Suele nacer cuando reina la desesperación y tiene el carácter inexacto pero inaplazable del manotón de ahogado. Por eso mismo, la dolarización es presentada como un bálsamo, como "la única salida posible", para repetir la frase del ex presidente Jamil Mahuad cuando impuso la medida en enero de 2000 en Ecuador. Pero a dos años exactos de su implementación, las cifras son desmoralizadoras y revelan, con claridad, que la vida para los ecuatorianos se ha vuelto más desesperante.
Ecuador: dolarización y réquiem para un país
Clarin, Suplemento Zona, Domingo 27 de enero de 2002
La gestación de la dolarización ecuatoriana tuvo también su "corralito". Fue en marzo de 1999 cuando el gobierno ordenó congelar las cuentas bancarias para evitar la quiebra del sistema y la fuga de dinero. En ese momento con 5.000 sucres se compraba un dólar. Para algunos fue obra de un plan prefijado. Para otros, las decisiones estuvieron urgidas por las presiones para devolver el dinero y por la velocidad de los acontecimientos. Lo cierto es que el gobierno ecuatoriano fue dando, uno a uno y con la precisión de un ciego, los pasos que lo llevarían al desastre.
Con el pretexto de devolver el dinero congelado, el gobierno emitió moneda y provocó una inflación ficticia. Entre marzo del 99 y enero de 2000 fue del 300%. Por supuesto, el dinero que salía del banco también se iba de Ecuador con lo que todo empeoró. Ahí se produjo la dolarización, cuando por cada dólar había que pagar 25.000 sucres", explicó a Zona el sociólogo ecuatoriano Francisco Hidalgo Flor, coordinador del Centro de Investigaciones para el Desarrollo y director de la revista ecuatoriana Espacios.
La medida adoptada por Mahuad sumada a su altísima impopularidad provocó un estallido popular que llevó a miles de indígenas a Quito. El 21 de enero de 2000 tomó el poder una Junta de Salvación Nacional, liderada por el indígena Antonio Vargas. Se pedía "refundar el país" y el "fin del neoliberalismo". Al día siguiente se incorporó el general Carlos Mendoza (un militar se dice próximo a Washington). Se decidió entonces disolver la Junta. Asumió el poder el vicepresidente de Mahuad, Gustavo Noboa, quien lejos de cuestionar el neoliberalismo, ratificó la dolarización el 22 de enero y dictó prisión prventiva para ex líderes de la Junta.
Como a veces se escucha en la Argentina, en Ecuador se dijo que las ventajas de dolarizar serían "mantener fijo y estable el precio del dólar, que las tasas de interés se ubiquen al nivel internacional y que la inflación se reduzca a menos del 10%". Pero la receta fue un fracaso. El promedio anual de inflación pasó del 52% en 1999, al 90% en 2000 y al 40% en 2001 ¡en dólares!, decuplicando la inflación de los Estados Unidos y batiendo el récord total en Latinoamérica.
Las tasas de interés siempre en dólares supera hoy el 20% y en los negocios minoristas están por la estratósfera: 80%. La "única alternativa posible" demostró ser como mínimo una ficción o un engaño. La dolarización no respondió a ninguna evaluación económica. No hubo en Ecuador ningún estudio serio que la sustentara. Fue una medida estrictamente política para salvar a los banqueros, sustento del poder gubernamental, aseguró Hidalgo a Zona.
El resultado de haber adoptado la dolarización como un acto de fe se ve hoy en las calles de Ecuador: un acelerado deterioro de la vida cotidiana, la creciente inseguridad, enormes masas de desocupados que vagan por las calles sin protección ni futuro y la pesadumbre que significa para la gente la disgregación familiar por lo que se conoce como uno de los mayores éxodos en la historia de Latinoamérica. Sólo en el período 2000/01 salieron de Ecuador 500.000 personas (más del 10% de la población económicamente activa que es de de 3 millones). En total el 11% de los ecuatorianos vive la mayoría llevando una vida humillante como "inmigrante ilegal" lejos de su país.
Otras cifras que indican los estragos de la dolarización: desde su vigencia quebraron 3.000 empresas, el desempleo superó el 50% y el país experimentó el empobrecimiento más acelerado en la historia de América latina: los pobres pasaron de ser 34% de la población ( 3.900.000 de personas) en 1995 al 71% (9.100.000 ecuatorianos) en 2000. La extrema pobreza también se duplicó de 2,1 a 4,5 millones de personas, es decir, del 12 al 31%.
Hay números más escalofriantes todavía. El índice de chicos escolarizados (entre 6 y 15 años) bajó del 50 al 4% y el tercio de personas que no tenía acceso al agua potable en 1999 o el 40% que carecía de mínimas condiciones de higiene y servicios de salud, siguen igual en 2002. Las "ventajas" señaladas por Mahuad son las mismas que el senador Conni Mack, republicano ultraconservador de Florida, señaló como beneficios para EE.UU. en un informe al Senado norteamericano titulado "Por qué EE.UU. debe promover la dolarización" (ver en Internet).
El senador definió las estrategias y condiciones para implantar la dolarización en el continente americano en su Ley para la Estabilidad Monetaria Internacional (IMSA, en sus siglas inglesas). Dice con transparencia que la dolarización incrementará la ventas de los EE.UU. y disminuirá los riesgos de los inversores norteamericanos. Se especula que George W. Bush podría relanzar el proyecto de ley elaborado por Mack, más conocido por ser quien propuso reformar el bloqueo contra Cuba por su estrecha relación con los exiliados cubanos en Miami quienes dieron importantes sumas para su campaña electoral.
Además de Ecuador y Panamá en 1904, adoptó la dolarización El Salvador el 1 de enero de 2001. Guatemala sancionó una ley que permite la libre circulación y el pago de sueldos en dólares. En Costa Rica, el Banco Central insiste en la posibilidad de hacer oficial la dolarización.
Una curiosidad tal vez casual es que la dolarización viene acompañada de la instalación de bases militares norteamericanas, dijo Hidalgo: la base aérea de Manta en Ecuador, el operativo "Nuevos Horizontes" en Guatemala y Paraguay, el Centro Regional de Drogas en El Salvador y un plan de patrullaje conjunto con Costa Rica.
En el plano económico social, en Ecuador, la dolarización produjo una mayor concentración de la riqueza, agregó Hidalgo. En 1990, el 20% más pobre tenía 4,6% del total nacional ahora tiene menos del 2,6%. Los más ricos tenía el 52% y ahora el 61%. Con la dolarización se incrementó la deuda externa (en 1998 equivalía al 66% del PBN). Por su propia dinámica la dolarización exige el ingreso de dólares. Y no hay muchas vías: exportar, pedir prestado o privatizar. Pero la dolarización viene con condiciones y una es la apertura de los mercados. En Ecuador significó un crecimiento en la importaciones del 50% en 2001 y una caída de nuestras exportaciones tradicionales en un 16,3%. Mirar la estela desolada que deja a su paso Ecuador puede ser una buena práctica.