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Pues el caso es que llevaba
poco más de un año sin ir
al dentista y me notaba yo que una muela
del juicio me había empezado a salir,
pero me daba a mi la impresión que
esa muela estaba picada.
Mi intención era ir a la dentista
para que me observara la muela y me dijera
que se podía hacer, si sacármela
directamente o aplicarme un láser
especial para destruir el marfil del diente
o algo menos doloroso que la extracción.
Lleno de valor me decido ir a la dentista,
y cual es mi sorpresa y mi pesar cuando
me entero de que mi antigua dentista se
murió de cáncer el año
pasado. Una vez superado el trauma opto
por pedir cita en otra clínica dental
para mi desconocida a la par que cercana.
Llegado el día de la visita me personé
en el local, esperando una solución
satisfactoria a mi necesidad.
- “¿Es usted Gustavo?”
me preguntó una amable señorita
con acento venezolano.
- “si” respondí yo con
la austeridad que me caracteriza.
- “pase pues”
respondió ella, y tras seguir sus
indicaciones me encontré sentado
en la silla delante del dentista, que a
priori tenía un aspecto un tanto
locuaz.
- “¿Cuántos
años tienes?” me dijo
el dentista con el mismo acento venezolano.
- “26, yo venía para ver si
tenía alguna caries y para ver que
tal tengo las muelas del juicio” dije
yo en un alarde de extroversión.
- “espera que te mire Mariano,
digo Gustavo, es que Mariano era uno de
esta mañana, perdona”
y se puso a mirarme la boca.
- Después de 10 segundos de observación
me dice: “pues tienes los
empastes perfectos y no tienes ninguna caries
más. Te haría falta una limpieza
de sarro. Y en cuanto a las muelas del juicio
yo siempre aconsejo quitar las cuatro”.
- Yo sorprendido por su rápido juicio
le dije: “¿Pero como las tengo?
Es que yo la de abajo creo que me está
saliendo y ya tiene caries”.
- “Si da igual, si estén
como estén lo mejor es quitarlas.
Las muelas del juicio no sirven para nada,
son algo inútil, ¿y para qué
vamos a tener algo inútil en nuestra
boca?” me pregunta él.
- “Ya, vale, pero yo quería
saber si tengo o no tengo caries o si es
imprescindible sacarlas” le vuelvo
a increpar.
- Entonces coge un poco molesto y me mira
una segunda vez. “Pues tienes
la de la izquierda de arriba picada. Yo
sacaría las cuatro. Es que mira Gustavo,
ahora tienes 26, luego tendrás 36,
46, y cuando seas viejo esas muelas del
juicio te habrán hecho mucho mal
en tu boca. Cuando una muela sale torcida
te desplaza al resto de muelas, y entonces
te dolerá muchísimo la boca,
te sangrarán las encías, te
olerá muy mal el aliento, tu vida
se convertirá en un infierno y al
final, no te servirá solo quitarte
la muela del juicio, si no la penúltima
o vete a saber…”.
- “ya pero eso es en el caso de que
salgan mal, pero eso no es siempre, puede
que no den esos problemas” le comento.
- “pero como son inútiles,
pues no hay motivo para dejar algo inútil”.
De dice.
- “la que tengo picada vale, pero
las de la derecha ya han salido y están
perfectamente colocadas, esas no veo motivo
para quitármelas.” Le vuelvo
a comentar.
- “¿y entonces la que esta
saliéndome como está?¿tiene
caries?”. Le pregunto.
- “pues esa está….
como está, está ahí,
no se ve, pero es que es tontería,
son ganas de preocuparse, se sacan y ya
está” me vuelve a
sugerir.
- “pues mira, me hago solo la limpieza,
lo de las muelas me lo pensaré y
ya pediré cita cuando me decida”.
Dije yo para salir al paso.
Empieza a hacerme la limpieza y me da una
especie de mando con un cable y me dice:
- “Coge esto y cuando de duela
dale vueltas a este botón hacia el
+”.
- “¿pero esto que es?”,
le pregunto extrañado.
- “pues…. es…
una especie de… anestesia. Es algo
nuevo que hemos empezado a usar nosotros….”
Me dice.
Yo paso de preguntarle más y le dejo
que empiece, me la suda el aparato, tu no
me hagas daño y punto.
…
Cuando termina la limpieza-escabechina,
me deja un espejito y coge una especie de
escobilla chiquitita y me dice:
- “Esto es un cepillo que
comercializamos para limpiar entre los dientes,
se usa así”.
Y empieza a meterme el cepillito entre los
dientes doloridos.
- “Ves como entra”
me dice al introducirlo entre los dientes
delanteros de la mandíbula inferior.
- “uy, aquí no entra,¡uy!
Aquí tampoco. En las muelas seguro
que entra…. ¡Uy! Pues no entra,
¡uy! ¡Uy!, vaya pues no le vamos
a poder vender uno de estos a Gustavo, no
le entran” le dice a su ayudante
después de hincarme el cepillito
en varias de las encías doloridas
y ahora ensangrentadas.
- “eso va a ser que las muelas
del juicio están apretando las muelas…”
me suelta.
“A VER PEDAZO DE GILIPOLLAS, SI YO
TENGO LAS MUELAS DE PUTA MADRE, SI TODA
LA VIDA HAN ESTADO ASÍ DE JUNTAS,
PORQUE ME SUELTAS ESAS GILIPOLLECES, PEDAZO
DE SUBNORMAL” me dieron ganas de decirle,
pero no se lo dije, me calle, pague y me
piré. Ya iré a un dentista
con algo de rigor y que me demuestre que
realmente es necesario quitarme las muelas.
(Texto cedido publicado en la web de enGüestas:
http://www.guscreations.com/)
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