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Valores
Desde sus inicios, la teoría de los valores o axiología (de los términos griegos axos y logos, valor y saber) ha tratado una cuestión que ha originado posiciones enfrentadas, a saber:
¿Tienen las cosas valor porque las deseamos o las deseamos porque tienen valor?
La primera opción defiende que los valores son subjetivos, es decir, que su existencia depende del sujeto que valora. La segunda, que los valores son objetivos, es decir, que existen independientemente del sujeto que valora; éste, los descubre.
Los subjetivistas dicen que las cosas son valiosas no por ellas mismas sino por la relación que mantienen con nosotros.
Los objetivistas comparan los valores con los colores, los colores tienen características físicas que los diferencian objetivamente: el color azul no se vuelve rojo cuando se pinta de rojo un objeto azul. El color azul perdura, es inmutable y no depende del sujeto. Un asesinato, aunque nadie lo condene, es siempre malo.
Valores subjetivistas
El subjetivismo ha sido argumentado partiendo de observaciones empíricas diferentes. Se ha dicho que una cosa tiene valor cuando nos gusta y en la medida en qué nos gusta, que sólo son valiosas las cosas que deseamos o anhelamos, que es nuestro interés lo que hace que una cosa sea valiosa para nosotros.
Valores objetivistas
El objetivismo, en un extremo opuesto, argumenta que los valores son descubiertos, no atribuidos por nosotros a las cosas. El diamante siempre será más valioso que el grafito por sus propiedades objetivas de dureza, brillo y transparencia. El hombre puede descubrir la esencia de los valores del mismo modo que puede aislar un color del espectro; es indiferente a su esencia que una persona los realice en ella o los descubra ya que los valores no resultan afectados por las vicisitudes humanas: son absolutos y objetivos. Pese a nadie juzgase que el asesinato es malo, el asesinato seguiría siendo malo.
El más apasionado defensor de esta postura fue el alemán Max Scheler (1874-1928); a él debe la axiología contemporánea buena parte de su reflexión. Defiende, entre otras cosas, que sólo por vía intuitiva (siguiendo las razones del corazón), no por vía racional, se pueden captar los valores; los valores se nos revelan en las vivencias emotivas del amor y del odio. También son muy reconocidos los intentos de Scheler para establecer criterios que nos permitan descubrir la jerarquía de valores existente.
La axiología contemporánea tiende a superar la oposición entre subjetivismo y objetivismo de los valores: los valores tienen aspectos subjetivos y aspectos objetivos. El subjetivismo nos ha mostrado la conveniencia de no olvidar la valoración, es decir, la actividad del sujeto que valora, una actividad marcada por condicionamientos psicológicos, sociológicos y culturales. Los valores son valores de una sociedad y los individuos, en su proceso de socialización, los aprenden (o los rechazan). El objetivismo nos ha mostrado la conveniencia de analizar las características de la cosa que consideremos un valor, que los valores no son arbitrarios ni gratuitos, que los valores siempre son valores compartidos.
