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"El cuento del viernes" por X-Wngx

 

Os escribo desde mi cuchitril laboral... tomo un respiro y aliento para comunicaros algo muy importante:

Hace calor ahí fuera... sí... mucho calor...

Os podría contar las causas antropomórficas de la circuncisión de las tapas de los bolígrafos BIC pero no lo haré... os podría decir las relaciones entre los coloridos reflejos de los CDs y la electrodinámica cuántica pero tampoco lo haré... incluso os podría hablar de porque las uñas de los pies son más fáciles de quitar que las de las manos. No lo haré.

Más de alguno se preguntará: Entonces ¿Qué coño nos vas a contar? Habla ya o calla para siempre...

Tranquilos Filisteos... ansiosas mentes anhelantes del goloso verbo... Algo os contaré:

Cuenta la leyenda que en un lejano país más allá de Móstoles vivía una Princesa cuya belleza, inaudita y petulante, desbordaba el deseo de todos los varones de su venidero reino.

Su rostro lívido como la flor del almendro... sus suaves manos tejidas en carne y seda... sus ojos labrados por mil atardeceres... Toda ella era una fuente inagotable de visiones sensuales e irrefrenables que desembocaban en onanismo incontrolado y frustrante.

Pero el vigésimo día después de su vigésimo cumpleaños la princesa murió entre espasmos... con los ojos inyectados en sangre y la mandíbula desencajada...

Su padre, el rey, lloró por primera vez en su vida y a su desazón se unió la amargura de desconocer las causas que provocaron la nauseabunda muerte de hija. Ese dilema comenzó a consumirle... a devorar sus entrañas hasta sumir sus pensamientos en un patético laberinto de dudas e inquinas.

Pasaron los años sin que el rey hallara un una explicación convincente sobre aquel fallecimiento. El tiempo lastraba su esperanza y él envejecía de un modo inusual, quizá para conseguir encontrarse con su hija lo antes posible.

Hasta que un día, llegó un Doctor proveniente de una exótica y lejana nación más allá de Cuenca y se quiso entrevistar con el Rey... "Yo sé de que murió su hija..." le dijo. El rey le prometió mil monedas de oro si calmaba su angustia con una respuesta.... y esta llegó: "Su hija se colocó mal la compresa y esa fue su desdicha... la menstruación se le cruzó y... al hoyo!!!"

El rey, afligido por aquella respuesta, mandó ejecutar a su osado autor.
"Desmembradlo!!!" Gritó a su guardia personal. Pero según arrastraban al Doctor hacia su pronta muerte, este logró dirigir unas palabras al monarca:
"Dejadme probar mi tesis!!! dejadme probar mi tesis!!!"

El rey, que nada más tenía que perder, dejó libre al Doctor con la condición de que probase sus palabras. "Oh... benévolo señor, traiga ante mi presencia a una doncella y una caja de compresas y le demostraré lo que dije".... "Más te vale, falaz curandero, si no demuestras tus palabras expondré tus testículos a un avispero zarandeado...."

El rey hizo llamar a una doncella en su pleno apogeo menstrual al mismo tiempo que pidió la misma caja de compresas de la hizo uso su hija horas antes de su muerte. Una vez juntos la doncella, el rey, la caja de compresas y el Doctor, este último pidió que desnudasen a la doncella.

La doncella, temiendo lo peor (o lo mejor), comenzó a gritar y sollozar al tiempo que se negaba a desvestirse. Finalmente un par de guardias de la corte lograron sujetar a la muchacha. Ante el griterío se congregó en aquella instancia buena parte de la nobleza así como algunos empleados del palacio.

Una gruesa cocinera fue la encargada de desnudar a la doncella que en ningún momento dejó de gemir ni de derramar sus lágrimas por su casto cuerpo de mujer. Una vez estaba totalmente desnuda el Doctor dio la siguiente orden: "Colóquenle la compresa plegada como un acordeón". Los presentes arquearon las cejas y miraron extrañamente al Doctor.

"Hágalo..." Ordenó secamente el rey a la cocinera. Y esta así lo hizo: abrió la caja de las compresas de la princesa que muy celosamente guardaba el rey desde su muerte y saco de ella una compresa para posteriormente doblarla varias veces sobre sí misma asemejándose el resultado al cuerpo de un acordeón.

"¿Así es suficiente, Doctor?". El Doctor asintió con la cabeza y acto seguido la cocinera introdujo cuidadosamente por la puerta de jade de la doncella la compresa plegada. La doncella dejó llorar y asomó en su faz una mueca de estupefacción.

"¿Y ahora qué?" Inquirió el rey.... "Ahora a esperar" Replicó el Doctor... Y esperaron sin y esperaron sin que nada sucediese. A las dos horas empezaron a desertar muchos de los presentes hasta que finalmente tan sólo quedaron en la sala el rey, el Doctor, media docena de caballeros aparte de la doncella flanqueada por los dos guardias del rey.

El tiempo siguió transcurriendo y cuando estaba a punto de derramarse la paciencia del rey ocurrió algo que sobrecogió a todos los allí reunidos: La doncella comenzó a presentar los mismos síntomas que aquellos que presentó la princesa momentos antes de morir... los mismos espasmos... los ojos inyectados en sangre... hasta que finalmente expiró.

El rey miró al Doctor sin saber que decir hasta que se decidió a pedirle disculpas por su escepticismo pero antes de que pudiera hacerlo fue interrumpido por uno de sus súbditos: "Mi rey!!! Mi rey!!! La cocinera acaba de morir de un modo muy extraño"... "¿De este modo? Dijo el rey señalando al cadáver de la princesa. "Sí... de esta misma guisa yació la cocinera".

El desconcierto era total... Era evidente que ambas muertes estaban relacionadas. El Doctor se deshacía en esotéricas explicaciones a las que el rey no sabía si hacer caso o no. "Basta ya de tanta farsa!!!" Gritó un caballero de los que se habían quedado hasta el final. "A la princesa la maté yo... sí yo fui..." El rey, atónito, se giró hacia el caballero y dejó que prosiguiera con su confesión...

"Yo estaba profundamente enamorado de su hija, mi rey, pero ella nunca me correspondió. Muy al contrario me trató con desprecio e indiferencia... En su último cumpleaños yo la regalé un collar de piedras preciosas y le clarifiqué mis sentimientos y ella sólo supo responderme con una carcajada. Desde entonces tramé su muerte y a las dos semanas de lo acontecido impregné sus compresas con un terrible veneno que hace efectos al simple contacto con la piel..."

El caballero, tras su confesión, bajó la cabeza y dejó su suerte a manos del rey que ya no sabía que hacer. Por una parte estaba claro que aquel Doctor embustero le había engañado pero por otra parte sin su aparición quizá hubiese sido imposible la confesión del caballero. En cierta medida, gracias a sus mentiras se había resuelto el dilema que durante años torturaba su alma.

¿Qué hacer? ¿Condenar al Doctor por sus embustes? ¿Recompensarlo por su providencial presencia? ¿Dejarlo marchar sin más? No... había que buscar una solución a la altura de un rey.

Finalmente se decidió y se dirigió firmemente al Doctor que estaba temblando en un rincón de la sala: "Doctor, sé que probablemente la horca hubiese sido tú sino más adecuado pero ya que gracias a tus mentiras se ha encontrado la verdad que tanto ansiaba te voy a dar una segunda oportunidad... Para recuperar la libertad y ganar dos mil monedas de oro deberás de resolver un acertijo que yo te diré en breve, pero si al cabo de tres noches con sus tres lunas no supieses su solución te hallaría la muerte más atroz que un hombre pueda sufrir en este mundo..."

El Doctor recuperó la sonrisa y le contestó al rey: "Acepto, mi rey... acepto... Dígame el acertijo y antes del tercer alba usted tendrá su respuesta..." El rey se acercó a escasos centímetros del rostro del Doctor y le dijo:

"RUBIOS SON MIS CABELLOS, MORENOS SON MIS HUEVOS Y CADA SEMANA ESTRENO UN COCHE NUEVO"

El doctor quedó mudo con la cara de pasmo más acentuada que jamás se le haya visto a una persona... El rey se dispuso a abandonar la habitación mientras los guardias fueron a apresar de nuevo al Doctor para recluirlo en las mazmorras hasta que hallase la respuesta pero como en la otra ocasión el Doctor se puso a vociferar: "Mi rey.. déme otra pista... comprenda usted que con esas palabras no existe ser humano o sobrenatural que pueda hallar la respuesta... Mi rey... déme otra pista!!!"

El rey, girarse, gritó antes de abandonar la sala:

"AMARGA ES LA DERROTA Y DULCE ES LA GLORIA PERO YO, GANE O PIERDA, SIEMPRE DUERMO CON LA VICTORIA"

La pista dejó aún más perplejo al Doctor.

Y pasaron los tres días con sus tres lunas sin que el doctor llamase al rey para darle la respuesta. Y al amanecer del cuarto día el rey se acercó a la mazmorra donde caballero y Doctor compartían destino. "Y bien Doctor ¿Sabe usted la respuesta al acertijo?". "Creo que sí... mi rey". El rey puso cara de incredulidad y acercándose al reo le inquirió: "¿Cuál es?". El Doctor sonrió por primera vez desde que se encontró con el rey y le dijo en voz baja: "Beckham, mi rey, es Beckham...."

El rey agachó su cabeza y comentó en voz alta: "Esta claro que este puto mundo está sólo hecho para mentirosos y futbolistas"

 

 




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