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La
rigurosa objetividad y la indeclinable tensión con las que plantea sus
conflictos, cede un poco en la segunda etapa de su producción novelística,
que se distingue por toques de humor grotesco, como en Pantaleón y las
visitadoras (1973), o por retratarse a sí mismo en su relato, como en La
tía Julia y el escribidor (1977), en la que narra episodios de su primer
matrimonio y sus comienzos literarios. La
guerra del fin del mundo (1981) es una vuelta al estilo de composición épica
de su primera etapa y una rara incursión en el mundo sociopolítico del
Brasil de fines del siglo XIX, siguiendo el modelo de gran reportaje
establecido por Euclides da Cunha. En la última porción de su obra
narrativa se entremezclan las novelas cuyo tema es esencialmente político,
Historia de Mayta (1984) o Lituma en los Andes (1993), con las más
ligeras, de corte detectivesco, como ¿Quién mató a Palomino Molero?
(1986), o erótico, como Elogio de la madrastra (1988). El hablador (1987) señala un retorno al mundo de la selva, uno de sus ambientes favoritos, para contar una historia sobre identidades culturales y diferencias antropológicas. Una importante porción de su obra ensayística puede leerse en Contra viento y marea (1983-1990). Sus memorias tituladas El pez en el agua (1993) ofrecen un apasionante y minucioso recuento de su experiencia como frustrado candidato presidencial en las elecciones peruanas de 1990. En su novela Los cuadernos de don Rigoberto (1997), a través de los recuerdos del protagonista, el autor se sumerge en el mundo de la fantasía creadora y del erotismo (véase Literatura erótica). Ha escrito además libros de crítica literaria, obras teatrales e incontables páginas periodísticas en diversos lugares del mundo. |
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