalar que, en una reunión de esposas de travestis, encontramos que
muchas de ellas hablaron de haberse sentido traicionadas debido a que ellos
les revelaron esta faceta de sí después del matrimonio, en circunstancias
que no les permitían a ellas oponerse o separarse. Además, señalaron que
aceptan el travestismo de sus parejas, pero que es algo que no las complace
y prefieren mantenerlo lejos de ellas lo más posible. De allí que el grupo
les haya significado un alivio, pues no tienen así que ver algo que no les
agrada.
Etapa 6:Trasvestismo de Tiempo Completo
Esta es una etapa a la cual arriban algunos hombres travestis después de la
edad madura, en la que consideran que vivir como si fuera mujer durante todo
el día sería mas satisfactorio que hacerlo solo durante períodos cortos de
tiempo. Esto puede conllevar a la necesidad del retiro laboral o del
autoempleo a fin de poder realizar una labor productiva en la cual pueda
estar siempre como mujer, sin perder estabilidad laboral. La sexualidad
puede ser más que heterosexual, "asexual".
Etapa 7:Transexualismo Secundario
Como ya he señalado, en una edad ya avanzada algunos hombres dejan el
travestismo de una manera "espontánea". Sin embargo, unos pocos pasan a un
momento en el cual llegan a concluir que, en realidad, eran mujeres y
señalan que el travestismo es una fase que termina cuando se declaran
transexuales preoperados. Desde la teoría se les define como transexuales
secundarios. Al respecto, Edwards deja la interrogante: Si el travestí, de
niño se sintió niña, ¿regresa, al llegar a esta fase, a sus orígenes? Aquí
también, "Crisálida" es muy joven para tener experiencia que permita una
respuesta. Para finalizar, consideremos algunas de las bases que pueden
permitirnos orientar más eficaz y de manera más humanista a nuestros
consultantes.
El Tratamiento Terapéutico del Travestismo
Asumo que el travestismo no es un problema en sí mismo. Lo que lo convierte
en tema de la psicoterapia son las dificultades del hombre travesti para
enfrentar un ambiente social hostil a esta expresión humana. Hostilidad que
se explica, ya que la sola existencia del travestismo cuestiona los valores
machistas en los que se ha sustentado mucha de nuestra cultura, puesto que
muestra que hay hombres a los cuales las exigencias sociales les son
desagradables y deja entrever la posibilidad de que algunos quisieran
renunciar a cumplirlas o quisieran cambiarlas.
Además de esta postura básica, que fundamento más adelante, lo que guía mi
trabajo es el hecho de que está demostrada la ineficacia de las terapias
hasta ahora utilizadas para erradicar esta afición en quienes la practican y
que inculyen técnicas aversivas, psicoanálisis, descargas eléctricas y aun
tranquilizantes.
El Proceso Terpéutico en CECASH
Fase Individual
El trabajo terapéutico se realiza en dos fases: la primera es individual y
se inicia cuando el paciente llega al consultorio y plantea, muchas de las
veces con vergüenza, el hecho de que es travesti, lo que él llama "su
problema". Lo primero es general un "rapport adecuado", es decir, un clima
de confianza y respeto que le permite explorar sus temores y deseos. Durante
esta fase se emplea preferentemente el enfoque centrado en la persona, de
Carl Rogers. Más tarde comentamos acerca del peso de la homofobia en sus
sentimientos, establezco las diferencias del travestismo respecto a la
homosexualidad, y le pido cotejar con su experiencia. Esto permite expandir
los puntos de referencia del consultante y facilita el integrar el
travestismo como parte de su sí mismo. Obsérvese que nunca le pido que deje
de sentirse avergonzado. Este es un resultado del proceso, no una
imposición. Después de esta información y habiendo creado un clima de
confianza, utilizo la técnica de "continuum de conciencia", o bien la
llamada "focusing" (Gendlin, 1988), explorando dos temas básicos: primero
¿cómo me siento realmente ante el travestismo? y segundo ¿qué deseo hacer
ante él? Hasta hoy, la experiencia es que las respuestas que dicta el cuerpo
son básicamente: "siento excitación mezclada con miedo" y, "lo que deseo es
practicarlo sin sentirme culpable, y sin peligro". Desde los años 70's los
doctores Pomeroy y Leah Schaefer apoyaban el que los travestis ejercitaran
su afición (Carrera, 1982;374). Ello inicialmente puede llevar a que se
incremente la conducta y luego decrezca, junto con el decremento de la
compulsión por hacerlo. Dado que el travestismo aparece como una gran
necesidad cuando la persona vive situaciones de gran ansiedad, es lógico que
al practicarlo más seguido y sin culpa, la compulsión disminuya y se haga
más manejable. Personalmente considero correcto que, si el consultante lo
desea, se travista en la consulta, lo que le permite empezar a cumplir,
además, esta fantasía tan importante para el travesti. Esta fase puede darse
conjuntamente con el trabajo de focusing ya señalado.
Fase Grupal
Después del proceso individual, al que sólo acceden las personas que aún
tienen conflicto para aceptar su travestismo, que no son todos los que
llegan a "Crisálida", la persona prefiere el trabajo grupal, donde al
compartir experiencias con otros que han sentido lo mismo que él,se siente
más apoyada y validada, comparte estrategias eficaces para manejar en la
vida cotidiana su afición, aprende de las experiencias de otros cómo
hablarlo con su pareja, con los familiares y tiene un espacio social que,
lejos de atacarlo, le da seguridad y calidez. El resultado de todo este
trabajo, como lo señala "Gina Fourlong", es que el "círculo neurótico" de
ansiedad-vestirse-culpa-ansiedad-vestirse-culpa, puede romperse y dar paso a
una vivencia más plena de cada persona. Vale la pena señalar que una
experiencia común en "Crisálida" y "Eon", otro grupo transgenerista de la
ciudad de México, es que, al paso del tiempo, conforme la necesidad de
travestirse y de ser visto por otras personas se satisface dentro del grupo,
esta acción pierde un poco de la tensión que generaba y de la excitación
sexual que le acompañaba, lo que nos plantea preguntas muy interesantes
acerca de la relación entre ansiedad y deseo sexual.
Dentro del grupo se trabaja en dos niveles; el primero es el mejoramiento de
la imagen femenina de cada participante mediante el uso de técnicas
teatrales que le dan más control del personaje que ha creado. Por otro lado,
como un taller de desarrollo humano, en que se fomentan habilidades de
empatía, respeto, asertividad, comunicación y otras, que les refuerzan la
autoestima e incluso han permitido que los participantes de "Crisálida"
hayan dado testimonio acerca de sus vivencias en cursos y talleres diversos,
así como en la radio y en el "Congreso Latinoamericano de Sexología".
Una vez iniciado en este trabajo, me he percatado de que aparecen
necesidades de quienes viven esta afición que son determinadas por el
ocultamiento en que se vive; desde el lugar donde comprar un vestido, medias
o zapatos, hasta dónde lavar la lencería y la ropa de calle, que puede ser
guardada cotidianamente en una caja de herramientas y no puede llevarse
fácilmente a la lavandería, ni lavarla en casa sin despertar sospechas de
infidelidad por parte de la esposa. Asimismo, es necesario tomar medidas de
seguridad para proteger de chantajes a los participantes. Es fundamental y
lo hemos logrado llevando diversos "filtros" para los aspirantes, que
incluyen la verificación previa de su identidad y del nivel de aceptación de
su propio travestismo, ya que una persona que no lo ha aceptado tendería a
provocar problemas dentro del grupo, según lo hemos observado
Resulta llamativo para los observadores externos que en Crisálida
aparentemente no se presentan las competencias y luchas verbales por el
poder, tan comunes en un grupo de travestis gay. No obstante, si se observa
con más atención, estas luchas siguen presentándose, aunque no de forma muy
aguda, por lo que es responsabilidad del facilitador de tales grupo el
explicitarlas y conducir a su resolución de forma que permita el crecimiento
del grupo.
APÉNDICE
¿Enfermos o Minoría Sexual?
A continuación hago una breve exposición de los fundamentos sociológicos de
la forma de trabajo que utilizo y que me permiten no caer en la idea de que
al travesti hay que "curarlo". Separo este material del cuerpo central del
artículo para evitar confusiones y para enfatizar que, aunque no pertenece
al cuerpo teórico que recibimos la mayoría de los psicoterapeutas, no
podemos olvidar el componente social de nuestros consultantes y, sobre todo,
el peso que lo social tiene en la forma en que construyen su realidad. Un
grupo social puede convertirse en "diferente" cuando es percibido como
portador de ciertas características específicas, siempre dentro de un cierto
contexto social. De hecho, es el grupo dominante en un medio social el que,
al marcar una característica como propia sólo de un grupo, crea a los
"diferentes".
Las diferencias, a su vez, pueden ser vistas como negativas o como
positivas, pero cumplen la función de establecer una separación entre
quienes las portan y la "mayoría". Estas diferencias, debido a que
cuestionan las "verdades universales" del grupo social, tienen que ser
"explicadas", o "justificadas". Estas explicaciones, a su vez, tienen que
ser asumidas por los "diferentes" para que asuman el discurso "oficial"
sobre su propia existencia. Si aceptan ese discurso, aceptarán también las
"sanciones y/o premios" que el medio social les aplique por su diferencia.
Las explicaciones que podamos dar a una "diferencia" dependerán
inevitablemente del tiempo y lugar en el que estamos viviendo y de los
valores que allí predominen, de nuestros conocimientos específicos sobre un
tema, así como de nuestras experiencias y conocimiento de lo humano.
Las explicaciones acerca de la diversidad sexual no escapan a esta regla.
Por ello debemos entender que la idea de que una persona pueda ser definida
a partir de una sola característica de su sexualidad, haya surgido a fines
del siglo XIX, en el que, a la par de la consolidación del capitalismo y su
expansión mundial, aparece la noción del individuo como una entidad que
puede tomar decisiones y separarse de su comunidad, e incluso tener valores
diferentes a ella. De allí la necesidad de conocer esas manifestaciones para
controlarlas.
Así, a fines del siglo XIX y principios del XX surgieron diversos estudios
acerca de uno de los campos en que más se manifiesta la individualidad y en
el cual se pensaba que esta individualidad podría ser más subversiva del
orden social. Me refiero al estudio de las diferentes manifestaciones de la
sexualidad, los que permitieron acuñar términos como "homosexual",
"desviación sexual", "perversión", que denotan la existencia de formas de
sexualidad diversas a la monogamia heterosexual que, para los europeos de
ese momento, oficialmente, era la forma de sexualidad "madura y sana".
El concepto de desarrollo psicosexual "normal" que se impuso, a partir de
Freud, como un conjunto de normas y conductas sexuales que por sí mismas
deben considerarse superiores a otras conductas sexuales, surgió de la
conjunción del etnocentrismo europeo (reforzado por su capacidad de
expansión mundial), con una visión evolucionista del mundo que fue tomada,
en su momento, tanto por las ciencias naturales como por las ciencias
sociales; (véanse los trabajos de Darwin, Comte, y Engels).
Dentro de los valores arraigados entre los europeos de esa época y que han
perdurado, estaba, indudablemente, el de la sexualidad reproductiva
(heterosexual y "oficialmente" monogámica) con sus diferencias genéricas
claramente establecidas, con su valoración de lo masculino como superior y
su degradación de lo femenino y lo que se identificara como tal. Por tanto,
esta sexualidad fue la que se propuso como "madura", "sana" y "deseable".
Una vez establecido el paradigma evolucionista heterosexista y monogámico de
la sexualidad, las discusiones giraron alrededor de éste y sus valores. Así,
toda manifestación de la sexualidad que no tuviese como fin la reproducción
podía verse, ya no como pecado, sino como su equivalente laico, la
"perversión" o "aberración sexual", y a sus portadores como entidades
subhumanas que podrían ser puestas bajo tratamiento a fin de "ayudarlos a
madurar" o, en el último de los casos, a segregarlos del mundo para que no
lo contaminasen.
Toda la anterior digresión, que es más sociológica que psicológica, la hago
para que los terapeutas entendamos que nuestro trabajo en la consulta nos
exige, inevitablemente, responder a nuestros consultantes desde una posición
ante el mundo que no puede ser ingenua, sino crítica y cuestionadora, a
menos que concibamos al psicoterapeuta como un nuevo elemento del "status
quo" y no como un apoyador de procesos personales de liberación del
potencial humano inscrito, al igual que su consultante, en un medio social
dinámico.
A partir de la mitad de este siglo, surge un cuestionamiento del paradigma
de la salud mental positivista y se consolida una visión humanista dentro de
la psicología, que pretende más la aceptación de la diversidad humana que el
encuadramiento de las personas dentro de un molde único.
Además, con la expansión de los descubrimientos antropológicos acerca de la
diversidad de conductas sexuales en distintas culturas y la realización de
estudios como el de Kinsey sobre los diversos comportamientos sexuales,
dentro de nuestra propia cultura, se replantean las anteriores "verdades" de
la sexología y la psicología.
Además, el conocimiento de otras culturas ha permitido entender que el
travestismo puede tener diversos significados, y que no significa en sí
mismo algo degradante, sino a veces es socialmente fomentado, Vg.: "...entre
los Chuk-chee de Siberia, el shamán es una figura religiosa con gran poder y
prestigio que tiene una querida y a veces hijos y que, a su vez, sirve de
esposa a otro hombre casado con mujer. Por su parte, los Konia de Alaska,
educan a ciertos niños para desempeñar el papel femenino y de adultos los
dedican a "esposas" de los hombres más importantes de la comunidad. Los
Reichel-Dolmatoff (1978) cuentan de la actitud de aceptación que la
población mestiza de Aritama, en la costa atlántica colombiana, tiene de los
casos de travestismo que se presentan. (Giraldo, 1986;47).
A toda la transformación anteriormente referida de los paradigmas de la
salud sexual, se suma el ejemplo de la resistencia negra al racismo en los
Estados Unidos, que hace surgir la noción de "minoría" y permite la
aparición del activismo feminista y gay, que van transformando la autoimagen
de estos grupos de una imagen de "culpables" o "desviados", a una imagen de
"oprimidos sociales", y les va mostrando la necesidad de la autoaceptación,
como paso previo para la necesaria acción política.
Este ejemplo va impactando a nivel social y terapéutico, y surgen estudios y
grupos de apoyo para otras minorías sexuales, como son los travestis y
transexuales.
Toda esta revisión de conceptos y actitudes impacta la labor del terapeuta,
aunque a veces lo haga más lentamente de lo deseable, de tal manera que hoy,
ante las consultas de quienes pertenecen a "minorías sexuales", no podemos
plantearnos "curar" lo que no es una enfermedad, sino apoyar que el
autoconocimiento conduzca al incremento de la libertad y la responsabilidad,
así como a la congruencia entre el sentir y el hacer de cada persona.
Nuestra tarea terapéutica es, creo yo, trabajar para que la persona conozca
su travestismo, lo acepte y tenga espacios de seguridad donde ejercerlo.
Evidentemente, existen límites éticos para el ejercicio de las conductas
sexuales que deben preocupar a los terapeutas. Yo asumo los siguientes:
1) La conducta sexual de que se trate es algo que la persona asume de forma
libre y voluntaria.
2) La conducta sexual no se impone a nadie, de tal manera que quien
participa en ella lo hace de manera libre y voluntaria.
3) La conducta sexual implica ciertas consecuencias y los participantes
deben responsabilizarse de ellas, tanto de las positivas como de las que no
son deseables para la persona, ni para otros participantes
4) Esa conducta sexual, al realizarla, le permite sentir que crece como
individuo libre y responsable.
Asimismo, debemos recalcar que para un travesti se impone la necesidad de la
honestidad, a fin de que su esposa o pareja conozca a lo que puede
enfrentarse y juntos tomen decisones respecto a hablar o no con los hijos,
al uso común o exclusivamente personal de la ropa femenina que hay en casa,
al tiempo que él dedicará a su afición, y a otros aspectos que tendrá que
enfrentar.
Podremos ver ahora por qué considero que el travestismo puede y debe ser
abordado en terapia como un asunto de "Expresión Comportamental de la
Sexualidad" y no como una "enfermedad".