|
Leche, cacao, avellanas y azúcar...
que simple es la fórmula de la felicidad.
Sí, lo confieso, soy nocillófilo
desde que tengo uso de razón, y esta
la pierdo cada vez que mis pupilas gustativas
entran en contacto con esa sustancia de
tan deliciosa viscosidad.
Sé que algunos no comprenderán
nuestro inexpugnable sentimiento de dependencia
hacia la Nocilla pero eso es tan sólo
porque en sus vidas no han seguido la senda
adecuada, tan sólo han deambulado
ofuscados en la ingestión de alimentos
mundanales y de medio pelo. La Nocilla,
sin embargo, se encuentra en otro nivel,
en otra dimensión que sobrepasa el
ámbito digestivo para instalarse
en el espiritual.
Es por ello que para poder encontrar el
clímax y nirvana nocillero es necesario
encontrar primero la puerta que nos conduce
a ese edén. Los ritos que acompañan
a las ceremonias nocilleras son imprescindible
para poder hallar dicha entrada.
La compra: El poder adquirir algo que no
tiene precio por un valor contable es el
primer privilegio que un consumidor de Nocilla
obtiene por su consumo. Antes de ir a la
tienda de alimentación de turno para
efectuar la compra, debes de vestirte con
tus mejores galas y asearte a fondo ya que
no debes descuidar El Encuentro con la Nocilla.
Una vez estés en la estantería
donde el hermoso bote de Nocilla te espera
no te abalances sobre él, aplaca
tus impulsos y reflexiona:
¿Eres un ser digno de poseer ese
bote Nocilla?. Para responder a esta cuestión
escudriña con mirada limpia en lo
más íntimo de tu alma. Sí
la respuesta es la correcta, y tras una
pausada reverencia, ya podrás coger
la preciada Nocilla.
Es importante que en el camino hacia la
caja registradora no juntes tu Nocilla con
el resto de los alimentos (lo más
ortodoxo es ir a comprar en exclusividad
la Nocilla) pues sus auras terrenales pueden
perturbar la pureza de la Nocilla. Asimismo,
debes de tener el mismo celo a la hora de
colocar la Nocilla en la cinta transportadora
que lleva los alimentos hacia el escáner
que define el precio de los productos a
través de su código de barras.
Si la cajera no trata adecuadamente a la
Nocilla (implicándola en movimientos
bruscos o apartando groseramente la mirada
de su belleza) debes de recriminarla adecuadamente
diciéndola algo parecido a esto:
“Maldita hija de la gran perra deleznable,
tú que eres la más cerda de
las criaturas que habitan en este planeta,
como te atreves a faltar el respeto a aquello
ante lo que deberías postrarte y
pedir clemencia... arrodillate, warra!!!,
y clama a los dioses que equivocadamente
permitieron, un aciago día, malgastar
su aliento de vida sobre el vil ser que
encarnas...”
Una vez llegues a casa con tu tesoro debes
meditar acerca del modo en el que vas a
consumirlo. El más recomendable y
ancestral es untándolo en pan. Para
este menester debes de seguir las pautas
adecuadas para tan trascendental ceremonia.
Lleva a los protagonistas rituales hacia
el rincón preferido y más
privilegiado de tu hogar (si estás
pensando en el retrete cambia de idea) y
una vez allí coloca el bote de Nocilla
en una posición central y a su derecha
la barra de pan.

Para auxiliar al culto has de conseguir
un par de cuchillos (preferiblemente de
algún mental precioso como la plata):
uno para cortar el pan y otro para untar
la Nocilla. Este último debe estar
desprovisto de filo ya que cualquier tipo
indicio de amenaza o reto hacia la Nocilla
constituye una grave ofensa difícilmente
reparable.Corta el pan de modo que obtengas
dos generosas mitades. Tras ello, recoge
ambas mitades, cada una en una mano, y álzalas
por encima de tus hombros al mismo tiempo
que exclamas: “Oh dichoso pan!!!!
cuyo cuerpo va a ser ungido por la más
Sagrada sustancia que este universo ampara.
Que sepas que tu sacrificio no lo es tal
ya que es un honor y premio
ser vehículo y cimiento de este venerable
maná...”
Una vez deposites de nuevo el pan sobre
la mesa llega uno de los momentos más
solemnes del ritual: la apertura del bote
de Nocilla. Por supuesto es imprescindible
que tengas las manos recién aseadas
(tu contacto con el pan seguramente las
ha contaminado). Coge con mimo el bote y
quita el envolvente de plástico con
sumo cuidado. Una vez hecho, cierra los
ojos... deja tu mente en blanco y abre la
tapa del bote de Nocilla con la misma delicadeza
con que le bajaste las bragas a tu primera
novia la primera vez que te revolcaste con
ella.Sin abrir aún los ojos, disfruta
del aroma que recién liberado va
acariciando el ambiente. Ya tienes un motivo
para darle sentido a la vida.
Ahora viene la fase más delicada:
untar el pan con la Nocilla. Coge el cuchillo
sin asirlo con demasiada fuerza, enfílalo
hacia el bote descubierto de la Nocilla
y conteniendo tu respiración húndelo
en él muy sosegadamente con un acusado
ángulo. Si notas que te tiembla el
pulso no te preocupes, es normal, pero si
empiezas a babear contente, que para babear
ya hicieron a Paula Vázquez.
Acerca el pan donde esté el cuchillo
untado (y no viceversa) y prepárate
para extender la Nocilla. Hazlo como si
extendieses aceite aromático sobre
la espalda de tu amante. Repite la operación
hasta que consigas una abundante capa de
Nocilla sobre el pan. Ahora llega el momento
cumbre: la dentellada. Detente a pensar
a que pocos centímetros te encuentras
del paraíso y sumérgete en
él: deja el universo a un lado y
fúndete con la Nocilla.
El ying-yang dejará de ser para
ti un símbolo misterioso.
|